Búsqueda avanzada de temas en el foro

Página 3 de 3 PrimerPrimer 123
Resultados 41 al 55 de 55

Tema: Asturias de Santillana / La Montaña / Cantabria

Vista híbrida

  1. #1
    Avatar de Ramón de Bonifaz
    Ramón de Bonifaz está desconectado Miembro graduado
    Fecha de ingreso
    09 jul, 13
    Ubicación
    Este de La Montaña/Cantabria.
    Mensajes
    36
    Post Thanks / Like

    re: Asturias de Santillana / La Montaña / Cantabria

    Cita Iniciado por Paco Ver mensaje
    Al hilo de esto, por ejemplo en la Comunidad de Villa y Tierra de Segovia, en la llamada Junta de Cuarentales (especie de órgano de gobierno de la institución) la composición de sus 40 miembros se hacía del siguiente modo:
    - Los pueblos de la Comunidad (agrupados en los llamados sexmos), mandaban sus representantes, la elección se hacía mediante voto de todos los vecinos con "casa abierta" en el lugar.
    - En la Ciudad, más industrial, las personas votaban dentro de sus respectivo gremios.
    Además, mandaban representantes a la Junta:
    - Los descendientes de los 2 linajes considerados fundadores de la Ciudad.
    - Los "montañeses", que agrupaba a los descendientes de La Montaña y Burgos.
    - Los "vizcainos", que agrupaba en general a los descendientes de las provincias vascas.

    Tradicionalmente, se considera que en Segovia el grupo de los "vizcainos" fué mayor y más importante que el de los "montañeses".
    Es interesante lo comentas, en La Rioja (aunque las instituciones naturales a las comunidades humanas del territorio que hoy ocupa esa autonomía no eran Comunidades de Villa y Tierra) también el "partido de los vizcaínos" fue más influyente, numeroso y relevante que el "partido de los montañeses". No obstante esto tampoco era así en otros lugares de Castilla, por ejemplo y si no me equivoco, en el Burgos no montañés (la "Montaña burgalesa" era estrictamente el norte de lo que hoy es esa provincia, esto en términos geográficos, en términos administrativos lo que hoy es administrativamente el este de Cantabria y Burgos formaban partede una misma jurisdicción). No me refería estrictamente, sino a lo que podríamos llamar "la cosmovisión castellana", que considero, si bien es relativamente acertada la cita de Sánchez Albornoz "Castilla y los castellanos fueron el fruto de la simbiosis racial y cultural de lo cántabro, lo vasco y lo godo", tiendo a pensar que, especialmente en el aspecto cultural (en el aspecto demográfico no dispongo de datos suficientes, si bien está claro que ambos pueblos fueron vitales para la fundación de Castilla), lo montañés es más significativo que lo vascongado en la génesis de lo castellano, prueba es que los propios castellanistas incluyen a Cantabria en su concepción de Castilla y no así a Vascongadas, por poner un ejemplo). La causa de ello en mi opiniónes que es en La Montaña (incluyendo el norte de lo que hoy son las provincias de Palencia y Burgos) donde, por ejemplo, se extendía en su práctica totalidad en sus inicios el condado de Castilla en tanto que germen del reino que luego se alzaría hasta conseguir ser prácticamente el reino (especialmente tras la unión dinástica definitiva con el reino de León en el siglo XIII, ya en la persona de Fernando III el Santo) más poderoso de entre los reinos y Estados españoles, siendo la incorporación de Vizcaya a la Corona castellana más tardía siempre en un régimen de relación con la misma distinto al de la Montaña, parte del reino y del condado desde sus inicios.

    Michael, sobre el carlismo montañés. Antes Jasarhez hablaba de la oposición entre "dos Cantabrias" ya a finales del siglo XVIII, su síntesis me parece relativamente acertada. En el siglo XIX persistió esa división social: por un lado una Cantabria costera donde ya hay una burguesía comercial relativamente floreciente e imbuida ya por las tesis y doctrinas liberales (al igual que la había también en por ejemplo la ciudad de Bilbao a pesar de que el resto de Vizcaya fue durante varias décadas todo un auténtica reducto carlista), esta Cantabria incluirían villas costeras como Santander, Santoña, Laredo o Castro Urdiales. Esta burguesía luego también estaría, por ejemplo, tras la fundación del Banco de Santander, en gran parte gracias a fondos financieros y recursos obtenidos en el Nuevo Mundo por los españoles americanos de ascendencia montañesa en ultramar, hay que recordar que montañeses, así como vizcaínos o asturianos, jugaron un papel determinante en la composición de las capas altas de la sociedad de la América española. La masonería y las ideas de cuño tanto afrancesado como anglosajón también tenían en estos lugares su influencia, relacionado en gran parte a la citada clase social. Otra de las pegas que se puede poner tanto a los elementos ya mencionados como posteriormente a los llamados "indianos" (emigrantes a la América Hispana, una vez ya consumada su separación de la Monarquía, indianos procedentes sobre todo del norte de la España europea, que conseguían hacer fortuna en ultramar, esta figura fue relativamente frecuente por estas tierras hasta ya bien entrado el siglo XX) fue el haber sido seducidos y vinculados a la masonería y ayudar a su penetración en sociedades católicas y tradicionales como hasta el siglo XIX eran, en gran medida, Asturias, La Montaña y sobre todo Vizcaya. La conexión de la burguesía comercial de Santander con el mundo anglosajón a través del puerto comercial también jugaría su papel, por lo tanto, esta burguesía fue, fundamentalmente, el bastión del régimen de la usurpación liberal en La Montaña. La Montaña rural, por el contrario, era mucho más cercana en general al carlismo, sociológicamente era en gran parte tradicionalista y realista, sus gentes (entre las cuales se hallaba también una grandísima proporción de hidalgos, al igual que en Vascongadas), y se puede considerar que era uno de los principales bastiones sociológicos de la España tradicional. No obstante, esta cercanía con el carlismo no se tradujo en la aparición de un núcleo carlista montañés por diversas razones: la pérdida de vitalidad de instituciones tradicionales montañesas como los concejos o las Juntas a la que en parte ya os habéis referido y el hecho de que la dinastía usurpadora, su Nuevo Régimen, con ayuda de la burguesía costera, consiguió atraer a su bando a buena parte de la hidalguía rural, que era el estrato social que sin mediar ello de por medio estaba en mayor condición y probabilidad de apoyar al carlismo como sucedió en tierras vascongadas. Considero que en esto el hecho de que las instituciones montañesas se hubieran visto ya más dañadas y menos vitales que las instituciones forales vizcaínas o vascas en general, tuvo un gran papel a la hora de que se consiguiera integrar a éstas en el nuevo sistema. La razón sería que había menos que defender (por algo fueron los lugares en que los fueros o estaban vigentes o tenían su expresión todavía en códigos legislativos de derecho privado de ámbito no estatal donde el carlismo mayor arraigo tuvo) y que esa pérdida de vitalidad, si bien agravada por el absolutismo, ya tenía raíces anteriores (como en otros lugares de Castilla pero en distintas manifestaciones históricas). Por último, los levantamientos carlistas montañeses que sí hubo al comienzo de la contienda fueron derrotados militarmente por las guarniciones liberales de los principales núcleos costeros. Además, la unión militar entre las partidas carlistas de Puente Viesgo y el valle de Toranzo, así como la partida de Santiago Villalobos que incluso llegó a controlar Torrelavega; con una partida carlista más nutrida procedente de Burgos (donde el carlismo sí tuvo mayores ecos que en La Montaña), fueron derrotados por las tropas isabelinas de la guarnición de Santander, en la batalla de Vargas en 1833. El hecho de que el bando isabelino consiguiera integrar en su seno al potencial principal apoyo tanto militar como político de la causa carlista en La Montaña (la hidalguía y baja nobleza rural, como sí sucedió en Navarra y Vascongadas) y derrotar militarmente al débil carlismo montañés fueron determinantes para que el carlismo no alcanzara excesivo arraigo en estas tierras. Aunque es cierto que en el este de La Montaña sí hubo batallas hasta prácticamente el final de la 1º Guerra, en gran parte más debido al esfuerzo bélico del carlismo vizcaíno y encartado que al del fracasado carlismo montañés. La derrota bélica inicial del carlismo montañés frente al bando isabelino también fue decisiva para que la parte indecisa de la hidalguía rural montañesa acabase cerrando filas en torno a las nuevas instituciones del Nuevo Régimen.

    Es esencialmente importante comprender el curioso efecto sociológico que tuvo la integración de la hidalguía rural en las redes y clientelas del nuevo régimen. Ahí está la raíz de que gentes que eran esencialmente tradicionalistas como era esa propia hidalguía, al integrarse de un modo un tanto sui generis en el nuevo sistema liberal sin dejar de ser tradicionalistas sociológicos, no se tradujera en un fuerte tradicionalismo político. Aunque habría excepciones a esta desvinculación de La Montaña rural del carlismo. A finales del siglo XIX en una ocasión José María de Pereda fue elegido diputado carlista a las Cortes por el distrito electoral del valle de Cabuérniga, durante la 2º República la Comunión Tradicionalista también consiguió obtener un diputado por el distrito electoral de la provincia de Santander en las elecciones del año 1933, el diputado carlista en cuestión se llamaba José Luis Zamanillo y González-Camino. Pero en general, si bien exceptuando algunos ejemplos como los mencionados o algunos casos de montañeses que colaboraron con el carlismo, en La Montaña se dio el caso de que, al tiempo que en su mayor parte fue (en algunos aspectos incluso es, como explico brevemente al terminar este mensaje) una tierra sociológicamente tradicionalista, esta tendencia sociológica no se tradujo en un fuerte carlismo político como sí hizo en otras tierras de España. Ya ni siquiera hablo de Vascongadas o Navarra, es que hasta en la propia Asturias decimonónica el carlismo tuvo más arraigo que en La Montaña.

    Fruto de esta curiosa faceta, en gran modo contradictoria, de sociedad fundamentalmente tradicionalista pero integrada de un modo un tanto estrambótico en un sistema ajeno a la inercia histórica montañesa (algo en mi opinión nefasta, considero que si el carlismo hubiera podido echar raíces, y había posibilidades razonables de ello que se vieron truncadas por lo ya comentado, en La Montaña, la Causa podría haber ganado un apoyo decisivo en la Tierruca y probablemente ésta misma se hubiera visto más beneficiada. A raíz de esto es curioso que los llamados indianos del tardío XIX y temprano XX procedieran en general de la parte de La Montaña menos infectada sociológicamente del veneno liberal, aunque en América Hispana acabaran sucumbiendo ante la masonería, en no poca parte siguiendo el ejemplo de los montañeses de ultramar que les habían precedido como me referí antes, considero que la contradicción entre la tendencia sociológica y la tendencia política causada en La Montaña por el no arraigo definitivo del carlismo jugó también un papel muy relevante en este aspecto) de nuestra Historia serían también personajes como Marcelino Menéndez Pelayo, en parte fuertemente imbuidos de esa "tradicionalidad montañesa", que a pesar de ser prácticamente por completo tradicionalistas hispánicos culturalmente y filosóficamente, en lo político se adscribía nada menos que a algo tan opuesto (a pesar de las apariencias) como el conservadurismo liberal (siendo en su momento diputado en Cortes por el Partido Liberal Conservador de Cánovas del Castillo). También es la causa de que aún hoy día muchos montañeses rurales (aunque La Montaña rural ya ha perdido mucho de su antiguo peso demográfico frente a La Montaña urbana) sean muy fieles a un partido "conservador" (no tenéis más que ver los resultados electorales en La Montaña para comprobar lo que digo) como el Partido Popular a pesar de ser bastante más próximos en su cosmovisión al tradicionalismo que a ese engendro de "derecha liberal", o en el partido pseudo-regionalista de Miguel Ángel Revilla (el mismo que te firma una Ley de Montes o mortales permisos de extracción de gas por fractura hidraúlica a la espalda mientras a la cara es todo un ejemplo de campechanía y elocuencia, como buen político de la partitocracia).
    Última edición por Ramón de Bonifaz; 18/07/2013 a las 22:02
    jasarhez dio el Víctor.

  2. #2
    jasarhez está desconectado Proscrito
    Fecha de ingreso
    17 mar, 12
    Ubicación
    España
    Mensajes
    3,123
    Post Thanks / Like

    re: Asturias de Santillana / La Montaña / Cantabria

    Cita Iniciado por Ramón de Bonifaz Ver mensaje
    ...cita de Sánchez Albornoz "Castilla y los castellanos fueron el fruto de la simbiosis racial y cultural de lo cántabro, lo vasco y lo godo".

  3. #3
    Avatar de Michael
    Michael está desconectado Miembro Respetado
    Fecha de ingreso
    03 may, 10
    Mensajes
    2,924
    Post Thanks / Like

    re: Asturias de Santillana / La Montaña / Cantabria

    Provincia de Cantabria de 1778


    La provincia de Cantabria de 1778 fue una jurisdicción española creada el 28 de julio de 1778 por consenso de la Junta General de la Provincia de los Nueve Valles, reunida en la Casa de Juntas de Puente San Miguel, localidad entonces llamada Bárcena de la Puente, y aprobada por el Consejo de Castilla en Real Cédula del 22 de noviembre de 1779. Existió hasta 1801, cuando Carlos IV instaura definitivamente en su lugar la provincia marítima de Santander, solicitada en 1799; ésta se consolida por real decreto de 1833, que crea en lugar de la anterior la provincia de Santander, actual comunidad autónoma de Cantabria.


    Historia


    Contexto histórico


    Las reformas políticas en España de 1766 abrieron la discusión sobre la necesidad nacional de parcelar la Península Ibérica en divisiones administrativas homogéneas. En esa época comienzan a aparecer propuestas de creación de provincias, aunque ninguna de las primeras se llevó a cabo. En 1789 Floridablanca reflejó en un documento la división de la península y las islas cercanas en 38 entidades provinciales.


    Por esta época Cantabria estaba dividida en entidades de diversa índole, destacándose:


    El Partido de Laredo, perteneciente a la Intendencia de Burgos.
    La Jurisdicción de los Montes del Pas, también parte de la Intendencia de Burgos.
    El Partido de Reinosa, parte de la Intendencia de Toro.
    El Corregimiento de realengo de las Cuatro Villas.
    El Corregimiento de realengo de Campoo.
    El Corregimieto de señorío de Soba, Ruesga y Villaverde de Trucíos.
    El Corregimiento de señorío de Potes y Provincia de Liébana.
    El Corregimiento de señorío del Mayordomado de la Vega y la Honor de Miengo.

    Además existían en el territorio una larga serie de juntas elegidas por el pueblo que no tenían representación en la corte. Con estas juntas los hidalgos pretendían defender los intereses locales. En Cantabria, las más importantes fueron las siguientes:


    La Junta de las Cuatro Villas de la Costa.
    La Junta de la Provincia de Liébana.
    La Junta de Trasmiera.
    La Junta de Campoo.
    La Junta de la Provincia de los Nueve Valles.
    Las Juntas Generales del Bastón (esporádicas).

    Intentos de unificación

    Todos los intentos de unificar los territorios que hoy pertenecen a la comunidad autónoma de Cantabria fracasaron. Incluso la provincia de Cantabria de 1778, ya que dejó fuera el territorio de Campoo. Estos intentos los llevaron a cabo las juntas mencionadas durante el siglo XVIII. Estas juntas trataban de hacer valer los privilegios locales en un momento en que la Casa de Borbón pretendía un Estado más central. Además chocaron varias veces entre ellas en defensa de sus intereses particulares.


    En 1727 y 1732 hubo sendos fuertes intentos de unificación por parte de las cuatro villas de la costa, encabezadas por Santander y Laredo; el poder de la villa de Laredo era quizá el más grande la región, reconociéndose en la expresión Bastón de Laredo. En 1796 lo intentaron los nueve valles, también sin resultado.


    La provincia de Cantabria

    En 1778 se creó la provincia de Cantabria por unión inicial de los Nueve Valles (Alfoz de Lloredo, Cabezón de la Sal, Cabuérniga, Camargo, Cayón, Reocín, Penagos, Piélagos y Villaescusa) más Valdáliga y, posteriormente, Anievas, Arenas de Iguña, Villas y San Vicente, Buelna, Cartes, Cieza, Coto de Estrada, Lamasón, Liébana, Los Llares, Peñamellera, Peñarrubia, Pie de Concha, Pujayo, Ribadedeva, Rionansa, Santillana del Mar, San Vicente de la Barquera, Toranzo y Viérnoles.


    Sin embargo, esa unión no representaba la realidad del todo el territorio denominado como La Montaña por los castellanos, ni aun de la jurisdicción de Laredo, dependiente a su vez de Burgos, que era el llamado Bastón. Por otro lado, Castro Urdiales no había sido siquiera invitada a la primera junta en Puente San Miguel (entonces Bárcena de la Puente), pues en ese momento sus intereses le llevaban a buscar el apoyo de los vizcaínos.


    La realidad fue que esta provincia, de la cual la Corona no aprobó las ordenanzas, funcionó poco más que de nombre. Un ejemplo es que sus miembros llegaron incluso a negarse asistencia en materia de defensa contra Francia entre 1794 y 1795, muy poco antes de su creación. Las ordenanzas nunca llegaron, por lo que recurrieron a las de la antigua provincia de los Nueve Valles, pero que sólo valían para esos valles y no para otros territorios agregados, con lo que se acentuaron las diferencias, por los privilegios de unos y otros territorios. Tampoco existió una diputación permanente.


    En 1792 Santander, que aún no se había unido a la provincia, impuso para adherirse, desde la figura de Antonio Cordero, tres condiciones ante la corte:


    Ser su capital.
    Tener un corregidor con honores de audiencia.
    La adherencia a la provincia obligatoria para todas las jurisdicciones que formaban parte del Bastón de Laredo.
    Recomendó también, aunque no exigió, que la provincia se llamase Santander en lugar de Cantabria. En 1796 Santander se unió a la provincia, si bien su permanencia rondó únicamente el año. Santander consiguió el 25 de septiembre de 1799 constituirse en provincia propia, aunque ésta sólo duró hasta 1803, al igual que lo hicieron Cádiz, Málaga, Alicante, Cartagena y Asturias por las mismas fechas. Ganó atribuciones a la Intendencia de Burgos, que fueron ampliadas en 1801 al territorio circundante, poniendo fin a la provincia de Cantabria.


    Provincia de Cantabria de 1778 - Wikipedia, la enciclopedia libre
    La Iglesia es el poder supremo en lo espiritual, como el Estado lo es en el temporal.

    Antonio Aparisi

  4. #4
    Avatar de Michael
    Michael está desconectado Miembro Respetado
    Fecha de ingreso
    03 may, 10
    Mensajes
    2,924
    Post Thanks / Like

    re: Asturias de Santillana / La Montaña / Cantabria

    Ducado de Cantabria
    Cantabriae
    Ducado de Cantabria
    Provincia de Cantabria
    Provincia del reino visigodo de Toledo

    683–768

    image.jpg



    Capital Amaya
    Idioma principal Latín
    Gobierno Ducado visigodo
    Duque (dux, dux provinciae)
    • ¿?-730 Pedro
    Período histórico Hispania visigoda
    • Establecido 683
    • Alfonso es coronado rey de Asturias y el ducado pasa a formar parte de ese reino 739
    • Disolución 768



    El ducado de Cantabria o provincia de Cantabria fue una división territorial creada durante el reinado del rey visigodo Ervigio (680-687) para garantizarse la unidad del reino visigodo en el norte de la península Ibérica, situado en una región inestable. La aparición documental de este nombre data del año 883, cuando aparece en la Crónica Albeldense al tratar Alfonso I de Asturias (739 al 757) diciendo: «iste Petri Cantabriae ducis filius fuit», es decir, "que fue hijo del duque Pedro de Cantabria", lo que atestigua la territorialidad de su ducado en el momento de la invasión musulmana, convirtiendo Cantabria en un territorio independiente, desaparecido el reino visigodo, hasta la llegada de Alfonso I.

    Cantabria como entidad territorial visigoda se forja después de la conquista de Peña Amaya, antigua capital o ciudad fuerte cántabra, por Leovigildo, en el marco de la dominación visigoda de la península Ibérica, fragmentada en territorios nominalmente romanos pero independientes de iure; en el caso de Cantabria, que aparece en el siglo VII con ese nombre, el territorio era rural, ya abandonadas las ciudades romanas de Julióbriga y Flavióbriga.[1] El Ducado de Cantabria era, pues, una de las 8 divisiones del reino visigodo de Toledo y la base militar utilizada por el rey Wamba para atajar las rebeliones de los vascos; por otra parte, este hecho redunda en establecer los límites del ducado rodeando las tierras vascas, yendo desde la Cantabria actual hasta la sierra de Cantabria en La Rioja.[2] Nótese que la fecha de fundación del ducado queda atribuida por la firma de ocho duques en el XIII Concilio de Toledo (año 683), confirmando la existencia de ocho provincias a finales del siglo VII, mencionadas en otros textos, siendo dos más que las provincias romanas inmediatamente anteriores; es decir, se supone que las nuevas provincias serían Asturias y el Ducado de Cantabria, del cual no se tiene constancia escrita como tal hasta el año 883.[3]

    La equivalencia entre la Cantabria romana, el Ducado de Cantabria y la Cantabria actual fue largamente discutida y utilizada para dar un valor de antigüedad y mito a diversas regiones (País Vasco, La Rioja, Castilla) durante la historia de España, publicándose gran cantidad de textos y teorías que mezclaban mito y realidad. Dos hechos empiezan a esclarecer esta relación: el descubrimiento de Julióbriga cerca de Reinosa y la utilización sistemática de las fuentes clásicas por Juan de Castañeda en 1592, concretamente Dion Casio, Estrabón, Lucio Floro, Paulo Orosio y San Isidoro.[4][5]

    Configuración del Ducado de Cantabria


    Una de las incógnitas acerca del Ducado de Cantabria es su nivel de independencia y vasallaje, discutido desde diferentes perspectivas. Se conocen dos títulos asociados a distintos niveles de soberanía en el siglo VII,[6] asociados al Reino visigodo de Toledo, ambos castellanizados por "duque".

    Dux: se atestigua la existencia de uno en el s. VII en la región del Bierzo (Revuelta, 1997: 43-44). Se especula que un dux en Cantabria hubiera desempeñado funciones gubernamentales, judiciales y militares (García Moreno, 1989: 116).
    Dux provinciae: jefes del ejército visigodo, que tras la reforma de Chindasvinto y Recesvinto pasaron de ser duces a ser duces provinciaes, con funciones fiscales y judiciales (Menéndez Bueyes, 2006: 43), creyéndose que se corresponden con las firmas del XIII Concilio de Toledo y que se les dio territorios definidos.
    Discusión histórica sobre la localización del Ducado de Cantabria
    El Ducado de Cantabria debió de ser fundado en algún momento comprendido entre el año 653 y el 683, un periodo oscuro de la historia del norte de Hispania. Aún a pesar de los estudios realizados en los últimos veinte años, poco se sabe fehacientemente de la organización territorial del tercio norte peninsular y por ende de la Cantabria de época visigoda.[7] En la historiografía española existen opiniones dispares acerca de la localización territorial del Ducado de Cantabria. En tal sentido, unos autores, como Echegaray González consideran que se extendía sobre la Cordillera Cantábrica mientras que otros historiadores como Sánchez Albornoz se inclinan por considerar a La Rioja como la zona nuclear del ducado. Por otra parte, durante ciertos momentos cobró fuerza una variante de la primera, que consideraba las provincias vascas herederas de la antigua Cantabria en base sobre todo a la pervivencia de un idioma de base no indoeuropea. En esta tercera corriente destaca por su cientificidad la obra del jesuita Gabriel de Henao, Averiguaciones de las antigüedades de Cantabria: enderazadas principalmente a descubrir las de Guipúzcoa, Vizcaya y Álava (...) (Salamanca, 1689).

    Igualmente hay divergencias sobre la posesión de territorios históricamente definidos en algunas épocas, como la defensa que hace Juan Antonio Llorente en 1808 de la pertenencia del Señorío de Vizcaya al ducado, alegando que era entonces parte de los territorios del dux Pedro y no un señorío especial.[8] Llorente afirma que Vizcaya aún era parte del ducado cuando éste, según él perteneciente al Reino de Navarra, fue dado en herencia por el rey Sancho a García. Tal sentencia concuerda con la Crónica Pinatense:

    Aquesti rey Sancho señorió Nauarra, et Aragon, et el ducado de Cantabria, et todas las tierras que su agüelo Sancho Abarca señorió et conquirió, et por su muller señorió Castiella, et Leon entro Portogal, porque por sucesion fraternal le era prouenido. Et por la su probeza et virtud que en él era, Gascoña se sometió al su principado; et subjugó aqui el comte de Sobrarbe el cual fue su vasallo, et lo reconocieron por senyor.


    .
    Tras su derrota en la guerra del 29 al 19 a. C., los cántabros fueron progresivamente sedentarizándose, adquiriendo cada vez mayor importancia la agricultura. Eso originó un incremento demográfico en el área de la cordillera que provocó un gran movimiento migratorio de los cántabros hacia la Meseta. Las lápidas vadinienses testimonian el lento pero progresivo desplazamiento de los habitantes de los Picos de Europa hacia la zona de Cistierna (León). Los desplazamientos más importantes tuvieron lugar en dirección sureste: En el siglo II aparece la primera mención a la fortaleza cántabra de la Peña Amaya, que siguió poblada hasta la época de la conquista musulmana, y unos siglos después, ya en tiempos de los visigodos, se cita con profusión en las crónicas que la provincia de Cantabria, se extendía hasta tierras de La Rioja, la Ribera Navarra.

    Dos eran las poblaciones principales de la provincia: La Peña Amaya y la Ciudad de Cantabria, situada cerca de la actual Logroño. Ambas ciudades fueron destruidas en el año 574 por el rey visigodo Leovigildo. Braulio de Zaragoza, obispo de Zaragoza (631-651), relata en su conocida obra sobre la vida de San Millán[9] la predicación de este santo en la segunda de estas dos ciudades. Se presentó ante el Senado cántabro, donde realizó una exhortación a sus habitantes para que se convirtieran. Puesto que los habitantes de Cantabria hicieron caso omiso de los consejos de San Millán, al año siguiente fue destruida por las tropas de Leovigildo:

    El mismo año, en los días de Cuaresma, le fue revelada también la destrucción de Cantabria; por lo cual, enviando un mensajero, manda que el Senado se reúna para el día de Pascua. Reúinense todos en el día marcado; cuenta él lo que había visto, y les reprende sus crímenes, homicidios, hurtos, incestos, violencias y demás vicios, y predícales que hagan penitencia. Todos le escuchan respetuosamente, pues todos le veneraban como a discípulo de nuestro Señor Jesucristo; pero uno, llamado Abundancio, dijo que el Santo chocheaba por su ancianidad: mas él le avisó que por sí mismo experimentaría la verdad de su anuncio, y el suceso lo confirmó después, porque murió al filo de la vengadora espada de Leovigildo. El cual, entrando allí por dolo y perjurio, se cebó también en la sangre de los demás, por no haberse arrepentido de sus perversas obras; pues sobre todos pendía igualmente la ira de Dios.

    Vita Sancti Aemiliani, XXVI. San Braulio.
    La ciudad de Cantabria no volvió a ser reconstruida[10] aunque todavía circulan por La Rioja y Navarra tradiciones e historias relativas a su destrucción: La arqueta de marfil del Monasterio de Yuso contiene imágenes relativas a la predicación de San Millán en la ciudad,[11] y el poeta castellano Gonzalo de Berceo informó de dichos hechos en su biografía en verso de San Millán.[12]

    Se dice incluso que los primeros habitantes de Logroño fueron los supervivientes de la toma de la ciudad a los que Leovigildo permitió asentarse en la zona.[cita requerida]

    Foco montañés
    La teoría del foco riojano, en el pasado generalizada, ha sido rebatida por prestigiosos historiadores al señalar que de la lectura de la Vida de San Millán no se deduce en absoluto que la Cantabria que Leovigildo ocupa sea una ciudad homónima y que habla de la actividad del santo en relación con los verdaderos espacios geográficos cántabros, citando en otros pasajes a la propia ciudad de Amaya corroborados por Juan de Biclaro en su crónica.[13][14] En este sentido Joaquín González Echegaray, el cual ha estudiado ampliamente este tema en su obra Cantabria en la transición al medievo, señala que:

    [...] en la misma tradición del monasterio de San Millán se recuerda la actividad apostólica del Santo en Cantabria, precisando que no es La Rioja, sino la región del Monte Igedo, junto a las fuentes del Ebro, como dice una antigua glosa sobre un códice emilianense[15] del siglo X.[16]

    Joaquín González Echegaray. Los Cántabros
    Así se señala que el hecho de que el Ducado de Cantabria del final de la época visigoda incluyera el valle medio del río Ebro carece de fundamento al no existir argumentos definitivos que así lo indiquen.[17] Al contrario, existen numerosas evidencias que rebaten el desplazamiento de la Cantabria en época tardoantigua, desde el sector central de la Cordillera Cantábrica hasta La Rioja, al señalar que aquella posee costa y se encuentra en las fuentes del río Ebro.

    El Cronicón de Hidacio cita que en el año 454 una incursión marítima de piratas hérulos saquearon las costas de Cantabria y Vardulia:

    Ad sedes propias redeuntes, Cantabriarum et Vardaliarum loca maritima crudelissime deproedatio sunt

    Fontes Hispaniae Antiquae, IX, p. 74


    A finales del siglo VI, Gregorio de Tours relata una milagrosa historia según la cual un cántabro sufrió un accidente y, con objeto de sanarse, viajó en barco desde su tierra hasta Burdeos con objeto de solicitar su curación en un templo galo dedicado a San Martín:

    Quidam in regione Cantabriae, Mauranus nomine, mane a lectulo consurgens...

    De Miraculis Santi Martín, IV, 40
    El pseudo-Fredegario explica cómo hacia el año 613 el rey visigodo Sisebuto sometió a los cántabros, citando expresamente que conquistó varias ciudades costeras:

    Provinciam Cantabriam Gotthorum regno subegit, quam aliquando Franci possederant. Dux, Francio nomine, qui Cantabriam tempore Francorum subexerat, tributo Francorum regibus multo tempore impleverat. Sed cum a parte imperii fuerat Cantabria revocata, a Gotthis, ut supra legitur, praeoccupatur, et plures civitates ab imperio Romano Sisebodus in littore maris abstulit, et usque fundamentum destruxit.

    His. Goth.VI
    Una carta del rey Sisebuto dirigida a San Isidoro habla de cántabros y vascones, aludiendo a que los primeros habitan junto al océano:

    et trans Oceanum ferimur porro, usque niuosus cum teneat Vasco nec parcat Cantaber horrens.

    Epistolae Wisigoticae en Monumenta Germaniae Historica, tom. I, Berlín 1892

    Foco vasco

    A finales del XVII y durante el siglo XVIII cobró fuerza la teoría de que la Cantabria prerromana y el posterior ducado habían estado en las actuales provincias vascas. Gabriel de Henao defiende esta corriente en 1689 de manera científica pero con cierto anacronismo, pues establece la existencia de Julióbriga cerca de Reinosa y del Portus Victoriae Iuliobrigensium en Santoña, al tiempo que estipula Castro Urdiales como antigua Flaviobriga, estableciendo la relación etimológica Portus Amanum-Sámano.[18]

    Posteriormente la postura vascocantabrista fue defendida por otro jesuita en el siglo XVIII, Manuel de Larramendi, en El imposible vencido. Arte de la lengua bascongada (1736). En esta obra dice:

    Los cántabros antiguos, que fueron terror de la Señora Orbe, Roma; (...) y son padres y abuelos de los guipuzcoanos.

    Manuel de Larramendi; El imposible vencido. Arte de la lengua bascongada.[19]
    Esta argumentación la desarrolla posteriormente en otro libro, en 1736.[20] No obstante, en él se remite al personaje mítico Tubal, terminando así su argumentación histórica.

    Duques de Cantabria, origen y desarrollo


    Existen disensiones respecto a cuáles fueron verdaderamente duques de Cantabria, y aun en cuándo fue creado el ducado. Hoy en día se aceptan ineludiblemente como duques de Cantabria al dux Pedro y a su hijo Alfonso. Los demás posibles duques están documentados en citas y crónicas de la época. Fueron empleadas como documentos fehacientes (y por tanto demostrativos del valor histórico) de una determinada sociedad, actualmente definida como comunidad histórica.

    Versión 1: Cantabria, dependiente del Reino visigodo de Toledo


    La versión defendida por Llorente señala que hubo duques en Cantabria desde la época gótica, casi todos ellos de linaje real visigodo, siendo vasallos del reino visigodo excepto el último, vasallo del asturiano. Éstos son:

    Favila
    Beremundo
    Pedro
    Pelayo
    Alfonso
    Fruela

    Versión 2: Cantabria, independiente y descendiente de la prerromana

    Las versiones que remontan el Ducado de Cantabria a un teórico Estado surgido de las rebeliones en las montañas tras la conquista romana tiene su origen en la Crónica de Hauberto, un texto parcialmente demostrable, lo que establece la duda de si fue basado en fuentes destruidas o en parte inventado, escrito por un monje benedictino del monasterio de Dumio llamado Hauberto Hispalense.

    Diego Gutiérrez Coronel, comisario de la Inquisición en el siglo XVIII, remonta el título de duque o príncipe y la existencia de un Estado cántabro hasta el fin de las Guerras Cántabras, retratando brevemente a sus señores y los acontecimientos sucedidos durante sus vidas, tomándolos por precursores del condado de Castilla. Llegado a época gótica nombra como duques a Andeca, Beremundo, Pedro y Fruela,[21] plenamente aceptados como tales entonces, diciendo de Pedro que mantuvo una soberanía independiente de los musulmanes y ya no adscrita al reino visigodo. El objetivo del autor era demostrar la independencia de Cantabria, al menos en cierto grado, desde la época romana hasta su inclusión en la Corona de Castilla, citando varias fuentes en su texto, como Silio Itálico y el obispo Idacio. Esta versión se apoya en el hecho de que el control visigodo total no iba mucho más allá de Toledo, cuya máxima expresión fue la existencia del Reino de Galicia, siendo al principio constantes y documentables las luchas en el norte de España y concretamente en tierras cántabras. De esta época dice Diego G. que

    y aunque llegó el rey Leovigildo á la Ciudad de Amaya no pasó de alli, porque era entonces el confin, y termino del Ducado de Cantabria

    Historia del origen, y soberanía del condado, y reyno de Castilla; Diego Gutiérrez Coronel.


    Explica Diego el origen del ducado diciendo que los cántabros rebeldes, ya vencidos por los romanos, se replegaron a las montañas más norteñas bajo la dirección de un jefe llamado Lupo, que él llama primer príncipe o duque de Cantabria, si bien no constituyó ningún Estado con territorio definido ni estable, el cual terminó casándose Agripina, hija de Marco Agripa, terminándose temporalmente las hostilidades con Roma; esta historia está tomada de Pedro de Cossío y Celis (s. XVII),[22] hoy duramente criticado. En su discurso, Diego G. documenta cómo Cantabria perdió la mayor parte de su territorio tras la conquista romana y cómo recuperó gran parte de la misma en la configuración de su ducado, fijando sus límites antes de la caída de los visigodos en el río Sella al oeste, la villa de Bermeo al este y las cercanías de Bureba al sur; a partir de estos datos ofrece una explicación de la aparición del nombre Cantabria en La Rioja, como extensión natural de este territorio.

    Apelando a los cronicones y a los historiadores, Diego G. afirma que a finales del siglo VII, a la muerte de Lupo VII, el territorio se fragmenta en tres pedazos, y el soberano de cada uno sigue ostentando el título de duque de Cantabria.

    Andeca: duque de lo que hoy coincide aproximadamente con las Encartaciones de Vizcaya y La Rioja.
    Beremundo: duque de las futuras Asturias de Santillana.
    Pedro: duque de las zonas después lindantes con las Cuatro Villas de la Costa y la antigua región de Bardulia.
    Esta versión se enfrenta a la de Llorente en que los duques citados no tenían relación sanguínea ni de vasallaje con los visigodos, explicando así que el título duque de Cantabria no se encuentre en su monarquía, además de que éstos no aparezcan en los concilios de Toledo; este último hecho, aunque demostraría la independencia de un Estado cántabro, es opinión del autor y no lo referencia históricamente con ningún documento ni testimonio. Díez Herrera explica la no aparición de los duques en los concilios de Toledo diciendo que el ducado fue incluido en la provincia de Galicia, por lo que sería probable que dependiera en lo religioso de la diócesis de Auca, que sí tuvo presencia en los mencionados concilios.[3]

    Por último, Diego Gutiérrez considera el uso popular del nombre Castilla en vida del duque Fruela causa de la pérdida del de Cantabria.

    Toda esta versión queda recogida también por Francisco de la Sota (Crónica de los príncipes de Asturias y Cantabria, 1681) y después por Jerónimo Zurita, aunque Iglesias Gil, al hablar de los límites históricos de Cantabria y mencionar qué autores defienden esta corriente, señala la lista de duques y príncipes anteriores a los visigodos como mítica y bíblica, basada en el cronicón o Crónica de Hauberto, presumiblemente en parte falsa.[23] No obstante, es cierto que a la luz de lo poco que se conoce, los cántabros debieron de disfrutar de una gran autonomía hasta la campaña que contra ellos emprendió Leovigildo, incluso después, como demuestran las escasas y localizadas muestras de aculturación de herencia romana.

    Ducado de Cantabria y Reino de Asturias


    En cualquier caso, titulan duque de Cantabria a Pedro (segundo dux de Cantabria), padre del Rey Alfonso I el Católico, entre otras, las Crónicas de los Obispos Rodrigo Ximénez de Rada Toledano (siglo XIII); Lucas Tudense (Eo tempore Adefonsus Catholiicus, Petri, Cantabriensis Ducis filius); la Crónica General de don Alfonso X el Sabio (año 1289, fundamentada en la Crónica Mundi de Lucas de Tuy del año 1230), Firmiter omnes obtinui munitipnes, sucit a victoriosísimo Rege Domino Adefonso, Petri Ducis filio y el cronista Assas en su Crónica General de España.* 1

    Según el historiador Joaquín González Echegaray en su obra Cantabria Antigua, don Pelayo (quien en calidad de soldado profesional encabezó la sublevación inicial de los campesinos nativos de una zona del territorio de la Cantabria Occidental contra cierto control ejercido por el gobernador árabe de Asturias, Munuza) es nombrado jefe de los astures, logra la liberación de toda la Asturias Trasmontana del dominio cordobés y decide sellar un pacto con las otras zonas independientes del norte de España, que entonces controlaba el antiguo duque de Cantabria, Pedro. De esta manera, está aceptado que

    La parte de esta provincia, que comprehendia lo que hoy se llama la montaña de Santander y Vizcaya, obedecia entonces a don Pedro, descendiente de la familia esclarecida de Recaredo. Este pais no fue hollado por los musulmanes; de modo que el primer estado cristiano que se halló establecido en España después de la caida de los visigodos fue indudablemente el ducado de Cantabria. Pero Asturias (...) fue ocupada por los moros, que pusieron un gobernador en Gijon, llamada antes Gegia ó Gigia.

    Philippe-Paul Ségur (compte de); Historia moderna: Historia de España, vol. 26 (Madrid, 1835).
    Bajo dicho pacto se concierta el matrimonio de Ermesinda, hija de don Pelayo, con Alfonso, hijo del duque Pedro, consolidando de esta forma la unión de ambos núcleos cristianos de lucha contra el Islam. A la muerte de don Pelayo en el 737, es nombrado jefe de los astures su hijo Fáfila (o Favila) quien tres años después resulta muerto por un oso durante una cacería en Llueves, aldea del monte de Cangas de Onís. Alfonso es elegido sucesor del trono de don Pelayo, siendo su yerno; tal vez contribuyó a su prestigio el que fuera hijo del duque Pedro. Se daba la circunstancia de que aunque al parecer Favila tenía hijos, estos eran aún menores. En cualquier caso Alfonso I el Católico ya nunca usó el título de duque de Cantabria, perdurando el nombre de Asturias para denominar al reino en general y más adelante también a la mayor parte del territorio que hoy ocupa la Comunidad Autónoma de Cantabria se la llamó las Asturias de Santillana. No obstante, el Ducado de Cantabria, aún integrado en Asturias, fue cedido por Alfonso I a su hermano Fruela una vez consiguió el trono de Asturias,[24] por lo que el ducado pervivió como entidad territorial desde el 739 (año de la cesión) hasta el 768 (fecha de la muerte de Fruela), cuando fue dividido en condados.[8] El historiador Luis de Salazar, apoyado por Llorente, afirma que que el ducado fue partido entre los hermanos del rey de Asturias Aurelio, hijo a su vez de Fruela, último duque de Cantabria, de esta manera: el Condado de Castilla para Rodrigo Fruelaz, el Condado de Lara para Gonzalo Fruelaz y el Condado de Castroxeriz para Sigerico, además de entre otros condados menores[8]
    La Iglesia es el poder supremo en lo espiritual, como el Estado lo es en el temporal.

    Antonio Aparisi

  5. #5
    Avatar de Michael
    Michael está desconectado Miembro Respetado
    Fecha de ingreso
    03 may, 10
    Mensajes
    2,924
    Post Thanks / Like

    re: Asturias de Santillana / La Montaña / Cantabria

    Ducado de Cantabria
    Cantabriae
    Ducado de Cantabria
    Provincia de Cantabria
    Provincia del reino visigodo de Toledo

    683–768

    image.jpg



    Capital Amaya
    Idioma principal Latín
    Gobierno Ducado visigodo
    Duque (dux, dux provinciae)
    • ¿?-730 Pedro
    Período histórico Hispania visigoda
    • Establecido 683
    • Alfonso es coronado rey de Asturias y el ducado pasa a formar parte de ese reino 739
    • Disolución 768



    El ducado de Cantabria o provincia de Cantabria fue una división territorial creada durante el reinado del rey visigodo Ervigio (680-687) para garantizarse la unidad del reino visigodo en el norte de la península Ibérica, situado en una región inestable. La aparición documental de este nombre data del año 883, cuando aparece en la Crónica Albeldense al tratar Alfonso I de Asturias (739 al 757) diciendo: «iste Petri Cantabriae ducis filius fuit», es decir, "que fue hijo del duque Pedro de Cantabria", lo que atestigua la territorialidad de su ducado en el momento de la invasión musulmana, convirtiendo Cantabria en un territorio independiente, desaparecido el reino visigodo, hasta la llegada de Alfonso I.

    Cantabria como entidad territorial visigoda se forja después de la conquista de Peña Amaya, antigua capital o ciudad fuerte cántabra, por Leovigildo, en el marco de la dominación visigoda de la península Ibérica, fragmentada en territorios nominalmente romanos pero independientes de iure; en el caso de Cantabria, que aparece en el siglo VII con ese nombre, el territorio era rural, ya abandonadas las ciudades romanas de Julióbriga y Flavióbriga.[1] El Ducado de Cantabria era, pues, una de las 8 divisiones del reino visigodo de Toledo y la base militar utilizada por el rey Wamba para atajar las rebeliones de los vascos; por otra parte, este hecho redunda en establecer los límites del ducado rodeando las tierras vascas, yendo desde la Cantabria actual hasta la sierra de Cantabria en La Rioja.[2] Nótese que la fecha de fundación del ducado queda atribuida por la firma de ocho duques en el XIII Concilio de Toledo (año 683), confirmando la existencia de ocho provincias a finales del siglo VII, mencionadas en otros textos, siendo dos más que las provincias romanas inmediatamente anteriores; es decir, se supone que las nuevas provincias serían Asturias y el Ducado de Cantabria, del cual no se tiene constancia escrita como tal hasta el año 883.[3]

    La equivalencia entre la Cantabria romana, el Ducado de Cantabria y la Cantabria actual fue largamente discutida y utilizada para dar un valor de antigüedad y mito a diversas regiones (País Vasco, La Rioja, Castilla) durante la historia de España, publicándose gran cantidad de textos y teorías que mezclaban mito y realidad. Dos hechos empiezan a esclarecer esta relación: el descubrimiento de Julióbriga cerca de Reinosa y la utilización sistemática de las fuentes clásicas por Juan de Castañeda en 1592, concretamente Dion Casio, Estrabón, Lucio Floro, Paulo Orosio y San Isidoro.[4][5]

    Configuración del Ducado de Cantabria


    Una de las incógnitas acerca del Ducado de Cantabria es su nivel de independencia y vasallaje, discutido desde diferentes perspectivas. Se conocen dos títulos asociados a distintos niveles de soberanía en el siglo VII,[6] asociados al Reino visigodo de Toledo, ambos castellanizados por "duque".

    Dux: se atestigua la existencia de uno en el s. VII en la región del Bierzo (Revuelta, 1997: 43-44). Se especula que un dux en Cantabria hubiera desempeñado funciones gubernamentales, judiciales y militares (García Moreno, 1989: 116).
    Dux provinciae: jefes del ejército visigodo, que tras la reforma de Chindasvinto y Recesvinto pasaron de ser duces a ser duces provinciaes, con funciones fiscales y judiciales (Menéndez Bueyes, 2006: 43), creyéndose que se corresponden con las firmas del XIII Concilio de Toledo y que se les dio territorios definidos.
    Discusión histórica sobre la localización del Ducado de Cantabria
    El Ducado de Cantabria debió de ser fundado en algún momento comprendido entre el año 653 y el 683, un periodo oscuro de la historia del norte de Hispania. Aún a pesar de los estudios realizados en los últimos veinte años, poco se sabe fehacientemente de la organización territorial del tercio norte peninsular y por ende de la Cantabria de época visigoda.[7] En la historiografía española existen opiniones dispares acerca de la localización territorial del Ducado de Cantabria. En tal sentido, unos autores, como Echegaray González consideran que se extendía sobre la Cordillera Cantábrica mientras que otros historiadores como Sánchez Albornoz se inclinan por considerar a La Rioja como la zona nuclear del ducado. Por otra parte, durante ciertos momentos cobró fuerza una variante de la primera, que consideraba las provincias vascas herederas de la antigua Cantabria en base sobre todo a la pervivencia de un idioma de base no indoeuropea. En esta tercera corriente destaca por su cientificidad la obra del jesuita Gabriel de Henao, Averiguaciones de las antigüedades de Cantabria: enderazadas principalmente a descubrir las de Guipúzcoa, Vizcaya y Álava (...) (Salamanca, 1689).

    Igualmente hay divergencias sobre la posesión de territorios históricamente definidos en algunas épocas, como la defensa que hace Juan Antonio Llorente en 1808 de la pertenencia del Señorío de Vizcaya al ducado, alegando que era entonces parte de los territorios del dux Pedro y no un señorío especial.[8] Llorente afirma que Vizcaya aún era parte del ducado cuando éste, según él perteneciente al Reino de Navarra, fue dado en herencia por el rey Sancho a García. Tal sentencia concuerda con la Crónica Pinatense:

    Aquesti rey Sancho señorió Nauarra, et Aragon, et el ducado de Cantabria, et todas las tierras que su agüelo Sancho Abarca señorió et conquirió, et por su muller señorió Castiella, et Leon entro Portogal, porque por sucesion fraternal le era prouenido. Et por la su probeza et virtud que en él era, Gascoña se sometió al su principado; et subjugó aqui el comte de Sobrarbe el cual fue su vasallo, et lo reconocieron por senyor.


    .
    Tras su derrota en la guerra del 29 al 19 a. C., los cántabros fueron progresivamente sedentarizándose, adquiriendo cada vez mayor importancia la agricultura. Eso originó un incremento demográfico en el área de la cordillera que provocó un gran movimiento migratorio de los cántabros hacia la Meseta. Las lápidas vadinienses testimonian el lento pero progresivo desplazamiento de los habitantes de los Picos de Europa hacia la zona de Cistierna (León). Los desplazamientos más importantes tuvieron lugar en dirección sureste: En el siglo II aparece la primera mención a la fortaleza cántabra de la Peña Amaya, que siguió poblada hasta la época de la conquista musulmana, y unos siglos después, ya en tiempos de los visigodos, se cita con profusión en las crónicas que la provincia de Cantabria, se extendía hasta tierras de La Rioja, la Ribera Navarra.

    Dos eran las poblaciones principales de la provincia: La Peña Amaya y la Ciudad de Cantabria, situada cerca de la actual Logroño. Ambas ciudades fueron destruidas en el año 574 por el rey visigodo Leovigildo. Braulio de Zaragoza, obispo de Zaragoza (631-651), relata en su conocida obra sobre la vida de San Millán[9] la predicación de este santo en la segunda de estas dos ciudades. Se presentó ante el Senado cántabro, donde realizó una exhortación a sus habitantes para que se convirtieran. Puesto que los habitantes de Cantabria hicieron caso omiso de los consejos de San Millán, al año siguiente fue destruida por las tropas de Leovigildo:

    El mismo año, en los días de Cuaresma, le fue revelada también la destrucción de Cantabria; por lo cual, enviando un mensajero, manda que el Senado se reúna para el día de Pascua. Reúinense todos en el día marcado; cuenta él lo que había visto, y les reprende sus crímenes, homicidios, hurtos, incestos, violencias y demás vicios, y predícales que hagan penitencia. Todos le escuchan respetuosamente, pues todos le veneraban como a discípulo de nuestro Señor Jesucristo; pero uno, llamado Abundancio, dijo que el Santo chocheaba por su ancianidad: mas él le avisó que por sí mismo experimentaría la verdad de su anuncio, y el suceso lo confirmó después, porque murió al filo de la vengadora espada de Leovigildo. El cual, entrando allí por dolo y perjurio, se cebó también en la sangre de los demás, por no haberse arrepentido de sus perversas obras; pues sobre todos pendía igualmente la ira de Dios.

    Vita Sancti Aemiliani, XXVI. San Braulio.
    La ciudad de Cantabria no volvió a ser reconstruida[10] aunque todavía circulan por La Rioja y Navarra tradiciones e historias relativas a su destrucción: La arqueta de marfil del Monasterio de Yuso contiene imágenes relativas a la predicación de San Millán en la ciudad,[11] y el poeta castellano Gonzalo de Berceo informó de dichos hechos en su biografía en verso de San Millán.[12]

    Se dice incluso que los primeros habitantes de Logroño fueron los supervivientes de la toma de la ciudad a los que Leovigildo permitió asentarse en la zona.[cita requerida]

    Foco montañés
    La teoría del foco riojano, en el pasado generalizada, ha sido rebatida por prestigiosos historiadores al señalar que de la lectura de la Vida de San Millán no se deduce en absoluto que la Cantabria que Leovigildo ocupa sea una ciudad homónima y que habla de la actividad del santo en relación con los verdaderos espacios geográficos cántabros, citando en otros pasajes a la propia ciudad de Amaya corroborados por Juan de Biclaro en su crónica.[13][14] En este sentido Joaquín González Echegaray, el cual ha estudiado ampliamente este tema en su obra Cantabria en la transición al medievo, señala que:

    [...] en la misma tradición del monasterio de San Millán se recuerda la actividad apostólica del Santo en Cantabria, precisando que no es La Rioja, sino la región del Monte Igedo, junto a las fuentes del Ebro, como dice una antigua glosa sobre un códice emilianense[15] del siglo X.[16]

    Joaquín González Echegaray. Los Cántabros
    Así se señala que el hecho de que el Ducado de Cantabria del final de la época visigoda incluyera el valle medio del río Ebro carece de fundamento al no existir argumentos definitivos que así lo indiquen.[17] Al contrario, existen numerosas evidencias que rebaten el desplazamiento de la Cantabria en época tardoantigua, desde el sector central de la Cordillera Cantábrica hasta La Rioja, al señalar que aquella posee costa y se encuentra en las fuentes del río Ebro.

    El Cronicón de Hidacio cita que en el año 454 una incursión marítima de piratas hérulos saquearon las costas de Cantabria y Vardulia:

    Ad sedes propias redeuntes, Cantabriarum et Vardaliarum loca maritima crudelissime deproedatio sunt

    Fontes Hispaniae Antiquae, IX, p. 74


    A finales del siglo VI, Gregorio de Tours relata una milagrosa historia según la cual un cántabro sufrió un accidente y, con objeto de sanarse, viajó en barco desde su tierra hasta Burdeos con objeto de solicitar su curación en un templo galo dedicado a San Martín:

    Quidam in regione Cantabriae, Mauranus nomine, mane a lectulo consurgens...

    De Miraculis Santi Martín, IV, 40
    El pseudo-Fredegario explica cómo hacia el año 613 el rey visigodo Sisebuto sometió a los cántabros, citando expresamente que conquistó varias ciudades costeras:

    Provinciam Cantabriam Gotthorum regno subegit, quam aliquando Franci possederant. Dux, Francio nomine, qui Cantabriam tempore Francorum subexerat, tributo Francorum regibus multo tempore impleverat. Sed cum a parte imperii fuerat Cantabria revocata, a Gotthis, ut supra legitur, praeoccupatur, et plures civitates ab imperio Romano Sisebodus in littore maris abstulit, et usque fundamentum destruxit.

    His. Goth.VI
    Una carta del rey Sisebuto dirigida a San Isidoro habla de cántabros y vascones, aludiendo a que los primeros habitan junto al océano:

    et trans Oceanum ferimur porro, usque niuosus cum teneat Vasco nec parcat Cantaber horrens.

    Epistolae Wisigoticae en Monumenta Germaniae Historica, tom. I, Berlín 1892

    Foco vasco

    A finales del XVII y durante el siglo XVIII cobró fuerza la teoría de que la Cantabria prerromana y el posterior ducado habían estado en las actuales provincias vascas. Gabriel de Henao defiende esta corriente en 1689 de manera científica pero con cierto anacronismo, pues establece la existencia de Julióbriga cerca de Reinosa y del Portus Victoriae Iuliobrigensium en Santoña, al tiempo que estipula Castro Urdiales como antigua Flaviobriga, estableciendo la relación etimológica Portus Amanum-Sámano.[18]

    Posteriormente la postura vascocantabrista fue defendida por otro jesuita en el siglo XVIII, Manuel de Larramendi, en El imposible vencido. Arte de la lengua bascongada (1736). En esta obra dice:

    Los cántabros antiguos, que fueron terror de la Señora Orbe, Roma; (...) y son padres y abuelos de los guipuzcoanos.

    Manuel de Larramendi; El imposible vencido. Arte de la lengua bascongada.[19]
    Esta argumentación la desarrolla posteriormente en otro libro, en 1736.[20] No obstante, en él se remite al personaje mítico Tubal, terminando así su argumentación histórica.

    Duques de Cantabria, origen y desarrollo


    Existen disensiones respecto a cuáles fueron verdaderamente duques de Cantabria, y aun en cuándo fue creado el ducado. Hoy en día se aceptan ineludiblemente como duques de Cantabria al dux Pedro y a su hijo Alfonso. Los demás posibles duques están documentados en citas y crónicas de la época. Fueron empleadas como documentos fehacientes (y por tanto demostrativos del valor histórico) de una determinada sociedad, actualmente definida como comunidad histórica.

    Versión 1: Cantabria, dependiente del Reino visigodo de Toledo


    La versión defendida por Llorente señala que hubo duques en Cantabria desde la época gótica, casi todos ellos de linaje real visigodo, siendo vasallos del reino visigodo excepto el último, vasallo del asturiano. Éstos son:

    Favila
    Beremundo
    Pedro
    Pelayo
    Alfonso
    Fruela

    Versión 2: Cantabria, independiente y descendiente de la prerromana

    Las versiones que remontan el Ducado de Cantabria a un teórico Estado surgido de las rebeliones en las montañas tras la conquista romana tiene su origen en la Crónica de Hauberto, un texto parcialmente demostrable, lo que establece la duda de si fue basado en fuentes destruidas o en parte inventado, escrito por un monje benedictino del monasterio de Dumio llamado Hauberto Hispalense.

    Diego Gutiérrez Coronel, comisario de la Inquisición en el siglo XVIII, remonta el título de duque o príncipe y la existencia de un Estado cántabro hasta el fin de las Guerras Cántabras, retratando brevemente a sus señores y los acontecimientos sucedidos durante sus vidas, tomándolos por precursores del condado de Castilla. Llegado a época gótica nombra como duques a Andeca, Beremundo, Pedro y Fruela,[21] plenamente aceptados como tales entonces, diciendo de Pedro que mantuvo una soberanía independiente de los musulmanes y ya no adscrita al reino visigodo. El objetivo del autor era demostrar la independencia de Cantabria, al menos en cierto grado, desde la época romana hasta su inclusión en la Corona de Castilla, citando varias fuentes en su texto, como Silio Itálico y el obispo Idacio. Esta versión se apoya en el hecho de que el control visigodo total no iba mucho más allá de Toledo, cuya máxima expresión fue la existencia del Reino de Galicia, siendo al principio constantes y documentables las luchas en el norte de España y concretamente en tierras cántabras. De esta época dice Diego G. que

    y aunque llegó el rey Leovigildo á la Ciudad de Amaya no pasó de alli, porque era entonces el confin, y termino del Ducado de Cantabria

    Historia del origen, y soberanía del condado, y reyno de Castilla; Diego Gutiérrez Coronel.


    Explica Diego el origen del ducado diciendo que los cántabros rebeldes, ya vencidos por los romanos, se replegaron a las montañas más norteñas bajo la dirección de un jefe llamado Lupo, que él llama primer príncipe o duque de Cantabria, si bien no constituyó ningún Estado con territorio definido ni estable, el cual terminó casándose Agripina, hija de Marco Agripa, terminándose temporalmente las hostilidades con Roma; esta historia está tomada de Pedro de Cossío y Celis (s. XVII),[22] hoy duramente criticado. En su discurso, Diego G. documenta cómo Cantabria perdió la mayor parte de su territorio tras la conquista romana y cómo recuperó gran parte de la misma en la configuración de su ducado, fijando sus límites antes de la caída de los visigodos en el río Sella al oeste, la villa de Bermeo al este y las cercanías de Bureba al sur; a partir de estos datos ofrece una explicación de la aparición del nombre Cantabria en La Rioja, como extensión natural de este territorio.

    Apelando a los cronicones y a los historiadores, Diego G. afirma que a finales del siglo VII, a la muerte de Lupo VII, el territorio se fragmenta en tres pedazos, y el soberano de cada uno sigue ostentando el título de duque de Cantabria.

    Andeca: duque de lo que hoy coincide aproximadamente con las Encartaciones de Vizcaya y La Rioja.
    Beremundo: duque de las futuras Asturias de Santillana.
    Pedro: duque de las zonas después lindantes con las Cuatro Villas de la Costa y la antigua región de Bardulia.
    Esta versión se enfrenta a la de Llorente en que los duques citados no tenían relación sanguínea ni de vasallaje con los visigodos, explicando así que el título duque de Cantabria no se encuentre en su monarquía, además de que éstos no aparezcan en los concilios de Toledo; este último hecho, aunque demostraría la independencia de un Estado cántabro, es opinión del autor y no lo referencia históricamente con ningún documento ni testimonio. Díez Herrera explica la no aparición de los duques en los concilios de Toledo diciendo que el ducado fue incluido en la provincia de Galicia, por lo que sería probable que dependiera en lo religioso de la diócesis de Auca, que sí tuvo presencia en los mencionados concilios.[3]

    Por último, Diego Gutiérrez considera el uso popular del nombre Castilla en vida del duque Fruela causa de la pérdida del de Cantabria.

    Toda esta versión queda recogida también por Francisco de la Sota (Crónica de los príncipes de Asturias y Cantabria, 1681) y después por Jerónimo Zurita, aunque Iglesias Gil, al hablar de los límites históricos de Cantabria y mencionar qué autores defienden esta corriente, señala la lista de duques y príncipes anteriores a los visigodos como mítica y bíblica, basada en el cronicón o Crónica de Hauberto, presumiblemente en parte falsa.[23] No obstante, es cierto que a la luz de lo poco que se conoce, los cántabros debieron de disfrutar de una gran autonomía hasta la campaña que contra ellos emprendió Leovigildo, incluso después, como demuestran las escasas y localizadas muestras de aculturación de herencia romana.

    Ducado de Cantabria y Reino de Asturias


    En cualquier caso, titulan duque de Cantabria a Pedro (segundo dux de Cantabria), padre del Rey Alfonso I el Católico, entre otras, las Crónicas de los Obispos Rodrigo Ximénez de Rada Toledano (siglo XIII); Lucas Tudense (Eo tempore Adefonsus Catholiicus, Petri, Cantabriensis Ducis filius); la Crónica General de don Alfonso X el Sabio (año 1289, fundamentada en la Crónica Mundi de Lucas de Tuy del año 1230), Firmiter omnes obtinui munitipnes, sucit a victoriosísimo Rege Domino Adefonso, Petri Ducis filio y el cronista Assas en su Crónica General de España.* 1

    Según el historiador Joaquín González Echegaray en su obra Cantabria Antigua, don Pelayo (quien en calidad de soldado profesional encabezó la sublevación inicial de los campesinos nativos de una zona del territorio de la Cantabria Occidental contra cierto control ejercido por el gobernador árabe de Asturias, Munuza) es nombrado jefe de los astures, logra la liberación de toda la Asturias Trasmontana del dominio cordobés y decide sellar un pacto con las otras zonas independientes del norte de España, que entonces controlaba el antiguo duque de Cantabria, Pedro. De esta manera, está aceptado que

    La parte de esta provincia, que comprehendia lo que hoy se llama la montaña de Santander y Vizcaya, obedecia entonces a don Pedro, descendiente de la familia esclarecida de Recaredo. Este pais no fue hollado por los musulmanes; de modo que el primer estado cristiano que se halló establecido en España después de la caida de los visigodos fue indudablemente el ducado de Cantabria. Pero Asturias (...) fue ocupada por los moros, que pusieron un gobernador en Gijon, llamada antes Gegia ó Gigia.

    Philippe-Paul Ségur (compte de); Historia moderna: Historia de España, vol. 26 (Madrid, 1835).
    Bajo dicho pacto se concierta el matrimonio de Ermesinda, hija de don Pelayo, con Alfonso, hijo del duque Pedro, consolidando de esta forma la unión de ambos núcleos cristianos de lucha contra el Islam. A la muerte de don Pelayo en el 737, es nombrado jefe de los astures su hijo Fáfila (o Favila) quien tres años después resulta muerto por un oso durante una cacería en Llueves, aldea del monte de Cangas de Onís. Alfonso es elegido sucesor del trono de don Pelayo, siendo su yerno; tal vez contribuyó a su prestigio el que fuera hijo del duque Pedro. Se daba la circunstancia de que aunque al parecer Favila tenía hijos, estos eran aún menores. En cualquier caso Alfonso I el Católico ya nunca usó el título de duque de Cantabria, perdurando el nombre de Asturias para denominar al reino en general y más adelante también a la mayor parte del territorio que hoy ocupa la Comunidad Autónoma de Cantabria se la llamó las Asturias de Santillana. No obstante, el Ducado de Cantabria, aún integrado en Asturias, fue cedido por Alfonso I a su hermano Fruela una vez consiguió el trono de Asturias,[24] por lo que el ducado pervivió como entidad territorial desde el 739 (año de la cesión) hasta el 768 (fecha de la muerte de Fruela), cuando fue dividido en condados.[8] El historiador Luis de Salazar, apoyado por Llorente, afirma que que el ducado fue partido entre los hermanos del rey de Asturias Aurelio, hijo a su vez de Fruela, último duque de Cantabria, de esta manera: el Condado de Castilla para Rodrigo Fruelaz, el Condado de Lara para Gonzalo Fruelaz y el Condado de Castroxeriz para Sigerico, además de entre otros condados menores[8]

    http://es.m.wikipedia.org/wiki/Ducado_de_Cantabria
    La Iglesia es el poder supremo en lo espiritual, como el Estado lo es en el temporal.

    Antonio Aparisi

Página 3 de 3 PrimerPrimer 123

Información de tema

Usuarios viendo este tema

Actualmente hay 1 usuarios viendo este tema. (0 miembros y 1 visitantes)

Temas similares

  1. ¿Cantabria...?
    Por Josean Figueroa en el foro Tertúlia
    Respuestas: 26
    Último mensaje: 15/09/2014, 20:07
  2. Respuestas: 2
    Último mensaje: 22/08/2013, 01:42
  3. El cuartel de la Montaña
    Por Gerundio en el foro Historia y Antropología
    Respuestas: 33
    Último mensaje: 29/09/2012, 15:26
  4. ¡No al concierto proetarra en Cantabria!
    Por CAMPANO en el foro Temas de Portada
    Respuestas: 65
    Último mensaje: 12/02/2006, 11:36
  5. ¡No al concierto proetarra en Cantabria!
    Por CAMPANO en el foro Noticias y Actualidad
    Respuestas: 0
    Último mensaje: 30/01/2006, 19:28

Permisos de publicación

  • No puedes crear nuevos temas
  • No puedes responder temas
  • No puedes subir archivos adjuntos
  • No puedes editar tus mensajes
  •