Oña, 7 mayo 2005. La tricentenaria Real Congregación de San Fermín de los Navarros en Madrid, ha organizado lo que llama un Itinerario navarro tras las huellas y en homenaje al Rey Sancho Garcés III el Mayor, enterrado, como es sabido, en el Monasterio de Oña, actual provincia de Burgos.

Anteriormente, en el otoño, realizó otro, también con la colaboración de las tres asociaciones navarras en la capital, a Calatrava y al Viso del Marqués, tras las huellas de San Raimundo de Fitero, fundador de la Orden Militar de Calatrava, y de don Álvaro de Bazán, Marqués de Santa Cruz, vencedor en Lepanto, en cuya casa-palacio del Viso se encuentra el Archivo de la Armada.

En un autobús ya histórico, pues fue usado con frecuencia por el equipo de fútbol Atlético de Madrid, marcharon “los navarros en Madrid” el sábado día 7 a Oña. Durante el viaje, la catedrático doña Vicenta María Márquez de la Plata dio una explicación histórica de la época del gran Rey de Pamplona, de su familia, especialmente de sus hijos García, Fernando y Ramiro. Una lección magistral que supo a poco.

A las 12 del mediodía se llegó al bellísimo pueblo burgalés, donde los esperaba el acalde don José Ignacio Castresana. Presididos por el Viceprefecto de la Real Congregación, Javier de Lizarza, acompañado por el capellán Fr. Pedro Irurzun, y los Presidentes de las tres Asociaciones (por antigüedad), María Pilar Luri, Carlos Sobrini y Lucinio Fernández, Marqués de Ladrón de Villar. Llevaba África Aizpún una corona de laurel con una cinta de la bandera bicolor española que decía: “Los navarros en Madrid al primer rey de España”. Las banderas de España y de Navarra eran portadas por Cruz María Baleztena y Jaime Vives Agurruza. Tras la fotografía oficial ante el bellísimo portalón, y acompañados por el párroco don Diego Gómez, tuvo lugar la entrada a la iglesia abacial de San Salvador, por la puerta de la antigua muralla. La iglesia data del año 1011, en los días del rey de Pamplona que se homenajeaba. Es ciertamente asombrosa la belleza y la riqueza de la iglesia, de 80 metros de largo y 20 de altura.

En la Capilla Mayor se conserva la arqueta de oro y plata con los restos de San Íñigo, el benedictino, al que el rey de Pamplona ordenó marchar de San Juan de la Peña a Oña para ordenar y dirigir el Monasterio. Allí también vimos el escalofriante Cristo, rígido, de Santa Tigridia, del siglo XII, y la tumba de Fr. Pedro Ponce de León, fundador de la escuela de sordomudos. Asimismo el sarcófago del rey Sancho Garcés III con los escudos de sus reinos, es decir, Navarra, Castilla y Aragón. A su lado el sarcófago de la reina su esposa, Doña Mayor o Doña Munia, la que levantó el puente que da nombre a la antigua Garés, hoy Puente la Reina, y la constructora de la asimismo bellísima iglesia de Frómista, en el Camino de Santiago. Como curiosidad, en el sarcófago del rey figura el nombre de “Sancho Abarca”, en recuerdo sin duda de su antecesor, el rey Sancho, conocido con el sobrenombre de “Abarca”.

Depositada la corona de laurel, el Capellán Fr. Pedro Irurzun rezó un responso y un Padrenuestro por el eterno descanso de los reyes de Pamplona. El catedrático Andrés Gambra, pronunció una magnífica lección sobre el significado del rey que se homenajeaba, diciendo que sin duda había sido el rey más grande de Navarra, el símbolo y espíritu de la familia Jimena, que fue la que dio a Navarra el sentido reconquistador, olvidado quizás por la familia predecesora, los Aristas, vinculados a los Banu-Qasi del Ebro (como había recordado el sabio don Claudio Sánchez Albornoz, que tanto cariño y amistad dedicó a “los navarros en Madrid”). Dijo que el rey había culminado la idea de reconquista de su antecesor Sancho Garcés I, el de Monjardín, el conquistador de La Rioja. El devolvió la idea neogótica “del imperio y del emperador”. Creó los reinos de Castilla y de Aragón y él fue por consecuencia el fundador de las dinastías que reinaron, tanto en Castilla como en Aragón. Se hizo el recorrido completo del claustro y capillas del impresionante Monasterio, residencia que ha sido hasta hace pocos años de los padres jesuitas.

Frente a la realidad de lo que significó Sancho Garcés III el Mayor, se ha pretendido por otro lado, con un empecinamieno voluntarista, empequeñecer su figura, de lo que es explicación el monumento de Fuenterrabía, recientemente levantado. Recordó Gambra como Sabino Arana, hijo de carlistas, recibió una “revelación”, que le movió a fundar un partido y a inventarse una historia. Para él, el enemigo de los vascos era España. Análoga “revelación” de la de Hitler, para quien los enemigos de los arios, “la raza más pura”, eran los judíos. Fue una gran lección.

La visita, en fin, francamente inolvidable y asombrosa.

De allí marcharon los expedicionarios a comer a Burgos, capital, donde degustaron un delicioso cordero, que no tenía nada que envidiar a los de la Cuenca de Pamplona, degustándose asimismo un delicioso clarete del la Ribera del Duero, digno de los mejores navarros.

Tras la comida se visitó la catedral, que ciertamente ha quedado impresionantemente bella después del trabajo de restauración realizado por la Comunidad de Castilla y León y el Banco de Bilbao.
A las 7 de la tarde, el autobús iniciaba el regreso a la capital, donde hubo canciones y no faltaron chistes de nuestro entrañable Mario Ruiz Vernacci, anticuario, navarro de residencia y, sobre todo, de honor.




__________________________________________
Agencia FARO
http://www.agenciafaro.es.vg