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Tema: Los Acróbatas en la Semana Grande de la Bajada de la Virgen de Las Nieves

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    Los Acróbatas en la Semana Grande de la Bajada de la Virgen de Las Nieves

    LOS ACRÓBATAS
    José Guillermo Rodríguez Escudero
    “De las postrimerías del siglo XIX, cuando se presentó el cinematógrafo en La Palma, al tercio inicial del siglo XX, los Acróbatas suplieron la presencia de los circos, que vendían, como espectáculos, las pruebas de agilidad, fuerza y riesgo. A los acordes del pasodoble “Manolo” y con mallas y lentejuelas, una veintena de jóvenes compone figuras en el suelo y acrobacias sobre las escaleras paralelas que sostiene un forzudo portor. Devueltos a su origen y ambiente, los Acróbatas tienen un puesto entrañable en la Bajada y aparecerán en cualquier edición (la última celebrada el martes 8 de julio de 1980 en la Plaza de Santo Domingo, representaciones que continuaron en las calles O’Daly, Plaza de España, Pérez de Brito y Plaza de la Alameda), con sus hachos de tea, atuendos ajustados y capas de seda, paso marcial y sencillas piruetas, ganándose los aplausos del público en las calles poco iluminadas”.

    Luis Ortega Abraham, 2000

    (En el año 2000, el investigador y periodista palmero Luis Ortega añoraba este número emblemático de la Bajada de la Virgen. Afortunadamente fue rescatado para la edición lustral de 2005, treinta largos años después)

    “…Felizmente ya los tenemos aquí de nuevo. No más trayectoria intermitente; que su regreso marque la consolidación de de esta simpática función, mezcla de destreza y vistosidad, entre aquellas de mayor arraigo y tradición de las Fiestas. Lo merece una existencia de sobra centenaria…”

    José Eduardo Pérez Hernández, 2005

    Como la inmensa mayoría de los juegos y danzas que tenían lugar en nuestras Fiestas Lustrales (muchos de ellos perdidos y olvidados), los singulares equilibristas locales tenían sus raíces en los frecuentes contactos que se daban a lo largo de la historia entre la población palmera, sobre todo intelectuales, con los circenses, “titiriteros” y miembros de la farándula en general. Estas comitivas festivas recalaban en el puerto capitalino en sus constantes viajes de ida y vuelta a las Américas. Encontraban un excelente terreno abonado en La Palma, isla cuyos habitantes desde siempre han demostrado una gran capacidad para las Artes en general y, en concreto, para el teatro, la música, la literatura, e incluso, para cualquier espectáculo que se preciase. Al público palmero en general le encantaba las funciones de variedades circenses, que se constituyeron en los espectáculos foráneos más frecuentes, populares y numerosos, “hasta el punto de propiciar sus émulos palmeros”.
    Nos recuerda Pérez Hernández que, no sólo eran pequeñas compañías peninsulares las que ofrecían todo tipo de números “ecuestres, gimnásticos, acrobáticos, cómicos, mímicos y pirotécnicos en los patios y plazas de los antiguos conventos capitalinos”, sino también procedentes de remotos lugares del extranjero. Hay constancia de que en el Circo de Marte ya tenían lugar estas especiales representaciones desde 1871. Gracias a este recinto, estos vistosos espectáculos se verían popularizados y reforzados entre 1879 y 1882. Tengamos en cuenta que aproximadamente en la década de 1880, “España había hecho de la gimnasia una de las primeras manifestaciones deportivas organizadas”. Estas competiciones comenzaron por aquella época como una nueva costumbre sana y moderna entre la clase acomodada, convirtiéndose en un inequívoco signo de distinción social.
    Pérez Hernández, en la prensa local, nos informaba de que “en diciembre de 1881 fue constituida oficialmente la sociedad gimnástica La Patriótica, presidida por Manuel Vandewalle y Pinto, si bien su arranque efectivo se produjo al año siguiente”.
    Recordemos también que sus socios podían acudir a hacer ejercicio, entrenarse y formarse en un gimnasio completo. El mismo investigador palmero continuaba: “Durante el verano de 1882 los asociados mejor preparados presentaron al gran público algunas funciones atléticas y acrobáticas que, al decir de la crónica periodística, causaron asombro general por la habilidad y maestría en el desempeño de los ejercicios…”
    De esta manera, y poco a poco, los jóvenes gimnastas iban representando estos aplaudidos números circenses en varias fiestas y homenajes que se celebraban en Santa Cruz de La Palma, calando cada vez más en su público. Trataban de emular a los acróbatas profesionales “en el escenario cuando, embutidos en leotardos, hacían evoluciones en el trapecio y equilibrios sobre cuerdas y alambres, cilindros y bolas; pero nunca más allá de la afición, como ponía de relieve el carácter filantrópico de sus funciones”.
    La Gimnástica –como popularmente se conocía- alcanzó su apogeo en la “Bajada de la Señora” de 1885, creando para los festejos lustrales una exitosa puesta en escena titulada “Danza de Gimnastas”, representada en la noche del lunes 13 de abril en la plaza de Santo Domingo. Más tarde la repetirían en las calles O’Daly y Pérez de Brito (en aquella época, ésta se llamaba Santiago).
    Se trataba de uno de los más espectaculares y esperados números que, aunque fue estrenado en la Bajada de 1885, llegó a integrarse completamente en el nutrido programa de festejos en honor a Nuestra Señora de Las Nieves. Recordemos que estas magníficas fiestas, desde sus orígenes, contaban con una gran tradición danzarina: danzas coreadas infantiles, de enanos, de gigantes, etc.
    Así, durante la noche del 24 de abril, durante la Bajada de 1895, los jóvenes participantes, en número de 25, iniciaron su ansiado itinerario nocturno ante la desaparecida ermita de Santa Catalina de Alejandría, para continuar ante la casa número 56 de la calle Santiago, en la Placeta de Borrero, en el número 3 de la Calle Santiago (Hotel), la Plaza de la Constitución, y tres representaciones más ante las mansiones localizadas con los números 4, 13 y 27 de la Calle O’Daly.
    En las Fiestas Lustrales de 1910, la danza acrobática estaba a cargo de Nicolás Sosa, uno de los pioneros de la ya extinta sociedad gimnástica. En esa edición, las representaciones se iniciarían dentro del Circo de Marte y nuevamente recorrerían posteriormente las principales calles capitalinas hasta altas horas de la madrugada.
    Desde 1920 se empezó a denominar “Danza de Acróbatas”. Pérez Hernández aportaba nuevos datos: “El espectáculo inició entonces una etapa de estabilidad en las Fiestas Lustrales prolongada hasta mitad de la centuria (sólo faltó a la edición de 1940). Así pudo consolidar algunas de sus características distintivas. Los brillantes vestidos de la veintena larga de acróbatas, por ejemplo, adecuados a la dimensión nocturna de sus actuaciones (en aquella época en el mes de junio): camisetas, camisillas, calzoncillos, zapatos (alpargatas para los ensayos)…, en fin, una indumentaria ceñida, flexible y colorista de tipo surá, muselina o terciopelo, con galones dorados y plateados…” El propio investigador palmero nos recuerda también que sería en la Bajada de 1925 cuando aparecen documentadas por primera vez las escaleras de mano, las famosas escaleras de mano.
    El Diario de Avisos, en su edición especial por la Bajada de 1935alababa también la importancia de la música en la cita lustral. Para el periódico, “la música era un elemento vital para conseguir la maravillosa y sorprendente ejecución rítmica, limpia y precisa de los acróbatas danzantes, capaz de atrapar al espectador…” Continuaba diciendo que la danza “acompañada por la música resulta muy uniformada y el público aplaudió calurosamente. Empezó por el extremo sur de la calle O’Daly siguiendo hacia la Alameda… un gran gentío siguió por las calles a los acróbatas improvisados y se apiñaba en los balcones”.
    En el programa festivo de la Bajada de 1950, se leía una bella evocación escrita por autor anónimo sobre nuestra peculiar danza:

    “En dos escaleras sostenidas por un solo hombre, que las mantiene erectas, al son de la música se realizan variadísimos ejercicios. El hombre generalmente robusto, parece estar fijo a suelo. Se nos asemeja estar soldado por alguna fuerza misteriosa a las escalas que sostiene. Parece una estatua representativa de la fuerza, mientras los demás siguen el ritmo de la música. Representan el movimiento hecho arte que elabora figuras plenas de plasticidad y destreza. A lo que contribuye la brillantez de los trajes que lanzan variados destellos bajo las luces artificiales…”

    En el programa de la Bajada de 1860, uno de los más antiguos conservados, se lee: “Dia 17 de abril: por la noche saldrá una Contradanza que dará principio en la plaza de San Francisco, siguiendo la calle de Santiago por la plazuela de la Cruz y continuando la de O’Daly hasta el muelle”.
    Dos días después se repitió la contradanza (baile de figuras que ejecutan muchas parejas a un tiempo) con el mismo itinerario. En dicho programa no se aprecia ninguna otra actuación en la que conste que se efectúen acrobacias. Pero en el de 1885 si se precisa que: “Lunes 13 de Abril: Por la noche tendrá lugar en las plazas y sitios de las calles que oportunamente se designarán una ingeniosa Danza de Gimnastas, con variedad de grupos y figuras”.
    La población llegó a bautizarlo como uno de sus “números principales y acto ya tradicional”.

    “Entusiasmo juvenil de una noche atlética,
    chicos elásticos que saltan, doblan, suben,
    bajan como gatos por una escalera.
    Demostrando a miles de mirones, su acrobacia,
    Mil figuras al aire con sus cuerpos doblados
    (como si fueran de goma).
    Atletas masculinos que se pasan toda la noche
    Jubiloso con sus artes de arriba-abajo y
    Los otros sobre los hombros formando
    La acrobacia de estrellas de la noche.”

    “Los Acróbatas”. José Juan Pérez Morera.

    Los alegres e ingenuos saltimbanquis palmeros han tenido intermitentes apariciones a lo largo de todos estos últimos lustros. Después de su última aparición en 1980 -año en que se cumplía sus 120 años de existencia-, se recuperó para la edición de 2005, esto es, un período de seis “Bajadas” sin contar con ellos. En este año fueron aproximadamente unos 55 gimnastas los encargados de interpretar y rescatar el número. Por fortuna, tampoco en esta ocasión se discriminará a los acróbatas por su sexo. Recordemos que en la Bajada de 1975 todos los miembros eran varones.
    El Diario de Avisos (10 de julio de 1975) se deshacía en elogios:

    Uno de los más espectaculares actos de los que integraron el excelente programa de las Fiestas de este año 1975 fue el llevado a cabo por la danza de Acróbatas. Una espléndida actuación a cargo de estos magníficos ejecutantes de un arte que siempre tuvo y habrá de seguir teniendo un éxito y un interés indiscutibles”.

    Efectivamente, este número llegó a considerarse una de las manifestaciones festeras rescatadas en esa Bajada “del acervo de actuaciones tradicionales de las Fiestas”. La crítica de la prensa y de los asistentes no pudo ser más favorable. Fueron destacados el bello colorido de los trajes, su férrea disciplina, su artística y difícil intervención en las escaleras, así como el magnífico adiestramiento de los muchachos “que constituyeron un ejemplo notabilísimo que entusiasmó hasta grados insospechados” a los miles de asistentes que asistieron embelesados al acto. Varias actuaciones tuvieron lugar por la Calle Real y vías adyacentes hasta altas horas de la madrugada.
    En el Programa de 1980 se leía: “Martes: Danza de Acróbatas: actúan en distintos lugares, durante toda la noche, hasta el amanecer, y lo hacían en la Alameda”.
    Las figura en el suelo eran dibujadas por las niñas, mientras los chicos se encargaban de soportar el peso de la escalera. El secreto para conseguir una buena preparación y abstraerse del mundo exterior, coordinándose y principalmente logrando una óptima sincronización con la música que hace sonar la Banda de Música Municipal de San Miguel de Santa Cruz de La Palma”.

    Recuperando lo que se decía en el programa de 1975: “Una espléndida actuación a cargo de estos magníficos ejecutantes de un arte que siempre tuvo y habrá de seguir teniendo un éxito y un interés indiscutibles”. Continuaba informando de que “esta danza de los acróbatas ha sido una de las manifestaciones festeras rescatadas en el presente año del acervo de actuaciones tradicionales de las Fiestas”.
    El itinerario de ese año lustral coincidió con el de 1980, iniciándose en el patio del Hospital de Dolores, donde se reunía un gran coro expectante de ancianos y enfermos emocionados. Después se desplazaron a la Plaza de Santo Domingo donde ofrecieron dos funciones a la fascinada concurrencia. En alguna edición era tal la multitud que tuvieron que repetir el espectáculo por tercera vez. Cada pirueta, contorsión, equilibrismo… eran nuevamente vitoreadas por la muchedumbre. Al sudor de los volatineros se añadían las sonrisas de satisfacción a ver a su público cada vez más enfervorizado.
    Efectivamente, tan sólo por ver el colorido de los trajes de los forzudos y no tan forzudos participantes, su férrea disciplina, su “artística y difícil intervención en las escaleras”, y también el “espléndido grado de adiestramiento de los muchachos constituyeron un ejemplo notabilísimo que entusiasmó hasta grados insospechados a los miles de espectadores que presenciaron esta gran exhibición, la que tuvo efecto el martes, 8 de julio, por la Calle Real y vías adyacentes hasta altas horas de la madrugada…”.
    Pérez Hernández, en su trabajo sobre esta peculiar danza, recordaba: “Tristemente el panorama ha sido bastante pobre en la segunda mitad del siglo XX en lo referente a nuestro espectáculo acrobático. Las últimas noches mágicas acontecieron del 8 al 9 de julio de 1975 y de 1980, prolongándose hasta el amanecer”.
    Es necesaria una precisa compenetración que se logra alcanzar tras las interminables sesiones de entrenamiento. Para llegar a la ansiada sincronización, a fin de evitar incidencias y sorpresas desagradables, se necesitaba, no sólo fortaleza física, sino también capacidad mental. Era una larga y agotadora noche hasta que se finalizaba en torno a las siete de la mañana en La Alameda, junto al Barco de la Virgen, como homenaje a la “Morenita”, ante su inminente llegada, y a la que se ofrecía el tremendo esfuerzo e impagable sacrificio.
    Cada una de las representaciones dura aproximadamente una media hora, tiempo en el que los Acróbatas –en la actualidad de ambos sexos- realizan series de figuras, tanto en el suelo, como las llamadas “escaleras humanas”. Aquí los equilibrios sobre las manos, muslos y hombros tienen un claro protagonismo. Se añaden los ya típicos arcos, pinos y resto de piruetas características de este lustral espectáculo que, como colofón, “tendrá la realización de la figura del barco en la que participan todos los acróbatas”. (M.C., 2005)

    “La desaparecida Danza de los Acróbatas o gimnastas, que se venía representando desde el siglo XIX por hombres jóvenes, consistía en realizar habilidades propias de un circo sobre dos escaleras al compás de un pasodoble (el más popular, el pasodoble Manolo). Esta danza comenzaba en diferentes lugares, según las distintas ediciones de las fiestas lustrales, una en la Cruz del Tercero, otra, en el Circo de Marte, etc., y continuaba ejecutándose por la Calle Real durante toda la noche, seguidos por un animado público que con palmas les coreaban. Las últimas ediciones comenzaban en la plaza de Santo Domingo”.
    Loló Fernández, 1995

    Afortunadamente, este entrañable acto tradicional fue rescatado para la Bajada de 2005, con gran expectación por parte de un público entregado que con grandes ovaciones pedía una y otra vez su repetición. Fueron cincuenta los participantes –de entre 10 y 18 años, de los cuales veintidós eran muchachas- dirigidos por Francisco García Pérez, Josefina Gutiérrez Sánchez y Juan Carlos González Martín. Estos jóvenes lograron ejecutar un digno espectáculo donde la fuerza y el equilibrio se articularon para realizar con destreza una serie de ejercicios y figuras sincronizadas que recordaron las antiguas actuaciones de los especialistas en los legendarios circos. El Diario de Avisos informaba de que “en las actuaciones realizaron hasta ocho figuras sobre la escalera de mano, soporte sobre el que realizan los más peculiares ejercicios, al tiempo que ejecutaron otra serie de figuras en el suelo, como equilibrio sobre hombro, equilibrio sobre muslo, pinos, arcos, etc. Además realizaron una figura en la que intervinieron todos los acróbatas de muy bella factura y que denominaban el barco”.

    En el programa se leía:

    “Domingo 10 de julio. 21:30h. Actuaciones de los Acróbatas, en el Hospital de Nuestra Señora de Los Dolores, Plaza de Santo Domingo, Calle O’Daly, Plaza de España, Calle Anselmo Pérez de Brito (Acera Ancha) y Plaza de la Alameda. Con la participación de la Banda Municipal de Música San Miguel, de Santa Cruz de La Palma y la Banda Municipal de Música de Tazacorte”.

    La omnipresente Banda Municipal de Música “San Miguel” interpretaba una y otra vez la popular obra de E. Cebrián Ruiz titulada Manolo, bajo la dirección de Julio José Hernández Gómez y José Gabriel Rodríguez González.
    El acto señero y centenario vuelve a llegar con fuerza y emoción a la Bajada de cuyo programa nunca debió de desaparecer.

    “Elásticos bisoños de la prueba,
    Rumboso el porte de lo masculino,
    Pasan atletas, de la casa, a punto.
    (de goma sólo, lo demás, cartílago).
    Fuerza, vigor, su sangre, los portores,
    Transfusionan a los demás acróbatas;
    Bichos que trepan, saltan y se escurren,
    Empinan, desempinan y transforman.
    Gatos por escaleras y tejados;
    Fantasma con resorte y cuerda viva;
    Hados en el misterio y la acrobacia.
    Mil figuras al aire con sus cuerpos,
    Son almas –lentejuelas de sus hombros
    Pirotécnica de estrellas en la noche”.
    Fernández Perdigón, 1980

    BIBLIOGRAFÍA

    PÉREZ HERNÁNDEZ, José Eduardo. «Así surgió la Danza de los Acróbatas en la Fiesta Lustral», Danza de los Acróbatas, [Programa de mano] Bajada de la Virgen, Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, 2005
    - Idem. «La Danza de Acróbatas en las Fiestas Lustrales de La Palma», Diario de Avisos, (9 de julio de 2005)
    BERMÚDEZ, Felipe. Fiesta Canaria. Una interpretación teológica, Publicaciones del Centro Teológico, Las Palmas de Gran Canaria, 2001
    «El recuerdo de antiguas representaciones», La Voz de La Palma, Especial Bajada 2000.
    «El retorno de los Acróbatas», Diario de Avisos, (11 de julio de 2005)
    «Entre acrobacias, velas y flores», M.C. Mirador Canario, Creación 7, S.L., 2005
    «Equilibrio e imaginación», Diario de Avisos, (15 de agosto de 2005)
    FERNÁNDEZ, Loló. Baja la Virgen. Ediciones Idea, Santa Cruz de Tenerife, 1995.
    FERNÁNDEZ PERDIGÓN, Miguel. «’Números primos’ de la Bajada de la Virgen», Diario de Avisos, (13 de julio de 1980)
    «Las Fiestas Lustrales recuperan el número de los Acróbatas tras 25 años», La Voz de La Palma, n º 229 (del 13 al 26 de mayo de 2005).
    ORTEGA ABRAHAM, Luis, «Collage de la Bajada», [Programa] Bajada 2000, Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, 2000.
    - Idem. «Semana Grande», [Programa] Bajada 1995, Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, 1995.
    PÉREZ MORERA, José Juan. «Los Acróbatas», Achamán (Asociación Juvenil), Santa Cruz de La Palma, Edición Especial, 1980.
    Programa de la Bajada de la Virgen, 1860. [manuscrito], Archivo General de La Palma/Colección FSFC.
    [Programas] Bajada de la Virgen, 1950,1975, 1980, 1990, 1995, 2000, 2005.

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    Acróbatas, años 30-50
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    Acróbatas, años 30-50 (I)
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    Acróbatas, años 30-50 (II). Archivo AYUT
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