El Ministro de Trabajo y Asuntos Sociales ha anunciado que su departamento va a dedicar todo el año 2006 a estudiar un gigantesco proyecto a nivel social para dar prestaciones a las personas impedidas bajo el auspicio de la llamada “ley de dependencia”.
Fundamentalmente será una red de residencias para la tercera edad, setenta por ciento estatal y el resto de colaboraciones privadas. Dice que ese ámbito es uno de los pilares del bienestar. Sin entrar en el fondo de la cuestión comentaremos la forma. En principio, y mientras no se demuestre lo contrario, todos los colosalismos nos inspiran recelos a los tradicionalistas porque acaban siendo, cuando no inicialmente, instrumentos de estatalismos o totalitarismos.

Aunque con dos atenuantes posibles pero no constantes; uno, la carencia o insuficiencia de iniciativa privada; otro, la convocatoria o aceptación aunque sea a regañadientes y con carácter provisional de esa misma iniciativa privada. Estos dos atenuantes, cuando se dan, disimulan la violación esencial por parte del Estado del Principio de Subsidiariedad.

Es frecuente un círculo vicioso parecido a éste: el Estado se entromete en misiones que desbordan el marco de su misión subsidiaria respecto de la sociedad porque no hay –según se dice- iniciativa privada suficiente. Y la sociedad, sus entidades naturales y los empresarios, no se arriesgan porque tienen la competencia desleal del Estado. En todo caso, el principio de subsidiariedad se instala en el fiel de la balanza que sopesa las relaciones de la sociedad con el Estado.

La fórmula tradicionalista no es que el Estado haga por sí mismo, sino que HAGA HACER. Es la diferencia entre los verbos latinos facere (hacer) y confesso (hacer hacer), entre administrar y gobernar. En el Seguro Obligatorio de enfermedad de la postguerra del 36 el Estado se hizo administrador y violando el Principio de Subsidiariedad construyó una gigantesca máquina asistencial costosísima, difícil de manejar y finalmente necesitada de “entidades colaboradoras”. En cambio, en el posterior Ministerio de la Vivienda, renunció a crear monstruosos cuerpos y escalafones de albañiles, carpinteros, etc… que hubieran sido homólogos de cirujanos, oftalmólogos y pediatras del inicial Seguro de Enfermedad. Como fórmula de compromiso entre la acción del Estado y la iniciativa privada están las subvenciones del Estado a la iniciativa particular y de los Cuerpos Intermedios de la sociedad que sean insuficientes, como sucede actualmente, aunque de manera muy defectuosa, con los centros de enseñanza llamados “concertados”.

Manuel de Santa Cruz

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http://montejurra.blogspot.com/2006/...cer-hacer.html