Revista FUERZA NUEVA, nº 148, 8-Nov-1969
Diario de un ingenuo
El erotismo se ha pasado de la raya. Antes que las autoridades, preocupadas en muchos sitios por no parecer anticuadas, aunque para ello tengan que tolerar cualquier indecencia, la reacción ha comenzado en la propia sociedad. No es la primera vez que la voz de Dios sopla primero sobre el pueblo que sobre los notables, laicos o eclesiásticos.
Con ese olfato, que muchos directores de espectáculos públicos tienen para captar los “signos de los tiempos” y que para sí quisieran los clérigos de la “línea profética”, se ha estrenado en París, con gran éxito, la obra de Walinsky titulada “Sólo pienso en eso”. “Eso”, a lo que se refiere el título, es la obsesión erótica en que ciertos sectores, por motivaciones diversas, están empeñados en sumergir a la humanidad.
No hace mucho tiempo se reprochaba a los sacerdotes “de otros tiempos” que vivían obsesionados con el sexto mandamiento. Pero no ha tenido que llover mucho para comprobar que la aparente evolución ante los problemas del sexo no ha sido más que una versión clerical del timo del sobre: mediante un hábil cambiazo se sustituyen los billetes de banco por recortes de periódicos.
Si el lector lee algunas secciones “religiosas” escritas por clérigos en determinados periódicos, y trabajos diversos escritos también por clérigos, en ciertas revistas religiosas, habrá comprobado que hay una serie de curas progresistas, muy modernos ellos, muy audaces, muy al orden del día, que, como el personaje de Walinski solo piensan en “eso”.
Sólo piensan en “eso”, cuando atacan al celibato.
Sólo piensan en “eso”, cuando defienden la píldora.
Sólo piensan en “eso”, cuando hablan de coeducación.
Solo piensan en “eso”, cuando menosprecian la significación del pecado.
Solo piensan en “eso”, cuando piden libertad para “encarnarse”.
¿Cuándo pensarán en otra cosa y, de paso, un poco, si pueden, en su misión sacerdotal?
¡Ay, viejos sacerdotes, despreciados sacerdotes, calumniados sacerdotes, sacrificados sacerdotes, amados sacerdotes! ¡Qué pronto los hechos han venido a daros la razón! Vosotros pensabais en la castidad, cuya significación cristiana empieza con el mismo Evangelio. Ellos, en cambio, sólo piensan en “eso” (…)
Juan Nuevo
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