4. Los Palmerines. —El de Oliva. — Primaleon. - Platir. – Flortir. — Palmerin de Inglaterra. Pruebas de su origen español.--Don Duardos de Bretaña.- Don Clarisel.
(Ortografía original del texto)
Al mismo tiempo que la historia de Amadis y sus descendientes proporcionaba solaz у entretenimiento á numerosos lectores, las proezas y hazañas de otra familia de caballeros andantes, no menos célebre y dilatada, ocupaban la pluma de varios escritores, ansiosos de adquirir honra y provecho. Queremos hablar de la conocida generalmente con el nombre de los Palmerines, cuya primera parte se imprimió en 1511, y se repitió en ocho ediciones diferentes antes de concluir el siglo. Pigmaleon ó Primaleon, rey de Macedonia, tuvo un hijo y una hija: Florendos, padre de Palmerin de Oliva, y Arismena. El de Oliva fué emperador de Grecia y casado con Polinarda, hija del emperador Trineo, en quien hubo á Primaleon, sucesor de su imperio, y á Polendos, rey de Tesalia. Tambien tuvo una hija, llamada Flérida, que casó con don Duardos, rey de Inglaterra. Hijos de don Duardos fueron Palmerin de Inglaterra y Floriano del Desierto. El primero casó con Polinarda, hija de Primaleon y hermana de Platir, y este último tuvo un hijo, llamado Flortir, de todos los cuales hay libros escritos, con la historia de sus maravillosas hazañas y nunca vistos amores.
Ni en la edicion de 1511 ni en las que despues se hicieron se declara quién fuese el autor del Palmerin de Oliva, si bien en el prólogo al Primaleon se dice terminantemente ser uno y otro obra de un mismo ingenio, y en el colofon á la citada edicion de 1524 se añade que ambos libros, el Palmerin y el Primaleon, “fueron trasladados del griego en nuestro lenguaje castellano, é corregidos y emmendados en la muy noble cibdad de Ciudarrodrigo, por Francisco Vazquez, vezino de la dicha ciudad”. Mas, a pesar de esta aseveracion terminante, existe la tradicion de que si no el Palmerin, el Primaleon, al menos es obra de una dama natural de Augustobriga; tradicion que se halla ya recogida y consignada en 1534 por Francisco Delicado, el corrector del Amadis, quien por el dicho año publicaba en Venecia una magnífica edicion del Primaleon. Así lo declara este en la introduccion ó prólogo que puso al segundo y tercero libros, elogiando mucho el estilo, invencion y demás cualidades de la autora. Otro tanto se deduce del contexto de seis coplas de arte mayor que se hallan añadidas al fin de algunas ediciones del Primaleon, entre las cuales hay una del tenor siguiente:
En este esmaltado é muy rico dechado
Van esculpidas muy bellas labores,
De paz y de guerra y de castos amores,
Por mano de dueña prudente labrado;
Es por exemplo de todos notado
Que lo verisimil veamos en flor :
Es de Augustobriga aquesta labor,
Que en Lisboa se ha agora estampado.
Las palabras subrayadas, y el nombre latino de Augustobriga, que algunos refieren á una ciudad dentro de Portugal, dieron sin duda márgen al italiano Quadrio para sentar que el Primaleon fué obra de una dama portuguesa, quizá de la célebre doña Bernarda Ferreira de la Cerda, autora de las Soledades de Buçaco (Lisboa, 1634, 8.°), que mantuvo correspondencia literaria con Lope de Vega, y á que Barbosa Machado la atribuyese, ignoramos con qué fundamento, á Francisco de Moraes, supuesto autor del Palmerin de Inglaterra. Pero ninguna de las ciudades conocidas en lo antiguo con el nombre de Augustobriga puede razonablemente reducirse á una localidad dentro de Portugal, (…) y asi, habrémos de dejar sentado que los dos libros de Palmerin y Primaleon fueron escritos por una señora natural de Ciudad-Rodrigo, quien quizá encubrió su nombre bajo el seudónimo de Francisco Vazquez, á no ser que se quiera suponer que este fué hijo suyo y continuó la obra de su madre, segun se colige de los versos de Juan Augur, ya citados.
Conviene dejar aclarado este punto, porque en el hecho supuesto de que el Palmerin de Oliva, y por consiguiente el Primaleon, son ambos obra de una portuguesa, fundan los escritores de aqueIla nacion el aserto, no menos gratuito, de que el Palmerin de Inglaterra se escribió originalmente en portugués. Punto es este que estaria aun envuelto en tinieblas, como otros muchos relativos á este linaje de libros, á no haber don Vicente Salvá probado, como mas adelante veremos, que el Palmerin de Inglaterra era real y efectivamente obra de escritor castellano.
A Palmerin de Oliva y Primaleon sucedió otro caballero andante de la misma familia, llamado Don Polindo, cuya historia, á nuestro modo de ver, debe ser la tercera en la série, puesto que fue hijo del rey Paciano de Numidia y de la reina de Tarsi, antes casada con Polendos, hermano de Primaleon. Imprimióse este libro en Toledo en 1526, sin nombre de autor, y lo tradujo al italiano Mambrino Roseo, que ya antes habia trasladado los anteriores.
De Platir, hijo de Primaleon y sobrino de Polendos, hay tambien crónica aparte, impresa en Valladolid por Nicolás Tierry, 1533, y dedicada por su autor, que no se nombra, á don Pedro Alvarez Osorio y doña María Pimentel, marqueses de Astorga; y un italiano, á quien cita Quadrio, escribió en dos tomos una continuacion con los hechos de Flortir, hijo del emperador Platir.
Viene en seguida la muy célebre de Don Palmerin de Inglaterra, que nosotros hacemos sexta parte en esta série, y cuya ascendencia es como sigue : Flérida, hija de Palmerin de Oliva y hermana de Primaleon y Polendos, casó con don Duardos, hijo de don Federico, rey de Inglaterra y de una infanta de Escocia. De este matrimonio nacieron Floriano del Desierto, Pompides, que fué rey de Escocia, Daliarte, y por último Palmerin de Inglaterra.
La comun opinion atribuia este libro al portugués Francisco de Moraes, aunque no falta quien haga autor de él á don Juan II de Portugal ó al infante don Luis. Pellicer se contentó con negar que Moraes fuese autor del libro, apoyándose en que la version francesa, publicada por primera vez, en Leon de Francia, en 1553, decia ser hecha sobre el original castellano, y que la portuguesa no se imprimió hasta once años despues. Mas la cuestion, hasta cierto punto tan oscura y disputada como la de Amadis, hubiera quedado indecisa á no haber parecido una edicion castellana, primera y única, á lo que parece, del dicho libro, hecha en Toledo en 1547-8. Don Vicente Salvá, á quien la bibliografia española debe gran parte de sus adelantos en estos últimos tiempos, fué el primero que, habiendo adquirido un ejemplar de este rarísimo libro, lo dio á conocer en un extenso artículo sobre bibliografia española, antigua y moderna, en el tomo IV del Repertorio Americano (Londres, 1827, 8.°), probando que el autor de él fué el toledano Luis Hurtado, como se evidencia por unas octavas acrósticas puestas al fin de la dedicatoria de la primera parte. Queda pues revindicada para la literatura nacional esta palma de Inglaterra, como la llama Cervantes, digna de ser guardada y conservada como cosa única y muy buena, y rebajado, por tanto, Moraes del rango de escritor original, que le dan sus compatriotas, al de mero traductor del Palmerin.
Continuó la historia de Palmerin de Inglaterra Diego Fernandez de Lisboa, de quien no sabemos mas sino lo poco que de él dice Barbosa Machado en su Bibliotheca Lusitana, describiendo en dos partes, tercera y cuarta, las grandes caballerías de su hijo, don Duardos de Bretaña, llamado el Segundo para distinguirle de otro don Duardos, que fué padre de Palmerin de Inglaterra y de Floriano del Desierto. Este don Duardos, ó don Duarte, fué habido en la infanta Flérida, y se crió, con otros principes y caballeros, en la isla Deleitosa.
Las dos partes en que está dividida la historia de don Duardos de Bretaña constituyen pues, segun nuestro sistema y clasificacion, la sétima de los Palmerines, al paso que la octava la componen otras dos (quinta y sexta de Palmerin de Inglaterra) que en 1602 dió á luz otro portugués, llamado Baltasar Gonzalez Lobato, de quien hacen mencion nuestro Nicolás Antonio y Barbosa Machado. En ellas se prosiguen las aventuras de don Palmerin, que, al igual de Amadís y de otros caballeros andantes, debió vivir mas años que Matusalen, puesto que se le hace correr lanzas con un biznieto suyo, llamado don Clarisel de Bretaña, á cuyas proezas y hazañas el libro está principalmente consagrado.
Y aqui concluye esta larga série de héroes caballerescos, salidos del tronco de Pigmalion ó Primaleon, rey de Macedonia, que, á no haber sido por la amarga y severa burla de Cervantes, hubieran aun, á no dudarlo, continuado por media generacion; série cuyas diversas ramas hemos querido poner aquí, á imitacion de lo ya hecho con los Amadises, para mayor claridad de lo que dejamos expuesto, y satisfaccion de los que quieran penetrar en el intrincado laberinto de tanta alcurnia caballeresca.
Pero antes de pasar á otro punto, bueno será decir algo del argumento, forma y estilo del Palmerin de Oliva y de Primaleon, los dos libros mas antiguos y mas notables de toda la série. Quienquiera que sea el autor del primero, es evidente que al dedicarle á don Luis de Córdoba , hijo del célebre don Diego Fernandez de Córdoba, señor de Baena y conde de Cabra, se propuso ingerir en él algunos de los muchos hechos de armas y esclarecidas virtudes que tanto distinguieron a los caballeros de dicha casa. Así lo declara él mismo en su dedicatoria, y resulta además de varios capítulos de su obra, donde, á vueltas de mil encantamientos, dragones y otros recursos imaginativos, de los que solian emplearse en semejantes libros, se tropieza de vez en cuando con sucesos que, aunque ocurridos en ciudades fantásticas y entre caballeros principalmente griegos, pueden fácilmente referirse á determinadas personas y localidades dentro de Andalucía.
Palmerin de Oliva debió su nombre á la circunstancia de haber sido hallado, cuando niño, expuesto entre palmas y olivos, en una montaña llamada Oliva, á una pequeña jornada de Constantinopla. Fué hijo de Florendos, principe de Macedonia, y de Griana, hija de un emperador griego, que se dice octavo á contar de la fundacion de aquella ciudad. Sus padres le hubieron secretamente, y un escudero llamado Cardin fué el encargado de su crianza, si bien, temeroso de la venganza del Emperador, le dejó en medio de un bosque de la manera que se ha dicho, siendo allí hallado por un colmenero nombrado Gerardo. A poco de este suceso, y habiendo Florendos partido para su reino de Macedonia, el Emperador obliga á su hija Griana á que de la mano á Tarisio, hijo del rey de Hungría. Palmerin, sabiendo por Diofena, hija de Gerardo, la manera misteriosa como fué hallado, abandona la humilde choza en que le criaron, y se pone en camino para el reino de Macedonia, donde es armado caballero por su padre Florendos, sin ser conocido. A los pocos dias mata en la montaña Artifaria á una gran sierpe que tenia atemorizadas á las gentes y desiertos los alrededores de la corte, logrando al propio tiempo hacerse dueño de una redoma encantada que tres hadas tenian allí escondida (…);
Despues de mil aventuras y combates con gigantes y caballeros, que, no por hallarse en Macedonia, Tesalia y Babilonia, teatro á un tiempo de las proezas del héroe, dejan por eso de ser moros, y tan moros como los del reino de Granada, Palmerin casa con Polinarda, y es alzado emperador de Constantinopla despues de la muerte del que ocupaba el trono. Hay en esta historia, que su autor dividió en cuatro libros, muchos trozos que recuerdan las crónicas semicaballerescas de aquel tiempo y los románticos incidentes de la guerra de frontera que precedió á la conquista del último baluarte de la morisma.
Si hubiéramos de juzgar por el espíritu que en toda ella reina, diriamos que no pudo ser obra de una mujer, pues las empresas caballerescas del héroe resaltan mucho mas que sus amores, y en estos se observa cierto cinismo repugnante, que no quisiéramos vernos obligados á atribuir á un individuo del bello sexo.
Otro tanto se pudiera decir del libro de Primaleon, hijo y sucesor del emperador Palmerin. Los amores de don Duardos de Inglaterra, disfrazado de hortelano, con la infanta Flérida, los de Primaleon con Gridonia, y los de Platir con Sidela, contrastan singularmente con el sentimentalismo caballeresco y pudorosa modestia de Amadis de Gaula . Por otra parte, hay escenas muy tiernas, el lenguaje es menos rudo, y el argumento mas complicado que el del libro de Palmerin. Uno y otro, sin embargo, son notables bajo mas de un concepto, y muy dignos de ser leidos y estudiados, por contener una pintura fiel de las costumbres españolas á fines del siglo XV. «Todo él, dice Delicado, refiriéndose al Primaleon, es un doctrinal de andantes caballeros, donde estos podrán deprender, leyendo, á mantener justicia y verdad, é mas la mesurada vida que han de tener con las dueñas y doncellas, la cortesía y crianza con las damas, asimesmo los atavíos que han de usar asi de armas como de caballos, la gentil conversacion y el moderamiento de la ira, la observancia y religion de las armas.»
Dedicóle su autor al mismo don Luis de Córdoba, ya por entonces duque de Sesa, y mas tarde embajador de Carlos V en Roma, á quien el Palmerin fuera antes dirigido y dedicado. Así es que se descubre en él una intencion, aun mas marcada que en el anterior, de recordar, por medio de aventuras fabulosas, los notables hechos del señor de Baena, del mismo don Luis, y aun de Gonzalo Fernandez de Córdoba, llamado el Gran Capitan. (…)
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