Abro este post para poner la biografía del último héroe andaluz y español, y uno de los más olvidados, don Bernardo de Gálvez. Ya que no he visto nada por aquí referente a él, que por cierto es paisano mío, de mi pueblo. Ahí va:
Bernardo de Gálvez y Madrid
La historia de España en América fue en gran parte forjada por hombres intrépidos. Esta pagina está dedicada al que probablemente fue el último de ellos: Bernardo de Gálvez y Madrid. Bernardo de Gálvez, de los Gálvez de Macharaviaya, ha representado para la Historia de España una figura clave durante la época bélica vivida en el continente americano del s. XVIII.
En las batallas que se han podido vivir a lo largo de la historia, el estado moral de las tropas es algo que a menudo denota el éxito final. Gálvez supo mostrar esta moral superior para hacer frente al enemigo y transmitirla al ejército y, en sus contiendas, dio ejemplo de honor y solidaridad ante sus soldados, luchando siempre a su lado. Su estrategia y táctica militares, guiada de la buena suerte, se manifiestan con el éxito final de cada una de ellas. Si la finalidad de una batalla es cumplir con el objetivo, Gálvez lo cumplió literalmente.
ORÍGENES Y PRIMEROS AÑOS
Bernardo de Gálvez y Madrid nació el 25 de julio de 1746 en Macharaviaya, municipio de Málaga situado en la comarca de la Axarquía. Fue el hijo mayor del matrimonio formado por Matías de Gálvez y Gallardo, vizconde de Galveston y virrey de Nueva España, y de su esposa, María Teresa de Madrid. Su nombre original es Bernardo Vicente Apolinar.
El contexto familiar en que se educó denota cuál sería su vocación desde un principio: su padre provenía de la rama militar y esta influencia pronto se hizo notar. Muy joven, ingresa como cadete en la Academia Militar de Ávila, y, en 1762, cuando sólo cuenta 16 años de edad, se presenta como voluntario a combatir en la llamada Guerra de los Siete Años que, desde 1756, venían sosteniendo Francia e Inglaterra y a la que España se vio arrastrada como consecuencia del Tercer Pacto de Familia que Carlos III se vio obligado a firmar, en 1761, con Luis XV de Francia a fin combatir los agravios que los ingleses infligían sistemáticamente a las colonias españolas de América, a su marina y a su comercio trasatlántico. El joven Gálvez interviene en la contienda que tenía como finalidad atacar a Portugal, aliado de Inglaterra.
A pesar de la colaboración hispana, no pudo evitarse el descalabro final para la alianza franco-española. El Tratado de París (1763) pone fin a las hostilidades, con clara desventaja para los intereses de España. No obstante el desastre militar, Bernardo de Gálvez asciende, por su bravo comportamiento en el campo de batalla, al grado de teniente de Infantería.
TRASLADO AL VIRREINATO DE NUEVA ESPAÑA
Ya con el grado de capitán, en 1765 es trasladado a México, capital del Virreinato de Nueva España, donde, aliado con los indios mexicanos ópatas, lucha contra los apaches de Arizona, que continuamente estaban rebelándose y cometían todo tipo de tropelías. Aunque logra pacificar este lado de la frontera norte con notable éxito, fue herido seriamente en varias ocasiones. En 1770, Gálvez es nombrado comandante de Armas de la provincia de Nueva Vizcaya.
En 1772 regresa a la metrópoli y es destinado a Pau, al suroeste de Francia, con el Regimiento de Cantabria. Allí aprende a hablar francés, cuyo conocimiento le sería de gran utilidad en su destino de Luisiana.
Destinado al Regimiento de Infantería de Sevilla en 1775, Gálvez participa en la desastrosa expedición a Argel que comandó el general Alejandro O´Reilly, en la que, durante el desembarco y la conquista del fuerte que defendía la ciudad, resulta herido de gravedad. Sin embargo, gracias a su tenacidad en hacer cumplir las órdenes de sus superiores y a su gallardía al no separarse de sus hombres hasta haber logrado su objetivo, es ascendido al empleo de teniente coronel. En tanto se recupera de las heridas, es destinado como profesor a la Academia Militar de Ávila.
GÁLVEZ, GOBERNADOR DE LUISIANA
En 1776 asciende al empleo de coronel y es designado gobernador interino de Luisiana, desde 1763 colonia española por cesión de Francia en compensación por la entrega de La Florida a Inglaterra. Con su llegada a Luisiana, Gálvez inicia la etapa más brillante de su vida, dando elocuentes testimonios de su gran habilidad como político y de su prudencia como diplomático, al par que de gran estratega y heroico soldado. Con singular talento, desarrolla una política antibritánica en apoyo de los colonos americanos que se habían levantado en armas por su independencia, persigue el contrabando inglés y favorece el comercio con Francia. La eficiencia en el desempeño de su cargo le merece ser promovido al empleo de general.
Bernardo de Gálvez contrae matrimonio, en 1777, con doña María Feliciana Saint-Maxent, joven viuda criolla de ascendencia francesa nacida en Nueva Orleáns, con la que tuvo tres hijos, Miguel, Matilde y Guadalupe, esta última hija póstuma. Su mujer ya tenía una hija de su matrimonio anterior, Adelaide, a la que Bernardo siempre estimó como propia.
En 1778 funda la ciudad de Gálveztown (la actual Galveston) en la isla que hay en la bahía del mismo nombre, en el golfo de México.
GÁLVEZ Y LA INDEPENDENCIA DE E.E.U.U.
Cuando las trece colonias que Inglaterra tenía en América del Norte se sublevan y emprenden una guerra (de 1775 a 1783) contra la metrópoli para conseguir su independencia, Francia y España, en desagravio por la humillación que les impuso Inglaterra en el Tratado de París, ayudan con armas y dinero a los insurrectos. Francia reconoce la independencia de los Estados Unidos y firma con el nuevo país un tratado de amistad y colaboración. Como consecuencia, Inglaterra declara la guerra a Francia, a la que se une España en 1779, renovándose el Pacto de Familia.
Rotas las hostilidades ese mismo año, Bernardo de Gálvez arrebata sucesivamente a los ingleses los fuertes de Manchack, Baton-Rouge, Paumure de Natchez, Thompson y Smith. En 1780, parte de Cuba y se dirige a Fort Charlotte y Movila (en la actualidad, Mobile), plazas estratégicamente situadas en la rivera de la bahía del mismo nombre, que logra rendir tras un sitio de tres semanas, durante el cual estuvo a punto de caer prisionero a manos del general John Campbell, defensor de los enclaves. Estas victorias le valieron el ascenso a mariscal de campo. Y para sus soldados, Gálvez no era ya un héroe, sino todo un mito.
Como consecuencia de esta serie de conquistas, la cuenca baja del río Mississipi queda libre del peligro que suponía en esta zona la presencia de fuerzas inglesas contra Nueva Orleáns, capital de Luisiana y, a la vez, su puerto más importante.
TOMA DEL PUERTO DE PANZACOLA
Sin embargo, la verdadera gloria le esperaba en el asedio y toma de Panzacola (hoy, Pensacola). Panzacola estaba bien defendida por su capitán general Peter Chester y el general John Campbell, ahora segundo en el mando de esta plaza. A pesar de que el objetivo se consideraba inviable por casi toda la oficialidad española a causa del poco calado de su bahía, que impedía entrar en ella con grandes barcos, Gálvez se decide por atacar esa plaza, cuya toma era considerada de extrema importancia para el decurso de la guerra. Se dirige con su escuadra a la isla de Santa Rosa, a la entrada de la bahía de Panzacola, donde desembarca aprovechando la oscuridad de la noche el 28 de febrero de 1781 y realiza un intento de penetrar en la bahía, que resulta fallido. Los oficiales marinos a su mando le advierten del peligro de la misión y le requieren el conocimiento de ciertos detalles técnicos, como el calado, tiempo de las mareas y otros, antes de emprender un segundo intento. Pero Gálvez resuelve que el ataque no puede demorarse y, al frente del bergantín Gálveztown, seguido de dos cañoneras y una balandra, hace frente al fuego de la artillería enemiga, rompe las defensas inglesas bajo el mando de Campbell, penetra en la bahía de Panzacola y, tras rendir Fort George, se apodera de la plaza. La batalla dejó un saldo de 74 muertos y 105 heridos en la parte española y de 105 muertos, 382 heridos y 2.213 prisioneros en la parte inglesa, entre los que se encontraban los generales Chester y Campbell, a quienes Gálvez permitió irse en libertad según el pacto de rendición. Se adueñó, además, de 153 piezas de artillería, armas y pertrechos de todas clases.
Tomando como bases las plazas de Panzacola y Movila, recupera para España las dos Floridas, lo que conllevó para los ingleses la enorme pérdida de sus fortalezas en el Golfo de México, con la única excepción de Jamaica.
El 19 de octubre de 1781, el ejército sedicioso vencía definitivamente en Yorktown a las tropas británicas. La guerra había terminado y nacía un nuevo país. En el desfile de la victoria, un orgulloso Bernardo de Gálvez cabalgaba a la derecha de George Washintong. Estados Unidos reconocía así la importancia que los españoles habían prestado a su forja como nación.
La Paz de Versalles, firmada en septiembre de 1783 entre Gran Bretaña, Estados Unidos, España y Francia, puso oficialmente fin a la guerra, y supuso para España el reconocimiento de su soberanía sobre La Florida, perdida en 1763. En general, los logros alcanzados pueden juzgarse como favorables para España y, en menor medida, para Francia. A pesar del elevado coste bélico y las pérdidas ocasionadas por la casi paralización del comercio con América, un pesado lastre gravitaría sobre la posterior situación económica española.
Esta brillante actuación le vale el ascenso a teniente general, la condecoración de la Enmienda de Bolaños de la Orden Militar de Calatrava y la concesión por Carlos III de los títulos de vizconde de Gálveztown y conde de Gálvez. Y para perpetuar su hazaña de entrar él solo con su barco en la bahía de Pensacola, el rey añadió a su escudo de armas el bergantín Galveston con él a bordo y como cimera del mismo la leyenda “Yo solo”.
GÁLVEZ, VIRREY DE NUEVA ESPAÑA
Ese mismo año de 1783, Bernardo de Gálvez vuelve a la Península, pero al año siguiente regresa de nuevo como gobernador de la Capitanía General de Cuba. Al poco tiempo de estar en La Habana, fallece su padre, a la sazón virrey de Nueva España, y Bernardo es promovido al cargo de virrey, del que toma posesión en 1785.
Durante su mandato como virrey, Bernardo de Gálvez reanuda las obras del Palacio de Chapultepec de México, comienza el alumbrado público de las principales calles de esa capital, comienza la construcción de las torres de su catedral y continúa las obras del camino a Acapulco. Como corresponde a un hijo de la Ilustración, cabe destacar su apoyo a las Ciencias y el patrocinio la expedición de Martín Sessé y Lacaste, uno de los botánicos que se trasladaron a Nueva España durante el siglo XVIII para estudiar y clasificar la flora del territorio. También apoyó los proyectos de Vicente Cervantes, que llevó a España un completísimo catálogo de diversas especies de plantas, peces y aves.
LA TEMPRANA MUERTE DE BERNARDO DE GÁLVEZ
De un carácter típico de los hombre del Sur de España, Bernardo de Gálvez era de trato sencillo, amable, dicharachero y franco. Se dice de él que solía presentarse en público en una carretela de dos caballos, descubierta, que muchas veces él mismo conducía, y gustaba de asistir a las corridas de toros y a romerías y fiestas públicas, donde siempre era recibido con alegría y entre aplausos.
Cuando hubo heladas y hambre, de su propio dinero y de otro que obtuvo prestado compró maíz y frijol para dar a los necesitados. Emprendió una seire de obras públicas para dar trabajo a la gente y se ocupó de intensificar las labores en los campos para aumentar la producción y evitar la escasez de maíz y frijol. Esta actitud suya lo hizo muy popular entre las gentes. Nueva España estaba muy satisfecha con su virrey y así lo supo el ministro Floridablanca, quien lo felicitó.
Pero también le mereció no pocas críticas de parte de la Audiencia, que consideraba su actitud poco formal, al tiempo que poco común entre los gobernantes, lo que hubo de suscitar entre sus miembros la suspicacia de que esa popularidad era sospechosa, pudiendo encubrir un alzamiento de Nueva España contra la metrópoli. La Corte reprendió al virrey severamente, lo que hizo que se convirtiera en un ser melancólico y huraño.
Bernardo de Gálvez empezó a sentirse enfermo, dejó de salir y estuvo en cama. Una enfermedad nerviosa, probablemente de origen hereditario, lo llevó a la tumba el día 30 de noviembre de 1786 a la temprana edad de 40 años. Murió en el palacio arzobispal de Tacubaya México. Su cuerpo fue sepultado junto al de su padre en la iglesia de San Fernando de Ciudad de México.
Fuente: http://www.gibralfaro.uma.es/mapersonajes/pag_1392.htm
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