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Tema: José María Gil Robles, político nefasto para España

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    José María Gil Robles, político nefasto para España

    José María Gil Robles (1898-1980), nefasto en la II República como líder de la CEDA, rencoroso contra Franco (Pacto de Múnich), y dispuesto a hacer la puñeta en la Transición.
    No confundir con su padre, el profesor (y tradicionalista) Enrique Gil Robles.

    Revista FUERZA NUEVA, nº 487, 8-May-1976

    EL GIL ROBLES DE AYER Y DE HOY

    Mi padre fue diputado a Cortes por la CEDA y gran amigo personal de Gil Robles. Su entusiasmo por la causa, su fe en la salvación de España por el camino de la legalidad y sus campañas políticas como colaborador del “jefe” fueron seguidas con gran interés por todos sus hijos. Personalmente debo reconocer que me apasionaba su actuación, su generosa entrega a una lucha política arriesgada y difícil. Recuerdo aquellos elocuentes discursos de Acción Popular; como recuerdo los de Juan Antonio Cremades y especialmente el que pronunció a las pocas horas de haber recibido una cuchillada en plena calle. Juan Antonio era entonces presidente de la JAP, el presidente más joven de España.

    En casa recibíamos el “Boletín” de las Cortes y yo me leía a mis trece años, con verdadero apasionamiento, los discursos parlamentarios más destacados y desde luego todos los que pronunciaba don José María Gil-Robles. Todavía recuerdo párrafos de alguno que me aprendí de memoria, y concretamente el que pronunció tras el asesinato de Calvo Sotelo. Don José María ha sido, sin duda, el mejor parlamentario de todos los tiempos, con una capacidad asombrosa para improvisar y para responder con la réplica adecuada a las peligrosas interrupciones de sus enemigos.

    ***
    Cuando estalló el Movimiento, y antes de mi incorporación al Requeté, recuerdo en una tertulia de la Congregación Mariana de los Luises, entonces dirigida por el padre Zurbitu… una discusión política con un notario de Zaragoza, de gran renombre, padre de varios hijos, hoy figuras destacadas en sus diferentes profesiones. En atención a los hijos, no cito el nombre del padre, que en aquella ocasión injurió a Gil-Robles gravemente, y como se trataba de mi ídolo de entonces yo salí en su defensa. La discusión fue violenta y desagradable, tanto que sin tener en cuenta el poco peso de las ideas de un muchacho de quince años, el notario en cuestión me denunció a las autoridades militares… Entonces pensaba que morir por defender a Gil-Robles era casi tanto como morir en defensa de la fe, o al menos de la Patria; algo, en fin, casi sublime. Este era el poder carismático, en aquella época, del jefe de la CEDA…

    Fue en abril de 1937 cuando un grupo de destacados cedistas se trasladaron desde Zaragoza a Estoril (Portugal) para visitar al jefe: con mi padre fueron Juan Bautista Bastero, Eduardo Macías –cuñado de Martín Artajo- y Juan Antonio Cremades, y en aquel viaje don José María Gil-Robles se cayó del pedestal ante los ojos del grupo zaragozano. Me parece estar oyendo a mi progenitor gritando y explicando a sus hijos cómo había perdido la fe en Gil-Robles político. Porque las equivocaciones que tuvo durante su paso por el Gobierno se habían disimulado por aquel carisma de actuación y aquel torrente de elocuencia y brillantez que salía por su boca; pero una cosa es la elocuencia de las palabras y otra muy distinta la brillantez en el terreno práctico de los hechos.

    ***
    El orador inconmensurable, el parlamentario fuera de serie, como político resultó un desastre y en cierto modo hasta un frívolo de puro improvisador, sin darse cuenta de que es muy distinto el arte de improvisar un discurso que el de improvisar una solución política en un momento crítico para la historia de un pueblo.

    Sin preguntarles nada sobre la gran tragedia que estaba viviendo España, sin pedir información, sin discutir el asunto, se reunió para comer, hablando de cosas banales y alegando que después del café se retiraría al despacho unos minutos para improvisar unas cuartillas, lo que pretendía que fuera su manifiesto como jefe, a sus seguidores de España. Y en efecto, sin consulta alguna redactó, con la facilidad, ligereza y espontaneidad que le caracterizaban, unos párrafos llamados a ser trascendentales para la Historia de España, párrafos que constituían una declaración, en aquellos momentos trágicos, comprometida, delicada, que podía resultar suicida, y en los que se descubría al político torpe que no se había percatado de toda la importancia decisiva que representaba la gran Cruzada nacional.

    En ella, el jefe de la CEDA, con su clásica letra grande y redonda, condicionaba el Alzamiento, insistía en sus ideas sobre el camino de la legalidad y dejaba a sus seguidores en libertad para que sin formar cuerpo militar propio –como hizo la Falange, los Requetés y los de Renovación Española- obraran según su conciencia… Mi padre, bajo su responsabilidad, guardó las cuartillas, prohibiendo a sus compañeros el hablar de ellas. La verdad es que con aquel manifiesto se jugaban todos la vida. Y la juventud de Acción Popular en bloque, conscientes de su deber como españoles y como cristianos, se incorporaron al Ejército en una entrega tan generosa como anónima.

    Las cuartillas tuve ocasión de leerlas varias veces, cada vez con más asombro, por la inoportunidad que revelaban. Las recuerdo en el cajón derecho de la mesa del despacho de mi padre. Cuando se sintió morir, se levantó de la cama, las cogió y las rompió, diciendo: “Es lo mejor que puedo hacer ahora por un amigo”.

    ***
    Con la fe de mi padre en Gil-Robles, como político, murió también la mía. Porque después, con más años y más experiencia para juzgar, le he visto seguir en una misma línea de actuación equivocada. Su asesoramiento como consejero de don Juan de Borbón en Estoril le costó a éste la Corona. Yo entré precisamente a pertenecer al Consejo privado del conde de Barcelona a raíz de su dimisión, como consecuencia de haber asistido y protagonizado el escándalo del Pacto de Munich (1962), donde los enemigos de España se dieron la mano y se pusieron de acuerdo para estudiar la forma de derrocar al Régimen de Franco.

    Nunca he comprendido como Gil-Robles –y muchos de sus seguidores y amigos influidos por su carisma como jefe- le han negado la colaboración a Franco, cuando no tuvieron inconveniente en pactar durante la República con Lerroux y sus secuaces, aquel Lerroux, emperador del Paralelo y autor de la célebre frase que repetía en todos sus discursos: “Asaltad los conventos…; incendiad, destruid, matad…”. El Gil-Robles, líder del catolicismo español, con este hombre podía pactar, y con los comunistas de Munich, también. Pero él y sus seguidores se rasgaban las vestiduras de pensar que pudieran colaborar con el Generalísimo Franco, porque con éste se manchaban sus limpias manos de españoles y católicos. Reacción ilógica que no entendí nunca.

    ***

    El Gil-Robles de entonces vuelve ahora (1976), con las mismas ideas, con los mismos resabios, pero con ese mayor espíritu de revanchismo que dan los años y el exilio; y vuelve también, afortunadamente, con menos poder de convocatoria y con mucha menos elocuencia… Pero como el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, acaba de hacer pública una declaración pidiendo al Gobierno Arias que reconozca al Partido Comunista Sigue, pues, con su afán de pactar con el enemigo, de colaborar hasta con el diablo si fuera preciso, de hacer partícipes del poder a los enemigos de la Patria, de ganar la batalla en las urnas por el camino de la “legalidad”, de defender los partidos políticos y el suicidio del sufragio universal…

    Al recordar que a mis quince años, por defender a Gil-Robles, estuve a punto de que me fusilaran, no puedo menos que pensar en la tonta y triste que hubiera sido mi muerte.

    Francisco SANCHEZ-VENTURA

    “El Noticiero de Zaragoza” (14-4-76)
    Última edición por ALACRAN; 11/01/2020 a las 15:30
    ReynoDeGranada dio el Víctor.
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: José María Gil Robles, político nefasto para España

    El año de la muerte de Franco, José María Gil Robles ya amagaba con volver a las andadas:

    Revista FUERZA NUEVA, nº 426, 8-Mar-1975

    Gil Robles y las Asociaciones

    Con este mismo título se publica, en el “ABC” del 23 de febrero, una carta en la que el antiguo jefe de la CEDA hace a Argos [periodista Julián Cortés Cavanillas], una serie de preguntas cuya respuesta precisa conocer el que fuera líder político para decidirse a participar en el juego de las asociaciones políticas.

    Sorprende, en primer lugar, que después de haber comprobado que con el sistema político del liberalismo parlamentario que él protagonizó sólo fue posible la paz a costad e un millón de muertos, quiera resucitarlo nuevamente para dar una salida normal a lo que él ve como un “callejón sin salida”.

    Pero sorprende, aún más, que su fino sentido y su dilatada experiencia política no le hayan hecho ver “después de 38 años de destierro, marginación y olvido” -por no hablar de cosas peores-, pero también después de 38 años de justicia social y prosperidad en nuestra Patria, que al pueblo español le suena a música celestial toda esa palabrería hueca y artificiosa, que suele ser rastro y señal del más trasnochado e inmovilista parlamentarismo.

    Es evidente que el traje de las asociaciones le viene excesivamente estrecho a Gil Robles, pero no lo es menos que cualquier otro traje (control del Ministerio de Gobernación, recursos ante la Jurisdicción ordinaria) que implicara aceptación de los Principios del Movimiento, don José María no se lo pondría, porque lo que Gil Robles pretende no son asociaciones sino otra cosa.

    Rechazar una Constitución [principios del Movimiento] que ha servido para hacer una España tan grande como él mismo no pudo soñar, y, en cambio, acatar y prestar su colaboración, más o menos leal, a una Constitución que trajo aquella República de aquelarre que España padeció, y él más que nadie, es algo que, de verdad, no podemos comprender.

    No. No se engaña Gil Robles al suponer que su voz ya no puede ni quiere ser oída ni por quienes ejercen hoy (1975) funciones de autoridad ni por el pueblo español. A los españoles su voz nos trae extrañas resonancias y tristes recuerdos de un periodo nefasto y felizmente superado. Aquello pasó, pero no se ha olvidado.

    No podemos olvidar que, automarginado del Alzamiento, quizá despechado por su fracaso como hombre público, alardeó de “no tener las manos manchadas de sangre”, lanzando un dardo al honor y la gloria de nuestro Alzamiento.

    No podemos olvidar que tal vez por ese despecho, por ver que la España grande se hizo sin él, no titubeó en buscar alianzas con Indalecio Prieto y con Rodolfo Llopis, como ahora sería capaz de buscarlas con el mismo Carrillo, con tal de derribar “la dictadura franquista” ...

    Por amor de Dios, don José María, estése quietecito. No vaya otra vez “a por los trescientos”. El pueblo español se lo agradecerá mucho.

    José JURADO

    Última edición por ALACRAN; 30/03/2020 a las 13:05
    DOBLE AGUILA dio el Víctor.
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: José María Gil Robles, político nefasto para España

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    José María Gil Robles: el gran precedente de los complejos del PP y sus votantes ante las izquierdas:

    Revista FUERZA NUEVA, nº 491, 5-Jun-1976

    EL GIL-ROBLES QUE YO CONOCÍ

    Un libro de Cortés Cavanillas («GIL-ROBLES, ¿MONÁQUICO?») retrata magistralmente la personalidad política del que fuera jefe de la CEDA

    «Gil-Robles, ¿monáquico?» de Julián Cortés Cavanillas fue publicado en 1935 con todas las invectivas posibles contra Gil-Robles, Angel Herrera Oria, monseñor Tedeschini y el cardenal Vidal y Barraquer.

    Sin embargo, en los últimos tiempos (1976), Cortés Cavanillas ha dedicado su pluma a ensalzar a Gil-Robles. Así su larga entrevista en «ABC», de 27 de julio de 1975, y otras inefables notas que ha publicado bajo la rúbrica de Argos, en su colaboración de dicho rotativo…

    Julián Cortés Cavanillas es un buen introductor para que conozcamos a José María Gil-Robles:

    José María Gil-Robles es [1935], sin duda, un valor político en el horizonte negro y estéril de la República. Inteligencia estimable; buen parlamentario, conocedor de los trucos y artificios retóricos, ambicioso y oportunista, es el moderno sucesor de Romero Robledo y Romanones, aunque con menos simpatía e ingenio que aquéllos.

    En cambio, les supera en las sinuosidades, en las componendas, en el misterio de sus designios, con la agravante de la infalibilidad con que se ha adornado, impidiendo a sus adictos que le discutan. Gil-Robles no es la claridad sino el enigma; no es el camino recto sino el zigzagueante; no el estadista, sino el vulgar político; no el reconstructor ni el reparador, sino el que cede, el que transige, el que claudica; no es el definidor, porque es indefinido; no es más que un buen excitador de masas, que cuando logra su conquista se encuentra con que no sabe qué hacer con ella. Porque con toda su inteligencia, con la eficacia de su oratoria y la perfecta maestría con que hace ondear el banderín religioso, ¿qué ha conseguido Gil-Robles con sus 115 diputados y la tutela que viene ejerciendo sobre los Gobiernos?

    De los principios fundamentales que aún mantiene, como el de Religión, Propiedad, Orden, Familia, porque el de Monarquía lo jubiló, ¿qué ha logrado en tantos meses de vida parlamentaria este arrogante caudillo? Porque la ley de Términos municipales, la de haberes del Clero y la de Amnistía, sacadas a fuerza de conciliábulos y de jirones de conductas débiles y tortuosas, no eran más que unos ineludibles compromisos electorales contraídos por las derechas conjuntas y el Partido Radical. Pero, ¿acaso ha retornado el crucifijo a las escuelas y acaso en ellas se habla de Dios y de moral? ¿Es que se ha derogado la expulsión o prohibición de enseñar a las órdenes religiosas…? ¿Se han devuelto sus bienes a la Compañía de Jesús, o, por el contrario, se consignan encima millones en presupuesto para la comisión liquidadora de esos bienes robados?... ¿Acaso el divorcio no existe y el derecho de los padres sobre los hijos se ejercita libremente…? ¿Por ventura tienen los ciudadanos la garantía de no ser asesinados cobardemente? ¿Por ventura la economía nacional se ha rehecho? Pues si nada de eso se ha rectificado, si ninguno de esos males se han reparado, ¿qué queda de los principios de Religión, Propiedad, Orden, Familia, etc?

    ¿Qué puede exhibir en su haber Acción Popular y Gil-Robles, después de tantos meses [1933-35] de haber controlado el Parlamento y los Gobiernos, como vencedores en unas elecciones triunfales, que ganándose se perdieron? Creo que no argumento en falso. Claro que dirán algunos que esto es, por ahora, el mal menor o el bien posible, y que, si no se ha avanzado un solo palmo, se han evitado daños mayores. Tal recurso, para justificar la falta de gallardía, de eficacia y de hondo sentido nacional, no puede usarse en ningún país, y menos en el nuestro, que tiene un acervo de historia y tradiciones, razón única de nuestra existencia. Quien alcanza, por fortuna o por méritos, la categoría de árbitro de un país, con conciencia de los medios de salvarle, no puede pactar, y mucho menos entregarse al enemigo, para convertirle al bien. La estrategia, tanto en la política como en la guerra, no consiste nunca en desaprovechar alegremente las oportunidades de ataque, sobre todo cuando la moral del enemigo está decaída y la vileza ha corroído los mandos.

    Pactar y ayudar a un enemigo derrotado, además de una traición, es una prueba de incapacidad y de miedo. Y no se me negará que el 19 de noviembre de 1933 fue barrido el frente antinacional, masónico y socialista que detentó el Poder y tiranizó a los españoles en cerca de tres años negros, de vergüenzas, vilezas y ruinas”.

    Las tácticas electorales de Gil-Robles

    Julián Cortés Cavanillas examina el comportamiento democrático y electorero de José María Gil-Robles, en el cénit de su táctica. Nos dice nuestro inconmensurable Julián Cortés Cavanillas:

    Sería injusto negar que el enorme y abrumador triunfo electoral de noviembre [1933] se debió en buena parte, al denodado esfuerzo de la propaganda y de la organización populista. El terreno lo había cultivado y abonado el monstruoso Azaña, con su odio torvo y la basura de su espíritu, al través de los años de fango, lágrimas y sangre. La vibración ciudadana fue como un trueno de entusiasmo que alejó las sombras y abrió los horizontes en un aliento de esperanza. Pero Gil-Robles, gran maestro de la componenda y de la indecisión, ya había regalado no pocas actas a los radicales, y, para colmo, cuando se entera del descomunal triunfo, se entristece y lamenta haber sacado tantos diputados. La victoria en Madrid de las fuerzas derechistas pareció indiscutible y el propio Gil-Robles la confirmó telefónicamente a Renovación Española. Poco después la desmentía. ¿Qué es lo que pasó?

    El hecho del triunfo de las derechas era indiscutible, legítimo y justo. Gil-Robles, con la fuerza de su organización y el número de sufragios obtenidos se perfiló como la figura representativa del momento, con títulos sobrados para exigir el Poder con arreglo a lo que las urnas demandaban. Porque había dos caminos claros, rectos y patrióticos para satisfacer la voluntad nacional: uno, mantener el bloque de derechas, con el que hubiera contado con mayoría absoluta en las Cortes y pedir con estricta justicia y legalidad el Poder, previo acatamiento de todas las derechas al régimen, pero reservándose el derecho de convocar, en el tiempo y formas legales, unas Cortes Constituyentes que determinaran –porque aún no se había decidido- la forma de gobierno que libremente quisiera España. Y otra –en caso de que la anterior no hubiera sido aceptada-, que hubiera consistido en mantener igualmente la unión de las derechas, apoyando a los Gobiernos minoritarios en cuantos puntos coincidieran con el programa de los vencedores, pero derribándolos sin contemplaciones en aquellos otros que fueran adversos y que no salvaguardaran la unidad, autoridad y decoro de la Patria…
    No se siguió ninguno de estos caminos que eran, en definitiva, los que habían trazado los electores con entusiasmo y esperanza. Gil-Robles no tuvo el valor de su propia conducta, ni de sus propios actos, ni de su palabra, tan expansiva y prometedora.”

    Cortés Cavanillas subraya certeramente el error de Gil-Robles al proclamar en el Congreso de los Diputados, el 20 de diciembre de 1933, su “absoluta y plena lealtad a un régimen que ha querido el pueblo español”, o sea, a la República. Cortés Cavanillas lo comenta así:

    A cualquier español con dos dedos de frente, le consta que eso es falso, y no puede decirlo Gil-Robles, y menos un catedrático de Derecho Político, como no sea atropellando la lógica, la justicia y la verdad. ¿Es que el 12 de abril de 1931 se le consultó al pueblo para que cambiara su régimen tradicional? ¿Es que era instrumento apto para tal fin unas elecciones municipales? ¿Es que el triunfo numérico fue republicano? ¿Es que el católico señor Gil-Robles puede servir con “absoluta y plena lealtad” a un régimen que es ilegítimo por su origen, que es ilegítimo porque las Constituyentes que votaron el texto fundamental eran facciosas, como producto del amaño y de la violencia, que es ilegítimo porque su actuación ha sido contraria a las normas naturales y del derecho de gentes?”

    ***
    Notas biográficas gil-roblistas

    Cortés Cavanillas clava su bisturí en el historial político de José María Gil-Robles, que describe así:

    Gil-Robles, cuando llegó hace años a Madrid, era ultraintegrista y, por no sé qué causas concretas, fue de los pocos que entonces censuraron con acritud a Ángel Herrera Oria en las tertulias del Círculo de los Luises. Después se convirtió en adicto fervoroso, incondicional y sumiso de Herrera.
    Cuando se constituyó el Gobierno de hombres civiles de la Dictadura de Primo de Rivera, fue propuesto para la Dirección General de Primera Enseñanza… Gil-Robles aceptó, pero quiso la mala suerte, entonces, que el general Primo de Rivera, al conocerle personalmente… no le encontró adecuado para el cargo y se quedó sin él. No obstante, al vacar el Juzgado municipal del distrito del Congreso, fue propuesto para ocuparlo por la Unión Patriótica, y por fin nombrado.
    Más tarde, cuando Berenguer convocó las elecciones generales –que no se llegaron a celebrar- Gil-Robles requirió la ayuda de la Unión Monárquica Nacional. Acudió a visitar a Guadalhorce varias veces, y yo mismo le recibí una tarde y hube de ponerle en comunicación telefónica con el ilustre jefe y exministro. Logró las cartas que le pidió para el distrito de Ponferrada, y, agradecido a las muestras de afecto que siempre le dio Guadalhorce, le dijo que, aunque se presentaba como monárquico independiente, caso de triunfar, ingresaría en la Unión Monárquica Nacional…

    Gil-Robles es la permanente contradicción y el constante engaño aun a sí mismo. Para él, las palabras y las promesas carecen de valor. Se desdice con la mayor tranquilidad siempre que le conviene, y se cuida de cultivar con preferente delectación el equívoco… Al republicano de buena fe, le habla de una magnífica República conservadora que él conseguirá. Al monárquico inconsciente que no renuncia en su fuero interno y tímidas expresiones a un ideal arraigado, se le asegura que el buen camino para restaurar la Monarquía es el que sigue el “jefe”.
    Cuando fracasa el movimiento del 10 de agosto de 1932 [general Sanjurjo], lo condena Gil-Robles con toda energía, sin acordarse de que le cabía una complicidad, y acaso entristecido por no poder acudir al día siguiente al despacho oficial del general barrera, convertido en jefe del Gobierno”…

    (…)

    La catástrofe de la táctica, catástrofe para España

    Gil-Robles, que tanto había prometido y contaba con tantas fuerzas parlamentarias para embestir la consolidación de una política potable dentro de la República, ominosa y tristemente y para él, fruto de sus errores, fracasó. Él mismo reconoció, el 15 de julio de 1936, en la Diputación Permanente de las Cortes, la quiebra irreparable de toda su actuación. Enfrentándose con el Gobierno del Frente Popular, con humillación, tuvo que morder el polvo de esta confesión realmente vergonzosa para un político que había asegurado y tuvo los medios para implantar la restauración de un orden civilizado:

    No existe ya ni derecho a la vida, ni libertad de sindicación o de trabajo, ni inviolabilidad de domicilio. Diariamente se nos dice: os están expulsando de la legalidad; están haciendo un baldón de los principios democráticos; están riéndose de las libertades consignadas en la Constitución. Ni en el Parlamento ni en la legalidad tenéis ya nada que hacer. Y este clamor que nos viene de campos y ciudades indica que está creciendo y desarrollándose eso que en términos genéricos habéis dado en llamar fascismo, pero que no es más que ansia, muchas veces nobilísima, de libertarse de un yugo y de una opresión que, en nombre del Frente Popular, el Gobierno y los grupos que le apoyan están imponiendo a sectores extensísimos de la opinión nacional…
    Cuando la vida de los ciudadanos está a merced del primer pistolero; cuando el Gobierno es incapaz de poner fin a este estado de cosas, no pretendáis que las gentes crean ni en la legalidad ni en la democracia…
    Vosotros, como Gobierno, tenéis la enorme responsabilidad moral de patrocinar una política de violencia, que arma la mano del asesino; de haber, desde el banco azul, excitado a la violencia; de no haber desautorizado a quienes desde los bancos de la mayoría han pronunciado palabras de amenaza y de violencia contra la persona del señor Calvo Sotelo. Eso no os lo quitaréis nunca…
    Nosotros no estamos dispuestos a que continúe esa farsa. Vosotros podéis continuar; sé que vais a hacer una política de persecución, de exterminio y de violencia de todo lo que signifique derechas. Os engañáis profundamente; cuanto mayor sea la violencia, mayor será la reacción; por cada uno de los muertos surgirá otro combatiente. Tened la seguridad –esto ha sido la ley constante en todas las colectividades humanas– de que vosotros, que estáis fraguando la violencia, seréis las primeras víctimas de ella. Muy vulgar, por muy conocida, pero no menos exacta, es la frase de que las revoluciones son como Saturno, que devoran a sus propios hijos. Ahora estáis muy tranquilos porque veis que cae el adversario. ¡Ya llegará un día en que la misma violencia que habéis desatado se volverá contra vosotros! Dentro de poco seréis en España el Gobierno del Frente Popular del hambre y de la miseria, como ahora lo sois de la vergüenza, del fango y de la sangre.”

    Es comprensible que ante esta condena sin rebozo del sufragio universal, de la democracia inorgánica, de la República del Frente Popular, de los partidos políticos, Gil-Robles, de verdad, pensara en la solución que proclama el derecho natural ante la tiranía manifiesta. David Jato, en «El Alcázar» de 13 de enero de 1976, recuerda este paso, con estas notas elocuentes:
    La estruendosa derrota electoral gilroblista en febrero de 1936, dejó en desmoralización creciente al cedismo católico, que otra vez cambia su táctica ante la perspectiva de un alzamiento militar. Gil-Robles entrega dinero al general Mola, para la preparación de la rebelión y da instrucciones, según declaró por escrito en Lisboa, para la incorporación a los cuarteles que se rebelaran , de las juventudes que todavía no le habían abandonado”.

    Lo demás ya es bastante conocido…

    Jaime TARRAGÓ



    Última edición por ALACRAN; Hace 2 semanas a las 19:36
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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