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Honores4Víctor
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Tema: Mártires de ayer, ejemplo de mañana

  1. #1
    Avatar de Miquelet Chaira
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    Mártires de ayer, ejemplo de mañana

    Mártires de ayer, ejemplo de mañana


    En este romano y otoñal, ojalá que templado y no lluvioso, último domingo de Octubre, en la Plaza de San Pedro, que tantas veces abrazó entre sus columnas a innumerables multitudes de fieles, en acontecimientos memorables de la cristiandad, se celebra hoy una beatificación sin precedentes de 498 mártires españoles de la persecución religiosa de los años treinta.

    Empiezo por explicar mi relación con tal asunto, que no es otra que la de haber sido, hace ya 46 años, autor del libro «La persecución religiosa en España (1936-1939)», presentado como tesis doctoral en la Universidad Pontificia de Salamanca y editado por la B.A.C. en Marzo de 1961.
    La historia de esta Historia arranca de una iniciativa de los Arzobispos de la Conferencia de metropolitanos españoles, a mediados de los años 50, quienes, tras una serena y colegiada reflexión, creyeron llegado el momento de que, pasados ya un cuarto de siglo de la segunda República y veinte años de la Guerra civil, se publicase un Estudio de conjunto, riguroso y desapasionado, sobre las víctimas eclesiásticas de aquel sangriento holocausto; y mostraron su criterio de que se encomendara ese trabajo a alguien que, por su edad, no perteneciera a la generación de los combatientes, con preparación histórica y oficio de escribir.

    El Cardenal Plá y Deniel, que presidía entonces la Acción Católica española, editora de la revista «Ecclesia», de la que yo era director, asumió el encargo de buscar a una persona para ese cometido y me lo endosó por las buenas. Era verdad que se cumplía en mí la primera condición, como «niño de la guerra», aunque sólo a medias las otras dos. El hecho es que acepté el embolado con docilidad y confianza en Dios, y lo pude sacar adelante, durante cuatro años de esfuerzo, con nocturnidad, pero sin alevosía.

    La B.A.C. me brindó una ayuda generosa para recabar los informes de las Diócesis y Congregaciones religiosas. Me facilitó igualmente la asistencia de un secretario, a tiempo parcial, Javier García Montero, cuya ayuda eficaz fue determinante para el acceso a las bibliotecas, hemerotecas y archivos, y en la clasificación de datos previa a la redacción de cada capítulo.

    Sigo hablando de libros, pero ahora va de otros. En los años 60, al igual que ahora, cualquier investigador exigente de la Guerra Civil apreciaba en la bibliografía concomitante y, sobre todo, en la posterior a la contienda, que la batalla de las ideas y los escritos resultó en este caso tan violenta como la de las ráfagas de las ametralladoras. Ésta se libró a campo abierto en los frentes y trincheras, sin rebasar el territorio patrio ni el tiempo anterior al armisticio; mientras que la guerra literaria se ha extendido más allá de esos confines, desde entonces hasta hoy. A más de la abundantísima producción vernácula, el fenómeno adquirió una dimensión internacional de increíble producción libraria, cuyas piezas llenarían hoy muchos hectómetros de estanterías. (Se ha dicho en estos días que puede ascender hasta unos 20.000 títulos).

    Intelectuales movilizados
    Aduzco, como mínimo botón de muestra, los nombres de algunos escritores europeos y americanos, los más conocidos de entonces, por su tratamiento del tema español. Hablo de los escritores católicos franceses Bernanos, Maritain y Mauriac; de los entonces comunistas Malraux (francés) y Koestler (alemán); de los anarquistas Orwell (inglés) y Simone Weil (francesa); y los americanos de la generación perdida, Hemingway y John Dos Passos; todos muy críticos por diversas motivaciones con la España nacional. En cuya defensa, entraron en liza Hilaire Belloc y Paul Claudel, más el nacionalista francés Maurras. Después del año 39 fueron apareciendo algunas obras de conjunto como las de Hugh Thomas, Madariaga, Garosci y otros. Si algo revela claramente esta nómina de actores y autores (muchos estuvieron en los frentes) es la relevancia internacional del caso español, laboratorio inmediato de la tremenda conflagración europea en Septiembre del 39. Más que nuestra extensión geográfica o volumen demográfico importaron las enconadas banderas ideológicas y la ferocidad de los enfrentamientos, cuando no habían llegado todavía las locuras apocalípticas de Auschwitz y del Gulag.

    Sus resonancias internacionales conferían rango histórico al periodo español que comentamos y, dentro del mismo, a la persecución religiosa sin precedentes que registró en sus anales. En el balance estadístico de la misma figuran con nombres y apellidos 13 obispos, 4.184 sacerdotes del clero diocesano, 2.383 religiosos y 283 religiosas; que componen, en su conjunto, con muy leves correcciones al alza, una cifra global de 7.000 víctimas eclesiásticas, muy cercana ya a la exactitud de los hechos. Los más de 4.000 sacerdotes del primer grupo, entre los 30.000 del censo que registraba en aquel año el Anuario pontificio, suponían el 13% del Clero español; pero, una aproximada mitad de sus miembros procedían de las diócesis ocupadas al comienzo por el bando republicano.

    Con eso se eleva al doble el porcentaje de estas últimas; pero también aquí nos confunde ese término medio, ya que las diócesis mas esquilmadas rozaban listones alarmantes: así Barbastro, con el 87% de su clero, Lérida (el 60%), Málaga (50%), Menorca (48%), Tortosa (47%), Ciudad Real (40%), Madrid (30%, o sea, 334 sacerdotes sobre 1.118), y Barcelona un 22% con 270 miembros, de un Clero de 1.250. Y cálculos muy similares cabe efectuar con los 2.383 religiosos asesinados, que suponen el 23% de los alrededor de 10.000 profesos que podían sumar las Congregaciones afectadas, entre las que sobresalen los claretianos con 259 miembros, seguidos por los franciscanos (226), escolapios (204), maristas (183), hermanos de la Salle (165), agustinos (155), jesuitas (114), hermanos de San Juan de Dios (97), salesianos (93), carmelitas descalzos (91)... Estos guarismos tan fríos no podrán traducir nunca lo que no es descriptible con palabras: un huracán de destrucción y muerte, que arrancó en plena sazón 7.000 vidas, truncadas en acto de servicio, cuya desaparición provocó un impacto catastrófico en los servicios que prestaban, como personas de responsabilidad en parroquias, colegios, hospitales, residencias de niños y ancianos y todo un vastísimo frente pastoral y social de la Iglesia.

    Ahora bien, existen otras varas de medir para el mismo fenómeno, situándolo en el inmenso ejército fúnebre de los fusilados en la Guerra civil. Por más que me incomoden los bailes de cifras, no puedo prescindir aquí de dos números fundamentales en el obituario integral de la misma.

    El primero recoge los 300.000 caídos (quedó muy atrás el mítico Millón de Jossé María Gironella) que totalizan los resultados más fiables de los muertos con violencia en ambos bandos. Y de ellos se nos dice, con conocimiento de causa, que fueron aproximadamente mitad por mitad los caídos en frentes y trincheras, y los ejecutados en el paredón de retaguardia. Nos resulta terrible este último dato, como un signo macabro de lo que supone el enfrentamiento fratricida en una guerra incivil. El segundo es éste otro: si se cifra en 60.000 ó 70.000 el número de fusilamientos en la retaguardia roja y recordamos las 7.000 bajas del clero español, resulta que los clérigos suponen más de un 10% entre todos los fusilados. Cifra gordísima para un gremio minoritario de 40.000 miembros entre los dos cleros, el 1,5 por ciento de la población en una España de 20 millones.

    De no existir otras pruebas más aplastantes, sería eso sólo un exponente muy significativo de que se persiguió al clero por el mero hecho de serlo; por lo que era y no por lo que hacía. Nos constan, además, los hechos incontrovertibles de que, apenas estallada la conflagración, y sin medidas legales de ninguna clase, se dio por desaparecida la presencia de la Iglesia en la sociedad, se impuso el cierre por la fuerza de los templos y casas religiosas y quedó cancelado el culto católico, con peligro de prisión o muerte para quién lo practicara.

    En el terror de los primeros días se abrió, puede decirse toscamente, la caza y captura del clero, hasta el punto de que los diez últimos días de Julio del 36, según datos escuchados al cardenal Tarancón, fueron asesinados en España 60 sacerdotes diarios y 75 el día de Santiago. Con el furor revolucionario estalló también la ola incendiaria de templos, casas religiosas, imágenes de santos, archivos eclesiásticos y objetos sagrados. Fue aquello lo que he llamado en otra parte «el martirio de las cosas» que arroja un saldo infinitamente superior, en su violencia y efectos arrasadores, al holocausto fúnebre de tantas personas. Observando en la posguerra las «regiones devastadas», lo que había que preguntarse, al visitar los edificios por donde pasó la revolución era si quedaba algún templo que no hubiera sido pasto de las llamas. El recuento de los tesoros monumentales y objetos artísticos resulta inacabable todavía. Y no admite, ni de lejos, establecer un parangón con los expolios y rapiñas que las fuerzas napoleónicas dejaron a su paso en la guerra de independencia.
    La persecución siguió su curso sobre el mapa ibérico de la zona republicana, más en la periferia que en el centro, con la excepción del Madrid asediado, con las detenciones en masa, encarcelamientos hacinados, a menudo en inmuebles incautados a la Iglesia, en la espera y angustia de las sacas nocturnas, seguidas del trágico paseo, para acabar en la descarga final, a las puertas de un cementerio, al pie de un montículo o en la depresión de un barranco cercano. (Es, por supuesto, muy de lamentar que escenas paralelas se registraran por entonces en el bando contrario. Mas, siempre son odiosas las comparaciones).

    Cárceles son conventos
    Los aprisionamientos, aunque fueran cortos, ofrecían a los detenidos la oportunidad de coincidir con otros compañeros, de los curas con sus feligreses o de varios miembros de una Comunidad, lo que convertía al recinto en Casa de oración donde se sostenían los unos a los otros en elevada intensidad religiosa, como antesala y preparación del martirio. Más tarde, en las grandes prisiones de Madrid y Barcelona, punto también de salida para los grandes holocaustos, llegaban a congregarse decenas o centenares de religiosos de diverso hábito —allí ninguno lo llevaba— que las convertían en monasterios de elevado fervor conventual, siempre con el cosquilleo de la clandestinidad.

    Punto. Paro aquí el recuento de casos y cosas en el martirologio de la persecución, remitiendo al lector a las mil páginas de mi libro, si se atreven a enfrentarse con ellas o, lo que es más emotivo y digerible, al precioso Catálogo «Quiénes son y de dónde vienen» que acaba de publicar con acierto la Conferencia Episcopal. Entretanto, sigue presentándosenos como obligación moral de primera magnitud esclarecer hasta donde sea posible, los oscuros procesos que condujeron a la confrontación feroz entre las dos españas y, en lo que más nos afecta, cómo pudieron acumularse en vastos sectores de nuestro pueblo, semejantes posos de odio contra la Iglesia, contra el Clero y hasta contra la religión como tal. Intentémoslo.

    En virtud de un proceso, que convierte las ideas filosóficas de un siglo en corrientes culturales y sociales del siguiente y en movimientos de masas y revoluciones políticas del posterior, la hostilidad contra la Iglesia, que arrastraba sedimentos de la revolución francesa y de las agresiones napoleónicas, se nutrió paradójicamente, en la segunda mitad del siglo XIX y en la primera del XX, de dos componentes más bien opuestos entre sí:
    El primero, un liberalismo racionalista, laicista y anticlerical, a menudo con ingredientes masónicos; y el segundo un populismo obrerista y sindical, que degeneró en marxismo-leninismo, aliado en ocasiones con el anarquismo radical. Los primeros presentaban a la Iglesia como enemiga de la libertad y del progreso, en tanto que los segundos le achacaban su cercanía a los ricos y mostraban a la Religión como el opio del pueblo. La Persecución religiosa de la que hablamos comenzó ya en la segunda República. Nacida ésta en 1931 con el apoyo de ambas fuerzas, después de despertar grandes ilusiones por el deseo de cambio cultural y social, derivó en una mezcla confusa y crispada de ambos elementos, pasando así, dicho sea en términos muy sumarios, de República a Frente popular y, de éste a Zona roja. Su laicismo agresivo, puesto de manifiesto en una Constitución hostil a la Iglesia y en leyes tan radicales como la expulsión de los jesuitas, el control de las órdenes religiosas, la anulación de la enseñanza de la Religión en los Centros públicos y del Presupuesto del clero, acabó por desplazar a la Iglesia de su presencia pública en el país. Primero las quemas de Iglesias en mayo del 31, después la revolución de Asturias en el 34 y finalmente los disturbios continuos del Frente popular del 36 agravaron al máximo la feroz división entre las dos españas.

    Eran, por supuesto, falsas y calumniosas las acusaciones a la Iglesia como enemiga del progreso y embaucadora del pueblo. Cierto que fue bastante escaso el sentido social de los católicos de clase alta, vapuleados por Severino Aznar y Ángel Herrera, lo mismo que también el espíritu democrático de bastantes católicos, así como la división de los mismos por la tozudez de los grupos integristas, reprendidos por Roma en más de una ocasión. Y era innegable, por último, la pobreza material y cultural de grandes masas populares, que, aunque sinceramente católicas y de sanas costumbres familiares, resultaron muchas veces indefensas ante el bulo y la ignorancia de las propagandas laicistas.

    Los misterios del corazón
    El Cardenal Gomá habló con mucho acierto de los pecados de España y de la manipulación de los de abajo por los de arriba. Por muy bien que se conozca este proceso, visto por cada cual con sus propias dioptrías, nos tropezamos, como en los grandes genocidios antiguos y modernos, con el misterio insondable del corazón humano, tan capaz de lo más noble como de lo más abyecto, cuya alienación por el odio puede destruirnos a todos.
    Leí en un autor americano, referido a la suya de origen, que las guerras civiles duran 100 años, aviso de navegantes para que no avivemos ahora las brasas del enfrentamiento. En las guerras mueren los mejores, como puede apreciarse en las biografías de muchos de nuestros santos y beatos, que ya merecían ese premio, antes de derramar su sangre. Todas las víctimas de una guerra de hermanos se encuentran y abrazan en el más allá. De ellas nos llega una ferviente invitación al perdón y a la concordia al par que una severa advertencia de que no se repita nunca su tragedia.

    A quienes, tras la lectura de mi libro, me han preguntado en ocasiones en que lado me situaría yo, si me viera en el dilema del año 36, les di siempre la misma respuesta: me colocaría, sin dudarlo, entre ambos para separarlos, aunque eso me costara la vida. Lo que sería también un martirio y a mucha honra.




    ANTONIO MONTERO MORENO, arzobispo emérito de Mérida-Badajoz
    http://www.abc.es/20071028/domingos-...710281114.html

  2. #2
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    Re: Mártires de ayer, ejemplo de mañana

    El Vaticano proclama beatos a 498 mártires españoles «del siglo XX»


    EFE |
    ROMA


    Miles de peregrinos españoles, cerca de 30.000, han seguido la ceremonia de beatificación de 498 mártires que fueron asesinados durante la persecución religiosa que se desató en España antes y durante la Guerra Civil. El ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, presdía la delegación oficial junto a representantes de 7 Comunidades Autónomas, el diputado socialista Juan Andrés Torres Mora, ponente de la Ley de Memoría Histórica, y otros 8 parlamentarios del PP.

    Muchos de ellos llevaban desde antes de las 8.00 horas de la mañana -que es cuando se ha abierto el control de entrada para acceder a la Plaza San Pedro- esperando el inicio de la ceremonia y preparando este momento con la ayuda de los cantos y la lectura de documentos que se recogen algunos testimonios de los mártires que hoy han sido proclamados beatos.

    Han acudido al evento al menos 30.000 fieles de toda España, que se han desplazado a Roma con los viajes oficiales que han organizado las diócesis, parroquias, colegios o congregaciones de religiosos y religiosas, según informó la Conferencia Episcopal Española (CEE), sin contar con los que han decidido viajar por su cuenta.

    "Mártires del siglo XX"

    Especialmente relevante ha sido la presencia de los familiares de los mártires, que según los datos de la CEE suman unos 2.500. La ceremonia, ha empezado a las 10.00 horas presidida por el Cardenal y prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, José Saraiva Martins, en representación del Papa Benedicto XVI. Media hora después del inicio, el cardenal ha proclamado beatos en el Vaticano, en nombre del papa Benedicto XVI, a los 498 españoles asesinados en 1934 y 1936-39. La Iglesia les considera "mártires del siglo XX".

    Los peregrinos presenten en la Plaza de San Pedro del Vaticano han acogido la proclamación con aplausos y ondeando banderas españolas mientras sonaba música sacra.

    Junto a Saraiva Martins, concelebraban la ceremonia un total de 71 obispos y más de un millar de sacerdores, muchos de ellos familiares de los mártires, así como los Superiores Generales de las Ordenes Religiosas.

    Entre los obispos presentes figuraban los cardenales Ricard María Carles, arzobispo emérito de Barcelona; Antonio María Rouco Varela, arzobispo de Madrid; Carlos Amigo Vallejo, arzobispo de Sevilla; Antonio Cañizares Llovera, arzobispo de Toledo; y Julián Herranz, presidente emérito del Consejo Pontificio para los Textos Legislativos de la Santa Sede; así como los dos purpurados recién elegidos Agustín García-Gasco -arzobispo de Valencia-- y Lluís Martínez Sistach -arzobispo de Barcelona.

    También estaban presentes el presidente de la CEE y obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez Pérez, y el Secretario General de la CEE, Juan Antonio Martínez Camino.

    Representación del Gobierno

    El ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, presidía la delegación oficial española, junto a representantes de 7 Comunidades Autónomas, 8 municipios, el diputado socialista Juan Andrés Torres Mora, ponente de la Ley de Hemoria Histórica, y otros 8 parlamentarios del PP. Además de Moratinos, forman parte de la delegación oficial el embajador de España ante la Santa Sede, Francisco Vázquez; el subsecretario de Asuntos Exteriores y de Cooperación, Luis Calvo; y la directora de Asuntos Religiosos del Ministerio de Justicia, Mercedes Rico.

    El PSOE sólo ha estado representado por el diputado Juan Andrés Torres Mora, que además de ponente de la ley es familiar de uno de los mártires que han sido beatificados. Del PP han acudido ocho parlamentarios y miembros del partido, entre los que figuran Jorge Fernández Díaz, Juan Carlos Guerra, Eugenio Nasarre, Jaime del Burgo, José Ignacio Echániz, María Dolores de Cospedal, Juan Pablo Sánchez Pacheco y Jesús Bonilla.

    Una beatificación masiva

    Entre los 498 mártires beatificados, dos eran obispos; 24 sacerdotes diocesanos; 462 religiosos; un diácono; un subdiácono; un seminarista y siete laicos. La gran mayoría eran españoles (salvo cinco) y tenían entre 20 y 30 años en el momento de su martirio. Respecto a las fechas de su muerte, dos tuvieron lugar en octubre de 1934; 489 sufrieron el martirio en 1936 y siete fueron martirizados en 1937.

    Se trata de la beatificación más numerosa de la historia de la Iglesia. En ella se reúnen un total de 23 causas, que fueron iniciadas y llevadas adelante en su momento por las respectivas postulaciones.

    Con estos nuevos beatos, son ya casi un millar -977- los mártires de la persecución religiosa española del siglo XX beatificados, once de los cuales ya han sido canonizados. Durante el Pontificado de Benedicto XVI son 559 los beatos que han subido a los altares.


    http://www.abc.es/20071028/sociedad-...710281012.html

  3. #3
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    Re: Mártires de ayer, ejemplo de mañana

    LA MAYOR OVACIÓN... CONTRA LA EpC

    Moratinos, asombrado ante la cantidad de fieles en San Pedro

    La banderas españolas ondearon al final de las beatificaciones, y el ministro no pudo ocultar su sorpresa ante la mayor ceremonia no presidida por el Papa vista nunca en el Vaticano.

    28 de octubre de 2007.
    Fue bien visible el gesto de Miguel Ángel Moratinos tras volverse y contemplar la Plaza de San Pedro, abarrotada con más de 30.000 fieles: un gesto de asombro y reconocimiento de que se habían batido todas las expectativas. La sorpresa fue también de los mismos funcionarios vaticanos, que confesaban no haber visto jamás una multitud semejante en una ceremonia no presidida por el Papa. No en vano se ha tratado de la mayor beatificación en la historia de la Iglesia: 498 mártires de la persecución religiosa durante la Segunda República (en Asturias, durante el golpe de Estado socialista de 1934) y la Guerra Civil, prácticamente todos españoles, con la excepción de dos mexicanos, dos franceses y un cubano.

    El ministro de Asuntos Exteriores presidió la delegación española junto al embajador ante la Santa Sede, Francisco Vázquez. Les acompañaron el nuevo embajador en Roma, Luis Calvo, y Mercedes Rico, directora general de Asuntos Religiosos, así como representantes de diez comunidades autónomas y seis alcaldes. La movilización de fieles en toda España fue masiva porque sólo seis diócesis de nuestro país no cuentan con algún mártir de aquella época. Desde que Juan Pablo II reabriera las causas de los mártires, son ya 977 los elevados a los altares, y 6 los canonizados. Benedicto XVI quiso juntar en un solo acto las 23 causas que este domingo concluyeron, y por
    tanto fueron 15 los obispos que las presentaron ante el cardenal brasileño José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, que presidió la ceremonia en nombre del Papa.
    El cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo de Madrid, y el pronto cardenal Lluís Martínez Sistach, arzobispo de Barcelona, abrieron la lista en representación de las diócesis con mayor número de mártires, hasta concluir con el obispo de Gerona, Carles Soler.

    Durante su intervención final presentando los nombres de los nuevos beatos, el cardenal Rouco recordó que "fueron valientes cuando tuvieron que confesar la Fe, rechazaron las propuestas de renegar de ella, se mostraron fuertes cuando eran maltratados y torturados y perdonaron a sus verdugos: a la hora del sacrificio mostraron paz y alabaron a Cristo como único Señor".

    En ningún momento de los actos ha habido referencia política alguna. También el cardenal Saraiva evocó en su homilía que los mártires "antes de morir perdonaron a quienes les persiguieron y rezaron por ellos". Y citó unas palabras de Juan Pablo II para explicar el significado del acto: "Los supremos valores humanos y religiosos son así reafirmados por un testimonio concreto, escrito en la historia y corroborado por la fe, confesada y vivida hasta la muerte". Saraiva recordó finalmente que los homenajeados, desde los más jóvenes (tres de 16 años) a los más ancianos (uno de 78 años) "no dudaron en ofrecer su vida al grito de ¡Viva Cristo Rey!", y con su vida y su muerte nos recuerdan que "no podemos contentarnos con un cristianismo vivido tibiamente".

    La única ovación que estalló durante la homilía se produjo cuando el prelado, al enumerar algunos de los principios que mantiene la Iglesia en la sociedad actual (como la familia basada en el matrimonio "entre un hombre y una mujer"), citó "el derecho de los padres a la educación de los hijos". La sensibilidad de los presentes ante la asignatura de Educación para la Ciudadanía quedó así bien patente.

    El Papa bendijo a la multitud

    La exaltación patriótica de los presentes se desbordó en un ondear de miles de banderas al finalizar la misa y mientras se esperaba la aparición de Benedicto XVI
    desde el balcón donde reza habitualmente el Angelus. No es costumbre que el Papa presida las beatificaciones, aunque se especuló con esa posibilidad dada la masa de fieles que iban a acudir a ella. De hecho, inicialmente estaba prevista su celebración en la basílica de San Pablo Extramuros, hasta que la tenacidad del cardenal Rouco convenció a los dicasterios vaticanos de que allí iba a ser imposible albergar a los miles de personas que llegarían a Roma desde España.

    La aparición del Pontífice fue saludada con el entusiasmo acostumbrado de las peregrinaciones de nuestro país, muy apreciado por el Papa Ratzinger como lo fue por el Papa Wojtyla. Benedicto XVI
    dijo que la beatificación de tantos mártires a la vez "demuestra que el supremo testimonio de sangre no es una excepción, sino una eventualidad realista para los cristianos". Aunque también destacó el "testimonio silencioso y heroico de muchos cristianos que viven el Evangelio sin componendas", ejemplo muy importante "ante la secularizada sociedad de nuestro tiempo".

    Como habían hecho Rouco y Saraiva, el Papa finalizó su intervención recordando de los mártires, sobre todo, "sus palabras y gestos de perdón hacia sus perseguidores", favoreciendo así su recuerdo "la misericordia, la reconciliación y la convivencia pacífica".

    Si Benedicto XVI, buen conocedor de la situación española, estaba pensando al decir esto en el contrapunto guerracivilista de la Ley de Memoria Histórica, eso Moratinos se fue de la Plaza de San Pedro sin saberlo.

    http://www.elsemanaldigital.com/arts/74981.asp?tt==

  4. #4
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    [FARO] Casa Real realmente presente en beatificaciones

    Roma, 28 octubre 2007, domingo de Cristo Rey. 498 mártires españoles, víctimas de la persecución religiosa desatada por la II República y el Frente Popular, han sido beatificados en una ceremonia oficiada en la plaza de San Pedro por el Cardenal José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. El Romano Pontífice presidió la ceremonia desde el palacio apostólico.

    En primera fila, tras los obispos españoles, se encontraba S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón, Abanderado de la Tradición, representante de la Dinastía legítima española. En su séquito figuraban miembros de su Secretaría Política y de su delegación en la península italiana. Es de destacar que los representantes del Gobierno de hecho de España, estaban situados en la misma fila, pero a su extremo. No había representación del Jefe de Estado de hecho, Juan Carlos, o de su familia. La verdadera Familia Real española sí ha estado presente, pues, en la beatificación de nuestros compatriotas mártires.

    Don Sixto Enrique de Borbón fue saludado por el Cardenal Darío Castrillón Hoyos, así como por varios de los obispos presentes, miembros de la Orden de Malta, etc.

    En la plaza de San Pedro tremolaban por todas partes banderas con la cruz de San Andrés, y se veían muchas boinas rojas. El Carlismo, la Comunión Tradicionalista, se ha hecho notar en esta ceremonia, como ya están recogiendo multitud de medios italianos, españoles y del resto del mundo.

    Con posterioridad Don Sixto Enrique de Borbón se reunió en un almuerzo con Monseñor Ignacio Barreiro, responsable de la oficina romana de Vida Humana Internacional; el capellán castrense don Eduardo Montes; el príncipe Guglielmo Giovanelli-Marconi; Maurizio Di Giovine, delegado de la Comunión Tradicionalista en la península italiana; el profesor Miguel Ayuso; Nicolás Martín Bayliss y Margarita Suárez de Lezo, en representación de las Juventudes Tradicionalistas; la profesora Dianella Gambini, de la Universidad de Perusa, acompañada de otros jóvenes carlistas italianos.

    Una buena jornada, pues, para la Iglesia, para España y para la Comunión Tradicionalista, con el Duque de Aranjuez a su frente.



    _____________________________________________________
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    http://carlismo.es/agenciafaro

  5. #5
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    Re: Mártires de ayer, ejemplo de mañana

    Como no podía ser de otra manera, ahí estaba Don Sixto. En cambio, Juan Carlos y otros miembros de la Casa Irreal ni estaban ni se les esperaba. De Hispanidad.com:


    El Rey no estuvo en Roma
    Ningún miembro relevante de la Casa Real Española acudió a las beatificaciones de 498 mártires de la Guerra Civil. Hasta el Gobierno Zapatero envió al ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos
    La ausencia de representantes de la Casa Real en El Vaticano contrasta con los discursos de SAR Felipe de Borbón durante la entrega de los Premios Príncipe de Asturias, donde la Zarzuela habló de “ceremonia laica”. La Casa del Príncipe ha decidido que el heredero al trono no acuda a actos religiosos. Tampoco el líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, quiso acudir a la ceremonia. Ni un solo grito, acto o declaración de venganza contra sus asesinos del bando republicano por parte de organizadores y asistentes.

    Esta vez no fue María Teresa Fernández de la Vega, la vicepresidenta primera del Gobierno Zapatero quien, sin embargo, sí acudió a la imposición del capelo cardenalicio a monseñor Antonio Cañizares. Pero, al menos, presidió la Delegación española Miguel Ángel Moratinos, ministro de Exteriores de un Ejecutivo que se caracteriza por su anticlericalismo pero que, al menos, ha sabido mantener las formas.
    Por eso, en la mañana del domingo en la Plaza de San Pedro, donde la Iglesia beatificaba a 498 españoles asesinados por la II República –la mayoría de ellos a manos de milicianos, es decir, de grupos socialistas comunistas o anarquistas- la ausencia más ‘sonora’ ha sido la de los Reyes de España, Don Juan Carlos y doña Sofía. Para ser exactos, no ha acudido ningún representante relevante de la Casa Real Española, a un acto donde estaban presentes centenares de españoles en principio no opuestos a la Monarquía, aunque sólo fuera porque sus familiares fueron asesinados por el mismo Régimen republicano que forzó la marcha de Alfonso XIII, abuelo del actual monarca, al destierro.
    La ausencia de La Zarzuela en la beatificación de los mártires del siglo XX contrasta con el entusiasmo del Príncipe heredero, SAR Felipe de Borbón y Grecia, durante la entrega de los Premios Príncipe de Asturias, celebrada 48 horas antes en Oviedo. Felipe de Borbón se mostró singularmente entusiasmado con los premiados, y muy en especial con el ex vicepresidente norteamericano Al Gore, quien aprovechó estos galardones para poner en marcha una especie de contra-credo cristiano con su panteísmo ecologista, y que ha creado una especie de sacerdocio ecologista, o famosos que predicarán contra el calentamiento global en distintos foros. Es más, desde la Casa del Príncipe se habló –y así lo recogió algún medio informativo- de “ceremonia laica”, expresión recogida por varios medios informativos. Otros cronistas se preguntaban de qué forma la ceremonia de entrega de unos galardones podía ser no-laica, sin que por el momento se haya encontrado respuesta al dilema.
    En cualquier caso, lo que pretendía la Casa del Príncipe era marcar distancias con la Iglesia. La misma institución ya ha advertido que SAR, muy al contrario que su padre, el actual monarca, no acudirá a actos que tengan connotaciones religiosas, salvo que lo exija la legalidad vigente, por ejemplo, los acuerdos Iglesia-Estado. Esto es, salvo que sea imprescindible. Esa nueva política comenzó dos años atrás, cuando los Príncipes de Asturias acudieron a Pamplona para inaugurar un centro de investigación biomédica de la Universidad de Navarra. Desde la Casa del Príncipe se exigió al centro académico que en el acto no estuviera presente el entonces obispo de Pamplona Fernando Sebastián. El prelado, en efecto, fue a bendecir las instalaciones 24 horas antes de que llegaran Sus Altezas. Desde entonces, la norma no sólo no ha cambiado, sino que se ha cumplido a rajatabla: en Roma no hubo miembros relevantes de la Familia Real española, aunque sí del Gobierno socialista, heredero de muchos de los que mataron a los beatificados. Está claro que la Familia Real quiere remarcar su carácter laico. Por el momento, nadie ha dicho que el Rey vaya a suprimir el mensaje de Nochebuena. Otra cosa es que aparezca ante un Belén o ante una postal de La Cibeles.
    La ausencia de la Casa Real en San Pedro durante la mañana del domingo parece una prevención innecesaria, dado que en la Plaza de San Pedro no se produjo ni un solo grito, acto o declaración de venganza hacia quienes asesinaron a los 498 beatificados, a pesar de que se encontraban presentes decenas de familiares de los mismos.
    Tampoco el presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, que estaba invitado, acudió a Roma. Disculpó su asistencia porque tenía que cerrar el IV Congreso Mujeres en Igualdad, donde aprovechó para hablar del nuevo socavón que ha aparecido en las obras del AVE en Barcelona, coincidiendo con la visita de ZP a la ciudad condal lo ue, para los populares, es muestra inequívoca de que Zapatero tiene gafe.
    La derecha española, es, asimismo, tremendamente laica.

  6. #6
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    Re: Mártires de ayer, ejemplo de mañana

    Última edición por Villores; 30/10/2007 a las 02:34

  7. #7
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    Re: Mártires de ayer, ejemplo de mañana

    Disculpad si lo que diga ahora es fruto de mi ignorancia,pero no se que pinta Ricard Maria Carles ahi, pues poco esconde su desagrado a lo español. El obispado y la iglesia catalana hace tiempo que perdio el rumbo. Por cierto, la catedral de Barcelona en su fachada esta de obras, por lo que si alguien quiere hacer una foto antes de que sea borrado el ya semiborrado escrito a Jose Antonio Primo de Rivera, situada en lado derecho segun se mira el acceso principal,tendra un recuerdo.

  8. #8
    Avatar de Arnau Jara
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    Re: Mártires de ayer, ejemplo de mañana

    Militantes socialistas italianos agreden a peregrinos que habían acudido a la beatificación de los mártires de la guerra civil

    29. Octubre 2007, 23:38 UhrRedacción MinutoDigital


    Con motivo de la beatificación de los mártires españoles asesinados y torturados durante la guerra civil por elementos del Frente Popular, varios colectivos de izquierda italianos, entre ellos “Militant” y “Facciamo breccia”, intentaron enturbiar los actos de celebración con acciones clandestinas y provocaciones a los peregrinos españoles que acudieron a los actos religiosos.
    El más grave de los incidentes se registró cerca de la prelatura del Opus Dei en Roma, en concreto un reducido grupo de radicales anarquistas insultó a la salida de misa a los fieles que habían acudido a la basílica de San Eugenio de Roma, encomendada a sacerdotes del Opus Dei, a cuya entrada desplegaron una pancarta insultante contra los religiosos martirizados: “Quién ha asesinado, torturado y explotado no puede ser beato”.
    Los fanáticos intolerantes se enfrentaron a varios files, en su mayoría italianos, a los que agredieron, debiendo intervenir de la policía italiana, que detuvo a uno de los agresores ultraizquierdistas.
    El vicepárroco de la iglesia de san Eugenio, Nicola Zenoni, aseguró que “por parte de los fieles, no ha habido ninguna acción violenta”, sino que “en todo caso desagrado por la provocación realizada ante la Iglesia, justo durante la Celebración Eucarística de las familias y los jóvenes”. Asimismo, denunció que “el único objetivo de estas personas era el de provocar una pelea, filmarla con cámaras profesionales y enviar rápidamente las imágenes a los medios de comunicación”.

    http://www.minutodigital.com/actuali...-guerra-civil/
    Vita hominis brevis:
    ideo honesta mors est immortalitas

    Que no me abandone la Fe,
    cuando toque a bayoneta,
    que en tres días sitiamos Madrid
    y en otros quince la capital, Lisboa.


    Sic Semper Tyrannis

  9. #9
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    Re: Mártires de ayer, ejemplo de mañana

    http://www.causageneral.com/


    PRESENTACIÓN DE ESTA EDICIÓN WEB



    No es amable ni grato evocar sucesos sombríos. Y quienes acometemos la faena de dar conocimiento de lo que fue la “Causa General”, no lo hacemos sin cierto dolor, casi con repulsa. Estamos entre los que quisieran ver definitivamente enterrada la guerra del 36, que no se vertiera nunca ni una gota de sangre española en discordias civiles. Pero, llegado el momento en que vivimos, nos parece enorme injusticia silenciar y ocultar los verdaderos errores y horrores que cometieron unos, cuando se está dando en proclamar a los cuatro vientos los auténticos o imaginados que cometieron otros: una enorme injusticia que da pie a un falseamiento de la historia sobre el que nada bueno puede asentarse.
    Vaya por delante que los crímenes, crímenes son, los cometiera quien los cometiera, y –aunque no sea defendible la teoría del empate- cumple reconocer que crímenes hubo en los dos bandos de la guerra civil española.
    No se trata, por nuestra parte, de elaborar la contabilidad de los muertos, que ese trabajo ya lo ha hecho, y muy bien, por cierto, Ángel-David Martín Rubio, en “Paz, piedad, perdón.. y verdad”. De lo que se trata es de poner en evidencia que la II República no fue un venturoso y pacífico estado de derecho, gobernado por una Izquierda plural, progresista y democrática, contra la que se alzó en armas la Reacción, para imponer su dictadura, como ahora nos quieren imponer desde el cuasimonopolio de las tribunas y publicaciones escolares y universitarias.
    Parece obligado sacar a la luz en Internet esta publicación, ilocalizable en librerías, que no es sino síntesis de la verdadera “Causa General”, ordenada por Decreto de 26 de abril de 1940, que se siguió para depurar las responsabilidades delictivas que se hubieren cometido en el transcurso de la guerra civil española: inmenso documento que se encuentra en la actualidad en el Archivo Histórico Nacional, en donde –previos los oportunos permisos- puede ser consultado por los investigadores.
    Del interés y veracidad de la “Causa General” han dado fe personas tan poco sospechosas de franquismo como Javier Tusell, («…es decisiva…muy interesante para estudiar la sublevación, los comienzos de la guerra civil y la vida en la zona republicana durante la contienda»: El País, Cultura, 25 de septiembre de 1980) y Pedro Laín (“los horrores reseñados en la “Causa General” son ciertos...”: artículo en El País, en 1981, referente al foro en que participó bajo el lema “¿Es posible la convivencia en España?”).
    Desde el punto de vista estrictamente penal, las responsabilidades por los hechos que dieron lugar a las actuaciones judiciales de que se trata, están ampliamente prescritas, y así se dejó sentado, mucho antes de la llamada transición democrática, en el Decreto-Ley de 31 de marzo de 1969, que felizmente, en nuestros pagos, no se estila la imprescriptibilidad de los crímenes contra la Humanidad. Y desde el punto de vista político y moral, estaban en camino de un dolorido y voluntario olvido.
    Por grandeza de alma en muchos casos, por conveniencia en otros, a nadie le interesaba remover tumbas ni agitar recuerdos. Incluso algunos de los protagonistas, como Santiago Carrillo y Dolores Ibarruri, conscientes de que poco tenían que ganar y mucho que perder, alzaron bandera de “reconciliación nacional” y se sumaron a la alianza del silencio.
    Pero ahora, al cabo de veinticinco años, atenuada la memoria histórica por el puro paso del tiempo y por la muerte de muchos de los testigos, se ha emprendido desde el PSOE una pasmosa damnatio memoriae, al estilo de los faraones que borraban el rastro de quienes les precedieron, queriendo reescribir la historia, divulgando y enfatizando las responsabilidades del bando nacional y relegando al olvido las del propio.
    Por ello creemos necesario publicar estas letras, sin otro propósito que contribuir a reequilibrar la historia, servir a la reconciliación, a la comprensión... y a la verdad.

  10. #10
    Avatar de Miquelet Chaira
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    Re: Mártires de ayer, ejemplo de mañana

    Excelente enlace, página recomendadísima.

  11. #11
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    [FARO] Jalisco, Paracuellos, Madrid, Roma

    Celebración y audiencia del Cardenal Arzobispo de Guadalajara, Jalisco
    Beatificación Mártires:
    • Celebración en Paracuellos del Jarama
    • Ecos presencia carlista en Roma





    Guadalajara, Jalisco, 27 octubre 2007. (Corresponsal). Con solemne misa en el Estadio "3 de marzo" de la Universidad Autónoma de Guadalajara, la comunidad tapatía conmemoró el cierre del jubileo convocado por el 50º aniversario sacerdotal del Arzobispo de Guadalajara, Su Eminencia Reverendísima don Juan Sandoval Íñiguez.

    La misa fué celebrada por el propio purpurado mejicano. Estaba acompañando de sus eminencias el Cardenal Primado de Méjico, Norberto Rivera y del Cardenal de Monterrey, Francisco Robles; del Obispo de Ecatepec, Onésimo Cepeda; y del presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Carlos Aguiar Retes; así como de Édgar Peña, secretario de la Nunciatura y representante del Vaticano, y Rodolfo Quezada, Cardenal y Arzobispo de Guatemala, entre otros.

    Al inicio se dirigió un mensaje de Su Santidad el Papa con motivo del jubileo del Cardenal Sandoval. La predica fué realizada por el recién nombrado cardenal de Monterrey, Francisco Robles,

    Al final de la misma don Juan Sandoval dirigió un mensaje en el que agradeció a las autoridades gubernamentales del estado de Jalisco por el apoyo recibido para el desarrollo de las actividades del jubileo sacerdotal, y a las autoridades y directivos de la Universidad Autónoma de Guadalajara por facilitar el estadio "3 de Marzo" para la realización de la misa.


    Estuvieron presentes el gobernador del estado de Jalisco, Emilio González Marques; el secretario general de gobierno, Fernando Guzmán Pérez Peláez, y el cónsul de Estados Unidos en Guadalajara, Edward Ramotowski, así como distinguidos tradicionalistas de la Nueva España.

    Cabe destacar que previo al inicio de la misa, en audiencia privada concedida al delegado de la Comunión Tradicionalista en la Nueva España, le fué comunicado al Cardenal Sandoval que S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón le felicitaba por su aniversario sacerdotal, así como por su labor al frente de la Arquidiócesis de Guadalajara y dentro de la Curia Romana, donde participa en diversas comisiones, felicitación que le hacía llegar desde Roma donde iba a presenciar las beatificaciones de 498 mártires de la Cruzada española. Al final de la audiencia el Cardenal Sandoval envió su bendición y saludos al Abanderado de la Comunión Tradicionalista.





    Paracuellos del Jarama, 28 octubre 2007. Coincidiendo con la ceremonia de beatificación de 498 mártires de nuestra Cruzada de Liberación, se celebró un emotivo acto en el Camposanto de Paracuellos del Jarama.

    Al mismo acudieron diversos familiares de los que allí fueron asesinados, hace 71 años. Se dieron cita a las 10 de la mañana para seguir en directo la ceremonia oficiada por el Cardenal José Saraiva Martins. Les acompañaban destacados miembros de la
    Comunión Tradicionalista y del Círculo Antonio Molle Lazo. Después de la retransmisión televisiva se oficio una misa en recuerdo de los allí fusilados, entre los cuales se encuentran 99 de los nuevos beatos.

    Es costumbre de la
    Hermandad de Nuestra Señora de los Caídos de Paracuellos del Jarama celebrar una misa en la pequeña capilla del camposanto todos los primeros domingos de cada mes; aunque en este mes de noviembre hay que añadir dos más, la del próximo miércoles 7 en recuerdo de las sacas celebradas en aquel día del lejano 1936, y otra el jueves 29 de noviembre en recuerdo de los nuevos beatos de la Santa Madre Iglesia.




    Roma/Madrid, noviembre 2007. Continúa el eco mediático, aunque en España intente acallarse, de la gran presencia carlista el domingo 28 de octubre en la ceremonia de beatificación de 498 mártires de la persecución religiosa desatada por la II República y el Frente Popular. En particular la de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón ha acaparado la atención de medios y comentaristas, particularmente en contraste con la total ausencia de miembros de la familia del Usurpador. FARO dio en su momento la noticia; puede consultarse también en http://www.carlismo.es



    _____________________________________________________
    Agencia FARO
    http://carlismo.es/agenciafaro

  12. #12
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    Re: Mártires de ayer, ejemplo de mañana

    Cita Iniciado por Miquelet Chaira Ver mensaje
    Mártires de ayer, ejemplo de mañana

    Empiezo por explicar mi relación con tal asunto, que no es otra que la de haber sido, hace ya 46 años, autor del libro «La persecución religiosa en España (1936-1939)», presentado como tesis doctoral en la Universidad Pontificia de Salamanca y editado por la B.A.C. en Marzo de 1961.

    El Cardenal Plá y Deniel, que presidía entonces la Acción Católica española, editora de la revista «Ecclesia», de la que yo era director, asumió el encargo de buscar a una persona para ese cometido y me lo endosó por las buenas. Era verdad que se cumplía en mí la primera condición, como «niño de la guerra», aunque sólo a medias las otras dos. El hecho es que acepté el embolado con docilidad y confianza en Dios, y lo pude sacar adelante, durante cuatro años de esfuerzo, con nocturnidad, pero sin alevosía.
    Jerga de “arzobispo” del siglo XXI.
    Hacer justicia a los mártires y honrar su memoria es simplemente un “embolado” y por tanto, hay que “endosarlo” “con nocturnidad” a algún futuro arzobispo, arrepentido de haberlo escrito.

    Su laicismo agresivo, puesto de manifiesto en una Constitución hostil a la Iglesia y en leyes tan radicales como la expulsión de los jesuitas, el control de las órdenes religiosas, la anulación de la enseñanza de la Religión en los Centros públicos y del Presupuesto del clero, acabó por desplazar a la Iglesia de su presencia pública en el país. Primero las quemas de Iglesias en mayo del 31, después la revolución de Asturias en el 34 y finalmente los disturbios continuos del Frente popular del 36 agravaron al máximo la feroz división entre las dos españas.
    O sea que había “dos españas”, igual de respetables (se sobreentiende): una, la católica, la de las víctimas; y otra, la de los delincuentes que quemaban iglesias y asesinaban, tan “españa” como la perseguida, según parece.
    El problema no eran, pues, los incendios ni asesinatos, sino que se iban dividiendo las “dos españas”. Lógicamente porque una “españa” se apartaba, se “dividía” de la otra "españa” (sin razón, por supuesto) cuando ésta incendiaba iglesias y provocaba continuos disturbios y tropelías.
    ¡Qué falta de respeto, caridad y de espíritu evangélico por parte de la “españa" católica!

    Cierto que fue bastante escaso el sentido social de los católicos de clase alta, vapuleados por Severino Aznar y Ángel Herrera, lo mismo que también el espíritu democrático de bastantes católicos,

    Es que, en la II República, los sinvergüenzas de los católicos no sólo no asesinaban ni incendiaban como los “demócratas”, sino que, además, se quejaban de ello. Un auténtico católico “demócrata” y con “sentido social”, hubiera debido sumarse a incendiar iglesias junto a los rojo-liberales.

    así como la división de los mismos por la tozudez de los grupos integristas, reprendidos por Roma en más de una ocasión.
    ¡Cómo no! La culpa era de de San Pío X y su "Pascendi", que había dividido a los católicos.
    Todos los católicos habían sido felizmente modernistas en su día, pero este lamentable Papa los hundió en la miseria “integrista”. Ahora bien, si todos aquellos católicos hubiesen sido modernista-liberales, al gusto masónico, ningún católico hubiera sido asesinado, sino que los obispos hubieran pasado nada menos que a dirigir la revolución masónico-marxista. Una pena.
    (Y es que no olvidemos que para todo católico-liberal nadie ha cometido más maldades y tropelías que los “integristas”. Frente a los crímenes del “integrismo”, los asesinatos cometidos por la pandilla rojo-liberal son una minucia).

    En las guerras mueren los mejores,
    Es que los famosos 7.000 obispos, sacerdotes, religiosos... "murieron" en actos de “guerra”. Iban en tanques, en aviones, y murieron heroicamente en el Jarama, en Brunete, en la Batalla del Ebro, etc.

    Todas las víctimas de una guerra de hermanos se encuentran y abrazan en el más allá.
    Sí. Pero antes los “hermanos” asesinados piden perdón a sus “hermanos” asesinos, por la monstruosa incitación al crimen a que los condujeron. Los asesinos, aceptan las disculpas de sus víctimas sólo a regañadientes y tras mucho insistir, pero a condición de repetir lo mismo si se volviera a las andadas.

    en el más allá.

    Un arzobispo católico reconociendo que ¿en vez de Cielo e infierno? hay un “más allá” celestial donde parece dar lo mismo ser católico liberal que rojo-liberal (aunque no “integrista”: esos van al infierno directamente).

    A quienes, tras la lectura de mi libro, me han preguntado en ocasiones en que lado me situaría yo, si me viera en el dilema del año 36, les di siempre la misma respuesta: me colocaría, sin dudarlo, entre ambos para separarlos,

    O sea, sólo separarlos… pero para que los incendiarios y asesinos ¿acaso continúen haciendo su trabajo tranquilamente?
    Porque los católicos, hasta la guerra, se estaban quietecitos.
    Pero como respondieran a las provocaciones, se enzarzaran, y empezara la guerra, este señor ya se encargaría de separar… a los católicos, claro.
    Y es que es un deber separar a la víctima que lucha defendiéndose, del asesino que la quiere matar, no vaya a ser que la víctima haga algún rasguño al asesino.
    Eso sí, nada se dice aquí de quitar la pistola o la gasolina al asesino o al incendiario tras su “separación”.

    aunque eso me costara la vida. Lo que sería también un martirio y a mucha honra.

    …“martirio”… cometido por los “integristas”, claro.. No olvidemos que ser atacado por un “integrista” a causa de las “libertades” es la mayor “honra” a que puede aspirar un católico-liberal.
    Sólo que, al contrario del abrazo en “el más allá” con el rojo-liberal, el católico liberal nunca se encuentra y abraza en el “más allá” con el “integrista”. Y es que el “integrista” arde perpetuamente en el infierno; ese es su castigo por osar rebelarse contra el liberalismo incendario y sus cómplices infiltrados en el clero.
    Última edición por Gothico; 03/12/2007 a las 19:33

  13. #13
    Avatar de Rodrigo
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    Re: Mártires de ayer, ejemplo de mañana

    BEATO JUAN DUARTE MARTÍN
    Diácono


    INFANCIA - JUVENTUD

    Oasis de Jesús Sacerdote nº 152 Abril – Mayo – Junio 2013
    (Cruzada española 1936 – 1939) Nº 62

    Yunquera 17. III.1912 † Álora 15.XI.1936

    Sus padres Juan Duarte y Dolores Martín, fervorosos cristianos, tuvieron 10 hijos. Juan fue el cuarto.

    Su padre era labrador, miembro de la Adoración Nocturna y Juan era su hijo predilecto, especialmente desde que le confió sus deseos de ser sacerdote. Su padre le planteó la dificultad económica de costearle los estudios, a lo que respondió Juan: “No se preocupe, el Señor le va ayudar”.

    A los 13 años ingresó en el Seminario de Málaga. Era rubio de ojos azules, cantaba mucho y muy bien. Era el más abierto y alegre de todos los seminaristas. Inteligente, aprobó los cursos de Humanidades, Filosofía, y Teología con óptimas calificaciones, y recibió las órdenes del Subdiaconado y Diaconado. Juan amaba mucho al Seminario donde encontró una verdadera familia: el Rector era un verdadero padre, y el Padre Soto un excelente Director Espiritual. Tuvo por obispo al famoso D. Manuel González…. el obispo de los Sagrarios Abandonados que los formó en la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, a la Virgen María y a los pobres, y les decía que habían de ser hostias de propiciación para salvar España. Cuando pasaba las vacaciones en su casa, contaba los días que faltaban para el regreso.

    Cuando el 1 de julio de1935 recibió el Subdiaconado escribió a su querido obispo: “¡Con qué ganas me pongo en brazos de la Iglesia y con qué ganas le pido al Señor que me quite la vida si no he de servirle con la alegría que inunda mi alma en este día que a ella me entrego”.

    Corrían tiempos de persecución……y Juan decía a sus compañeros: “¡El Señor triunfará, el Señor triunfará!”. En unos de los registros a su casa, se escondió en una pequeña pocilga varias horas y se asomó a una pequeña ventana para respirar aire puro; alguien lo vio y lo delató a los milicianos. Era el 7 Noviembre 1936. Lo detuvieron y lo llevaron al calabozo municipal donde se encontró con dos compañeros seminaristas, José Merino y Miguel Díaz. El plan de los rojos era fusilarlos aquella misma noche, y así lo hicieron con los dos seminaristas, después de atormentarlos horriblemente, pero con Juan Duarte, sin saber por qué, lo retuvieron con intención de darle un martirio más doloroso, como veremos.

    ¡¡BEATO JUAN DUARTE, DIÁCONO, RUEGA POR NOSOTROS

    Primero le forzaron a blasfemar, pero él siempre respondía: “¡Viva el Corazón de Jesús! ¡Viva Cristo Rey!”. Le daban diariamente espantosas palizas con culatazos y latigazos. Uno de los verdugos al ser preguntado sobre su blusa salpicada de sangre contestó: “Vengo de dar una paliza a ese cura, y estas son las salpicaciones, para que veáis lo tozudo que es. Ni aunque lo mate, consigo que se c….. en Dios”. Le introdujeron cañas bajo las uñas; le aplicaron descargas eléctricas en sus genitales (en una ocasión llegó a avisar a los rojos que el cable se había desconectado porque no sentía la corriente). A cada tormento el joven seminarista daba sus “Vivas” al Corazón de Jesús y a Cristo Rey, lo cual ponía más furiosos a sus verdugos que parecían endemoniados. Luego lo montaron en un burro y lo pasearon por las calles del pueblo simulando una procesión de semana santa, en medio de blasfemias y cantos obscenos y de vez en cuando le daban puñetazos en el vientre. Más de uno del pueblo decían que acabasen de una vez con Juan.

    Lo llevaron de nuevo a la cárcel y allí empezó el último proceso que fue sádico y que jamás uno pudiera imaginar. Todo lo soportó Juan con inquebrantable fidelidad a Dios y a la Virgen María.

    Lo llevaron de nuevo a la cárcel e introdujeron en su celda una muchacha de 16 años degenerada para que le sedujera y perdiera su castidad. Todo fue inútil y viéndose los rojos fracasados, un miliciano lo sujetó y otro con una navaja de afeitar lo castró y entregaron sus testículos a la tal muchacha que los paseó por el pueblo.

    Cuando aquellos salvajes terminaron su malvada acción, el pobre muchacho recuperó el conocimiento, y viéndose desangrado, preguntaba a los demás presos: “Pero ¿qué me han hecho, qué me han hecho?”. La indignación de la gente fue creciendo y aumentó de modo alarmante, y los del Comité decidieron acabar con él proporcionándole una muerte horrenda.

    Lo llevaron por la noche del día 15 de noviembre de 1936 a las afueras de Álora y a unos 10 m. del puente de la carretera, lo tumbaron en el suelo y con un machete lo abrieron en canal de abajo a arriba. Juan les decía: “Podéis matar mi cuerpo pero mi alma no”. Le llenaron el vientre y el estómago de gasolina y le prendieron fuego. En estos tormentos, Juan Duarte decía a sus asesinos: “¡Yo os perdono y pido a Dios os perdone….¡Viva Cristo Rey!”. Las últimas palabras que salieron de su boca fue mirando al cielo con los ojos abiertos: “¡Ya lo estoy viendo… ya lo estoy viendo!”. Uno de los rojos le dijo: “¿qué estás viendo tú?” y descargó su pistola en la cabeza del mártir. Así murió el glorioso mártir y su alma pura y fiel a Dios, voló al cielo. Tenía 24 años.

    Nota.
    Una hermana del mártir vive todavía. Se llama Hna. Carmen Duarte Martín. Es carmelita en el Carmelo del Corazón Eucarístico de Jesús. Tiene 92 años y recuerda siempre a su querido Juan. Tuvo la dicha de asistir a la beatificación de su hermano en Roma por el Papa Benedicto XVI en la persona de un Delegado suyo, el 28 de octubre de 2007. Cuando yo pensaba publicar su martirio, la Superiora me escribió en nombre de la Hermana Carmen dándome las gracias y enviándome estampas con reliquias del mártir.

    http://oasis-dejesussacerdote.blogsp.../martires.html
    Última edición por Rodrigo; 03/09/2013 a las 15:40
    Hyeronimus, Christabel, Fidelitas y 1 otros dieron el Víctor.
    Militia est vita hominis super terram et sicut dies mercenarii dies ejus. (Job VII,1)

  14. #14
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    Re: Mártires de ayer, ejemplo de mañana

    Y que sólo se hable de Lorca ...
    No conocía a este último mártir, me ha conmovido.
    “La verdadera fe es incolora, por decirlo así, como el aire y el agua; medio transparente a través del cual el alma ve a Cristo. Nuestros ojos no ven el aire y de la misma manera nuestra alma no se detiene a contemplar su propia fe. Cuando, por consiguiente, los hombres toman esta fe como si dijéramos en las manos, la inspeccionan curiosamente, la analizan, se absorben en ella, se ven forzados a materializarla, a darle color para que pueda ser tocada y vista. En otros términos, sustituyen a ella, colocan sobre ella, cierto sentimiento, cierta impresión, cierta idea, cierta convicción, algo en fin en que la atención pueda prenderse. Cristo les interesa menos que lo que llaman ellos sus experiencias. Los vemos trabajando para seguir en sí mismos los signos de la conversión, la variación de sus sentimientos aspiraciones y deseos: los vemos ponerse a conversar con los demás sobre todo esto. ”. John Henry Newman

  15. #15
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    Re: Mártires de ayer, ejemplo de mañana

    A todos los cristianos y mártires que sufrieron y sufren persecución les dedico esta imagen del primer mártir. Mis enormes respetos ante estos grandes hermanos. Mis enormes abrazos y honores:


    image.jpg
    La Iglesia es el poder supremo en lo espiritual, como el Estado lo es en el temporal.

    Antonio Aparisi

  16. #16
    Avatar de Hyeronimus
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    Re: Mártires de ayer, ejemplo de mañana

    Nuestros Mártires



    Los martirios antiguos tuvieron una dignidad que luego se perdió. Las Actas de los Mártires documentan la comparecencia ante los tribunales, recogen las palabras de los Mártires ante los jueces, describen las torturas y el acto mismo del martirio, dan fe de la expectación del pueblo, testimonian el impacto de la muerte cruenta de los Mártires entre los fieles presentes y en la Iglesia a la que pertenecían. Incluso algunas escenas terribles están insertas en textos de la historiografía clásica, siendo referencias auténticamente monumentales.

    Sin pretender exponer un tema que supera mi intención (y mi competencia y aptitudes), sin detenerme a examinar otros episodios martiriales, afirmo que esa dignidad del martirio de la antigüedad se pierde con la modernidad. Sin duda, las matanzas de la Revolución Francesa no son de la misma naturaleza que las escenas narradas por los antiguos martirologios. Pueden contemplarse todavía algunas escenas donde la dignidad de los protagonistas (jueces-verdugos-victimas) parece estar presente, incluso de forma notable. Pienso en el patíbulo de las Carmelitas de Compiègne, aunque no sé bien deslindar cuánto corresponde a la memoria novelada y cuánto a una crónica historiográfica, propiamente. Sin embargo, estos episodios en marco de dignidad (dignidad no significa ni justificación del crímen ni aprobación del medio) fueron los menos. En la Revolución, el desenfreno de la plebe se impuso atropellando las formas, extremándolas hasta un paroxismo de violencia y crueldad quasi insuperables. Las masacres de Septiembre de 1792 en Paris significaron la violación de aquella 'dignidad' que incluso el odio a la fe había sabido preservar. Las escenas del populacho revolucionario comiendo pan mojando en la sangre del cuerpo descuartizado de la Princesa de Lamballe suman la indignidad aberrante al terror del crímen. A los Mártires víctimas de aquel furor satánico también se les despojó del honor de comparecer dignamente como Mártires. Es difícil imaginar una escena de martirio entre el desenfreno de una orgía criminal, una borrachera de sangre y vileza.

    Nuestros Mártires de la Guerra Civil padecieron ese estilo envilecido de martirio. Fueron odiados y masacrados, vejados y asesinados, inculpados y abochornados antes de ser atormentados. Fueron martirizados sin dignidad porque no la había, no la tenían ni la República infame que encubría los crímenes, ni los asesinos que los perpetraban.

    Cada vez que ha habido una beatificación se han levantado los herederos de aquella indignidad, con casi las mismas voces, el mismo clamor de odio de aquellos con quienes se identifican, los verdugos, los victimarios, los envilecidos. No es que les remuerda una conciencia histórica, es que no soportan que la memoria glorificada de los buenos exponga a la luz la perfidia criminal de los malos. Son herederos ideológicos de los que mataban a los Mártires y no resisten ser testigos de cómo son alabados e invocados quienes fueron víctimas del odio sembrado y azuzado por quienes les precedieron; un odio atávico que incuban todavía hoy, con rabia malamente contenida.

    Nuestros Mártires, que fueron proclamados caídos por Dios y por España, testigos de Cristo en España, remueven una conciencia culpablemente odiosa en quienes reniegan de Dios y de España.

    Para quienes sí creemos y amamos a Dios y a la patria, esos Mártires son un estímulo, una fuerza, un patrimonio santo, un documento con rúbrica de sangre y gloria.

    Por eso damos gracias.

    Y pedimos: Si nos tocara ser como ellos, que lleguemos hasta la Cruz como ellos.

    ¡Bendito sea Dios en sus Santos Mártires!

    ¡Bendita sea España por la sangre de sus Mártires!


    +T.

    EX ORBE

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    Re: Mártires de ayer, ejemplo de mañana

    ODA A LOS MÁRTIRES ESPAÑOLES QUE SERÁN BEATIFICADOS EN TARRAGONA







    CAMPANAS DE ESPAÑA TAÑEN

    Campanas de las campiñas,
    Campanas de España,
    Campanas de España, ...
    Campanas de los montes,
    Campanas exorcísticas,
    Campanas que ahuyentan
    demonios y nubarrones.

    Campanas, plegaria de bronce,
    Campanas de toda España,
    A los toques y retoques.
    Campanas terrenas
    fraguadas para alabanza
    de Su Santo Nombre.
    Campanas alborozadas
    Pronuncian sus nombres,
    En el lenguaje angélico
    Del badajo poderoso
    Que percute en el bronce.

    Ellos murieron confesando,
    Campanas, a Dios Vivo
    Uno y Trino, Hostia Cristo,
    Cristo Rey y Hostia.
    Ellos permanecieron fieles
    Contra los afilados aceros
    de la sentina satánica y sus logias,
    y la hoz del hierro soviético.

    Ellos murieron como Corderos,
    Ellas murieron como Palomas.
    Iglesia Militante, Holocausto
    Y ofrenda, sin guardarse se dieron
    A Quien, campanas, vosotras alabáis
    En la tierra haciendo eco en los Cielos.

    En vuestros tañidos, campanas
    De la España, alzáis los acentos
    Implorando al Altísimo Señor,
    Dios de los Ejércitos;
    Dios Padre de Hispania Eterna;
    Donde reinará, según promesa,
    El Sagrado Corazón de Dios Hijo
    Y confortará, por los siglos de los siglos,
    Dios Espíritu Santo, nuestro Consuelo;
    Nación Eterna, elegida de Dios
    Por las manos de María Reina,
    Campanas de España,
    Mejor que todo verso
    Son vuestras lenguas.

    Voltead las campanas,
    Monagos de España.
    Alborocen sus metálicas resonancias
    El silencio y la vivienda de los hombres;
    Recuerden las Campanas
    A la Legión celestial y triunfante,
    A cada uno de los que Dios ha dado
    En secreto un nombre
    que no podrá profanar jamás nadie.
    La Legión de mujeres y hombres
    Que visten albas túnicas talares,
    Las centurias arrolladas en la tierra
    Que mudaron su terrena morada
    (Aquende los sufrideros mortales)
    Por la célica vivienda imperecedera,
    Aquélla, horra de dolor, donde no muerden
    Las ráfagas restallantes de la metralla.

    Las centurias radiantes, espléndidas
    De nuestros Mártires, Gloria de la Iglesia
    Y de fe probada en la molienda.

    Campanas que no tañeron
    Cuando sus verdugos los degollaron:
    En los campos, en las cunetas,
    En los claros, entre las hileras de olivos,
    En los ejidos
    Y en los descampados,
    Brotándoles rosas de sangre
    En las frentes y en el tórax.
    Campanas que no tañeron
    Mientras sus cuerpos
    A la intemperie
    Quedaron sin sepelio.

    Tañed ahora, Campanas,
    Campanas de las espadañas,
    Fuertes bronces preclaros,
    Tañed Campanas de España:
    Todo el Mundo sabrá ahora
    Que sus vidas fueron segadas,
    Sus cuerpos pudieron herir los malos,
    Sus cadáveres hedieron efímeros,
    Pero vosotras, campanas,
    Proclamáis que todos ellos se salvaron
    Y en sus Cuerpos Gloriosos no hay vestigio
    De la ferruginosa sangre generosa
    Que derramaron valientes por Cristo.

    Santos Mártires de España,
    Los ángeles os reverencian,
    Y ángeles hay
    Que, a no ser criaturas angélicas,
    Obispos, Sacerdotes, Monjes y Monjas,
    Seglares de España ser quisieran
    Para morir como semilla que cae en tierra
    Y florecer en el paradero eterno de la Gloria.



    Manuel Fernández

    12 de octubre de 2013.



    RAIGAMBRE

  18. #18
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    Re: Mártires de ayer, ejemplo de mañana

    Buena muerte




    Mártires
    No fuisteis al encuentro de la muerte.
    Fue la muerte
    la que vino a buscaros, y el martirio
    fue por añadidura.
    ¿Eran las mismas palmas las del Domingo aquel?
    En el Huerto de Olivos toda España
    sudaba sangre
    y era un zarzal de espinas,
    un foso, una cisterna, un muladar,
    un túmulo de altares profanados,
    un mar muerto de asfalto
    rodeado de hachones como espadas flamígeras.
    .
    Salido apenas de la adolescencia
    más de uno, para todos la vida
    no era más que un tránsito,
    de ahí que perdonárais con júbilo
    a quien os lo abreviaba sin saber lo que hacía
    cuando entre culatazos y blasfemias
    os empujaba hacia la eternidad,
    cuando a cada descarga se os abrían las nubes
    contra el sol en espléndidos rompimientos de gloria.

    Aquilino Duque

    Viñamarina

  19. #19
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    Re: Mártires de ayer, ejemplo de mañana

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Los 522 mártires beatificados en Tarragona, explicados en 11 cifras.



    1) 522 mártires beatificados el 13 de octubre de 2013 en Tarragona.

    2) Con ellos, ya son 1.523 los mártires del siglo XX en España

    3) 11 mártires del siglo XX en España ya han sido ya canonizados.

    4) La edad media de los nuevos beatos es de 43,6 años.

    5) 131 tenían 30 años o menos en el momento del martirio. El más joven tenía 18 años recién cumplidos, el carmelita José Sánchez Rodríguez, y la más anciana, con 86 años, es la Sierva de María Sor Aurora López González.

    6) La Causa más numerosa es la de Tarragona, con 147 mártires, encabezada por el obispo auxiliar Manuel Borrás. También por lugar de nacimiento, la diócesis de Tarragona es la más numerosa con 75 mártires, seguida de Burgos con 68.

    7) 7 de los nuevos beatos murieron en tierra extranjera: 3 franceses, 1 cubano, 1 colombiano, 1 filipino y 1 portugués.

    8) Su situación eclesial era diversa: 88 diocesanos (3 obispos, 82 sacerdotes y 3 seminaristas); 15 Hermanos Sacerdotes Operarios Diocesanos; 412 consagrados.

    9) 7 de los nuevos beatos eran laicos.

    10) Unas 25.000 personas confirmaron su asistencia a los actos de la beatificación del 13 de octubre, presidida por el cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y Representante del Papa para la Beatificación del Año de la Fe.

    11) Asisten 104 obispos, entre ellos 8 cardenales (79 obispos españoles y 25 extranjeros); 1.386 sacerdotes; 2.720 religiosos; 3.947 familiares de los mártires y numerosas autoridades civiles.


    Comunidad de Pueblos Hispánicos

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