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Tema: El siniestro pasado del "honorable president” Tarradellas durante la Guerra Civil

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    El siniestro pasado del "honorable president” Tarradellas durante la Guerra Civil

    José Tarradellas (1899-1988) ha sido especialmente conocido como primer presidente de la Generalidad separatista (muy moderadito, por cierto) tras su restablecimiento en la “Transición”, donde gobernó desde 1977 a 1980 (en que le sucedió el infame Jordi Pujol).

    Sin embargo, pocos conocen los cargos y responsabilidades de Tarradellas en su periodo como principal dirigente de la Generalidad, en la II República y especialmente en la Guerra Civil, antes de su exilio en Francia (donde vivió casi cuarenta años).

    Este artículo de Jaime Tarragó aclara bastantes cosas sobre Tarradellas y abre los ojos a quien aun pueda percibir algo entre tanta niebla de lustros y lustros de intoxicación mental que se viene padeciendo. Debe advertirse que está escrito cuando aún Tarradellas estaba exiliado en Francia, aunque todo hacía presagiar su retorno triunfal como sucedería al año siguiente.


    El tema tiene relación y podría ir incluido en : “Transición”... para que volviera a las andadas la mafia catalanista de la República

    pero por su carácter específico lo envío por separado:


    Revista FUERZA NUEVA, nº 513, 6-Nov-1976

    Le llaman «presidente de Catalunya»

    EL “ESTADISTA” TARRADELLAS

    Insensata actitud de nuestras autoridades al no darse por enteradas de la historia política de este personaje

    Así reza un viejo adagio: «Dijo la sartén a la caldera: "No me tiznes, ojinegra".» De la misma manera hay que mirar toda la política reformista. Por doquier bajezas, claudicaciones, perjurios, peligros muy graves para España. No hay donde mirar. De otra forma no se explicaría que un hombre, cargado de macabros recuerdos, como José Tarradellas, pudiera tener audiencia en la prensa española, con entrevistas, noticias, mensajes, reportajes y toda clase de fotografías. También la prensa de la burguesía hace este juego. Definitivamente, el reformismo enloquece y destruye a una nación.

    José Tarradellas nació en el pueblo barcelonés de Cervelló, en 1899. Separatista de toda la vida, colaboró con el militar perjuro a España Francisco Maciá. El relieve máximo de Tarradellas destaca, precisamente, desde julio de 1936. Companys, después de haberse entregado a la CNT-FAI, nombra presidente del Gobierno de Cataluña a José Tarradellas.

    Por primera vez, en aquel pseudogobierno —que consintió millares y millares de crímenes—, el mandarín Tarradellas se rodea de cuatro miembros de la CNT, cinco comunistas y dos de la Esquerra. Preside el Comité de Milicias Antifascistas y empuja la industria de guerra de la España roja. Durante 1936-39 Tarradellas lo es todo, desde presidente de Gobierno alternativamente a consejero de Economía, Hacienda, Servicios Públicos, Gobernación y Cultura. Calcúlense las responsabilidades en que incurrió un hombre que fue clave en aquellas circunstancias.

    CONFESIÓN PERSONAL

    Entre las pocas verdades que confiesa Tarradellas, hay que destacar la que revela en una carta privada a Burnett Bolloten, en 1971, acerca de los hechos del 19 de julio de 1936 en Barcelona:

    «En la actualidad, todo el mundo puede saber que los vencedores de los militares y fascistas sublevados no fueron los militantes de la CNT ni los comunistas que en aquellas fechas no habían constituido todavía el PSUC, sino las fuerzas de orden público, la Policía, la Guardia Civil, el Ejército leal a la República; es decir, las fuerzas que controlaba y dirigía la Generalidad de Cataluña

    Estamos convencidos del acierto de este juicio. Sin los militares traidores al general Goded y a España, Barcelona hubiera sido inmediatamente nacional. Por esto la subversión siempre busca minar el Ejército, con infiltraciones masónicas e ideologías antinacionales.

    Si añadimos a esto que José Tarradellas, convencido de que la CNT-FAI no había sido decisiva en aquella coyuntura y que él fue su avalista oficial después de Companys, en la vida catalana, la negrura de tal actitud crece. El mismo Tarradellas —ahora— manifiesta que «el 6 de octubre de 1934 fue una catástrofe política» y que «Companys cometió un inmenso error». Pero entonces Tarradellas se calló, no se marchó de la Esquerra, fue uno de los motores del Frente Popular y de los que, durante la guerra, colaboraron con el comunismo. Todas las hipócritas palinodias, supuestos dramatismos e inconformismos, problemas insolubles con que se encontraban y que ahora explica Tarradellas, se evaporan ante su capital presencia en el más grave, sangriento y espantoso infierno vivido en Cataluña. Su tesoro artístico devastado, los «paseos», las checas, la miseria, los millares y millares de asesinatos recaen sobre la conciencia de Companys, de Tarradellas, de la Generalidad, de los que gobernaban en aquellos momentos...

    Para arreglarlo, el propio Tarradellas —al recordarle ahora lo sucedido en mayo de 1937, con el stalinismo del PSUC, con una carnicería de muertos de la CNT-FAI, del POUM y de las fuerzas de Seguridad, con la desaparición y secuestro del anarquista italiano Camilo Bernieri, con la entrega de Andrés Nin hasta su muerte a la policía soviética de la NKVD, que actuaba como en su casa en Cataluña y en la España roja— carga con los 900 muertos y 3.000 heridos que costaron aquellos acontecimientos. José Tarradellas ha dicho a Tristán la Rosa: «Le hablaré con franqueza: de haber un responsable de los hechos de mayo, este responsable quizá sea yo.» O sea, fue un títere de Stalin en Cataluña y sus mercenarios del PSUC.

    José Tarradellas fue la punta más aguda del separatismo en aquellos años. Por su propia cuenta «nacionalizó» el Comercio Exterior, creó una Secretaría de Asuntos Exteriores, emitió billetes de Banco. Todo esto no impide para que, en esta hora tenebrosa de España, este hombre declare que «no tiene inconveniente en entenderse con el Gobierno de la monarquía, siempre que éste acepte unas condiciones, que son el respeto al Estatuto de 1932 y a la propia personalidad jurídica de la Generalidad». Pero cuando la misma prensa informa que Tarradellas había recibido en Saint-Martin-le-Beau, a cuatro delegados del Gobierno de Arias Navarro, y detalladamente se especifican las reuniones de las actuales organizaciones separatistas y marxistas con Tarradellas en París, del que reciben órdenes, y estos mismos enemigos de España son contertulios después de ciertas autoridades españolas, lo que sucede adquiere ya síntomas de delirio consumado. Hasta aquí puede llevar la maniobra suicida de querer negar y dinamitar la obra de Franco.

    EL «ESTADISTA» TARRADELLAS

    En «Destino», del 4 al 10 de marzo de este año, Tarradellas declaraba a Baltasar Porcel que la burguesía catalana ha transformado el país, porque, terminada la guerra, se encontró «con las fábricas llenas de reservas, sin deudas, en perfecto estado de funcionamiento y una parte de ellas con un activo que jamás habían alcanzado antes». Se necesita audacia para mentir de este modo.

    Ilustraremos algo de lo que fue la vida económica de Cataluña bajo los auspicios de Tarradellas y Companys. El historiador Francisco Lacruz, en "El Alzamiento, la revolución y el terror"), nos ofrece estos datos:

    «Los Bancos, por orden de la Generalidad, cerraron sus ventanillas, suspendiendo toda suerte de operaciones, y cuando días después reanudaron sus actividades lo hicieron con las limitaciones impuestas por el resultado de la revolución. Las cuentas corrientes, que son la savia bancaria, su caudal de energía, quedaron bloqueadas, con lo que el organismo financiero de Cataluña, como había acontecido en toda la España que quedara cautiva de los rojos, resultaba como cuerpo sin vida. Presurosa acudió la Generalidad a aprovecharse del estrago. Por decreto del día 8 de agosto creó la Comisaría General de Banco, Bolsa y Ahorro, realizando con ello una nueva invasión de las atribuciones que el Estatuto de autonomía reservaba al poder central... El presupuesto de la Generalidad, constituido principalmente por los impuestos de cédulas personales, derechos reales y contribución territorial, ascendía a unos 80.000.000 de pesetas. Estos recursos resultaban ahora insuficientes para un organismo que pretendía actuar como un Estado soberano y que en los primeros veinte días del período rojo había gastado ya más de 60.000.000 pesetas (de las de entonces) ... La Generalidad dio un verdadero golpe de fuerza, incautándose manu militan (decreto de 24 de agosto) de las sucursales del Banco de España radicadas en su territorio y de las delegaciones de Hacienda de las cuatro provincias.

    Empeñado en conflictos más graves, el Gobierno de la República, que por las buenas no hubiese dado a la Generalidad ni un ochavo, claudicó, en cambio, ante el golpe de audacia, abandonando en manos de los separatistas tan cuantiosos recursos económicos y financieros. Con el éxito de su asalto, la Generalidad quedó dueña absoluta de los caudales acumulados en las delegaciones de Hacienda —caudales que fue extrayendo con voracidad extrema— y de las disponibilidades crematísticas y crediticias del Banco de España y aun de los otros Bancos y Cajas de Ahorro. Pasó así, por la victoria de su golpe de fuerza, desde la penuria a la más exuberante abundancia... Las emisiones de papel moneda, más que a allegar recursos, a lo que tendían era a afirmar la personalidad independiente de Cataluña. La tesis de Tarradellas y Companys era la de que un país no es completamente soberano mientras no dispone de signo monetario propio. Con esta finalidad principal se hicieron las emisiones de papel moneda. Salieron a la luz billetes de 10,5 y 2,50 pesetas... Después, la Generalidad obligó, con fecha 9 de octubre de 1936, a los Bancos y Cajas de Ahorro, a que le entregasen cuantos valores extranjeros o divisas tuviesen, obteniendo por tal procedimiento una gran cantidad, que se evalúa en más de 80.000.000 pesetas (de entonces), despilfarrados en poco tiempo. Ocho meses más tarde llevó el despojo a su límite extremo, ordenando la apertura de todas las cajas fuertes de alquiler que había en los Bancos, para apropiarse del metálico y joyas que hubiese en depósito en las mismas.

    El botín fue extraordinario. Desde unos meses antes de la revolución, esto es, desde que el triunfo del Frente Popular había desatado nuevamente el desorden en España, toda la burguesía y parte de la aristocracia, asustadas por el avance anárquico, se apresuraron a guardar en estas Cajas la mayor parte de sus joyas y una porción considerable de su numerario, pensando que así estaría el depósito seguro. Sobre todo, se pensaba que aun en el caso probable de una revolución, cuando menos, serían respetados los Bancos que eran sucursales de sociedades extranjeras. Pero no valió la previsión. La Generalidad, siguiendo en esto el ejemplo del Gobierno de Madrid, mandó abrir sin excepción todas las cajas, apropiándose de cuanto de valor cotizable o pignorable halló en ellas. Este nuevo saqueo proporcionó al Gobierno catalán recursos incontables. En realidad, no es posible calcular su cuantía, porque de estos depósitos, conocidos únicamente por sus propietarios, no se guardaba relación alguna, y los datos facilitados por los que manipularon este gigantesco robo fueron lo suficientemente confusos para no poner nada en claro. Se supone, juzgando en joyas y oro amonedado y en barras, el botín pasaba de 150.000.000 de pesetas (de entonces). En biIletes, la cantidad ocupada debió ser mucho mayor. Los Ayuntamientos, cuyos ingresos se hallaban igualmente en crisis grave, recurrieron a procedimientos y recursos de la misma baja ley. La ocultación absoluta de la moneda fraccionaria de cobre, que, como todo lo que tenía algún valor intrínseco, había desaparecido totalmente, les dio pretexto para emitir por su cuenta pequeños billetes que, a la vez que sustituían a aquélla, les producían a ellos un saneado beneficio. El Ayuntamiento de Barcelona emitió billetes de una peseta, de 50, 15 y 10 céntimos, por valor de 13.000.000. Casi todos los municipios de Cataluña, aunque en menor cuantía, le imitaron

    Esta depredación sin precedentes, dirigida y controlada por Tarradellas, es lo que le permite afirmar que «el Gobierno de la Generalidad, dejamos sentadas las bases de la futura prosperidad precisamente a través del Decreto de Colectivizaciones». ¿No es esto una burla espeluznante para Cataluña?

    ¿PRESIDENTE?

    La monstruosa mentira de José Tarradellas, que se presenta como presidente de la Generalidad, ha sido puesta de manifiesto por el diputado del Frente Popular, José Antonio Trabal. Fueron camaradas de la Esquerra, pero Trabal a veces tiene un espontáneo descaro que canta las verdades al más pintado, aunque él tenga mucho que callar. Trabal, en «El Noticiero Universal», del pasado 26 de julio, demuestra que, según la propia legislación republicana, del Estatuto y de su legalidad, no existe ni la Generalidad ni tal presidente, y que nadie puede argumentar sobre la imposibilidad de los requisitos legales previstos. Afirma Trabal:

    «Quien lo hiciere, debería no olvidar que de haber existido unas circunstancias capaces de impedir el ejercicio de la legalidad, en el seno de la sociedad catalana de aquellos tiempos (circunstancias sociales, sindicales y políticas, causantes de la existencia de diversos grupos antagónicos que se disputaban el poder), el hecho evidenciaría, por sí mismo, la existencia de un desorden absolutamente incompatible con la existencia de un Estado de Derecho y, por tanto, de una estructura de Gobierno, de las deliberaciones de un parlamento, de una presidencia y del ejercicio de las funciones de unos diputados.

    Es decir, que el vértice de la revolución que se vivió en la época habría destruido la propia Generalidad. Por ventura, Juan Casanovas y Maristany, presidente del Parlamento catalán, ¿no tuvo que refugiarse en Francia para salvar su vida? ¿Y no murieron asesinados, entre otros más, el que fue jefe superior de Policía Andrés Reverter y el literato catalán amigo de Trotsky Andreu Nin? Y los carabineros de Negrín, cuando el putch de mayo de 1937, ¿no tuvieron que acudir de Valencia a Barcelona —mientras el presidente de la República estaba cercado en el Parque de la Ciudadela— para restablecer el orden en nuestra ciudad? Parécenos innecesario insistir sobre el tema y creemos evidente que la presidencia de la Generalidad no existe actualmente

    PAZ, PIEDAD, PERDÓN

    Es más, Azaña pronuncia el 18 de julio aquel discurso que terminaba pidiendo paz, piedad, perdón». Comenta Carlos Rojas:

    «El 11 de agosto, en una reunión del Gobierno de la República, se aprueba la militarización de la justicia y la nacionalización de la industria de guerra de la Generalidad, así como sesenta y cuatro penas de muerte, cincuenta y ocho de las cuales se cumplen el mismo día... Tarradellas telefonea a Azaña, solicitando una urgentísima audiencia para la mañana siguiente, Tarradellas le dice a Azaña que Companys se halla en Francia, y le han cablegrafiado para que regrese de inmediato. En nombre del Consell, que ha permanecido reunido casi toda la noche, Tarradellas ruega a Azaña que no firme los decretos, que son a su entender cuestiones de gobierno y de partidos. Las nuevas de las ejecuciones le enfurecen sobremanera. A los ocho días de hablar de piedad y perdón, me refriegan cincuenta y ocho muertos. Sin decirme nada ni oír mi opinión

    Azaña todavía tiembla ante los cincuenta y ocho catalanes asesinados. Pero Tarradellas no se inmuta, no protesta, no dimite. Y, a ese hombre, con pose de mujik a lo Rasputín, hoy la prensa le titula «honorable presidente de la Generalidad». En compensación, Tarradellas insulta al Ejército y a Franco como facciosos («La Vanguardia», 8-XI-76).

    Y bajo el gobierno de Companys y Tarradellas, Carlos Pi y Sunyer, en sus memorias «La República y la guerra», lamenta el asesinato de José Codolá, concejal de la Lliga, «hombre honesto, demócrata, comprensivo, que fue siempre un adversario político correcto, que usaba armas nobles y correctas», con lo que se demuestra la impotencia y el entreguismo de la Generalidad de Tarradellas al comunismo, cuando un personaje separatista y republicano, diputado del Frente Popular y alcalde rojo de Barcelona, en aquella época, se siente tan descorazonado. Así lo confiesa ante otro caso:

    «Si yo mismo con el cargo que ocupaba y con todo lo que hice no podía salvar la vida de un hombre inocente, ¿por qué seguir soportando tal martirio

    Esta era la Cataluña de Tarradellas. La misma Cataluña que causaba la huida velocísima de José María de Sagarra, al que, según cuenta su hijo, «la FAI le había ido a buscar dos veces a su domicilio». Y Sagarra se definía así: «Soy catalán y soy liberal.» Pero con su catalanismo y con su liberalismo no tenía asegurado el pellejo en la Cataluña de Tarradellas. Para vivir seguro, José María de Sagarra tuvo que esperar la llegada de Franco a Cataluña, y aquí alcanzó sus mejores triunfos literarios, teatrales y personales. Y de no haber muerto, habría obtenido en la España de Franco un cargo cultural que se venía trabajando. Pero en la Cataluña de Tarradellas sólo tenía segura la cuneta.

    AZAÑA NOS DEFINE A TARRADELLAS Y A LA GENERALIDAD

    Manuel Azaña, en «La Velada de Benicarló», escribe:

    «La Generalidad funciona insurreccionada contra el Gobierno. Mientras dicen privadamente que las cuestiones catalanistas han pasado a segundo término, que ahora nadie piensa en extremar el catalanismo, la Generalidad asalta servicios y secuestra funciones del Estado, encaminándose a una separación de hecho... Legisla en lo que no le compete; administra lo que no le pertenece... En muchos asaltos contra el Estado toma como escudo a la FAI. Se apodera del Banco de España, para que no se apodere de él la FAI. Se apodera de las Aduanas, de la policía de fronteras, de la dirección de la guerra en Cataluña (la campaña de Aragón), etc. Se aprobó el derecho de colectivización de la industria, como parte de una componenda, a cambio de que los sindicatos aceptaran los decretos de movilización y militarización. Se cumple el primero, pero no los otros. Cuando el gobierno de la Generalidad lanzó una vez cincuenta y ocho decretos, cada uno de los cuales era una transgresión legal, no ha obtenido la observancia de ninguno, porque a los sindicatos no les gustan. Con eso disfrutamos la doble ventaja de entremeterse la Generalidad en lo que no le compete y una desobediencia anárquica... Hablan de la guerra en Iberia. ¿Iberia? ¿Eso qué es? Un antiguo país del Cáucaso... Estando la guerra en Iberia puede tomarse con calma. A este paso, si ganamos, el resultado será que el Estado le deba dinero a Cataluña

    Este es el José Tarradellas que, de hecho, centra todos los partidos de la oposición en orden a derribar la monarquía y a destruir la unidad de España. Esto se tolera. Tarradellas está incurso en lo mismo por lo que fue condenado Luis Companys, que en su sentencia se le inculpa de continuar «dándose el título de presidente de la Generalidad». Y se permite insistir en que quiere volver como presidente de la misma. Y para ello hay conversaciones, diplomacias secretas, mensajeros mutuos.

    Triste el destino de Cataluña en este ambiente. Pero la tristeza llega a la auténtica desesperación patriótica cuando se reflexiona en lo que esto significa. O sea, el incumplimiento de las Leyes Fundamentales y Principios del Movimiento Nacional. Es más, es un crimen de lesa Patria permitir el crecimiento, la proliferación y el cáncer del separatismo. Y esto es Tarradellas, los partidos separatistas y marxistas y la vista gorda a sus actividades. En fin, recordemos otro adagio: «Do no hay vergüenza, no hay virtud buena.» Pero Cataluña sabe dar disgustos a los que la traicionan. No se olvide que millares y millares de los mejores catalanes huyeron de la Cataluña de Tarradellas para incorporarse al Ejército nacional, a los tercios de requetés y a las banderas de Falange. Y que estos catalanes barrieron la Generalidad para siempre. Lo que una vez sucedió, se pude repetir. A pesar de los pesares. No todos queremos ser perjuros ni otra vez esclavos.

    Jaime TARRAGÓ

    Última edición por ALACRAN; 15/09/2021 a las 16:08
    Pious dio el Víctor.
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  2. #2
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    Re: El siniestro pasado del "honorable president” Tarradellas durante la Guerra Civil

    Sobre la ilegal presidencia de la Generalidad en el exilio de Tarradellas (1939-1977) y su posteior reconocimiento por la democracia juancarlista como interlocutor de toda Cataluña, sin haber sido nunca plebiscitada ni su supuesta presidencia ni la restauración de la autonomía para Cataluña.

    El tema tiene relación con : “Transición”... para que volviera a las andadas la mafia catalanista de la República



    Revista FUERZA NUEVA, nº 554, 20-Ago-1977

    DE LA AUTONOMÍA Y LA DUALIDAD DE PODERES

    (…) Ahora (1977) a Francisco Maciá le ha salido un émulo de singular empuje: don José Tarradellas, autodenominado “Presidente de la Generalitat de Catalunya”, honor que el señor Maciá no pudo conseguir en los tiempos en que bregó por la Presidencia auténtica: es decir, antes del 17 de abril de 1931, en que, correspondiendo a la propuesta del ministro socialista don Fernando de los Ríos, accedió a permutar la “República Catalana” que había proclamado tres días antes por la vetusta denominación de “Generalitat de Catalunya”, que le propuso el culto catedrático granadino para transaccionar el contencioso que venían sosteniendo Barcelona y Madrid acerca de la autonomía de Cataluña.

    O sea, poco más o menos como viene acaeciendo actualmente (1977), pero con la ventaja para el señor Adolfo Suárez, presidente del Consejo de Ministros, en su auténtica calidad de presidente del Gobierno del Estado español, que se ha dignado reconocer, como cierta y buena, esa presidencia de la “Generalitat de Catalunya” de que hace gala Tarradellas, ex consejero de Finanzas de la misma durante la Guerra civil -autor que fue del “Decreto de Colectivizaciones”, de rara semejanza con los procedimientos, expoliatorios del comunismo- sin que nadie sepa de dónde le puede nacer el derecho a ostentar dicho título presidencial.

    Porque la realidad, de los hechos acaeció como sigue. El día 5 de agosto de 1954 tuvo lugar en la (llamada) “Embajada de España”, sita en la ciudad de Méjico y de carácter republicano, una reunión de personas que habían sido diputados al Parlamento catalán, y cuyo mandato legal se había extinguido en el mes de noviembre de 1937, es decir, a los cinco años (el Estatuto fue aprobado en 1932) de haberse realizado las elecciones constitutivas del Parlamento Catalán. Es decir, que el acto en cuestión tuvo lugar quince años más tarde de haberse terminado la Guerra Civil y a veintiún años de distancia de la elección del último presidente de aquella institución, don Luis Companys.

    Hubo ya en Francia -o sea, en el exilio- un intento de presidencia desempeñada por don José Irla, tras el fallecimiento del señor Companys, hasta que el día 6 de agosto de 1964, aceptando el resultado de la reunión habida en Méjico -y que detallaremos seguidamente-, traspasó a don José Tarradellas el mencionado cargo, pero irrogándose la condición de atribuírselo -hecho para el que evidentemente carecía de facultades, como tampoco las tenía para otorgarle la presidencia-, “hasta que el pueblo no recobre la plenitud de su libertad política”. Lo cual, prescindiendo de la antijuridicidad de aquel acto, que lo tacha con vicio de nulidad, significa de toda evidencia que hoy en día (1977), habiendo recuperado Cataluña -como toda España- su “libertad política”, la pretendida atribución presidencial que quiso realizar el señor Irla en beneficio del señor Tarradellas, también ha quedado extinguida y sin efecto alguno.

    Pero volvamos a la supuesta elección, como presidente de la “Generalitat”, de don José Tarradellas. Presenciaron el acto solamente cuatro personas, los señores Bosch Gimpera, Calvet, Eroles y Miguel Ferrer, y -sobre 85 diputados que componían el Parlamento catalán- los asistentes al mismo solamente fueron nueve, a saber: los señores Armendares, Canturri, Dot, Folch, Gerhard, Ferreras, Riera, Rouret y Ruiz Ponseti. Se anotaron, también, quince votos de antiguos diputados ausentes, y, a pesar de residir en Méjico, excusaron su asistencia los señores Canelles, Galés y Simó-Bofarull. No hubo en el acto ningún representante del denominado Gobierno de la República en el exilio, ni el que desempeñaba las funciones de “embajador” en Méjico, en cuya casa, precisamente tuvo lugar el acto. Tampoco se invitó a la prensa ni al público, por lo que bien puede estimarse que la supuesta elección careció de los aspectos formales y de publicidad que dan solemnidad a este tipo de actos y les confieren veracidad.

    Sintetizando cuanto queda dicho y algo por decir, pueden establecerse los siguientes extremos:

    PRIMERO.- Que la reunión habida en la “Embajada” de la República Española en Méjico, el día 5 de agosto de 1954 y en la que la única candidatura para la presidencia de la “Generalitat” fue la de don José Tarradellas, estuvo integrada por nueve antiguos diputados al Parlamento catalán, cuyo nombramiento había ya caducado. (Véase el párrafo tercero del artículo 14 del Estatuto de la Autonomía de Cataluña, promulgado el 15 de septiembre de 1932).

    SEGUNDO.- Que la mencionada reunión, supuestamente electoral, careció de las formalidades legales y de la publicidad imprescindibles para convalidarla.

    TERCERO.- Que, aun en el caso de que se hubieran podido superar dichas anomalías, el voto de nueve antiguos diputados, sobre los 85 que componían el Parlamento catalán, son netamente incapaces para constituir el quórum requerido a fin de convalidar una elección.

    CUARTO.- Que de los nueve ex diputados reunidos en Méjico, hoy en día (1977) sólo queda vivo uno de ellos, y que desde aquella fecha -es decir, desde hace 23 años- el señor Tarradellas no ha convocado ninguna otra reunión de ex diputados.

    Precisa consignar, igualmente, que el Estatuto de la Autonomía fue aprobado -en 15 de septiembre de 1932- por las Cortes Republicanas y adquirió vigencia, como es leíble en su texto, “dentro de la Constitución de la República”. Por lo que, desaparecido aquel régimen y constituida España en Reino, no cabe, en modo alguno, reivindicar la vigencia de un texto cuya efectividad legal se ha extinguido. Entre otros motivos, éste es uno por el cual precisamente las Cortes ahora (1977) elegidas lo son con carácter constituyente y a ellas incumbe elaborar una nueva Constitución y, dentro de ella, la efectividad de un régimen autonómico para cuantas regiones -y, entre ellas, es natural, Cataluña- soliciten su articulación autónoma con el Estado.

    Tampoco es comprensible que un país amigo, cual es el caso de Francia, pueda dar albergue a una “Presidencia de la Generalitat”, con vigencia y autoridad en España, pero residenciada en el pueblecito de Saint Martin le Beau, ya que un tal dislate equivaldría a la posibilidad de albergar en territorio español una autoridad representativa de los autonomistas bretones o vascos con el consiguiente galimatías internacional.

    No resulta tampoco fácil comprender, y menos aun teniendo presente el hecho de haberse elegido por el pueblo de Cataluña sus diputados y senadores a Cortes, que por parte del Gobierno de la Nación (Adolfo Suárez) se sitúe por encima de la representatividad auténtica de dichos parlamentarios la de un supuesto “presidente de la Generalitat”, dialogando y tratando con él como si fuera una autoridad legítimamente elegida. Hecho que, de contragolpe, ha ocasionado un neto desprestigio de los diputados y senadores electos, a quienes desde Saint Martin le Beau (Francia), el presunto y reconocido “president” se ha creído con derecho a echarles la puerta por las narices, cuando humildemente han tratado de explicarle su pensamiento político.

    Todo lo cual viene a significar que estamos entrando en un juego muy peligroso, ya que, además de las dificultades que comporta de por sí, y especialmente en España, la estructuración de un régimen de múltiples autonomías, ahora, y por capricho, para la más difícil y la más ambiciosa de todas ellas, a causa de sus peculiaridades y de su potencial económico, se crea y reconoce, por encima del valor incuestionable de los diputados y senadores elegidos por el pueblo de Cataluña, una “presidencia de la Generalitat” con autoridad tan amplia que le permite dialogar directamente con Madrid y someter a su arbitrio el criterio de aquellos que han recibido su autoridad de la voluntad suprema del país, expresada netamente en las urnas. (…)

    Dr. José A. TRABAL SANS
    (“Solidaridad Nacional”;
    29-VII-77)


    Última edición por ALACRAN; 26/08/2023 a las 19:21
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: El siniestro pasado del "honorable president” Tarradellas durante la Guerra Civil

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    "Suspenso en historia para Tarradellas y Suárez"



    Revista
    FUERZA NUEVA, nº 566, 12-Nov-1977

    SUSPENSO EN HISTORIA PARA TARRADELLAS Y SUÁREZ

    “Dime con quién andas y te diré quién eres”, dice un conocido adagio. Y nunca hubiéramos creído que tuviéramos que enmaridar los nombres de José Tarradellas y Adolfo Suárez. Pero “el hábito no hace al monje”, sentencia la sabiduría popular. Y, por lo visto, entre José Tarradellas y Adolfo Suárez hay coincidencias hervorosas, pues incluso se abrazan en público. Y quizá el cordón umbilical de esta sincronización está en el desbarro común del que hicieron gala el pasado 24 de octubre (1977), en el acto celebrado en Barcelona.

    Dejemos aparte la carnavalada de la recepción a José Tarradellas. Vamos a centrar nuestro comentario para deshacer el entuerto que significa que este personaje pudiera afirmar, sin ruborizarse, que “la Generalidad, bajo las presidencias de Francisco Maciá y de Luis Companys, demostró su capacidad para autogobernarse, y lo hizo con un sentido moderno y eficaz de la función pública”.

    ¿Qué pecado ha cometido Cataluña para que pueda llover sobre ella quien denigre la verdad en forma tan escandalosa? Pues, Francisco Maciá ¿supo gobernar? Todos sabemos que Maciá fue un militar perjuro, el “brillante coronel”, gran terrateniente, afiliado a la masonería, y que en 1925, en Moscú, hipotecó el movimiento catalanista de izquierdas a la dirección procomunista. Es verdad que Maciá también un día proclamó que tenía “una deuda de gratitud hacia Alfonso XIII, que le obligaba para toda su vida”. Pero Maciá, en 30 de octubre de 1926, en Prat de Molló, quiso invadir España… La bufonada terminó en el ridículo, pero el 14 de abril de 1931 proclamó el “Estat Catalá”, que sólo pudo suavizar la superior obediencia masónica. Maciá besó la bandera española como cadete de Ingenieros Militares, la catalana con la estrella solitaria al fundar el “Estat Catalá” y los soviética ante los muros del Kremlin, en 1925. El tiempo de su permanencia en la Generalidad fue el protagonista que causó las pesadillas posteriores.

    Luis Companys es un caso todavía más lastimoso. Basta la referencia de la noche vergonzosa y sangrienta del 6 de octubre de 1934, con sus muertos y heridos, con sus devastaciones y crímenes, para calificar a tan siniestro culpable de tanta masacre. Gaziel, en “La Vanguardia”, del 9 de octubre de 1934, subrayaba así el gesto estúpido de Companys: “Es algo formidable. Mientras escucho, me parece como si estuviera soñando. Eso es, ni más ni menos, una declaración de guerra”.

    Después, en el 19 de julio de 1936, Companys se entrega totalmente a los anarquistas y después al PSUC. Es en ese tiempo que Companys afirma: “Hay entre nosotros tres instituciones violentamente odiables, y de las cuales el pueblo, de año en año, se sentía amargado, quiero decir: el clericalismo, el militarismo, el latifundismo… El movimiento del cual sois testigos es la expoliación de una cólera inmensa, de una inmensa necesidad de venganza, subiendo del fondo de los tiempos. Esta cólera explica el carácter impetuoso de este movimiento”. (“Vu en Espagne: la défense de la Republique”, de J. R. Bloch, pág. 32)

    A esto José Tarradellas lo califica de “capacidad para autogobernarse” y de “sentido moderno y eficaz de la función pública”. Pero por el hilo se saca el ovillo.

    Todo tiene su truco

    No hay que hilvanar filosofías complicadas para captar la defensa que José Tarradellas, apologéticamente y con provocación, hace de los nefastos Francisco Maciá y Luis Companys, enemigos de España, del Ejército, de la unidad nacional y colaboradores eficacísimos del comunismo. Porque José Tarradellas se las trae. Durante nuestra guerra él no fue algo inocuo, sino uno de los peores culpables de la miseria en que cayó Cataluña.

    El anarquista Santillán, en su libro “La revolución y la guerra en España” nos dice:

    La audaz política financiera de Tarradellas consiguió vencer los obstáculos de los primeros meses mediante las incautaciones llevadas a cabo en los establecimientos bancarios de Cataluña; pero estas incautaciones tenían un límite, y llegó el instante en que hubo que recurrir, para hacer frente a las necesidades urgentísimas, a las emisiones propias de las que no respondía el gobierno nacional”.

    Y el historiador Francisco Lacruz comenta:

    Las emisiones de papel moneda, más que a allegar recursos, a lo que tendían era a afirmar la personalidad independiente de Cataluña. La tesis de Tarradellas y Companys era la de que un país no es completamente soberano mientras no dispone de signo monetario propio. Con esta finalidad principal se hicieron las emisiones de papel moneda. Salieron a la luz billetes de 10, 5 y 2,50 pesetas… Después la Generalidad obligó, con fecha 9 de octubre de 1936, a los Bancos y Cajas de Ahorros, a que le entregasen cuantos valores extranjeros o divisas tuviesen, obteniendo por tal procedimiento una gran cantidad, que se evalúa en más de 80.000.000, despilfarrados en poco tiempo. Ocho meses más tarde llevó el despojo a su límite extremo, ordenando la apertura de todas las cajas fuertes de alquiler que había en los Bancos, para apropiarse del metálico y joyas que hubiese en depósito en las mismas. El botín fue extraordinario… Este nuevo saqueo proporcionó al Gobierno catalán recursos incontables. En realidad, no es posible calcular su cuantía, porque de estos depósitos conocidos únicamente por sus propietarios, no se guardaba relación alguna, y los datos facilitados por los que manipularon este gigantesco robo fueron lo suficientemente confusos para no poner nada en claro. Se supone, juzgando por los envíos que después del despojo se hicieron al extranjero, que sólo en joyas y oro amonedado y en barras, el botín pasaba de 150.000.000 de pesetas. En billetes, la cantidad ocupada debió ser mucho mayor”.

    Exponemos hechos. Y con Companys como presidente de la Generalidad y Tarradellas consejero de la misma, se asesinó a mansalva en toda Cataluña. En el “Boletín de Estadística”, como separata de la “Gaceta Municipal” de Barcelona, en “Resúmenes demográficos de la ciudad de Barcelona del periodo 1936 a 1938”, se reseña este dato:

    La gran mayoría desaparecieron, como fardos inmundos, de los depósitos, siempre abarrotados de cadáveres bárbaramente mutilados, y que diariamente habían de desalojarse para recibir la nueva mercancía de estos espantosos almacenes de la muerte”.

    Y de esto era culpable el sedicente Gobierno de la Generalidad. Que no se diga que eran incontrolados los patrulleros. Como observa Luis Carreras, en “Grandeza cristiana de España”:

    No faltaron, sin embargo, tribunales del Estado que rápidamente, implacablemente, dieron sentencias capitales para los militares y paisanos que se habían levantado en armas, y éstas fueron ejecutadas inmediatamente en nombre de la ley a título de represalias. Para los asesinos, los incendiarios, los violentos obscenos, los profanadores de cadáveres, los sacrílegos, los iconoclastas, los expoliadores, fue inexistente la ley, no hubo detenciones, ni procesos, ni condenas. Gentes armadas por la autoridad, para oponerse al levantamiento militar, se lanzaron a la destrucción, al pillaje, al asesinato, en lugar de correr al combate. Rebeldes, desertores, criminales. Y en vez de la necesaria y ejemplar represión que merecía tamaña traición, doblada de infamia, tales fuerzas caóticas y vandálicas siguieron actuando libremente y detentaron el mismo poder público con el prestigio de la legalidad y la fuerza de la autoridad constituida”.

    Resumamos este aspecto de la actuación de Companys y Tarradellas con lo que se lee en las “Obras completas” de Manuel Azaña:

    A Pi Suñer le ha soltado esto: mire usted, yo soy de una franqueza brutal. Todo lo que pasa en Cataluña proviene de que están ustedes gobernados por un enfermo, como Companys, y por dos miserables canallas como Tarradellas y Comorera. Son incapaces de una reacción noble”. (Vol. IV, pág. 82)

    La procaz propaganda de Maciá y Companys, hecha por Tarradellas, ¿tiene su secreto en defenderse de su propia actuación?

    Lo que hay que aclarar

    Cataluña no puede estar gobernada por personas indignas. El honor de sus hombres públicos debe ser algo indiscutible. Y hay una noticia que circula por doquier, que debe ser discriminada con la máxima rapidez. Concretó este estado de ánimo y de información desazonante algo que publicó “El Alcázar” del 15 de octubre. Nos limitamos a transcribirlo:

    Según fuentes fidedignas, en la región catalana se está protegiendo de cerca, y siguiendo de lejos, la vida y los pasos de un conocido patricio barcelonés en cuyo poder obraría la fotocopia de la carta autógrafa que, al principio de los 40, el hoy honorable señor Tarradellas dirigió al mando de la Gestapo alemana, entregando prácticamente a la misma, durante la ocupación de Francia, al señor Companys, como uno más de los servicios prestados como precio impuesto por los nazis para su propia libertad y vida -colaboración que, lógicamente, se trataba de desarrollar con algunos espaciados periodos de retención-. La fotocopia en cuestión es, al parecer, el único ejemplar que obra fuera de los archivos de la CIA, a los que el original fuera a parar tras la liberación del territorio galo por las fuerzas aliadas, junto a otros importantísimos documentos relativos a España que los norteamericanos descubrieron en los cuarteles y puestos de mando hitlerianos y cuerpos policiales fieles a la línea Vichy. Según nuestro informador, existiría hoy (1977) gran preocupación, tanto por el uso que pueda llegar a hacerse de tan importante documento -definitivo como prueba, ya que, como es sabido, en tales casos de denuncia los miembros de la Gestapo exigían, además de ser autógrafa, que fueran firmadas y rubricadas- como por el riesgo que pueda correr la vida de quien guarda tan elocuente tesoro histórico. Una carta mucho más elocuente que el personal testimonio de doña Ramona Companys, quien recogió, horas antes de la muerte de su hermano, las declaraciones que él mismo le hizo sobre la delación de su ex compañero de Gobierno, señor Tarradellas”.

    La dignidad de Cataluña no puede estar en entredicho ante una acusación tan grave. Quien considera que Maciá y Companys demostraron “su capacidad para autogobernarse”, insulta a Cataluña; pero si José Tarradellas fue un agente de la Gestapo, hay que pedir responsabilidades a los que no han informado al Rey Don Juan Carlos I situándole ante un compromiso de esta envergadura (…) Tarradellas se burla de la historia de Cataluña, al ponderar a Maciá, el militar perjuro, y a Luis Companys, autor de la hecatombe del 6 de octubre de 1934, y de lo que siguió al 19 de julio de 1936, con la colaboración primerísima de Tarradellas. Y de éste hay que reclamar luz y taquígrafos para que se esclarezcan su responsabilidades sobre la captura de Companys (…)

    Cotejo de disparates

    Adolfo Suárez no es políglota. Dicen que apenas habla el francés. Ya sabemos que es avispado en el arte de ir tirando. Por esto, en su discurso del 24 de octubre, en Barcelona, llevado del frenesí periodístico del momento, dejó escapar un gazapo impropio de un presidente de Gobierno (…). Nos dijo Adolfo Suárez: “Como dato histórico, que ya ha sido destacado, hay que decir que si fue Felipe V quien firmó el Decreto de Nueva Planta, que anulaba las instituciones autonómicas catalanas, ha sido el Rey don Juan Carlos I quien las ha devuelto”.

    Nos disgusta tanta ligereza. La historia de Cataluña es demasiado seria para que sea tratada frívolamente. La guerra dinástica que terminó en Barcelona el 11 de septiembre de 1714 con Felipe V en el trono de España, significó el fin de la Cataluña tradicional, corporativa, orgánica, antimoderna, antieuropea. A Cataluña no le iba el absolutismo francés, como después tampoco ha tragado la Ilustración y las Cortes de Cádiz, que ahora tienen inesperados panegiristas. Si Cataluña luchó denodadamente contra los Borbones, lo hizo por su fidelidad al concepto católico de la vida, por su entendimiento de la unidad de España armonizada con la foralidad y las libertades locales y por su concepto de la Monarquía, en verdad, y por tanto incompatible con todo constitucionalismo de “república coronada” y de monarca que reina pero no gobierna. Por esto el historiador izquierdista Rovira Virgili señala con toda razón que “los herederos de 1714 son los carlistas de la montaña catalana”. Y los catalanistas, como Vicens Vives, están encantados con el decreto de Nueva Planta, por considerarlo superador de esquemas medievales y reaccionarios.

    El catalanismo -lo que ahora (1977) representa José Tarradellas- es la antítesis de Rafael de Casanova, de la resistencia catalana frente a Felipe V. Rafael de Casanova representaba lo que historiadores como Aulestia y Pijoan, Moliné y Vergés, han confesado. Este último dice: “Cataluña tomó el partido más netamente españolista”. Y un político madrileño como Silvela declaraba que, en aquella guerra, los catalanes defendieron “lo que significaba más la unidad de España”. Digamos que generales, jefes del ejército y fusileros, eran de toda España. Y sobre todo, no se olvide que Rafael de Casanovas, que luchó “para salvar a España de la esclavitud borbónica”, como dice un historiador catalán, quería las instituciones corporativas, que nada tenían que ver con los partidos políticos que España ha padecido y padece. (…)

    No, Adolfo Suárez tampoco es perito en historia. Está en el mismo horizonte que José Tarradellas. Si Tarradellas encuentra sus modelos en Maciá y Companys, ya sabemos los próximos derroteros de nuestra decadencia inmediata. Si Adolfo Suárez confunde el Estatuto de Cataluña con los partidos políticos, con los socialistas y comunistas del PSUC, con los marxistas de todo pelaje, y para esto ofrece un marco legal, no se puede encontrar una oposición más radical a lo que representó Rafael de Casanova. Ni es posible entrañar un parentesco más próximo que las consecuencias del decreto de Nueva Planta, que se convirtió en la hervidero de los oligarquías, de las burguesías anticatalanas, de las guerras civiles, del catalanismo antinacional, de la descristianización de Cataluña, hasta llegar a las locuras de Maciá, Companys y Tarradellas. (…)

    Jaime TARRAGÓ



    Última edición por ALACRAN; 16/01/2024 a las 14:18
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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