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Tema: La infame creación de las “autonomías” (1977) como apuñalamiento a España

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    La infame creación de las “autonomías” (1977) como apuñalamiento a España

    La autonomía catalana para el exiliado "honorable" Tarradellas fue creada por Suárez a golpe urgente de decreto-ley tras las primeras elecciones "libres", sin referendum ni permiso de las Cortes ya democráticas. Fue el pistoletazo de salida para el anárquico y caprichoso reparto de España en reinos de taifas, como profetizaba Menéndez Pelayo.


    Revista FUERZA NUEVA, nº 561, 8-Oct-1977

    Editorial

    España, apuñalada

    El tercer gobierno dictatorial de la Corona (Adolfo Suárez), que por desgracia y cobardía de los españoles nos desgobierna, acaba de dar paso con el real decreto-ley firmado el pasado 29 de septiembre por el Rey Juan Carlos a la constitución de la Generalidad de Cataluña, es decir, al comienzo de la ruptura, desde el Poder, de la unidad sagrada de la Patria.

    Saltándose una vez más las normas constitucionales aún vigentes; haciendo caso omiso al mandato de la Ley Orgánica del Estado; vulnerando el sentimiento nacional de millones de españoles y traicionando la sangre y sacrificio de cientos de miles de españoles -entre ellos muchísimos catalanes- que lucharon y murieron por esa unidad de España, se inicia el camino hacia la total desmembración de España, aun cuando artera y, desde luego, hipócritamente se pretenda envolver el hecho en textos leguleyos o en apuntes históricos parciales que todos sabemos no responden a la auténtica intencionalidad de los comprometidos a respetarlos

    El 29 de septiembre de 1977 será, en lo sucesivo, la fecha inicial -desde una supuesta legalidad- de la gran maniobra de servir, con el pretexto de respetar una voluntad popular torpemente amañada, a los intereses de la anti-España, de las múltiples Internacionales, de la masonería y el marxismo principalmente, abocados, desde siempre, con ayuda de fáciles Don Oppas, a romper la intangibilidad española como unidad de destino en lo universal.

    Una ruptura por real decreto-ley, que ni siquiera ha guardado la apariencia de un respeto a esas fórmulas democráticas de las cuales el Gobierno se dice defensor y servidor, pues en algo tan trascendente para el Estado, para el pueblo español, ni tan siquiera ha tenido el gesto -por otro lado, obligado en una verdadera democracia parlamentaria, como se ufanan en proclamar quienes nos desgobiernan- de llevar a las Cortes tal proyecto de reconocimiento autonómico-separatista para su aprobación o repulsa por los que se dicen “auténticos representantes de la voluntad popular”.

    Como españoles, como amantes, sin duda, de la cultura, de las sanas tradiciones y de la personalidad catalana, tenemos que levantar nuestra voz airada ante este hecho que descalifica para siempre, ante la Historia, a quienes gestaron y autorizaron esta entrega de Cataluña a manos de los que pretenden, aun cuando lo nieguen, desgajarla del único y vital tronco de España.

    Como españoles, como gentes que confiamos todavía en la repulsa de una mayoría de la nación ante este comportamiento del Poder en asunto tan grave, creemos que no se hará esperar la patriótica reacción de quienes llevan dentro de su corazón y en su conciencia el orgullo de ser y sentirse españoles y por ello fieles al convencimiento de respetar y hacer que se respete la sagrada unidad entre los hombres las clases y sobre todo las tierras de España.

    La Patria ha sido indudablemente apuñalada al amparo de una supuesta reforma democrática y de una apertura liberalizadora de la sociedad nacional. Pero lo más triste es que en este apuñalamiento, envuelto en el fariseísmo gubernamental, del cual este reconocimiento de la Generalidad es el ejemplo más palmario, se da paso obligado a otros actos que indudablemente han de llevar al pueblo español a la triste condición de cipayo de poderes ocultos y espectador de la ruina más humillante de cuanto representa nuestra españolidad.

    Última edición por ALACRAN; 13/11/2023 a las 14:21
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: La infame creación de las “autonomías” (1977) como apuñalamiento a España

    "Autonomismos y separatismos demenciales"


    Revista FUERZA NUEVA, nº 561, 8-Oct-1977

    Autonomismos y separatismos demenciales

    Por Rafael Gambra

    La serie interminable de reivindicaciones autonomistas y nacionalistas que estamos hoy viviendo en nuestra Patria pasará a la historia:
    -Bien como la disolución última y anárquica de España;
    -Bien como un período de enajenación colectiva, debido en gran parte a la completa falta de criterio y de autoridad en todos los niveles.
    Otra alternativa no cabe.

    Días atrás leía una reivindicación autonómica de “Cantabria”, es decir, de la Montaña santanderina. Jamás se supo que tal comarca de Castilla formase una entidad política, autónoma, como tampoco “Vasconia” en cuanto tal, que sólo ha constituido provincias forales de Castilla, ajenas en su origen y en sus límites a la realidad lingüística Vascongada. Hasta la comarca de Jaca (Huesca) pone hoy en sus carreteras unos curiosos letreros: “Está usted en la Jacetania”. Cántabros, vascones y jacetanos son nombres de la España prerromana, más de la prehistoria o de la arqueología que de la historia. ¿Por qué no reivindicar también la autonomía de ilergetes, turdetanos, etc.?

    Se nos habla también hoy de una Andalucía autónoma, cuando nadie le conoció otra personalidad política -o más bien administrativa- que la Bética, como provincia del Imperio Romano. Y de una autonomía de los “guanches”. ¿Por qué no del reino de Tartessos o de las colonias fenicias?

    Y del “reino de Murcia” que fue reino moro, conquistado por Castilla. Y no digamos de meras comarcas naturales o agrarias como Rioja o la Mancha, o de zonas de reconquista como Extremadura, que jamás tuvieron entidad política… Si nos metiéramos en una liquidación definitiva a reconocer y deslindar todas estas autonomías, serían más las zonas superpuestas que las exentas, y los reinos de taifas y sus luchas parecerían una broma al lado de lo que vendría.

    Para dar un cauce a las reivindicaciones regionales o autonómicas -y aún más para crear un Ministerio de Relaciones con las Regiones (¡)- es preciso establecer antes un planteamiento regional que nos diga qué son y cuáles son esas regiones y qué niveles de autonomía caben. Y esto solo puede hallarse en la historia y en el derecho, no en las “ideaciones” particulares de los Sabinos Arana o en los caprichos y medros de las “medias tintas” provinciales o de partido político.

    El planteamiento regional, en lo que puede tener de legítimo y viable, es en España muy concreto, y se llamó foral. Se sitúa en la historia, no en la prehistoria, ni en la historia-ficción. Se trataría, concretamente, de los reinos que a lo largo de la Reconquista cristiana y en los albores de la Edad Moderna formaron -sin renunciar a su personalidad y patrimonio histórico- esto que llamamos España. La entidad jurídica de cada reino, principado, condado o señorío se conservó mientras duró el Antiguo Régimen, es decir, hacia 1833, bien entrado el siglo XIX. Nuestros reyes no se titularon de España sino de Castilla y Aragón, de Navarra, señores de Vizcaya, etcétera. Sólo por brevedad se titulaban a veces “de las Españas”. Y nuestro escudo nacional -como puede verse en cualquier moneda- se forma de los cuatro reinos peninsulares (Castilla, León, Aragón y Navarra) a los que se añadió hasta su separación el quinto reino español de la Reconquista, Portugal.

    La unión bajo una misma corona de Castilla y León data de la Edad Media; la de la corona de Aragón, Navarra y Portugal se realizó en los siglos XV-XVI. Dentro de estos reinos subsistieron también más remotas incorporaciones, con sus foralidades jurídicas y políticas: en León, el reino de Galicia y el principado de Asturias; en Castilla, las provincias forales llamadas Vascongadas; en la corona de Aragón, el principado de Cataluña, el reino de Valencia y el de Mallorca etcétera. Y en todos ellos los fueros municipales y comarcales de diverso origen y alcance.

    Sobre este planteamiento cabe -siempre dentro de una prudencia política- una reivindicación y una reconstrucción foral o patrimonial-histórica. Todo lo demás es literatura anárquica, capricho personal, ganas de “armarla” y de llamar a los podencos, que están ahí, infiltrados en la disputa interminable, y que se llama exactamente marxismo-leninismo. Ellos no saben, por principio, ni de fueros, ni de historia, ni de derecho, ni de regiones ni de naciones.

    ***
    La misma necesidad de un previo y fundamental planteamiento requiere la vida de una comunidad política en orden a las demás reivindicaciones de libertades de carácter no territorial sino moral o de costumbres.

    Este planteamiento estaba representado en España (y en toda la cristiandad) por la unidad religiosa y por la confesionalidad católica del Estado.

    Muchos que han dado por buena la “libertad religiosa” (pérdida de la unidad católica) y aun la aconfesionalidad o neutralidad religiosa del Estado se echan las manos a la cabeza cuando oyen proponer la legalización del divorcio, del aborto, de la eutanasia, de la homosexualidad, del nudismo, de la pornografía, de las drogas, de las prácticas ocultistas, de los cultos satánicos, etcétera.

    ¿En qué razón apoyan su negativa y su escándalo? Si no existe otra norma que la voluntad general, y es deseo de grupos o partidos tan aceptables como los demás…

    Si Dios no existe o no reconocido -se ha dicho con razón- todo es entonces posible. Y es de Sartre esta frase: “La Revolución del siglo XIX suprimió de Dios muy poca cosa: sólo su existencia; pero dejó intactas, como colgadas de sí mismas, las normas morales, el llamado derecho o la moral “naturales”. Es preciso afirmar que, eliminado Dios, todo lo demás cae por su base, y, en un universo sin normas ni signos, debemos hacernos incinerar tras una vida de alegría”.

    El Pensamiento Navarro”
    (9-IX-77)

    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: La infame creación de las “autonomías” (1977) como apuñalamiento a España

    “España, otra vez partida”

    Revista FUERZA NUEVA, nº 561, 8-Oct-1977

    Página del director

    ESPAÑA, OTRA VEZ PARTIDA

    “La casualidad, más bien que las artes del Gobierno, une a los reinos más fuertes, Cataluña y Aragón primero, Castilla y Aragón después, y entonces es cuando resurge la antigua nación española, hecha jirones durante ocho siglos”. No son palabras de Franco ni de ningún ideólogo nacional, sino de John Chamberlain, en su obra “El atraso de España”. Y sigue: “Los restos de dominación árabe se borran con facilidad. Aquellos musulmanes (reinos de taifas, s. XI) valientes, fuertes, más fuertes que los cristianos; cultos, más cultos que todos los pueblos de Europa, hubieran podido perpetuar indefinidamente su vida en la Península, y mueren por sus divisiones, por su mal gobierno, por carecer de la idea de Patria y subordinar sus ideas religiosas a los mezquinos intereses de un pueblo o de una familia”.

    Podría aplicarse esta interpretación historiográfica a nuestros días. A la hora actual. A este momento en que Suárez y Tarradellas –me guardo el calificativo sobre las personas- deciden por su cuenta y riesgo nuestro, la división de España. Volver a los reinos de taifas, a la Edad Media. La noticia debe de haber causado estupor incluso en la Europa de la homologación, que no comprenderá como la nación que logró, hace quinientos años, la unidad patria, adelantándose a las demás, y obteniendo el premio de un imperio sobre el mundo, retrocede esos siglos para partir el país, primer paso hacia el enfrentamiento que nos llevará a otra guerra. Increíble

    Siempre se dijo que la unión hace la fuerza. Ahora se opina lo contrario. Babel, que fue, según la Sagrada Escritura, un castigo de Dios, es exhibido hoy como una panacea, un mérito, incluso por algunos eclesiásticos empapados de vernaculismo. Así, por esa subversión de ideas y conceptos, y por lo tanto de palabras, se nos dice que “las autonomías favorecen la unidad”, en virtud de la misma razón por la que los masones llaman virtudes a los vicios. Autonomía, además, es separatismo, independencia… No nos engañemos. Y aquí vienen oportunamente otras palabras del mismo autor anteriormente citado, para que se vea que no recurro a ultras o políticos propios y sospechosos de franquismo: “Esto del regionalismo separatista es una verdadera locura que ha llegado a tener importancia en Bilbao y en Barcelona, sobre todo en Barcelona, por la falta de sentido práctico de los políticos españoles”. Exacto, la culpa es de los políticos; del mal gobierno, si no hay detrás otros hilos tenebrosos que manejan ese atentado contra la unidad de la Patria.

    El reconocimiento de la Generalidad, aunque sea provisionalmente, es desde cualquier punto de vista –administrativo, político y aun histórico- un arcaico retroceso, un anacronismo regresista y entorpecedor, pero es, sobre todo un ataque a la unidad de España. Algún ignorante ha dicho que es el reconocimiento del “hecho catalán” –burdo eufemismo- que había sido soslayado durante cuarenta años (ya salió la monserga), desconociendo el afirmante que desde 1716 a 1932, o sea durante dos siglos, se había dado de lado ese “hecho” y no le fue tan mal a Cataluña, dejando aparte que, finalmente, este organismo no es catalán sino barcelonés, en su inevitable degeneración política.

    “Crecen con la unión los pequeños imperios; húndense con la discordia los mayores”, sentenció en su tratado “Del Rey” el P. Mariana. Y desde ese apotegma al sinnúmero de ellos que nos ofrecen nuestros más esclarecidos políticos podría abundar en razones sobre la unidad indispensable no ya por la grandeza y libertad de un pueblo, sino para su propia existencia. “Si no vamos juntos nos ahorcarán por separado”, aconsejó Franklin a sus correligionarios. Y ese aforismo vale para toda una nación. Lo saben sin duda nuestros gobernantes, por poca experiencia e intuición que tengan. Por lo que sólo una razón oscura, tenebrosa y maligna puede presentar como positiva la partición de España.

    Última edición por ALACRAN; 18/11/2023 a las 13:54
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: La infame creación de las “autonomías” (1977) como apuñalamiento a España

    "Cataluña, punto y aparte"


    Revista FUERZA NUEVA, nº 562, 15-Oct-1977

    Cataluña, punto y aparte

    Con absoluto desprecio para la democracia, entre el egoísmo de unos, la cobarde complacencia de otros y la indiferencia irresponsable de los más, un Gobierno de “centro”, que hizo de la democracia su lema durante la campaña electoral (1977), por un simple Decreto-Ley ha empezado a hacer girones de la unidad patria.

    Un trozo querido de España empieza a recorrer distintos caminos: los que le han trazado mentes revanchistas, los que convienen a bolsillos interesados. Es el hijo privilegiado, a cuyo encumbramiento ha contribuido el resto de la familia -¡y de qué manera!- que abandona a sus hermanos y quiere vivir su propia vida. Cataluña ha emprendido el camino de la insolidaridad nacional.El 29 de septiembre de 1977 no es un día histórico, sino un día nefasto.Desde ese día, Cataluña empieza a ser desgraciadamente, punto y aparte.

    No se ha tenido en cuenta la voluntad de los propios catalanes y menos la del resto de los españoles. Los padres de la Patria tan exigentes y tan celosos a la hora de velar por la dignidad parlamentaria, la pisotean con su silencio cuando se trata de algo tan sagrado como es la unidad de España.

    El Estatuto no es la autonomía, como no lo fue durante la República. El Estatuto es el primer paso de la insolidaridad nacional y del separatismo. Los españoles no somos tan ingenuos como para dejarnos seducir por mensajes, compromisos, discursos y componendas.La historia es tan reciente que aún no le hemos olvidado. Los síntomas son tan inequívocos, que conducen, sin remedio, a lo de antes. Cualquier día, cualquier irresponsable volverá a asomarse al balcón de la Generalidad y, agitando la senyera proclamará l’Estat Catalá y la República catalana.

    Con el Estatuto pasarán a la Generalidad funciones, servicios y competencias que son de auténtica soberanía: Cataluña organizará sus finanzas, sus fuerzas de orden público, su justicia y su enseñanza. Se quedará, a cambio de una ofrenda simbólica, con los impuestos que recaude, en gravísimo perjuicio para otras regiones pobres que han contribuido a su riqueza y que siguen contribuyendo comprando sus productos y ofreciéndole los brazos de sus gentes.

    Esto no es una premonición ni un temor. Esto lo proclaman día tras día sus parlamentarios. Antes de que transcurrieran las primeras veinticuatro horas de vida de la Generalidad, un imprudente se atrevió a pedir públicamente y sin pudor que en Cataluña solo enseñen maestros catalanes.

    El resto de los españoles somos de peor condición (…). No nos engañemos, amigos: el canto de “Els segadors”, expresión del odio catalán por lo “castellano”, se entona día tras día por las calles de Barcelona. La bandera nacional ha desaparecido de Cataluña. ¡Nosaltres sols!

    Amigos, sin rodeos: Cataluña empieza a ser insolidaria. Cataluña empieza a ser punto y aparte.

    Jaime CORTÉS

    Última edición por ALACRAN; 04/12/2023 a las 14:19
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: La infame creación de las “autonomías” (1977) como apuñalamiento a España

    Artículo de J. M. Codón, año 1977, comparando las antiguas instituciones regionales de autogobierno frente a los nuevos inventos autonómicos que reivindicaban bastardamente aquellos símbolos, tomando como ejemplo a la Generalidad catalana que por entonces se restablecía mediante un acuerdo entre Adolfo Suárez y Tarradellas con la firma del rey Juan Carlos y sin referendum ni acuerdo de las Cortes (ya democráticas) para ello. Aun no existía la actual Constitución de 1978, que reconocería y daría por bueno el hecho consumado.



    NUNCA EXISTIÓ ESTA «GENERALITAT»

    Por JOSE MARÍA CODÓN

    C. de las Reales Academias de la Historia y de Jurisprudencia


    "Cataluña, desde su prehistoria, dio siempre la medida del amor a España, aquella “Hispania Universa”, es decir una y varia, como proclamó ya en el siglo II el tarraconense Floro. Después, el obispo de Vich, Oliva; la hija y la nieta del Cid, condesas de Barcelona; y modernamente Eroles, Balmes, Milá y Fontanals, Torras y Bages, Verdaguer, Balaguer y tantos otros pensadores, son arquetipos de un españolismo regionalista de antología; de un ideario español cuya mejor síntesis es esta frase autobiográfica de Jaime I el Conquistador: “Nos ho fem la primera cosa per Deu; la segona per salvar a Espanya”.

    Las protestas surgidas en varias regiones, contra el despotismo, que no contra España, comenzaron desde el centralismo del Conde Duque y el absolutismo liberal, causa de la causa del separatismo.

    No es cierta la difundida leyenda, resucitada ahora, según la cual Felipe V acabó con los fueros catalanes y por ende con la “Generalitat”. Los hijos de Cataluña, en una buena parte, habían hecho causa común con el primer rey borbónico, y éste no les privó de sus fueros expresamente, aunque sí a los valencianos y aragoneses. El decreto de nueva planta fue una reforma procesal parcial.

    (La “Generalitat”, o la Diputación General fue abolida en la guerra carlista, 1875, al tomar el general “restaurador” Martínez Campos, La Seo de Urgel). En aquel error ha caído uno de los negociadores del controvertido decreto ley de 29 de septiembre de 1977, que ha dicho que un Borbón quitó la “Generalitat” de Cataluña, y el sucesor la ha restaurado. Es un eco del que había sufrido Carlos VII, cuando al proclamar los fueros catalanes en 1872, dijo: “Si un Borbón, mi abuelo Felipe V, os quitó los fueros, yo su descendiente os los retorno”.

    Surgido el nacionalismo catalán y agudizado el problema en 1918, se intentó crear una “Generalitat” parecida a la que ahora ha aflorado. Como esta gravísima cuestión siempre es un caso de Cortes y no de decreto ley, hubo unos debates reñidos y de enorme altura: Mella, Pradera, Balparda contra Prat de la Riba y Cambó.

    Movilizadas las once diputaciones de Castilla la Vieja y León, suscribieron en Burgos un famoso documento, modelo de respeto al regionalismo e impugnación del nacionalismo, y frustraron el intento, con la ayuda de la mayor parte de las tierras hermanas, y aquel discurso valiente que el presidente de la Diputación de la Cabeza de Castilla, don Amadeo Rilova, pronunció en la audiencia concedida por Alfonso XIII y por el presidente del Gobierno.

    Hemos hecho un poco de historia, que es muy saludable: Es maestra de la vida y luz de la verdad, y a esta luz se percibe diáfanamente que la institución llamada General o Diputación General, y subsidiariamente Generalitat de Cataluña, que rigió unos seis siglos, no coincide en nada con la “Generalitat” recién nacida.

    Comparándolas como un espejo y un objeto se ve que la secular “Generalitat” de Cataluña, y lo mismo sus gemelas de Aragón, Valencia, Navarra y hasta cierto punto de otras regiones, no tienen ningún parentesco con la de 1977.

    El real decreto ley no restablece una institución, la crea.

    La fuente de nombramiento de los antiguos consejeros era las Cortes catalanas, y ahora ha sido un pacto político entre un sector de Cataluña y un sector claudicante de Madrid.

    Si se llamaba “Generalitat” aquella corporación histórica es porque representaba a la generalidad de los tres estamentos de las Cortes; el número de consejeros era de tres, uno por cada brazo legislativo, y ahora son dieciséis.

    El ámbito temporal era intermitente y discontinuo en la institución tradicional, pues funcionaba casi siempre cuando no estaban reunidas las Cortes. Ahora se establecen miembros permanentes.

    También difiere sustancialmente la misión de ambas instituciones: los tres “consellers” eran una especie de fiscales-delegados de las Cortes para vigilar el pacto social, el contrafuero, los tributos y tomar juramentos. El Consejo recién instaurado tiene facultades de gobierno, administración y potestad reglamentaria propios de la soberanía.

    La antigua Diputación General o Generalitat no tenía poder ejecutivo alguno, y en general ni gobernaba ni administraba, ya que eso correspondía al Rey y, por su delegación, al virrey, al lugarteniente o al gobernador general, estando encargados de la justicia los doctores de la Audiencia, los oidores. Por eso no había Presidente, y ahora se ha creado “ex novo”.

    ¿Qué Diputación de Cortes (comisión de diputados) o Generalitat puede haber si no existen las Cortes catalanas? Ni siquiera ha sido instituida por las Cortes españolas; ni el 50 por 100 de residentes no catalanes, ni los catalanes han sido escuchados en plebiscito. No vale la disculpa de que se trata de una medida provisional, porque lo transitorio suele convertirse en definitivo. Con el adjetivo provisional se bautizó el Gobierno republicano de 1931, y también al Estatuto de la Generalitat de 1932, cuyas vicisitudes y suspensiones no animan a repetir la jugada.

    Lo provisional es el calzador de los zapatos de la prisa, en el camino de las reformas introducidas de modo autoritario, y la prisa siempre es nefasta: A lo que se va, según Federico Silva, es al pleno poder. Y esto es obvio. En el Estatuto “provisional” de 1932 (propuesta catalana), se proclamaba el “estat catalá”, [y] en el artículo 2.º se decía después que “el poder de Cataluña emana del pueblo y encarna en la Generalitat”, y [en el artículo 14] que la “Generalitat está integrada por el Parlamento, el Presidente y su Consejo, y el Tribunal Superior de Justicia”. Los Consejeros eran Ministros, y había subsecretarios inclusive.

    En la discusión parlamentaria del Estatuto del 32, mentes cimeras como Ortega y Gasset, Sánchez Román, García Valdecasas y hasta el socialista Algora votaron en contra. Salió un Estatuto nacionalista, pero por lo menos la discusión fue pública durante seis meses en las Cortes, como debe ser.

    El nuevo ente presidencialista, contradice la historia política de Cataluña, de España y de la propia “Generalitat”.

    Se nos había prometido solemnemente que lo regional se debatiría en las Cortes y a la vez para todas las regiones. Era de derecho natural y filosofía regionalista.

    No ha ocurrido así, y por eso ha resultado un privilegio, con todos los respetos, antijurídico, viciado en cuanto al fondo y en cuanto a la forma. Se ha ido demasiado lejos. Si no existe el recurso de contrafuero, esperamos que las Cortes salgan por sus fueros.

    ¡Que no se repita contrafuero para las españolísimas provincias vascongadas, carne viva durante un milenio del reino de Castilla! "

    El Pensamiento Navarro, 25 de Octubre de 1977
    Última edición por ALACRAN; 10/12/2023 a las 13:20
    DOBLE AGUILA dio el Víctor.
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  6. #6
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    Re: La infame creación de las “autonomías” (1977) como apuñalamiento a España

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    "Unificar", dividiendo...


    Revista FUERZA NUEVA, nº 564, 29-Oct-1977

    Unificar dividiendo

    Todo lo absurdo, inicuo y desconcertante que está ocurriendo actualmente en España se explica -que no se justifica- porque los guías de ciegos han querido cegarse, los que tendrían que ayudar a discurrir al pueblo ya no quieren discurrir: están cansados, senescentes, víctimas de reblandecimiento cerebral.

    Tal es el caso del diario “Informaciones” proponiendo editorialmente, a propósito de la Generalidad de Cataluña: “Desde ayer la unidad de España se ha fortalecido. El reconocimiento de la Generalidad es una acertada medida del gobierno que acaba por legalizar oficialmente lo que era una realidad viva en los últimos tiempos…” “La autonomía de Cataluña ni representa la ruptura de la unidad ni sienta los precedentes para la división de España, y mucho menos significa una vuelta al pasado.”

    Al contrario de cuanto nos propone el editorial del diario “Informaciones”, las noticias que nos han ofrecido todos los diarios demuestran que, con la Generalidad, se trata de “una vuelta al pasado”; pero no ya a un pasado históricamente fenecido e irreversible, como es la Edad Media, en el que la humanidad sólo había podido encontrar formas muy primitivas de vida en común, sino una “vuelta al pasado de 1932 a 1938” con los funestos resultados que todo el mundo sabe que dio de sí la Generalidad.

    “El reconocimiento de la Generalidad es, efectivamente, una “medida” inconstitucional “de gobierno”. Pero para saber si es “acertada” o no, “Informaciones” deberá esperar a que pasen unos años y a que podamos comprobar si esa medida es acertada para los catalanes en particular y para España en general. Es, por anticipado, previsible que aquello que no podamos conseguir todos los españoles unidos, mucho menos podrán conseguirlo los catalanes por separado. Porque es evidente que, “desde ayer, la unidad de España se ha debilitado”; si para ciertos asuntos, aún indeterminados de gobierno, una va a ser la decisión del Gobierno de la Generalidad, para Cataluña, y otra muchas veces distinta y, a veces, contraria u opuesta la decisión del Gobierno de Madrid, sin contar que otras diferentes sean las decisiones de los gobiernos de Bilbao, Sevilla, La Coruña etc.

    El cerebro de “Informaciones” no funciona debidamente: si son cuatro o cinco los gobiernos que habrá pronto en España habrá que decir que la unidad ha quedado menoscabada.

    Eulogio RAMÍREZ


    Última edición por ALACRAN; 27/12/2023 a las 20:00
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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