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Tema: La Concepción “castellana” De EspaÑa

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    Avatar de Paco
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    La Concepción “castellana” De EspaÑa

    LA CONCEPCIÓN “CASTELLANA” DE ESPAÑA


    En 1921 Ortega y Gasset escribía en su España invertebrada una frase terrible: «Castilla ha hecho a España y Castilla la ha deshecho.»

    Difícilmente ,hubiera podido acuñarse una sentencia más errónea, más injusta y más perjudicial. En esa frase, dictada desde un frívolo esteticismo literario, desde la soberbia de la cultura centralista -la que el profesor Aranguren ha llamado la cultura establecida en Madrid-, que ignora olímpicamente las realidades culturales de las provincias y regiones de España, se condensa toda la falsa mitología de Castilla: la historia castellana de España, la concepción castellana del país, la España castellana, en una palabra la identificación y confusión de Castilla con el Estado español. España es hechura de Castilla y tanto las glorias como los excesos y responsabilidades del Estado han de atribuirse a Castilla.

    Por consiguiente, la Castilla hegemónica, de vocación universal e imperial, es responsable del unitarismo, del centralismo, del imperialismo, de la opresión y sojuzgamiento de los otros pueblos españoles y, en definitiva, del fracaso de la historia española, al no haberse logrado una fecunda articulación de España.

    Este es el pensamiento de Ortega y, en general, de los escritores de la generación del 98, sobre una Castilla literaria, inventada y falsa. Así, Unamuno escribirá que Castilla fue la que en España llevó a cabo la unificación; Castilla ocupaba el centro y el espíritu castellano era el más centralizador, a la par que el más expansivo, el que para imponer su ideal de unidad, se salió de sí mismo; Castilla se puso a la cabeza de la monarquía española y dio tono y espíritu a toda ella; paralizó los centros reguladores de los demás pueblos hispánicos, inhibiéndoles la conciencia histórica en gran parte; les echó en ella su idea, la idea, del unitarismo conquistador, y esta idea se desarrolló y siguió su historia.

    Es obvio que se trata solamente de literatura. Pero es lamentable su ligereza, la falta de rigor y fundamento que la caracteriza. Esos juicios nada tienen que ver con la realidad histórica, con la función que Castilla ha desempeñado verdaderamente en la historia de España. Porque Castilla, el pueblo y el estado castellano -cuando éste ha existido- ni ha ejercido ninguna dominación ni ha oprimido a los otros pueblos españoles. Castilla ha sido la primera víctima, y una de las más sacrificadas, del Estado español.

    Ortega desarrolla la mitificación de Castilla como creadora de España hasta extremos increíbles, por lo disparatados. «Porque no se le dé vueltas: España es una cosa hecha por Castilla y hay razones para ir sospechando que en general sólo cabezas castellanas tienen órganos adecuados para percibir el gran problema de la España integral. Desde un principio se advierte que Castilla sabe mandar. No hay más que ver la energía con que acierta a mandarse a sí misma. Ser emperador de sí mismo es la primera condición para imperar a los demás. Castilla se afana por superar en su propio corazón la tendencia al hermetismo aldeano, a la visión angosta de los intereses inmediatos, que, reina en los demás pueblos ibéricos. Castilla acertó á superar sus propios particularismos e invitó a los demás pueblos para que colaboraran en un gigantesco proyecto de vida común. Inventa Castilla grandes empresas incitantes, que pone al servicio de grandes ideas jurídicas, morales, religiosas, y dibuja un plan sugestivo de orden social.»

    Esta pretendida sublimación de Castilla es perfectamente falsa. Como lo es el papel subalterno, estrecho y mezquino que Ortega adjudica, de modo tan gratuito como poco, integrador, a los otros pueblos españoles. Los castellanos no estamos más ni menos calificados que los otros españoles para entender a España y para concebir una patria entera y solidaria, ni nuestra visión histórica ha sido más universal y lúcida que la de los demás.

    Castilla es un pueblo sencillo, modesto y llano; que a lo largo de su historia lo que ha manifestado es una acusada tendencia a la igualdad social; a la consideración y respeto de la dignidad y libertades de las personas; a los usos democráticos, vividos realmente en la convivencia cotidiana de sus comunidades; a la regulación foral, es decir autonómica, de los diferentes organismos sociales que han integrado el país. Precisamente por su instinto igualitario y democrático, los castellanos no se han planteado nunca la aspiración de mandar a los demás; y, entiéndase bien, no les han mandado.

    Cuando Ortega insiste en el absolutismo castellano, en que el imperio español es un imperio castellano y en que España es lo que Castilla quiso que fuera -.«la misión de Castilla fue reducir a unidad las variedades peninsulares»- está confundiendo lamentablemente a Castilla, al pueblo castellano, con , el Estado español. Castilla protagonizó su propia historia -pueblo y reino castellano- hasta el siglo xIII, cuando se produce la unión definitiva; de las coronas de León y Castilla. Entonces Castilla es absorbida por el nuevo Estado global, que realmente es la monarquía leonesa, con su política señorial e imperial, diametralmente opuesta a las tradiciones castellanas. En esa monarquía, núcleo de la que habría de ser el Estado español, Castilla es sólo uno de los pueblos sujetos a sus estructuras de poder, como lo están igualmente los vascos, leoneses, asturianos, gallegos, extremeños, manchegos, andaluces, murcianos o canarios; y, andando el tiempo, los pueblos de América.

    Decir que ese imperio absolutista es «castellano» nos parece demasiado; o, más claro, imperdonable. Porque la verdad es muy distinta. Dicho con palabras de Bosch-Gimpera, el ilustre historiador catalán, la verdad es que «Castilla, la auténtica, fue también víctima de la misma superestructura estatal que los demás pueblos españoles. No fue Castilla la que realizó la unidad, sino un Estado, herencia del imperialismo de los reyes leoneses, que con su ambición de dominio dificultaron el acuerdo y que en realidad se superpuso a los pueblos españoles y a la misma Castilla, que fue la que primero perdió sus libertades democráticas». Y en otro lugar, saliendo al paso de la fantasía castellanista, de la España castellana de Ortega, añade: «No creemos que la aventura religiosa de Europa y las guerras de Flandes fuesen nunca una idea del pueblo de Castilla: eran sólo delirios de Felipe II. En cuanto a las demás empresas incitantes, como las de matar y expulsar judíos y moriscos, difícilmente las creeríamos inventadas por Castilla.»

    Lo curioso, y lo contradictorio, de Ortega es que, después de alabar la superioridad de las concepciones castellanas respecto de los otros pueblos peninsulares -según su particular retórica-, llegan otros momentos en que cuelga a los castellanos sambenitos tan odiosos como injustos. «Frente al yerro, la hoguera; contra el disidente, el acero, y para el hereje, la castellanisima fórmula de la Inquisición.» ¿Dónde quedaron las grandes empresas incitantes y los grandes ideales que se dicen promovidos por Castilla? ¿Qué culpa tienen los castellanos de la Inquisición? Acaso convenga recordar aquí que el Santo Oficio no tuvo existencia en el reino de Castilla, a diferencia de otros países españoles, hasta que a finales del siglo xv se fundó la moderna Inquisición de España.

    También yerra Ortega cuando pontifica sobre la supuesta vocación universal de Castilla. «Universalismo o nada, tal es el lema de Castilla», dice. Pero cabe preguntar, ¿de qué Castilla habla Ortega? ¿Se refiere a los pueblos castellanos o a las ambiciones de la corona llamada de León y Castilla, es decir del Estado español? No veo por ninguna parte la «vocación universal» de los castellanos ni su interés por los horizontes imperiales. Por el contrario, me parece más bien que los castella­nos --como los vascos, nuestros primos hermano - somos un pueblo limitado, quizá excesivamente localista, que centramos nuestro interés fundamental en el entorno humano de que formamos parte. Tal vez sea un efecto del sentido de la dignidad y del propio valer que tienen los hombres de esta tierra. La comunidad humana en que vivimos es nuestro pequeño mundo, prácticamente completo, en el que nos sentimos realizados y a gusto; y es difícil para los castellanos remontar ese horizonte. Su pueblo y su comarca son su verdadera casa, donde ese agota todo su interés. Más allá de este ámbito naturalmente abarcable, necesitamos un esfuerzo de reflexión, y de ahí, entre otras razones, las dificultades con que tropezamos en Castilla, sin ir más lejos, para un despertar de la conciencia regional.

    Debemos dar nuestro parecer de que Ortega no ha entendido a Castilla: ni a su tierra ni a su pueblo. Una y otra vez identifica a Castilla con la meseta, con la llanura horizontal e inacabable; que, por cierto, no es castellana sino leonesa o manchega. Ortega ignora la Castilla montañesa y serrana, la de las altas tierras, páramos, macizos y sierras que forman la base geográfica del país castellano. «Castilla es ancha y plana, como el pecho de un varón; otras tierras, en cambio, están hechas con valles angostos y rendondos collados, como el pecho de una mujer», dice en El Espectador. Pero la realidad es que esta región, la auténtica Castilla, no es ancha ni plana, sino que conforma un país predominantemente montañoso, movido y diverso, integrado por la cordillera cantábrica, los densos macizos de las sierras celtibérícas y los accidentados escarpes, surcados de valles y serrezuelas, que descienden hacia las mesetas de León y La Mancha.

    El desconocimiento de Castilla, la confusión de este país con otras regiones -Tierra de Campos o La Mancha- le lleva a calificar a Castilla como campo de soledades. «Hay comarcas que despiden al hombre del campo y lo recluyen en la ciudad. Esto acontece en Castilla; se habita en la villa y se va al campo a trabajar bajo el sol, bajo el hielo, para arrancar a la gleba áspera un poco de pan. Hecha la dura faena, el hombre huye del campo y se recoge en la ciudad. De esta manera se engendran las soledades' castellanas, donde el campo se ha quedado solo, sin una habitación o humano perfil durante leguas y leguas».

    ¿Qué Castilla es ésta, qué Castilla está viendo el es­critor? Desde cualquier lugar de la verdadera Castilla es fácil divisar tres o cuatro pueblos, aldeas o caseríos. Cer­canos están los unos a los otros, bien visibles las torres y, a veces, como dándose la mano. Labriegos, pastores, guar­das, cazadores o trajinantes pueblan este campo y sus caminos. La soledad no puede aquí medirse por leguas. Sólo ahora, en la postración en que ha sido sumida esta tierra, decrece la vieja animación campesina y se apa­gan los cantos de arada que resonaban de besana en be­sana; o los de escardo o de siega o de acarreo.

    Ortega se recrea en el tópico del campo castellano desolado. «En Castilla el campo es mudo; campo sin can­ciones en la imperial lontananza de la meseta.» Pala­bras huecas, retórica vacía. Pero el escritor cree -como el ofuscado poeta de la primera época machadiana­que se trata de un pueblo de «atónitos palurdos sin dan­zas ni canciones». La realidad es otra. Ni la tierra es triste ni el pueblo está pasmado. Es un pueblo despierto y creador. Su folklore musical es de los más ricos y va­liosos de España.

    La idea de la Castilla mesetaria es buena para elu­cubraciones literarias en torno a un supuesto hombre castellano que poco tiene que ver con la realidad. «El aire de la meseta, seco y esencial -escribe la vacua, pero brillante fantasía de Ortega-, toca una y otra vez con sus dedos sutiles de hipnotizador las pobres fibras de nuestros nervios y las va poniendo tensas, tirantes, vi­brantes como cuerdas de arpa, como trenzas de ballesta, como jarcias de nave atormentada. Cualquier cosa, la más leve, nos hace retemblar de los pies a la cabeza. El castellano queda de esta suerte convertido en un apara­to peligroso: para él vivir es dispararse. Acaso sea injus­to pedirnos otra cosa que obras excesivas y actos de exal­tación para la mayor gloria de Dios, el dios terrible de Castilla, se entiende, que pasa en agosto a horcajadas sobre el sol, recorriendo sus dominios. Dicen algunos que merced a eso tenernos los castellanos cierta gloriosa pro­pensión al heroísmo.»

    Este hombre imperial, heroico, nervioso, agitado, des­mesurado y violento me parece que no es el verdadero hombre que puebla y trabaja la tierra de Castilla. Nada es aquí terrible ni atroz ni desmedido. Los castellanos son un pueblo sosegado y discreto.

    Por su parte, Unamuno conecta su pensamiento, con­tradicciones y paradojas con Ortega. Don Miguel ve en Castilla un paisaje monoteístico, un campo infinito en que, sin perderse, se achica el hombre y en que se siente en medio de la sequía de los campos sequedades del alma.
    «Recórrense a las veces leguas y más leguas desiertas sin divisar apenas más que la llanura inacabable donde verdea el trigo o amarillea el rastrojo» (En torno al cas­ticismo). Pero en otros momentos Unamuno se corrige y cantará a una tierra de Castilla que es nervuda y se levanta en la rugosa palma de su mano; y, con más asien­to, reconoce el genuino paisaje castellano; «La idea ge­neral corriente se figura a Castilla como un vasto pára­mo donde amarillea el rastrojo, monótono, tendido, ári­do; apenas se tiene en cuenta que Castilla está llena de sierras bravas y que su espina central, entre las cuencas del Duero y del Tajo, esa cordillera que ensarta las sierras de Guadarrama, Gredos, Béjar, Francia y Gata, es lo más hermoso que puede verse.»

    La concepción de la España «castellana», la, idea pseu­docastellana de España, ha permanecido generalizada y como un lugar común en los medios de la cultura espa­ñola instalada en Madrid. El mismo Menéndez Pidal su­cumbe al tópico y en La España del Cid escribe que «sin duda, la idea tan repetida de que Castilla creó a España tiene mucho de cierto, como lo tienen casi todas las ideas corrientes. Castilla, sobre todo desde el siglo XIII, sobre­salió entre las, otras comarcas hermanas por ver las co­sas que atañen a la vida total de España con una vehe­mencia y generosidad superiores, y es cierto que, desde el siglo xv, logró y dirigió la unificación política moder­na. Por eso se cree que la idea de España es una invención castellana, y hasta entre los doctos en historia está arrai­gada la opinión de que durante la edad media no había ni asomos de un concepto unitario en la Península.»

    Don Ramón olvida que, precisamente desde el si­glo xIII, con la unión definitiva de ambas coronas, Casti­lla ha perdido su personalidad política al ser absorbida, por la monarquía de León, cuyos esquemas políticos y sociales eran opuestos a las tradiciones democráticas de la sociedad castellana, y que en adelante el Estado, aun­que usurpe el nombre de Castilla, no es castellano. Y se contradice cuando, unas líneas más adelante, cae en la cuenta de que «la idea nacional española tenía, durante la alta edad media, una permanente expresión política en el carácter de emperador que se atribuía al rey leonés, como superior jerárquico de los demás soberanos de Es­paña. No fue, pues, Castilla sino León el primer foco de la idea unitaria después de la ruina de la España goda».

    El tópico de la «España castellana» ha sido particu­larmente asumido, como idea picuda, que diría Ganivet, en los pueblos periféricos, particularmente Cataluña. Esa falsa idea ha servido para el sufrimiento de estos pue­blos, para dar lugar a un sentimiento de marginación y frustración respecto de España, y por lógica vía de re­torsión, para utilizarla como arma arrojadiza contra Cas­tilla y para fomentar una insolidaridad española.

    Los catalanes se han sentido históricamente oprimi­dos por Castilla, precisamente por esa su incierta iden­tificación con el Estado español. He aquí que los caste­llanos, siendo realmente las primeras víctimas del cen­tralismo del Estado, que primero les ha vaciado de sus instituciones y cultura propias, y últimamente les ha puesto en situación de dependencia y coloniaje, al servi­cio del crecimiento económico de las áreas más desarro­lladas del país, expoliando a Castilla de todos sus recur­sos humanos y económicos, aparecen como los opresores de Cataluña. Difícilmente podrá darse una mayor injus­ticia.

    Pero es natural que los catalanes se sientan dolidos con el planteamiento castellanista de España. Porque, como ha escrito recientemente, refutando a Ortega, un distinguido catalán, el profesor Trías Fargas, «¿me quie­ren decir ustedes qué misión se reserva en esa España supuestamente de todos a esos catalanes tan aldeanos, de visión tan angosta e interesada, tan herméticos y ce­rrados?»
    El prejuicio de Cataluña contra Castilla -no contra la genuina, que han ignorado, sino contra esa ficticia Castilla forjadora de España, elaborada por el 98 y la cultura de Madrid- es una constante del pensamiento y la actitud catalanista y ha mantenido una atmósfera de incomprensión y recelo que ha dificultado gravemen­te la integración cordial y fecunda de los pueblos de Es­paña.

    Pi y Margall escribe en Las nacionalidades que «Cas­tilla fue, entre las naciones de España, la primera que perdió sus libertades. Esclava, sirvió de instrumento para destruir las de los otros pueblos; acabó con las de Ara­gón y las de Cataluña bajo el primero de los Borbones».

    Antonio Rovira y Virgili, en El nacionalismo catalán, afirmaba que «es pueril negar el carácter de dominación castellana que tiene el actual régimen centralista de España»; se trata de la España castellana y los senti­mientos hostiles de los catalanes, en épocas determina­das, «se han dirigido contra España, o contra Castilla, por sentirse heridos o vejados por ella». Rovira estima que cuando «los unitaristas castellanos» han concebido un plan de unidad española, no han tenido en cuenta las variedades peninsulares, sino que se han limitado a unificar la Península, sometiéndola a la manera de ser de Castilla. «Al hablar del alma española no piensan más que en el alma castellana. Su España, en realidad, no es más que Castilla.»

    Rovira y Virgili padece la consabida confusión entre Castilla y las estructuras de poder del Estado español; bien opuestas, por cierto, al genio castellano. Rovira cen­tra su atención en el programa de Gobierno que el conde-­duque de Olivares exponía a Felipe IV: «Hay que reducir todos los reinos de la Corona al estilo y leyes de Castilla.» Pero Rovira no cae en la cuenta de que estas llamadas «leyes de Castilla» son las de la monarquía española, no las del pueblo castellano. El derecho foral de Castilla, ha­bía sido liquidado en un proceso que se inicia con las dis­posiciones anticomuneras de Fernando III y Alfonso X, se continúa con la recepción del derecho romano a través de las Partidas y la imposición del Fuero Real y se consuma con el Ordenamiento de Alcalá y las leyes de Toro, que consagran absolutamente la aplicación del de­recho real y excluyen los fueros y costumbres de la tierra.

    Don Manuel Azaña, -en el famoso discurso de las Cons­tituyentes, que pronuncia en la discusión del Estatuto de Cataluña en 1931, reivindica la Castilla auténtica y po­pular, que no ha intentado nunca esclavizar a los otros pueblos españoles ni ha ejercido sobre ellos esa preten­dida hegemonía.

    En el mismo debate parlamentario Sánchez Albornoz sale al paso del terrible apóstrofe orteguiano -Castilla ha hecho a España y Castilla la ha deshecho- y corrige: Castilla hizo a España y España deshizo a Castilla. Esta frase es sólo parcialmente exacta. Como venimos dicien­do, Castilla, no ha creado a España, que, para bien o para mal, es obra de todos. Pero es desgraciadamente cierto que España, mejor dicho el Estado español, a través de sus formulaciones históricas, ha deshecho a Castilla, y, ;para rematar, en la última versión padecida, ha expoliado al pueblo castellano dejándole en trance de muerte colectiva.

    En los últimos años Julián Marías viene predicando una tercera proposición: Castilla se hizo España. Dice que la empresa de «hacer España» consistió muy prin­cipalmente en que Castilla se hizo España descastella­nizándose como forma particular: Castilla se transfor­ma, pierde su castellanla exclusiva, se españoliza y al hacerse España, «fundó la primera nación moderna e inventó las Españas». Por eso entiende Marías que Cas­tilla no puede ser castellanista --«porque dejaría de ser castellana»- y no puede haber un nacionalismo caste llano. La misión que atribuye a Castilla es la de afir­marse como potencia de españolización.

    En este momento histórico en que los pueblos es­pañoles se esfuerzan afanosamente por encontrar su propia identidad -desfigurada por siglos de opresio­nes-, para articular entre todos una España solidaria, Marías reserva a Castilla, el extraño papel de prescindir de sí misma y dedicarse a proyectar la hispanización de los demás. Es decir, en una palabra, a continuar ejer­ciendo el supuesto protagonismo --poco grato a los pue­blos hermanos- de la «Castilla española».

    Otra vez vuelve a ignorarse que Castilla no es el poder central, ni las estructuras de Madrid, ni el reino de Castilla y León. Castilla es un pueblo, o si se quiere una región -así lo reconoce Marías, por lo que su pen­samiento en este tema se mueve en un marco de contra­dicciones--, y carece de sentido atribuirle en exclusiva tanto las glorias como los errores y abusos del poder es­pañol.

    La moderna historiografía catalana ha revisado en profundidad los viejos prejuicios anticastellanos y ha venido a encontrarse con la realidad histórica, popular y cultural de la auténtica Castilla: un pueblo renova­dor y progresivo, imbuido de un sentido igualitario y democrático de la vida, que cuando consigue emanci­parse de la monarquía de León y fundar su propio es­tado, da lugar a la primera democracia europea. Con la anexión de Castilla a la corona llamada castellano-leo­nesa, germen del Estado español, Castilla pasa a ser sólo una de las partes sujetas a una estructura global de poder. El pueblo castellano no ha oprimido a nadie.

    El mismo Rovira y Virgili rectifica su concepto de Castilla. En 1938 pronuncia en el Ateneo de Barcelona, estas nobles palabras: «Yo no he acusado nunca a Cas­tilla de la caída de Cataluña. Yo he acusado a la mo­narquía. No fue Castilla la que oprimió a Cataluña, sino la Casa de Austria. Yo siempre he creído que Castilla es un gran pueblo, propicio a las más nobles gestas. Cataluña y Castilla son dos pueblos de un gran espíri­tu, excelentemente dotados para acometer y llevar a término grandes empresas.»

    En definitiva, estas empresas, y en primer lugar la de una articulación fraterna y fecunda de la comunidad española, son las que se ofrecen, y de las que sin duda son capaces, a todos los pueblos que la integran, y que habrán de llevarla a cabo en pie de igualdad.

    La clave radica en el interrogante que se hacía Bosch­Gimpera: ¿Dónde está la verdadera España y su verda­dera tradición, en la que pueden hermanarse todos, leo­neses, asturianos, gallegos, vascos, castellanos, extre­meños, manchegos, andaluces, murcianos, canarios, ca­talanes, aragoneses y valencianos? En España hay que buscarla debajo de las estructuras que la han ahogado secularmente.

    Manuel González Herrero, Segovia 1983
    Última edición por Paco; 22/03/2007 a las 19:32 Razón: acentos

  2. #2
    tautalo está desconectado Uno más... que no se rinde
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    re: La Concepción “castellana” De EspaÑa

    Quisiera añadir al enjundioso artículo que no sólo Ortega y Gasset, estimado Paco.

    Gabriel Celaya, el poeta comunista vasco, también culpaba a Castilla de ser una vieja gloria agotada.

    "¡Textos del 98!
    Cementerios, vean, vean.
    Esto produce divisas.
    Castilla es muy pintoresca.
    Pero España no es Castilla.
    Pero España se rebela
    contra esa muerte exhibida
    del pueblo y tierras secas"

    (De negocios en Tierra-Muerta)

    Así le llamaba Celaya a Castilla: Tierra-Muerta. Habla Celaya también de una Castilla que los "vascos" (como más iberos, según él) tienen que conquistar.

    "¡Castilla, o te conquistamos,
    venciendo tu muerte muerta,
    o acabarás por llevarnos
    al "nada vale la pena"!

    En 1978 concede una entrevista al diario El País, en la que Celaya comenta su libro de poesías "Iberia sumergida" (¿le suena a alguien por las canciones del grupo de rock zaragozano Héroes del Silencio?). El libro en cuestión "...es un libro de poesía -dice Celaya- histórica en torno al sometimiento, por parte del Estado español, de las primitivas tribus iberas, que eran autónomas. Iberia y el Estado Español estaban en contradicción; Iberia era lo más auténtico y el Estado Español una construcción con la que se trataba de desmontar las comunidades tribales. En lugar de reorganizarlas lo que hizo fue negarlas."

    Es una injusticia lo que se comete con Castilla, confundiendo maliciosamente a Castilla con los estragos de la desestructuración causada por el Estado liberal que emergiera de la calamitosa victoria de los liberales en el siglo XIX. El Estado liberal es el culpable. No Madrid, ni Castilla...

    Personalmente, como andaluz de Jaén, me siento orgulloso de que se nos tome como a los andaluces "más castellanos", aunque sin descartar la contribución leonesa, aragonesa y vasco-navarra a la Andalucía de la gloriosa Reconquista.

    Un saludo!


  3. #3
    Avatar de Ordóñez
    Ordóñez está desconectado Puerto y Puerta D Yndias
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    re: La Concepción “castellana” De EspaÑa

    Tan injusto veo el tratamiento que los noventayochistas dieron a Castilla, como las apreciaciones que se hacen de la Inquisición o cierto rintintín con respecto al modelo " imperial/señorial " leonés.

  4. #4
    Gothico está desconectado Miembro Respetado
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    re: La Concepción “castellana” De EspaÑa

    Tanto la crítica a la calamitosa generación del 98, como a Ortega y como a otra gente de ese orden, encierran un peligro gravísimo: y es que para criticarles y hacer ver sus errores y disparates hay que pelear con armas semejantes y entrar de lleno en las telarañas de distorsión histórica que ellos, alegremente, tienden, con peligro de aceptar, inadvertidamente, sus premisas en lo que tienen también de falsas.

    Porque la crítica del articulista en cuanto ataque y descalificación a las tesis disparatadas de Ortega y Gasset es válida.
    Pero hay un problema de fondo: y es que aceptando los postulados del articulista, a secas, la historia de España resulta hasta cierto punto incomprensible.
    Además se está partiendo, por uno y otro, como de una especie de proceso a la historia de toda España (incluida Castilla) desde la perspectiva de la derrota y del ajuste de cuentas de los responsables del fracaso histórico del proyecto.
    Es una especie de “sálvese quien pueda”, ante el tribunal de la historia. Todos los dedos apuntan a Castilla: y Castilla, por boca del articulista, suelta lastre: “Castilla (la Vieja, claro) no ha sido la mala, ha sido la “monarquía leonesa”, luego los Austrias etc., pero asume, con Ortega, que hubo algún “malo” oficial (aunque no Castilla)

    Nudo del problema:
    Increíblemente, se olvidan aquí (¿por menosprecio? ¿por ignorancia?) los grandes hitos históricos hispánicos: la Reconquista, la colonización de América y la defensa española del papado y del catolicismo contra la herejía luterana.
    Pero es que en aquellos tiempos gloriosos, nada ni nadie imponía límites (ni imaginarlo siquiera) ni a Castilla ni a España ni a León ni a Aragón, ni a América, ni al Catolicismo, ni al Papado (…salvo a Portugal, pueblo que se sabe selecto, exclusivo y elegido por Dios para misiones navegatorio-místico-divinas de mayor calado aún, y debe velar por su pureza, protegiéndose de castellanos y de otras inmundicias peninsulares ); pero ni moros, ni indios, ni herejes, ni cordilleras, ni océanos frenaban a aquellos españoles.
    En fín: que se trataba siempre de crecer y aumentar. Todo era lo mismo, DABA IGUAL: gloria y más gloria; heroísmo y más heroísmo…
    Ni el Catolicismo ni España, ni Castilla ni León ni Aragón… tuvieron jamás límites territoriales prefijados de antemano, como el artículista sí parece sugerir.

    Pero para la época de Ortega, la decadencia llegaba ya a unos extremos tan espantosos que esos hitos gloriosos y heroicos (que no tienen parangón en la historia de la humanidad más que con las conquistas de Alejandro Magno) había que borrarlos de las cabezas y hasta de la historia de las regioncitas de España (tan buenecitas ellas…). Y los nuevos caciquitos regionales que ya levantaban cabeza tras la constatación de la debacle del proyecto hispánico.
    Algunos (Ortega entre ellos) asumían la “debacle” y se hacían “regeneradores” de España diciéndoles a los propios españoles ser España la peor birria de Europa. Y que había que imitar lo europeo (en eso seguimos aún, y ya irremisiblemente).
    Otros, los separatistas incipientes iban más lejos: independizar regioncitas, para parecerse ellas solitas mejor a los europeos… en su odio a lo español, claro.

    Y, como continuación de la cadena de despropósitos, en este caso, el articulista disculpa a Castilla frente a Ortega (pero asumiendo la decadencia y la nulidad de aquellas glorias pasadas).
    Ni mención de la Reconquista ni de la colonización de América, sin las cuales Castilla (ni el resto de España, por supuesto) es ininteligible.

    Mi opinión:
    Me parece que defender una Castilla raquítica ( o sea, la llamada “Castilla la Vieja”, que es la que el autor sólo parece considerar) basada sólo en la peculiaridad remotísima del hecho foral y en el victimismo (aunque ello es verdadero en cierto sentido), aparte de mutilada y antihistórica, es entrar de lleno y aceptar el derrotismo de los enemigos de España y de su historia.
    Y lo prueba el hecho de que mientras la palabra “Castilla” era sinónimo de grandeza y gloria (hasta el siglo XIX) nadie se acordaba ni por lo más remoto del hecho foral.
    Ni de dónde ni cuando empezaba o acababa Castilla… ni de cuáles eran sus límites en el tiempo o en el espacio (cuestión que ahora preocupa muchísimo, por lo visto)
    Ahí está literatura y los textos políticos de la época de los Austrias y Borbones.

    De hecho, sólo cuando campea definitivamente la debacle del proyecto hispánico y se asume el “sálvese quien pueda”… empieza a resucitarse (artificialmente, por supuesto) el hecho foral y los “estatutos de autonomía” , aparecen las fronteritas internas y se buscan culpables de la ¡¡catástrofe!! (vivir para ver) padecida por Castilla…

    Pero bueno, como el artículo no dice propiamente nada falso y es básicamente una crítica a Ortega y Gasset lo daremos por bueno.
    No obstante, al articulista se le sobreentiende viciado por el mismo fenómeno que él critica (aunque en sentido contrario): que acepta todos los disparates y tonterías de Ortega y Gasset sobre España, y lo único que hace es exculpar de ellos a Castilla. Más concretamente a Castilla la Vieja.
    Última edición por Gothico; 23/03/2007 a las 20:10

  5. #5
    Avatar de Paco
    Paco está desconectado Miembro Respetado
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    re: La Concepción “castellana” De EspaÑa

    Cita Iniciado por Gothico Ver mensaje
    Ni el Catolicismo ni España, ni Castilla ni León ni Aragón… tuvieron jamás límites territoriales prefijados de antemano, .
    Flipante, vamos que usted es un ciudadano del mundo....

    Frente a un modelo de Castilla, usted no opone el suyo ni nada, sino que se esconde en plabaras grandilocuentes. Le reto publicamentea que nos explique que es Castilla para usted y entonces podramos entrar en debate.

    Me temo que el problema es que ni usted lo sabe, o quizás si, pero el problema es que sus postulados estarían mas acordes en otros foros mas azulados.

    Pues si, Castilla se puede delimitar hasta pueblo a pueblo si se quiere.

    Y si, claro que en el siglo XIX había gente reivindicando el pasado foral (o los restos forales que quedaban en Castilla) como el boticario de ALmazán , ELias Romera, con su imprescindible obra "Venerandas municipalidades castellanas"

    Claro que en el siglo XIX la mayoria de sus paisanos hablaban otra lengua distinta (eso si, todos nos considerabamos españoles). Uniformismo a tope.

    En fín, a cuidarse.

  6. #6
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    re: La Concepción “castellana” De EspaÑa

    Frente a un modelo de Castilla, usted no opone el suyo ni nada, sino que se esconde en plabaras grandilocuentes. Le reto publicamentea que nos explique que es Castilla para usted y entonces podramos entrar en debate.
    Yo te he retado ya antes a que me digas qué hacía Alfonso VIII en las Navas de Tolosa fuera de la Castilla foral liándose a batallitas con los moros en Despeñaperros.
    Respóndeme tú primero, que llevo tres días esperando.

    Y si, claro que en el siglo XIX había gente reivindicando el pasado foral (o los restos forales que quedaban en Castilla)
    Quise decir hasta el fin del Antiguo Régimen (principios del siglo XIX)

    Pues si, Castilla se puede delimitar hasta pueblo a pueblo si se quiere.
    A posteriori puede ser. Pero yo escribí "prefijados de antemano" .

    ¿Cual es el último pueblo a que se acordó en aquel tiempo que "Castilla" llegara, y que de allí hacia el sur no pasara nunca porque esa tierra ya no sería considerada Castilla?

    ¿Puede conocerse el documento o el pacto en cuestión?

    Entonces que hacían reyes que se decían castellanos cabalgando y viviendo en Sevilla, Cordoba y Jerez?
    Y si no eran castellanos y eran ¿leoneses camuflados? ¡no? (¡Dios mío, qué paciencia) ¿por qué los municipios y los concejos castellanos puros no los fulminaban y destituían nombrando a otros reyes más acordes con la foralidad?
    ¿en qué quedamos? porque si consentían, democráticamente además, a reyes ¿"leoneses"? ¿de qué se quejaban luego?
    ¿o es que esos reyes tenían sojuzgada y oprimida a Castilla?... ¡¡pero si estaban todo el tiempo en Andalucía...!! ¡menuda opresión! ¿no?

    Por cierto Paco seguro que las Navas de Tolosa de tu rey Alfonso VIII estaban en la Castilla foral ¿no?
    No me has contestado todavía qué pintaba tan lejos de tu Castilla un rey foral, metiéndose casi por las "Andalucías".
    Le tirarían de las orejas cuando volvió ¿no?
    (Los demás reyes posteriores no te los cito porque ya sé que me dirás que eran leoneses camuflados bajo el rótulo de Castilla, montando una conspiración ...de siete siglos).

    Pero esta historia de purezas "castellanas", traiciones y conspiraciones ¿de dónde demonios viene? ¿sabe alguien de dónde parte? ¿de los Carretero?
    Yo es que alucino.
    Dicen algo sobre estas conspiraciones los historiadores de renombre como Menéndez Pidal o Maravall o Menéndez Pelayo, o Sanchez Albornoz?
    ¿O también son conspiradores? Sí, claro, vendidos al enemigo leonés...
    Y yo, modestamente, soy otro enemigo leonés conspirador en este foro.

    Qué penita.
    Esto, en lenguaje técnico se llama paranoia.

    No tengo más remedio que repetir lo que ya escribí más arriba:
    De hecho, sólo cuando campea definitivamente la debacle del proyecto hispánico y se asume el “sálvese quien pueda”… empieza a resucitarse (artificialmente, por supuesto) el hecho foral y los “estatutos de autonomía” , aparecen las fronteritas internas y se buscan culpables de la ¡¡catástrofe!! (vivir para ver) padecida por Castilla…
    Última edición por Gothico; 24/03/2007 a las 02:47

  7. #7
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    re: La Concepción “castellana” De EspaÑa

    Pero esa Castilla no es raquítica, sino la real, por encima del " hecho literario ". Defender una " Gran Castilla " lo único que nos crea es problemas. No se trata de " fronteritas ", sino de realidades regionales, muy loables de defender siempre y cuando no se reniegue de España. " Aragón " también era un símbolo de grandeza dentro de las Españas.

  8. #8
    Avatar de Paco
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    re: La Concepción “castellana” De EspaÑa

    Gothico:

    Hasta que tengas el valor de explicar al foro qué es para ti Castilla, no te contesto más. Ya que aqui yo ya he expuesto mi idea (que coincide con las histórica del carlismo por cierto) es justo que tu hagas lo mismo.

    En todo caso, crudo lo tienes en Zamora con semejantes despropósitos.

    A cuidarse...

  9. #9
    JLP
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    Respuesta: La ConcepciÓn “castellana” De EspaÑa

    A ver: estoy mirando viejas aportaciones al tema así que me permito removerlos un poco (con permiso de los foreros).

    Al respecto de lo hablado en éste hilo, yo me quedo con la frase de D. Claudio: "Castilla hizo a España y España la deshizo". ¡Cuanta verdad¡ Castilla, el burro que cargaba con todo, desde los impuestos a los soldados para, al final de los finales, "ni agradecido ni pagado". Esto da mucho que pensar, sí. Al final, los tres desembarcos de los que habla D. Claudio quizás fueron un despropósito y mejor no hubieran tenido lugar. Es una idea (quizás no sea éste el foro adecuado para exponerla sin riesgo a una pública lapidación pero....)

  10. #10
    Escuela de Sara está desconectado Miembro Respetado
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    Respuesta: La ConcepciÓn “castellana” De EspaÑa

    Sé que alguien se me enfadará por poner este poema, pero me encanta y no creo que refleje demasiado mal ciertas cosas:

    (A ORILLAS DEL DUERO)

    Mediaba el mes de julio. Era un hermoso día.
    Yo, solo, por las quiebras del pedregal subía,
    buscando los recodos de sombra, lentamente.
    A trechos me paraba para enjugar mi frente
    y dar algún respiro al pecho jadeante;
    o bien, ahincando el paso, el cuerpo hacia adelante
    y hacia la mano diestra vencido y apoyado
    en un bastón, a guisa de pastoril cayado,
    trepaba por los cerros que habitan las rapaces
    aves de altura, hollando las hierbas montaraces
    de fuerte olor —romero, tomillo, salvia, espliego—.
    Sobre los agrios campos caía un sol de fuego.

    Un buitre de anchas alas con majestuoso vuelo
    cruzaba solitario el puro azul del cielo.
    Yo divisaba, lejos, un monte alto y agudo,
    y una redonda loma cual recamado escudo,
    y cárdenos alcores sobre la parda tierra
    —harapos esparcidos de un viejo arnés de guerra—,
    las serrezuelas calvas por donde tuerce el Duero
    para formar la corva ballesta de un arquero
    en torno a Soria. —Soria es una barbacana,
    hacia Aragón, que tiene la torre castellana—.
    Veía el horizonte cerrado por colinas
    obscuras, coronadas de robles y de encinas;
    desnudos peñascales, algún humilde prado
    donde el merino pace y el toro, arrodillado
    sobre la hierba, rumia; las márgenes del río
    lucir sus verdes álamos al claro sol de estío,
    y, silenciosamente, lejanos pasajeros,
    ¡tan diminutos! —carros, jinetes y arrieros—
    cruzar el largo puente, y bajo las arcadas
    de piedra ensombrecerse las aguas plateadas
    del Duero.

    El Duero cruza el corazón de roble
    de Iberia y de Castilla.
    ¡Oh, tierra triste y noble,
    la de los altos llanos y yermos y roquedas,
    de campos sin arados, regatos ni arboledas;
    decrépitas ciudades, caminos sin mesones,
    y atónitos palurdos sin danzas ni canciones
    que aun van, abandonando el mortecino hogar,
    como tus largos ríos, Castilla, hacia la mar!

    Castilla miserable, ayer dominadora,
    envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora.
    ¿Espera, duerme o sueña? ¿La sangre derramada
    recuerda, cuando tuvo la fiebre de la espada?
    Todo se mueve, fluye, discurre, corre o gira;
    cambian la mar y el monte y el ojo que los mira.
    ¿Pasó? Sobre sus campos aún el fantasma yerra
    de un pueblo que ponía a Dios sobre la guerra.

    La madre en otro tiempo fecunda en capitanes
    madrastra es hoy apenas de humildes ganapanes.
    Castilla no es aquella tan generosa un día,
    cuando Myo Cid Rodrigo el de Vivar volvía,
    ufano de su nueva fortuna y su opulencia,
    a regalar a Alfonso los huertos de Valencia;
    o que, tras la aventura que acreditó sus bríos,
    pedía la conquista de los inmensos ríos
    indianos a la corte, la madre de soldados,
    guerreros y adalides que han de tornar, cargados
    de plata y oro, a España, en regios galeones,
    para la presa cuervos, para la lid leones.
    Filósofos nutridos de sopa de convento
    contemplan impasibles el amplio firmamento;
    y si les llega en sueños, como un rumor distante,
    clamor de mercaderes de muelles de Levante,
    no acudirán siquiera a preguntar ¿qué pasa?
    Y ya la guerra ha abierto las puertas de su casa.

    Castilla miserable, ayer dominadora,
    envuelta en sus harapos desprecia cuanto ignora.

    El sol va declinando. De la ciudad lejana
    me llega un armonioso tañido de campana
    —ya irán a su rosario las enlutadas viejas—.
    De entre las peñas salen dos lindas comadrejas;
    me miran y se alejan, huyendo, y aparecen
    de nuevo ¡tan curiosas!... Los campos se obscurecen.
    Hacia el camino blanco está el mesón abierto
    al campo ensombrecido y al pedregal desierto.

  11. #11
    JLP
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    Respuesta: La Concepción “castellana” De EspaÑa

    Bueno, D. Antonio decía ésas cosas (y muchas otras, claro) y se quedaba tan ancho. Ni que decir tiene que NO comparto ésas elucubraciones.

    Por otra parte, yo siempre he preferido a su hermano D. Manuel (a la vista está, ¿no?)

  12. #12
    Avatar de Josean Figueroa
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    Respuesta: re: La Concepción “castellana” De EspaÑa

    Cita Iniciado por Paco Ver mensaje
    Gothico:

    Hasta que tengas el valor de explicar al foro qué es para ti Castilla, no te contesto más. Ya que aqui yo ya he expuesto mi idea (que coincide con las histórica del carlismo por cierto) es justo que tu hagas lo mismo.

    En todo caso, crudo lo tienes en Zamora con semejantes despropósitos.

    A cuidarse...
    Excusa que me meta en una conversación ajena, pero Góthico tiene toda la razón: Castilla no estaba delimitada de ANTEMANO. Parece que no has querido entender lo que eso significa. Castilla, cuando comenzó como condado de la corona astur-leonesa, no tenía los límites actuales, ni había una concepción de lo que castilla debiese ser o incluir territorialmente. Castilla, según evolucionaba durante la reconquista, variaba en extensión. Cuando era corona separada antes de la unión con Aragón, significaba algo distinto a lo que significa Castilla en la actualidad, y aún contemporáneamente sus límites pudiesen variar dependiendo de la concepción que se tenga.

  13. #13
    Avatar de txapius
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    Respuesta: re: La Concepción “castellana” De EspaÑa

    Cita Iniciado por Josean Figueroa Ver mensaje
    Excusa que me meta en una conversación ajena, pero Góthico tiene toda la razón: Castilla no estaba delimitada de ANTEMANO. Parece que no has querido entender lo que eso significa. Castilla, cuando comenzó como condado de la corona astur-leonesa, no tenía los límites actuales, ni había una concepción de lo que castilla debiese ser o incluir territorialmente. Castilla, según evolucionaba durante la reconquista, variaba en extensión. Cuando era corona separada antes de la unión con Aragón, significaba algo distinto a lo que significa Castilla en la actualidad, y aún contemporáneamente sus límites pudiesen variar dependiendo de la concepción que se tenga.
    ¿De que Castilla hablamos? ¿Del Reino de Castilla o de la Corona de Castilla?

    Entiendo que son dos realidades completamente diferentes.
    Última edición por txapius; 11/09/2009 a las 19:09

  14. #14
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    Respuesta: La Concepción “castellana” De EspaÑa

    Lo cierto es que Castilla históricamente, aunque fuera sólo por extensión y por demografía, ha tenido un peso que no han tenido las demás regiones, y esto es lo que le dio en su momento un mayor empuje o un papel más destacado. Por eso por ejemplo su lengua se extendió a los demás lugares de España, Castilla influyó más sobre las demás regiones que a la inversa. Por la extensión y la población de cada reino peninsular fue más fácil que el castellano penetrara en el resto de reinos que no lo contrario, y es esto lo que da a Castilla un lugar central (no por razones políticas).

    A partir de este hecho surge la polémica de si España es obra o no de Castilla; mi opinión no es que Castilla haya querido tener un afán centralizador y haya hecho o haya querido hacer ella sola España (que es lo que pueden dar a entender ciertas frases de Ortega o Unamuno), ni que otros lugares no tengan ningún papel importante (que lo tienen), es que Castilla es el "actor principal" si se me permite la expresión. Los factores geográficos y demográficos ejercen una especie de gravitación cultural, y no puede ignorarse el papel central de Castilla, entendido éste de una manera cultural y no política (centralista).

  15. #15
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    Respuesta: La Concepción “castellana” De EspaÑa

    Ortega, según lo entendí yo al leer España Invertebrada, lo que afirma es que fue Castilla la que supo unir a toda España, la que supo encabezar un "proyecto" que los demás quisieron seguir porque era más justo y noble; y se extiende durante buena parte de su ensayo en explicar por qué los grupos humanos se aglutinan en torno a quien tiene una mayor excelencia por deseo de parecerse a él. Y así es como explica que España es obra de Castilla. Personalmente no creo que Castilla tuviera una mayor excelencia que el resto de reinos de la Península, yo creo que su mayor extensión y población hace por sí solo que predomine más; aunque reconozco que es difícil basar la influencia que tuvo Castilla en criterios cuantitativos.

  16. #16
    Avatar de Josean Figueroa
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    Respuesta: re: La Concepción “castellana” De EspaÑa

    Cita Iniciado por txapius Ver mensaje
    ¿De que Castilla hablamos? ¿Del Reino de Castilla o de la Corona de Castilla?

    Entiendo que son dos realidades completamente diferentes.
    Precisamente, ese es el punto: Castilla no es una entidad definida, si no varias entidades (no dos) que han evolucionado a traves de la historica.

  17. #17
    Avatar de Corgos
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    Respuesta: La Concepción “castellana” De EspaÑa

    Personalmente, este tema y o sus variantes me llenan de pesadumbre. Cuando veo que estas discusiones bizantinas consumen tanta energía en un foro como este, adalid del hispanismo, y foco de una resistencía singular contra la mundalización y el nuevo orden mundial.

    España se muere, o ha muerto ya, y nuestra religión pasa en Europa los peores momentos desde la Alta Edad Media, y nosotros qué hacemos, no trabajar para crear una comunidad militante que frene en todos los frentes este mundo corrupto, mediocre, y maligno en el que nos ha tocado vivir, sino que intentamos, y este hilo es un meridiano ejemplo de ello, adoptar parte de los discursos del enemigo, con el afán de no ser presentados con los tipicos insultos y descalificaciones con los que el sistema nos obsequía.


    No, no somos nazis, ni franquistas, ni azules. Así algunos presentan a España como una realidad cuasi malvada, o al menos su monarquía imperial, que ahogo las ansias de autonomía de Cataluña, de Aragón de Navarra, y ay de la propia Castilla, pero no la Castilla que se hizo imperial en Toledo, ni la castilla que se hace presente en las iglesias de Baeza, con la representación de los escudos nobiliarios que la liberaron para la Cristiandad, ni la Castilla que está enterrada en suelo sagrado en la Catedral de Córdoba, en una hermosa capilla donde "duermen" hasta el día del Juício Final algunas testas coronadas. No, la Castilla oprimida fue la del conde Fernan Gonzalez, con su magra extensión territorial; una Castilla que debe su grandeza, según se leé entre lineas, a sus inquebrantables ideales democraticos a la par que a su ausencia de las Navas, Pavía, Otumba, San Quintín, Lepanto, y la Armada Invencible.

    Así el Gran Capitán, personaje de rancio abolengo castellano, si se me permite la expresión, aunque nacido en Montilla; no mandó en sus míticas empresas italianas a ningún descendiente de aquellos nobles castellanos hijos de las comunidades y los consejos, sino que sus tropas eran gentes provenientes de los reinos andaluces, de la recien reconquistada Granada, del señorio de Vizcaya, eran manchegos y riojanos, aragoneses y mallorquines, en fin de gentes que no entendían la democracía y subyugaron a los napolitanos.

    Podemos desentrañar la existencía de una Castilla pura, primigenía, no contaminada por el apetito imperialista leones, podemos dilucidar entre textos historicos si la comarca de Utiel es manchega o valenciana, podemos analizar hasta la saciedad si la inclusión de tal o cual población en la provincia de Córdoba es una afrenta intolerable hacía el antiguo y bienamado reino historico de Sevilla. Podemos hacerlo, igual que como parte de los monjes bizantinos decían preferir el yugo del Turco a la tiara romana, y el turco llegó para quedarse para siempre. Nuestros turcos están ya aquí, los nacionalismos andaluz, castellano, vasco, catalán, gallego; ellos también hablan de lo malos que fueron los Austrias, y hablan de distribuciones territoriales, han conseguido que se reconozca el derecho nacional de algunos pueblos españoles, somos diecisiete estados cada vez más enfrentados y alejados entre si. No deberíamos hablar nosotros de unión, de suma de voluntades, de respeto por una historía en común, de orgullo por unos hechos inenarrables que están en el tiempo. Me pregunto, ¿no es más valido este último discurso, más necesario, y coherente?



    Un saludo en Xto. Rey

  18. #18
    JLP
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    Respuesta: La Concepción “castellana” De EspaÑa

    "...la Castilla oprimida fue la del conde Fernan Gonzalez..."

    ??????????????????????????????

  19. #19
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    Respuesta: La Concepción “castellana” De EspaÑa

    .

  20. #20
    Avatar de Ordóñez
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    Respuesta: La Concepción “castellana” De EspaÑa

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Los Reyes Católicos, de Luis Suárez (12): Entre Lisboa y Perpiñán

    Autor AMDG on Sábado 5 Septiembre 2009

    Capítulo anterior: Los Reyes Católicos, de Luis Suárez (11): Llanto sobre Granada
    Francia se estaba mostrando enemigo principal de España, retenía territorios de Cataluña (Rosellón) y tenía pretensiones sobre Italia. Fernando trata de cercarla diplomáticamente mediante acuerdos con las casa de Aziz (Portugal), Tudor (Inglaterra) y Habsburgo (Países bajos, Alemania, Austria). Hay que tener en cuenta que Francia era la primera potencia demográfica europea entonces.
    Francia rechazó una propuesta de devolución del Rosellón, situándose en situación de guerra latente. España realizaría la alianza con las otras casas reales mediante enlaces matrimoniales: la primogénita Isabel se casaría en Portugal, Juan y Juana con los Habsburgo, Catalina con el inglés. La hija más pequeña quedaba en reserva, para Portugal. La prioridad, como vemos era Portugal. Sin embargo, saldría todo bastante mal, muertes, infidelidades, infertilidad, divorcios, uxoricidios…
    Don Joao, el marido de Isabel murió al caer del caballo. La reina recibió la noticia en Santa Fe, cuando estaba esperando la rendición de Granada.
    Comentario: Nótese que Castilla y Francia habían sido hasta entonces países amigos, fue Aragón la que introdujo la colisión de intereses y la animadversión. Esto tendría consecuencias nefastas para España, que se vio envuelta en la política mediterránea y sobre todo centroeuropea, abandonando la conquista del norte de África, la continuación natural de la Reconquista, una hazaña histórica única: la supresión de una ideología criminal pseudoreligiosa extremadamente correosa de un territorio donde había arraigado y permanecido durante siglos.
    p. 286: “Francia era abrumadamente superior a España y a las otras potencias que formaban la Cristiandad, de modo que solo ella podía aspirar a dirigirla. (…) Esta aspiración al ejercicio de una jefatura sobre todos los príncipes cristianos orientaba al joven monarca francés hacia la empresa común de la guerra contra los turcos, para la que necesitaba de una sólida base de partida en Italia, como fuera ya el proyecto de Anjou, fracasado por culpa de los catalanes”
    Esto sí que es nuevo para mí. Los castellanos hubieran cedido el mando a los franceses en el mediterráneo y centroeuropea y se hubieran centrado en la empresa atlántica y norteafricana si la unión con Aragón no nos hubiera desviado de nuestro “destino manifiesto”. Cosas de la historia.
    Carlos VIII propuso devolver el Rosellón a cambio de Nápoles. Suárez advierte que la historiografía francesa se queja de que Fernando no aceptó este trato, pero en realidad, Francia estaba obligada a la devolución del Rosellón, entregada como prenda de un préstamo. En todo caso, tras una negociación con amenazas de guerra por parte de Fernando se llega al acuerdo de devolución de Rosellón y Cerdaña a cambio del compromiso de Fernando de no actuar en defensa de Nápoles.

    Categories: España, Historia
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