Yo, que he vivido en aquella época, doy fe de que no estaba prohibido que se juntaran grupos de varias personas en la calle. A veces nos juntábamos grupos de amigos en una plaza o un parque y no pasaba nada, pero, claro, a encuentros normales, no a mítines políticos ni sindicales. Muchas veces he oído eso de que en aquella época no se permitía juntarse grandes grupos de gente, pero lo cierto es que siempre fue de lo más normal que hubiera aglomeraciones cuando había procesiones, o en las ferias, y tampoco había que pedir permiso para juntarse varias personas en casa de alguien. Cualquiera podía organizar una fiesta o recibir visitas cuando quisiera. Se exagera mucho hablando de aquella época, y no es serio. Una cosa es hacer una crítica seria y razonada y otra decir cosas disparatadas. Si hasta todo el mundo contaba chistes de Franco, aunque lógicamente nunca se publicaran por escrito. Pero a mi padre se los contaban en el trabajo o en bar, y a mí en el recreo o hasta por la calle. El problema no era tanto de falta de libertad; más bien se toleraron muchas cosas que debieron haberse prohibido o al menos controlado, y ahora estamos como estamos.
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