ΠΟΛΕΜΟΣ
La fantasía de seguridad y ocio ha desaparecido por un instante y Europa ha despertado de repente en el mundo real. No sé cuánto duraría esta vigilia si de los ciudadanos europeos dependiese, pero creo que nuestros enemigos se ocuparán eficientemente de alargarla.
Muchos jóvenes acudieron a un concierto a jugar a ser oscuros y allí encontraron auténtica oscuridad. Muchas personas acudieron a un estadio para ser espectadores y acabaron de protagonistas en el terreno de juego.
Nunca fue posible estar al margen.
Habrá que desprenderse de muchas cosas superfluas para sobrevivir como civilización, si es que esto lo sigue siendo. Pero lo bueno de los atisbos de apocalipsis es que ayudan a ver mejor lo superfluo.
Nuestro mayor problema es que somos una generación nacida en una de esas épocas rarísimas de la historia: durante un largo paréntesis de paz y bonanza material. No creo que estemos preparados para el retorno a la normalidad, pero rezaré por ello. En los cuerpos y en los espíritus, estamos en guerra. Nunca dejamos de estarlo. La guerra, en este mundo caído, no tiene fin. Ellos lo saben. A nosotros nos toca recordarlo.
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