VADEMÉCUM DE SÍMBOLOS CRISTIANOS








Nos parece oportuno ofrecer a nuestros lectores, justo en estos tiempos de tanta sociología y perspectiva de sapos, un vademécum con las principales nociones de algunos de los símbolos del cristianismo. Su plasmación en las artes plásticas tradicionales (escultura, pintura…) queda a los ojos de nuestros contemporáneos veladas en su profunda significación. Dotados de estas nociones básicas, nuestros lectores podrán aproximarse a su significado, gozando de un nivel de significación al que muchos no pueden llegar. Pero este vademécum queda extramuros del misterio. A través de las imágenes que contienen los profundos significados que se indican, el alma tendría que ascender -a través de la oración y la mortificación- a los estadios más elevados, en los que las figuras y las imágenes quedan anulados franqueando las puertas de la experiencia religiosa más profunda.

EL TETRAMORFOS

La iconografía cristiana cuenta, desde los primeros siglos del cristianismo, con una copiosísima muestra de eso que llamamos “tetramorfos”: cuatro figuras zoomórficas. Su inspiración podemos ir a encontrarla en el Antiguo Testamento, para ser más precisos en la visión de Ezequiel. Ezequiel enumera a los cuatro animales: león, águila, buey y hombre (que más tarde será alado, bajo la forma más usual de ángel). En un mosaico del ábside de Santa Prudencia en Roma (siglo IV) estas cuatro figuras zoomórficas se disponen por parejas al lado de la Cruz. Siempre es Cristo -o un símbolo que lo representa (la Cruz, el Cordero...)- el centro rodeado por estas cuatro teofanías que vendrán a identificarse respectivamente con los cuatro Evangelios.

San Jerónimo dio al hombre el significado de Encarnación (del Verbo en el seno purísimo de Nuestra Señora la Virgen María); al buey reservó el significado de Pasión (la del Señor Jesucristo colgado de la Cruz); al león le atribuyó el significado de la Resurrección (de Jesucristo, al tercer día de su muerte) y el águila habría que hacerla corresponder, según San Jerónimo, con la Ascensión de Jesucristo a los Cielos.

Dionisio Areopagita nos desvela que la figura del león simboliza “el dominio poderoso e indomable”; la del bueyindica la fuerza y el poder, la capacidad de abrir hondos surcos de conocimiento donde caigan las fecundas lluvias de los cielos…”; la del águilasignifica realeza, el lanzarse rauda a lo más alto, el vuelo veloz, la agilidad, disposición, rapidez, agudeza para descubrir el alimento. Es símbolo de contemplación que libremente, en derechura y sin rodeos, tiende la mirada vigorosa hacia los abundantes rayos que prodiga el Sol divino”, por último podemos decir que Dionisio omite el significado de la figura del hombre (alado), pues la totalidad del tratado (Jerarquía Celeste) en que Dionisio despliega estos significados versa sobre los ángeles: hombres-alados.

De estas representaciones que podemos hallar en la Sagrada Escritura nos previene Dionisio, para no equivocar los términos: “Estas figuras hacen referencia a seres tan espirituales que no podemos conocerlos ni contemplarlos. Figuras y nombres de que se valen las Escrituras son inadecuados para representar tan santas inteligencias”.

Pero, sin caer en idolatría alguna, tampoco hemos de incurrir en la iconoclastia de los fanáticos, por lo que nos sigue diciendo Dionisio: “…dos son las razones para representar con imágenes lo que no tiene figura, y dar cuerpo a lo incorpóreo. Ante todo, porque somos incapaces de elevarnos directamente a la contemplación mental. Necesitamos algo que nos sea connatural, metáforas sugerentes de las maravillas que escapan a nuestro conocimiento. En segundo lugar, es muy conveniente que para el vulgo permanezcan veladas con enigmas sagrados las verdades que contienen acerca de las inteligencias celestes. No todos son santos y la Sagrada Escritura advierte que no conviene a todos conocer estas cosas”. Por eso, hasta aquí vamos a llegar en nuestra indicación que no pretende, en modo alguno, desvelar lo que tiene que estar velado.

Diremos por último que el simbolismo cristiano atribuye estos cuatro símbolos a cada uno de los cuatro evangelistas, de esta forma: San Mateo (el hombre alado); San Marcos (el león); San Lucas (el buey); y San Juan (el águila).





Maestro Gelimer

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