Sesión juvenil II: España y la unidad católica
Este viernes 15 de Noviembre, el Círculo Hispalense continua las sesiones formativas juveniles, en esta ocasión con el título: “España y la unidad católica
El aforo es limitado, luego quien esté interesado debe escribir un correo a la dirección: circulohispalense@gmail.com
Esperando contar con tu presencia y difusión
Junta del Círculo Hispalense
¡Viva Cristo Rey!
A continuación adjuntamos los textos que serán la base de estudio de dicha sesión:
Textos Sesión juvenil II: Las Españas y la unidad católica
EL CATOLICISMO EN NUESTRA HISTORIA
Ese vínculo que une nuestra vida con la vida de la Patria nos obliga a mucho. A lo primero que nos obliga es a conocerla, y no se puede amar lo que se ignora. De aquí voy a deducir una consecuencia: que si es necesario conocer a la nación para amarla, hay que conocer su vida íntima, hay que conocer la directriz de su historia, el principio vital que ha informado su ser y todas las manifestaciones de su genio, y para conocer eso, cuando se trata de España, hay que conocer la Religión Católica. Pero ¿es verdad que la Religión Católica constituye el elemento predominante y directivo de la Patria y de la nación española? Para negarlo, a fin de eludir la consecuencia de la enseñanza religiosa obligatoria, hay que negar su historia, es decir, negar a España, no tengo más que trazar ante vosotros las líneas más grandes y más generales de esa historia para demostraros que la Religión Católica es la inspiradora de España, la informadora de toda su vida, la que le ha dado el ser, y que sin ella no hay alma, ni carácter, ni espíritu nacional.
Salimos de la unidad externa y poderosa de Roma, que tendió su mano por España, cerca de seis siglos, pero ni con su inmensa red administrativa y militar, ni con la transfusión de su lengua y de su derecho, no con terribles hecatombes que dejaron pavesas y escombros en lo lugares que fueron ciudades heroicas, pudo salvar las diferencias de las razas iberoceltas y de las colonizadoras fenicias y helénicas, que, apoyadas en la diversidad geográfica, latían bajo su yugo, recibiendo su poderosa influencia, pero también devolviéndola y comunicándola en la literatura y en el Imperio. Fué necesaria una unidad más fuerte y más íntima que llegase hasta las conciencias y aunase en un dogma, en una moral y en un culto de almas, y las iluminase con la palabra de los Apóstoles, y las ungiese con sangre de mártires, y las limpiase de la ley pagana en los circos y en los concilios, estrechándolas con una solidaridad interna, que, por ministerio de la Iglesia y del tiempo, se convertirá en alma colectiva. Por eso, cuando el caudillaje militar de los bárbaros se repartió los girones de la púrpura imperial sobre el cadáver de Roma, la Iglesia se interpuso entre el godo, arriano y rudo, y el hispanorromano, católico y culto, y venció a los vencedores, infundiéndoles la fe y el saber de los vencidos. […].
Y en las contiendas de los siglos XIX y XX, ¿no es verdad que todo gira alrededor de la Cruz? Nuestras luchas civiles, nuestras contiendas políticas, o por afirmaciones o por negaciones, todas se refieren a la Iglesia; y nuestros enemigos de hoy mismo, si se suprimiera el Catolicismo en España, se quedarían asombrados, se quedarían absortos mirándose unos a otros, al encontrarse sin programa. El grado de odio y de opresión a la Iglesia, lo que se ha de cercenar de sus derechos, lo que se han de limitar sus facultades, ese es el programa de los que se llaman anticlericales, de modo que aún como negaciones viven en esa afirmación soberana, que es el soporte espiritual de la Patria.
LA FE Y NUESTRO ESPÍRITU PROFUNDO
Avanzad más y observad en el orden religioso nuestra tradición y la manera como se manifiestan las creencias en la psicología nacional. Aquí no ha habido ni una sola herejía filosófica o teológica que pueda llamarse indígena; todas han venido de fuera, y todas han muerto rápidamente, sin necesidad de que las matase el poder, como ahogadas en nuestra atmósfera. El carácter español fecundado en la Iglesia y hasta por condiciones nativas especiales, que ella ha sabido desarrollar en el espíritu de nuestra raza, no admite creencias opuestas a la creencia católica: todas parecen y se agostan aquí antes de que puedan arraigar. […].
Y nosotros -que tenemos esa tradición teológica y una tradición filosófica paralela y tan homogénea que los mismos pensadores independientes como Lulio y Sabunde, o los renacientes como Vives, son a un tiempo filósofos y apologistas, que no ceden en fe a los escolásticos- poseemos un arte que responde enteramente a ese principio y a ese sentido religioso.
Extractos del libro Textos de doctrina política. Estudio preliminar, selección y notas de Rafael Gambra, de Juan Vázquez de Mella y Fanjul, Madrid, 1953.

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