Fuente: Cursillo DSI
Cursillo Doctrina Social de la Iglesia y su aplicación en economía
AL SERVICIO DE LA VERDAD PLENA DEL HOMBRE
Es en el campo económico que la salvación de las almas está en juego. (Benedicto XV)
Contenido
Preámbulo
Hacia un mundo sin pobreza
10 Lecciones Introducción
Lección 1: La finalidad de la economía
Lección 2: Pobreza en medio de la abundancia
Lección 3 Los bancos crean el dinero como una deuda
Lección 4: La solución: Dinero libre creado por la sociedad
Lección 5: La falta crónica del poder de compra. El dividendo
Lección 6: El dinero y los precios
Lección 7: La Historia del control bancario
Lección 8: El Crédito Social no es un partido político
Lección 9: El Crédito Social y la DSI. (I Parte)
Lección 10: El Crédito Social y la DSI. (II Parte)
Apéndice A: El último texto de Jacques Maritain
Apéndice B: ¿Sobre que está construida la DSI?
Preámbulo
Los hombres tienen una especial obligación de tender continuamente hacia la verdad, respetarla y atestiguarla responsablemente. Vivir en la verdad tiene un importante significado en las relaciones sociales: la convivencia de los seres humanos dentro de una comunidad, en efecto, es ordenada, fecunda y conforme a su dignidad de personas, cuando se funda en la verdad. Las personas y los grupos sociales cuanto más se esfuerzan por resolver los problemas sociales según la verdad, tanto más se alejan del arbitrio y se adecuan a las exigencias objetivas de la moralidad.
Nuestro tiempo requiere una intensa actividad educativa y un compromiso correspondiente por parte de todos, para que la búsqueda de la verdad, que no se puede reducir al conjunto de opiniones o a alguna de ellas, sea promovida en todos los ámbitos y prevalezca por encima de cualquier intento de relativizar sus exigencias o de ofenderla. Es una cuestión que afecta particularmente al mundo de la comunicación pública y al de la economía. En ellos, el uso sin escrúpulos del dinero plantea interrogantes cada vez más urgentes, que remiten necesariamente a una exigencia de transparencia y de honestidad en la actuación personal y social.
Hacia un Mundo sin Pobreza
Acabar con el escándalo del hambre exige acabar con el egoísmo
Introducción
Vivimos en una sociedad hipersensible al tema de las libertades, de los derechos humanos y la tolerancia…, pero ciega y embotada ante la injusticia social y la pobreza. Hemos conseguido (creemos) erradicar de nuestras sociedades cualquier indicio de intolerancia, de racismo, de totalitarismo. Pero la pobreza, el hambre, la injusticia y la desigualdad son una losa que contradice nuestros principios e ideales.
La aceptación por parte de la sociedad de hambres que provocan la muerte sin esforzarse por remediarlas es una escandalosa injusticia y una falta grave. Los traficantes cuyas prácticas usureras y mercantiles provocan el hambre y la muerte de sus hermanos, cometen indirectamente un homicidio. Este les es imputable (cf. Am 8,4-10) Ref. Catecismo de la Iglesia Católica 2269.
I.- Conspiración Global
1.- Evidencias Concluyentes de la Carta Encíclica “Evangelium Vitae” de S.S. Juan Pablo II
“Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal esparcidos por los aires.” Ef. 6:12
¡Una conjura contra la vida que ve implicada incluso a Instituciones Internacionales se ha lanzado en el mundo! (Evangelium Vitae, 17). ¡Se ha declarado una guerra de los poderosos contra los débiles! (Evangelium Vitae, 12) Muy pocos entenderán y considerarán con urgencia la Encíclica de Su Santidad Juan Pablo II, Evangelium Vitae (Evangelio de Vida) a no ser que se den cuenta cuán lejos los conspiradores han avanzado en su plan de globalización en contra del mundo.
Estas lecciones intentan acercar a más gente al conocimiento que el plan en contra de la vida es ahora global, que 183 países miembros de las Naciones Unidas están en la lista de los conspiradores; que su maquinaria para matar niños, inválidos y su control de la población global está muy bien establecida en cada nación a través del mundo. Y que todo esto es ya una norma aceptada en todos los estratos de nuestra sociedad.
2.- Conspiración en Contra de la Vida
El gran Teólogo y Filósofo, Mons. Michel Schooyan, nos da una descripción concreta de esta conspiración. Es una guerra de las naciones ricas (conocidas políticamente como los países del G-7) en contra de los países pobres del Tercer Mundo (los G-77). Los últimos constituyen el 80% de la población mundial, por lo tanto amenazan la seguridad de las naciones ricas para el control global.
La época de mayor riqueza de la humanidad es también la época de mayor desigualdad en la distribución de recursos, bienes y oportunidades de desarrollo humano. A la “democracia política” que avanza por doquier no siempre le ha seguido una “democracia social y económica” y la situación se agrava cada vez más.
Esta realidad lleva a muchos hombres y mujeres, desde muy temprana edad, a vivir sin esperanza. Ya lo decía el Papa Benedicto XV: “es en el campo económico que la salvación de las almas está en juego”.
Desafortunadamente, y sin que eso nos escandalice, debemos reconocer que existen desigualdades e injusticias no solo en la sociedad, sino en las mismas comunidades católicas. Ha llegado a ocurrir que, en ocasiones, se anuncian causales “científicos”, “eruditos” para el problema de la pobreza, distanciándonos enormemente de la verdad.
Se anuncia una buena nueva para la intimidad personal, para el interior de cada uno, sin ninguna exigencia de solidaridad con las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia y de compromiso con nuestros hermanos, sobre todo los más pobres.
El documento de Puebla (n.558) expresa: “Esta instrumentalización que es siempre un riesgo en la vida política, puede provenir de los propios cristianos y aun de sacerdotes y religiosos, cuando anuncian un Evangelio sin incidencias económicas, sociales, culturales y políticas”.
Podemos ahora concluir que para el cristiano no es opcional la proyección social de su fe, si no que es natural esa irradiación de la misma hacia todos los ámbitos de conducta personal y social: el trabajo, la familia, la política, la vida económica, la cultura, los derechos humanos, la sociedad civil, la comunidad internacional.
3.- El hambre en el mundo
En nuestros días nos interesamos, espasmódicamente por esos millones de seres humanos que viven en la miseria. Cuando leemos en los periódicos sobre Ruanda o el Zaire ya sabemos al menos donde están ubicados esos países. Sin embargo para los mass media, o para la llamada opinión pública, esas noticias tienen el mismo valor que las de un huracán en Miami o un descarrilamiento de un tren en Nueva Delhi, es decir, son sólo noticias de portada de un día, de dos a lo sumo. Nuestra «sensibilidad» dura lo que duran las cabeceras de los periódicos, los titulares en los telediarios. «Ojos que no ven corazón que no siente». Y volvemos a nuestra cotidiana monotonía, a nuestra opulenta existencia, a nuestra embriaguez latina, americanista o europeísta, a nuestras cotas de inflación y de convergencia…
En el desafío que la pobreza, el hambre y la marginalización lanzan a la economía, aparece la dramática situación del Tercer Mundo. La cumbre de la FAO del 7 de noviembre de 1996 presentó que 840 millones de los habitantes del planeta sufrían hambre, ese porcentaje ha aumentado vertiginosamente hasta nuestros días, donde se estima que existe más de 4 mil millones de pobres y hambrientos en el mundo. ¡Esto es el 5% de la población mundial!
Debería ser este un urgente llamado de alerta para todos los Católicos quienes aman y sirven a Jesús verdaderamente presente en la Eucaristía; a la Santísima Virgen María, como Mediadora de todas las Gracias; a la Primacía del Papa; y la infalibilidad y autenticidad del Magisterio (enseñanzas oficiales de la Santa Iglesia Católica) y a la Jerarquía institucionalizada de la Iglesia.
Este llamado desesperado de nuestros hermanos que mueren de hambre, va dirigido a los Laicos líderes de la Iglesia Católica, quienes son suficientemente valientes para confrontar a los “conspiradores en contra de la vida”, que no pueden ser comprados y que no usarán a la Iglesia Católica para sus agendas políticas y para sus ambiciones económicas, mientras se enfrentan con los conspiradores.
Cuando la unidad básica de la Iglesia y de la sociedad es atacada en sus raíces por los “poderosos” (Evangelium Vitae No. 12) es crucial el papel de los laicos en la Iglesia.
Este es el momento de la verdad. La línea de gran división está trazada entre aquellos que están….
por la vida o por la muerte
por el bien o por el mal
por la Santa Iglesia Católica o por el humanismo de la Iglesia de la Nueva Era
por el Magisterio del Papa o por la Teología de la Liberación Capitalista Marxista
por la familia tradicional o por la familia homosexual, etc., etc.
Es también el momento del martirio en defensa de la vida, de la familia, la Iglesia y la verdad. Este NO es el momento de callar.
«¡No tengáis miedo; abrid de par en par las puertas a Cristo!»1
Abandonemos la mentalidad de ver al Cristianismo como un conjunto de prácticas o actos de piedad, sin percibir su relación con las situaciones de la vida corriente, con la urgencia de atender a las necesidades de los demás y de esforzarse por remediar las injusticias.
Jesús nos dice: «Buscad primero el Reino de Dios y su Justicia y lo demás se os dará por añadidura»2. Pero ¿cómo encontraremos este reino de amor, de justicia y de paz?
Seguir a Cristo no significa refugiarse en el templo, encogiéndose de hombros ante el desarrollo de la sociedad, ante los aciertos o las aberraciones de los hombres y de los pueblos.
No hay un solo día de un hombre auténticamente cristiano donde no aletee la preocupación por el prójimo3. ¿Verdad que comprendes muy bien las impaciencias, las angustias y los deseos inquietos de quienes no se resignan ante la injusticia personal y social que puede crear el corazón humano? Los bienes de la tierra, repartidos entre unos pocos; tres cuartas partes de la población mundial que se muere de hambre, material y espiritual, bienes de la cultura encerrados en cenáculos. Y, fuera, hambre de pan y de sabiduría. Este es el toque de atención que hay que dar a los que consideran la vida como hecha de egoísmos individualistas: Un hombre o una sociedad que no reaccione ante las tribulaciones o las injusticias, y que no se esfuerce por aliviarlas, no son un hombre o una sociedad a la medida de amor del Sagrado Corazón de Jesús.
No comprendemos la postura de quienes ven en la religión un conjunto de rezos rutinarios y curiosas genuflexiones; es ésa una actitud falsa por pequeña, mezquina, enana, deforme. El que mira a Cristo y no ve más que a un Dios sin pueblo, sin gente, sin muchedumbres, despreocupado de sus hijos los hombres, no ha visto más que a un fantasma: ¡ése no es nuestro Dios!
Escuchemos el grito de los pobres y luchemos contra la miseria. «En la familia de Dios no debe haber nadie que sufra por falta de lo necesario» Benedicto XVI, Deus caritas est.
1 Juan Pablo II, Homilía en el inicio del Pontificado, 22-X-1978
2 Mt 6, 33
3 Cfr. CONC. VAT. II, Gaudium et spes, num. 43.
La Aplicación de la Doctrina Social de la Iglesia explicadas en 10 lecciones
Introducción
El Crédito Social es una doctrina, una serie de principios expresados por primera vez por el Ingeniero y Mayor C. H. Douglas en 1918. La implementación de estos principios haría que el organismo social y económico alcanzara efectivamente su fin, que es la satisfacción de las necesidades humanas.
El Crédito Social no crearía los bienes, ni las necesidades, pero eliminaría cualquier obstáculo artificial entre ellos, entre la producción y el consumo, entre el trigo en las bodegas y el pan en las mesas. El obstáculo hoy en día – al menos en los países desarrollados – es meramente de carácter financiero, un obstáculo monetario. Ahora bien, el sistema financiero no proviene de Dios o de la naturaleza. Establecido por los hombres, puede ser orientado a servirles, y no a causarles problemas.
Para este fin, el Crédito Social presenta propuestas concretas. Aunque son muy simples, estas propuestas implican una revolución. El Crédito Social trae la visión de una nueva civilización, si por ello se entiende la relación del hombre con sus congéneres, y las condiciones de vida que faciliten el florecimiento de la personalidad de cada cual.
Bajo un sistema de Crédito Social, no tendríamos que luchar con problemas que son estrictamente financieros, que constantemente plagan las administraciones públicas, las instituciones, familias, y que envenenan las relaciones entre los individuos. Las finanzas serían nada mas que un sistema de contabilidad, expresando en cifras los valores de los bienes y servicios, facilitando la movilización y coordinación de las energías requeridas para los diferentes niveles de producción hacia la obtención del producto final, y distribuyendo a TODOS los consumidores los medios para la escoger libre e individualmente lo que les parezca apropiado entre los bienes ofrecidos o accesibles inmediatamente.
Por primera vez en la historia, la seguridad económica absoluta, sin condiciones restrictivas, seria garantizada a todos y cada uno. La pobreza material seria algo del pasado. La ansiedad material por tener lo necesario para el mañana desaparecería. Se aseguraría el pan para todos, siempre y cuando haya suficiente trigo para hacerlo. En forma similar con todos los demás bienes que son necesarios para vivir.
A cada ciudadano se le entregaría esta seguridad económica como un derecho de nacimiento, como miembro de la comunidad, usufructuario durante su vida de un inmenso capital social, que se ha convertido en un factor dominante de la producción moderna. Este capital esta constituido, entre otras cosas, por los recursos naturales, que son un bien colectivo; la vida en sociedad, con el bienestar de ella derivado; la suma de los descubrimientos, invenciones, progreso tecnológico, que son una herencia siempre en aumento de generación en generación.
Este capital social, que es tan productivo, le daría a cada uno de sus copropietarios, a cada ciudadano, un dividendo periódico, desde que nazca hasta que muera. Y viendo el volumen de producción derivado del capital social, el dividendo para cada uno debería ser al menos suficiente para cubrir las necesidades básicas de la vida. Este dividendo se entregaría adicionalmente a quienes hagan parte de la producción, sin perjuicio de salarios, sueldos u otras formas de remuneración.
Por lo tanto, se otorga un ingreso permanente al individuo, que no depende de estar empleado como ahora, y evita que sea explotado por otros seres humanos. Con la cobertura de necesidades básicas garantizada, una persona puede resistir mejor las presiones y escoger la profesión que mas le agrade.
Liberadas de las mas urgentes preocupaciones materiales, las personas podrían dedicarse a actividades libres, mas creativas que el trabajo bajo ordenes, y orientarse hacia su propio desarrollo viviendo en función de lo humano, superior a vivir en función de lo económico. Obtener el sustento diario ya no seria la ocupación más absorbente de sus vidas.
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