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Tema: 4º centenario del nacimiento de un debate todavía abierto

  1. #1
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    4º centenario del nacimiento de un debate todavía abierto

    Este año se ha conmemorado los 100 años del nacimiento de la que, quizá, se pueda considerar la teoría más controvertida de la historia del pensamiento: la Teoría de la Relatividad General, que tuvo su "puesta de largo" en 1915, de la mano de su creador Albert Einstein.

    Pero aquí lo que me interesa señalar es otro centenario, que parece haber pasado más inadvertido: el del comienzo de la controversia en las relaciones entre la Religión (conocimiento por la fe) y la Ciencia o Filosofía (conocimiento por la razón); debate que tuvo su origen a raíz de la re-introducción como nueva filosofía de la antigua doctrina pitagórica del heliocentrismo en el ámbito académico del –en aquel entonces todavía– mundo civilizado o Cristiandad.

    Este debate quedó representado por San Roberto Belarmino y Galileo Galilei. A continuación reproduzco dos escritos: una carta de San Roberto Belarmino a Foscarini, y un intento de réplica de Galileo a las afirmaciones contenidas en dicha carta y que se han conservado de entre sus apuntes personales.

    Ambos textos son del año 1615, de ahí lo del 4º centenario al que aludía en el título de este hilo.
    Última edición por Martin Ant; 16/12/2015 a las 20:19

  2. #2
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    Re: 4º centenario del nacimiento de un debate todavía abierto

    Carta del Cardenal Belarmino a Foscarini


    Fuente: Carta a Cristina de Lorena, y otros textos sobre ciencia y religión, Galileo Galilei. Traducción, introducción y notas de Moisés González García. Alianza Editorial. S.A., Madrid, 2006. Páginas 162-165.




    Carta del cardenal Roberto Belarmino a Paolo Antonio Foscarini


    Al Muy Reverendo Padre P. A. Foscarini, Provincial
    de los Carmelitas de la Provincia de Calabria.

    Roma, 12 de abril de 1615



    Muy Reverendo Padre mío:

    He leído con gusto la carta italiana y el escrito latino que Vuestra Paternidad me ha enviado; le agradezco la una y la otra, y confieso que están ambas llenas de ingenio y de conocimiento. Pero puesto que me pide mi parecer, lo haré con mucha brevedad, porque usted tiene poco tiempo para leer y yo poco tiempo para escribir.

    Primero. Digo que me parece que V.P. y el señor Galileo obran prudentemente al contentarse con hablar hipotéticamente (ex suppositione) y no absolutamente, como yo siempre he creído que había hablado Copérnico. Pues decir que supuesto que la Tierra se mueve y que el Sol está inmóvil, se salvan mejor todas las apariencias que suponiendo las excéntricas y los epiciclos, está muy bien dicho, y no supone peligro alguno; y esto le basta al matemático. Pero querer afirmar que el Sol está ubicado realmente en el centro del mundo y sólo gira sobre sí mismo sin correr de oriente a occidente, y que la Tierra está en el tercer cielo y gira con suma velocidad en torno al Sol, es cosa que encierra el peligro no sólo de irritar a todos los filósofos y teólogos escolásticos, sino también de dañar a la Santa Fe, al hacer falsas las Sagradas Escrituras, porque V.P. ha hecho ver que hay muchas formas de exponer las Sagradas Escrituras, pero no las ha aplicado en particular, pues, sin duda, habría encontrado grandísimas dificultades si hubiese intentado explicar todos aquellos pasajes que usted mismo ha citado.

    Segundo. Digo que, como usted sabe, el Concilio prohíbe explicar las Escrituras contra el consenso común de los Santos Padres; y si V.P. quisiera leer no solamente los Santos Padres, sino también los comentarios modernos sobre el Génesis, sobre los Salmos, sobre el Eclesiastés y sobre Josué, advertirá que todos están de acuerdo en explicar literalmente (ad literam) que el Sol está en el cielo y gira a gran velocidad en torno a la Tierra, y que la Tierra está muy alejada del cielo y está inmóvil en el centro del mundo. Considere ahora usted, con su prudencia, si la Iglesia puede resignarse a que se dé un sentido contrario al de los Santos Padres y todos los comentaristas griegos y latinos. Y no se puede responder que esto no es materia de fe, porque si no es materia de fe ex parte obiecti, es materia de fe ex parte dicentis; y así sería herético el que afirmase que Abraham no tuvo dos hijos y Jacob doce, como quien dijese que Cristo no nació de una virgen, porque lo uno y lo otro lo dice el Espíritu Santo por boca de los Profetas y de los Apóstoles.

    Tercero. Digo que si hubiera una verdadera demostración de que el Sol está ubicado en el centro del mundo y la Tierra en el tercer cielo, y que el Sol no gira en torno a la Tierra, sino que la Tierra gira en torno al Sol, entonces sería necesario ir con mucho cuidado al explicar las Escrituras que parecen contrarias, y decir más bien que no las entendemos, que decir que es falso lo que se demuestra. Pero no creeré que se dé tal demostración, hasta que no me sea presentada. No es lo mismo demostrar que, supuesto que el Sol esté en el centro y la Tierra en el cielo se salvan las apariencias, que demostrar que verdaderamente el Sol esté en el centro y la Tierra en el cielo. Creo que la primera demostración puede darse, pero de la segunda tengo muy serias dudas, y en caso de duda no se debe dejar la Sagrada Escritura, tal como ha sido explicada por los Santos Padres. Añado que aquel que escribió: «Sale el Sol y se pone y retorna a su lugar», etc. (Oritur Sol et occidit et ad locum suum revertitur), fue Salomón, el cual no solamente habló inspirado por Dios, sino que fue un hombre sobre todos los demás sapientísimo y doctísimo en las ciencias humanas y en el conocimiento de las cosas creadas, y toda esta sabiduría la obtuvo de Dios, por lo que no es verosímil que afirmase una cosa contraria a la verdad demostrada o que se podía demostrar. Y si se me dice que Salomón habla según la apariencia, que es que a nosotros nos parece que el Sol gira, mientras que en realidad es la Tierra la que gira, de la misma forma que a quien se aleja de la playa le parece que la playa se aleja de la nave, responderé que quien se aleja de la playa sabe muy bien que le parece que la playa se aleja de él, no obstante sabe que eso es un error y lo corrige, viendo claramente que es la nave la que se mueve y no la playa; pero en cuanto al Sol y la Tierra, no hay ningún experto que tenga necesidad de corregir el error, porque claramente experimenta que la Tierra está inmóvil y que el ojo no se engaña cuando juzga que el Sol se mueve, como también no se engaña cuando juzga que la Luna y las estrellas se mueven. Y esto basta por ahora.

    Saludo afectuosamente a V.P. y le pido a Dios

    que le dé toda clase de felicidad.

    12 de abril de 1615, de V.P. muy R.,
    como hermano el Card. Bellarmino

  3. #3
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    Re: 4º centenario del nacimiento de un debate todavía abierto

    Este escrito de Galileo corresponde a una serie de apuntes que realizó en torno al mes de Diciembre de 1615. Tres de estos apuntes aparecen recogidos en el códice Volpicelliano A, pero sin firma y sin título. No obstante, la paternidad de Galileo sobre los mismos es indiscutible. Antonio Favaro los incluyó en su edición nacional de las Obras de Galileo, bajo el título de «Consideraciones sobre la opinión copernicana».

    -------------------------------------------

    Fuente: Carta a Cristina de Lorena, y otros textos sobre ciencia y religión, Galileo Galilei. Traducción, introducción y notas de Moisés González García. Alianza Editorial S.A., Madrid, 2006. Páginas 147-157.



    Intento de réplica de Galileo a las afirmaciones vertidas por San Roberto Belarmino en su carta a P. A. Foscarini



    1.º Copérnico defiende la existencia de excéntricas y epiciclos; no fueron éstas las razones para refutar el sistema ptolemaico (existiendo ellos indudablemente en el cielo), sino otros errores.

    2.º En cuanto a los filósofos, si son verdaderos filósofos, esto es, amantes de la verdad, no deberán irritarse, sino que, conociendo que han juzgado equivocadamente, deberán dar gracias a quienes les enseña la verdad; y si su opinión se mantiene en pie, tendrán razón para vanagloriarse y no para enfadarse. Los teólogos no deberán irritarse, porque, encontrándose falsa tal opinión, podrán libremente prohibirla; y descubriéndose verdadera, deberán alegrarse que otros les hayan abierto el camino para descubrir los verdaderos sentidos de las Escrituras, y evitando el incurrir en un grave escándalo al condenar una proposición verdadera.

    En cuanto a desacreditar como engañosas a las Escrituras, eso no será jamás la intención de los astrónomos católicos, como nosotros somos; al contrario, nuestra opinión es que las Escrituras se revelan perfectamente acordes con las verdades naturales demostradas. Guárdense, pues, algunos teólogos no astrónomos de falsear las Escrituras al querer interpretarlas en contra de proposiciones que pueden ser verdaderas y demostradas como tales en la naturaleza.

    3.º Pudiese suceder que nosotros tuviésemos dificultades al interpretar las Escrituras, etc., pero eso sería debido a nuestra ignorancia, pero no desde luego a que exista, o pueda existir, dificultad insuperable en hacerlas acordes con las verdades demostradas.

    4.º El Concilio habla de «cuestiones de fe y de costumbres» etc. (de rebus Fidei et morum); el decir después que tal proposición es «de fe en razón de quien habla» (de Fide ratione dicentis), si bien no «en razón del tema tratado» (ratione obiecti), y que por tanto sea de las comprendidas por el Concilio, se responde que si todo aquello que está en la Escritura es de Fide ratione dicentis, debería por esa razón ser comprendido por el decreto del Concilio, lo que claramente no ha sido hecho, porque habría dicho «en toda palabra de las Escrituras hay que seguir la explicación de los Padres, etc.» (in omni verbo Scripturarum sequenda est expositio Patrum), y no in rebus Fidei et morum; habiendo dicho pues, in rebus Fidei, se ve que su intención ha sido la de entender in rebus Fidei ratione obiecti. Que después mucho más sea de Fide el afirmar que Abraham tuviese hijos, y que Tobías tuviese un perro, también porque la Escritura lo dice, que el afirmar que la Tierra se mueve, aunque esto también se leyese en la misma Escritura, y que el negar aquello sea una herejía, pero no el negar esto, me parece que depende de esta razón: porque habiendo existido en el mundo hombres que han tenido dos, cuatro, seis hijos, etc., y también ninguno, e igualmente creíble que alguno tenga hijos o perros y que otros no los tengan, no hay razón o motivo alguno por el que el Espíritu Santo tuviese que afirmar en tales proposiciones algo distinto de la verdad, siendo igualmente creíble a todos los hombres el negarlo o afirmarlo; pero no sucede así con el movimiento de la Tierra y la inmovilidad del Sol, siendo proposiciones muy alejadas de la comprensión del vulgo, a cuya capacidad en estas cosas, que no conciernen a su salvación, pareció bien al Espíritu Santo acomodar las palabras de las Sagradas Escrituras, aun cuando realmente (ex parte rei), las cosas fuesen de otra manera.

    5.º En cuanto a ubicar al Sol en el cielo y a la Tierra fuera de él como parece que afirman las Escrituras, etc., esto simplemente me parece que es una simple forma nuestra de conocer y de hablar solamente respecto a nosotros (ratione nostri), porque todo aquello que está rodeado por los cielos está en el cielo, así como todo aquello que está rodeado por los muros está en la ciudad; es más, si alguna diferencia se pudiese hacer, sería que está más en el cielo y en la ciudad aquello que está en el centro, y como se dice, que está en el corazón de la ciudad y del cielo. La diferencia ratione nostri es debido a que nosotros suponemos la región elemental, que circunda la Tierra, muy distinta de la parte celeste, pero tal diversidad existirá siempre, en cualquier lugar que se pongan esos elementos. Siempre será verdad que ratione nostri la Tierra está debajo y el cielo arriba, porque todos los habitantes de la Tierra tienen el cielo sobre su cabeza, que es nuestro «arriba», y bajo los pies el centro de la Tierra, que es nuestro «abajo». Así, respecto a nosotros, el centro de la Tierra y la superficie del cielo son lugares lejanísimos, esto es, los límites de nuestros «arriba» y «abajo», que son puntos diametralmente opuestos.

    6.º El no creer que exista demostración del movimiento de la Tierra hasta que no nos sea puesto de manifiesto, es suma prudencia; no pedimos que alguno crea tal cosa sin demostración, al contrario, nosotros no pretendemos otra cosa, sino que, para utilidad de la Iglesia, sea examinado con sumo cuidado lo que saben y pueden alegar los seguidores de tal doctrina, y que no les sea admitido nada si aquello en lo que ellos insisten no supera en gran medida las razones de la otra parte; y cuando no tengan más del 90 por ciento de razón, sean rechazados. Pero cuando todo lo que alegan los filósofos y astrónomos contrarios demuestre ser generalmente falso, y sin importancia alguna, no se desprecie a la otra parte, ni se considere absurdo, hasta el punto de no dudar que alguna vez no pueda ser abiertamente demostrado (el movimiento de la Tierra). Y bien se puede hacer una oferta tan generosa, porque es evidente que aquellos que defienden la parte falsa, no pueden tener consigo razón ni experiencia alguna que sea válida; mientras que con la parte verdadera es obligado que todas las cosas se revelen acordes y concuerden.

    7.º Es verdad que no es lo mismo demostrar que con el movimiento de la Tierra y la inmovilidad del Sol se salvan las apariencias, que el demostrar que tales hipótesis son realmente verdaderas en la naturaleza; pero es igualmente correcto y más verdadero que con el otro sistema comúnmente aceptado no se puede dar razón de tales apariencias. Aquél es incuestionablemente falso, de la misma forma que es claro que éste, que se ajusta muy bien, puede ser verdadero. No se puede o se debe buscar otra verdad mayor en una posición que el dar respuesta a todas las particulares apariencias.

    8.º No se pide que en caso de duda se abandone la exposición de los Padres, sino tan sólo que se haga lo posible por asegurarse de aquello que es dudoso, y que por eso no se desprecie aquello a lo que se inclinan ilustres filósofos y astrónomos. Hecha después toda la necesaria diligencia, decídase.

    9.º Nosotros creemos que tanto Salomón como Moisés y todos los demás escritores sagrados conocían perfectamente la constitución del mundo, como también sabían que Dios no tiene manos, ni pies, ni ira, ni olvido, ni arrepentimiento; nunca dudaremos de esto. Nosotros decimos aquello que afirman los Santos Padres y en particular San Agustín sobre estas materias, esto es, que el Espíritu Santo quiso inspirarlo así por las razones que se han alegado, etc.

    10.º El error del aparente movimiento de la playa y de la estabilidad de la nave, es conocido por nosotros después de haber estado muchas veces en la playa observando el movimiento de las barcas, y otras muchas en la barca observando la playa. Igualmente, si pudiésemos estar ahora en la Tierra y después ir al Sol o a otra estrella, sin duda veríamos con toda certeza y seguridad, cuál de ellos se mueve. Aunque si no miramos otra cosa más que estos dos cuerpos, siempre nos parecería que estaba inmóvil aquel en el que nos encontráramos, de la misma forma que quien no mire otra cosa que el agua y la barca, le parecerá siempre que el agua se mueve y la barca está inmóvil. Además, existe una gran diferencia entre una pequeña barca, vista desde todas partes, y una inmensa playa conocida como inmóvil por nosotros por mil y mil experiencias, inmóvil, digo, respecto al agua y a la barca; y es muy distinto del comparar dos cuerpos, ambos consistentes por sí mismos e igualmente dispuestos al movimiento o a la inmovilidad, de forma que sería mejor el comparar dos naves entre sí, de las que de todos modos nos parecería siempre inmóvil aquella en la que estuviésemos nosotros, siempre que no pudiésemos establecer otra relación por la que existe entre esas dos naves.

    Hay, pues, una necesidad grandísima de corregir el error acerca de la apariencia de si la Tierra o más bien el Sol se mueven, siendo evidente que uno que estuviese en la Luna o en cualquier otro planeta, siempre le parecería que está inmóvil y que son los otros astros los que se mueven. Pero estas otras muchas semejantes razones de los seguidores de la opinión común son las que se deben rechazar de forma absolutamente clara, antes de ser oídos y no digamos aprobados. Está lejos de la realidad que no hayamos tenido la más mínima consideración para cuanto se ha alegado en contra; además de que ni Copérnico ni sus seguidores se sirvieron nunca de esta apariencia, tomada de la playa y de la barca, para probar que la Tierra esté en movimiento e inmóvil el Sol; tan sólo lo citaron como un ejemplo que sirve no para demostrar la verdad de su posición, sino que no es absurdo que pueda parecernos, cuando se trata de una simple apariencia de los sentidos, que la Tierra está inmóvil y que el Sol se mueve, aunque realmente fuese lo contrario. Si ésta fuese la demostración de Copérnico, o si las otras no concluyesen con mayor eficacia, creo sinceramente que nadie le alabaría.

  4. #4
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    Re: 4º centenario del nacimiento de un debate todavía abierto

    ¡Vaya, vaya! ¿es que no teniendo bastante con llenar el foro de ciencia con el mantra ahora se viene aquí? Desde luego, no tiene usted remedio.


    Lawrence Dewan, manifiesta que en el sistema albertino, hay una negación total a la posibilidad de que los filósofos antiguos hayan hecho referencia a una creación de la materia: la noción de creatio ex nihilo es exclusivamente revelada y teológica. Sólo los teólogos, y por vía de la fe, podrán referirla con propiedad. Los filósofos, a través de argumentos racionales, podrán explicar y justificarla, mas no demostrarla. De la misma manera, los filósofos antiguos no han podido hacer referencia al comienzo temporal del cosmos, pues éste pertenece a la doctrina revelada, y es consecuencia de la noción de creatio ex nihilo. San Alberto Magno se propone presentar múltiples argumentos filosóficos en favor del comienzo temporal del cosmos, pero advierte que ninguno de ellos demuestra racionalmente dicha afirmación.

    Asimismo, recordando la discusión en torno a la creación simultánea o creación sucesiva, San Alberto Magno argumenta filosóficamente que la creación del cosmos ha sido desplegada sucesivamente en seis días. No obstante, según el Magno, ambas tesis pertenecen al campo teológico y a los dos relatos hexamerales; y los motivos para preferir la creación sucesiva son también teológicos. De modo que los diversos argumentos filosóficos que puedan presentarse, explica San Alberto Magno, no logran demostrar racionalmente este problema.

    138 Cfr. B. Magni, De causis et processu universitatis (Jammy ed.), en ob. cit., Libro II, Tr. IV, cap. II:

    “Causa enim prima non tantum est producens res, sed gradus et ordinem rerum praedeterminat, ut dicit
    Moyses Aegyptius: nisi enim omnium capacitates impleret, non esset dives majus omnibus, nec esset
    causa universalis: et ideo sub actu producti producit potentiam susceptivam”. Ver también Dewan, ob.
    cit., pág. 301. 139 Cfr. B. Magni, Summa Theologiae (Jammy ed.), en ob. cit., Parte II, Tr. I, q. III: “Philosophi ductu
    rationis non adjutae per aliquid intus vel extra non potuerunt cognoscere principium creationis vel etiam
    creationem, secundum quod proprie dicta est creatio productio alicujus ex nihilo (…) omnes (…) dixerunt
    (…) materiam factam non esse”.

    Consultar también Dewan, ob. cit., pág. 301. 140 Cfr. Dewan, ob. cit., pág. 295 a 307. 76
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


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  5. #5
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    Re: 4º centenario del nacimiento de un debate todavía abierto

    ¿Qué decía Belarmino sobre la fe y la razón? Es que San Alberto Magno sostenía lo siguiente:


    según San Alberto Magno, no puede haber contradicción alguna entre fe y razón, teología y ciencia. Dios ha hecho al mundo para que lo conozcamos con nuestra razón y ciencia, así como también nos ha revelado la verdad sobre todas las cosas, a la cual accedemos por vía de la fe. Si esto es así, luego es imposible que haya contradicción entre razón y fe ya que Dios nos las ha dado a ambas.

    ¿A quién le damos la razón?
    DOBLE AGUILA dio el Víctor.
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


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  6. #6
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    Re: 4º centenario del nacimiento de un debate todavía abierto

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    Cita Iniciado por Martin Ant Ver mensaje
    Carta del Cardenal Belarmino a Foscarini


    Fuente: Carta a Cristina de Lorena, y otros textos sobre ciencia y religión, Galileo Galilei. Traducción, introducción y notas de Moisés González García. Alianza Editorial. S.A., Madrid, 2006. Páginas 162-165.




    Carta del cardenal Roberto Belarmino a Paolo Antonio Foscarini


    Al Muy Reverendo Padre P. A. Foscarini, Provincial
    de los Carmelitas de la Provincia de Calabria.

    Roma, 12 de abril de 1615



    Muy Reverendo Padre mío:

    He leído con gusto la carta italiana y el escrito latino que Vuestra Paternidad me ha enviado; le agradezco la una y la otra, y confieso que están ambas llenas de ingenio y de conocimiento. Pero puesto que me pide mi parecer, lo haré con mucha brevedad, porque usted tiene poco tiempo para leer y yo poco tiempo para escribir.

    Primero. Digo que me parece que V.P. y el señor Galileo obran prudentemente al contentarse con hablar hipotéticamente (ex suppositione) y no absolutamente, como yo siempre he creído que había hablado Copérnico. Pues decir que supuesto que la Tierra se mueve y que el Sol está inmóvil, se salvan mejor todas las apariencias que suponiendo las excéntricas y los epiciclos, está muy bien dicho, y no supone peligro alguno; y esto le basta al matemático. Pero querer afirmar que el Sol está ubicado realmente en el centro del mundo y sólo gira sobre sí mismo sin correr de oriente a occidente, y que la Tierra está en el tercer cielo y gira con suma velocidad en torno al Sol, es cosa que encierra el peligro no sólo de irritar a todos los filósofos y teólogos escolásticos, sino también de dañar a la Santa Fe, al hacer falsas las Sagradas Escrituras, porque V.P. ha hecho ver que hay muchas formas de exponer las Sagradas Escrituras, pero no las ha aplicado en particular, pues, sin duda, habría encontrado grandísimas dificultades si hubiese intentado explicar todos aquellos pasajes que usted mismo ha citado.
    Esa afirmación es una falsedad, tal como se ha venido demostrando. Nada hay reprobable o condenable en afirmar que la Tierra orbita alrededor del Sol y que ello dañe a las Sagradas Escrituras, pero la sin razón si que lo hace. Es evidente que Belarmino vivió otra época con otra mentalidad y sobre la que hemos discutido hasta el hastío, Sr. Martín Ant, hasta el aburrimiento. Posiblemente, aunque nada hay que pueda afirmarlo, Belarmino hoy en día pensaría de un modo muy diferente.

    Segundo. Digo que, como usted sabe, el Concilio prohíbe explicar las Escrituras contra el consenso común de los Santos Padres; y si V.P. quisiera leer no solamente los Santos Padres, sino también los comentarios modernos sobre el Génesis, sobre los Salmos, sobre el Eclesiastés y sobre Josué, advertirá que todos están de acuerdo en explicar literalmente (ad literam) que el Sol está en el cielo y gira a gran velocidad en torno a la Tierra, y que la Tierra está muy alejada del cielo y está inmóvil en el centro del mundo. Considere ahora usted, con su prudencia, si la Iglesia puede resignarse a que se dé un sentido contrario al de los Santos Padres y todos los comentaristas griegos y latinos. Y no se puede responder que esto no es materia de fe, porque si no es materia de fe ex parte obiecti, es materia de fe ex parte dicentis; y así sería herético el que afirmase que Abraham no tuvo dos hijos y Jacob doce, como quien dijese que Cristo no nació de una virgen, porque lo uno y lo otro lo dice el Espíritu Santo por boca de los Profetas y de los Apóstoles.
    San Alberto Magno rechaza esta cuestión de los comentaristas griegos y latinos, es decir Aristóteles y Ptolomeo. Es manifiesto que sus enseñanzas eran contrarias al cristianismo, y así se hizo constar también por Santo Tomás de Aquino.

    http://www.hispanismo.org/ciencia/21...rto-magno.html

    ¿Qué clase de manipulación hay aquí? Y el geocentrismo, NO ES MATERIA de fe. Hace una continua referencia al Concilio, pero en éste (19º ecuménico, y no dogmático) se estableció el criterio de los libros que componen la Biblia, y así y acorde con el propio Concilio se afirma que:

    "Los escritores sagrados no se proponen enseñar las ciencias naturales, sino el camino de la salvación eterna. Por esto hablan de las cosas físicas, a la manera del pueblo, hablan, v.g. del Sol como si en realidad saliera y se pusiera; de la Luna, como si fuese mayor que las estrellas, etc.; en una palabra: se expresan "según lo que aparece" (SAN JERÓNIMO), amoldándose a la manera común de expresarse de aquellos tiempos. Si yo exigiera a Moisés una descripción histórico-científica de las sucesivas fases de la creación, le exigiría demasiado, puesto que su objetivo no era enseñar verdades científicas a los sabios de hoy, sino verdades religiosas a un pueblo todavía niño. Por eso su descripción no es histórico-científica, sino histórico-popular (véase el Lib. I, c. II). Moisés revistió la verdad con un ropaje accesible a la mentalidad del pueblo a quien debía instruir, y la propuso intuitivamente poor partes y bajo sus variados aspectos, tal como hacemos nosotros cuando enseñamos a los niños. No tuvo preocupaciones científicas. Si hubiese expuesto el origen del mundo siguiendo un orden y rigor científicos, no habría sido entendido durante muchos siglos."

    FUENTE: Religión y Moral Julio BONATTO. Texto aprobado por la SAGRADA CONGREGACIÓN DEL CONCILIO (Vaticano I); Editorial LITÚRGICA ESPAÑOLA. Barcelona 1934. (Cap., "La Biblia", pág., 415)

    Compárese con las afirmaciones de Belarmino.

    En 1909, la Comisión Bíblica declaraba que se deben entender, según el sentido literal e histórico, los siguientes puntos del relato del Génesis: la creación especial del Hombre; la formación de la primera mujer sacada del primer Hombre; la unidad del género humano, la felicidad primitiva de nuestros padres en un estado de justicia de integridad y de inmortalidad. DENZINGER, n. 2123

    Pero dado de quien procede, mucho más valor se le da y que lleva la contraria a Belarmino, en realidad éste manifiesta lo que le convenía en aquella pugna que tanto daño ha hecho a la Iglesia, en lugar de aceptar las cosas con humildad, virtud desconocida por el cardenal.

    "Hay ciertas cosas que son por su propia naturaleza la sustancia de la fe, como decir que Dios es Uno y Trino (...) sobre lo cual está vedado pensar de otro modo(...) Pero hay otras cosas que se relacionan con la fe tan sólo incidentalmente (...) y, con respecto a ésas, los autores cristianos sostienen opiniones diferentes interpretando la Sagrada Escritura de diversas formas."

    SANTO TOMÁS DE AQUINO. In II Sent. dist. 12 q.3 a.1.



    Tercero. Digo que si hubiera una verdadera demostración de que el Sol está ubicado en el centro del mundo y la Tierra en el tercer cielo, y que el Sol no gira en torno a la Tierra, sino que la Tierra gira en torno al Sol, entonces sería necesario ir con mucho cuidado al explicar las Escrituras que parecen contrarias, y decir más bien que no las entendemos, que decir que es falso lo que se demuestra. Pero no creeré que se dé tal demostración, hasta que no me sea presentada. No es lo mismo demostrar que, supuesto que el Sol esté en el centro y la Tierra en el cielo se salvan las apariencias, que demostrar que verdaderamente el Sol esté en el centro y la Tierra en el cielo. Creo que la primera demostración puede darse, pero de la segunda tengo muy serias dudas, y en caso de duda no se debe dejar la Sagrada Escritura, tal como ha sido explicada por los Santos Padres. Añado que aquel que escribió: «Sale el Sol y se pone y retorna a su lugar», etc. (Oritur Sol et occidit et ad locum suum revertitur), fue Salomón, el cual no solamente habló inspirado por Dios, sino que fue un hombre sobre todos los demás sapientísimo y doctísimo en las ciencias humanas y en el conocimiento de las cosas creadas, y toda esta sabiduría la obtuvo de Dios, por lo que no es verosímil que afirmase una cosa contraria a la verdad demostrada o que se podía demostrar. Y si se me dice que Salomón habla según la apariencia, que es que a nosotros nos parece que el Sol gira, mientras que en realidad es la Tierra la que gira, de la misma forma que a quien se aleja de la playa le parece que la playa se aleja de la nave, responderé que quien se aleja de la playa sabe muy bien que le parece que la playa se aleja de él, no obstante sabe que eso es un error y lo corrige, viendo claramente que es la nave la que se mueve y no la playa; pero en cuanto al Sol y la Tierra, no hay ningún experto que tenga necesidad de corregir el error, porque claramente experimenta que la Tierra está inmóvil y que el ojo no se engaña cuando juzga que el Sol se mueve, como también no se engaña cuando juzga que la Luna y las estrellas se mueven. Y esto basta por ahora.

    Saludo afectuosamente a V.P. y le pido a Dios

    que le dé toda clase de felicidad.

    12 de abril de 1615, de V.P. muy R.,
    como hermano el Card. Bellarmino
    Este punto entero supone un ejercicio ad verecumdian clarísimo: "Yo digo que..." Dado el relevante puesto que ocupaba, no es extraño que Galileo acabase retractándose del heliocentrismo, pero hay una duda sin resolver: ¿después de tantos años de estudio, pruebas, búsqueda de explicaciones, etc., etc., hubo sinceridad en su "renuncia"?
    Última edición por Valmadian; 18/12/2015 a las 05:43
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


    Nada sin Dios

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