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Tema: Francis P. Yockey, muerto por escribir “Imperium” contra los vencedores de 1945

  1. #1
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    Francis P. Yockey, muerto por escribir “Imperium” contra los vencedores de 1945

    Francis Parker Yockey, muerto misteriosamente en junio de 1960. Era autor del libro «Imperium», compendio de ideas sobre la civilización occidental:



    Revista FUERZA NUEVA, nº 230, 5-Jun-1971

    PENA DE MUERTE POR UN LIBRO (UNA CÁPSULA DE CIANURO)

    Francis Parker Yockey, muerto misteriosamente en junio de 1960. Era autor del libro «Imperium», compendio de ideas sobre la civilización occidental.

    Ha entregado su malvada alma al diablo el criminal fascista F. P. Yockey, fanático de Mussolini y Hitler, dirigente activo de la internacional negra en la que era conocido bajo el seudónimo de Ulick Varenge”.

    Con esta “cristianísima” nota necrológica el “San Francisco Examiner” dio cuenta a sus lectores del fallecimiento del autor de un libro llamado a ser un auténtico “best seller” en Europa. Claro, si se permite su difusión. El libro se llama «Imperium» y su autor Francis Parker Yockey. Si muchas veces escribir un libro ha supuesto para el autor firmar de su puño y letra su sentencia de muerte, esto se cumplió una vez más en 1960 y en la democratísima y liberalísima Norteamérica.
    ¡Ahí es nada querer descubrir lo ocurrido entre bastidores en el Proceso de Nüremberg!

    Porque morir en una cárcel norteamericana víctima de un atentado no es cosa que nos llame la atención después de haber “gozado” con las secuencias televisivas del asesinato del presunto asesino del presidente Kennedy, en la de Dallas. Y que la sucia historia se haya repetido con Francis Parker Yockey, tantas veces amenazado de muerte por sus ex amigos, no es cosa que nos llame demasiado la atención. Ni eso ni el procedimiento utilizado: una pequeña cápsula de cianuro puesta en su plato de comida carcelaria por un vecino de celda.

    Sí; todo nos lo han pretendido explicar. Todo está claro como la luz del día. ¿Puede extrañar a nadie que en su celda de la cárcel judicial de San Francisco donde estaba preso desde hacía una semana, el 9 de junio de 1960 “con un gesto a lo Goering”, según la prensa, Yockey pudiera ser envenenado?

    Pronto la policía americana, tan eficiente, tan astuta, tan cinematográfica, dio con el asesino ¿quién otro podía ser? Y aquí tenemos a John Niecman. Un hombre detenido por vagabundo y borracho. Un hombre que, “casualmente”, ocupaba, cuando la detención de Yockey, una celda contigua. Claro que Niecman no conocía a Yockey, no le había visto jamás, no sabía quién era; pero a pesar de todo esto “decide”, en la noche del 16 al 17 de junio de 1960, incluir en la comida destinada a Yockey una capsulita de cianuro llegada a sus manos no se conoce por qué procedimiento.

    “Si ellos me han encarcelado, conozco muy bien el fin que me reservan: conozco muy bien de lo que son capaces mis ex amigos...” Fue una de las últimas frases oídas a Yockey.

    Y acertó.

    "No me dejarán vivir"

    Cómo acertó cuando dijo: “Probablemente no me dejarán vivir el tiempo necesario para que documente al público sobre la infamia y la vergüenza del Proceso de Nüremberg”. Y cinco meses antes de su muerte confesó a Nino Capotondi: “Estoy perseguido como un delincuente por las más famosas policías del mundo. Hace más de quince años que tengo que huir de todas partes. He de esconderme, transformar mi personalidad desde hace más de quince años con el fin de no ser capturado. Conozco el fin que me han reservado y conozco también muy bien a mis ex amigos”.

    Creemos que ya es hora de centrarnos en el personaje de nuestra historia. ¿Quién era Francis Parker Yockey?

    Nacido en Chicago, en 1917, de familia irlandesa y católica, se licenció en Leyes, a los 23 años, en la Universidad de Notre Dame. Desde pequeño se hace notar por su despierta inteligencia y sus cualidades morales. Era un buen pianista, escritor privilegiado y políglota. De su actuación como abogado en ejercicio sólo un botón de muestra. No perdió una sola causa. Y esta última cualidad fue, en resumen, lo que le dio un viraje absoluto a su vida.

    Antes de la II Guerra Mundial se opone -como la mayor parte de sus compatriotas, la reciente aparición del “Diario” de Lindberg lo confirma- a la intervención norteamericana en el conflicto. Decidido el ingreso en la guerra se enrola como voluntario en el Ejército, aunque, con posterioridad, es excluido por razones de salud.

    Acepta, en el año 1945, un cargo que se le ofrece en Europa, en el Tribunal de Crímenes de Guerra y es destinado a Wiesbaden, donde se condenaba a los nazis de segunda categoría. Así, durante meses, fue testigo de excepción de la tragedia europea y pudo ver “con sus propios ojos” los efectos de aquel satánico “Plan Morgenthau”, cuyo objetivo principal, como es sabido, era la muerte por inanición, de veinte millones de alemanes. Para quien se muestre incrédulo le podemos dirigir a la lectura de los diarios del consejero de Roosevelt que demuestran, inconfundiblemente, similares intenciones.

    Su sensibilidad jurídica debió sufrir lo suyo cuando, durante el año en que actuó, pudo observar fríamente los procedimientos jurídicos de un Tribunal que era al mismo tiempo, juez, jurado, acusador y defensor, de sus procesados. Supo también del empleo de torturas para obtener declaraciones, de la obtención de pruebas prefabricadas, de las sorpresas y de los testigos artificiales.

    No era, nuestro hombre, persona que pudiese tolerar, sin reaccionar con violencia, la deformación sistemática de la verdad. Por eso desarrolló su trabajo según su conciencia. Lo que equivale a decir que preparó informes que -cosa inaudita en aquel ambiente- eran objetivos. No se hizo esperar la reacción y sus superiores prontamente le llamaron al orden. Rehusó modificar sus escritos para uniformarlos al “punto de vista oficial”.
    -Eso es una insubordinación.
    -Perdone, pero yo soy abogado, no periodista. Si quieren propaganda, escríbanla ustedes.

    Y presentó su dimisión irrevocable.

    De vuelta a la patria reanuda su vida anterior ante los tribunales de Illinois.

    Pero ¿cómo puede un hombre de conciencia, no presto al conformismo, desentenderse de la lucha por la verdad a que se ve empujado? Atormentado por lo que ha visto y, aún peor, por lo que se prevé para el futuro, emprende su lucha. Su capacidad de aguante sólo le permite estar durante cinco meses en su puesto anterior. Ha de reconquistar su tranquilidad a cualquier precio y comprende que, para ello, debía, de cualquier forma, comunicar a la gente sus aprensiones, sus temores, sus denuncias.

    “Imperium”

    No le arredra el renunciar a una prometedora carrera y, ya en el año 1947, de vuelta en Europa vive con una sola idea fija: Escribir un libro. “Su” libro. La tarea sólo le ocupa seis meses. A marchas forzadas, quemando etapas, sin casi documentación, sin notas previas, concluye “Imperium”. 600 páginas que llevan como subtítulo el de “Filosofía de la Historia y de la Política”, una contribución fundamental a la teoría spengleriana de la “Decadencia de Occidente”.

    Lo peor en Yockey -entiéndase, lo peor para él- es que no sólo era un gran pensador sino un irremisible hombre de acción. Da a la imprenta su libro, aunque en tirada limitadísima, pero no continúa su trabajo. Aunque fuese por este solo hecho merecería el recuerdo de los hombres de bien. Hay que pensar en la época en que vio la luz su trabajo, en aquellos años, en aquella atmósfera, entre obstáculos de todo género, para valorar en toda su extensión su sacrificio por la humanidad. Es, en el preciso momento en que ilusionado, abre por primera vez las páginas de “Imperium”, cuando toma otra decisión: No volverá a su patria, no continuará escribiendo. Hay que hacer algo más efectivo.

    Se dedica entonces a establecer contactos con otros espíritus afines al suyo con una sola obsesión: “Hay que salvar lo que se pueda de toda esta hecatombe. Hay que salvar del naufragio a Occidente”.

    Dos años después de su regreso a Europa organiza un llamado “Frente de Liberación Europea” que lanza un manifiesto, la “Proclama de Londres”, en el cual reafirma su filosofía expresada en “Imperium”. Una tentativa imposible y casi intempestiva. Yockey se ha de enfrentar con hostilidades de toda clase, sus amigos le abandonan, se le rodea de una atmósfera de recelo asfixiante, es amenazado, se enfrenta a vetos y resentimientos de todo tipo. Su organización se disuelve y, sin perspectivas inmediatas, con problemas económicos, consigue un trabajo en la Cruz Roja Internacional que le dura hasta 1951, en que dimite par viajar por toda Europa.

    En esta época y hasta 1960 la vida de nuestro héroe desaparece. Como si fuese un propósito, sus huellas se difuminan y los movimientos del ex abogado apenas son conocidos...

    Sabía demasiado

    Durante su época de Nüremberg había llegado a conocer lo que había entre bastidores. Conocía hechos, pruebas y documentos que fueron los motores que le empujaron -hombre de no corriente coherencia moral- a la conversión que le transformó en “criminal nazi”. Se habituó a vivir en permanente huida mientras emplea su tiempo en reordenar las fotocopias “secretísimas” que poseía, en procurarse testimonios y declaraciones, en confirmar sospechas y en tomar, incansable, apuntes para un libro que habría de revelar la verdad escondida tras la bárbara farsa de Nüremberg. Ni que decir tiene que esta obra jamás pudo escribirse. Su documentación despareció “misteriosamente”. Pero sirvió para firmar su sentencia de muerte.

    Algo de cansancio, de soledad, había germinado en el ánimo de Yockey cuando de forma fortuita es detenido en San Francisco. No se sabe la fecha de su llegada a Norteamérica, pero se tienen indicios de que allí fue para establecer contactos con algunos políticos americanos, de vuelta ya de la coexistencia pacífica con el comunismo internacional, deseosos de conocer la verdad de muchos hechos inexplicables.

    En los ambientes más o menos oficiales se tiene conciencia de que un hombre como Yockey, en posesión de un material tan explosivo debe ser silenciado de una forma más o menos definitiva. Para empezar se le exige una fianza desorbitada -50.000 dólares- que le impiden abandonar la cárcel. Todo se había previsto.

    Durante su estancia en prisión recibe una visita: Willy Carto. –“He leído su libro. ¿Qué puedo hacer para ayudarle?”. – “Esperar. Esperar y hacer todo aquello que os dicte vuestra conciencia”.

    Es Willy Carto, secretario del “Congreso para la libertad”, quien escribe el prólogo a la segunda edición de “Imperium”: “a pesar de todas las tentativas para destruirlo o suprimirlo, constituye el único fundamento del cual se puede partir para desenmascarar a los enemigos internos, reencontrar el alma de Occidente y establecer un camino para el futuro.”

    Aunque es de suponer que Yockey, al escribirlo, le asignara una función guía a sus páginas, poseen éstas, sobre todo, un valor profético. “Imperium” se puede considerar como una continuación, puesta al día, de la obra de Spengler continuando y mejorando su punto de vista lineal de la Historia sujeta a ciclos, articulantes en culturas independientes, de nacimiento, desarrollo y declinación. Describe las estructuras que determinan la vitalidad de una cultura -raza, tradición, religión, jerarquía, idea de Estado- e individualiza los principales focos de infección de la Cultura Occidental: darwinismo, freudismo, visión del mundo naturalmente técnico-científica, etc.

    Pero aun la predicación del declinar occidental no lleva la impronta de lo inevitable: es más bien un grito de alarma, una llamada de socorro, que invita a reencontrar -antes de que sea tarde- la dispersa y confundida alma occidental. Un trabajo de reconstrucción sobre las ruinas que sólo podrá satisfacerse tras la Reconquista del Poder Político.

    “Aquéllos que quieran guiar al Occidente al otro lado de la laguna Estigia, fuera de las Tinieblas, deberán primero traspasar las puertas del Infierno”. Es la básica condición que, según Yockey, se precisa para el renacer de Occidente. Es, por este motivo, por el que Yockey detiene su atención más que sobre la Historia, sobre la Política. “¿Qué será un mundo sin Política?”.

    La forma definitiva de organización política sobre la cual una cultura debe tender y que, para Occidente, se identifica con la única esperanza de salvación es el retorno al principio romano y jerárquico del “Imperium”.

    Sólo siete días después de la visita de Willy Carto la vida de Yockey es destruida por sus enemigos. Pero no pasan cuatro años cuando su libro es reeditado, por iniciativa privada, y difundido acompañado de una nota a los “hombres de Occidente”, en la cual se dice entre otras cosas:

    “Los enemigos de nuestra civilización han bloqueado todos los canales para hacer circular, traducir y publicar “Imperium” en cualquier lengua”.

    F. N.
    Última edición por ALACRAN; Hace 1 semana a las 18:28
    Erasmus, juan vergara y ReynoDeGranada dieron el Víctor.
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  2. #2
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    Re: Francis P. Yockey, muerto por escribir “Imperium” contra los vencedores de 1945

    Gracias por este aporte Alacrán!
    No conocía el artículo de Fuerza Nueva sobre el asesinato por los que ya sabemos de F. P. Y.
    Su lamentable e irreparable asesinato nos dejo sin su libro sobre la tragedia de los "juicios" de N. del que fuera un testigo de primera magnitud.
    Que demostraba la venganza caínica de los vencedores.

  3. #3
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    Re: Francis P. Yockey, muerto por escribir “Imperium” contra los vencedores de 1945

    Cita Iniciado por juan vergara Ver mensaje
    Gracias por este aporte Alacrán!
    No conocía el artículo de Fuerza Nueva sobre el asesinato por los que ya sabemos de F. P. Y.
    Su lamentable e irreparable asesinato nos dejo sin su libro sobre la tragedia de los "juicios" de N. del que fuera un testigo de primera magnitud.
    Que demostraba la venganza caínica de los vencedores.
    No; por lo que he podido comprobar el libro Imperium no se perdió, lo que ocurre es que el artículo de Fuerza Nueva está escrito en 1971, cuando su disponibilidad era limitadísima incluso en inglés; pero está disponible en español como se puede comprobar en internet.

    Un fuerte abrazo.

    https://es.scribd.com/document/71055...-Parker-Yockey

    https://www.ivoox.com/francis-parker...4333513_1.html

    Última edición por ALACRAN; Hace 1 semana a las 20:18
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  4. #4
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    Re: Francis P. Yockey, muerto por escribir “Imperium” contra los vencedores de 1945

    Si conozco el libro Imperium del que se han hecho distintas ediciones.
    Yo me refería a otro libro que según dicen venia preparando y puede que ese fuera el motivo de su asesinato.
    También aclaro que hay ciertos cuestiones que podían no compartirse de su pensamiento e incluso estar en desacuerdo con él, pero lo cierto es que era alguien que "sabía de que se trataba la cosa"...
    Fuerte Abrazo.

  5. #5
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    Re: Francis P. Yockey, muerto por escribir “Imperium” contra los vencedores de 1945

    La muerte de Yockey, fue vendida al mundo como "suicidio" y no como asesinato, y así figura en las Wikipedias inglesa y francesa; según la versión alemana "Yockey murió en 1960 de una dosis letal de 2 gramos de cianuro mientras estaba bajo custodia por cargos de falsificación. Su muerte fue clasificada oficialmente como suicidio; tesis controvertida entre sus seguidores". La versión inglesa dice: "encontraron a Yockey muerto con una cápsula de cianuro vacía cerca mientras estaba en una celda de la cárcel en San Francisco bajo la supervisión del FBI, dejando una nota en la que afirmaba que se suicidaba para proteger el anonimato de sus contactos políticos".
    Lo decisivo para conocer si fue asesinato o suicidio sería saber si el hecho de que "la oficina del fiscal de los Estados Unidos se apropió de un archivo altamente secreto sobre Yockey" importó más al FBI que al propio Yockey...


    Sobre los años posteriores al proceso de Núremberg de la vida de Yockey, esto se encuentra en la Wikipedia francesa, de la que traduzco:

    ...
    El periodo de posguerra


    Después de establecer un bufete de abogados privado, Yockey logró asegurar un puesto en el Tribunal de Crímenes de Guerra, y se fue a Alemania con el equipo legal estadounidense para juzgar a nazis de segunda categoría en Wiesbaden. "Sin lugar a dudas, su intención era ayudar a algunos de los acusados" 6. Yockey se rebeló, tocando himnos alemanes al piano en el club de oficiales y, después de una confrontación con el fiscal Robert Jackson, fue despedido. Desde ese momento fue señalado por el FBI y por varias ramas de la inteligencia militar, los cuales tendrán grandes dificultades para localizar a Yockey durante los siguientes 15 años; sólo el FBI mantuvo un registro de más de mil páginas.

    En 1947, el servicio de contrainteligencia del Ejército de EE. UU. allanó la casa de Yockey en Alemania, pero Yockey ya había huido. Luego fue a Irlanda, a una posada aislada en Brittas Bay, donde en seis meses terminó su gran libro Imperium, que fue publicado bajo el seudónimo de Ulick Varange. Este libro, publicado originalmente en dos volúmenes, recoge sus pensamientos sobre filosofía de la historia, política (democracia, liberalismo, marxismo) y sobre el concepto de civilización. Rechazado por los principales editores, en particular debido a pasajes con fuertes connotaciones antisemitas (donde describió a los judíos como "distorsionadores de la civilización" 7), tuvo que conformarse con un editor confidencial, Westropa Press (con apenas 1.000 copias para la primera edición). En Europa, Julius Evola y Maurice Bardèche se hace eco del ensayo de Yockey.

    Con su manuscrito inédito, Yockey marchó a Londres, donde buscó a Sir Oswald Mosley, líder fascista de antes de la guerra, que había regresado a la política como líder del Movimiento de la Unión, llamando a una Europa unida. Yockey obtuvo un puesto remunerado como organizador de la Sección de contactos europeos del Movimiento de la Unión, lo que le permitió establecer contactos con nacionalistas en toda Europa.

    El FBI informó en ese momento: "Yockey estaba persiguiendo su objetivo de establecer muchos contactos a través del Movimiento de la Unión y establecer un círculo a su alrededor".

    Su contacto principal en el M.U. en ese momento era Guy Chesham. Su principal contacto alemán fue Alfred Franke-Kriesche, asesor alemán del M.U. y jefe del Bruderschaft, que tenía vínculos con la inteligencia soviética y que desaparecería durante una misión a Berlín Oriental.

    Con un grupo de seguidores en el M.U., Yockey comenzó a oponerse a lo que él veía como la orientación pro-estadounidense y anti-rusa de Mosley, que parece haber terminado en violencia física entre Yockey y Mosley en un mitin en Hyde Park. Esto proporciona una base para lo que un informe del FBI describió como "un nuevo movimiento político con una orientación oriental favorable: recomendar el neutralismo y la actividad extremista antiamericana". Esta reevaluación del papel de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en Europa, cuya política hacia Alemania fue más conciliadora, y la reevaluación del papel de Estados Unidos como la influencia más negativa, también fue la misma posición respaldada por veteranos alemanes como Otto Remer y el Partido Socialista del Reich, y otros más tarde. Yockey pretendía en particular luchar contra la influencia de la comunidad judía, que consideraba intrínsecamente extranjera (extranjero cultural o extranjero cultural) para Europa. En 1952, las purgas de las que varios miembros judíos del Partido Comunista fueron víctimas en Checoslovaquia le parecieron un buen augurio, ya que parecían indicar una ruptura de la Unión Soviética con el "judaísmo" y hacer posible una alianza con Rusia.

    En 1948, los amigos de Yockey, en particular la baronesa Alice von Pflugle, recaudaron fondos suficientes para publicar Imperium. El Frente de Liberación Europea se fundó en la casa de la baronesa en 1949. Durante la reunión de fundación, Yockey pidió la formación de un movimiento de resistencia clandestino en Alemania que apoyaría cualquier futura acción militar soviética contra el Estados Unidos y otras potencias aliadas ocupantes en Alemania occidental. El movimiento se distinguió sobre todo por la publicación en 1949 de un texto virulento escrito por Yockey, el Manifiesto de Londres, que pedía a Europa que se uniera y denunciara el "materialismo" y la "judería estadounidense" (American-Jewry) y expuso su concepción del judío como un elemento extraño y destructivo dentro de la cultura europea 8. Se publicó un pequeño boletín, Frontfighter, durante varios años, que seguía publicando comunicados de prensa de Yockey, mientras Yockey viajaba por Europa y entraba y salía de los Estados Unidos mientras operaban los servicios de inteligencia. y el FBI intentó sin éxito mantenerlo bajo vigilancia.

    En 1950, Yockey regresó a Alemania y trabajó para la Cruz Roja Americana hasta 1951. Ese año fue a Italia para organizar una delegación extranjera para el congreso fundador del Movimiento de Mujeres Italianas, una rama del movimiento social neofascista italiano. y pronunció un discurso en el congreso. El mismo año fue a Canadá con un fascista italiano, buscando crear una revista llamada Cuarto Frente. También querían ayudar al renacimiento del movimiento fascista canadiense, el contacto principal de Yockey en Canadá era Adrien Arcand, quien dirigió un gran partido antes de la guerra y que fue internado durante la Segunda Guerra Mundial. Bajo vigilancia, sus conversaciones fueron reportadas al FBI, mientras que el Consulado General de los Estados Unidos en Montreal recomendó una investigación sobre Yockey por actividades subversivas y la cancelación de su pasaporte.

    Por un tiempo, en 1950, Yockey logró quedarse en los Estados Unidos, donde trabajó brevemente con el Partido Cristiano Nacionalista de Gerald L.K. Smith, aunque tuvo una mala opinión del Movimiento de Smith y de toda la derecha estadounidense. Según su colega H. Keith Thompson, "Yockey veía a los Estados Unidos como un pozo negro. No los respetaba ni a ellos ni a ninguno de sus obstinados políticos ... despreciaba especialmente la derecha estadounidense, porque había tenido experiencia de primera mano en la organización de Smith ... ".

    En 1951, un miembro del movimiento Joseph McCarthy se acercó a Yockey, y se organizó una reunión con el senador anticomunista que quería que Yockey escribiera un discurso para él, trabajo por el cual se le pagaría.
    H. Keith Thompson, un veterano activista que había estado involucrado con el movimiento Bund americano-alemán antes de la guerra y que trabajó para la inteligencia alemana, conoció a Yockey en 1952. Yockey y Thompson fueron presentados por el nacionalista alemán Frederick Weiss, veterano de la Primera Guerra Mundial que sirvió en el Alto Mando del Kaiser y llegó a Estados Unidos poco después de la guerra. La impresión inicial de Thompson fue que Yockey era "un joven muy agradable y apasionado" y fuertemente antiamericano.

    Thompson presentó a Yockey a George Sylvester Viereck, poeta y escritor germano-estadounidense que alguna vez fue considerado el principal propagandista pro-alemán en los Estados Unidos.

    Entre el influyente entorno social de Viereck, Yockey se reunió con figuras notables como los historiadores revisionistas Charles Callan Tansill y Harry Elmer Barnes en cenas organizadas por Thompson.

    La actividad principal de Thompson en ese momento era como agente extranjero para el Partido Socialista del Reich del General Otto Remer, y para su liberación. Yockey se unió a Thompson en sus esfuerzos en nombre de Remer (después de haber conocido a Remer en Alemania), quien quedó impresionado con el Imperio de Yockey (al igual que el ex as de la aviación alemana Hans-Ulrich Rudel). Yockey, desconocido por las autoridades, fue registrado bajo el nombre de Frank Healy para actuar como representante de la ERP.

    En 1952, Thompson y Yockey escribieron una carta al Secretario de Estado de los Estados Unidos, Dean Acheson, en nombre del Comité de Justicia Internacional, solicitando una intervención estadounidense para la liberación de los llamados "criminales de guerra" y el cese del hostigamiento contra el general Remer. Grandes pasajes de la carta eran del estilo de Yockey:

    "El movimiento nacionalsocialista alemán era solo una forma, y una forma provisional, del gran e irresistible movimiento que expresa el espíritu de nuestro tiempo, el resurgimiento de la autoridad. Este movimiento es la afirmación de todas las tendencias culturales y todos los instintos humanos que el liberalismo, la democracia y el comunismo niegan. El resurgimiento de la autoridad tiene un aspecto interior y otro exterior. El aspecto interior fue mencionado en el párrafo anterior. Su aspecto externo es la creación de la Nación-Imperio-Estado-Europea, y por lo tanto la reafirmación del papel de Europa ordenado por la historia, el de la fuerza de colonización y organización del mundo entero. Este papel es históricamente necesario y ninguna otra fuerza en el mundo puede reemplazar a Europa por este poderoso Destino ... O Europa trae paz y orden al mundo, o el mundo permanecerá en la oscuridad y el caos. "

    El general Remer fue proclamado como representante de "esta gran misión".

    La principal forma de expresión literaria de Yockey en los Estados Unidos fue a través de los boletines publicados por James Madole del Partido del Renacimiento Nacional, donde escribió bajo el nombre de Weiss. Por este tiempo, el FBI notó un marcado cambio en la antigua actitud antisoviética de Weiss, declarándose "a favor del punto de vista soviético hasta cierto punto", y se pensó que Weiss podría recibir el apoyo financiero soviético. El FBI también sabía que los escritos de Weiss en ese momento fueron escritos por Yockey.

    En 1952, Yockey regresó a Europa, llevando mensajes de Thompson para Remer y el Partido Socialista del Reich. Ese año, dice Thompson, "mientras estaba en Alemania del Este, Yockey estaba fascinado por el juicio por traición a los ex líderes comunistas checos, que él vio como un cambio importante". Once de estos líderes eran judíos, descritos por las autoridades como "sionistas" y "aventureros sionistas". Yockey fue a Praga y asistió a las sesiones. Creía que "predijeron una ruptura de Rusia con los judíos", una opinión que expuso en su artículo "¿Qué esconde el ahorcamiento de los once judíos en Praga?" 9. De hecho, esta predicción se justificó por el hecho de que el último miembro judío del presidium soviético, Lazar Kaganovich, había sido despedido en 1953 (después de haber simpatizado con Israel durante la guerra de 1948-1949, la URSS cambió de bando y apoyó a los nacionalistas árabes en conflictos posteriores). Yockey creía que el estalinismo había purgado la influencia judía del comunismo soviético. Pasó el resto de su vida tratando de forjar una alianza entre las fuerzas mundiales del comunismo y la red internacional de extrema derecha de la que formaba parte, con el objetivo de debilitar o derrocar al gobierno de los Estados Unidos.

    Según Thompson, Yockey le dijo que sirvió como mensajero para la inteligencia checa durante la década de 1950. Esto no es sorprendente, teniendo en cuenta la alianza con Rusia recomendada tanto por Yockey como por el PRS de Remer, para arrinconar la hegemonía estadounidense en Europa. A cambio, la URSS estaba interesada en acomplejar a Alemania Occidental al apoyar a los movimientos fascistas, de lo que resultó en una relación simbiótica. Yockey también apoyó los diversos regímenes autoritarios emergentes del Tercer Mundo para desafiar la hegemonía mundial y el sionismo estadounidense. Tuvo una actitud favorable hacia Fidel Castro, fue a Cuba y tuvo cierta asociación con un periodista vinculado al gobierno cubano, llamado Rodrigues (habló del surgimiento de los regímenes del Tercer Mundo en su último texto "El mundo en llamas", poco antes de su muerte).

    Al regresar a Nueva York después del juicio en Praga, Yockey habló a Thompson y Frederick Weiss sobre la situación detrás del Telón de Acero, del aparente cambio en la política soviética que influía en otros miembros de la derecha, principalmente Madole y del periódico antisionista y católico “Common Sense »; sin embargo, la mayoría de la derecha estadounidense, desde conservadores hasta nazis, siguió fielmente la línea antisoviética de la Guerra Fría.

    En julio y agosto de 1953, el FBI informó que Yockey había reaparecido en El Cairo, escribiendo propaganda antisionista para el gobierno egipcio de Gamal Abdel Nasser, con quien el general Remer ahora estaba estrechamente relacionado.

    Detención y muerte

    Al regresar a Estados Unidos en junio de 1960, Yockey fue a la casa de un amigo, Alex Scharf. Yockey había perdido una maleta y llamó al aeropuerto para encontrarla. Mientras tanto, sin embargo, los trabajadores del aeropuerto abrieron la maleta y encontraron tres pasaportes falsos e informaron a las autoridades. El 8 de junio, agentes del FBI allanaron la casa de Scharf y encontraron a Yockey. Se resistió, cerró de un portazo la mano de un oficial, escapó, pero fue atrapado en la calle.

    El fiscal Joseph Karesh fijó una fianza excepcionalmente alta de 50,000 dólares contra Yockey, aparentemente siguiendo instrucciones de Washington. Si bien el FBI inicialmente declaró a la prensa que era un "caso misterioso", y los periódicos tenían titulares sobre "el hombre misterioso" con tres pasaportes, la prensa lo describió pronto como "un fascista importante". con conexiones internacionales ". La Liga Anti-Difamación, una importante asociación judía estadounidense, describió a Yockey como "la figura más importante del fascismo mundial de hoy día"

    Yockey SE SUICIDÓ tomando una cápsula de cianuro mientras estaba en una celda de la prisión en San Francisco el 17 de junio de 1960.

    La prensa señaló que "la oficina del fiscal de los Estados Unidos se apropió de un archivo altamente secreto sobre Yockey "; un archivo "cargado de dinamita" según declaró un agente del FBI...
    Última edición por ALACRAN; Hace 1 semana a las 12:37
    juan vergara y ReynoDeGranada dieron el Víctor.
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: Francis P. Yockey, muerto por escribir “Imperium” contra los vencedores de 1945

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Gracias Alacrán por este valioso aporte que desconocía.
    No tengo dudas que no se suicido sino que lo asesinaron y lamentablemente se quedaron con su archivo.

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