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Tema: El mito de Abraham Lincoln

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    El mito de Abraham Lincoln

    EL MITO DE ABRAHAM LINCOLN


    EL GRAN CENTRALIZADOR
    El mito de Abraham Lincoln se derrumba en medio de una gran polémica

    Luis Miguez Macho


    En una obra que ha armado revuelo en Estados Unidos, Thomas DiLorenzo recuerda que el presidente que ganó la Guerra de Secesión no defendía la igualdad racial y ejerció poderes de dictador.


    30 de enero de 2009


    La toma de posesión del primer presidente de color (mulato, se le llamaría en otros tiempos) de los Estados Unidos de América, Barack Obama, ha estado rodeada de referencias a su predecesor en el cargo Abraham Lincoln, que ha pasado a la historia como el gran emancipador, por haber puesto fin a la esclavitud en el país por medio de una sangrienta guerra civil. Ello renueva inevitablemente la curiosidad histórica por el personaje de Lincoln, y le voy a ofrecer al lector un pequeño aperitivo para que se dé cuenta de lo complicada que resulta la cuestión: el político de Kentucky pertenecía al por entonces recién creado Partido Republicano, como George Bush, mientras que Obama es del Partido Demócrata, al que se adscribían los sureños partidarios de la esclavitud a los que se enfrentó Lincoln.

    Este simple dato debería suponer por sí solo una advertencia y una llamada de atención para el público español, al que desde los medios de comunicación algunos creadores de opinión sobrados de sectarismo y de ignorancia le han acostumbrado a aplicar nuestro esquema derecha-izquierda al bipartidismo estadounidense. Una buena forma de disipar estas nieblas es informarse un poco sobre la historia de los Estados Unidos, y nada mejor que empezar por conocer bien la figura de Lincoln y los términos en los que se planteaba el antagonismo ideológico entre demócratas y republicanos a mediados del siglo XIX.



    El Instituto Juan de Mariana, una institución privada española que defiende un liberalismo cercano al libertarismo estadounidense, ha publicado recientemente a través de Unión Editorial un polémico estudio sobre Lincoln elaborado por Thomas J. DiLorenzo, profesor de economía en la Universidad de Loyola de Maryland. El título de la obra es toda una declaración de intenciones sobre lo que el lector va a encontrar en sus páginas: El verdadero Lincoln. Una nueva visión de Abraham Lincoln, su programa y una guerra innecesaria.


    Para quien haya tenido la oportunidad y el interés de indagar con un mínimo de seriedad en la historia estadounidense, la mayoría de los datos que aporta el profesor DiLorenzo no son nuevos; sí puede serlo la postura furibundamente crítica con la política de Lincoln que el autor defiende desde presupuestos ideológicos libertarios. Pero el lector que no tenga otras referencias sobre el pasado de los Estados Unidos que las que suministran el cine y los medios de comunicación debe prepararse para recibir una sorpresa morrocotuda.


    Empezaré resumiendo esos datos, bastante incontrovertibles, para luego comentar la posición de DiLorenzo, que sí admite más matizaciones.



    Los orígenes de los demócratas y los republicanos


    Lo que el autor nos revela sobre Lincoln es que la imagen popular del mismo como campeón de los derechos civiles y gran emancipador de esclavos es sustancialmente falsa. Lincoln, como la mayoría de la población del Norte de los Estados Unidos, era contrario a la esclavitud y no la quería ni en sus Estados ni en los nuevos territorios que se integraban en la Unión, pero eso no significa, ni mucho menos, que fuera partidario de la igualdad racial, ni que se tratase de un abolicionista radical dispuesto a imponer por la fuerza la emancipación de los esclavos en el Sur.

    Por consiguiente, la verdadera causa de la Guerra de Secesión no fue el problema de la esclavitud, sino la agudización de la tensión que se planteó desde los primeros momentos de la Revolución Norteamericana entre los partidarios de la soberanía y de los derechos de los Estados, representados por las figuras de Thomas Jefferson y James Madison y agrupados en el partido que primero se llamó Republicano-Demócrata y luego Demócrata a secas, y los partidarios de un gobierno federal fuerte, seguidores del pensamiento de Alexander Hamilton, que pasaron sucesivamente por el Partido Federalista fundado por aquél, por el Partido Whig y, finalmente, ya en la época de Lincoln, formaron el Partido Republicano.



    Este debate sobre la forma de Estado se mezclaba inseparablemente con otro de política económica, el que enfrentaba a librecambistas y proteccionistas, el cual no era en absoluto privativo de los Estados Unidos, sino que se daba también en Europa, España incluida. Los demócratas, defensores de los intereses del Sur agrícola que exportaba algodón e importaba productos manufacturados, eran librecambistas, mientras que los republicanos, representantes de los intereses de las industrias del Norte, apoyaban el proteccionismo, que suponía un reforzamiento de los poderes del Gobierno federal, porque, según la Constitución, era éste quien podía imponer y recaudar los aranceles a las mercancías extranjeras.


    El proteccionismo de los republicanos iba unido a la defensa del llamado "fomento interno", que no era otra cosa que la inversión pública en infraestructuras, bien mediante su construcción directa, bien mediante subvenciones a las compañías privadas de transportes marítimos y ferroviarios, así como a la creación de un banco nacional que monopolizase la emisión de papel moneda. Todo ello los situaba, al menos en el plano de la política económica, en lo que hoy llamaríamos izquierda, si consideramos que el liberalismo económico es la derecha.



    La dictadura de Lincoln


    En noviembre de 1860, Lincoln ganó frente a otros tres candidatos las elecciones presidenciales con sólo un cuarenta por ciento de los votos populares, obtenidos prácticamente todos en los Estados del Norte de la Unión. Cuando los Estados del Sur reaccionaron con la secesión, se planteó la cuestión constitucional, que ya se había discutido con anterioridad y que se sigue debatiendo hasta hoy, de si en una federación como la norteamericana los Estados que la forman tienen el derecho de separarse de ella.

    Lincoln, en todo caso, lo tuvo claro y decidió usar la fuerza de las armas para impedir la secesión, iniciando la guerra civil. En definitiva, la Guerra de Secesión no se hizo para liberar esclavos, sino para obligar a los Estados del Sur a volver a la Unión y sentar el principio de la indisolubilidad de ésta.


    Pero las consecuencias políticas fueron mucho más allá. Lincoln asumió durante la guerra poderes dictatoriales; en particular, suspendió la garantía del habeas corpus, lo que permitió al Gobierno federal detener sin control judicial a cualquier opositor político, ya fuese partidario de la secesión o del apaciguamiento con los confederados y, de la misma manera, la libertad de imprenta se vio fuertemente restringida. En un Congreso sin los representantes del Sur ni otros opositores, los republicanos pudieron sacar adelante su programa de manera íntegra, con el consiguiente reforzamiento de los poderes del Gobierno federal en detrimento de los Estados.


    Las acusaciones de DiLorenzo


    Desde su perspectiva libertaria, el profesor DiLorenzo es fuertemente crítico con el programa político de los republicanos decimonónicos, tanto en lo que se refiere a la centralización del poder como en el terreno económico. Está en su derecho, desde luego, pero algunas de las críticas que dirige contra Lincoln se resienten de un excesivo apasionamiento partidista.


    Como ya he dicho, la cuestión de si en una federación existe el derecho de secesión es controvertida y probablemente no merezca la misma respuesta cuando la Unión se acaba de formar que ochenta años después, que fue cuando se produjo la secesión de los Estados del Sur. En todo caso, la postura de Lincoln en defensa de la integridad de la Unión no es monstruosa y merece, al menos, el mismo respeto que la de quienes dieron su vida por los derechos de los Estados del Sur.


    En cuanto a los poderes dictatoriales que asumió Lincoln durante la guerra, son inevitables en una situación de excepción como ésa (si se quiere ganar, claro) y lo que no dice el profesor DiLorenzo es que en la Confederación se aplicaron medidas similares contra los partidarios de la Unión. Sí son censurables los métodos de guerra que algunos generales del Norte (los mismos que luego exterminarían a los indios de las praderas) utilizaron, seguramente con la anuencia del presidente, y que supusieron un verdadero ensañamiento contra la población civil no combatiente del Sur, pero en este punto el autor peca del defecto muy estadounidense de no ser capaz de distinguir entre la guerra entre Estados regida por el Derecho internacional público y la guerra civil, en la que el enemigo es, al mismo tiempo, un rebelde, es decir, un criminal de Derecho común.


    En fin, parece ciertamente injusto cargar sobre Lincoln la responsabilidad de los abusos cometidos durante la llamada "Reconstrucción" del Sur, eufemismo con el que se conoce el periodo de ocupación militar al que fueron sometidos los Estados vencidos y que duró hasta 1877. Esos abusos y sus consecuencias, que envenenaron las relaciones raciales en el Sur hasta prácticamente la actualidad y provocaron como reacción que el Partido Republicano se viese reducido a la marginalidad en los Estados afectados durante casi un siglo, son innegables, pero es que Lincoln, como todo el mundo sabe, fue asesinado antes de terminar la guerra y, aunque sea legítimo especular sobre lo que habría hecho o dejado de hacer si llega a sobrevivir a la misma, no lo es imputarle culpas que no le corresponden.



    Demócratas y republicanos hoy


    Durante el siglo XX, las posiciones de republicanos y demócratas se invirtieron en muchos terrenos. Los antaño partidarios del fortalecimiento del poder federal se volvieron defensores de un gobierno reducido, mientras que quienes se batieron por los derechos de los Estados se convirtieron en firmes baluartes de la intervención pública en múltiples ámbitos de la vida económica y social. Más compleja todavía es la evolución de ambos partidos en materia de política exterior, que no me puedo detener a desarrollar aquí.


    Como consecuencia de esa larga historia, el Partido Demócrata y el Partido Republicano de los Estados Unidos tienen muy poco que ver, en cuanto a estructura e ideología, con los partidos políticos a los que estamos acostumbrados en Europa. Ruego, por tanto, al lector que no se deje engañar por quienes pretenden llevar las aguas a su molino vendiendo simplificaciones absurdas.


    Abraham Lincoln es un mito en su país y sólo así cabe comprender que un presidente de color jure sobre la Biblia de quien siempre defendió la supremacía de la raza blanca. Libros como el de DiLorenzo ayudan a poner las cosas en su sitio, pero, para entenderlos bien, hay que situarlos en un contexto ideológico que a los europeos nos resulta bastante ajeno.


    http://www.elsemanaldigital.com/arti...articulo=92275
    ReynoDeGranada dio el Víctor.

  2. #2
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    Respuesta: El mito de Abraham Lincoln

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Parte de la carta de Abraham Lincoln a la nación:


    “El hombre no debe preocuparse de su muerte con tal que muera en su puesto de honor y deber. Pero puedo agregar que tengo el presentimiento que moriré a través de la mano de un asesino. El papa y los Jesuitas, con su infernal Inquisición, son los únicos poderes organizados en el mundo que tienen como recurso la daga del asesino, para asesinar a quienes ellos no pueden conquistar con la espada o convencer con sus argumentos. Desgraciadamente, yo siento mas y mas cada día, que no es en contra de los americanos del Sur, solamente, contra quienes estoy luchando, es más en contra del Papa de Roma, sus pérfidos Jesuitas y sus ciegos y sanginarios esclavos. Esta guerra civil parece ser sólo un asunto político para quienes desconocen la verdadera naturaleza de las cosas. Pero es más una guerra religiosa que una guerra civil. Roma quiere gobernar y degradar el Norte, así como ha gobernado y ha degradado el Sur, desde el mismo día de su descubrimiento. Son pocos los líderes del sur que no están bajo la influencia de los Jesuitas, a través de sus esposas, relaciones familiares y sus amigos varios miembros de la familia de Jeff Davis pertenecen a la Iglesia de Roma. Pero es muy cierto que si el pueblo americano supiera lo que yo sé, del odio feroz de los sacerdotes de Roma, contra nuestras instituciones, nuestras escuelas, nuestros más sagrados derechos, y nuestras amadas y atesoradas libertades, ellos los echarían de entre nosotros o los ejecutarían como traidores. La historia de éstos últimos mil años nos nuestra que dondequiera que la Iglesia de Roma se encuentre ha sido una daga para herir el pecho de una nación libre, ella es una piedra a su cuello para paralizarla, y prevenir su adelanto por los caminos de la civilización, ciencia, inteligencia, felicidad y libertad. Esta guerra nunca habría sido posible sin la influencia siniestra de los Jesuitas. Nosotros se lo debemos al papado, el hecho que ahora nosotros vemos nuestra tierra enrojecida con la sangre de sus hijos más nobles. Aunque había grandes diferencias de opinión entre el Sur y el Norte sobre el problema de la esclavitud, ni Jeff Davis, ni cualquiera de los lideres de la Confederación se habrían atrevido a atacar el Norte, sino fuese por haber confiado en las promesas de los Jesuitas. Con la máscara de la Democracia, las armas de los Católico Romanos y las armas de Francia, el Sur nos atacó. El Profesor Morse me ha contado sobre las conspiraciones iniciadas en la misma ciudad de Roma para destruir a esta República. El pueblo no sabe cómo los sacerdotes, las monjas, y los monjes que llegan diariamente a nuestras costas, bajo el pretexto de predicar su religión, de instruir personas en sus escuelas, cuidar de enfermos en sus hospitales, son nada más que emisarios del Papa, de Napoleón y de los otros déspotas de Europa, para socavar nuestras instituciones, para apartar los corazones de nuestro pueblo de nuestra constitución, y nuestras leyes, destruir nuestras escuelas, y preparar un reino de anarquía aquí como lo han hecho en Irlanda, en México, en España, y donde quiera que estén personas que quieran ser libres".


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  1. 26/08/2009, 01:30

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