Querida amiga mía, pero cómo se te ocurre iniciar un hilo con esa propuesta... Jajaja: te van a llamar católica intolerante e inquisitorial. Pero es que, ante una invitación como la que haces, yo no puedo resistirme.

Así que: ¿Adventistas tenemos? Estos sectarios son, como muchos de los que están fuera de la Iglesia Católica en estas sectas protestantoides, una banda de fanáticos idiotizados por falsos profetas. Para que se sepa quiénes son estos adventistas ofreceré unos elementos históricos con los que podremos valorar su credibilidad y su solvencia -NULAS. Están estos como para que nos digan a los católicos las tonterías que te dice esa sectaria de la que hablas tú. Te voy a poner algunas cosas sobre el fundador de la secta de marras: que conociendo al pájaro, conocemos la jaula. Por sus obras los conoceréis.

Como me consta que el inglés se te da mejor que a mí, oh queridísima Christabel, lo podría poner en el inglés; pero voy a probar a traducirlo por mí mismo, aunque muy libremente, eso sí -advertidos quedan ustedes. Esto no está sacado de la wikiparapléjica, sino de un libro que está en mi biblioteca y se titula "Christian sects" de Konrad Algermissen:

EL FUNDADOR DEL ADVENTISMO: WILLIAM MILLER Y SUS CABAÑUELAS

En algunos hitos de la Historia del cristianismo -incluyendo en el término "cristianismo" a las sectas que se llaman cristianas- se han visto aparecer visionarios convencidos de la proximidad del retorno de Cristo, de la inminencia de la Segunda Venida. Los horrores de la Revolución Francesa y de las campañas napoleónicas produjeron este efecto a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Tras declararse la Independencia de las colonias británicas en Norteamérica en 1776, la llegada de nuevas oleadas de emigrantes a los EE.UU. fue un caldo de cultivo para que proliferaran las sectas más desquiciadas. Ahí surgió el "adventismo" -a manera de "revival" de las baptistas y metodistas.

William Miller nació en Pittsfield, Massachusetts, el 15 de febrero de 1782, hijo de una familia pobre que pertenecía a la "iglesia baptista". Parecía que era un niño dotado intelectualmente, pero su familia era tan pobre que no podía costearle unos estudios. Sabiendo apenas leer, y pidiendo prestados libros leyó todo lo que caía en sus manos y como resultado dejó de creer en Dios. Con 37 años retornó a las creencias sectarias de sus padres, y al volver a leer la Biblia -como los protestantes lo suelen hacer: sin criterio alguno, claro- se deleita especialmente en los libros proféticos -Daniel y Apocalipsis.

Los sucesos contemporáneos suscitaron en Miller un interés particular por los pasajes de la Escritura que tratan del fin del mundo y el retorno de Cristo. Como resultado de ello, se cuajaron los errores adventistas; Miller pensó que que Cristo no sólo pronto aparecerían de nuevo para inaugurar un reinado de mil años de paz en la tierra, sino también que la fecha de la Segunda Venida podría ser calculada a partir de la Biblia. Y entonces se armó morrocotuda, con Miller haciendo cábalas:

Partiendo del despropósito consistente en creer poder saber la fecha de la Segunda Venida del Señor, Miller va al profeta Daniel y lee: "Entonces dijo: Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas. Luego será purificado el gran santuario" (Daniel 8. 14). El verdadero profeta Daniel estaba hablando ahí de la suspensión de los sacrificios en el templo de Jerusalén por Antíoco Epífanes y la profanación de la Ciudad Santa, como consecuencia de la apostasía de los Judios. Este período, hasta la reconsagración del templo en el año antes de la muerte de Antíoco, duró cerca de seis años y cuatro meses, es decir, unos 2.300 días. William Miller tomará ese fragmento de Daniel como cifra que sirve -según él- para calcular la fecha de la Segunda Venida el futuro. Enterpretando a su antojo este texto, el pasaje ya no se refiere a la historia de Jerusalén y su templo, para Miller se trata de la purificación de la tierra por el regreso de Cristo. Según un cálculo endemoniadamente numerológico, en el año 1818 Miller proclamó que el año 1843 iba a ser el año de Segunda Venida de Cristo.

Sin embargo, mantuvo en secreto sus cálculos, no haciéndolos públicos hasta el año 1831. En ese intervalo permaneció como un miembro de la Iglesia Bautista y en 1833 incluso fue elegido como ministro de esta secta protestante en cuyo seno nació.

Desde 1833 en adelante Miller dio a conocer su cálculo de la fecha "exacta" -según él- del regreso de Cristo, y aprovechó algunos sermones en varios lugares para así decirlo a su público oralmente. En ese mismo año de 1833 publicará un libro titulado "Proofs from the Bible and History that Christ willl return about the year 1843" (alog así como "Las pruebas de la Biblia y la historia que Cristo va a regresar hacia el año 1843".)

Como buen baptista, Miller convirtió a sus visiones adventistas a muchos de sus seguidores baptistas, que fueron bautizados por inmersión. El número de "conversos" fue aumentando, especialmente tras las "prédicas" de uno de los seguidores de Miller, Josue Himes de Boston, que lanzó el primero de los periódicos adventistas "Signos de los Tiempos".

Pero Miller no se contentó con esos cálculos, siguió jugando a los números "proféticos", y vino a augurar algo más todavía: que Cristo volvería entre el 21 de marzo de 1843 y 21 de marzo de 1844. El resultado de esto fue que muchos de los recién convertidos al adventismo no labraron sus campos en el invierno de 1843, y algunos regalaron todos sus bienes a otras personas, pensando que así estarían libres de todo lo terrenal, para la lelgada de Cristo.

Pero llegó el anhelado 21 de marzo 1844 y Cristo no apareció. Miller admitió abiertamente su error, y muchos de sus seguidores lo abandonaron decepcionados. El movimiento Adventista podría haberse derrumbado en ese momento, ante el fiasco del 21 de marzo de 1844, anunciado por Miller como el día de la Segunda Venida de Cristo. Pero no faltaron crédulos, malintencionados o fanatizados que argumentaron las más rocambolescas explicaciones para justificar el error adventista. S. S. Snow fue uno de ellos, que, sobre la base de una lectura delirante de la parábola de las diez vírgenes sostiene que el 21 de marzo de 1844 no ha sido el fin del mundo y el Retorno de Cristo por no haberse interpretado correctamente la parábola de las Diez Vírgenes. Y es entonces cuando Snow indica que hay que entender esa parábola como una prórroga que concede el Señor -seis meses de gracia para que muchos se conviertan al error adventista. El regreso de Cristo pasa ahora a calcularse que será el 22 de octubre 1844.

Continuará