Ondárroa, 27 diciembre 2012 festividad de San Juan, apóstol y evangelista; en la octava de Navidad. Se cumple hoy el 34º aniversario del asesinato a manos de ETA de José María Arrizabalaga Arcocha, requeté, caballero legionario paracaidista, Jefe de las Juventudes Tradicionalistas de Vizcaya. Nuestra correligionaria ondarresa Pilar Badiola Aldarondo, ha autorizado gentilmente a FARO a reproducir estos recuerdos suyos de aquellos días aciagos.
23 de diciembre, hace treinta y cuatro años. Arribó el barco con avería. Pesaba las cajas de pescado que las mujeres me traían. Se me acercó Jose Mari. "Ene! ¿Dónde andas?" Me contestó: "Necesito unos besugos para regalar a mi médico". "Eso está hecho", le respondí. "Vete a dar una vuelta y te elijo lo mejor". Así lo hizo y se llevó sus besugos después de felicitarnos las Pascuas.El sábado 29 de diciembre de 2012, a las 19:00, en la Iglesia Parroquial de Santa María de Ondárroa (Señorío de Vizcaya), se celebrará, D.m., una misa por el eterno descanso de José María Arrizabalaga Arcocha, en el XXXIV aniversario de su asesinato por los separatistas y marxistas de ETA. Ante Dios nunca serás héroe anónimo.
Le volví a ver el día 25, la Natividad, que vino a casa de mi hermana a tomar café.
Subí a casa de mi hermana después de comer a tomar café, abrimos la ventana y vimos a la familia Arrizabalaga, que bajaban hacia la cafetería a echar una partida de mus y tomar un café. Es costumbre en Vascongadas. Acompañaba José Mari a su padre y hermano, lo veo venir con su traje gris príncipe de gales, sus gemelos de oro (que su hermana regaló a mi sobrino Simón, como recuerdo después de su muerte), zapatos negros brillantes, ¡impecable! Nos hace una seña como que vuelve enseguida a charlar un rato con nosotras. Así lo hizo, tomamos café y hablamos de las cosas de siempre, de los asesinatos que eran constantes y de la situación de España. No pudimos pensar entonces la que se avecinaba. Fue la última vez que le vi vivo.
Tal día como hoy, hace treinta y cuatro años, 27 de diciembre de 1978. El tiempo era bueno, viento sur, hacía calor. Tenía las ventanas de casa abiertas. Vivíamos mirando al mar. Suena el teléfono, es mi madre, me dice que comprueve la entrada del barco "Valle de Atxondo". Entra en puerto de arribada, mal tiempo... Cojo el "pitirlo" (seiscientos) y me dirijo a la lonja a echar un vistazo. Hay poca pesca. Mi padre y Rogelio estan allí. De repente, veo a mi prima que corre hacia mí. "Mala noticia, Pilar. ¡Han matado a José Mari!" "¡No! ¡No puede ser!", le dije; mi prima baja la cabeza. Los ojos se me llenan de lágrimas. Mi padre me dice: "Llévame a casa, Pilar". Corro por todo el pueblo, no sé cómo pude conducir. Aparco el coche, recojo a mi hermana y bajamos la calle Primo de Rivera hasta la Biblioteca, cuatrocientos metros de agonía. A la entrada está la Guardia Civil, nos reconoce y nos deja pasar. Subimos, no hay nadie, solo el cuerpo de José Mari en el suelo en un gran charco de sangre cerca de su mesa de despacho, papeles y documentación esparcidos en el suelo. Imagen dantesca. En un primer momento nos derrumbamos, mi hermana tiene más fortaleza; me meto entre los libros sin parar de llorar. Llega María Alberta, una conocida, y Mª Dolores le pide traiga unas toallas para lavarle la cara y las manos ensangrentadas. Llega también un primo suyo y el sacerdote. Comienza los rezos, no podíamos articular palabra, apenas contestar. Entran el capitán de la Guardia Civil y el Juez, Mª Dolores habla con ellos. Por la noche fuimos a su casa a velar el cadáver; mi madre reza el rosario.
Al día siguiente, extraoficialmente, supimos que se iba a cerrar la entrada del pueblo a partir de las tres de la tarde por orden del Ministerio del Interior. Avisamos a Victori, amiga de Bilbao, para que trajese su preciosa bandera nacional de seda, con la Inmaculada pintada, para cubrir el féretro. Lo van a llevar caminando hasta la iglesia. En el camposanto se canta el Oriamendi. Al Jaune, Don Sixto Enrique de Borbón, lo retienen a la entrada, no lo dejan pasar hasta después del funeral y entierro. Subiendo hacia su casa, se encuentra con mi madre, que lo abraza, y Simón, éste lo acompaña. Don Sixto Enrique hace entrega a don Miguel Arrizabalaga, su padre, de la Gran Cruz de la Orden de la Legitimidad Proscrita, que ha otorgado a José Mari a título póstumo. Estamos todos rotos de dolor. Recordé lo que tantas veces me dijo: "Recuerda, Pilar, lo que hay que poner en mi lápida: Aquí yace José María Arrizabalaga Arcocha, Requeté, Caballero Legionario Paracaidista. Vilmente asesinado, por Dios y por España". Cumplí mi promesa. D.P.F.R.
Mi madre, Sotera Aldarondo escrbió estos bertsos a José Mari:
AU GERTA DA ONDARROAN, ZER EZAN GEIKE ERRI ONTAN? MILLA BEDERATZIEGUN TA IRUROGEITA AMASORTZIAN,ILKETA BAT EGIN DUELA, ETXE KULTURA BATEAN.
ABENDUAREN OGEITA ZASPI, ARRATZALDEKO SEIDETAN, MUTIL GAZTE BAT OGEITA ZASPI URTEKIN, IL DUTE TIROKA BERTAN.
ARRIZABALAGA TAR JOSE MARI, MUTIL BIKAÑA, ONA, ZINTZOA, JAUNGOIKOA'REKIN BIZI ZANA, BERE PENTZAKERA KARLISMOA, ELEIZ TARRA, TA LAU ALDETIK EUSKALDUNA; BAÑA ZURETZAKO, ZEGOAN GORROTOA, GORROTO AU ZAN NAITAZUNA ZENDUELAKO JAUNGOIKO'ARENTZAT TA ESPAÑAREN ALDE, ORREGAITIK GOGORATUTA EDUKEN ERRI TA ERBEZTEKOAK BUKATU EGIN BEAR ZALA, ZURE GAZTE BIZIA.
ZURE BIHOTZA NOLA ZEGUAN TIROAK BA BERTAN ARTZEN? ERIOTZA EMAN ZENDUAN, JAUNGOIKO'AREN PENTZATZEN.
ODOLA PRANCO BIHOTZETIKAN, EGON ZIÑAN BA BOTATZEN, TXARKO GAÑERA ZURE GORPUTZA, EGON ZAN BERANTZ IRAZITZEN.
JOSE MARI, ERROSARIUA ZENDUAN BOLTZILLOAN, ETA'KOAK AURREAN ARMAREKIN, AU IKUSTEN DEGU GURE ARTEAN, GURE EUSKALERRIAN.
JOSE MARI, ZU OR ZAGOZ ZERUAN, JAUNGOIKO'AREN PAKEAN, GU EMEN LURREAN, ETZAIEN ARTEAN, BAÑA ZU, BETI BIZIKO ZARA GURE BIHOTZETAN.
JAUNGOIKO'AREN AURREAN EZ ZARA EROI DESEZAGUNA IZANGO.
GORA KRISTO GURE ERREGEA!
Agencia FARO
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