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Tema: Poema de la Bestia y el Ángel, de José María Pemán (1938)

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    Poema de la Bestia y el Ángel, de José María Pemán (1938)

    Poema de la Bestia y el Ángel de José María Pemán (1938) escrito durante la (entonces llamada) Cruzada de Liberación.

    Adjunto aquí el grandioso y apocalíptico final del Poema: una espectacular apoteosis de España, el Imperio y Dios:


    ...“MENSAJE DE LA ALEGRIA”


    II

    La Diosa Alegría lanza a España su palabra de mensaje.

    Ha llegado la hora del pleno cumplimiento de su misión providencial.
    Para significar esta misión, de brazo de Dios, de Roma y del Espíritu,
    narra la parábola de la Reina Isabel y el Cardenal Mendoza: bodas de
    la Iglesia y España.

    Termina la Alegría su mensaje profetizado, tras la victoria, un nuevo
    Imperio para España lleno de sentido humano y espiritual.

    I

    Hijos de una raza solar; alados hijos
    de España, tierra de olivos y de vides prodiga:

    Escucha el mensaje
    que la celeste Alegría, como lluvia
    de abril, sobre vosotros, hecha verso y medida,
    número exacto y dulcedumbre, canta:
    Hijos de una raza solar, vuestras gargantas
    tensas, como en el arco del hondero
    impaciente la flecha, se dispongan
    al canto jubiloso:

    Porque España retorna, coronada de estrellas,
    al antiguo destino que es mandato de Dios:

    porque - ronda de niños – mano en mano, las olas,
    dicen versos alegres desde Vigo a Brasil,

    porque hay cuernos de caza por los picos de Europa,
    porque hay risas de infantas por el verde Aranjuez,

    porque tiemblan palomas en las viejas almenas
    de la Mota y Simancas, de Segovia y Monzón;

    porque al sol del domingo que ilumina sus torres
    ha sacado su ropa de amazona Isabel.
    Porque tienen, de nuevo, voluntades de lanza
    temblorosas, las ramas de los fresnos al sol.

    II

    Y así dice el Mandato que cantó la Alegría:
    España, hija de fuego de una raza solar, España escucha.

    Alégrate en tus huesos, y tendrás carne joven,
    alégrate en tus muertos y tendrás nueva flor.

    Alégrate en tus claras hogueras
    y tendrás luminaria de fiesta en el camino,

    Alégrate en tus secos silogismos
    y tendrás versos épicos y alados.

    Alégrate en tus altos caballeros cejijuntos
    y serán flores tus nietos.

    Alégrate en la Audacia y la Locura
    para tener razón este siglo.

    Alégrate en la lanza de tú señor y padre Don Quijote
    y tendrás pan en tus alforjas.

    Porque ésta es la hora inmensa en que la vida
    hay que ganarla a fuerza de canciones.


    Soñar es el vivir de este momento.
    No hay negocio mejor que la Cruzada.
    No hay prudencia mejor que la aventura
    ¡Tendrá la tierra el que más tenga a Dios!

    III

    “PARABOLA DE LA REINA Y EL CARDENAL”

    Y porque sepáis, hijos de una raza solar, como Lo tuvo
    España en sus raíces, os contare una dulce
    parábola del siglo del yugo y las flechas:

    Hubo una vez, España, una amazona
    de ojos claros y azules y cabellos de trigo.
    Era su Pensamiento mayor que su Corona.
    Su decir era un franco decir de buen amigo.

    Contra el aire delgado de Fitero y de Oca
    cabalgaba en su mula como una aparición.

    La silla es de velludo y es de plata el arzón.
    Como un nardo es su cuerpo que, místico y alado,
    apoya en los estribos las puntas de sus pies.
    Cubre las duras ancas un paño ajedrezado
    como un prado con trozos de rastrojo y de mies.

    ¡Tan mujer y tan Reina! ¡Tan exacto y seguro
    su ademán, y su gesto tan lleno de ilusión!
    En las cejas los arcos de un imperio futuro;
    en los ojos nostalgias de flores de Aragón.

    En puertas de Segovia, vestidos de alta yedra
    está el mejor alcázar español.
    Cual la trompetería de un órgano de piedra
    se apiñan veinte torres contra la luz del sol.

    Descabalga la Reina
    Le da un paje las bridas.
    Es un temblor su cuerpo de hogueras encendidas
    por la negra escalera de piedra retumbante.

    Ya está sobre la mesa de velludo su guante
    señalando el destino con gesto de impaciencia.
    “Decid, presto señores”…
    La licencia
    tiene son de mandato.
    Suena firme y cohibido el alegato.
    Estos cristianos viejos de entrambas las Castillas
    hablan claro a su Reina… pero hablan de rodillas.

    España está en pedazos. Todo es como un hervor
    de bandos de zenetes y zegriés.
    Las sendas de Castilla marcan con su dolor
    las huellas mendicantes de aquellos borceguíes
    de un Rey sin esperanza y sin amor.

    Isabel tiene un gesto de poder sobrehumano.
    Castilla, por sus hijos, ante sus pies implora.
    Y le dejan en ella cuando besan su mano
    el paño y las agujas de la remendadora.

    Isabel se sonríe como se abre la aurora…
    España es una sarta de perlas sin unir,
    y una palabra sin decir.
    Tiene la incertidumbre de un sueño y de una idea
    y el frescor de rocío de una alegre tarea.

    Tiene la misma hondura que su mirada triste:
    tiene la misma altura que su alto corazón.
    ¡Precisamente porque nada existe
    puede ser todo igual que su ilusión!

    ¡Oh qué dulce tarea para el Ama de España!:
    Volver aquella casa solar a su decoro,
    barrer aquella sala de la ardiente meseta;
    cepillar los tapices del Duero azul y oro;
    y guardar en la arqueta,
    entre espliegos, la gracia de las telas mejores:
    y poner nuevas flores
    en las jarras azules, y velar con malicia
    sobre el paje, las dueñas y el lacayo truhán;
    y aromar los estrados de una nueva Justicia
    que reparta el derecho como un trozo de pan.

    Y después, en la noche, cuando ya los luceros
    ponen paz en los aires y en el hondo jardín,
    con el lacio abandono que ha dejado el trajín
    de la tarde en su mano de señora aldeana,
    por descanso del día sin sosiego, mirar
    acodada, de pechos, en la abierta ventana,
    soñadora de mundos, las anchuras del mar…

    El pensamiento es alto: pero ¿Quién lo sostiene?
    La Reina Isabel tiene
    enjuta la escarcela sí lleno el corazón.

    A la corte callada, como un triste pregón,
    la Señora de España con dulzura tendía
    la patena de plata de su mano vacía
    y la llama de fuego de su inmensa ambición.

    Y en un rincón oscuro de la sala, derecho
    como la vara de un rosal,
    con un guante de hierro que bendice y que mata
    –la armadura de plata y la capa de sangre- se erguía el Cardenal
    de España: sangre moza, pupilas de misterio.

    Cardenal de la Iglesia: se apellida el doncel.
    Y al ser algo de Roma, ya es ser algo de Imperio…
    ¡Comprendía los sueños de la clara Isabel!

    “Mi Señora Reina, las Iglesias de España
    tienen ricos tesoros”: clama, recia su voz..
    Sus riquezas mayores
    son presentes de bodas de ocho siglos de amores
    de estos Reinos y Dios.
    Se los dieron en prenda de un honrado querer
    vuestros padres, en horas de abundancias y brillos.
    Tomad de ello, señora cuanto hayáis menester.
    ¡Y que canten juglares este trueque de anillos
    de la Iglesia y de España, cual marido y mujer!

    Y el Cardenal de España se arrodilla: y de hinojos
    concierta el mejor trato con la Reina mejor:
    por fiadores, sus ojos;
    por notario, el amor;
    y por renta futura, la locura española
    que paga al mil por ciento con afanes de Cruz

    ¡Las rentas de ese trato se llamarán Loyola,
    Juan Ávila, Cisneros, Teresa de Jesús.

    Porque esta tarde España
    ha firmado en los vientos su más claro destino.
    Sus cimientos se han hecho con un oro divino.
    Ha quedado por tierras de misión su camino
    para siempre trazado.

    Y al cabo de siglos con un grito angustiado,
    desde Cádiz a Oviedo, nueva trompetería
    convocando a Cruzada, rasga el aire marcial,
    es que Isabel no tiene pagado todavía,
    el préstamo dorado del viejo Cardenal.
    Y es que aún dura el reflejo de aquella ora nupcial
    que unió en el dulce miedo
    del esposo y la novia
    las torres del Alcázar de Segovia
    y las altas ojivas de Toledo,
    y en que, mientras los pinos cantaban su salmodía,
    riberas del Eresma, con una inmensa voz,
    España se iba haciendo con plata de custodia
    y con oro de vasos que tuvieron a Dios.

    IV

    Hijo de una raza solar, entended mis palabras:

    Vosotros sois los fieles: vosotros hijos claros
    de la Reina Isabel; noble progenie
    de los Reinos fundidos con cálices de oro.

    Cuando el mundo cantaba cancioncillas de rosas
    vosotros, en el coro tallado, cantando eternas Vísperas.

    Cuando la isla de Francia suavizaba las “erres”
    vuestras “jotas” sonaban como tristes sollozos.

    Cuando Meudon reía
    Ávila suspiraba dulcemente.
    Cuando en Paris cantaban las gracias de la Reina
    seises negros cantaban el Credo en Uruguay.

    (¡Ay la voz de los niños guaníes:
    el viento de la selva hecha plegaria!)

    Cuando la Reina Virgen negociaba en canela,
    pensaba el Rey Felipe las cuentas del Rosario.

    Cuando Ancona y Ragusa esperaban, sumisas, la llegada del turco
    se embreaban las naves de Don Juan en el muelle.

    Cuando Lutero dice: ¡Servidumbre!
    Dice el Eximio: ¡Libertad y gracia!

    La Cristiandad se ha roto.
    Nuevas naciones jóvenes y rubias
    cantan en rueda una canción lasciva:

    Pero fuera del corro
    hay una niña triste que no canta…

    V

    Clara progenie de la luz, alados
    hijos de una raza solar, escuchad cómo
    en esta lengua dulce, “compañera
    del Imperio” que dijo el Nebricense;
    pronuncio mi palabra de Esperanza y amor.

    ¿No veis que hasta los pechos nos llegan las espigas?
    ¿No veis que ya revientan los trigales de sol?

    “A ti te toca España”;
    ha escrito con palabra de trueno el Señor.

    La gran lección de España fue aquella de sentarse
    sobre las piedras milenarias y
    las tumbas: y estarse allí consigo mismo y Dios.

    Y ahora este Viejo Mundo del Occidente, empieza
    a embridar sus corceles, y a darle la razón.

    El César se sentado bajo el arco de Tito,
    El Füher se ha metido por las selvas adentro.
    El Ghazi de Turquía desempolva tapices.

    Y el “padrecito” ruso, rebusca entre la nieve
    y el viejo mito eslavo de la Bestia sin Dios.

    ¡Las voces de los muertos legislándolo todo!
    ¡Todo el mundo sentado sobre las tumbas con sol!

    (¡Y en España jergones de sucios milicianos
    junto a la tumba del Emperador!
    ¡En España: la tierra de las eternidades;
    la que para evitarse la vuelta escarmentada
    a la eterna Verdad, no se movió!)

    Pero hay muertes calientes que reclaman luceros
    y que dicen: España, cumplirás tu misión…
    Y España ha derribado su cabeza de espiga
    y ha dicho: Soy la esclava del Señor…

    Muertos de España: no hozarán los cerdos
    sobre vuestros sepulcros; ni los nombres
    de vuestros hijos pisará el traidor.

    Porque vosotros sois la sementera
    la palabra y el sol…

    ¡Patria quiere decir tierra de padres!
    ¡Por los muertos tenemos la vida y el honor.

    VI

    Y la ley de los Muertos sigue siendo la misma.
    ¡La Media Luna tuvo la forma de una Hoz!

    Y por la concha azul del golfo de Lepanto
    yo vi flotar astillas de galera
    y el desnudo angelote de la talla de un inmenso farol.
    Y en el fondo del agua, junto a rotas gumías,
    hay lindas ropas francas de lindos caballeros
    Rey Francisco, aquél que se alió
    por afán de su huerta, de su noria y de su río,
    contra Nuestro Señor

    ¡Ay dulce Francia cortesana, como
    te miras, hace siglos, desnuda, en los cristales
    del Loira y del Garona, con enfermizo amor!

    Francia de San Luis, tus malas amistades,
    hoy como ayer serán tu perdición

    ¡Por defender el cuerpo vas a perder el alma!
    ¡Morirás de un hartazgo de ajena fruta verde!
    ¡Negada te será la paz de Dios!

    ¡Porque tú eres un trozo de tierra dulce y húmeda:
    pero España es un trozo de Verdad y Razón!
    ¡Porque España es volumen y tu eres sólo aroma!
    ¡Porque España es un árbol y tu eres una flor!

    VII

    Y el enemigo sigue siendo el mismo
    Oriente pecador.

    No hay más: Carne o Espíritu.
    No hay más: Luzbel o Dios.

    ¿Frente a la España de San Juan, un mundo
    sin más danza que el paso de combate
    ni más ritmo ni verso que la angustia infinita
    pendular del “un, dos”!

    Y a su frente el fantasma de los ojos dormidos;
    Lenin; el leño seco y el arenal sin sol.
    El que, como un pecado, retiraba la mano
    cuando se le iba, blanda, por la frente de un niño
    o por las hojas de una flor.

    Lenin, el que ocultaba como un crimen, sus lágrimas,
    oyendo una sonata de Bethoven: ¡traidor!
    ¡Traidor a la Tristeza y a la Pena y al Ansia:
    traidor a la Ternura, traidor al Corazón!

    ¡Yo te maldigo en nombre de los enamorados
    de los novios, las madres, los niños, los poetas,
    los sauces y las flores, por traidor!

    ¡Yo te maldigo en nombre de todos los crepúsculos
    y de todas las rosas: yo
    te maldigo en el nombre de Venecia y sus góndolas,
    de Viena y sus violines,
    de Sevilla y su sol.

    ¿Yo te maldigo en tu fracaso, porque
    tú eres el Anti-Espíritu y el Espíritu es Dios!
    ¡Tú estás seco, entre nieves, allá en la Plaza Roja!...
    ¡Pero en Granada sigue cantando el ruiseñor!

    VIII

    Y no es un tenue encaje de ilustres bocamangas:
    la red con que queremos detener al traidor.
    ¡Alma del pueblo es la que ha despertado!
    ¡Alma del pueblo en flor!

    Trepando a robar nidos por tierras de Romaña
    endureció sus brazos el César: y el germano
    por ruidosos tugurios, entre rubias cervezas,
    su alto empeño soñó.

    Y José Antonio es grande
    de España por la casta, y grande
    por el furor
    clásico, popular y jerezano
    de su embestida ciega: ventorro, salto, puños, grito y sol.

    La Petenera y el Zorzico, juntos
    por la cintura, como dos amantes,
    con nuevo paso hinmnario, dirán un nuevo Amor.

    ¡Boinas de campesinos y blusas de trabajo
    pintarán en España la alborada de Dios.

    IX

    Y no será de esclavos la progenie que nazca.
    Hija será de Roma: suprema conjunción
    de Oriente y Occidente:
    palo de crucifijo entre dos mares;
    tierra de Cristo y el Emperador.

    Hay una voz que canta por los vientos:
    “Palabra del Señor:
    Al Cesar dad lo que se le debe al Cesar
    y a Dios lo que es de Dios”.

    Esta es. Brazo de Roma, la palabra de España,
    Su promesa infinita, su infinita lección.
    Ni dioses faraónicos que aplasten a los hombres,
    ni soberbias carnales que maldigan de Dios.
    Sino un Dios humanado que por Amor se agacha,
    y un hombre que se eleva por misterio de Amor.

    Libertad y Realeza; Jerarquía entre hermanos;
    cetro florido en rosas… ¡eso es ser español!

    Porque ésta es la divisa de su escudo
    y el mote es éste en su blasón:
    “Como deben sentirse las estrellas, arriba,
    tan siervas de sus curvas, y tan libres …
    ¡así me siento yo!

    X

    Y esto que digo no es vana palabra:
    la hora nueva ha llegado: la cosecha está en flor
    Escuchad esas voces que hacen eco a la mía.
    Mi palabra es de Dios.

    LA VOZ DE SÉNECA

    “Años vendrán en que los verdes mares
    alzaran sus barreras: y una nueva extensión
    de tierra habrá sobre el reino de Thetis:
    Tule no será límite y raya
    del Universo”

    LA ALEGRIA

    Y años vendrán, añado yo,
    en que, como los mares ayer, se abrirá el cielo.
    Se forzaran los limites de esa otra
    Tule de los imperios de Luz, que es el amor:
    y los hombres tendrán un nuevo Mundo
    sin que sufran los Orbes en sus virginidades
    de tierra y mar, rotura ni dolor.
    Porque será ese mundo concebido
    sin pecado, por obra del Espíritu
    de Dios.

    LAS SIRENAS DEL ATLANTICO

    ¡Alegraos, espumas, del celeste mensaje!
    ¡Empavesad, los vientos, vuestras alas de sol!

    LAS AZORES

    Hermanas solitarias de los mares: Molucas
    de basamento de coral; vosotras
    dulces Antillas de la flauta verde
    de cañas, y vosotras
    blancas Bermudas silenciosas: ¡Dios
    repite su prodigio! ¡Está la Tierra
    florecida de nardos como en la Anunciación!

    CRISTÓBAL COLON, EL ALMIRANTE

    Por la cintura verde y vegetal del mundo
    yo fui prendiendo, como perlas, nombres
    de reyes y de dioses: Fernandina,
    Navidad, Isabela, Guadalupe, San Juan, San Salvador!
    Por mí las playas de dos mundos
    como labios con miel y leche, dicen
    palabras de cristal, en español.

    LA ALEGRIA

    Ahora Almirante, el mundo que esperamos
    es el que con el pan de cada día
    le pedimos a Dios.
    “Venga a nos el tu reino”: esa es la carta y la derrota
    de la nueva y audaz navegación.
    De santos ni de reyes toma nombre este Mundo.
    A un grano de mostaza, le compara el Señor.
    Invisible y enorme, cobijándolo
    todo sin llenar extensión,
    su frontera es el viento, sus almenas los astros,
    y su bandera el sol.

    PEDRO DE ALVARADO

    Hernán: lo que nosotros
    ganamos fue el camino.

    ALONSO NIÑO

    Sí: las perlas de
    Margarita y Cumaná esperaban
    la frente del Señor.

    VICENTE YAÑEZ

    Mi tierra Firme fue tierra de paso.

    PONCE DE LEÓN

    Y mi Florida vida y muerte juntas,
    como cosas de flor.

    NUÑEZ DE BALBOA

    Hermanos: los cóndores
    Que aleteaban en los Andes
    ¡eran una oración!

    LA ALEGRIA

    Pero hubo algo inmortal en vuestras obras:
    algo inmortal como el amor.
    Cuando unos labios negros se oprimieron
    bajo el beso cristiano de un hidalgo
    de Extremadura o León,
    aquel día empezaba a descubrirse
    de verdad otro Mundo, que era el Reino de Dios.

    ¡Y esa es tu gloría, España!
    ¡Y es ahora tu destino y tu misión!

    (Profundo silencio en el espacio
    Y en los mundos).

    España, España, eternamente España!
    Quiero sentirte igual que una armadura,
    Sobre mi carne en flor.
    Quiero decirte, España, que tus trincheras tienen
    curvo el regazo, como carabelas,
    que ven hacía una nueva expedición.
    La metralla perfora tu tierra, como en busca
    del Potosí infinito cuya plata es amor.
    ¡Reverdece el Imperio con fronteras de luces!
    ¡Reverdece en el aire la palabra de Dios!

    VOCES DE ÁNGELES

    Otro Imperio sonoro de yunques y de ruedas
    se asfixia con el oro de su propia abundancia
    y la hiel de su propio rencor.
    Se pierde el hombre viejo
    en el bosque que el mismo plantó.

    VOZ DE SANTIAGO

    Pero queda en la tierra
    como en el suelo de un pinar, un trozo
    manchado de oro y sol.

    LA ALEGRIA

    ¡Juan de la Cosa: pinta con afiles de Cielo
    y pinceles de cisne, la figura sin forma
    de este Imperio español!

    LOS ÁNGELES

    Si se puede pintar la Esperanza
    ¡Píntalo!

    SANTIAGO

    ¡Píntalo si se puede pintar
    La Alegría, la Fe y el Amor!

    LA ALEGRIA

    Pero puede sentirse si al pintarse no puede.

    Escuchad el mensaje de la Gran Ilusión.

    El imperio no es tierra todavía
    pero ya empieza a ser dolor.
    Dolor de costas y fronteras.
    Dolor de aire y de mar. Dolor de Historia
    grande en vaso pequeño: de ilusión
    con las alas cortadas; de flechas sin destino,
    de pájaros sin voz.

    Otra vez, como sangre de salud y de fuerza,
    por las mejillas, contra viento y sol,
    Se te asoma la vida por muelles y por torres
    buscando continentes y luceros,
    hecha, España, conquista y oración.

    Y no es un querer vano
    Ni una vana ambición.

    Es la certeza -¿no la veis?- que nace
    de la gran certidumbre del amor.
    Es la certeza -¿no escucháis? Que todos
    los poetas de este mundo guardan como yo.

    Hay un crujir de quilla bajo el suelo de España
    y un levar de cadenas hay en cada ilusión.
    Palos tiene otra vez contra el crepúsculo
    relumbra de farol.
    y San Vicente, cara al mar, señala
    con la audacia florida de un viejo grimpolón.

    Todo el mar se ha rayado de una luz infinita.
    El palo de Mesana se ha vestido de de sol.
    ¡Aureos pilotos de la España Nueva!
    ¡Levad los remos!
    ¡¡ A la vista de Dios!!

    FINIS OPERIS
    Última edición por ALACRAN; 30/09/2020 a las 19:53
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: Poema de la Bestia y el Ángel, de José María Pemán (1938)

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Estructura del Poema:


    INTRODUCCION
    CANTO PRIMERO
    EN EL PRINCIPIO DE LOS TIEMPOS
    I Visión del Octavo Candelero
    II El Pacto de la Bestia y el Cordero
    Visión
    Diálogo
    III Las dos maldiciones
    La Maldición de la Tierra
    La Maldición de la Cruz
    IV Visión de las Tres Iglesias
    V El Protomártir
    El Rapto del Dios
    CANTO SEGUNDO
    EN EL CENTRO DE LA HISTORIA
    I Preparación y Vía Crucis del Héroe
    Los dones de las Tres Hadas
    Via Crucis
    II Coloquio de los Elementos
    Las Islas afortunadas
    Aquel día
    Coloquio
    III La guerra
    I al VII
    IV Dolor y gloria de Toledo
    Visión y sentido del ‘Entierro’
    El Alcázar. I al XXI
    V Mensajes
    Mensaje de Toledo a Sevilla.
    El Tajo habla a Lisboa.
    VI Las Islas Azules
    TIERRA
    Romance de los Muertos en el campo.
    Madres.
    La niña de Talavera
    Hexámetros en loor de los soldados de Navarra
    AIRE
    Oda sáfica en loor de los Caballeros del Aire
    MAR
    Canción de las Sirenas
    Himno breve
    Oda naval del odio y el amor de la escuadra pirata
    VI Pelea de la Bestia y el Ángel
    I-II-III-IV
    VIII
    El sereno Alleluia
    Paz en las almas
    Paz en los pueblos
    CANTO III
    HACIA LOS TIEMPOS NUEVOS
    I Himno de la abundancia
    II Mensaje de la alegría. I a X.


    El Poema de la Bestia y el Ángel puede descargarse desde aquí:

    http://www.maalla.es/Libros/Poema.pdf
    Última edición por ALACRAN; 30/09/2020 a las 19:52
    Hyeronimus dio el Víctor.
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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