...3. Cosmología y el origen del universo
En sus presentaciones iniciales, la cosmología del Big Bang, hoy universalmente aceptada, incluyendo sus extensiones inflacionarias, parecía demostrar el origen absoluto del tiempo desde un punto inicial, una singularidad cósmica. Muchos autores creyentes asociaron el origen cosmológico del tiempo al “momento” de la creación divina del universo, según el Génesis. Pero este aparente acuerdo se debilitó cuando algunos científicos supusieron un fondo cuántico “previo” (no entendido en un sentido temporal) del que muchos eventos tipo “Big Bang” podrían surgir, incluso infinitos. Nuestro universo iniciado temporalmente, por tanto, sería sólo uno de esos innumerables “multiversos”. La hipótesis no puede ser empíricamente probada, pero tampoco excluida. La feliz coincidencia con la verdad revelada de la creación ya no era sostenible7.
Aquí es donde la metafísica tomista de la creación aparece como relevante para una correcta interpretación del alcance de los modelos cosmológicos. Tomás de Aquino sostuvo, como sabemos, que la eternidad del mundo invocada por Aristóteles no era incompatible con la condición creada del universo, porque la creación de la nada no es una relación causal temporal, sino una dependencia ontológica permanente de las creaturas respecto del Creador. “Nada impide que lo que es siempre necesite de algo para existir, en cuanto tiene su ser no por sí mismo, sino por otro” (De Potentia, q. 3, a. 13, ad 1)8.
Así como podemos ver la narración bíblica de la creación progresiva en el tiempo, según diversas fases, como la formación de la tierra, las plantas, los animales y el hombre, como algo compatible en su conjunto con la “narración” científica de un universo en evolución (según ambas perspectivas puede decirse que nuestro universo “ha nacido”), de todos modos la total dependencia ontológica del universo respecto de Dios, es decir, la noción metafísica de creación no implica tener que entender el ex nihilo creativo en un sentido temporal (Sanguineti, 1996).
Según Tomás de Aquino, un análisis retroactivo de las transformaciones y causas generativas precedentes no requiere un punto inicial en el pasado. “No es imposible que el hombre sea generado por el hombre infinitamente (in infinitum)” (S. Th. I, q. 46, a. 2, ad 7). Santo Tomás sostiene este punto sólo como una posibilidad teórica, de acuerdo con la tesis según la cual se da una compatibilidad entre una infinita serie de generaciones y a la vez su dependencia atemporal o supratemporal con respecto a una causa esencial.
El motivo es que la causación generativa no es una causación completa, sino sólo parcial: la causa eficiente de las transformaciones (podemos leer: evolución) no supone una causalidad completa. Es una causa del devenir (fieri) y no del ser (esse). Los antepasados son causas parciales, no causas esenciales, y por eso pueden ser infinitos (en teoría). Las causas del fieri son previas en el tiempo, porque actúan mediante movimientos, lo que requiere tiempo. “La causa eficiente opera a través del movimiento, y por eso precede a su efecto en el tiempo” (S. Th. I, q. 46, a.2, ad 1).
Esta es la razón profunda que permite a Santo Tomás aceptar la posibilidad teórica de una serie interminable de ciclos temporales en el modelo aristotélico de universo, lo que de ninguna manera es incompatible con su condición creada. Por tanto, el inicio absoluto in esse no es necesariamente el comienzo de un instante inicial atrás en el tiempo. “Entre decir que algo fue hecho por Dios y decir que siempre existió no hay ninguna incompatibilidad” (De Aeternitate Mundi contra murmurantes, n. 306, ver Tomás de Aquino 1954a)9.
Este punto sirve para evitar falsas apologéticas desde ambos lados, es decir, desde la teología o desde el ateísmo. La satisfacción de ver en el Big Bang una confirmación de la creación o, por el contrario, la preocupación con que algunos ateos interpretaban la cosmología del Big Bang como algo que les forzaría a creer en Dios, so pena de parecer irracionales, implicaba un malentendido sobre la verdad de la creación.
Lo mismo puede decirse, por ejemplo, con respecto a la tesis de Stephen Hawking de que un modelo cosmológico cuanto-gravitatorio que evitara la singularidad inicial haría inútil la idea de un Creador (Hawking, 2007). Hawking no era un teólogo, pero estuvo siempre interesado por la explicación del origen del universo mediante el recurso a Dios. Incluso cuando creía en un comienzo temporal absoluto del universo, él imaginaba a Dios simplemente como decidiendo cuáles serían las condiciones de contorno que permitirían la aparición de nuestro universo. Un cuadro cuanto-gravitatorio pre-existente le parecía una realidad auto-suficiente capaz de producir sin más nuestro universo. Hawking intentó intervenir en la teología desde su planteamiento cosmológico (Hawking y Mlodinwo, 2010). Si esto se hace, entonces la relación inversa es posible, es decir, cabe intervenir desde un punto de vista teológico en alguna conclusión cosmológica que en apariencia excluye una tesis teológica.
Precisamente, en una visión tomista, se puede decir que el universo auto-contenido de Hawking no es imposible en teoría, pero que no es un principio primario totalmente explicativo que haga innecesario el recurso a un Creador personal. Su necesidad no es absoluta. En una perspectiva tomista, se podría reconocer que ese “proto-universo” constituiría un tipo de materialidad primigenia regida por leyes cuánticas, previo al orden cósmico y metafísicamente provisto de una necesidad ab alio. No hay una razón absoluta que obligue a postular que este marco primordial contenga la necesidad de su propia existencia, algo así como el ser necesario de San Anselmo implicaba la necesidad de su propia existencia si se quería evitar la contradicción. La postura metafísica de Hawking de alguna manera retrocede a los presocráticos, con cierto platonismo matemático adicional.
En un sentido epistemológico más amplio, la posición de este autor consiste simplemente en pensar que las explicaciones científicas cosmológicas sobre el origen del universo excluyen la tesis teológica de la Creación. Esta posición pone en pie de igualdad a la física con la metafísica. Pero con la metodología de la física no se puede argumentar ninguna tesis metafísica, por ejemplo, favorable o no favorable a la existencia de Dios, de la verdad, de la realidad o de la libertad...
https://revistas.unsta.edu.ar/index....e/view/221/250
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