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Tema: Historia de Aragón

  1. #1
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    Historia de Aragón

    HISTORIA DE ARAGÓN



    El territorio aragonés fue escasamente romanizado, y aún menos en la zona pirenaica. Los únicos núcleos urbanos se hallaban en el valle del Ebro y pocos de ellos resistieron los ataques de los bárbaros. Los musulmanes hallaron escasa resistencia en Aragón en el siglo VIII e instalaron diversas guarniciones estratégicas.


    A partir del siglo IX se formaron los primeros núcleos cristianos independientes en los Pirineos, que contaron con el apoyo de los francos hasta dar nacimiento al condado de Aragón. Éste se convirtió posteriormente en un reino que en el siglo XII se unió al condado de Barcelona formando la Corona de Aragón.


    El antiguo Reino de Aragón comprendía a Cataluña, Valencia, Baleares, Córcega (hoy es de Francia), Cerdeña (hoy de Italia), Sicilia, Nápoles, etc.






    Tras la unificación de los reinos españoles por los Reyes Católicos, Aragón conservó sus instituciones políticas, su propia legislación civil y sus aduanas. Fue creado el Consejo de Aragón para tratar de los asuntos referentes a la antigua corona. Entre 1585 y 1591 tuvieron lugar las llamadas alteraciones de Aragón, en las que chocaron los intereses de la monarquía de Felipe II y los de la aristocracia aragonesa.






    Con la expulsión de los judíos en 1609, un 16 % de la población, afectó en un alto grado a la agricultura aragonesa.


    Durante la guerra de Sucesión española siguió el partido del archiduque Carlos; al concluir con la victoria del candidato borbónico Felipe V, se procedió a la supresión de los fueros aragoneses, se introdujo el sistema tributario castellano (alcabala) y en 1718 se creó el sistema de contribución única. Aragón se convirtió en una provincia del reino.


    A lo largo del siglo XVII tuvo lugar una recuperación económica de la mano de la agricultura, concretada en la realización, después de proyectos largamente elaborados, del canal Imperial de Aragón (1772).


    En la guerra de Independencia contra las tropas napoleónicas Aragón sufrió graves pérdidas materiales, no sólo en las ciudades (sitios de Zaragoza), sino por las destrucciones en el campo y debido a los esfuerzos tributarios para sufragar la guerra.


    La formación del Estado liberal a lo largo del siglo XIX puso de manifiesto las desigualdades entre las ciudades aragonesas y el valle de Ebro, ricas y políticamente progresistas (Zaragoza), y las zonas rurales, especialmente el Bajo Aragón, que se convirtió en uno de los focos de las guerrillas carlistas. Zaragoza se adhirió pronto al levantamiento de Riego (1820) y al habido en 1854.


    Se desarrolló un notable núcleo anarquista entre los obreros zaragozanos. La guarnición militar de Zaragoza se alzó contra la segunda República en julio de 1936, mientras el conjunto de Aragón siguió fiel al Gobierno. Ello convirtió a Aragón en el escenario de algunos de los episodios más violentos de la guerra civil, como la toma de Belchite (1937), y las batallas de Teruel (1937-1938) y del Ebro (1938). En la década de 1960 el desarrollismo franquista propició la instalación de diversas industrias en Zaragoza. Su Estatuto de Autonomía fue aprobado en 1982


    http://www.heraldicabc.com/heraldicaragon/historia.html
    La Iglesia es el poder supremo en lo espiritual, como el Estado lo es en el temporal.

    Antonio Aparisi

  2. #2
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    Re: Historia de Aragón

    Los orígenes de Aragón se remontan a la época de Carlomagno, en el siglo IX, precisamente en el año 828, cuando un reducido territorio entre los valles de Canfranc y Hecho, que vivía a la sombra del Imperio Carolingio, pasó a denominarse Río Aragón, territorio independizado bajo el gobierno del conde indígena Aznar I Galíndez, que sucedió al primer Conde de Aragón llamado Aureolus, de origen franco. Este territorio estuvo tutelado en un principio por los mismos francos, pero poco a poco se fue acercando más al Reino de Pamplona, que se había creado 4 años antes, en el año 824, gracias a la combinación de fuerzas de Carlomagno y los Banu Qasi. (Continúa leyendo y descubrirás quiénes fueron).


    Se puede afirmar, que los orígenes de Aragón tienen que ver directamente con la resistencia cristiana (sobre todo franca) ante el expansionismo del Islam en la península ibérica, que se había iniciado en el año 711, pero no podemos olvidarnos de quizás la primera familia aragonesa por excelencia, de origen maladí, los Banu Qasi, que vivieron dicho territorio entre los siglos VIII y X, y que de hecho se convirtieron en una de las dinastías más importantes de la península ibérica en aquellos momentos. Los banu Qasi estuvieron en Aragón desde sus primero días y como comentamos antes, sin su ayuda no se hubiera formado el primer Reino de Pamplona.


    Para resumir hasta ahora podemos afirmar que los inicios de Aragón se remontan a la creación del Condado de Aragón, de creación franca (Ver Marca Hispánica), que luego pasó a manos del Reino de Pamplona, y sucesivamente al Reino de Navarra. El Reino de Navarra, no es más que la continuación del Reino de Pamplona, que luego se dividió en la Alta y la Baja Navarra, siendo la alta, la Navarra peninsular y la baja, al norte de los Pirineos.


    EL REINO DE ARAGÓN


    El Reino de Aragón no nace hasta el año 1035, gracias a la unión de los condados de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza en la figura de Ramiro I, hijo natural pero ilegítimo de Sancho El Mayor, Rey de Pamplona. Ramiro nunca se hubiera convertido en primer rey de Aragón si no se hubiera peleado con su hermano García de Nájera, para crear una nueva dinastía, que finalmente consiguió, empezando por regir las rentas reales de Sobrarbe y Ribagorza.


    Aunque él nunca se autodenominó Rey de Aragón, realmente sí gozó de semejante status, visto que ejerció todas las partes de la potestas regia y se ganó el favor de condes, barones y señores aragoneses. Él fue sin duda el que sentó las bases del futuro Reino de Aragón, asegurando la línea sucesoria, casándose con Ermesinda, hija de Bernardo Roger, conde de Foix-Bigorra, en el año1036, así teniendo 4 hijos, de los cuales el varón, Sancho Ramírez, siguió la línea dinástica como Sancho I de Aragón (Aunque más tarde llegó a ser ‘Sancho I de Aragón y V de Pamplona’ desde el año 1076). Ramiro I acabó con la tutela navarra de Aragón. A partir de aquí, comenzaba un camino libre e independiente, y en poco tiempo el Reino de Aragón acabó siendo considero Estado Occidental.


    La incorporación del reino de Pamplona en el año 1076 hizo que Pedro I (1094–1104) ocupara las ciudades de Huesca y Barbastro, y como Sancho se había hecho vasallo anteriormente del Papa para poder avanzar hacia el territorio del sur (musulmán) con su consentimiento, se trasladaron las sedes episcopales de Jaca y Roda. Posteriormente, con las conquistas de Zaragoza, Tudela, Tarazona, Calatayud y Daroca por parte de Alfonso I el Batallador, el Reino de Aragón cambió radicalmente a mejor, pues ya no se trataba de un pequeño reino de montañeses alzados contra el invasor. Aquello estaba congiendo forma de Imperio, pero al no poder contraer matrimonio ni tener hijos (fracasó su intento con la Reina Leonesa Doña Urraca), prácticamente obligó a que el Reino de Navarra acabara apartándose por completo del Reino de Aragón, por culpa de un futuro incierto. Al Batallador no se lo ocurrió otra cosa que poner en su testamento que sus reinos serían heredados por las órdenes militares, lo que provocó a la nobleza, quienes eligieron a su hermano Ramiro II el Monje para el Reino de Aragón y a García Ramírez el Restaurador para el de Navarra, dividiendo su reino y poniendo fin a la historia conjunta entre Navarra y Aragón. Ramiro II el Monje casó a su hija Petronila con el Conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV.






    LA CORONA DE ARAGÓN


    El primer monarca de la Corona de Aragón fue Alfonso II, hijo del Conde de Barcelona y de Petronila. Entre Alfonso II y el Rey Fernando II de León intentaron recuperar Navarra, pero Sancho VI de Navarra consiguió convencerles de lo contrario, estableciendo una tregua, por lo que los reyes de Aragón y León decidieron atacar a Castilla. El Reino de Castilla también lo vio venir y no sólo los repelieron sino que acordaron que el rey de Aragón contrayera matrimonio con Sancha, tía de Alfonso VIII de Castilla, así comenzando un período de paz entre reinos. Parecía que era el momento de buscar otras alternativas expansionistas…


    Y es en este momento cuando llega Jaime I El Conquistador, llamado así por haber ampliado el Reino de Aragón conquistando Mallorca, Menorca, Ibiza, Formentera e incluso Valencia. Posteriormente Pedro III el Grande conquistó Sicilia ( satisfaciendo intereses mercantiles de los navegantes catalanes sobre las costas mediterráneas), dando paso a que Jaime II conquistara Córcega y Cerdeña. Aquí es cuando surge la figura del Almogávar, infantería ligera aragonesa donde los haya, algunos de los cuales intervinieron explícitamente en las disputas internas del Imperio Bizantino, llegando incluso a apoderarse de los ducados de Atenas y Neopatria, que fueron aragoneses hasta 1388.


    LA LLEGADA DE LOS REYES CATÓLICOS


    Muerto Martín el humano en 1410, los representantes parlamentarios de Aragón, Valencia y Cataluña se sentaron para crear lo que hoy conocemos como el principio de España o El Compromiso de Caspe, visto que eligieron como sucesor a Fernando I (1412-1416), miembro de la dinastía castellana de los Trastámara. La Casa de Trastámara fue la artífice de la convergencia de los reinos y de la unidad de España a finales del siglo XV.


    Tras esto, Alfonso V el Magnánimo conquistó Nápoles y comenzó a frenar el avance de los turcos hacia Europa, cuyo avance terminó casi un siglo más tarde en la famosa Batalla de Lepanto. Y es aquí cuando llega Juan II, que también fue Rey de Navarra y tuvo que repeler una insurreción en Cataluña, tras la que tomó la decisión más importante para la creación de España, casar a su hijo Fernando II de Aragón con la heredera del trono de Castilla, Isabel, matrimonio celebrado en 1469 en Valladolid.


    Con los Reyes Católicos se unifica la política exterior de ambas coronas y se comienza a formar uno de los Imperios más grandes de la historia, en donde dicen, ‘No se ponía el sol’…



    El Reino de Aragón | Corona de Aragón | Condado de Aragón
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    Antonio Aparisi

  3. #3
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    Re: Historia de Aragón

    Condado de Ribagorza:



    image.jpg



    Capital Roda de Isábena (desde mediados del siglo X)
    Religión Católica
    Gobierno Condado
    Conde
    • 872 Ramón I
    • 18 de octubre de 1035 Gonzalo I
    Período histórico Alta Edad Media
    • Independencia del Condado de Tolosa 872
    • Unión al Reino de Pamplona 1018
    • Separación del Reino de Pamplona 18 de octubre de 1035
    • Unión al Reino de Aragón 1045
    El condado de Ribagorza fue uno de los existentes en el territorio que, durante la primera mitad del siglo IX, algunos cronistas de la corte carolingia denominaron Marca Hispánica. Comprendía las cuencas de los ríos Ésera e Isábena, además de una buena parte de la cuenca del Noguera Ribagorzana. Aproximadamente se corresponde con la actual comarca aragonesa llamada Ribagorza.


    Junto con los condados de Aragón y Sobrarbe formó posteriormente el Reino de Aragón.


    Historia
    Orígenes del condado
    Dentro de la conquista franca al sur del Pirineo dirigida por Carlomagno, Guillermo I de Tolosa llevó a cabo personalmente la ocupación del Pallars y la Ribagorza, y los incorporó como pagi a su condado, a pesar de la oposición de las élites locales. En el año 833 Aznar Galindo, conde de Urgel y Cerdaña, se apoderó de estos pagi, sustrayéndolos así del dominio tolosano. Gracias al sentimento indigenista, Aznar Galindo consiguió resistir en el Pallars y Ribagorza hasta 844 a pesar de haber perdido el condado de Urgel y el condado de Cerdaña (concedidos el año 834 a Sunifredo de Urgel-Cerdaña por Luis el Piadoso). Fue expulsado en 844 por el conde Frédol de Tolosa.


    El sentimiento indigenista continuó a pesar de todo. En 872 el condado de Tolosa sufrió una crisis de poder a raíz del asesinato del conde Bernardo II de Tolosa por fieles de Bernardo Plantapilosa, reconocido después como conde por Carlos el Calvo. Entonces, un señor local, Ramón, aprovechó para independizar los territorios al sur de los Pirineos de los condados y crear una dinastía condal propia.


    Dinastía condal propia
    Ramón I de Pallars-Ribagorza (872–920) era hijo del conde Lope de Bigorra y biznieto de Lope Centulo, nombrado en 818 como duque de los vascones, pueblo predominante en las zonas interiores del Pirineo. Para consolidar su independencia, Ramón I procuró constituir un obispado propio en el Pallars, conseguido gracias a las intrigas de Esclua, y encontrar aliados contra los condes de Tolosa, que aspiraban a recuperar el dominio sobre sus territorios del sur del Pirineo. Así pues, el conde de Pallars-Ribagorza buscó influir en los estados vecinos: en Navarra, intervino en 905 en el golpe de estado que entronizó a su sobrino Sancho Garcés I; y en Zaragoza estrechó vínculos con los Banu Qasi. Asimismo, en 904, el miembro de los Banu Qasi Lope ibn Muhamad, rompió con la orientación seguida por su padre, dirigiendo un ataque contra los condados de Pallars y Ribagorza. Posteriormente una nueva expedición dirigida en 907 por al-Tawil de Huesca se apoderó en Ribagorza de Roda de Isábena y Montpedrós, por lo que el conde tuvo que abandonar la política de entendimiento con los musulmanes.


    A la muerte de Ramón I en el 920, sus dominios se repartieron entre sus hijos: Miró de Ribagorza y Bernardo rigieron Ribagorza, e Isarn y Lope cogobernaron el condado de Pallars.


    La dinastía de Ribagorza
    Bernardo Unifredo pudo recuperar los territorios ocupados por los musulmanes en 907 e incorporó el Sobrarbe como dote por el matrimonio con Toda Galíndez, hija de Galindo II Aznárez.[1] Como Miró falleció sin descendencia, Ramón II, hijo de Bernardo Unifredo y Tota, fue el único heredero de Ribagorza. A la muerte de Ramón II en 970, en Ribagorza se sucedieron sus hijos Unifredo (970–979), Arnaldo (979–990) e Isarno (990–1003). Cuando murió este último, su hermana Toda, casada con Suñer de Pallars, rigió el condado, y en 1011 al quedarse viuda asoció al condado a su sobrino Guillermo, hijo ilegítimo de Isarno, quien con la ayuda de su primo, el conde de Castilla Sancho García, resistió los ataques de los musulmanes. A la muerte de Guillermo en 1017, Ribagorza fue anexionada al reino de Navarra, que también incluía el antiguo condado de Aragón.


    Sancho III el Mayor de Pamplona
    A raíz de un enfrentamiento contra los hombres del Valle de Arán, contrarios a su dominio, en 1017 murió el conde Guillermo de Ribagorza, sin descendencia y sin haber dejado sucesor. Este hecho provocó una situación de crisis que los árabes aprovecharon para atacar el centro y el sur del condado, con lo que se apoderaron de las comarcas de Roda y de Santaliestra.


    En 1018, ya fuese por iniciativa propia o bien llamado por algunos nobles del condado, el rey Sancho III de Pamplona, casado con Muniadona de Castilla (una biznieta del conde Ramón II de Ribagorza), ocupó el territorio correspondiente a Guillermo de Ribagorza, esto es, la parte central de la Ribagorza, situada al norte del castillo de Laguarres, en las cuencas medias del Ésera y del Isábena y hostigó a los sarracenos. De este modo, la parte septentrional del condado (el Valle de Sos, las cuencas altas del Ésera y del Isábena, al norte de la sierra de Ballabriga y del Turbón) juntamente con toda la cuenca del Noguera Ribagorzana quedaron en poder del conde Ramón III de Pallars Jussà, casado con Mayor García, hija de García Fernández, conde de Castilla y de Ava de Ribagorza, y nieta de Ramón II de Ribagorza.


    En el año 1020 Ramón III de Pallars Jussà repudió a su mujer, la cual se refugió en la región septentrional del condado de Ribagorza, de donde el condado de Pallars Jussá intentó expulsarla para quitarle el condado. Finalmente, después de una revuelta acontecida en 1025, Mayor fue desposeída del condado, el cual pasó a manos de Sancho III de Pamplona. Entonces, Mayor se retiró a Castilla, donde acabaría siendo abadesa del monasterio de San Miguel de Pedroso; de su antiguo dominio en Ribagorza, Ramón III de Pallars Jussá sólo conservó la cuenca del Noguera Ribagorzana, mientras que el resto del condado lo poseía Sancho III el Mayor.


    El reino de Aragón
    A su muerte en 1035, Sancho III de Navarra dividió la herencia entre sus hijos: Fernando I de Castilla, García III de Navarra, Gonzalo I de Ribagorza y Ramiro I de Aragón; cada uno de estos herederos en sus dominios un estado hereditario.


    Gonzalo I murió en 1043 y sus dominios (Sobrarbe y Ribagorza) fueron anexionados al reino de Ramiro I, que comprendía únicamente el antiguo condado de Aragón, es decir, la región pirenaica de Jaca.


    Tras la anexión de Navarra a Aragón por el rey Sancho Ramírez (1076) y de la crisis provocada en el mundo musulmán por la muerte del rey Al-Muqtadir de Zaragoza en 1081, empezó la expansión aragonesa. Pedro, hijo del rey Sancho Ramírez, en vida de su padre, tomó Estada (1087) y Monzón (1089). Posteriormente devino rey (1096–1104) y se apoderó de Huesca (1096) y Barbastro (1100). Alfonso el Batallador (1104–1134), hermano y sucesor de Pedro, continuó la expansión con la toma de Zaragoza (1118) y, poco después, de Tudela y Tarazona. A continuación, intentó apoderarse de Lérida y Tortosa, que no consiguió tomar a causa de la alianza del emir de Lérida con Ramón Berenguer III. Alfonso el Batallador murió en 1134 en el sitio de Fraga, durante el reinado del cual se habían restablecido las sedes episcopales de Huesca, Tarazona y Zaragoza.


    Después de la muerte sin descendencia de Alfonso el Batallador, acabó siendo proclamado rey su hermano Ramiro II el Monje (1134–1147). En 1137, Ramiro II acordó el matrimonio de su hija Petronila con el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, lo que dio origen a la Corona de Aragón.


    La nueva dinastía de Ribagorza


    Capítulo de las Constituciones de Cataluña, dedicado a la Paz y Tregua.
    La unión de Aragón con Cataluña planteó el problema de la delimitación de estos territorios, que no estaba consolidada del todo en tiempos de Ramón Berenguer IV, si bien en los siglos XI y XII las plazas del condado de Ribagorza se rigieron siempre por el sistema administrativo de la tenencia aragonesa y no de la veguería catalana. Entre las tenencias aragonesas que aparecen persistentemente en la documentación entre 1000 y 1200 se cuentan Benabarre, Benasque, Cajigar, Calvera, Cornudella, Estada, Estadilla, Falces, Fantova, Fraga, Laguarres, Lascuarre, Luzás, Mequinenza, Monclús, Monesma, Monzón, Perarrúa, Puente de Montañana, San Esteban de Litera, San Esteban de Mall, Tamarite de Litera, Troncedo y Viacamp.[2]


    En enero de 1244, Jaime I fijó la frontera entre Aragón y Cataluña en el río Cinca, desde el valle de Bielsa hasta el Ebro, incluyendo parte del condado de Sobrarbe en Cataluña a pesar de las protestas de los aragoneses. Ahora bien, en 1300 las Cortes de Aragón reunidas en Zaragoza por Jaime II el Justo votaron un capítulo, que el rey ratificó, incluyendo el condado de Ribagorza, Sobrarbe y la comarca de la Litera (incluyendo Almacellas) dentro del reino de Aragón. En protesta, las Cortes de Cataluña reunidas en Barcelona en 1305 aprobaron un capítulo contrario a la resolución de Zaragoza, declarando que Cataluña se extendía desde Salses hasta el Cinca, pero Jaime II no aprobó este capítulo por lo que quedó definitivamente definido como aragonés.


    En 1322, quizá queriendo paliar los resultados de la decisión de 1305, Jaime II decidió conceder el condado de Ribagorza, excluyendo la baronía de Castro, la baronía de Monclús, La Fueva, el valle de Gistaín y el de Bielsa y la ciudad de Monzón, a su hijo, el infante Pedro. El conde de Ribagorza sería vasallo del rey, teniendo que asistir a las Cortes de Aragón.


    Alfonso IV y Alfonso V fueron también duques de Gandía. Dado que Alfonso V murió sin herederos, el condado pasó al rey Alfonso el Magnánimo, quien lo concedió a su hermano Juan, el cual al llegar a ser rey (1458–1479) lo concedió a su hijo Fernando el Católico, hasta que en 1469, lo otorgó a su hijo legitimado Alfonso de Aragón y Escobar, duque de Villahermosa, como Alfonso VI de Ribagorza (1469–1485).


    El gobierno del condado
    Los ribagorzanos no eran vasallos del conde, sino feudatarios. En cuestiones patrimoniales se regían por costumbres locales, muy parecidas a las del condado de Pallars, o por el Fuero de Aragón; que usaban como lengua vulgar el aragonés ribagorzano incluso en zonas donde hoy día se habla castellano, e invocaban siempre el derecho aragonés en las escrituras públicas.


    El condado se gobernaba por el Consejo General de Ribagorza, formado por procuradores de todos los lugares y ciudades, que se reunía el día de San Vicente mártir (22 de enero) en Benabarre.


    Hasta 1149 el condado de Ribagorza dependía de tres territorios eclesiásticos: la sede episcopal de Roda y las jurisdicciones exentas de los reales monasterios de Alaón y San Victorián. Hasta mediados del siglo XII, Roda protegía e incorporaba la jurisdicción de Lérida. En 1096, mientras que la sede seguía en Roda, se trasladó el obispado a Barbastro. En 1149 se suprimió la sede de Roda, devolviendo la jurisdicción al obispado de Lérida y repartiéndose los territorios rotenses entre las jurisdicciones de Barbastro y Lérida. Ahora bien, en 1571, lugares ribagorzanos que habían estado bajo jurisdicción leridana (el valle del Ésera, una buena parte del valle del Isábena y las tierras del Cinca al norte de Monzón) pasaron a integrarse en el obispado de Barbastro.


    Durante el siglo XVI el condado de Ribagorza comprendía el territorio que va desde Benasque a Monzón en el río Cinca y los descampados de Ráfales al sur de Altorricón y Binéfar, según consta en un documento impreso en Zaragoza a finales del siglo XVI, en el que se hace inventario y descripción de cada uno de los pueblos que componen el condado de Ribagorza y en él se hace constar que el conde tenía jurisdicción propia, ateniéndose a litigios con el Justicia de Aragón.


    Asimismo, los poderes de cada jurisdicción civil en ocasiones chocaban con el obispo de Lérida, que tenía más de cien parroquias en territorio aragonés, coincidiendo el límite con la margen derecha del río Noguera Ribagorzana y las poblaciones de Albelda, Altorricón y otras desaparecidas que formaban parte de dicho condado según consta en el libro de visitas que se inicia después del Concilio de Trento y se detallan los tributos de cada parroquia aragonesa dependiente del obispo ilerdense.


    Las revueltas y la intervención de Felipe II
    Artículos principales: Alteraciones de Aragón y Guerra de la Ribagorza.
    Durante el gobierno del conde Martín I de Ribagorza (1550–1578) se produjeron continuamente revueltas en el condado porque muchos ribagorzanos querían pasar a dominio real. En 1554, los letrados de la corte de Felipe II declararon la extinción del feudo, pero el tribunal del Justicia Mayor de Aragón defendió los derechos del conde. A raíz de la revuelta de Benabarre (1578), ayudada secretamente por la corte real, Martín I renunció a favor de su hijo Fernando II de Ribagorza, el cual derrotó una nueva revuelta en Benabarre en 1587, pero los ribagorzanos continuaron la revuelta con la ayuda de bandoleros catalanes y con el soporte del conde de Chinchón, tesorero general del Consejo de Aragón y enemigo de los Villahermosa.


    Estas revueltas, que dieron lugar a una guerra civil en el condado entre partidarios del conde y partidarios del rey, coincidieron con las alteraciones de Aragón. Entonces, en 1591 Felipe II, para restablecer el orden, obligó al conde Fernando a renunciar a cambio de una compensación económica, y el condado revirtió a la Corona.[3]


    El fin del condado
    En 1633 Felipe IV concedió a Graus un segundo justicia de Ribagorza, con jurisdicción separada de Benabarre.


    Durante las revueltas aragonesas contra Felipe IV, toda la Ribagorza se unió a la revuelta aragonesa hasta que el ejército aragonés fue definitivamente derrotado en Fraga por las tropas de Felipe IV, las cuales ocuparon después la Ribagorza, la Litera y Lérida.


    Al estallar la Guerra de Sucesión, en 1705 el condado de Ribagorza, como otras partes de Aragón, se pronunció a favor del archiduque Carlos, mientras que el resto de Aragón todavía estaba en poder de Felipe V. Con los Decretos de Nueva Planta Ribagorza es corregimiento de Aragón, que más tarde se convertiría en el partido judicial de Benabarre en 1834 al establecerse la nueva provincia de Huesca.




    Patrón del condado
    Como santo patrón del condado de Ribagorza, en un grabado del siglo XVI impreso en Zaragoza figura San Medardo Obispo, en el que se reconoce su valor como intercesor en tiempo de sequía para implorar las lluvias. San Medardo todavía es patrón de Benabarre y delante del santo se cantan y bailan las pastoradas de Benabarre que divulgó durante los años cuarenta y cincuenta del siglo XX el investigador granadino Ricardo del Arco, en cuyos libros se pueden leer las versiones recogidas por este investigador.
    La Iglesia es el poder supremo en lo espiritual, como el Estado lo es en el temporal.

    Antonio Aparisi

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    Re: Historia de Aragón

    Condado de Ribagorza:



    image.jpg



    Capital Roda de Isábena (desde mediados del siglo X)
    Religión Católica
    Gobierno Condado
    Conde
    • 872 Ramón I
    • 18 de octubre de 1035 Gonzalo I
    Período histórico Alta Edad Media
    • Independencia del Condado de Tolosa 872
    • Unión al Reino de Pamplona 1018
    • Separación del Reino de Pamplona 18 de octubre de 1035
    • Unión al Reino de Aragón 1045
    El condado de Ribagorza fue uno de los existentes en el territorio que, durante la primera mitad del siglo IX, algunos cronistas de la corte carolingia denominaron Marca Hispánica. Comprendía las cuencas de los ríos Ésera e Isábena, además de una buena parte de la cuenca del Noguera Ribagorzana. Aproximadamente se corresponde con la actual comarca aragonesa llamada Ribagorza.


    Junto con los condados de Aragón y Sobrarbe formó posteriormente el Reino de Aragón.


    Historia
    Orígenes del condado
    Dentro de la conquista franca al sur del Pirineo dirigida por Carlomagno, Guillermo I de Tolosa llevó a cabo personalmente la ocupación del Pallars y la Ribagorza, y los incorporó como pagi a su condado, a pesar de la oposición de las élites locales. En el año 833 Aznar Galindo, conde de Urgel y Cerdaña, se apoderó de estos pagi, sustrayéndolos así del dominio tolosano. Gracias al sentimento indigenista, Aznar Galindo consiguió resistir en el Pallars y Ribagorza hasta 844 a pesar de haber perdido el condado de Urgel y el condado de Cerdaña (concedidos el año 834 a Sunifredo de Urgel-Cerdaña por Luis el Piadoso). Fue expulsado en 844 por el conde Frédol de Tolosa.


    El sentimiento indigenista continuó a pesar de todo. En 872 el condado de Tolosa sufrió una crisis de poder a raíz del asesinato del conde Bernardo II de Tolosa por fieles de Bernardo Plantapilosa, reconocido después como conde por Carlos el Calvo. Entonces, un señor local, Ramón, aprovechó para independizar los territorios al sur de los Pirineos de los condados y crear una dinastía condal propia.


    Dinastía condal propia
    Ramón I de Pallars-Ribagorza (872–920) era hijo del conde Lope de Bigorra y biznieto de Lope Centulo, nombrado en 818 como duque de los vascones, pueblo predominante en las zonas interiores del Pirineo. Para consolidar su independencia, Ramón I procuró constituir un obispado propio en el Pallars, conseguido gracias a las intrigas de Esclua, y encontrar aliados contra los condes de Tolosa, que aspiraban a recuperar el dominio sobre sus territorios del sur del Pirineo. Así pues, el conde de Pallars-Ribagorza buscó influir en los estados vecinos: en Navarra, intervino en 905 en el golpe de estado que entronizó a su sobrino Sancho Garcés I; y en Zaragoza estrechó vínculos con los Banu Qasi. Asimismo, en 904, el miembro de los Banu Qasi Lope ibn Muhamad, rompió con la orientación seguida por su padre, dirigiendo un ataque contra los condados de Pallars y Ribagorza. Posteriormente una nueva expedición dirigida en 907 por al-Tawil de Huesca se apoderó en Ribagorza de Roda de Isábena y Montpedrós, por lo que el conde tuvo que abandonar la política de entendimiento con los musulmanes.


    A la muerte de Ramón I en el 920, sus dominios se repartieron entre sus hijos: Miró de Ribagorza y Bernardo rigieron Ribagorza, e Isarn y Lope cogobernaron el condado de Pallars.


    La dinastía de Ribagorza
    Bernardo Unifredo pudo recuperar los territorios ocupados por los musulmanes en 907 e incorporó el Sobrarbe como dote por el matrimonio con Toda Galíndez, hija de Galindo II Aznárez.[1] Como Miró falleció sin descendencia, Ramón II, hijo de Bernardo Unifredo y Tota, fue el único heredero de Ribagorza. A la muerte de Ramón II en 970, en Ribagorza se sucedieron sus hijos Unifredo (970–979), Arnaldo (979–990) e Isarno (990–1003). Cuando murió este último, su hermana Toda, casada con Suñer de Pallars, rigió el condado, y en 1011 al quedarse viuda asoció al condado a su sobrino Guillermo, hijo ilegítimo de Isarno, quien con la ayuda de su primo, el conde de Castilla Sancho García, resistió los ataques de los musulmanes. A la muerte de Guillermo en 1017, Ribagorza fue anexionada al reino de Navarra, que también incluía el antiguo condado de Aragón.


    Sancho III el Mayor de Pamplona
    A raíz de un enfrentamiento contra los hombres del Valle de Arán, contrarios a su dominio, en 1017 murió el conde Guillermo de Ribagorza, sin descendencia y sin haber dejado sucesor. Este hecho provocó una situación de crisis que los árabes aprovecharon para atacar el centro y el sur del condado, con lo que se apoderaron de las comarcas de Roda y de Santaliestra.


    En 1018, ya fuese por iniciativa propia o bien llamado por algunos nobles del condado, el rey Sancho III de Pamplona, casado con Muniadona de Castilla (una biznieta del conde Ramón II de Ribagorza), ocupó el territorio correspondiente a Guillermo de Ribagorza, esto es, la parte central de la Ribagorza, situada al norte del castillo de Laguarres, en las cuencas medias del Ésera y del Isábena y hostigó a los sarracenos. De este modo, la parte septentrional del condado (el Valle de Sos, las cuencas altas del Ésera y del Isábena, al norte de la sierra de Ballabriga y del Turbón) juntamente con toda la cuenca del Noguera Ribagorzana quedaron en poder del conde Ramón III de Pallars Jussà, casado con Mayor García, hija de García Fernández, conde de Castilla y de Ava de Ribagorza, y nieta de Ramón II de Ribagorza.


    En el año 1020 Ramón III de Pallars Jussà repudió a su mujer, la cual se refugió en la región septentrional del condado de Ribagorza, de donde el condado de Pallars Jussá intentó expulsarla para quitarle el condado. Finalmente, después de una revuelta acontecida en 1025, Mayor fue desposeída del condado, el cual pasó a manos de Sancho III de Pamplona. Entonces, Mayor se retiró a Castilla, donde acabaría siendo abadesa del monasterio de San Miguel de Pedroso; de su antiguo dominio en Ribagorza, Ramón III de Pallars Jussá sólo conservó la cuenca del Noguera Ribagorzana, mientras que el resto del condado lo poseía Sancho III el Mayor.


    El reino de Aragón
    A su muerte en 1035, Sancho III de Navarra dividió la herencia entre sus hijos: Fernando I de Castilla, García III de Navarra, Gonzalo I de Ribagorza y Ramiro I de Aragón; cada uno de estos herederos en sus dominios un estado hereditario.


    Gonzalo I murió en 1043 y sus dominios (Sobrarbe y Ribagorza) fueron anexionados al reino de Ramiro I, que comprendía únicamente el antiguo condado de Aragón, es decir, la región pirenaica de Jaca.


    Tras la anexión de Navarra a Aragón por el rey Sancho Ramírez (1076) y de la crisis provocada en el mundo musulmán por la muerte del rey Al-Muqtadir de Zaragoza en 1081, empezó la expansión aragonesa. Pedro, hijo del rey Sancho Ramírez, en vida de su padre, tomó Estada (1087) y Monzón (1089). Posteriormente devino rey (1096–1104) y se apoderó de Huesca (1096) y Barbastro (1100). Alfonso el Batallador (1104–1134), hermano y sucesor de Pedro, continuó la expansión con la toma de Zaragoza (1118) y, poco después, de Tudela y Tarazona. A continuación, intentó apoderarse de Lérida y Tortosa, que no consiguió tomar a causa de la alianza del emir de Lérida con Ramón Berenguer III. Alfonso el Batallador murió en 1134 en el sitio de Fraga, durante el reinado del cual se habían restablecido las sedes episcopales de Huesca, Tarazona y Zaragoza.


    Después de la muerte sin descendencia de Alfonso el Batallador, acabó siendo proclamado rey su hermano Ramiro II el Monje (1134–1147). En 1137, Ramiro II acordó el matrimonio de su hija Petronila con el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, lo que dio origen a la Corona de Aragón.


    La nueva dinastía de Ribagorza


    Capítulo de las Constituciones de Cataluña, dedicado a la Paz y Tregua.
    La unión de Aragón con Cataluña planteó el problema de la delimitación de estos territorios, que no estaba consolidada del todo en tiempos de Ramón Berenguer IV, si bien en los siglos XI y XII las plazas del condado de Ribagorza se rigieron siempre por el sistema administrativo de la tenencia aragonesa y no de la veguería catalana. Entre las tenencias aragonesas que aparecen persistentemente en la documentación entre 1000 y 1200 se cuentan Benabarre, Benasque, Cajigar, Calvera, Cornudella, Estada, Estadilla, Falces, Fantova, Fraga, Laguarres, Lascuarre, Luzás, Mequinenza, Monclús, Monesma, Monzón, Perarrúa, Puente de Montañana, San Esteban de Litera, San Esteban de Mall, Tamarite de Litera, Troncedo y Viacamp.[2]


    En enero de 1244, Jaime I fijó la frontera entre Aragón y Cataluña en el río Cinca, desde el valle de Bielsa hasta el Ebro, incluyendo parte del condado de Sobrarbe en Cataluña a pesar de las protestas de los aragoneses. Ahora bien, en 1300 las Cortes de Aragón reunidas en Zaragoza por Jaime II el Justo votaron un capítulo, que el rey ratificó, incluyendo el condado de Ribagorza, Sobrarbe y la comarca de la Litera (incluyendo Almacellas) dentro del reino de Aragón. En protesta, las Cortes de Cataluña reunidas en Barcelona en 1305 aprobaron un capítulo contrario a la resolución de Zaragoza, declarando que Cataluña se extendía desde Salses hasta el Cinca, pero Jaime II no aprobó este capítulo por lo que quedó definitivamente definido como aragonés.


    En 1322, quizá queriendo paliar los resultados de la decisión de 1305, Jaime II decidió conceder el condado de Ribagorza, excluyendo la baronía de Castro, la baronía de Monclús, La Fueva, el valle de Gistaín y el de Bielsa y la ciudad de Monzón, a su hijo, el infante Pedro. El conde de Ribagorza sería vasallo del rey, teniendo que asistir a las Cortes de Aragón.


    Alfonso IV y Alfonso V fueron también duques de Gandía. Dado que Alfonso V murió sin herederos, el condado pasó al rey Alfonso el Magnánimo, quien lo concedió a su hermano Juan, el cual al llegar a ser rey (1458–1479) lo concedió a su hijo Fernando el Católico, hasta que en 1469, lo otorgó a su hijo legitimado Alfonso de Aragón y Escobar, duque de Villahermosa, como Alfonso VI de Ribagorza (1469–1485).


    El gobierno del condado
    Los ribagorzanos no eran vasallos del conde, sino feudatarios. En cuestiones patrimoniales se regían por costumbres locales, muy parecidas a las del condado de Pallars, o por el Fuero de Aragón; que usaban como lengua vulgar el aragonés ribagorzano incluso en zonas donde hoy día se habla castellano, e invocaban siempre el derecho aragonés en las escrituras públicas.


    El condado se gobernaba por el Consejo General de Ribagorza, formado por procuradores de todos los lugares y ciudades, que se reunía el día de San Vicente mártir (22 de enero) en Benabarre.


    Hasta 1149 el condado de Ribagorza dependía de tres territorios eclesiásticos: la sede episcopal de Roda y las jurisdicciones exentas de los reales monasterios de Alaón y San Victorián. Hasta mediados del siglo XII, Roda protegía e incorporaba la jurisdicción de Lérida. En 1096, mientras que la sede seguía en Roda, se trasladó el obispado a Barbastro. En 1149 se suprimió la sede de Roda, devolviendo la jurisdicción al obispado de Lérida y repartiéndose los territorios rotenses entre las jurisdicciones de Barbastro y Lérida. Ahora bien, en 1571, lugares ribagorzanos que habían estado bajo jurisdicción leridana (el valle del Ésera, una buena parte del valle del Isábena y las tierras del Cinca al norte de Monzón) pasaron a integrarse en el obispado de Barbastro.


    Durante el siglo XVI el condado de Ribagorza comprendía el territorio que va desde Benasque a Monzón en el río Cinca y los descampados de Ráfales al sur de Altorricón y Binéfar, según consta en un documento impreso en Zaragoza a finales del siglo XVI, en el que se hace inventario y descripción de cada uno de los pueblos que componen el condado de Ribagorza y en él se hace constar que el conde tenía jurisdicción propia, ateniéndose a litigios con el Justicia de Aragón.


    Asimismo, los poderes de cada jurisdicción civil en ocasiones chocaban con el obispo de Lérida, que tenía más de cien parroquias en territorio aragonés, coincidiendo el límite con la margen derecha del río Noguera Ribagorzana y las poblaciones de Albelda, Altorricón y otras desaparecidas que formaban parte de dicho condado según consta en el libro de visitas que se inicia después del Concilio de Trento y se detallan los tributos de cada parroquia aragonesa dependiente del obispo ilerdense.


    Las revueltas y la intervención de Felipe II
    Artículos principales: Alteraciones de Aragón y Guerra de la Ribagorza.
    Durante el gobierno del conde Martín I de Ribagorza (1550–1578) se produjeron continuamente revueltas en el condado porque muchos ribagorzanos querían pasar a dominio real. En 1554, los letrados de la corte de Felipe II declararon la extinción del feudo, pero el tribunal del Justicia Mayor de Aragón defendió los derechos del conde. A raíz de la revuelta de Benabarre (1578), ayudada secretamente por la corte real, Martín I renunció a favor de su hijo Fernando II de Ribagorza, el cual derrotó una nueva revuelta en Benabarre en 1587, pero los ribagorzanos continuaron la revuelta con la ayuda de bandoleros catalanes y con el soporte del conde de Chinchón, tesorero general del Consejo de Aragón y enemigo de los Villahermosa.


    Estas revueltas, que dieron lugar a una guerra civil en el condado entre partidarios del conde y partidarios del rey, coincidieron con las alteraciones de Aragón. Entonces, en 1591 Felipe II, para restablecer el orden, obligó al conde Fernando a renunciar a cambio de una compensación económica, y el condado revirtió a la Corona.[3]


    El fin del condado
    En 1633 Felipe IV concedió a Graus un segundo justicia de Ribagorza, con jurisdicción separada de Benabarre.


    Durante las revueltas aragonesas contra Felipe IV, toda la Ribagorza se unió a la revuelta aragonesa hasta que el ejército aragonés fue definitivamente derrotado en Fraga por las tropas de Felipe IV, las cuales ocuparon después la Ribagorza, la Litera y Lérida.


    Al estallar la Guerra de Sucesión, en 1705 el condado de Ribagorza, como otras partes de Aragón, se pronunció a favor del archiduque Carlos, mientras que el resto de Aragón todavía estaba en poder de Felipe V. Con los Decretos de Nueva Planta Ribagorza es corregimiento de Aragón, que más tarde se convertiría en el partido judicial de Benabarre en 1834 al establecerse la nueva provincia de Huesca.




    Patrón del condado
    Como santo patrón del condado de Ribagorza, en un grabado del siglo XVI impreso en Zaragoza figura San Medardo Obispo, en el que se reconoce su valor como intercesor en tiempo de sequía para implorar las lluvias. San Medardo todavía es patrón de Benabarre y delante del santo se cantan y bailan las pastoradas de Benabarre que divulgó durante los años cuarenta y cincuenta del siglo XX el investigador granadino Ricardo del Arco, en cuyos libros se pueden leer las versiones recogidas por este investigador.


    http://es.m.wikipedia.org/wiki/Condado_de_Ribagorza



    Más información: http://www.acalaaragon.com/TERRITORI...DODERIBAGORZA/
    Última edición por Michael; 19/11/2013 a las 10:47
    La Iglesia es el poder supremo en lo espiritual, como el Estado lo es en el temporal.

    Antonio Aparisi

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    Re: Historia de Aragón

    9'
    LA IGLESIA VUELVE A LAS ANDADAS

    Cuando Aragón era una gran potencia: el rey Pedro II y la fuerza de la naturaleza



    30.01.201605:00 H. ACTUALIZADO: 31.01.2016 - 01:00H.
    Una fina capa de lluvia penetrante e inmisericorde, como bruma suspendida a ras de tierra a modo de “orballo”, “sirimiri” o calabobos, impregnaba desde el amanecer los alrededores de Muret, pequeña ciudad en las cercanías de Toulouse. La noche anterior, una ingente masa de subidos y motivados cátaros, cuyo número era muy superior al del ejército papal de Simón de Monfort (un asesino en serie con licencia para no dejar títere con cabeza), celebraban una victoria que todavía no se había producido. La expansión catalano aragonesa en la Occitania (mediodía o sur francés actual), alcanzaba su apogeo cuando el rey aragonés, Pedro el Católico o Pedro II de Aragón, acudía al llamado de sus vasallos transpirenaicos.
    Es probable que por sus dimensiones (territorios a los dos lados de los Pirineos), expansión sostenida en el Mediterráneo, flota mercante (más de trescientas carracas, incipientes naos y las más novedosas cocas que pululaban por el Mare Nostrum como Pedro por su casa), un fondo de comercio saneado y un ejército potente y bien entrenado, Aragón pudiera ser lo que hoy llamamos, una megapotencia.
    El rey aragonés, católico convencido, debía defender los intereses de sus súbditos, que casualmente también eran católicos contestatarios
    En cuanto a la situación que se encontró el rey aragonés al norte de sus territorios transpirenaicos, era de suma complejidad. Católicos por decreto, los cátaros (o albigense), que propugnaban una vuelta a lo esencial y auténtico de una doctrina –la cristiana–, esto es, cristianos por vocación y sensibilidad humana, estaban en guerra abierta contra los Estados Pontificios, contra el Rey de Francia –que no tenía conflictos previos con la Corona de Aragón, pero sí beneficios potenciales ante la guerra en ciernes y dadas las jugosas promesas papales– y, para colmar la situación y hacerla más diabólica si cabe, contra los mercenarios contratados por Roma (llamados cruzados para la ocasión y guardar las apariencias de paso). Por otro lado, el rey aragonés, católico convencido, debía defender los intereses de sus súbditos, que aparte de contribuir al buen mantenimiento de las arcas del monarca, también, casualmente eran católicos contestatarios y beligerantes dotados de buenas razones contra la decadencia de aquellos que decían representar al mentor de una de las formas de espiritualidad más avanzada que la historia ha conocido. O sea, un galimatías de difícil solución.
    Choque de religiones

    No hay que olvidar que esta doctrina gnóstica, con un profundo contenido crítico y revisionista –la cátara o albigense–, con influencias maniqueas, estaba muy instalada en la zona comprendida entre Aquitania y la Provenza, más al Este, pero que por aquel entonces, tenía una gran cantidad de feudos que guardaban vasallaje y fidelidad a Aragón, entre los cuales, estaba el condado de Toulouse.
    En las zonas aledañas a Toulouse, desde los albores del siglo XI, una corriente de renunciantes que propugnaban la vuelta a las bases del cristianismo primigenio, esto es; a la asistencia a la pobreza, a la compasión por los afectados por la desgracia y el infortunio, a la riqueza compartida y generosa de miras y, en definitiva, al seguimiento de los enunciados basados en la acción sostenida de los hechos, por Jesús el Cristo en su ejemplar vida como asceta esenio; estaban subvirtiendo el “orden” establecido por una corrompida Iglesia Católica muy alejada de aquellos preceptos e instalada en el hedonismo, la corrupción rampante y el más obsceno oropel indisimulado.

    'Historia de los cátaros'.

    Los cátaros, asimismo, se pronunciaban en favor de la reencarnación y concebían el sometimiento a lo material como si de una dependencia demoniaca se tratara. No existía para estas gentes una aceptación de lo dado sin una revisión previa que solo podía cursarse a través del conocimiento (Gnosis) y que derivada de esta, podía “depurar” las imperfecciones sobrevenidas por y desde la materia. En el fondo, era una suerte de Budismo pero a la “occidental“. Entretanto, para los católicos, todo se reducía a la aceptación de la fe sin revisionismo alguno y como hecho consumado e indiscutible. El enfrentamiento estaba asegurado, pero no tanto por las contradicciones embarcadas en los principios –que eran la cortina de humo tras la que se escondían los verdaderos intereses–, sino en la dudosa flotabilidad y permanencia que amenazaba a los representantes del cielo en la tierra, esto es, al entramado urdido por la Iglesia de Roma.
    https://www.google.com/amp/s/www.elc...aleza_1142497/

    Así estaban las cosas cuando el papado romano y su cohorte de palmeros, elegidos nepoticamente en una compraventa de cargos que rozaba el escándalo, insultaban los principios y valores de aquel gran filósofo que daría un corpus de ética incomparable. Jesús el Cristo jamás pudo intuir la decadencia a la que se vería abocado su elevado mensaje de humanidad.
    Los cátaros sirvieron para que Inocencio III amedrentase a los clérigos locales que estaban a favor de una vuelta a la doctrina cristiana
    Esto es, lo que venían en combatir aquellos fervorosos cátaros; ladesfachatez y el insulto a los humildes, el atropello permanente de los miserables, el abuso de dispensas para los que podían pecar impunemente sin más redención que el pago de una jugosa bolsa al preboste eclesial de turno y, en definitiva, las licencias tan laxas para los poderosos y las penosas condiciones de indefensión en las que vivían los desheredados.
    Venganza, guerra y sangre

    Pero a Roma, le había salido un enemigo poderoso que le iba a plantar cara hasta sacarle los colores. Bien es cierto que en puridad, Inocencio III, a la sazón Papa de Roma cuando el contencioso estaba a punto de estallar, había intentado un acercamiento de palo y zanahoriapara amedrentar y disuadir a los nobles y clérigos locales que estaban muy a favor de una vuelta a los postulados esenciales de la doctrina cristiana a través de la muy arraigada conducta ejemplar de los “perfectos” cátaros, que con su bien hacer, demostraban que los encastrados por Roma estaban a años luz de lo que debería de ser ejemplar y didáctico.
    En el colmo del despropósito, un escudero del Conde de Tolosa –que previamente había sido excomulgado por el iracundo Papa romano como corolario a otras arbitrarias excomuniones tanto en la Provenza, como en la Occitania en general–, ensarta el cuerpo de un osado monje cisterciense que representaba al preboste romano en su lanza, a la salida de un oficio religioso. El Papa monta en cólera y activa su venganza.
    Muerte de Simón de Monfort.
    Una de sus primeras acciones es pegarle fuego a la noble ciudad de Beziers. El criminal de guerra, Simón de Montfort, muy del agrado del Papa romano, instigado epistolarmente y con amplios documentos probatorios por parte de este último, pega fuego a la ciudad mártir, eso sí, no sin antes ejecutar a la totalidad de sus moradores, y someterla a sufrimientos indescriptibles. Al ser preguntado por sus capitanes sobre el destino de la población, este desgraciado responde desde la más absoluta indiferencia “…matarlos a todos sin excepción, que Dios elegirá a los suyos...”. Sin comentarios.
    El cabreo del rey de Aragón iba subiendo enteros ante la hostil conducta del purpurado.
    El rey aragonés, era un gigante un poco tarambana. Arrogante y valiente, bravucón y pendenciero, acudió al llamado de sus desesperados súbditos transpirenaicos ante la presión de los ejércitos mercenarios del Vaticano. Mas el día anterior a la batalla, y sin consultar a sus jefes de campo, se había agarrado una cogorza de campeonato y ya, al alba, se había echado una cabezadita para resarcirse de la monumental melopea en la que estaba instalado. En teoría, todo estaba de su lado, los pronósticos le favorecían, sus huestes le adoraban, pero su excepcional estatura le jugaría una mala pasada y el dislate alcohólico de la noche anterior le pasaría factura, como no, mermándole las entendederas. Otros historiadores niegan rotundamente que el rey se sometiera a una inmersión etílica.
    Fin de partida

    El requerimiento del Conde de Tolosa y el de Foix para con la intervención de Pedro II de Aragón, un católico sin fisuras y con una reputación militar impecable (había sido uno de los vencedores en la batalla más cruenta de la época, las Navas de Tolosa), le conduce al campo de batalla de Muret en una situación de callejón sin salida.
    La bula 'Ad extirpanda', de una crueldad sin par, lleva a los cátaros a la clandestinidad y a muchos de ellos a morir en el famoso castillo de Montsegur
    Cuando el ataque se produce en campo abierto, y sin una planificación digna de tal nombre, la osadía y el arrojo del rey aragonés se ven penalizadas por su descomunal y egregia figura, visible desde cualquier ángulo. La escasa tropa de Simón de Montfort, avezados mercenarios imbuidos de contrapartidas muy generosas, causan por focalización o saturación concentrada, una lluvia de flechas y de ballestería muy precisas en el entorno del rey aragonés, que cae fulminado ante la virulencia del ataque. Otras teorías, como la del excelente historiador Luis Zueco en su novela 'Tierra sin Rey', sostienen que «los cruzados rompieron en Muret las reglas de caballería enviando a dos asesinos a matar a Pedro II»; hipótesis esta nada descartable, habida cuenta de la vesania del personaje encarnado en Simón de Montfort, pues no se podía matar a un rey en la Edad Media por el enorme deshonor que comportaba.
    En resumen, la iglesia ganaba otra vez, mientras la supuesta herejía era perseguida implacablemente. La bula Ad extirpanda promulgada en 1252, de una crueldad sin par, lleva a los cátaros a la clandestinidad y a muchos de ellos a morir heroicamente en el famoso castillo de Montsegur, donde los que son capturados en condiciones de inanición extrema tras el largo asedio, son quemados vivos sin contemplaciones.
    Aragón, un activo inmortal para la historia de España, quedaba descabezada y su orientación estratégica de futuro, quedaría reducida al ámbito Mediterráneo, donde el tiempo y su tenacidad mercantil, la harían más grande si cabe.

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    miércoles, 24 de mayo de 2017

    A Batalla de Uesca

    O 24 de mayo de 1837, durant a primer guerra carlista, fuen redotatas as tropas liberals d’o general Iribarren en a ciudat de Uesca e bi entró o eixercito d’o legitimo rei Carlos V.
    Don Carlos Maria Isidro de Borbon, junto con o infant don Sebastián Gabriel, heva organizato dende Navarra una expedicion ta entrar en Madrid. Ixe mes de mayo de 1837 penetró a Expedicion Reyal fiço a suya en l’Alto Aragon e se presentó devant d’as puertas de Uesca o dia 24 de maitino.
    Lo Concello en corporacion recibió a o monarca, que entró baixo pálio en a seu oscense, acompanyato d’o cabildo catedralício e se cantó un solemne Te Deum. As tropas carlistas se fuen aloixando en a ciudat, mientres a division navarra, mandata per lo general Sanz, permaneixeva a presta en o vecino pueyo de Sant Jorge.
    Arredol d’as tres d’a tarde plegó Iribarren, procedent d’Almudévar, e aprestó as suyas tropas en orden de combate, en a plana d’Alcoraz; mandava l’ala dreita lo brigadier Conrad, con soldatos e mercenários franceses e espanyols; en o centro se i ficó lo brigadier Van Halen e o mesmo Iribarren se situgó en l’ala ezquierda. As fuerças carlistas que yeran en o pueyo de Sant Jorge se desplegon en guerrilla, e per més d’una hora os guidas de Navarra resistion a la infanteriía cristina, igual como a o fuego contino de catorce pieças d’artilleria. Dimpuesas, fuen sumando-se-ie as tropas acantonatas en Uesca. A redota liberal fue absoluta. Dixando lo campo a os carlistas, os cristinos fuyon a la bimbola enta part d’Almudévar, an que morió lo general Iribarren a causa d’as feritas recibitas en a batalla.
    As perdas cristinas fuen numbrosas: més de 1.000 baixas, entre muertos e feritos e a Legion Extrangera francesa quedó quasi estricallata. En as filas carlistas bi havió 400 baixas.
    O infant don Sebastan Gabriel, en o suyo quartel general d’o pueyo de Sant Jorge, dató lo parte d’a batalla lo mesmo dia 24, e fayió una alocucion a os voluntários carlistas. O pueblo de Uesca celebró solemnes festellos en honor de Carlos V, qui visitó personalment a os feritos. O dia 27 de maitino a Expedicion Reyal saliva enta Balbastro.
    En memória d’os caitos en a batalla se construyó un sencillo molimento, con una cruz, devant d’a que se rezava, toz os anyos, un responso quan a procesion con os cabildos catedrálicio e monecipal tornava d’a misa solemne d’o 23 de abril en l’armita de Sant Jorge.

    ARAGON TRADICIONALISTA: A Batalla de Uesca




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