Tenía dudas sobre el tema del presente artículo pero todas mis dudas se han disipado después de leer el clarividente artículo de José Antonio Ullate en estas mismas páginas.
Tiene toda la razón. No nos vale cualquier España. A estas alturas de nuestra historia parece que hay que justificar España como si la Hispania dos veces milenaria, presente como sujeto histórico en todas las grandes gestas de Occidente, no bastara. Tras la abracadabrante idea izquierdista del "patriotismo constitucional", resucitada por Aznar y tomada en préstamo a la escuela de Frankfurt, parece que sólo nos queda la idea de España como "espacio de convivencia". En definitiva, un nuevo engendro parido en los cuchitriles ideológicos del liberalismo, ese mismo liberalismo que algunos pretenden hibridar sin base con el pensamiento conservador, para justificar en nombre de Dios la guerra de Irak, la deslocalización económica al sudeste asiático, el pingüe negocio de la multinacional de turno y cuatro regularizaciones de cientos de miles de inmigrantes, que echan sangre barata al molino del capitalismo.
Los obispos han lanzado la idea de que España es un "bien moral". La frase retoma un contenido actualísimo del ser de España y lo lanza a la arena sin contemplaciones. Además, tiene la ventaja de que dota a España de un contenido. Como dice Javier Ruiz Portella, España no es una cáscara (Ediciones Áltera, 2000) y, efectivamente, frente a la traición del Rey de Francia que se aliaba con los turcos, frente a la ruptura de la cristiandad por un fraile obcecado, frente al abandono del espíritu durante siglos de racionalismo, frente al terror y el crimen desatado en nombre de la libertad y la igualdad, frente al Gulag y frente a la concepción económica de la vida humana, España ha mantenido su esencia, su razón última y su motivo de existir ante la Historia, como un combate secular contra el vaciamiento del hombre, contra todas las fuerzas que di-vierten la vida de su verdadero camino.
Ahora parece que España ha nacido con la Constitución del 78. "Donosa majadería", que decía Sancho Panza. España tiene de sobra un motivo de ser y sólo hay que retomarlo. Quienes tienen que dar cuenta de su felonía son esa colección de analfabetos políticos e históricos que van diciendo por ahí que está clarísimo que Cataluña es una nación. Desde Carmen Chacón hasta Josep Bargalló y el mismísimo Rodríguez Zapatero, toda una generación de políticos mediocres, ignorantes e intelectualmente podridos conspira contra España en nombre del "diálogo" y la "tolerancia", como si el diálogo y la tolerancia fueran valores en sí. Atacan a todos aquellos que denuncian su crimen dando vigencia a las palabras de Eduardo Marquina -"por disimular lo que es se asombra de lo que soy"- y entierran toda discusión racional en un mar de sofismas, bobadas, medias verdades y corruptelas.
El 5 de noviembre hay una manifestación "por la unidad de España" que ha excluido deliberadamente a "los fascistas". Me alegro de ello si lo que se pretende es zafarse del abrazo mortal de una extrema derecha que ha hecho realidad todas las caricaturas imaginadas por sus enemigos. En cambio, los organizadores ignoran que por el mero hecho de defender la unidad de España son ya los "fascistas" de alguien. Tal es el grado de corrupción de las conciencias.
Nada de esto debe importar. Pero sí debemos conseguir que cale en nuestro pueblo la conciencia de lo que España representa. Y si para ello hay que ir más allá de la "nación de naciones", del "patriotismo constitucional", de la "nación cívica", del "espacio de derechos" y de tantos narcóticos que derechas e izquierdas nos han suministrado, llegaremos a la conclusión de que nada de lo que hay nos sirve para devolver a España su papel ante la Historia.
Eduardo Arroyo
http://www.elsemanaldigital.com/arts/40554.asp
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