La verdad es que hay de todo. En parte es verdad, pero ya sabemos que no todos son así. De todos modos, es fácil reconocer a los falsos mendigos. Como no se le puede dar a todo el mundo, yo suelo ser selectivo. Doy a los que me inspiran confianza. No doy a los borrachos ni a los rumanos. Pero sí a otros de los que estoy más seguro, o que por lo menos conozco personalmente.
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