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Tema: La Consagración del Rey Legítimo y de toda su Corte al Sagrado Corazón de Jesús

  1. #1
    Martin Ant está desconectado Miembro Respetado
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    La Consagración del Rey Legítimo y de toda su Corte al Sagrado Corazón de Jesús

    Como es sabido, el Obispo de Getafe ha organizado, para el día 30 de Junio, un acto de "renovación" de un pecado público (contra el 2º Mandamiento de la Ley de Dios) cometido por el usurpador Alfonso, hace cien años, en el Cerro de los Ángeles.

    Dejando al margen esa triste noticia, sin embargo, me da pie para plantear un tema que creo puede resultar importante desde un punto vista estrictamente socio-político (y pienso que muy oportuno, en estos días en que mucha gente cae en el error de considerar como sinónimos los términos de "hacer política" y "elecciones").

    El tema al que me estoy refiriendo es el del verdadero cumplimiento de los Tres Divinos Deseos en relación al Sagrado Corazón de Jesús, tal y como éstos fueron revelados a Santa Margarita María de Alacoque el 17 de Junio y 28 de Agosto de 1689.

    Todos conocemos el desgraciado incumplimiento (por ahora) del Deseo de la Santísima Virgen, expresado a Sor Lucía, el 13 de Junio de 1929, en Tuy, de que el Papa, en unión con todos los Obispos del Mundo, realizara la Consagración de las Rusias a Su Inmaculado Corazón.

    Pero son menos conocidos los hechos de que, no solamente no se ajustó a los Deseos del Cielo la fórmula de la Consagración del Género Humano al Sagrado Corazón de Jesús, realizada por el Papa León XIII en 1899; sino que tampoco (a día de hoy) los Reyes Legítimos españoles han cumplido con los Tres Divinos Deseos expresados a Santa Margarita María de Alacoque.

    La Petición del Cielo fue demandada para que la cumpliera el Primogénito de la Familia Borbón. Desde 1883, como es bien sabido, la Primogenitura recayó, por Providencia Divina, en la Rama española de dicha Familia. Pero ni Carlos VII, ni Jaime III, ni Alfonso Carlos I (pues éste sólo formuló un Voto o Promesa de cumplimiento futuro condicionado, pero no llegó a realizar el cumplimiento efectivo de los Tres Deseos), ni Javier I (pues la fórmula de la Consagración del 30 de Octubre de 1966 no se ajustó a la Petición del Cielo), ni el Príncipe Regente Don Sixto Enrique de Borbón han cumplido efectivamente los Tres Divinos Deseos.

    Todas estas afirmaciones que hago son sólo una opinión mía, pero creo que se pueden desprender o fundamentar a partir de la lectura de los artículos y documentos que traigo para este hilo.

    Para el que quiera echarle un vistazo también a los Escritos Póstumos de la Venerable María Ráfols (mencionados por la Reina María de las Nieves en su Memorial dirigido al Papa Pío XI), dejo a continuación una edición chilena de los mismos:

    Escritos Póstumos (María Rafols) (V. O.).pdf

  2. #2
    Martin Ant está desconectado Miembro Respetado
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    Re: La Consagración del Rey Legítimo y de toda su Corte al Sagrado Corazón de Jesús

    Fuente: Cruzado Español, Números 558-563, 15 de Junio a 1 de Septiembre de 1981, página 8.



    IGNORADA CAUSA QUE RETARDA LA CONVERSIÓN DEL MUNDO

    Petición de Sor María del Divino Corazón, Droste zu Vischering, a S. S. León XIII


    Por J. F. Arroyo, Pbro.



    N. S. Jesucristo pidió que el Papa consagrase el mundo a su Sagrado Corazón. De hecho la realizó Su Santidad León XIII; pero no TAL Y COMO LA SOLICITÓ EL ALTÍSIMO, y ello explica tal vez por qué no se cumplieron las promesas del Señor en orden a la conversión del mundo.

    El alma de que se valió Dios para pedir la Consagración Mundial al Sagrado Corazón de Jesús fue Sor María del Divino Corazón, Droste zu Vischering. Escribió una primera carta al Papa, pero se extravió.


    SEGUNDA CARTA AL PAPA

    La escribió el día de la Inmaculada, pero su confesor no permitió que saliese hasta el Día de Reyes, 6 de Enero de 1899. He aquí el texto de la misma:

    «Santísimo Padre:

    Profundamente confundida vuelvo a los pies de V. S. para suplicarle humildemente me permita hablarle sobre el asunto de que hablé a V. S. en junio pasado. Entonces, mal convalecida de una mortal dolencia, no pude más que dictar una carta, y aún ahora, enferma y postrada en cama, me veo forzada a escribir con lápiz.

    En mi última confié a V. S. algunas gracias que el Señor, en Su infinita misericordia, se ha dignado concederme sin atención a mi miseria, y, con gran confusión, debo confesar a V. S. que después acá no ha cesado de tratarme con la misma misericordia.

    Por orden expresa de Jesucristo, y con el consentimiento de mi confesor, vengo, con el más profundo respeto y sumisión más perfecta, a participar a V. S. otras nuevas comunicaciones que se ha dignado hacerme el Señor acerca del punto de mi primera carta.

    Cuando el año pasado padecía V. S. una indisposición que, atendida vuestra edad avanzada, llenó de solícito cuidado el corazón de vuestros hijos, dióme el Señor el dulcísimo consuelo de asegurarme que prolongaría los días de V. S. con el fin de que consagrase el mundo entero al Corazón de Jesús.

    Más tarde, a principios de Diciembre, díjome el Señor que había dilatado la vida de Vuestra Santidad para otorgarnos esta gracia (de hacer la Consagración), y que, después de cumplido este deseo de Su Corazón, V. S. debía prepararse…; y continuó: en Mi Corazón… la consolación… un refugio seguro para la muerte y para el juicio; y dejóme con la impresión de que, después de haber hecho la Consagración, V. S. acabaría pronto su peregrinación sobre la Tierra.

    La víspera de la Inmaculada Concepción, Nuestro Señor dióme a conocer que, en virtud de este nuevo impulso que recibiría el Culto a su Divino Corazón, hará resplandecer una nueva luz sobre el mundo entero, y me penetraron el corazón aquellas palabras de la Tercera Misa de Navidad: Quia hodie descendit lux magna super terram. Parecióme ver (interiormente) que esta luz, el Corazón de Jesús, este sol adorable, enviaba sus rayos a la Tierra, primero a un espacio reducido, y que luego se iba extendiendo, hasta iluminar el mundo entero. Y me dijo: Con el resplandor de esta luz los pueblos y las naciones serán iluminados, y con su ardor recaldeados.

    Reconocí los abrasados deseos que Su Majestad tiene de que su Corazón adorable sea más y más conocido y glorificado, y de derramar la abundancia de sus dones y bendiciones por toda la faz de la Tierra.

    Él ha escogido a V. S. y dilatado sus días para darle esta gloria, desagraviar Su Corazón ultrajado, y atraer sobre vuestra alma las preciosas dádivas que manan de ese Corazón Divino, fuente de todas las gracias, asilo de paz y bienandanza.

    A la verdad, me siento indigna de comunicar todo eso a V. S., mas el Señor, después de haberme penetrado más y más de mi miseria, como víctima y esposa de Su Corazón, aceptando todo linaje de padecimientos, humillaciones y menosprecios, me dio el riguroso mandato de escribir de nuevo a V. S. acerca de este asunto.

    Pudiera parecer extraño que me pida el Señor esta Consagración del MUNDO ENTERO, y que no se contente con la Consagración de la Iglesia Católica. Mas Su deseo de reinar, de ser amado y glorificado, y de abrasar TODOS los corazones en Su amor y en Su misericordia, es tan ardiente que Él quiere que V. S. LE OFREZCA todos los corazones de aquéllos que le pertenecen por el Santo Bautismo (es decir, también los herejes y cismáticos), a fin de facilitarles la vuelta a la verdadera Iglesia, y los corazones de todos aquéllos que no han recibido todavía la vida espiritual por el Santo Bautismo, mas por los que Él ha dado Su vida y Su sangre, y que son llamados igualmente a ser un día hijos de la Santa Iglesia, a fin de acelerar por este medio su nacimiento espiritual.

    En mi carta del mes de Junio expuse las gracias que Nuestro Señor quiere conceder en virtud de esta Consagración, y la manera como desea que se haga; mas, vista la nueva insistencia de Nuestro Señor, vuelvo de nuevo a suplicar, con la más filial sumisión y las más vivas instancias, a V. S., que conceda a Nuestro Señor el consuelo que Él pide, y que añada al Culto de Su Divino Corazón algún nuevo brillo, según Nuestro Señor se lo inspire.

    Nuestro Señor no me ha hablado directamente más que de la CONSAGRACIÓN, pero me ha mostrado en diversas ocasiones, con insistencia, el ardiente deseo que tiene de que Su Corazón sea más y más glorificado y amado para bien de las naciones. Me parece que le será agradable que la Devoción de los Primeros Viernes de Mes se aumente mediante una exhortación de V. S. al clero y a los fieles, y también por la concesión de nuevas indulgencias. Nuestro Señor no me lo ha dicho expresamente, como cuando me habló de la Consagración, mas yo creo adivinar este ardiente deseo de Su Corazón, sin que pueda, sin embargo, afirmarlo.

    Hecha con toda sinceridad y sencillez mi exposición a V. S., sólo me resta pedirle, Smo. Padre, con la más profunda humildad, perdón por mi atrevimiento, y rogarle quiera aceptar benignamente el homenaje de mi más filial adhesión a la Santa Iglesia y a la augusta persona de V. S., a quien me someto con la más perfecta obediencia.

    Dignaos, Sto. Padre, bendecir, juntamente con sus hermanas y protegidas, a la que, besando respetuosamente el pie de V. S., tiene el honor de llamarse la más humilde y obediente hija de V. S., Sor María del Divino Corazón Droste zu Vischering, Superiora del Monasterio del Buen Pastor de Oporto.

    Oporto (Portugal), 6 de Enero de 1899».


    EL MUNDO NO FUE CONSAGRADO COMO LO PIDIÓ EL DIVINO CORAZÓN

    La fórmula que se empleó en toda la Iglesia fue ésta:

    «Dulcísimo Jesús, Redentor del género humano; henos aquí humildemente postrados ante el altar. Tuyos somos; tuyos queremos ser. TODOS LOS AQUÍ PRESENTES SE CONSAGRAN HOY a tu Corazón Sacratísimo con todas las veras de su alma.

    Hay muchos que nunca te conocieron; hay muchos que te han rechazado despreciando tus mandamientos. Acuérdate de unos y otros, benignísimo Jesús, y trae a todos a Tu Corazón Sagrado.

    Sed Rey, oh Señor, no sólo de los fieles que nunca se separaron de Ti, sino también de los hijos pródigos que Te abandonaron; haz que éstos vuelvan cuanto antes a la casa paterna para que no perezcan de miseria y de hambre.

    Sé también, oh Señor, Rey de aquéllos que están engañados por el error, o separados por la discordia, y haz que vuelvan al camino de la verdad y a la unidad de la fe, para que así haya un solo rebaño y un solo Pastor.

    Sed, por fin, oh Señor, Rey de todos aquéllos que están sumidos en las sombras del paganismo, y haz que vengan al conocimiento de la verdad.

    Concede, Señor, verdadera y perpetua libertad a Tu Iglesia; haz que todas las gentes gocen de completa tranquilidad, y que de una vez se deje oír, de uno a otro extremo de la Tierra, esta sola aclamación: alabanza, gloria y honor sean dados, por siglos infinitos, al Divino Corazón, del cual proviene toda salud. Amén».

    Consagrar algo es ENTREGARLO, DARLO u OFRECERLO al Divino Corazón, según se desprende del texto de la referida carta, en la que se dice que el Papa OFRECIERA al Sagrado Corazón de Jesús los corazones de TODOS los hombres, ora fueran católicos como no católicos, sin excepción ninguna. Que este ofrecimiento o Consagración lo hiciera POR SÍ MISMO el Romano Pontífice, aunque las otras personas no lo hicieran por sí propias. Pero no se obró de esta manera. Se procuró redactar una hermosa oración, mediante la que sólo se consagraban a sí mismos, NO POR EL PAPA, los católicos que acudieron a las iglesias a recitarla. Lo otro son peticiones tan hermosas como la que hacemos en el Padrenuestros al pedir que venga a nosotros el Reino de Dios.

    Esperemos confiadamente esa Consagración Universal al Sagrado Corazón de Jesús, para que Dios cumpla las promesas que hizo en tiempos de León XIII.

  3. #3
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    Re: La Consagración del Rey Legítimo y de toda su Corte al Sagrado Corazón de Jesús

    Fuente: Documentos de Don Alfonso Carlos de Borbón y de Austria-Este (Duque de San Jaime), Melchor Ferrer, Editorial Tradicionalista S. A., Madrid, 1950, página 188.



    DECRETO SOBRE EL ESCUDO NACIONAL


    De todos es conocido que, durante mi mando en Cataluña, en 1873, hice entronizar el Sagrado Corazón de Jesús en la bandera de mis zuavos, colocando este divino emblema sobre las armas del Santo Padre y las de España, y que consagré el ejército a mí confiado a este Divino Corazón.

    Fiel a la devoción de toda mi vida, y en justo anhelo de que sea hermosa realidad Su Reinado de Paz y de Amor sobre nuestra querida Patria, sus instituciones y sus leyes,

    YO, de mi libre voluntad, en este día en que la Iglesia celebra la Fiesta del Deífico Corazón, Prometo Solemnemente que, si la Divina Providencia dispone que sea yo llamado a regir los destinos de España, será entronizado el Sagrado Corazón de Jesús en el Escudo Nacional, siendo colocado sobre las flores de lis de la Casa de Anjou, y entre los Cuarteles de Castilla y de León, bajo la Corona Real.

    Seguro de interpretar los sentimientos religiosos del pueblo español, hago esta declaración, que firmo hoy, en mi destierro, a tres de Junio de 1932.




    ALFONSO CARLOS



    A la Junta Suprema Nacional de la Comunión Tradicionalista.


    .
    Última edición por Martin Ant; 03/05/2019 a las 17:28

  4. #4
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    Re: La Consagración del Rey Legítimo y de toda su Corte al Sagrado Corazón de Jesús

    Fuente: Documentos de Don Alfonso Carlos de Borbón y de Austria-Este (Duque de San Jaime), Melchor Ferrer, Editorial Tradicionalista S. A., Madrid, 1950, página 249.



    RENOVACIÓN DEL VOTO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS


    31 de Mayo de 1934.

    Querido Don Manuel Fal Conde:

    Habiéndome expresado varias veces el deseo de que renueve, con más solemnidad, la promesa que hice el día 2 [sic] de Junio de 1932, de colocar, en caso de triunfar nuestra Causa, la efigie del Sagrado Corazón de Jesús en la Bandera y Escudo Nacional de España, he querido hacer esta renovación el día de Su Fiesta, 8 de Junio, del presente año, declarando, como un solo voto, cumplir lo pedido en ese sentido por Nuestro Señor a Santa Margarita María de Alacoque; y agradecería infinito si mis leales quisiesen unirse a mí en aquel día, comulgando a esa intención.

    Te ruego, querido Fal Conde, seas el intérprete de este mi pedido, haciéndolo publicar en nuestros periódicos.

    Nieves y yo te mandamos nuestras más cariñosas memorias, y quedo muy de corazón tu afectísimo,



    ALFONSO CARLOS

  5. #5
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    Re: La Consagración del Rey Legítimo y de toda su Corte al Sagrado Corazón de Jesús

    Fuente: Documentos de Don Alfonso Carlos de Borbón y de Austria-Este (Duque de San Jaime), Melchor Ferrer, Editorial Tradicionalista S. A., Madrid, 1950, página 252.



    VOTO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS


    YO, Alfonso Carlos de Borbón y de Austria Este, por la gracia de Dios Rey Legítimo de las Católicas Españas, para mayor gloria de Dios y exaltación de la Devoción al Corazón de Jesús, reitero hoy mi Promesa con el voto «cordícola» de establecer, según el mensaje del Sagrado Corazón de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque, Su Reinado en España, si llego a triunfar, en la forma siguiente:

    Juro cumplir, en cuanto esté de mi parte, sus Tres Divinos Deseos, que fueron:

    1.º Que se construya un edificio donde esté la Imagen del Divino Corazón.

    2.º Este adorable Corazón quiere recibir allí la Consagración y los homenajes del Rey y de toda la Corte.

    3.º Quiere estar pintado en la Bandera y Escudo Nacional.

    El primer Deseo se va realizando ya en los Templos que se están construyendo en Su honor.

    El segundo Deseo lo realizaré si llego a triunfar.

    Para el tercer Deseo, reitero ahora, con voto, lo prometido por mí el 2 [sic] de Junio de 1932 ante nuestra Asamblea.

    Firmo este documento, ante los testigos que me acompañan, desde el destierro, en la Fiesta del Sagrado Corazón, el ocho de Junio de mil novecientos treinta y cuatro.



    ALFONSO CARLOS

  6. #6
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    Re: La Consagración del Rey Legítimo y de toda su Corte al Sagrado Corazón de Jesús

    Fuente: “Dos textos inéditos de la Reina María de las Nieves”, César Alcalá, Anales de la Fundación Francisco Elías de Tejada, Año 2002, páginas 180 – 189.



    Memorial que elevan a Su Santidad el Papa Pío XI Doña María de las Nieves de Braganza y de Borbón con su inseparable esposo Don Alfonso Carlos I de Borbón y Austria-Este


    María de las Nieves de Braganza y de Borbón, apoyada por su inseparable esposo D. Alfonso Carlos I, el Justiciero Misericordioso, así como por sus Leales Españoles, quienes así se apellidan, postrados a los pies de Su Santidad, Vicario de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, llenos de fe y de confianza en el Corazón de Jesús, cuyos Tres Divinos Deseos, expresión compendiada del Mensaje del Padre Eterno al Divino Hijo, el 17 de Junio de 1689, en orden al Reinado Social del Corazón de Jesús, testimoniado íntimamente por la Venerable María Ráfols, Mensaje, a su vez, revelado del Corazón de Jesús a Santa Alacoque, y, de ésta, al Rey Primogénito de su Corazón, quien no supo aprovecharse [9], por su omisión, de la vocación excelsa, y, tras él, al soberano que cumpliera los Tres Divinos Deseos, en orden al Reinado Social del Corazón de Cristo; venimos a S.S., Santísimo Padre, para que se digne concedernos la gracia de que la fiesta del Corazón de Jesús, extendida por todas las Españas o Reinos naturales y antiguos coloniales, sea ascendida a fiesta de precepto, en su día propio, como el mismo Corazón lo pidió a Santa Alacoque, y lo renueva en la Venerable María Ráfols, para el Viernes después de la Octava del Corpus, pues, con esta petición y concesión de fiesta de precepto, se dignará el Corazón de Jesús a concedernos su pronto Reinado Social, como Rey de Reyes y Señor de los que piensan señorear sin Él y contra Él, libres de la horrible persecución atea que ponderamos y amenaza perder a la civilización cristiana.

    Confiamos, así, triunfe el Corazón de Jesús de nuestra misericordia, y salve al pueblo de España, a la Nueva España, cuyo Episcopado clama en Carta Colectiva por su liberación del ateísmo masónico soviético al Orbe entero en su propia ayuda. También pide y necesita ese auxilio el Parroquial, y toda Cristofolina, alias América, y todas las Naciones de habla Castellana, a quienes, por ser Católicas, azota y persigue con tanta furia el masonismo soviético ateo, y hace por arrancarnos la fe católica que en aquellas partes, y por doquier, sembramos los españoles.

    Santísimo Padre, oiga nuestros apenados ruegos, y salve a estas Naciones Católicas evangelizadoras y evangelizadas, obligando al amoroso y nobilísimo Corazón de Jesús, dándole por adelantado lo que tanto desea hacer desde hace más de tres siglos y con relación a la fiesta de precepto, para que, a trueque, nos elija como propagadores de su Devoción Cordícola [10], por todo el Orbe, como Él dice quiere que seamos en los Escritos Póstumos de la Venerable María Ráfols.

    Deseosos estamos de alcanzar esas gracias para hacer que conozcamos y amemos a Cristo, por nuestro bien, con todos los honores cívico-nacionales que el Padre Eterno en su Mensaje desea, cansado, como quien dice, de tantísima humillación, y tantísimos sacrilegios y profanaciones. Por donde, como los judíos, si no más, le hacen pasar los ateos, renegados apóstatas, y herejes liberales. En fin, todos los agrupados en las potestades satánicas, que, en la práctica, les inducen a hacer en contra de nuestra libertad. Se sirven de la desgracia humana para apoyar su fin.

    Basta ya de tantas humillaciones y profanaciones, que las tenemos presentes para los públicos desagravios que queremos practicar; y ahora vemos ya a ese Nobilísimo Corazón de Jesús triunfar por la Cruz como Rey de Reyes, hasta que vuelva la última prueba decisiva, en que, vencida la parvedad humana y astucia satánica del Anticristo, entremos en el Venerable Reinado, no tan sólo de mil años, sino en ese principio eterno. Que sea ya Emperador de las Españas, para conseguir el actual Reinado Social del Corazón de Jesús. Por nuestra parte, el 8 de Junio de 1934, día del Corazón de Jesús, empezamos, en Representación de la España Católica, haciendo el Primer voto de Cordícola, el primero como tal que sepamos que se ha hecho en el Orbe, en orden a cumplir los Tres Divinos Deseos de los que nos habla Santa Alacoque en la obra «Reinado Social del Corazón de Jesús, fruto de Montmartre», Tomo I, página 444.

    Aquel día lo hicimos tras la Santa Misa y Comunión, mientras lo más Leales, en sus pueblos, se nos unían con sus oraciones, tal y como les teníamos avisados. Y, al día siguiente, 9 de Junio de 1934 –¡Oh, inesperada coincidencia providencial!, como supo la que esto redacta al día siguiente 10 de Junio–, se supo incidentalmente de la Superiora de la Casa de Rafolinas de Zaragoza, cómo, al mismo tiempo que nosotros estábamos de rodillas cumpliendo el voto, rezando oficialmente las fórmulas para el cumplimiento efectivo de los Tres Divinos Deseos, que, por circunstancias providenciales, los dejamos de cumplir el día 8 para cumplirse el dicho día 9, pasaba, en poder de un sacerdote, la información canónica del Proceso de la Venerable María Ráfols muy cerca de nosotros, al cruzar la frontera, donde ya estaban ellos y nosotros a salvo. Ellos camino de Roma, y nosotros cumpliendo la profecía que en la nota copiaré. El dicho sacerdote telegrafiaba a las Rafolinas en cada estación que le era posible para tranquilizarlas; mientras ellas estaban ante el Señor llenas de temor y esperanza por si sufría el Proceso algún entorpecimiento revolucionario. ¡Tan álgidas estaban las circunstancias por aquel entonces!

    Al saber que los escritos habían cruzado incólumes la frontera, ellas respiraron tranquilas, y a nosotros nos ha llenado de gozo, viendo la profecía [11] cumplida en aquellos momentos en los cuales estábamos cumpliendo los Tres Divinos Deseos, en todas las naciones incumplidos, con relación al Reinado Social del Corazón de Jesús; pero los Españoles estábamos cumpliéndolos, sobre todo el 3.er Deseo, el más difícil hoy, pues representa el Reinado del Divino Corazón en lo civil, y el cual se ha demorado casi tres siglos. Pues, ni la Consagración de los individuos, ni aun de las naciones, aunque por sí buenas, no lo eran en lo que se refiere al 2.º Deseo, porque no era en orden al Reinado total, civil o nacional y religioso a la vez, como expresamente lo explica Santa Alacoque [12]. No está el asunto en cumplir el 1.er ó 2.º ó el 3.er Deseo independientemente, sino en cumplir cada uno en orden a cumplir los Tres en conjunto, esto es, el plan completo del Mensaje de 1689; y lo corrobora la Venerable María Ráfols, que lo explica detalladamente, aunque trate la materia de los Tres Deseos indistintamente y no con el orden de Santa Alacoque. Diríamos que aquélla lo trata molineramente, al ser hija de molinero, sin cultura literaria; y ésta lo trata notarialmente, o con cierta cultura, como hija de notario; que Dios dirige al profeta-rey realmente, y al profeta-pastor pastoralmente.

    En efecto, ni Luis XVI de Francia, ya en capilla en el calabozo del Temple, donde sólo votó los dos primeros Deseos y no el 3.º, que se lo dejó, y aun los dos primeros los votó con condiciones. Ni Alfonso, llamado el XIII, de España, no quiso cumplir el 3.º, y ni pensó en cumplir, como tal, el 1.º. Más aún, por tres veces se negó a cumplir el 3.er Deseo, y hasta fue mandada una persona a pedírselo en audiencia privada. Le dijo que no podía acceder a eso, y que la Bandera de España no necesitaba más glorias de las que tenía. Entonces, el interlocutor le dijo: «¿Por lo visto parece que no ha sido Su Majestad escogida para esta divina empresa?». Contestó: «Así parece».

    Desde el momento que esto supo la que redacta, empezamos –junto con los 27 pueblos anteriormente referenciados–, cada día, a pedirle al Señor que nos guiase, por un camino o por otro, contra ese hombre que así se oponía al cumplimiento del 3.er Deseo, que, por lo visto, se produjo por culpa de su torcida política. ¡Cuál sería nuestro asombro el día que nos llegó la noticia que se había ido de España! [13].

    El Corazón de Jesús no quería que se cumpliese aún el 3.er Deseo sino ahora, que es cuando más lo necesitábamos, al estar anunciado el actual desorden y nuestra apremiante necesidad actual, con más de un siglo de anticipación, por la Venerable María Ráfols.

    Con razón, pues, dejó escrito la Venerable María Ráfols que España sería la Primera Nación que se consagraría al Corazón de Jesús, en orden, se entiende, al Reinado Social de Jesucristo; y en esta coyuntura es cuando más necesitamos el auxilio divino, ya que se ha desatado la cruelísima y satánica furia del demonio contra España en incendios a iglesias y conventos, violaciones deshonestas, muertes, etc., y contra las naciones hijas de España, como al principio dijimos. ¡Cuantísimos horribles sacrificios!

    Nos quitó, pues, Dios, a Alfonso, estorbo grande, quizás por ser ilegítimo y liberal su gobierno, aunque por la Consagración individual, o de devoción y compromiso, le haya pagado el Nobilísimo Corazón de Jesús con beneficios imponderables, a pesar de lo dicho, y pasando por azares difíciles. Así le premió la Consagración del Cerro de los Ángeles; pero no fue aquélla la Consagración que se deseaba para el cumplimiento de los Tres Divinos Deseos.

    ¿Qué extraño puede parecer esto si, ni esta general muestra, hecha con todas las reglas del arte que trae Santa Alacoque, y dice el Corazón de Jesús por la Venerable María Ráfols, página 60, no le satisficiera? «Pero no me contentaré con esta Consagración general (la de la «Primera Nación»); quiero presidir los hogares, etc.». Razón por la cual acudimos a Su Santidad, para que ayude y dirija nuestro buen deseo y el de nuestros Leales Españoles.

    A Alfonso, el llamado XIII, acudió uno de nuestros Leales, que esto redactó al Representante en España del legítimo sucesor de Carlos VII, D. Jaime, su hijo. Al Representante, que fue también nuestro, y a D. Jaime, les pareció muy bien la propuesta del asunto sobre el cumplimiento del 3.er Deseo, sobre todo, y demás puntos que en este Memorial tratamos.

    Tampoco quiso servirse el Señor de tan robusto y bien dispuesto Príncipe, que murió poco después de haber hecho las paces afectuosas de cristiano con el XIII [14]. Providencia de Dios entre ambos para que se pudieran salvar con el mismo perdón. Como si quisiera manifestar el Corazón de Jesús que, en esta grandiosísima, y, a lo que parece, Orbe empresa [15], por su trascendencia en pro de la Iglesia Católica, y, en especial, de la Iglesia Española, contra la apostasía general de las Naciones, y confusión increíble de ideas, quería servirse de dos ancianos cónyuges reales, que, aunque en nuestras mocedades defendimos los derechos de dos Reyes gloriosos, Pío IX, Pontífice Máximo, y Carlos VII de España, y parezca atroz, a los ojos del mundo, medios desproporcionados; pero si Dios y su Vicario están por nosotros, quién contra nosotros. ¡Ut confundat Portia!

    Por eso, confiados solamente en Él, y en nuestra firme y decidida voluntad, ayudada de nuestros Leales Españoles, aceptamos esta divina empresa en la parte que nos toca, para que Su Santidad dé vida a esta empresa, y la corone con la gracia que le pedimos, y viene deseando el Corazón de Jesús expresamente, hace ya como tres siglos. La gracia, decimos, de que Santa Alacoque conmemore la fiesta de precepto del Corazón de Jesús en su día propio, Viernes después de la Octava del Corpus, la cual también pidió por medio de la Venerable María Ráfols, en la página 7 de sus Escritos Póstumos:

    «Quiero también, hija mía, que la fiesta de mi Corazón se celebre en toda Mi Iglesia Católica, con la mayor solemnidad y esplendor; y que sea elevada a fiesta de precepto y que comulguen todos los fieles».

    Deseó muchas comuniones reparadoras. Eso, de una manera especial, pedimos para nuestras Españas, como remedio de nuestras actuales calamidades, y que no vaya perdiéndose la fe de nuestros mayores en nuestro pueblo, antes, con la gracia, se consolide y aumente.

    Con razón, el Corazón de Jesús hace que se conmemore el 2.º Deseo en los Escritos Póstumos de la Venerable María Ráfols, primera edición vaticana, página 6, arriba copiada, en la nota:

    «Quiero también que no haya pueblo, en mi querida España (¡Vaya una pauta para Obispos, Gobernadores Civiles, Sacerdotes, Alcaldes!), una provincia, un pueblo, una aldea, ni individuo, donde no reine mi Sagrado Corazón».

    «Ésta será la Primera Nación que (en orden al cumplimiento de los Tres Divinos Deseos) se consagrará a Mi Divino Corazón».

    Y, como en ese 2.º Deseo de 1689 está representado el Reinado Social del Sagrado Corazón de Jesús, se requiere que se cumplan los tres per modum unius, o en orden, como arriba lo dijimos.

    Hemos cumplido, pues, los Tres Divinos Deseos. A pesar de la actual persecución atea, hemos podido decretar el primer Voto en Real Decreto de 8 de Junio de 1934; y lo hemos cumplido al día siguiente, 9 de Junio de 1934; y lo hemos renovado el 20 de Junio de 1935; y seguiremos renovándolo cada año, como nuestros Católicos Reyes predecesores, que cada año cumplían el Voto de Santiago. Nosotros, sin relegar ese Voto histórico, el día del Corazón de Jesús, o días próximos mientras dure la persecución, lo renovaremos, hasta que el Corazón de Jesús haga que lo cumplamos con toda devoción en Valencia, cuna de esa devoción Cordícola, y con toda solemnidad en la santa urbe de Barcelona, para que, a imitación de esas dos Españas, vayan ayudando a cumplir el Divino Mensaje de 1689 todos los Reyes y Naciones, y sea Cristo, en verdad, proclamado Rey de Reyes o Emperador, y Señor de los que piensan señorear sin Él o contra Él.

    Hemos querido pagar por adelantado nuestro tributo a ese Nobilísimo Corazón, raíz de toda Nobleza, puesto que Él es solo el Santo. Solo el Señor. Solo el Altísimo Jesucristo, con el Espíritu Santo, en la Gloria de Dios Padre. Y queremos que, ya sin persecución o libremente, al llegar a las Españas, entremos por Valencia, puerto de mar, puerto de tierra, puerto de argonautas, ya que allí brilló la aurora, en 1446, de la Cordícola devoción, para las Españas naturales; y allí, en Valencia, como nación rica en fe y en frutos de la tierra, le dieron a Cristóbal Colón todos los auxilios para descubrir, en beneficio del Orbe, las Españas Coloniales o Cristofolinas, donde había de ser tan arriado el Corazón de Cristo, cuya Imagen se vio esculpida en piedra sobre el arco de entrada en la Iglesia de la Compañía de Quito, desde los primeros tiempos de nuestra devoción Cordícola.

    Y, pues, si fue el Reino de Valencia la cuna del felicísimo Nacimiento de tan dichosa devoción, alrededor de 1500, en Gandía, en la persona de la Venerable Madre Sor Francisca de Borja, la cual hizo milagrosamente que su confesor, Juan Bautista Anyes, escribiera en dos horas lo que en dos años, siendo gran poeta sáfico, no pudo componer, aun a pesar de tentativas inútiles, a instancias de su penitenta, y fiel a la 1.ª Devoción de que hay memoria, si no en el Orbe, por lo menos en las Españas, en forma de Oficio Divino, titulado: «Las siete horas de oración al Corazón de Cristo». Para imprimirlo se usaron los primeros moldes de la primera imprenta existente en España, y, por cierto, en Valencia.

    Sor Francisca de Borja, tía del Santo Duque de Gandía, por quien alcanzó la conversión religiosa, vio cómo el Señor le alzaba por el brazo, en señal que le separaba del mundo, escogiéndole para santo en heroica humildad, cuando descubrían el féretro de la Emperatriz, para testificar que era ella, antes de proceder a enterrarla. Quién había de decir que la Revolución actual atea había de abrasar, con otras mil y mil preciosidades artísticas, religiosas, de sabiduría, etc., el cuerpo incorrupto de este santo humildísimo, entre otras reliquias riquísimas. Horror causa recordarlo, junto con miles de Hostias consagradas en tantísimas Iglesias, quemadas y desparramadas las Divinas Hostias por los suelos, y de mil modos profanadas.

    Y queremos estrenar las solemnidades del Divino Reinado Social del Corazón de Jesús, empezando por Valencia, con la mayor piedad posible, como suelen usarla los valencianos, sobre todo desde el Beato Patriarca y Virrey de Valencia, Juan de Ribera, que purificó de judíos y moriscos el Reino, convirtiéndolos, y, a los renegados, expulsándolos.

    Y deseamos en Valencia estrenarnos, no sólo por arraigar más allí la tradición Cordícola, sino también para honrar a la Virgen Madre de los Desamparados, especialmente de los desamparados tradicionalistas o católicos; de todas las autoridades humanas, menos de la de Su Santidad. Título, de los Desamparados, dado por el Rey Católico, Don Fernando, que venía heredando desde Don Jaime el Conquistador, Padre Civil del Reino de Valencia, y que comunicó este título de Católico a su esposa Doña Isabel de Castilla, y que confirmó, entre ambos, uno de los Pontífices Romanos, Alejandro VI, vindicado ahora victoriosamente en su Historia por Monseñor Root, (valenciano, por cierto, ese Pontífice), llamándoles los Reyes Católicos por excelencia.

    Al tenor de aquellos Reyes y de aquellos pueblos, consonaban los militares valencianos, quienes fueron tan católicos que fueron ellos los primeros en obligarse, con voto de sangre, a defender el misterio de la Inmaculada Concepción, voto que imitó el Claustro Universitario, y luego el Cabildo Eclesiástico. Más tarde, los militares aclamaron a nuestra Madre de los Desamparados, Generalísima de nuestros Ejércitos, pues ya tenían a la Inmaculada por Patrona. Hasta hace dos años, en el cual el Gobierno ateo infirió a nuestros soldados la injuria de destituir oficialmente a nuestra celestial Patrona, que no han podido quitar de los católicos pechos.

    Tan arraigado tenían nuestros mayores el amor a la Madre Inmaculada y al Corazón de Jesús, que el primer libro impreso en España fue hecho en Valencia, en 1474, en honor a la Virgen y al Corazón de Jesús; y, por cierto, en lengua valenciana, titulado: «Les trobes en lahors de la Verge Maria», con algunas estrofas al Corazón de Jesús.

    Honrada, así, la Tradición Cordícola y Concepcionista del Hijo y de la Madre en Valencia, es nuestro deseo pasar a la Sede escogida por el Corazón de Jesús, o Palacio Imperial en el Tibidabo barcelonés, para, con su magnificencia, honrar al Nobilísimo y Divino Emperador de las Españas Cristo Jesús, escogido por revelación a Don Bosco, y para cumplir el 1.er Deseo del mensaje en el Tibidabo, sobre la Ciudad Condal, y frente a nuestro mar levantino, dominando mar y tierra, fabricado entre las Españas naturales y antiguas coloniales, no con rentas o contribuciones o derramas, sino con sacrificios voluntarios de privaciones, sello de amor, y mortificaciones individuales, marca de creyente, españoles, de niños que vendían sus canicas, y de grandes que dejaban sus hogares y comodidades.

    Olvide y perdone, así, el Corazón de Jesús, mirando la buena fe de los amantes, las locuras, desvaríos y aberraciones que el masonismo satánico soviético nos trajo, y, neciamente, y por ignorancia, no pocos de los hijos de estas tierras admitieron. Hoy, muchos de ellos ya están arrepentidos. Queremos, entre todos, expiar y reparar tanta ofensa al Corazón de ese Divino Emperador, que, desde la eternidad, nos amó previniendo nuestras ingratitudes a su amor misericordioso.

    Ante esos dos ejemplos de devoción valenciana y de grandiosidad tibidabense de las dos Españas, deseamos se entable una amorosa porfía, entre una y otra España o Reino, Condados, Señoríos, en sus capitales y pueblos, para mostrar su amor y grandiosidad, según sus fuerzas, de sacrificios, para resarcir las ofensas a nuestro Divino Emperador, en las visitas que hagamos a cada capital nosotros, o nuestro Regente o Representante, para hacer allí el cumplimiento de los Tres Divinos Deseos del Mensaje Divino del Padre Eterno al Corazón de Jesús, y, de éste, a Santa Alacoque, y, de ésta, al Rey Primogénito de Su Corazón, que, por omisión, perdió su Primogenitura, y, en defecto de éste, a nuestro Rey, el primero que, tras casi tres siglos de expectativa, ha cumplido, primero por Voto Cordícola, y después, en la práctica, los Tres Divinos Deseos del Mensaje de 17 de Junio de 1689. Ahora, en tiempo de persecución, y luego, en presencia de los Leales de cada España, para acreditar nuestra fe española, para felicidad de todos los españoles.

    Así pensamos honrar, cívica y religiosamente, al Nobilísimo Corazón de Jesús, con el cumplimiento de nuestras antiguas Leyes y Fueros tan cristianos, deseando que ninguna otra nación nos exceda en tanto amor y servicio a Cristo, y, así, con nuestro ejemplo, traigamos a las demás naciones el universal cumplimiento del Mensaje Divino con que honró al Orbe el Padre Eterno en 1689.

    Os pedimos, pues, Santísimo Padre, ayudéis al cumplimiento de nuestras determinaciones con la predicha declaración, que avive el celo de las Españas, en el clero, en los nobles, y, sobre todo, en el pueblo, que aún no está del todo perdido, pero corre grandísimos peligros de perderse. ¡Oh, qué horrores se han cometido, que ni de los emperadores romanos los hemos sabido! ¡Es horroroso lo que pretenden hacer si Dios les deja!

    Con ese llamamiento de la fiesta de precepto en el día propio, pedido por el Corazón Divino a Santa Margarita, el Viernes después de la Octava del Corpus, y de nuevo dicha por el mismo Señor a la Venerable María Ráfols, en la página 7 de dichos Escritos Póstumos.

    Y esto os pido, Serenísimo Padre. Yo, María de las Nieves de Braganza y de Borbón, por amor a Dios, a quien desde la eternidad me amó, y quiero, por lo tanto, continuar la tradición de mi Familia Cordícola, pues mi abuela, Doña María Francisca, Reina de Portugal, alcanzó del Papa dicha fiesta de precepto al Corazón de Jesús para el Reino de Portugal y sus Colonias.

    Y, en nombre de mi Esposo amadísimo, Rey Legítimo de las Españas, D. Alfonso Carlos I, el Justiciero Misericordioso, quien, en sus mocedades de Príncipe de Borbón y Austria-Este, fue Alférez en la 6.ª Compañía del 2.º Batallón de Zuavos de Pío IX; quien ya entonces llevaba en la Bandera el Corazón de Jesús; que, después, de alzar el fuego por mandato de Pío IX en la Puerta Pía [16], y venido a España con los Zuavos Españoles, tremolaba esa Bandera, que se tiñó en generosa sangre y con la Imagen del Corazón de Jesús, que, con muchas visibles protecciones del Cielo, en la larga vida que Dios nos ha concedido, guardamos con veneración y para nuestro servicio del Divino Emperador Cristo Jesús.

    ¡Qué dicha tan grande si Su Santidad nos concediera la gracia pedida para el 19 de Junio de 1936! Se acabarían tantas tristísimas ofensas y sacrilegios contra el Corazón de Jesús, esperando solemnemente los desagravios y expiaciones públicas de regeneración. Fiat, fiat, fiat.

    Y apoyamos esta confianza, no sólo en los auxilios de Dios, dador de todo bien, sino en las palabras del Vicario de Jesucristo, el Papa León XIII, que decía en la Consagración del Orbe al Corazón de Jesús:

    «Cuando la Iglesia, en los primeros tiempos, se veía oprimida por el yugo de los Césares, se dejó ver del entonces joven Emperador, en lo alto, una Cruz, emblema de la decisiva victoria que bien pronto siguió».

    Pues he aquí otra señal de dichoso y divino presagio que se presenta hoy ante nuestros ojos. Lo es el Sagrado Corazón, que, ostentando la Cruz que se eleva sobre Él, brilla con resplandecientes rayos de blanca luz, rodeado en llamas. En Él se ha de colocar todas las esperanzas. A Él hay que pedir. Y a Él hay que prometernos para la salvación de los hombres.

    Sabemos que las cosas en España están pésimamente mal, y, sobre todo, su pueblo, que se encuentra al borde del precipicio. Una parte ya ha empezado a caer; y, si no es por el amor que nos enseña y promete el Corazón amoroso de Cristo en los Escritos Póstumos de la Venerable María Ráfols, no veríamos salida humana posible.

    Confiamos en la declaración de fiesta de precepto, aun sabiendo que otras fiestas de precepto han sido suprimidas. Conocemos la fuerza medicinal de la devoción al Corazón de Cristo, y, por eso, pedimos ese revulsivo, para que las Españas Católicas entren en sí y no perezcan. También lo pedimos para que las masas católicas, con su ejemplo, recuperen la razón, pues sería mengua de nuestra Madre que, teniendo medicina, no se propine en situación desesperada, a lo que vemos y leemos a diario; y eso que no todo se publica, por maldad de unos, y por miedo a escandalizar y de la cárcel, por parte de los otros.

    De Su Santidad, Beatísimo Padre, hijos adictísimos, y en nombre de nuestros Leales Católicos Españoles,

    María de las Nieves de Braganza y de Borbón.

    Alfonso Carlos I, el Justiciero Misericordioso.

    Guethary, 13 de Abril de 1936







    [9] Se refiere al Rey de Francia Luis XVI, cuyos males fueron causados por la no aceptación de los Tres Divinos Deseos del Sagrado Corazón de Jesús.

    [10] Palabra utilizada por primera vez por Don Alfonso Carlos de Borbón en 1932. Significa «aquél que tiene devoción por el Sagrado Corazón de Jesús».

    [11] Escritos Póstumos de la Venerable María Ráfols, 1.ª edición, que llamamos Vaticana, por estar aprobada por Aloyrius S.R.C. – S.R. Subprom. Gen. Romae 27 Aprilius 1932. Dice del Corazón de Jesús:

    «Esta Nación (España) será la Primera Nación que se consagrará a Mi Divino Corazón… Pero no me contentaré con esta Consagración general; quiero presidir a los hogares, las familias, las cátedras, las oficinas, las escuelas de los niños, los talleres, las cúpulas de los templos (luego mucho más los edificios que se hagan ad hoc, como dice el 1.er Deseo del dicho Reinado Social, como es el de nuestro Tibidabo, en cuyo edificio ya está la Divina Imagen en la cúpula y en el altar), y en todas partes quiero que mis queridos montes por donde pasen los caminantes ha de estar expuesta mi Imagen».

    Y pág. 8, dice:

    «Quiero que todos los hombres visiten la Imagen de Mi Corazón Misericordioso, y a los que la lleven devotamente, Yo les prometo grandes gracias de salvación eterna. Quiero que esta insignia se represente en todas partes con veneración, hasta en la Bandera (3.er Deseo del Mensaje a Santa Alacoque, aplicado a España en particular por el Corazón de Jesús a la Venerable María Ráfols) de mi amada España, y esto lo han de tener como una de las gracias más grandes que puedo dispensarles, y como una afirmación de que quiero que España sea siempre grande, y lo será, si se mantiene siempre firme en la fe que mi Apóstol Santiago plantó en ella, y cuyo testimonio es y será siempre la Sagrada Imagen de Mi Madre Santísima del Pilar».

    [12] Reinado Social del Corazón de Jesús, Tomo I, pág. 444.

    [13] Se refiere a la marcha de Alfonso XIII de España en 1931.

    [14] Se refiere al Pacto Familiar firmado en Territet en 1931.

    [15] Porque «quiero que mi Reinado se propague por todo el Orbe, pero en mi querida España ha de prender con mayor fervor este fuego divino, y de aquí lo comunicarán por todo el mundo».

    [16] El 29 de Septiembre de 1870 Roma quedó rodeada, y, a la mañana siguiente, las tropas abrieron fuego contra la Porta Pía y Porta Salaria. La guardia del Papa resiste sólo para demostrar que se cede únicamente a la violencia. Poco después, un Real Decreto incorpora Roma y su Patrimonio de San Pedro al Reino de Italia, y caía, así, después de un milenio de vida, el poder temporal de los Papas (…). Víctor Manuel (después de las protestas del Papa Pío IX y otras naciones católicas de todo el mundo) propuso en Mayo de 1871 la famosa Ley de Garantías, por la cual reconocía la soberanía e inviolabilidad del Papa, se le asignaban tres millones y medio de renta, y se le concedía dos palacios del Vaticano, Letrán y Castel Gandolfo. Pío IX rechazó indignado tales estipulaciones, y, desde entonces, vivió prisionero en el Vaticano a merced de las limosnas del mundo católico.


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    Última edición por Martin Ant; 03/05/2019 a las 17:44

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    Re: La Consagración del Rey Legítimo y de toda su Corte al Sagrado Corazón de Jesús

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Fuente: Documentos de Don Alfonso Carlos de Borbón y de Austria-Este (Duque de San Jaime), Melchor Ferrer, Editorial Tradicionalista S. A., Madrid, 1950, páginas 302 – 304.



    RENOVACIÓN DEL CUMPLIMIENTO DE LOS TRES DIVINOS DESEOS DEL NOBILÍSIMO CORAZÓN DE JESÚS, EN EL 19 DE JUNIO DE 1936


    RENUEVO EL CUMPLIMIENTO DEL PRIMER DESEO DEL CORAZÓN DE JESÚS EN ESTA FORMA:

    Nombro al Templo del Corazón de Jesús, al que ya es Nacional Eucarístico, que se está edificando por revelación a Don Bosco, hoy ya canonizado, al Templo del Corazón de Jesús del Tibidabo, llamándole Real Templo Nacional, Eucarístico, Expiatorio y Español, porque es y ha de ser la garantía de los españoles.

    Y como tal, lo tomo bajo mi protección Real, ayudado de mis españoles, si puedo. Todos los años, a imitación de mis católicos predecesores, cuando iban a Santiago de Galicia, sin excluir el voto de Santiago, y para cuando yo entre en España, mandaré a mi representante a visitar dicho Templo Real, Nacional, Eucarístico, Expiatorio, Español del Tibidabo, para que, imitándome, vayan también mis vasallos a pedir nuestra unidad católica, y la prosperidad de nuestras Españas, y las demás mercedes que necesiten.


    RENUEVO ASÍ EL CUMPLIMIENTO DEL SEGUNDO DESEO:

    Dulcísimo, Amorosísimo y Nobilísimo Corazón de Jesús:

    Templo Augusto de la Divinidad, en el que tiene la Trinidad Santísima todas sus complacencias. Por Quien, con Quien y en Quien recibe el Padre y el Espíritu Santo todo el honor y gloria, y fueran hechas todas las cosas; por Quien alaban a la Divina Majestad los Ángeles, adoran las Dominaciones, y reverencian trémulas las Potestades del Cielo; Cabeza de la Iglesia, Rey de las almas, verdadero inspirador y animador de nuestra universalidad o catolicidad, y por cuya misericordia, y por lo que hace a nuestra España, no parece sino que la bendición de Noé a Jafet refulge por modo singular en esta ibérica y selecta raza tubalina.

    Deseando continuar reconquistando, estableciendo y arraigando el amor y fidelidad hacia Vos de los legítimos iberos españoles, que desde tanto atrás son Vuestros católicos hijos, fieles servidores y propagadores de Vuestro conocimiento y amor en medio orbe… vengo ahora a Vuestros pies, rodeado de los representantes de las tradiciones gloriosas de nuestros mayores, a ofreceros nuestra Consagración Cordícola, para cumplir en este día con las renovaciones anteriores del Segundo Deseo de los Tres que hoy también renovamos, cumpliéndolos en orden al establecimiento en las Españas del Reinado Social de Vuestro Divino y Nobilísimo Corazón, y desde allí se extenderá por todo el orbe.


    RENUEVO ASÍ EL CUMPLIMIENTO DEL TERCER DIVINO DESEO:

    Pongo, aceptando con veneración y amor, la imagen del Nobilísimo Corazón de Jesús, en Jefe y en Palo, dentro del Escudo, y bajo la Corona Imperial, acamado y rodeado de rayos de luz de fuego, con la herida abierta por la lanzada, cercado de la corona de espinas, brotando por la boca del Corazón llamas de amor luminosas, y todo el Corazón echando rayos luminosos dorados, como se apareció a Santa Alacoque. Por la parte superior, en medio arco, un rótulo diciendo: «Venga a nos el Tu Reino».

    Veamos el Escudo reconocido y sancionado en España de el grande, como lo declaró y designó, con exclusión de otro, la Real Academia y el Rey de Armas Señor Castañeda, con la añadidura arriba dicha, de nuevo. Cuartel del Corazón de Jesús que, como el Rey de Armas dijo al aprobarlo, ennoblece muchísimo ese Cuartel al Escudo, por la mayor nobleza Divina del Corazón Justiciero (pues pagó lo que debíamos y debemos de justicia con su Pasión y Muerte), cuya justicia distributiva y vindicativa procuraré imitar; y a la vez Misericordioso, que miraba como pobres insolventes a nosotros, pecadores, por nuestra poquedad y miseria, cuya misericordia procuraré imitar, tomando esos dos títulos con que quieren me apellide mis fieles leales. Así sea.



    ALFONSO CARLOS




    Hoy, día del Corazón de Jesús, 19 de Junio de 1936.

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