HISTORIA DE ARAGÓN



El territorio aragonés fue escasamente romanizado, y aún menos en la zona pirenaica. Los únicos núcleos urbanos se hallaban en el valle del Ebro y pocos de ellos resistieron los ataques de los bárbaros. Los musulmanes hallaron escasa resistencia en Aragón en el siglo VIII e instalaron diversas guarniciones estratégicas.


A partir del siglo IX se formaron los primeros núcleos cristianos independientes en los Pirineos, que contaron con el apoyo de los francos hasta dar nacimiento al condado de Aragón. Éste se convirtió posteriormente en un reino que en el siglo XII se unió al condado de Barcelona formando la Corona de Aragón.


El antiguo Reino de Aragón comprendía a Cataluña, Valencia, Baleares, Córcega (hoy es de Francia), Cerdeña (hoy de Italia), Sicilia, Nápoles, etc.






Tras la unificación de los reinos españoles por los Reyes Católicos, Aragón conservó sus instituciones políticas, su propia legislación civil y sus aduanas. Fue creado el Consejo de Aragón para tratar de los asuntos referentes a la antigua corona. Entre 1585 y 1591 tuvieron lugar las llamadas alteraciones de Aragón, en las que chocaron los intereses de la monarquía de Felipe II y los de la aristocracia aragonesa.






Con la expulsión de los judíos en 1609, un 16 % de la población, afectó en un alto grado a la agricultura aragonesa.


Durante la guerra de Sucesión española siguió el partido del archiduque Carlos; al concluir con la victoria del candidato borbónico Felipe V, se procedió a la supresión de los fueros aragoneses, se introdujo el sistema tributario castellano (alcabala) y en 1718 se creó el sistema de contribución única. Aragón se convirtió en una provincia del reino.


A lo largo del siglo XVII tuvo lugar una recuperación económica de la mano de la agricultura, concretada en la realización, después de proyectos largamente elaborados, del canal Imperial de Aragón (1772).


En la guerra de Independencia contra las tropas napoleónicas Aragón sufrió graves pérdidas materiales, no sólo en las ciudades (sitios de Zaragoza), sino por las destrucciones en el campo y debido a los esfuerzos tributarios para sufragar la guerra.


La formación del Estado liberal a lo largo del siglo XIX puso de manifiesto las desigualdades entre las ciudades aragonesas y el valle de Ebro, ricas y políticamente progresistas (Zaragoza), y las zonas rurales, especialmente el Bajo Aragón, que se convirtió en uno de los focos de las guerrillas carlistas. Zaragoza se adhirió pronto al levantamiento de Riego (1820) y al habido en 1854.


Se desarrolló un notable núcleo anarquista entre los obreros zaragozanos. La guarnición militar de Zaragoza se alzó contra la segunda República en julio de 1936, mientras el conjunto de Aragón siguió fiel al Gobierno. Ello convirtió a Aragón en el escenario de algunos de los episodios más violentos de la guerra civil, como la toma de Belchite (1937), y las batallas de Teruel (1937-1938) y del Ebro (1938). En la década de 1960 el desarrollismo franquista propició la instalación de diversas industrias en Zaragoza. Su Estatuto de Autonomía fue aprobado en 1982


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