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Tema: El siniestro pasado del "honorable president” Tarradellas durante la Guerra Civil

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    Re: El siniestro pasado del "honorable president” Tarradellas durante la Guerra Civil

    "Suspenso en historia para Tarradellas y Suárez"



    Revista
    FUERZA NUEVA, nº 566, 12-Nov-1977

    SUSPENSO EN HISTORIA PARA TARRADELLAS Y SUÁREZ

    “Dime con quién andas y te diré quién eres”, dice un conocido adagio. Y nunca hubiéramos creído que tuviéramos que enmaridar los nombres de José Tarradellas y Adolfo Suárez. Pero “el hábito no hace al monje”, sentencia la sabiduría popular. Y, por lo visto, entre José Tarradellas y Adolfo Suárez hay coincidencias hervorosas, pues incluso se abrazan en público. Y quizá el cordón umbilical de esta sincronización está en el desbarro común del que hicieron gala el pasado 24 de octubre (1977), en el acto celebrado en Barcelona.

    Dejemos aparte la carnavalada de la recepción a José Tarradellas. Vamos a centrar nuestro comentario para deshacer el entuerto que significa que este personaje pudiera afirmar, sin ruborizarse, que “la Generalidad, bajo las presidencias de Francisco Maciá y de Luis Companys, demostró su capacidad para autogobernarse, y lo hizo con un sentido moderno y eficaz de la función pública”.

    ¿Qué pecado ha cometido Cataluña para que pueda llover sobre ella quien denigre la verdad en forma tan escandalosa? Pues, Francisco Maciá ¿supo gobernar? Todos sabemos que Maciá fue un militar perjuro, el “brillante coronel”, gran terrateniente, afiliado a la masonería, y que en 1925, en Moscú, hipotecó el movimiento catalanista de izquierdas a la dirección procomunista. Es verdad que Maciá también un día proclamó que tenía “una deuda de gratitud hacia Alfonso XIII, que le obligaba para toda su vida”. Pero Maciá, en 30 de octubre de 1926, en Prat de Molló, quiso invadir España… La bufonada terminó en el ridículo, pero el 14 de abril de 1931 proclamó el “Estat Catalá”, que sólo pudo suavizar la superior obediencia masónica. Maciá besó la bandera española como cadete de Ingenieros Militares, la catalana con la estrella solitaria al fundar el “Estat Catalá” y los soviética ante los muros del Kremlin, en 1925. El tiempo de su permanencia en la Generalidad fue el protagonista que causó las pesadillas posteriores.

    Luis Companys es un caso todavía más lastimoso. Basta la referencia de la noche vergonzosa y sangrienta del 6 de octubre de 1934, con sus muertos y heridos, con sus devastaciones y crímenes, para calificar a tan siniestro culpable de tanta masacre. Gaziel, en “La Vanguardia”, del 9 de octubre de 1934, subrayaba así el gesto estúpido de Companys: “Es algo formidable. Mientras escucho, me parece como si estuviera soñando. Eso es, ni más ni menos, una declaración de guerra”.

    Después, en el 19 de julio de 1936, Companys se entrega totalmente a los anarquistas y después al PSUC. Es en ese tiempo que Companys afirma: “Hay entre nosotros tres instituciones violentamente odiables, y de las cuales el pueblo, de año en año, se sentía amargado, quiero decir: el clericalismo, el militarismo, el latifundismo… El movimiento del cual sois testigos es la expoliación de una cólera inmensa, de una inmensa necesidad de venganza, subiendo del fondo de los tiempos. Esta cólera explica el carácter impetuoso de este movimiento”. (“Vu en Espagne: la défense de la Republique”, de J. R. Bloch, pág. 32)

    A esto José Tarradellas lo califica de “capacidad para autogobernarse” y de “sentido moderno y eficaz de la función pública”. Pero por el hilo se saca el ovillo.

    Todo tiene su truco

    No hay que hilvanar filosofías complicadas para captar la defensa que José Tarradellas, apologéticamente y con provocación, hace de los nefastos Francisco Maciá y Luis Companys, enemigos de España, del Ejército, de la unidad nacional y colaboradores eficacísimos del comunismo. Porque José Tarradellas se las trae. Durante nuestra guerra él no fue algo inocuo, sino uno de los peores culpables de la miseria en que cayó Cataluña.

    El anarquista Santillán, en su libro “La revolución y la guerra en España” nos dice:

    La audaz política financiera de Tarradellas consiguió vencer los obstáculos de los primeros meses mediante las incautaciones llevadas a cabo en los establecimientos bancarios de Cataluña; pero estas incautaciones tenían un límite, y llegó el instante en que hubo que recurrir, para hacer frente a las necesidades urgentísimas, a las emisiones propias de las que no respondía el gobierno nacional”.

    Y el historiador Francisco Lacruz comenta:

    Las emisiones de papel moneda, más que a allegar recursos, a lo que tendían era a afirmar la personalidad independiente de Cataluña. La tesis de Tarradellas y Companys era la de que un país no es completamente soberano mientras no dispone de signo monetario propio. Con esta finalidad principal se hicieron las emisiones de papel moneda. Salieron a la luz billetes de 10, 5 y 2,50 pesetas… Después la Generalidad obligó, con fecha 9 de octubre de 1936, a los Bancos y Cajas de Ahorros, a que le entregasen cuantos valores extranjeros o divisas tuviesen, obteniendo por tal procedimiento una gran cantidad, que se evalúa en más de 80.000.000, despilfarrados en poco tiempo. Ocho meses más tarde llevó el despojo a su límite extremo, ordenando la apertura de todas las cajas fuertes de alquiler que había en los Bancos, para apropiarse del metálico y joyas que hubiese en depósito en las mismas. El botín fue extraordinario… Este nuevo saqueo proporcionó al Gobierno catalán recursos incontables. En realidad, no es posible calcular su cuantía, porque de estos depósitos conocidos únicamente por sus propietarios, no se guardaba relación alguna, y los datos facilitados por los que manipularon este gigantesco robo fueron lo suficientemente confusos para no poner nada en claro. Se supone, juzgando por los envíos que después del despojo se hicieron al extranjero, que sólo en joyas y oro amonedado y en barras, el botín pasaba de 150.000.000 de pesetas. En billetes, la cantidad ocupada debió ser mucho mayor”.

    Exponemos hechos. Y con Companys como presidente de la Generalidad y Tarradellas consejero de la misma, se asesinó a mansalva en toda Cataluña. En el “Boletín de Estadística”, como separata de la “Gaceta Municipal” de Barcelona, en “Resúmenes demográficos de la ciudad de Barcelona del periodo 1936 a 1938”, se reseña este dato:

    La gran mayoría desaparecieron, como fardos inmundos, de los depósitos, siempre abarrotados de cadáveres bárbaramente mutilados, y que diariamente habían de desalojarse para recibir la nueva mercancía de estos espantosos almacenes de la muerte”.

    Y de esto era culpable el sedicente Gobierno de la Generalidad. Que no se diga que eran incontrolados los patrulleros. Como observa Luis Carreras, en “Grandeza cristiana de España”:

    No faltaron, sin embargo, tribunales del Estado que rápidamente, implacablemente, dieron sentencias capitales para los militares y paisanos que se habían levantado en armas, y éstas fueron ejecutadas inmediatamente en nombre de la ley a título de represalias. Para los asesinos, los incendiarios, los violentos obscenos, los profanadores de cadáveres, los sacrílegos, los iconoclastas, los expoliadores, fue inexistente la ley, no hubo detenciones, ni procesos, ni condenas. Gentes armadas por la autoridad, para oponerse al levantamiento militar, se lanzaron a la destrucción, al pillaje, al asesinato, en lugar de correr al combate. Rebeldes, desertores, criminales. Y en vez de la necesaria y ejemplar represión que merecía tamaña traición, doblada de infamia, tales fuerzas caóticas y vandálicas siguieron actuando libremente y detentaron el mismo poder público con el prestigio de la legalidad y la fuerza de la autoridad constituida”.

    Resumamos este aspecto de la actuación de Companys y Tarradellas con lo que se lee en las “Obras completas” de Manuel Azaña:

    A Pi Suñer le ha soltado esto: mire usted, yo soy de una franqueza brutal. Todo lo que pasa en Cataluña proviene de que están ustedes gobernados por un enfermo, como Companys, y por dos miserables canallas como Tarradellas y Comorera. Son incapaces de una reacción noble”. (Vol. IV, pág. 82)

    La procaz propaganda de Maciá y Companys, hecha por Tarradellas, ¿tiene su secreto en defenderse de su propia actuación?

    Lo que hay que aclarar

    Cataluña no puede estar gobernada por personas indignas. El honor de sus hombres públicos debe ser algo indiscutible. Y hay una noticia que circula por doquier, que debe ser discriminada con la máxima rapidez. Concretó este estado de ánimo y de información desazonante algo que publicó “El Alcázar” del 15 de octubre. Nos limitamos a transcribirlo:

    Según fuentes fidedignas, en la región catalana se está protegiendo de cerca, y siguiendo de lejos, la vida y los pasos de un conocido patricio barcelonés en cuyo poder obraría la fotocopia de la carta autógrafa que, al principio de los 40, el hoy honorable señor Tarradellas dirigió al mando de la Gestapo alemana, entregando prácticamente a la misma, durante la ocupación de Francia, al señor Companys, como uno más de los servicios prestados como precio impuesto por los nazis para su propia libertad y vida -colaboración que, lógicamente, se trataba de desarrollar con algunos espaciados periodos de retención-. La fotocopia en cuestión es, al parecer, el único ejemplar que obra fuera de los archivos de la CIA, a los que el original fuera a parar tras la liberación del territorio galo por las fuerzas aliadas, junto a otros importantísimos documentos relativos a España que los norteamericanos descubrieron en los cuarteles y puestos de mando hitlerianos y cuerpos policiales fieles a la línea Vichy. Según nuestro informador, existiría hoy (1977) gran preocupación, tanto por el uso que pueda llegar a hacerse de tan importante documento -definitivo como prueba, ya que, como es sabido, en tales casos de denuncia los miembros de la Gestapo exigían, además de ser autógrafa, que fueran firmadas y rubricadas- como por el riesgo que pueda correr la vida de quien guarda tan elocuente tesoro histórico. Una carta mucho más elocuente que el personal testimonio de doña Ramona Companys, quien recogió, horas antes de la muerte de su hermano, las declaraciones que él mismo le hizo sobre la delación de su ex compañero de Gobierno, señor Tarradellas”.

    La dignidad de Cataluña no puede estar en entredicho ante una acusación tan grave. Quien considera que Maciá y Companys demostraron “su capacidad para autogobernarse”, insulta a Cataluña; pero si José Tarradellas fue un agente de la Gestapo, hay que pedir responsabilidades a los que no han informado al Rey Don Juan Carlos I situándole ante un compromiso de esta envergadura (…) Tarradellas se burla de la historia de Cataluña, al ponderar a Maciá, el militar perjuro, y a Luis Companys, autor de la hecatombe del 6 de octubre de 1934, y de lo que siguió al 19 de julio de 1936, con la colaboración primerísima de Tarradellas. Y de éste hay que reclamar luz y taquígrafos para que se esclarezcan su responsabilidades sobre la captura de Companys (…)

    Cotejo de disparates

    Adolfo Suárez no es políglota. Dicen que apenas habla el francés. Ya sabemos que es avispado en el arte de ir tirando. Por esto, en su discurso del 24 de octubre, en Barcelona, llevado del frenesí periodístico del momento, dejó escapar un gazapo impropio de un presidente de Gobierno (…). Nos dijo Adolfo Suárez: “Como dato histórico, que ya ha sido destacado, hay que decir que si fue Felipe V quien firmó el Decreto de Nueva Planta, que anulaba las instituciones autonómicas catalanas, ha sido el Rey don Juan Carlos I quien las ha devuelto”.

    Nos disgusta tanta ligereza. La historia de Cataluña es demasiado seria para que sea tratada frívolamente. La guerra dinástica que terminó en Barcelona el 11 de septiembre de 1714 con Felipe V en el trono de España, significó el fin de la Cataluña tradicional, corporativa, orgánica, antimoderna, antieuropea. A Cataluña no le iba el absolutismo francés, como después tampoco ha tragado la Ilustración y las Cortes de Cádiz, que ahora tienen inesperados panegiristas. Si Cataluña luchó denodadamente contra los Borbones, lo hizo por su fidelidad al concepto católico de la vida, por su entendimiento de la unidad de España armonizada con la foralidad y las libertades locales y por su concepto de la Monarquía, en verdad, y por tanto incompatible con todo constitucionalismo de “república coronada” y de monarca que reina pero no gobierna. Por esto el historiador izquierdista Rovira Virgili señala con toda razón que “los herederos de 1714 son los carlistas de la montaña catalana”. Y los catalanistas, como Vicens Vives, están encantados con el decreto de Nueva Planta, por considerarlo superador de esquemas medievales y reaccionarios.

    El catalanismo -lo que ahora (1977) representa José Tarradellas- es la antítesis de Rafael de Casanova, de la resistencia catalana frente a Felipe V. Rafael de Casanova representaba lo que historiadores como Aulestia y Pijoan, Moliné y Vergés, han confesado. Este último dice: “Cataluña tomó el partido más netamente españolista”. Y un político madrileño como Silvela declaraba que, en aquella guerra, los catalanes defendieron “lo que significaba más la unidad de España”. Digamos que generales, jefes del ejército y fusileros, eran de toda España. Y sobre todo, no se olvide que Rafael de Casanovas, que luchó “para salvar a España de la esclavitud borbónica”, como dice un historiador catalán, quería las instituciones corporativas, que nada tenían que ver con los partidos políticos que España ha padecido y padece. (…)

    No, Adolfo Suárez tampoco es perito en historia. Está en el mismo horizonte que José Tarradellas. Si Tarradellas encuentra sus modelos en Maciá y Companys, ya sabemos los próximos derroteros de nuestra decadencia inmediata. Si Adolfo Suárez confunde el Estatuto de Cataluña con los partidos políticos, con los socialistas y comunistas del PSUC, con los marxistas de todo pelaje, y para esto ofrece un marco legal, no se puede encontrar una oposición más radical a lo que representó Rafael de Casanova. Ni es posible entrañar un parentesco más próximo que las consecuencias del decreto de Nueva Planta, que se convirtió en la hervidero de los oligarquías, de las burguesías anticatalanas, de las guerras civiles, del catalanismo antinacional, de la descristianización de Cataluña, hasta llegar a las locuras de Maciá, Companys y Tarradellas. (…)

    Jaime TARRAGÓ



    Última edición por ALACRAN; 16/01/2024 a las 13:18
    "... Los siglos de los argumentadores son los siglos de los sofistas, y los siglos de los sofistas son los siglos de las grandes decadencias.
    Detrás de los sofistas vienen siempre los bárbaros, enviados por Dios para cortar con su espada el hilo del argumento." (Donoso Cortés)

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    Re: El siniestro pasado del "honorable president” Tarradellas durante la Guerra Civil

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    Última edición por ALACRAN; 23/08/2024 a las 13:01
    "... Los siglos de los argumentadores son los siglos de los sofistas, y los siglos de los sofistas son los siglos de las grandes decadencias.
    Detrás de los sofistas vienen siempre los bárbaros, enviados por Dios para cortar con su espada el hilo del argumento." (Donoso Cortés)

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    Re: El siniestro pasado del "honorable president” Tarradellas durante la Guerra Civil

    Sobre la cara oculta del “honorable” Tarradellas


    Revista FUERZA NUEVA, nº 583, 11-Mar-1978

    LA CARA OCULTA DEL HONORABLE

    José Tarradellas presidente, por real decreto, de la Generalidad de Cataluña, ya se dedica al deporte de las ruedas de prensa. Cuanto contribuya a dilucidar posiciones nos parece sano. Y si esto se puede atribuir a un sujeto con una historia muy concreta, que merecería enjuiciamientos y responsabilidades de mucha envergadura si se tratara de un político nazi, todavía la perspectiva adquiere mayor relieve.

    Por otra parte, conviene que José Tarradellas confirme o deniegue que el Banco de España libró 80 millones de pesetas (de 1977), a título personal al “honorable” en concepto de “atrasos como presidente de la Generalidad (información de “El Alcázar”, 30-XI-1977).

    Entendemos que un político como Tarradellas no puede limitarse a declarar lo que él quiere. Esto se tiene que dejar para los poderes totalitarios, a lo Fidel Castro, a lo Idi Amin, o a personas más próximas a Tarradellas, como sus antiguos colaboradores Juan Comorera -¡qué recuerdos, Santiago Carrillo!- o Jaime Miravitlles, especialista en propaganda de la causa roja. Por esto, reiterativamente, interesa a España entera que José Tarradellas, que hoy (1978) ocupa el sillón de la presidencia de esta Generalidad, aclare unos interrogantes que ignoramos nunca haya contestado, a pesar de que tenemos un dossier muy abultado de sus “dichos” y referencia larga de sus hechos.

    Sería de evidente eficacia que José Tarradellas contara con pelos y señales el origen del dinero que le permitió adquirir la finca de Saint Martin-le-Beau (Francia). Eliseo Bayo, en “Interviú”, del 15-21 de septiembre (1977) acusaba así a Tarradellas:

    La finca de Josep Tarradellas en Saint Martin-le-Beau ha sido objeto de suspicaces comentarios. Aunque en deficiente estado de conservación, no es precisamente una sencilla masía. La propiedad de Tarradellas, “Mosny”, consta de un poco más de quince hectáreas de viñedos. La casa principal tiene una planta y dos pisos, con doce piezas en total, sin contar la cocina, los lavabos y las cavas. Hay también una casa de jardinero, una casa de granjero y otra de viñatero. Preguntado por el origen de la propiedad, Tarradellas ha respondido que fue comprada por sus padres, aquellos más que modestos trabajadores de Cervelló. Sin embargo, el Registro de la Propiedad revela que fue adquirida por la señora de Tarradellas, Antonia Maciá Gómez, ante el notario de Athee, M. Corbin, el 9 de agosto de 1939, y pagada no en pesetas, que carecían de cotización entonces, sino en divisas. Es decir, fue comprada pocos meses después de acabada la guerra española, cuando tantos centenares de millares de españoles se disecaban en los campos de concentración, y cinco años antes de que llegaran a la finca los padres de Tarradellas. En 1973, vendió la finca a la Compagnie Générale Viticole, con sede social en París, sociedad anónima dominada por la familia Taittinger, propietaria del célebre champán del mismo nombre. Tarradellas se reservó el derecho de habitar la casa donde tiene sus famosos archivos, hasta 1976, en que terminó de cobrar la suma de 1.100.000 francos (unos 18.000.000 de pesetas) a que ascendió la venta”.

    Una denuncia tan grave no puede quedar suelta en el aire. José Tarradellas, para su propio prestigio personal, debe puntualizar algo que corresponde a lo más elemental para actuar en la vida pública. De no hacerlo, el juicio que hay que formar parece irreprochable.


    Más enigmas

    No solamente en cuestión de fondos económicos hay preguntas delirantes para plantear. La cosa se complica si se tiene en cuenta lo que el propio Eliseo Bayo, en el mismo artículo, pone de manifiesto. Helo aquí:

    A principios de la década del 60, apareció en Cataluña, como en el resto del país, una nueva generación dispuesta a actuar abiertamente contra el Régimen. Hubo un resurgimiento de grupos que antepusieron la defensa de las libertades catalanas y florecieron las más diversas iniciativas. Tarradellas, ausente de esos movimientos, fue puesto en cuestión. En enero de 1965, diez asociaciones catalanas en Méjico… firmaron un documento explosivo en contra de Tarradellas, dirigido a los diputados del último Parlamento de Cataluña. Se revelaba en esa carta que Josep Tarradellas había boicoteado los Juegos Florales de Perpiñán, verdadera manifestación de la cultura catalana, y se había comportado como un VULGAR DELATOR a la policía francesa… La carta abierta de las diez organizaciones catalanas ofrecía un dossier sobre la actividad delatora de Tarradellas a las autoridades francesas. Especial mención merecía una carta dirigida por Josep Tarradellas al prefecto de los Pirineos Orientales, que provocó el paso por la comisaría de los organizadores de los Juegos. Ese dossier, que obra nuestro poder, junto a otras piezas no menos reveladoras de la personalidad del “presidente de los nueve diputados” fue ofrecido en su día por las asociaciones catalanas a cuantos estuvieran interesados en los problemas de Cataluña”.

    Y el cuadro adquiere un regusto macabro, si se añade a esto la siguiente información:

    Según fuentes fidedignas, en la región catalana se está protegiendo de cerca, y siguiendo de lejos, la vida y los pasos de un conocido patricio barcelonés en cuyo poder obraría la fotocopia de la carta autógrafa que al principio de los 40, el hoy honorable señor Tarradellas dirigió al mando de la Gestapo alemana, entregando prácticamente a la misma, durante la ocupación de Francia, al señor Companys, como uno de más de los servicios prestados como precio impuesto por los nazis para su propia libertad y vida -colaboración que, lógicamente, se trataba de desarrollar con algunos espaciados periodos de retención-. La fotocopia en cuestión es, al parecer el único ejemplar que obra fuera de los archivos de la CIA, a los que el original fuera a parar tras la liberación del territorio galo por las fuerzas aliadas junto a otros importantísimos documentos relativos a España que los norteamericanos descubrieron en los cuarteles y puestos de mando hitlerianos y cuerpos policiales fieles a la línea Vichy. Según nuestro informador, existiría hoy gran preocupación, tanto por el uso que pueda llegar a hacerse de tan importante documento -definitivo como prueba, ya que, como es sabido, en tales clases de denuncia los miembros de la Gestapo exigían, además de ser autógrafa, que fueran firmadas y rubricadas- como por el riesgo que pueda correr la vida de quien guarda tan elocuente tesoro histórico. Una carta mucho más elocuente que el personal testimonio de doña Ramona Companys, quien recogió, horas antes de la muerte de su hermano, las declaraciones que él mismo le hizo sobre la delación de su ex compañero de gobierno, señor Tarradellas”. (“El Alcázar”, 15- X- 1977).

    La moral de Cataluña apremiantemente reclama que José Tarradellas, en la ocasión más próxima, con luz y taquígrafos, mejor desde la TVE, dé explicaciones cumplidas sobre la autenticidad de lo que entidades catalanistas le apuntaban como delator de la Policía francesa en contra de compatriotas, y muy en especial una defensa exhaustiva sobre si tuvo relaciones o no con la Gestapo, interviniendo en la forma que fuere en la detención de Luis Companys. Son temas demasiado vitales para que queden únicamente registrados en la prensa, sin una respuesta adecuada de la persona que quedan en entredicho. Y en este caso es José Tarradellas, que ha merecido la confianza de don Juan Carlos. Y es cosa muy cierta que de la veracidad o calumnia que signifiquen las actuaciones aludidas, deben decidir, por el honor de España y de Cataluña en concreto, la confianza en una persona que pudiera estar implicada en estas monstruosidades (…).

    Y ya, como grano de anís, también conviene que José Tarradellas confirme o deniegue que “el Banco de España libró 80 millones de pesetas a título personal al honorable Tarradellas, en concepto de atrasos como presidente de la Generalidad” (“El Alcázar”, 30-X-1977). (… ) Pues con los condicionamientos publicados y conocidos en toda Cataluña, que hemos referido, la bruma y oscuridad en torno de Tarradellas se hacen literalmente asfixiantes.


    Y además, las actuales provocaciones

    José Tarradellas, en la entrevista concedida a la agencia EFE, contundentemente afirmó: “Cataluña es una nación, les guste o no, tiene tradición de Gobierno y reivindicamos la palabra nación, porque lo somos”.

    No se puede negar que hay franqueza en este lenguaje. Aquí no nos andamos por las ramas con el estudiado seudoconfusionismo de las llamadas “nacionalidades”. Los distingos que algunos pigmeos quieren encontrar entre nación y nacionalidad se desvanecen ante la rabiosa ferocidad de Tarradellas. Y en boca de Tarradellas sabemos perfectamente el sentido de “nación”. Él mismo lo aclaró en la conferencia dada en París, el 13 de diciembre de 1952, y publicada en el periódico “Acción”, del PSOE. Allí decía Tarradellas: “Cuando digo esto lo digo como catalán que cree que nuestro Estatuto de Cataluña es poco. Yo quisiera la independencia si fuera posible”.

    La contradicción de Tarradellas con los discursos y arengas del Rey don Juan Carlos asentando la indiscutible unidad nacional, no hay que demostrarla. Tarradellas, en el punto crucial de la realidad española, pone la negativa más iracunda. La nacionalidad española queda evaporada en áreas de la “nación” que es Cataluña. Y ya sabemos que para Tarradellas su aspiración es ésta: “Yo quisiera la independencia si fuera posible”. Si esto no es un enfrentamiento con la Corona y con España es que somos incapaces de entender nada.

    Pero, por boca de ganso, Tarradellas ha explicitado más sus pretensiones. Su hombre de confianza, Federico Rahola, consejero de Gobernación de la Generalidad, el pasado 27 de enero (1978) ante los periodistas barceloneses, dijo así: “En aquel momento Maciá y Companys realizaron la ruptura y después pactaron con el Gobierno central; ahora hemos pactado inicialmente pero es posible que lleguemos a la ruptura”.

    Por tanto, ya tenemos otra noche del 6 de octubre de 1934 como algo previsible. Y es que si el presidente de la Generalidad, tozudamente, sin que nadie le rectifique, puede con impunidad demostrar su revanchismo manteniendo que “Cataluña es una nación”, es que España ha terminado.

    Precisamente, Cataluña en toda su historia, jamás ha sido soberana e independiente. Su formación histórica va indisolublemente unida a toda la historia de España, y reivindicar el carácter nacional de Cataluña es una pura maniobra moderna, cuya finalidad es terminar con Cataluña y España. Basta recordar el ofrecimiento que Maciá hacía ante los tribunales franceses de Cataluña, como colonia francesa. Suponemos no pasará inadvertido ni al Rey ni al Ejército que la baladronada antiespañola de Tarradellas escapa a toda excusa. Antes que planear ninguna posible autonomía, debe quedar clarificada para siempre la unidad de España.


    Insultos insoportables

    José Tarradellas, en las mismas declaraciones que glosamos, se atrevió a deslenguarse así: “Nosotros podemos ser autonomistas por razones históricas, de derecho, porque hemos sido perseguidos, porque no hemos colaborado en el Gobierno, pero hay pueblos en España que hace cuatro siglos que gobiernan y ahora en dos meses piden la autonomía: me causa un poco de estupor. Esto no quiere decir que sea contrario a su autonomía, ni mucho menos. Pero no comprenden que Cataluña es otra cosa. Somos los únicos que no tenemos privilegios, ninguno”.

    Aparte del histrionismo de alguna frase mitinesca, el fondo de cuanto dice Tarradellas es la mentira más solemne que se puede proferir. ¿Cuáles son “los pueblos que hace cuatro siglos que gobiernan en España” y que han preterido a Cataluña? Las estadísticas demuestran que Tarradellas es algo obtuso. En el estudio “Renta nacional de España y su distribución provincial, 1975”, del Banco de Bilbao, con números precisos y exactos, se prueba que Barcelona es más rica que toda Andalucía, Badajoz y Murcia. Los ingresos de estas regiones representan el 15,22 de la renta nacional, frente al 16,59 de Madrid y el 16,14 de Barcelona. (…)

    Ante este apunte rapidísimo, ¿qué base tiene José Tarradellas para escupir a otras regiones españolas con el pretexto de que “hace cuatro siglos que gobiernan España”? La realidad estadística y tangible es que Cataluña, bajo Franco, ha crecido económicamente en proporciones gigantescas, sólo amenazada por el actual (1978) desastre económico y social que hunde las empresas, desmoraliza a los obreros y fomenta toda clase de delitos. La seriedad de José Tarradellas no se vislumbra por ninguna parte. Es una mala táctica desfigurar lo que todos hemos presenciado y conocemos palmo a palmo. (…)

    Este es el paisaje que permite la actuación de José Tarradellas, con sus incógnitas, secretos y retorcimientos. Ya que el señor Tarradellas, para lanzar a todos los vientos que Cataluña es una nación y que hace cuatro siglos hay otros pueblos que gobiernan España, cobra el modesto sueldo de 200.000 pesetas mensuales, no le será muy gravoso convocar todos los medios de comunicación social para ventilar y esclarecer lo que ligeramente hemos diseñado. El pudor político también tiene sus exigencias.

    Jaime TARRAGÓ

    Última edición por ALACRAN; 23/08/2024 a las 13:07
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