De cara al feriado religioso protestante: "Lutero no y no"

Quedan días para que se celebre el feriado protestante, el 31 de octubre. Chile, país católico, hará honor a la fecha en que el hereje Lutero publicara sus tesis en las puertas de una iglesia.

En el diario La Folha de Sao Paulo, el Profesor Plinio Correa de Oliveira, publicó un artículo famoso al respecto de las blasfemias de Lutero y la posición ambigua de la Iglesia Católica a su respecto. Lo publicamos ahora porque encontramos en esta nota una visión aguda y una posición católica, fiel al Magisterio Tradicional de la Iglesia y al Papado.

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Lutero: no y no

Fohla de Sao Paulo - 27/12/83 (la traducción es nuestra)

" Cristo – dice Lutero – cometió adulterio por primer vez con la mujer de la fuente, de que nos habla Juan. Eso se murmuraba en torno a él: " ¿Qué hizo, después, con ella?". Más adelante con Magdalena, después que con la mujer adultera, que absolvió tan livianamente. Así, Cristo, tan piadoso, también fornicó, antes de morir "

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Tuve el honor de ser, en 1974, el primer signatario dentro de un manifiesto publicado en los principales diarios de Brasil y reproducidos en casi todas las naciones en donde existían entonces once TFPs. Su título: "La política de distensión del Vaticano con los gobiernos comunistas. Para la TFP: ¿abstenerse? ¿O resistir?"

En él, las entidades declaraban su respetuoso desacuerdo de cara a "Ostpolitik” conducido por Pablo VI y expugnaban pormenorizadamente sus razones para ello. Todo, dicho de paso, expresado de manera tan ortodoxa que nadie suscitó a propósito cualquier objeción.

Para resumir en una frase, al mismo tiempo toda su veneración al Papado y la firmeza con la cual declaraban su resistencia a la "Ostpolitik Vaticana", la TFPs dijeron al Pontífice: "Nuestra alma es suya, nuestra vida es suya. Pídanos lo qué desee. Solamente no nos pida que crucemos los brazos ante el lobo rojo que embiste. A esto nuestra conciencia se opone".

Recordé esta frase con especial tristeza, leyendo una carta escrita por JPII al cardenal de Willebrands (Osservatore Romano 6-11-83), a propósito del quingentésimo aniversario del nacimiento de Martín Lutero, y firmada en el día 31 de octubre p.p., fecha del primer acto de la rebelión de la herejía, en la iglesia del castillo de Wittenberg. Está ella marcada de tanta benevolencia y amenidad, de que me pregunté si el destinatario se olvida de las blasfemias terribles que los apóstatas lanzaran contra Dios, Cristo Jesús Hijo de Dios, o el Santísimo Sacramento, la Virgen María o el propio Papado.

Lo cierto es que él no las ignora, pues están al alcance de cualquier católico culto, en libros del buen quilate, que todavía no son hoy difíciles de conseguir.

Tengo en la mente dos de ellos. Uno, nacional uno, es "La iglesia, la Reforma y la Civilización ", del gran jesuita Pe. Leonel Franca. Sobre el libro y el autor, el silencio eclesiástico oficial va a bajar el polvo. El otro libro de los más conocidos historiadores franceses de este siglo, de Funk-Brentano, miembro del instituto de Francia, y a propósito se sospecha protestante.

Comencemos por citar los textos de la obra de este último: "Lutero " (Grasset, París, 1934, 7ª ed., 352 pp). Vamos directamente a esta blasfemia sin nombre: " Cristo – dice Lutero – cometió adulterio por primer vez con la mujer de la fuente, de que nos habla Juan. Eso se murmuraba en torno a él: " ¿Qué hizo, después, con ella?". Más adelante con Magdalena, después que con la mujer adultera, que absolvió tan livianamente. Así, Cristo, tan piadoso, también fornicó, antes de morir " (Propos de table ", del nº 1472, del ed. de Weimar 2107 - cfr. op. cit.pag 235).

Leído esto, no nos sorprende que Lutero piense - como señala Funck-Brentano - que "ciertamente Dios es grande y poderoso, bueno y misericordioso (...) y estúpido. "Deus est stultissimus". Es un tirano. Moisés actuaba movido para su voluntad, como su lugarteniente, como verdugo que nadie sobrepasara o incluso igualara en asustar, espantar y martirizar a las personas del pobre mundo". (op. cit. pag 30).

Está escrito en tal coherencia con esta otra blasfemia, que la cara del Dios verdadero responsable de la traición de Judas y la rebelión de Adán: " Lutero - comenta Funck-Brentano - llega para declarar que Judas, cuando traen a Cristo, actuaba bajo decisión imperiosa del Todopoderoso. Su voluntad (de Judas) fue dirigida para Dios; Dios movido con su omnipotencia. Adán apropiado, en el paraíso terrestre, era movido a actuar como lo hizo. De tal modo fue colocado por Dios en una situación que era imposible no caer ". (op. cit. 246)

Coherente en esta secuencia abominable, un folleto de Lutero titulado "Contra el pontificado romano establecido por el diablo", de 1545, llamaba al papa, " Santísimo", según costumbre, pero "infernalísimo", y agregaba que el Papado se reveló siempre sediento de sangre.

No asusta que, movido por tales ideales, Lutero escribió a Melanchton, a propósito de las persecuciones sangrientas de Enrique VIII contra los católicos en Inglaterra: "Es lícito encolerizarse cuando se sabe que esta especie de traidores, ladrones y asesinos son papas, son cardenales y legados. Prubese a Dios que varios reyes de Inglaterra se empeñarán en acabar con ellos" (op. cit. p. 254)

Por eso mismo exclamó el también: "¡Basta de palabras: el hierro! ¡El fuego!" y agrega: "Castigamos a los ladrones con la espada, porqué no agarrar al papa, a los cardenales y a toda la cuadrilla de la Sodoma romana y lavar las manos en su sangre " (op.cit.p.104).

Este odio de Lutero lo acompañó hasta el final de su vida. Afirma Funck-Brentano: "Su ultimo sermón público, en Wittenberg el 17 de enero de 1546: fue el último grito de maldición contra el Papa, el sacrificio de la misa, y el culto a la Virgen" (op.cit. p. 340)

No asusta que los grandes perseguidores de la Iglesia hayan festejado la memoria de él. Así "Hitler ordeno proclamar fiesta nacional en Alemania la fecha conmemorativa del 31 de octubre de 1517, cuando el rebelde agustino colocó en las puertas de la iglesia del castillo de Wittenberg las 95 famosas proposiciones contra la supremacía y las doctrinas pontificias" (op. cit. p. 272).

Con rencor de todo el ateísmo oficial del régimen comunista, el Dr. Erich Honnecker, presidente del consejo del estado y del consejo de la defensa, el primer hombre de la República Democrática Alemana, aceptó a la jefa del comité que, en plena Alemania comunista, organizara las conmemoraciones de Lutero en este año (cf. "German Comments", de Osnabrück, de Alemania Occidental, abril de 1983).

Que el religioso apóstata haya despertado tales sentimientos en líder nazista, como más recientemente en un líder comunista, no puede ser más natural.

Nada más desconcertante y vertiginoso, que lo ocurrido en la reciente conmemoración del quingentésimo aniversario del nacimiento de Lutero en un escuálido templo protestante de Roma, en el día 11 del presente.

De este acto festivo, de amor y admiración a la memoria del hereje, participó el prelado que el cónclave de 1978 eligió Papa. ¡Y al cual cabría, por lo tanto, la misión de defender, contra herejías y herejes, los nombres de los santos de Dios y Cristo Jesús, la Santa Misa, la Sagrada Eucaristía y el Papado!

“Vertiginoso, sorprendido" - gimió, a tal propósito, mi corazón de católico. Eso que, sin embargo, con esto redobló la fe y veneración por el Papado.