ELOGIO DE LAS FÁBULAS
Las fábulas son alegorías, con fines prácticos, de donde que vayan acompañadas de moraleja, y han servido siempre de lección para los grandes y los chicos. Cuando los plebeyos romanos se declararon en huelga y se fueron al Aventino, no encontró el cónsul Agripa Menenio mejor manera de convencerles, que recitarles la fábula de “El Vientre y los Miembros”, y en efecto, comprendieron perfectamente lo que significaba el apólogo y desistieron de su actitud.
Digamos, sin temor alguno á exagerar, que las fábulas han sido siempre el encanto de la humanidad, sin distinción de razas, y que por mucho que haya «adelantado» la literatura todavía se hace hablar á las bestias, y á las plantas, y á las piedras, bastando recordar á Rudyard Kipling. Yo estoy segurísimo de que ya había fábulas antes del Diluvio Universal y si tuviéramos á mano el precioso libro de Morophius “De Bibliotecis antediluvianis” (Lubeck, 1732) encontraríamos alguna mención de las mismas, que conservaron piadosamente Set, Cam y Jafet, como lo prueba el hecho de ser los hotentotes (hamitas) uno de los pueblos más ilustres en fabulística.
Sin embargo nadie les quita á los arios y semitas el haber sido los primeros fabulistas del mundo. ¡Que Lotian aquel de la India del cual rodando los siglos, tomó Esopo el Frigio sus famosas fábulas, pulidas y arregladas después por Fedro! ¿Y quién podrá decir de dónde las tomó Lotian?
Pero no es á eso á lo que vamos sino á la perenne actualidad de las fábulas y cuentos. Lo que era aplicable á la India resultó serlo a Frigia, á Grecia, á Roma, á Arabia, á las Galias, á Germania, á España, por vía directa indo-europea. En España, sobre todo, nuestros árabes y judíos, semitas ellos, hicieron maravillas, que, sin embargo, no tardamos en eclipsar los cristianos. ¡Aquel Libro de los Exiemplosl ¡Aquel poema del Arcipreste, perla sin igual de la literatura castellana!
Y no hay que decir de Portugal. Allí, como en Cataluña, se conserva viva la fábula ó “rondalla de la Rateta”, con el nombre de la “Carouchinha”, y lo mismo tendríamos que notar respecto Francia, y tal. Yo creo, sin embargo, que Hipólito Taine exageró al sostener que los animales de Lafontaine eran semblanza de personajes de la corte de Luis XIV.
Y mal podía ser así en cuanto Lafontaine tuvo que inventar muy poco, teniendo á su disposición á Esopo, Apuleyo, puede que al Arcipreste, etc. Original no lo es; versificador sin par, sí lo es. Y decimos que no es original porque su hermosa fábula “Les Animaux avec la peste” debe de ser más vieja aun que la de los escrúpulos de Micifut y Zapiron; fábula de aplicación sempiterna y que por lo mismo hizo muy bien en dar á conocer en España don Félix María Samaniego.
Pues esta fábula de “Los Animales con peste” es pura y sencillamente la verdad perpetua, tal vez antediluviana. Como me la sé de memoria, desde niño, reproduzco lo que creo más notable, salvo error.
Hablase introducido la peste
En los montes, los valle» y collados
De animales poblados.
El rey de las selvas, al ver cubiertos de cadáveres sus campos, se siente lleno de remordimientos y decide que todos confiesen sus pecados y se implore la piedad del cielo:
Tal vez se aplacará con que se le haga
Sacrificio de aquel más delincuente,
Y muera el pecador, no el inocente.
Y empieza el León, rey:
Yo, cruel, sanguinario, he devorado
Inocentes corderos
Ya yacas, ya terneros,
Y he sido, á fuerza de delito tanto,
De la selva terror, del bosque espanto.
A lo cual dijo la zorra: Pero ¡qué tontería! Y todos, los tigres, las onzas, los lobos, las raposas, los gatos monteses, se confesaron, sin que les diese la menor aprensión, autores de cien mil millones de frivolidades por el estilo:
De robos y de muertes a millones;
mas entre la grandeza, sin lisonja,
pasaron por escrúpulos de monja.
Todos se habían justificado; no quedaba ninguna fiera ni carnicero que no se sintiese culpable del menor delito; únicamente le faltaba sincerarse al burro, y, adelantándose, por si había dejado in statu quo ciertas medidas tomadas anteriormente por la raposa, la garduña y el tiburón, exclamó:
Yo me acuso
que al pasar por un trigo este verano,
yo hambriento y él lozano,
sin guarda ni testigo,
caí en la tentación. ¡Comí del trigo!
¡Y aquí fue Troya! ¡Comer del trigo en vez de zamparse todos los conejos, perdices, carneros, bueyes, vacas y codornices de la creación!
¡Del trigo! ¡Y un Jumento!
gritó la zorra. ¡Horrible atrevimiento!
Los cortesanos claman:
—Este, éste irrita al cielo, que nos da la peste.
El León, sin saberse que hacer, accedió á que se le condenara á muerte al infeliz comedor de trigo, en vez de conejos y carneros, y se le confió la ejecución al lobo.
Sea como fuere es tanto mi entusiasmo por las fábulas que considerarla como una inmensa desgracia dejaran de escribirse. Porque con unos cuantos versos se dice lo que con cien pesados volúmenes; así en la fábula de “Los animales con peste”, imitada por Samaniego de Lafontaine, que la imitaría de Dios sabe que otro fabulista, resulta decisivo para el conocimiento de nuestras costumbres políticas achacarle al jumento que se comió unos herbajos la culpa de los males enviados por el cielo á los que se zampaban censos enteros, ó inventaban pueblos imaginarios, etc., etc.
Y vaya para concluir este otro fragmento fabulístico:
Dijo la sartén al cazo: ¡Quítate allá que me tiznas!
ALFREDO OPISSO
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