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Tema: Volviendo a casa: la iglesia Católica Anglo-Luterana

  1. #1
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    Thumbs up Volviendo a casa: la iglesia Católica Anglo-Luterana

    Además de los nutridos grupos de anglicanos que cada año retornan a la Iglesia Verdadera, ahora tenemos toda una confesión luterana que vuelve a Casa sin poner ningún tipo de condiciones o exigencias.


    Entrevista de InfoCatólica al Metropolita de la Iglesia Católica Anglo-Luterana
    La Reforma fue un «trágico error de proporciones épicas que nunca debió suceder»

    El Arzobispo Irl A. Gladfelter preside una de las confesiones cristianas que planean volver al catolicismo en los ordinariatos creados por Benedicto XVI. La Iglesia Católica Anglo-Luterana es la única con raíces luteranas y podría suponer el primer paso para la vuelta al redil católico de los herederos de Lutero. En una larga entrevista concedida a InfoCatólica, este Arzobispo que aún no es católico pero sí Cooperador del Opus Dei, habla de su alegría al volver a la Iglesia Católica, de la importancia de una única fe y de su compromiso para deshacer la Reforma protestante.



    (Bruno Moreno/InfoCatólica) – Reverendo Irl A. Gladfelter, Metropolita de la Iglesia Católica Anglo-Luterana (ALCC), es usted biólogo, Doctor en Cirugía Dental, teniente coronel jubilado del ejército estadounidense, Doctor en Teología y el Metropolita de la ALCC. ¿Cómo ha encontrado tiempo para tantas cosas?

    No fue un problema. Sólo me convertí en clérigo después de jubilarme en el Ejército de los Estados Unidos y como dentista.

    – ¿Cuándo se fundó la ALCC? ¿Por qué la combinación de anglicanismo y luteranismo?

    La ALCC fue formada en 1997 por antiguos miembros de la Iglesia Luterana – Sínodo de Missouri de los Estados Unidos (LCMS), los cuales, al ser luteranos orientados hacia el catolicismo o “Evangélicos Católicos” (también conocidos como de la “alta iglesia”), no podían aceptar la orientación cada vez más protestante de la LCMS y su aceptación creciente de la teología evangélica fundamentalista, junto con algunos aspectos de la soteriología y teología sacramental que habían sido importados desde el Calvinismo por varios medios ya en su fundación y la aceptación cada vez mayor de servicios evangélicos no litúrgicos. Nuestros fundadores también ponían reparos a la teología sacramental de la LCMS, a su política congregacional, a sus ideas sobre la naturaleza y el ejercicio de la autoridad dentro de la Iglesia y a su comprensión de las Sagradas Órdenes (el “oficio del ministerio público”, según el lenguaje que utilizan).

    Inicialmente, la ALCC adoptó las posturas del ala “anglo-católica” del anglicanismo (o anglicanismo de la “alta iglesia”). A lo largo del tiempo, si bien respetábamos las relaciones que se habían ido formando con el anglicanismo de la “alta iglesia”, la ALCC encontró también problemas con el anglicanismo, incluyendo su rechazo de la primacía papal, la infalibilidad papal, la infalibilidad del Sagrado Magisterio y de los Concilios posteriores a los cuatro primeros Concilios Ecuménicos, además de su tolerancia de algunos grados de teología eucarística de tipo protestante, que pueden encontrarse en la Plegaria Eucarística del Libro de Oración Común, entre otros problemas. Finalmente, la ALCC llegó a reconocer la verdad absoluta de la fe católica y se dio cuenta de que tenía la obligación en conciencia de volver a Roma.

    Se ha descrito recientemente a la Iglesia Católica Anglo-Luterana (ALCC) como “totalmente romanizada” y como una Iglesia que “enseña doctrina católica sólida, utilizando un vocabulario luterano y anglicano, corrigiendo esto último con lo primero”. Ambos comentarios son acertados y precisos. En esencia, la ALCC se ha “romanizado” totalmente, aceptando con entusiasmo la verdad objetiva de todos los aspectos de la fe católica.

    – ¿Fue importante para ustedes la declaración conjunta católica y luterana sobre la justificación (1997)?

    Sí. Para la ALCC, la Declaración conjunta católica y luterana sobre la doctrina de la justificación decidió de una vez para siempre el asunto fundamental de la fase de Wittenberg (luterana) de la Reforma. Una vez que ese asunto se había resuelto, la ALCC se dio cuenta de que tenía la “obligación en conciencia” de entrar en la Iglesia Católica, marcando el camino para que otras jurisdicciones eclesiásticas luteranas (Iglesias) pudieran seguirla.

    – ¿Cuantos miembros y parroquias tiene aproximadamente la ALCC? ¿Sólo están presentes en los Estados Unidos o también en otros países?

    El número total de miembros de la ALCC es de aproximadamente 11.000 personas, en los Estados Unidos, Canadá, Alemania, Sudán y el próximamente independiente Sudán del Sur. El mayor número corresponde a africanos sub-saharianos, la mayoría de los cuales son de Sudán del Sur.

    – ¿De dónde viene la mayoría de sus miembros? Antes de entrar a formar parte de la ALCC, ¿eran luteranos, anglicanos, católicos o no creyentes?

    La mayoría de nuestros miembros no africanos entraron en la ALCC procedentes de otras Iglesias luteranas, pero nuestros miembros subsaharianos, tanto en África como en los Estados Unidos y Canadá, son antiguos anglicanos.

    – En la Comunión Anglicana, hay algunas congregaciones religiosas anglo-católicas. ¿También tienen ustedes religiosos en la ALCC?

    Sí, tenemos una Prelatura Personal, la Orden de San Ambrosio (O.S.A.) y una Sociedad Sacerdotal, la Sociedad Sacerdotal de Siervos del Buen Pastor. La Regla y la espiritualidad de ambas se parecen mucho a las del Opus Dei. El Vicario General de la ALCC y yo somos, con gran entusiasmo, Cooperadores del Opus Dei. Algunos de nuestros obispos son miembros de la Confraternidad de San Pedro, dirigida por la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro (FSSP), una sociedad católica.

    – ¿Entrarán a formar parte del ordinariato de los Estados Unidos cuando se cree, a finales de este año?

    Sí, porque es lo que nos ha dicho que hagamos la Congregación para la Doctrina de la Fe, pero la última palabra la tendrá la propia Congregación. Llevamos trabajando con ellos desde 2009. Desde el punto de vista de la ALCC, se trata de un tema de obediencia a la Congregación para la Doctrina de la Fe. En nuestra petición a Roma para entrar en la Iglesia Católica (antes de la promulgación de Anglicanorum Coetibus) no mencionamos un ordinariato, ya que aún no se había publicado la Constitución Apostólica. Por consejo de nuestro abogado católico de Derecho Canónico, la ALCC sólo pidió entrar como “sociedad sacerdotal” o de la forma que dispusiese el Santo Padre. Nuestra petición terminaba con la frase: “El hijo pródigo ha vuelto y está a la puerta. Santo Padre, por favor, déjenos entrar”. La ALCC nunca ha pedido más que eso. Está a la puerta y ruega que la dejen volver a casa.

    Sin embargo, cuando en otoño de 2010 recibimos una carta del Secretario de la CDF notificándonos que debíamos entrar en la Iglesia Católica a través de las disposiciones de

    Anglicanorum Coetibus, por obediencia a los deseos del Santo Padre y de la CDF, la ALCC aceptó inmediatamente esas instrucciones por escrito. Así pues, actualmente, la ALCC espera pacientemente y ruega al Señor y a su Bendita Madre, María, que se nos permita volver a casa, a la Iglesia Católica, ya sea a través de Anglicanorum Coetibus o de otro medio.

    – ¿Todos los miembros de la ALCC se harán católicos o algunos han decidido esperar o pasar a otros grupos anglicanos o luteranos?

    Todos los miembros de la ALCC se harán católicos. A diferencia de algunas Iglesias Anglicanas, la ALCC no tiene “posturas inamovibles”. La ALCC no está interesada en absoluto en “preservar un patrimonio”. Al contrario, se trata de una Iglesia profundamente “romanizada”, que trabaja con todas sus fuerzas para “deshacer” la Reforma, porque considera que fue un trágico error de proporciones épicas, que nunca debió suceder, e intenta restaurar la unidad de la Iglesia según los criterios de la Iglesia Católica. La ALCC no pide poder conservar un “patrimonio luterano”. A diferencia del patrimonio anglicano, el patrimonio luterano es esencialmente teológico y, al haber comprendido plenamente las herejías del luteranismo y al haber aceptado la fe católica, lo único que pide y por lo que reza la ALCC es que se la permita “volver a casa” y entrar en la Iglesia Católica, como hijos pródigos arrepentidos. Lo único que queremos es disolvernos en la Iglesia Católica, como católicos normales.

    Hace tiempo que la ALCC tiene la política de no admitir miembros ni aceptar clérigos que no estén plenamente comprometidos con la causa de la unidad de la Iglesia de Cristo, sanando las heridas que infligieron a esa unidad el orgullo humano y las herejías de los líderes de la Reforma protestante. Todos los miembros de la ALCC deben estar comprometidos con deshacer la Reforma.

    Todos los clérigos de la ALCC, desde el Metropolitano hasta el último diácono permanente deben firmar una versión adaptada del Mandato de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos, el cual establece que “se comprometen a enseñar la doctrina católica y no predicarán, enseñarán, escribirán ni publicarán nada que entre en conflicto con el magisterio católico”. Este compromiso se controla y se hace cumplir estrictamente. Ya ha sucedido que algún sacerdote ha sido destituido de su cargo, dándole a elegir entre su dimisión y la excomunión, por no cumplir el Mandato de la ALCC.

    – ¿Será un problema para los miembros de la ALCC la necesidad de aceptar el Catecismo de la Iglesia Católica como la expresión normativa de fe para los ordinariatos? ¿Qué textos utilizan actualmente para catequizar a los niños y a los adultos?

    En absoluto. Hace años, la ALCC aceptó oficialmente el Catecismo de la Iglesia Católica como nuestra expresión completa de la fe cristiana. Catequizamos a niños y adultos usando el Catecismo de la Iglesia Católica, el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica de la Conferencia Episcopal norteamericana, Fe para el futuro: Un nuevo catecismo ilustrado, publicado por Liguori Press; el Compendio de Doctrina Social de la Iglesia de la Conferencia Episcopal norteamericana y otros textos católicos únicamente. Para la catequesis general y el estudio, la ALCC usa la Biblia de Navarra, publicada por Scepter Press; la New American Bible y la Biblia Católica de Estudio de Ignatius Press. La ALCC no permite el uso de ningún catecismo luterano ni otros catecismos protestantes.

    – ¿Cuáles son las principales dificultades que han encontrado hasta ahora?

    Toda organización nueva tiene “crisis de crecimiento” y la ALCC no es una excepción. Siempre hay lugar para mejorar y formas de desarrollar nuestros apostolados de forma más eficaz. Sin embargo, nos va muy bien, teniendo en cuenta que la ALCC se fundó en 1997. La mayor preocupación de la ALCC, con mucha diferencia, consiste en conseguir su objetivo de convertirse en la primera jurisdicción eclesiástica luterana que vuelve a la Iglesia Católica como grupo unificado desde el final de la Contrarreforma.

    – Una vez que entren en un ordinariato, usted y los demás obispos y sacerdotes de la ALCC tendrán que ser ordenados como diáconos y sacerdotes católicos. ¿Es algo difícil de aceptar?

    No, en absoluto. Nos alegramos de ello, porque eliminará la posibilidad de cualquier confusión entre los fieles católicos sobre la validez de nuestra ordenación y nuestros sacramentos.

    – ¿Ha existido siempre un sector “católico” entre los luteranos?

    Sí, así es. Se les ha dado muchos nombres: Gneiso-luteranos (luteranos originales), Viejos Luteranos, Luteranos Romanizados y, en los últimos años, “Católicos Evangélicos”. La ALCC está simplemente en el extremo más católico de esta tradición.

    – ¿Hay otros grupos de luteranos que estén relativamente cerca de la Iglesia Católica?

    En Suecia, existe el movimiento Arbetsgemenskapen Kyrklig Förnyelse (la Unión Eclesial Sueca) y otras sociedades más pequeñas. Hay comunidades monásticas, como el Monasterio de Östanbäck (un monasterio benedictino), el convento de Alsike y la Congregación de San Francisco, la Fundación de San Lorenzo, la Fundación de San Ansgar, la Coalición Eclesial por la Biblia y la Confesión y Förbundet För Kristen Enhet, que, al igual que la ALCC, trabaja para conseguir la unión visible y como grupo con la Iglesia Católica.

    En Alemania, existe la St. Jakobus- Bruderschaft, con la cual permanece en contacto la ALCC, la Arbeitsgemeinschaft Kirchliche Erneuerung de la Iglesia Luterana de Baviera (Grupo de Trabajo para la Renovación de la Iglesia), Humiliatenorden, St. Athanasius-Bruderschaft, Hochkirchlicher Apostolat St. Ansgar, Bekenntnisbruderschaft St. Peter und Paul, la Kommunität St. Michael en Cottbus, la Congregatio Canonicorum Sancti Augustini y el Priorato de San Wigberto. Hay grupos similares en Noruega, Dinamarca, Finlandia e Islandia.

    – ¿Cree que se formará algún tipo de ordinariato para los luteranos en el futuro?

    Ya se trate de un ordinariato o de alguna otra estructura más sencilla y menos polémica de establecer e integrar en la Iglesia según el Derecho Canónico, como una “sociedad sacerdotal” o un “instituto de vida apostólica”, creo que se formará algún tipo de estructura para que los luteranos de todos los países puedan volver a la Iglesia Católica. Hay que reconocerlo: la Iglesia Católica, y en general el cristianismo, están siendo atacados actualmente. Las comunidades eclesiales como los anglicanos y luteranos se dividen una y otra vez bajo los ataques del ateísmo, el agnosticismo, la filosofía posmoderna y las teologías heréticas de tipo liberal. La Iglesia no puede permitirse el enfrentarse a esas y otras amenazas en su estado dividido actual.

    ¡Es hora de que los luteranos y otras comunidades eclesiales vuelvan a la Iglesia Católica, para que a ésta le resulte más fácil derrotar a esas amenazas y realizar la Nueva Evangelización promovida por el Papa Benedicto XVI y otras personas! ¡Es hora de recuperar la unidad de la Iglesia de Cristo! Los luteranos deben darse cuenta de que volver a la Iglesia Católica no es algo bueno, es estupendo. En Getsemaní, Jesús oró para que todos sus discípulos fueran uno, como Él y el Padre son uno, así que la unión con la Iglesia Católica no es algo “bueno”, sino algo “estupendo”, porque Jesús lo pidió en su oración y lo mandó (no lo “sugirió” simplemente). Los luteranos deben volver a la Iglesia Católica porque es lo correcto, el único camino correcto.

    En su homilía de vísperas, en la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, en San Pablo Extramuros, Roma, del 25 de enero de 2011, el Papa Benedicto XVI afirmó: “Los esfuerzos para recuperar la unidad entre los cristianos divididos no pueden reducirse simplemente a reconocer nuestras diferencias recíprocas y a conseguir una coexistencia pacífica. Lo que deseamos es la unidad por la que oró el mismo Cristo y que, por su propia naturaleza, se manifiesta en una comunión de fe, de los sacramentos y del ministerio. El camino hacia esta unidad debe percibirse como un imperativo moral, una respuesta a una llamada específica del Señor… Debemos continuar con entusiasmo el camino hacia este objetivo”. Esto es exactamente lo que intenta hacer la ALCC al esforzarse en entrar en la Iglesia Católica como grupo unificado.

    – Si se crease un ordinariato para luteranos en el futuro, ¿dejarían el ordinariato anglocatólico para integrarse en él?

    Ciertamente, estaríamos interesados y colaboraríamos con cualquier futuro ordinariato luterano o estructuras alternativas según el Derecho Canónico actual, pero haremos exactamente lo que nos pidan la Congregación para la Doctrina de la Fe y el Santo Padre. Después de todo, los miembros de la ALCC solo queremos convertirnos en católicos normales, como todos los demás, e injertarnos de forma segura en el “centro” teológico y social de la Iglesia Católica. Estaremos contentos de “florecer” dondequiera que el Santo Padre y la CDF nos “planten” dentro de la Iglesia Católica.

    – ¿Cree que su unión con la Iglesia Católica influirá en otros luteranos?

    ¡Sin duda! Hace algunos años, el P. Richard John Nieuhaus, un pastor luterano de los Estados Unidos que se convirtió al catolicismo y fue ordenado como sacerdote católico (y que era el editor de la revista norteamericana First Things), escribió que mientras él apenas podía percibir movimientos de luteranos hacia la Iglesia Católica, algún día una Iglesia Luterana “dará un paso adelante y ya nada volverá a ser igual”. Esperamos y rogamos por que la Iglesia Católica Anglo-Luterana sea la Iglesia que dé ese paso adelante y que eso lleve a muchos luteranos a abandonar las herejías de la Reforma y vuelvan a la fe católica; que nos acerque a ese bendito día en el que la oración de Cristo en Getsemaní de que todos sus discípulos fueran uno sea de nuevo una realidad, en una sola Iglesia bajo Cristo y su Vicario en esta Tierra, el Sucesor de San Pedro. Hasta ese día, la ALCC tendrá muy presentes dos lemas usados por nuestra Iglesia: (1) “Volver a la unidad del Cuerpo de Cristo, Iglesia por Iglesia”, y (2) el lema del escudo papal de San Pío X, “renovar todas las cosas en Cristo”.

    – Muchas gracias por sus respuestas. Espero que tengamos la oportunidad de entrevistarle de nuevo cuando sea miembro del ordinariato.

    Ha sido un placer.
    Leído en infoCatólica
    ReynoDeGranada dio el Víctor.



    Imperium Hispaniae

    "En el imperio se ofrece y se comparte cultura, conocimiento y espiritualidad. En el imperialismo solo sometimiento y dominio económico-militar. Defendemos el IMPERIO, nos alejamos de todos los IMPERIALISMOS."







  2. #2
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    Re: Volviendo a casa: la iglesia Católica Anglo-Luterana

    Cita Iniciado por Erasmus Ver mensaje
    Además de los nutridos grupos de anglicanos que cada año retornan a la Iglesia Verdadera, ahora tenemos toda una confesión luterana que vuelve a Casa sin poner ningún tipo de condiciones o exigencias.



    Leído en infoCatólica
    La frase: la Reforma, fue un trágico error de proporciones épicas, que nunca debió suceder, no es que yo esté de a favor de la Reforma Protestante, no soy hereje protestante, pero en cierta medida la reforma protestante dió un pequeño empujón para que la Iglesia de aquellos tiempos se puediera reformar así misma, pues la tiranía papal y monarquica en cierto sentido estaba mal y muy alejada de la moral evangélica y con eso de la venta de indulgencias que no estaba bien definida, vino a abrir el ahelado Concilio de Trento, que clarificó la Doctrina Ortodoxa fielmente guardada por los sucesores de los Apóstoles, la Reforma Católica impulsó a que la herejía fuese confrontada por la Tradición Apostólica y la moral cristiana fuera observada con mas detenimiento, a que el deber del cristiano fuese la evangelizacion.
    Pero eso si, el error grave de la "reforma protestante", es que vino precisamente a dividir lo que Cristo desde hacía siglos habia proclamado: la Unidad...
    Pero hoy creo en la Unidad de la Iglesia de Cristo...
    Oremos por la Unidad cristiana

  3. #3
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    "Benedicto XVI acepta la `justificación por la fe´ de Martín Lutero"

    23 DE NOVIEMBRE DE 2008, ROMA

    Lutero, interpretando la carta a los Romanos, se convenció de que el cristiano se salvaría `sólo por la fe´ y no por las `obras´ que realiza. Benedicto XVI explicó que `la expresión `sola fe´ de Lutero es verdadera, si no se opone a la fe y a la carida.



    En la catequesis del pasado miércoles, Benedicto XVI trató la doctrina de la justificación. El Papa analizó de manera positiva la teología de Martín Lutero de la “Sola fe” (justificación por la fe), lo que ha suscitado comentarios favorables por parte de las iglesias luteranas. Así, el decano de la Iglesia Evangélica Luterana en Italia, Holger Milkau, ha expresado: `siempre es un gusto escuchar al Papa hablar de Lutero, sobre todo si afronta argumentos que se comparten´.

    `Cristo nos hace justos´, dijo el Papa. `Ser justo quiere simplemente decir estar con Cristo y en Cristo. Esto basta. No hacen falta otras observancias´. Milkau aprueba este enunciado del pontífice, aplaudiendo también la interpretación que hizo de uno de los puntos centrales de la doctrina de Martí Lutero (1483-1546): la doctrina de la `justificación por la fe´.

    Lutero, interpretando la carta a los Romanos, se convenció de que el cristiano se salvaría `sólo por la fe´ y no por las `obras´ que realiza. Benedicto XVI explicó que `la expresión `sola fe´ de Lutero es verdadera, si no se opone a la fe y a la caridad, al amor´.

    Según el decano luterano, `para los protestantes no hay problema a la hora de afirmar que el ágape es realización en la comunión con Cristo´. Ahora bien, siguiendo sus propias fuentes teológicas, Milkau propone con una visión protestante ampliar `esta reflexión también al problema de la iglesia. Las palabras del Papa podrían también significar que para estar en Cristo no hace falta pertenecer a la misma iglesia, pues el ágape es el elemento esencial de la comunión con Cristo´.

    Y sigue diciendo: `la justificación por la fe y no por las obras ha sido acogida y aceptada ya como base del credo cristiano. El Papa, sin embargo, ha expresado un “si”, y no podía ser de otro modo. Este `si´ lo ve en el peligro del libertinaje que niega Pablo y, con él, también Lutero. La fe tiene que tener una consecuencia, que, según los luteranos, se expresa en el compromiso por la libertad del prójimo, compromiso a veces difícil y lleno de sufrimiento´.

    `Desde nuestro punto de vista -dice Milkau-, no es por tanto suficiente definir por decreto lo que es bueno y condenar lo que no lo es. Por el contrario, hay que incentivar la capacidad de juicio para ser cada vez más autónomos y responsables, pero al mismo tiempo conscientes de ser falibles también en el amor. “Sola fide” no significa no fiarse de los propios poderes, sino esperar todo de Dios´.

    LAS DECLARACIONES DEL PAPA
    Benedicto XVI habló de la `Doctrina de la Justificación´, uno de los temas más controvertidos de la reforma protestante, y dijo que su compatriota Lutero no se equivocaba cuando decía que `nos salva sólo la fe´, pero matizó que siempre que esa fe `no se oponga a la caridad y al amor´.

    Ante unas 20.000 personas que asistieron en la plaza de San Pedro a la audiencia pública, el Papa dedicó la catequesis a cómo el ser humano se convierte en justo a los ojos de Dios, tema central en las cartas de San Pablo y uno de los asuntos que durante más de cuatro siglos han separado a protestantes y católicos.

    El Pontífice resaltó que el Apóstol Pablo -cuyos escritos inspiraron profundamente a Lutero- afirmaba en sus cartas a los cristianos de Roma que `el hombre es justificado por la fe con independencia de las obras de la ley´.

    Lutero interpretó `justificados por la sola fe´, manifestó el Papa, que añadió que `la palabra ´sola fide´ (sólo la fe) de Lutero es verdadera si no se opone a la caridad, al amor´. Ser justo, aseguró el Papa, significa `sencillamente estar con Cristo, por lo que los otros preceptos ya no son necesarios´.

    LA GRAN CUESTIÓN PENDIENTE
    Ya el 31 de octubre de 1999, luteranos y católicos firmaron en Augusta (Alemania) una declaración sobre la Doctrina de la Justificación, considerada un importante paso en el camino ecuménico.

    Sin embargo, y siendo un paso sin duda positivo este reciente acercamiento en palabras de Benedicto XVI a un aspecto básico de la teología de Lutero, queda pendiente –entre otras- una importante cuestión: ¿quién administra esta gracia de Dios que viene por la fe en Jesús?

    Porque según la teología católica, esa gracia es administrada a través de “la” Iglesia (católica) desde el bautismo, pasando por los sacramentos (confesión, comunión), hasta llegar a la extrema unción y la intercesión por los difuntos. Es decir, se admite que existe una línea telefónica que la gracia de Dios da al hombre por la fe en Jesús, pero la centralita la lleva la jerarquía católica, que es la que interpreta, dicta, decide y hace de intermediaria permanente en la relación del hombre con Dios.

    El protestantismo entiende sin embargo que el cristianismo bíblico sólo admite a Jesús como intermediario “porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (2ª carta a Timoteo 2:5).

    Además, a esta cuestión de la "Sola fe", habría que hablar de la "sola gracia" y "sola Escritura". Pero, de momento, en estas cuestiones Benedicto XVI no ha entrado, así que quedan en el archivo de "pendientes".

    Fuentes: El espectador



  4. #4
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    Re: "Benedicto XVI acepta la `justificación por la fe´ de Martín Lutero"

    Una pregunta no entiendo como llegó aquí el tema que publiqué?

    ¿Acaso es una de las restricciones del foro?

    Si de tratarse de una restricción del foro, disculpen me adecuaré al reglamento del foro.
    Como católico que me adhiero a lo enseñado saludablemente por la Santa Iglesia Romana
    Dios les bendiga

  5. #5
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    Re: "Benedicto XVI acepta la `justificación por la fe´ de Martín Lutero"

    Los he juntado yo, ya que el tema viene a ser el mismo. En general es mejor aumentar el número de mensaje en un tema que no crear hilos nuevos, así la información está menos desperdigada.
    Erasmus dio el Víctor.
    Aquí corresponde hablar de aquella horrible y nunca bastante execrada y detestable libertad de la prensa, [...] la cual tienen algunos el atrevimiento de pedir y promover con gran clamoreo. Nos horrorizamos, Venerables Hermanos, al considerar cuánta extravagancia de doctrinas, o mejor, cuán estupenda monstruosidad de errores se difunden y siembran en todas partes por medio de innumerable muchedumbre de libros, opúsculos y escritos pequeños en verdad por razón del tamaño, pero grandes por su enormísima maldad, de los cuales vemos no sin muchas lágrimas que sale la maldición y que inunda toda la faz de la tierra.

    Encíclica Mirari Vos, Gregorio XVI


  6. #6
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    Re: Volviendo a casa: la iglesia Católica Anglo-Luterana

    Cita Iniciado por Josef Ver mensaje
    La frase: la Reforma, fue un trágico error de proporciones épicas, que nunca debió suceder, no es que yo esté de a favor de la Reforma Protestante, no soy hereje protestante, pero en cierta medida la reforma protestante dió un pequeño empujón para que la Iglesia de aquellos tiempos se puediera reformar así misma, pues la tiranía papal y monarquica en cierto sentido estaba mal y muy alejada de la moral evangélica y con eso de la venta de indulgencias que no estaba bien definida, vino a abrir el ahelado Concilio de Trento, que clarificó la Doctrina Ortodoxa fielmente guardada por los sucesores de los Apóstoles, la Reforma Católica impulsó a que la herejía fuese confrontada por la Tradición Apostólica y la moral cristiana fuera observada con mas detenimiento, a que el deber del cristiano fuese la evangelizacion.
    Pero eso si, el error grave de la "reforma protestante", es que vino precisamente a dividir lo que Cristo desde hacía siglos habia proclamado: la Unidad...
    Pero hoy creo en la Unidad de la Iglesia de Cristo...
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    Siento decir que esto no es así, desde antes de Lutero habían planes de acometer una (verdadera) Reforma en la Iglesia (a diferencia del protestantismo, que no fue reforma sino ruptura, porque en vez de reformarla, valga la redundancia, creó una secta nueva).

    Saludos en Xto:

    Trento: ¿contrarreforma o reforma?Trento fue una gracia extraordinaria para la Iglesia católica.


    Por: P. Fernando Pascual L.C. | Fuente: Catholic



    En muchos libros de historia e incluso entre católicos se suele hablar del Concilio de Trento como si hubiera sido la “contrarreforma” que la Iglesia preparó para frenar y contener la “reforma” protestante.

    Existen, sin embargo, motivos importantes para no hablar de “contrarreforma” católica, sino de “reforma” católica, al referirnos al Concilio de Trento. Intentemos presentarlos ahora de un modo breve.

    La idea de organizar un concilio para reformar a la Iglesia había estado presente continuamente en los últimos siglos de la Edad Media. Más aún, hubo algunos concilios, como el de Constanza (1414-1418), que buscaron caminos para iniciar la reforma.

    A inicios del siglo XVI, antes de la rebelión de Lutero, el V Concilio de Letrán (1512-1517) había aprobado diversos decretos de reforma del clero y de la Curia. Además de este concilio, hubo reforma locales, sea en países como España (especialmente gracias al cardenal Cisneros), sea en órdenes religiosas que se renovaban poco a poco, sea a través de la fundación de nuevas órdenes o congregaciones.

    Los deseos de reforma, después de los problemas y tensiones surgidos a raíz de las nuevas herejías que surgieron en Europa (especialmente a causa de Lutero, Calvino, Zwinglio, Melanton, etc.), continuaron y aumentaron. Para canalizar tales deseos, los Papas y grandes hombres de Iglesia pedían un concilio que fuese más a fondo y que tuviese efectos más profundos.

    El concilio debería proponerse dos fines: por un lado, dialogar con los cristianos separados (los que conocemos bajo el nombre de “protestantes”, en sus diferentes grupos) para recuperar la unidad en la fe. Para este diálogo, habría que establecer con claridad cuál era la doctrina católica y lo que debía ser considerado como herético. Por otro, el concilio debería promover la deseada reforma en la Iglesia, para vivir más a fondo las enseñanzas de Cristo.

    Después de numerosas peripecias, de proyectos más o menos serios, de dificultades enormes debidas a la compleja situación política de Europa con guerras que ensangrentaban el viejo mundo, el Papa Paulo III (1534-1549) decidió acometer una profunda reforma general de la Iglesia católica. Instituyó para ello varias comisiones de reforma, que permitieron aplicar importantes cambios en la misma Curia romana. Desde la primera reunión con los cardenales (el 17 de octubre de 1534), el Papa habló, además, de la necesidad de un concilio de toda la Iglesia.

    A pesar de que muchos cardenales no veían con buenos ojos la idea, Paulo III trabajó con denuedo para que el concilio pudiera ser una realidad. En 1537 hubo un primer proyecto de celebración del mismo, en la ciudad de Mantua. Luego hubo un segundo intento de celebración, en la ciudad de Vicenza (1538). Pero a causa de las rivalidades y oposiciones manifestadas por Francia y por el emperador Carlos V, el proyecto quedó detenido por un tiempo.

    Cuando las circunstancias fueron favorables, el Papa volvió a lanzar la idea, y se determinó celebrar el concilio en la ciudad de Trento, al norte de Italia y muy cerca de los territorios alemanes. La elección de tal ciudad tenía como motivo invitar a los protestantes para que el concilio pudiese resolver con ellos las cuestiones que habían dividido el mundo cristiano occidental.

    Tras superar nuevas dificultades, algunas surgidas por nuevas tensiones entre Francia y España, el 13 de diciembre de 1545 iniciaba solemnemente el concilio en Trento.

    Entre los participantes hay que señalar la presencia de los legados del Papa, de grandes cardenales y obispos, de importantes teólogos, de abades y otras personalidades de la Iglesia. También se encontraban representantes de las naciones cristianas, interesadas de modo diverso en promover la reforma católica y la pacificación entre los cristianos.

    Podemos señalar aquí algunos importantes obispos y teólogos del concilio: el obispo español Pedro Pacheco (que fue nombrado en seguida cardenal), los jesuitas Diego Laínez y Alfonso Salmerón (enviados al concilio como teólogos pontificios), los dominicos Melchor Cano y Domingo de Soto, los franciscanos Alfonso de Castro y Andrés Vega.

    ¿Cuál fue el sistema de trabajo que escogió el concilio? Los legados del Papa recibían de Roma instrucciones sobre los temas que sería conveniente tratar y los presentaban a los padres conciliares. Luego los padres del concilio trabajaban en tres etapas:

    1. En la primera, los teólogos y canonistas estudiaban, en sesiones o congregaciones privadas, las cuestiones presentadas y emitían unas primeras conclusiones.

    2. En la segunda, los obispos y embajadores discutían en congregaciones generales las conclusiones dadas por los teólogos. Estas discusiones permitían alcanzar acuerdos casi definitivos, que podían pasar a la última etapa.

    3. En la tercera, las conclusiones eran proclamadas solemnemente en sesión pública.

    Todas las conclusiones aprobadas en votación por el concilio eran luego presentadas al Papa para que decidiese si aceptarlas o modificarlas en algún aspecto. En general, los distintos papas del concilio aprobaron y publicaron las distintas conclusiones elaboradas en Trento.

    Según una de las primeras decisiones del concilio, que marcó la tónica del mismo, deberían discutirse conjuntamente las cuestiones doctrinales y las cuestiones disciplinares. En otras palabras, el concilio no se limitaría sólo a las cuestiones más importantes sobre la fe católica, que había sido negada en aspectos muy graves por los protestantes, sino que también promovería caminos para reformar de modo correcto la vida de la Iglesia católica.

    El concilio de Trento estaba en marcha desde diciembre de 1545. Pero su camino fue largo y con interrupciones que más de una vez amenazaron con dejar la tarea a medio camino.

    En forma de resumen, hay que recordar que el concilio se desarrolló en tres etapas.

    La primera etapa (1545-1547) tuvo lugar durante el pontificado de Paulo III. Los primeros decretos aprobados (8 de abril de 1546) trataron sobre las fuentes de la fe católica y sobre el texto de la Sagrada Escritura, su administración y su uso. Es decir, fueron tratados temas doctrinales y temas disciplinares o de reforma, con indicaciones precisas sobre cómo proceder en la edición de los libros sagrados.

    Dentro de la primera etapa, en junio del mismo año 1546, era aprobado el decreto sobre el pecado original (tema doctrinal), y un decreto de reforma con dos partes (sobre la enseñanza de la Sagrada Escritura y la teología, y sobre la predicación).

    A los pocos días iniciaba un largo periodo de debates sobre el tema de la justificación. Entre junio de 1546 y enero de 1547 se dedicaron a este tema 44 congregaciones particulares y 61 congregaciones generales, que llevaron a un decreto profundo y denso sobre uno de los temas más candentes surgidos de las discusiones con los protestantes. Junto a este decreto dogmático se aprobó un decreto de reforma dedicado al tema de la residencia de los obispos.

    En marzo de 1547 fueron aprobados decretos dogmáticos sobre los sacramentos en general, y especialmente sobre el bautismo y la confirmación; y varios decretos de reforma: sobre las cualidades de los prelados, y sobre la acumulación de obispados y prebendas.

    Diversas circunstancias detuvieron los trabajos del concilio. En la primavera de 1547 muchos creyeron que había iniciado un brote de peste en Trento, por lo que la mayoría de los padres conciliares decidieron trasladarse a la ciudad de Bolonia. Otros padres, en cambio, permanecieron en Trento. La división hizo que el Papa y sus legados no viesen oportuno aprobar nuevos decretos. Otras circunstancias políticas llevaron a que el concilio quedase casi bloqueado a finales de 1547, y el mismo Papa Paulo III, en septiembre de 1549, suspendía de modo indefinido los trabajos del mismo.

    Quedaban pendientes, sin embargo, numerosos temas y problemas que necesitaban ser estudiados. Con la elección como Obispo de Roma de Julio III (1550-1555), se procedió a una nueva reforma de la curia, y se decidió la reanudación del concilio.

    La segunda etapa del concilio (1551-1552) significó el regreso de los padres conciliares a la ciudad de Trento y llevó a la aprobación de un buen número de documentos. De carácter dogmático fueron aprobados los decretos sobre la eucaristía, el sacrificio de la misa, la penitencia, la extremaunción (unción de los enfermos), y el sacramento del orden.

    Los decretos disciplinares de esta segunda etapa estuvieron dedicados a los siguientes temas: la jurisdicción de los obispos, los procesos eclesiásticos, las admisiones a las órdenes sagradas, el modo de vestir de los clérigos.

    Es interesante recordar que en esta segunda etapa se enviaron salvoconductos a teólogos protestantes para que pudiesen participar en las diversas discusiones. Varios de esos teólogos llegaron a partir de octubre de 1551, pero formularon exigencias que ni los padres conciliares ni el Papa podían aceptar. La presencia de los delegados protestantes entorpeció, por lo mismo, la marcha del concilio, que no pudo alcanzar nuevos acuerdos.

    A causa de una rebelión contra Carlos V preparada por diversos príncipes protestantes y que fueron apoyados por Enrique II de Francia, la situación política y militar llevó a que el 28 de mayo de 1552 los padres del concilio decidiesen la suspensión del mismo durante dos años.

    La muerte de Julio III detuvo ulteriormente los trabajos. El concilio no pudo reanudarse durante el breve pontificado de su sucesor, Paulo IV (1555-1559). Sería el siguiente Papa, Pío IV (1559-1565) quien convocase lo que hoy conocemos como la tercera etapa del concilio de Trento (1562-1563).

    En esta última etapa participaron numerosos eclesiásticos. Entre los que firmaron las actas finales del concilio el 4 de diciembre de 1563, había 4 legados del Papa, 2 cardenales, 3 patriarcas, 25 arzobispos, 167 obispos, 7 abades, 7 generales, 19 procuradores (representantes) de prelados ausentes, y 19 embajadores de reinos cristianos.

    En esta etapa fueron aprobados decretos dogmáticos sobre los siguientes temas: la comunión bajo una sola especie, el santo sacrificio de la misa, el sacramento del orden (dedicado especialmente al episcopado), el sacramento del matrimonio (con el decreto Tametsi que prohibía y declaraba inválidos los matrimonios celebrados en privado a partir de entonces), el purgatorio, la invocación y veneración de las reliquias y de los santos (así como de sus imágenes), las indulgencias.

    En el campo disciplinar fueron tratados estos argumentos: la disciplina del clero, la formación de los sacerdotes (con la petición expresa de instituir seminarios para este fin), el modo correcto de celebrar la misa, los testamentos y la administración de las causas pías, las normas para elegir obispos y cardenales, la obligación de celebrar sínodos provinciales cada tres años, la visita pastoral, la predicación, la instrucción de la juventud, la reforma monástica, la mortificación, la guarda de los ayunos, la observancia de los días de fiesta indicados por la Iglesia, etc.

    Respecto a la comunión bajo una sola especie, que fue la disciplina adoptada por el concilio, es interesante notar que se dio un permiso especial a algunos obispos alemanes para que pudieran repartir la comunión bajo las dos especies (del pan y del vino) en sus diócesis. Tal concesión, sin embargo, causó no pocos problemas, y fue suprimida en Baviera en 1571, y en Austria en 1584.

    Otras indicaciones dadas en esta etapa se referían a la necesidad de preparar un Misal y un Breviario (Liturgia de las Horas) corregidos, un Catecismo, y un índice de libros prohibidos. Estos textos fueron publicados en los años sucesivos y ayudaron mucho a la vida de la Iglesia.

    La larga enumeración (y no completa) del trabajo realizado por el concilio de Trento muestra hasta qué punto se trató de un evento de importancia indiscutible, originado no sólo desde el deseo de responder a los errores de la reforma protestante, sino, sobre todo, desde el anhelo de promover una auténtica y profunda reforma católica.

    Podemos así concluir, como han indicado importantes estudiosos de la historia de la Iglesia, que sería un abuso usar la palabra “reforma” para referirse a los protestantes, y la palabra “contrarreforma” para aludir a los católicos.

    Como acabamos de ver, los Papas no convocaron el concilio de Trento simplemente para actuar “contra” los movimientos heréticos surgidos en el siglo XVI, sino sobre todo para actuar “a favor” de una profunda renovación en la misma Iglesia en todos los niveles: la doctrina, los sacramentos y la liturgia, la Curia romana, los obispos, los sacerdotes, las órdenes y congregaciones religiosas, los fieles laicos.

    Lo más correcto sería, entonces, hablar de dos reformas: una protestante (que llevó a graves desviaciones doctrinales y a algunos serios abusos morales) y otra católica.

    Trento, en ese sentido, fue una gracia extraordinaria para la Iglesia católica, un evento que alentó, organizó y relanzó el deseo de renovación cristiana que el Espíritu Santo había suscitado en muchos corazones de fieles hijos de la Iglesia, de auténticos seguidores de Jesucristo.



    Catholic.net - Trento: ¿contrarreforma o reforma?
    «¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.»
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    Re: Volviendo a casa: la iglesia Católica Anglo-Luterana

    .
    Última edición por ReynoDeGranada; Hace 1 semana a las 23:57 Razón: Repetido
    «¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.»
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    Re: Volviendo a casa: la iglesia Católica Anglo-Luterana

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    También habría que decir que en España ya habíamos tenido nuestra reforma (reforma de verdad, no deforma como la protestatante) con Cisneros, que, entre otras cosas, ya se había preocupado antes del Concilio de que se diera una buena formación a los sacerdotes. Por eso sin duda España tuvo tanto peso en Trento, que en buena parte (por no decir en su mayor parte) fue obra de los padres conciliares y teólogos españoles. Y por eso también el protestantismo apenas si tuvo efecto aquí. En España estábamos teniendo también reformas como la Teresiana, la Compañía de Jesús estaba recién fundada y todavía no se había echado a perder; actuó también mucho en Trento y mientras tanto evangelizaba el mundo.

    Suele atribuírsele a Lutero y a la Reforma más mérito del debido, incluso por parte del propio clero en estos tiempos de catolicismo protestantizado que vivimos, pero al contrario de lo que se dice, por ejemplo, Lutero no inventó el Catecismo. Simplemente elaboró un Catecismo breve (así lo llamó), pero ni se inventó el nombre; de hecho, ya había catecismos desde el tiempo de Alcuino de York. Eso no quita que, como no hay mal que por bien no venga, a raíz de la Reforma hubo un Concilio y un Catecismo de Trento que tan beneficiosos fueron para la Iglesia.
    Erasmus y Patriota Sevillano dieron el Víctor.

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