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Tema: «La Ciencia no sirve para demostrar que Dios no existe»

  1. #1
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    «La Ciencia no sirve para demostrar que Dios no existe»

    «La Ciencia no sirve para demostrar que Dios no existe»

    ÉRIKA MONTAÑÉS



    Carlos A. Marmelada publica el volumen «El Dios de los ateos» en el que expone los sustentos del ateísmo, basados en una «idea de los filósofos clásicos que nada tiene que ver con el Dios católico». Concluye como un latigazo a las conciencias: «No hay argumentos teóricos ni razones objetivas para ser ateo»


    Fotos: Stella Maris para ABC
    Carlos A. Marmelada, el profesor autor del libro



    De la biografía novelada de un «héroe», Juan Pablo II, que bregó «Hasta el último aliento» (Ediciones Sekotia, 2012), a desgranar las claves que fundamentan el ateísmo clásico y el actual. Parece un salto de mata demasiado drástico para un conocedor exhaustivo de la Teología, la Filosofía y las Ciencias de la Educación como Carlos A. Marmelada. No es así, sino que «El Dios de los ateos» (Stella Maris, 2014) es fruto de una evolución coherente, asegura este profesor de la Universidad Internacional de Cataluña.

    Con 27 años de docencia a sus espaldas y cinco publicaciones que le hacen valedor de una de las bibliotecas de conocimiento teológico más amplio del panorama literario nacional, Marmelada (Barcelona, 1962) no pretende desmantelar los sofismas planteados por el ateo con su nueva publicación. Sí lanza empero algunas reflexiones directas al corazón (más bien, a su raciocinio) del no creyente, como que los sustentos intelectuales de este pensamiento no hablan del Dios de los cristianos, es un «dios» imaginado por la idea de filósofos concretos que ha adoptado nuestra cultura. Expone de forma concienzuda las tesis de esos pensadores e introduce un debate de plena actualidad, tras los ataques en «nombre de la fe» perpetrados por yihadistas islámicos contra el semanario francés «Charlie Hebdo». Para el ateísmo, la existencia del mal es la prueba capital de que Dios existe. El autor desbanca ese argumento: precisamente, es al contrario, afirma. «La existencia del mal es la prueba de que Dios existe. Dios tolera la existencia del mal para poder extraer de él bienes» (página 264). Un aforismo tan interesante que obligaría a remodelar los capiteles de las columnas que sujetan el ateísmo de nuestros días. Y otra llamada a la meditación introspectiva de cada cual: «La Ciencia trata procesos materiales. Dios es inmaterial». Ergo, «no hay un solo argumento científico que pruebe que Dios no existe».

    -De acuerdo con su titular del libro, ¿cuál es «el dios de los ateos?


    -El título no alude a los becerros de oro (el poder, el dinero o la fama, por ejemplo) que pueden adorar los que dicen rechazar toda fe religiosa. El título hace referencia al tema central que se trata en el libro. Los ateos dicen que el Dios de los creyentes no existe, ¿pero qué Dios creen los ateos que tienen los cristianos? Cuando se estudia este tema uno se lleva la sorpresa de que el Dios que niegan los ateos no es el Dios creador, personal y providente, del que nos habla el Cristianismo, el Dios Amor de San Juan; sino el Dios concebido por Spinoza o Hegel, que eran panteístas; o el Dios juez riguroso e implacable de Kant, que era fideísta. En fin, los grandes ateos no niegan el Dios que nos enseñan en la catequesis, sino un Dios imposible, el de la teología racionalista y el del idealismo absoluto. En el libro se explica de una forma documentada.

    -Cuando usted apela a la confusión que se da entre los ateos que no especifican, que no identifican a un dios en concreto, ¿a qué dios se refiere entonces el ateo cuando dice que no cree en Dios? ¿No serviría, ortográficamente, con modificar la grafía: es decir, no creen en un dios o no creen en Dios, el Dios de los cristianos, Jesucristo?


    -Cuando los grandes ateos teóricos, como Nietzsche o Sartre rechazan la existencia de Dios, lo hacen porque sostienen que los cristianos decimos que Dios se causa a sí mismo y esto es, efectivamente, imposible. Pero ese es el parecer de Spinoza y Hegel. La Teología Natural, en cambio, sostiene que Dios es la Causa Primera de todo, pero que Él no tiene causa, es la única causa incausada. Por otra parte, dicen que nos equivocamos cuando sostenemos que Dios es el Ser y que esto significa que es la realidad más vacía de todas. Pero nuevamente hay un grave error histórico, porque ésta era la opinión de Hegel. Ya el filósofo griego Aristóteles (siglo IV a. de C.) se percató de que Dios es la plenitud, el ser más rico de todos, el más perfecto y con él, a partir del siglo XIII, la tradición teológica cristiana.

    -En términos personales, cualquiera le diría al autor, al señor Marmelada, que cómo ha pasado de rendir tributo en un excepcional libro, por cierto, al «héroe» Juan Pablo II a hablar sobre los ateos y la falta de creencias por parte de estos…

    -Fue un honor poder publicar la novela biográfica sobre Juan Pablo II. En realidad no he pasado de un tema a otro; sino que, por lo que al actual libro se refiere es el fruto de treinta años de estudio y estoy muy contento y muy agradecido a la editorial Stella Maris que me haya encargado la redacción de este trabajo. En «El Dios de los ateos» no se juzga a nadie, se debaten las ideas. Se respeta a todas las personas, pero se reflexiona en torno a las ideas. Se estudia cuáles son los argumentos teóricos que han esgrimido los grandes ateos y se analiza su validez objetiva. El lector tendrá sorpresas cuando descubra cuáles son esos argumentos. Por otra parte, cuando se investiga los rasgos distintivos del ateísmo actual no se hacen juicios de valor. Si queremos que haya un diálogo fecundo entre la fe cristiana y la cultura actual es necesaria una actitud de gran respeto mutuo. -Ha colaborado también en el libro «60 preguntas sobre ciencia y fe respondidas por profesores de universidad» (Stella Maris, 2014). ¿Cuál es la pregunta digamos «estrella» sobre ciencia y fe que más se hace el ciudadano?

    -Tal vez la pregunta que más se puede planear la gente es la de si la Ciencia puede demostrar verdaderamente que Dios no existe. En fin, si el progreso de la Ciencia hace que resulte innecesaria la Religión. A algunos creyentes les puede generar dudas el hecho de que grandes científicos aduzcan que sus investigaciones les llevan a concluir que Dios no existe. Esto sucede especialmente en el campo de la cosmología, la evolución y la neurociencia. Pero lo cierto es que la Ciencia no sirve para demostrar que Dios no existe. De hecho, otros grandes científicos, como es el caso de Francis Collins (el director del primer equipo en descifrar el genoma humano), sostienen que profundizar en conocimientos científicos de la realidad les ha llevado a creer que debe existir un principio absoluto que es trascendente a la Naturaleza y que es la causa última de todo, el fundamento racional de la realidad que la ciencia, con tanto esfuerzo y éxito, trata de comprender.

    -Plantea usted precisamente en la publicación si la razón y la ciencia han demostrado las tesis del ateísmo. Le traslado el interrogante a usted mismo. ¿Es así, lo han hecho? ¿En qué se fundamenta la consciencia de no creer? ¿Es una mera cuestión: se cree o no se cree y se decide no creer y ya está?

    -No puede existir ningún argumento científico que demuestre que Dios no existe, por la simple razón de que Dios es inmaterial y la ciencia sólo trata con procesos materiales, tránsitos de un estado de materia o energía a otro, por lo que la realidad de Dios cae fuera de su campo de estudio y escapa a todo tratamiento de cualquier método científico. Por otra parte, cuando el lector pueda leer en este volumen los argumentos racionales dados por los ateos para demostrar que Dios no existe sacará sus propias conclusiones acerca de la validez de los mismos. Lo cierto es que la voluntad juega un gran papel a la hora de rechazar la existencia real de Dios. Explicar por qué es así resulta complejo, pero abordo también esta cuestión.


    Portada del libro «El dios de los ateos», de Carlos A. Marmelada

    -¿Es más difícil razonar la existencia de Dios o argumentar la existencia del ateísmo?

    -Lo primero es difícil, lo segundo es imposible. Me explicaré. Los argumentos racionales del ateísmo clásico, el de los filósofos ateos de los siglos XIX y XX, son inconsistentes, hasta el punto de que han sido abandonados, ya no se repiten; los argumentos teóricos de los ateos del siglo XXI han pasado de la Filosofía a la Ciencia. Ahora ya no se dice que Dios no puede existir porque es imposible que el «ens causa sui» de Spinoza y Hegel o el «ens realissimum» de Kant sean entes objetivos. Ahora se dice que Dios no existe porque el Universo no tiene contornos en el espacio y el tiempo, o sea: es eterno (Stephen Hawking) o porque tiene origen pero no causa (Lawrence M. Krauss, cosmólogo). En definitiva, ningún argumento teórico aducido por los no creyentes ha conseguido demostrar que Dios no existe. Por su parte los argumentos racionales a favor de la existencia de Dios esgrimidos desde hace siglos deben ser minuciosamente analizados para poder determinar aquellos que tienen validez probatoria de los que no son adecuados.

    -El subtítulo del libro reza «Las sorprendentes claves del mayor debate de todos los tiempos». ¿Nos daría alguna de esas claves?


    -La primera cosa que sorprende cuando se investiga este tema es lo poco que tiene que ver la idea de Dios de los filósofos ateos con el Dios católico, por ejemplo. Sorprende también que el ateísmo actual, el indiferentismo, esté convencido de que ya no hace falta plantearse la cuestión de Dios porque este tema ya lo zanjaron los grandes ateos de los siglos anteriores. El último gran argumento que queda en pie sería la incompatibilidad entre la existencia de un Dios omnipotente, creador, omnisciente y perfectamente bueno con lo que simboliza Auschwitz; es decir: el mal moral en el mundo, el sufrimiento injusto de los inocentes. La existencia del mal no sólo no demuestra que Dios no existe, sino que es una prueba de su existencia; esto, naturalmente, hay que explicarlo y entenderlo bien.

    El lector se sorprenderá también cuando lea que Kant proclamó que su «Crítica de la razón pura» era un gran intento por acabar con el ateísmo y el materialismo, teniendo como resultado el agnosticismo, él lo decía en el sentido de que la existencia de Dios se demostraba por la vía de una necesidad moral, pero lo que sucedió en realidad es que su pensamiento se utilizó para fundamentar el ateísmo práctico en el que ha desembocado el agnosticismo; por citar sólo algunos ejemplos.

    -En síntesis, sabiendo que es una cuestión compleja como para explicarla en unas líneas, pero… ¿de dónde nace el ateísmo, cuál es su fuente de origen?

    -Sintetizando mucho se podría decir que el ateísmo actual se caracteriza por ser indiferente a la cuestión de Dios; siendo a nivel individual más bien el fruto de un acto de la voluntad que la consecuencia de un raciocinio concienzudo. Sin embargo, desde un punto de vista filosófico, y por no retrotraernos hasta el nominalismo de Ockham, puede afirmarse que sus raíces más profundas se remontan al menos al giro subjetivista obrado en el racionalismo cartesiano y ahondado por el idealismo absoluto alemán, después de haber pasado por el empirismo radical de corte humeano que acabó desembocando en el positivismo de Augusto Conte y en el Neopositivismo Lógico del Círculo de Viena en los años veinte y treinta del siglo pasado. La versión más mitigada, de la que hablaba antes, el ateísmo práctico e indoloro del agnosticismo, arrancaría en el idealismo trascendental kantiano y luego se prolongaría en las prescripciones epistemológicas de Popper, quien concebía el progreso del conocimiento como una búsqueda interminable de la verdad, la cual nunca podría ser alcanzada (una postura que, por cierto, es contradictoria) y, por tanto, equivale a sostener que no existe ninguna verdad absoluta. Si no hay verdades absolutas, ¿qué sentido tienen las religiones?

    -Si tuviese que recopilar los argumentos cruciales para el ateísmo, ¿cuáles serían? ¿Nos podría ayudar usted a elaborar una especie de decálogo de principios del buen ateo?


    -Es imposible elaborar ese decálogo, porque los argumentos no llegan a diez. Pero sí es cierto que hay toda una serie de estereotipos. Marx decía que él no daría pruebas de la existencia de Dios porque eso ya lo había demostrado Ludwig Feuerbach cuando sostuvo que «Dios no es otra cosa que reunir en un concepto todas las cualidades buenas del ser humano y objetivarlas en una figura celestial»; en fin, «Dios no crea al hombre, sino que es el hombre el que crea a Dios». Esto se ha repetido con diversas variantes; la más actual sería el ateísmo de la neuroteología, la cual sostiene que Dios es un invento del cerebro, el fruto de la actividad eléctrica neuronal. Nietzsche afirmaba que «Dios no existe porque si existiera él querría ser Dios, pero como esto no era posible Dios no podía existir». Sartre adopta este mismo argumento pero revistiéndolo de un complejo y técnico aparato conceptual en su obra «Crítica de la razón dialéctica». Ambos coinciden en rechazar la existencia de Dios porque lo caracterizan como el ser que es causa de sí y eso es imposible que pueda existir. También coinciden en negar a Dios porque afirman que es incompatible con la libertad absoluta del ser humano, lo que Sartre denominó «Teoría de la mirada».

    El argumento falla por negación de la mayor: la libertad humana no es absoluta, ni siquiera a nivel moral (axiológico). Otros, como es el caso de Einstein, lo hacen siguiendo a Freud, sostienen que «Dios es un invento de la mente humana para apaciguar los miedos atávicos», se trataría de una figura que nos daría paz y confort frente a los temores que nos depara el destino incierto, igual que un niño pequeño acude a su padre para apaciguar todos sus temores la humanidad se habría inventado un padre celestial para tranquilizar sus miedos. Y, como no, un buen ateo ha de rechazar que Dios exista realmente porque es incompatible con todo el sufrimiento que se ve en el mundo y en la Historia de la humanidad.

    -Abundando en ello, ¿qué predica un buen ateo?


    -Hay varios tipos de ateísmo, el clásico (el de los siglos XIX y XX), que he comentado más arriba. El ateísmo sociológico actual, el indiferentista, no diría nada si le hablas de Dios, te miraría como si fueras un marciano, se encogería de hombros y se marcharía a vivir el día a día. Como es habitual en él, Nietzsche se adelanta a su tiempo y se convierte en el heraldo de una nueva época gracias a una parábola titulada «El hijo del carcelero», en la que, con una prosa elegante y majestuosa, explica cómo un buen día un preso que llevaba muchos años encarcelado se puso ante los demás en el patio y les dijo a los otros reclusos que creyeran en él, que él era el hijo del carcelero y si creían en él les iba a salvar. Los presos reaccionaron encogiéndose de hombros y continuaron indiferentes dedicándose a los suyo.

    Por otra parte, la nueva elite intelectual atea agrupada en torno a las más recientes teorías cosmológicas dirían que Dios no existe porque el universo se ha creado a sí mismo a partir de fluctuaciones topológicas del vacío cuántico, incluidas las propias leyes del universo; como si esto solucionara el tema, pues estaríamos afirmando que algo surge de algo. Algo similar dirían los ultradarwinistas: «Dios no existe porque el género Homo surge por evolución biológica a partir de un homínido no humano» (algunos etólogos lo definen como el tercer chimpancé); como si este hecho anulara realmente la existencia objetiva de Dios. Para los neuroteólogos, Dios es una invención del cerebro, puesto que los escáneres revelan que cuando se hace meditación hay ciertas áreas del cerebro que se activan. Seguro que cuando comemos un yogur hay ciertas zonas del cerebro que se activan y no por eso el yogur es un invento de nuestra mente.

    -Viendo y releyendo a los grandes pensadores que usted introduce en su libro (Camus, Sartre, Nietzsche, Hume, Popper, Spinoza…) la gente creería que es «razonable» seguir los principios preconizados por esos intelectuales...


    -Es normal; de Nietzsche se dice que es el autor de la mejor prosa alemana del siglo XIX, y textos como la parábola mencionada avala justamente esa opinión. Sartre y Camus ganaron merecidamente el Premio Nobel de Literatura; y así podríamos continuar reconociendo los méritos personales de los autores citados. Pero lo importante es seguir sus razonamientos. El libro está consagrado a eso. Y que cada lector saque sus propias conclusiones. Es un libro muy respetuoso. Claro y profundo, pero muy respetuoso. Encaminado a estimular la reflexión y huyendo del adoctrinamiento. No me escondo, la conclusión es que no hay razones objetivas para ser ateo, en el sentido de que no hay argumentos racionales teóricos que logren demostrar de un modo objetivo y satisfactorio que Dios no existe. Ser ateo es una decisión personal, es un acto de la voluntad que, eso sí, puede ir acompañado de argumentos racionales, pero que, tal como se analiza en el libro, si son como los propuestos hasta la fecha, no son probatorios. No obstante, esta tesis se defiende respetando siempre de un modo profundo y sincero a todo el mundo y exponiendo las ideas y los razonamientos con honestidad.

    -¿Cómo trata usted de desmantelar los sofismas planteados sobre el ateísmo?

    -En este libro no realizo esa tarea. Lo siento. Quizás decepcione a alguien, empezando por los propios ateos que pueden pensar: «Ya estamos con lo mismo, niegan nuestra postura pero no argumentan la suya». La razón es muy sencilla: este libro trata sobre las posturas de los ateos y sobre cómo los creyentes pueden dialogar con el nuevo tipo de ateísmo que predomina en nuestros días (que, tal como ya he apuntado, es muy distinto al de los dos siglos anteriores). Abordar los argumentos que tiene el ateísmo para demostrar racionalmente la existencia de Dios de un modo objetivo y probatorio es un tema que da para escribir otro libro.

    -En ese debate enconado que propone entre un ateo y un cristiano, ¿cómo pueden dialogar entre ellos? ¿Cuáles serían los puntos de encuentro que debieran hallar en esa conversación?


    -El ateísmo actual se caracteriza por ser indiferentista, práctico, masivo (antes el ateísmo era un fenómeno extremadamente minoritario), rehúye de dar argumentos (al menos el ateísmo sociológico), por tanto es volitivo y no racional. Para mí, y siendo muy breve, el diálogo entre el teísmo y el ateísmo actual se debe hacer desde el mutuo respetoy desde aquello que nos une a todos: el respeto a la dignidad de la persona, la solidaridad, la defensa de la libertad y de los valores más fundamentales, como los recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, trabajar en favor de todas estas cosas nos acerca y une, a partir de ahí es posible preguntar por el fundamento último de todo esto. Como bien dice, la última parte del libro se consagra a profundizar en algunas de las claves de este diálogo tan necesario.

    -¿Cómo ha recibido usted las palabras pronunciadas por el Papa en su viaje a Asia acerca de que no se deben ofender las creencias y la fe de nadie, obviamente, en relación con el atentado del «Charlie Hebdo»? ¿Y qué opina usted de estos sangrientos atentados cometidos en nombre de un dios, otro, el del islam?


    -En mi opinión está absolutamente injustificado que se mate a nadie en nombre de Dios. Es algo contradictorio. ¿Cómo puede querer Dios a alguien que asesine a otro ser humano diciendo que así está sirviendo a Dios? Es algo que cae por su propio peso. Dios es el Creador absoluto y sólo Él es el dueño de cada vida humana que, en última instancia, es imagen y semejanza suya. Los crímenes de «Charlie Hebdo» me parecen abominables e injustificables, así como cualquier otro que se haga en nombre de cualquier credo religioso. Si alguien cree que se están ofendiendo sus creencias religiosas debe acudir a los tribunales y presentar allí sus alegaciones y si los fallos judiciales no son de su gusto tiene la posibilidad de, con paciencia y perseverancia, trabajar para lograr sentencias que sí le satisfagan. Por otra parte, me parece totalmente razonable que se hable del hecho de que ha de haber un profundo respeto por las creencias religiosas que promueven la dignidad de la persona, lo que no es incompatible con el derecho a la libertad de expresión. Mi libro apuesta por el diálogo respetuoso con las personas y centrado exclusivamente en el debate de las ideas, invitando a la reflexión y no a la confrontación. Ojalá que llegue un tiempo a partir del cual nunca más se vuelvan a repetir hechos así.

    «La Ciencia no sirve para demostrar que Dios no existe» - ABC de Sevilla
    Valmadian, DOBLE AGUILA y Pious dieron el Víctor.

  2. #2
    sjl
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    Re: «La Ciencia no sirve para demostrar que Dios no existe»

    Me gustó mucho este libro de Polkinghorne:
    Sal Terrae

    Como no siempre hay que recordar la sencilla prueba de la existencia de Dios: "Si existe algo, existió siempre algo; es así que existe algo: luego existió siempre algo. Si no siempre hubiese existido algo, se podría designar un momento en que no hubo nada; si alguna vez no hubo nada, nunca pudo haber nada; luego, si existe algo, existe siempre algo.
    De la pura nada no puede salir nada: luego, si alguna vez no hubo nada no pudo haber nada.
    Tenemos, pues, que existió siempre algo. Esto será necesario o contingente: si es necesario llegamos ya a la existencia de un ser necesario. Si es contingente pudo ser o no ser, luego no tuvo en sí la razón de ser. Luego tuvo esta razón en otro; y como de este otro no se puede decir lo mismo, resulta que al fin hemos de llegar a un ser que no tenga la razón de su existencia en otro, sino en sí mismo, y que por consiguiente sea necesario. Luego de todos modos, partiendo de la existencia de algo, llegamos a la existencia de un ser necesario"
    Valmadian y Pious dieron el Víctor.

  3. #3
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    Re: «La Ciencia no sirve para demostrar que Dios no existe»

    Bien, uno de los temas que más me gustan y que hacía tiempo que no se trataban. Compruebo que el libro ofrece un enfoque original y algo diferente al habitual en las discusiones sobre la cuestión: la ciencia no puede demostrar que Dios no existe, ni la filosofía tampoco. En más de una ocasión hemos mencionado la probatio diabolica, préstamo conceptual del Derecho, bajo el cual no se puede demostrar lo que se afirma que no existe. Realmente se trata de un imposible metafísico y un imposible lógico. Por supuesto, tal como señala el Prof., Marmelade, la Ciencia no puede. Yo precisaría aún más, las que no pueden son las ciencias positivas. Pero antes de embarcarme en comentar -tengo para días-, acerca de muchos aspectos de los contenidos del libro, considero que no viene mal refrescar la memoria con temas casi olvidados que ya versaron sobre esta cuestión fundamental del ser humano.


    Cuestiones para ateos: preguntas y dudas.

    Dice BALMES que no hay verdaderos ateos y para ello se apoya en San AGUSTÍN, cuando éste afirmaba "Nemo Deum negat, nisi cui expedit Deum non ese", que traducido significa "Nadie niega la existencia de Dios, sino aquél a quien conviene que no le haya."

    Pero dejemos de lado estas cuestiones ya que a usted, que es ateo, no le interesan y menos si son opiniones de uno de esos a los que los creyentes cristianos llaman "santo", así, pues centrémonos en lo que aquí conviene.


    AZAR.

    Usted, Sr "X" que se autodefine como ateo es de los necesariamente convencidos de que si Dios no existe, algo debe sustituirlo. Y ese "algo", como seguramente le habrán enseñado por activa o por pasiva, es el AZAR. Y de aquí, sin más preámbulos surge la primera de mis preguntas: ¿Sabe usted QUÉ es el azar?

    Seguramente si usted está leyendo estas líneas habrá respondido inmediatamente "Pues claro que lo sé ¿qué se habrá creído éste? Me parece que como me registre se va a enterar."

    Si así fuera, no me queda otra que volver a la pregunta: ¿sabe usted QUÉ es el azar?. Y es que lo que pregunto es si sabe usted definirlo de acuerdo con las reglas de la matemática que lo rigen, es decir, ¿si conoce usted la Ley de los grandes números, enunciada por Jacob BERNOULLI, continuador de PASCAL y FERMAT?

    Y es que dicho conocimiento, junto al de probabilidad, es absolutamente imprescindible para que usted pueda aplicar el azar como parte de la explicación de la existencia del TODO desde un prisma materialista. Y lo que planteo fundamenta este principio esencial del azar en:

    Ley de Laplace, que afirma que la probabilidad de un suceso compuesto es la suma de las probabilidades de los sucesos elementales que lo componen.

    Por ejemplo, si se trata de comprobar la probabilidad de obtener un número impar al lanzar un dado de 6 caras: P (impar) = P (1) + P (3) + P (5) = 1/6 + 1/6 + 1/6 = 3/6 = 0'5

    Al igual que en este sencillo ejemplo, todos los sucesos elementales son equiprobables, es decir, tienen la misma probabilidad de suceder, y se puede calcular la probabilidad de cualquier suceso. Para ello hay que dividir el número total de sucesos que incluye, o casos favorables, entre el número de sucesos elementales del espacio muestral o casos posibles.

    P(S) = nº de casos favorables/ nº de casos posibles

    Partiendo del principio que establece que "la materia ni se crea ni se destruye, solamente se transforma y sabiendo que el número total de partículas que componen el Universo es de potencia 10 elevada a 113 ¿podría usted estimar CÓMO intervino el azar en la génesis de éste?

    Estoy totalmente seguro de que no puede. Por tanto, cuando usted afirma que todo se debe al azar y no a la intervención de ningún Dios imaginario, usted está expresando una opinión de fe materialista. Además, no debemos olvidar que usted considera que todo está causado por el azar, incluida la vida sobre la Tierra, es decir, todo a lo largo de 3.500 millones de años aproximadamente, 35 millones de siglos.

    Y, es que tanto usted como los que mantienen posiciones similares, adoptaron ya hace tiempo el recurso de pretender que el creyente en Dios aporte la carga de la prueba. Y verá, la cuestión no es así ya que según la navaja de Occam que tanto le gusta (por cierto, OCCAM era un fraile católico, ¿lo sabía?) entre dos explicaciones posibles de un mismo suceso, la más sencilla es la verdadera.

    Pues resulta que la fe en Dios es muchísimo más sencilla que los cálculos precisos para demostrar que el azar es la causa de todo, infinitamente más sencilla.

    Y ahora le planteo una pregunta más, que es consecuencia directa de la anterior: ¿sabe usted como interviene la probabilidad en el azar? Y se imagina que se lo voy a decir ¿verdad?, pues acierta usted.

    Toda probabilidad encierra una ley empírica, aunque también lógica, es decir, metaempírica o metafísica, a la cual se somete al azar:

    "En una sucesión ilimitada de repeticiones de un fenómeno aleatorio, las frecuencias de cada uno de los acontecimientos posibles, observados tras cada repetición, se estabilizan hacia valores límites que son los que se expresan mediante la probabilidad de cada acontecimiento."

    Esto quiere decir que, por ejemplo, en el lanzamiento al aire de una moneda a medida que el número de veces que sea lanzada se incremente, la frecuencia de las caras (o de las cruces, tanto da para el caso) oscilará, de modo alterno, una y otra vez, primero a 1/4 y después a 2/3, en vez de presentar fluctuaciones como cabría esperar y que fueran cada vez más pequeñas entorno a un valor intermedio, por ejemplo 1/2.

    La existencia de esas oscilaciones es totalmente ilógica, ¿cómo se puede proceder a considerarlas? De ningún modo es esto posible, sólo cabría repetir todo el experimento para comprobar que no se puede tomar como algo empírico.

    Y la razón de ello está en que el término ilimitado (referido a series) o indefinidamente larga que se exige a toda sucesión de repeticiones de un fenómeno, es una barrera infranqueable para poder conocer la probabilidad del azar por observación directa.

    Y no hay una regla que sea universalmente válida para poder prever la probabilidad de los acontecimientos inherentes a toda posible variación de situaciones aleatorias que puedan darse.

    Me gustaría saber ¿cómo se resuelve este problema desde el razonamiento ateo del azar?

    ¿A través de todo esto se demuestra la existencia de Dios? No, para nada, pero si se demuestra que el argumento del azar es un IMPOSIBLE y que carece de lógica alguna para constituir una explicación alternativa a la existencia de Dios.


    Y ahora viene la tercera de las grandes cuestiones: Dios y el Hombre.

    Supongo que no negará usted que el "Hombre" es todo un misterio. Ni azar, ni evolución han explicado ese misterio hasta el momento. "Lo harán, seguro que lo hacen, sólo hay que esperar, hay que dar tiempo al tiempo y mantener la confienza en la capacidad científica de los investigadores." Esta es una "respuesta-tipo" fácil de obtener de cualquier materialista "leído". Pero mire usted, Sr. "X", es que esa respuesta la da quien tiene fe, aunque sea en algunas ciencias, no es una respuesta empírica, es decir, no es una respuesta científica.

    ¿Pero qué le pasa al Hombre? Toda ciencia para prosperar necesita no sólo del método empírico, resulta imprescindible plantear los problemas antes de abordarlos. En otros términos, hay que delimitar el objeto, o sea QUÉ, que abre un turno de preguntas epistemológicas: CÓMO, DÓNDE, CUÁNDO, POR QUÉ, PARA QUÉ, QUIÉN... que sirven a la metodología como plantilla a seguir. Así que podemos reflexionar sobre el Hombre en base a dichos planteamientos.

    ¿Quién de entre los homínidos es hombre? ¿admite usted que aquél que es capaz de poseer y dominar el logos?

    Pero ¿cuáles son las capacidades mínimas que reúne la racionalidad?

    En el hombre, la razón tiene tres dimensiones: razón técnica, razón teórica y razón práctica. Lo que se traduce en técnica, lenguaje y costumbres.

    La capacidad de aprendizaje en el Hombre es ilimitada, según afirmaba Anaxágoras, el nous o intelecto humano en tanto que razón o logos autoconsciente puede aprenderlo todo, porque puede comprenderlo todo ya que el logos no tiene naturaleza alguna y ¿cuál es la naturaleza de Dios?

    Desde el punto de vista de su naturaleza, el organismo humano es la expresión viva de la inespecialización biológica, o si se prefiere de la indeterminación biológica. A diferencia de todas las demás especies vivas de este mundo, el ser humano en su aspecto biológico es deficitario.

    Tan deficitario que el Hombre carece de aparato fonológico especializado alguno, las propias cuerdas vocales no tienen función lingüística, sólo sirven para emitir sonidos guturales ¿Cómo es posible que hable?

    Vuelvo al punto de partida: ¿el azar es capaz de hacer esto?, y... ¿también lo puede la evolución?

    En sus esquemas, ambas están indisolublemente unidas. Las preguntas no terminan aquí, tengo otras preparadas, pero prefiero dar tiempo a la lectura y crítica de mis planteamientos anteriores antes de volcar una segunda parte.



    Cuestiones para ateos: preguntas y dudas.
    Pious dio el Víctor.
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


    Nada sin Dios

  4. #4
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    Re: «La Ciencia no sirve para demostrar que Dios no existe»

    2ª Parte

    Y es que las grandes cuestiones siguen necesariamente. La siguiente es una de las mayores incógnitas que la propia Humanidad se ha planteado: ¿por qué y para qué estamos aquí?.

    Es frecuente confundir el contenido de esta doble pregunta con otra que formulada diría esto: ¿qué finalidad tiene la vida?, a la cual se suele añadir esta otra: ¿es la vida un fenómeno exclusivo de la Tierra, o hay otros lugares en el Universo donde se hayan podido desarrollar formas de vida?

    Ambas, siendo ciertamente importantes, resultan intrascendentes para la cuestión planteada con anterioridad. Si la vida ha surgido en cualquier otro mundo del Universo, sea en uno, en varios o en toda una multiplicidad, desde nuestra galaxia hasta la más lejana que podamos observar, es intrascendente porque sigue sin responder a ese ¿por qué y para qué estamos aquí?. Más aún, con todas las posibles formas vitales que se puedan, o quieran, imaginar, ya sean relativas a las formas de vida más elementales o a las más complejas, seguirá sin responderse a la cuestión que nos ocupa.

    Y aún más, incluso la posibilidad de existencia de vida inteligente en uno o en miles de mundos, no variaría en nada la situación de carecer de respuestas y no afectaría en nada a las explicaciones teológicas y metafísicas. Tal como apunté en otro hilo, hasta podrían dar fuerza a estas explicaciones.

    Pero volviendo a poner los pies en el suelo, vemos que a lo largo de toda la historia geológica de la Tierra, o sea 4.500 millones de años, año arriba, año abajo, (durante los primeros 1.000 millones la Tierra fue un planeta estéril), con cambiantes condiciones climáticas, muchas veces totalmente opuestas llegando a la glaciación total del mundo, así como la deriva continental con todas sus consecuencias, y desde "el caldo primitivo" hasta nuestros días, todo ello ha permitido el surgimiento, desarrollo y extinción de millones de especies, es decir, ¿cuántas?, se me antoja imposible saber su número pues de la mayoría no queda ni el más mínimo registro o prueba de su existencia, particularmente de las más simples.

    Y si nos atenemos a las morfologías de todas ellas, incluidas las que jamás podremos conocer y según se nos dice, es que el ADN de todas nos informa que compartimos algunos rasgos, ¿entonces, por qué existe una sola especie como la nuestra?. Si observamos la naturaleza veremos una multiplicidad de especies que perteneciendo al mismo género son perfectamente distintas, ¿por qué con nosotros no ocurre igual?

    Yo tengo que rechazar las habituales explicaciones evolucionistas, ya que no me sirven. En este contexto nos llevaría a tener que reproducir textos por carecer de interlocutores, pero es que no nos sirven, porque sería "marear la perdiz" ya que no responden a la siguiente cuestión: ¿en base a qué proceso evolutivo surge el NOUS?

    Supongamos que alguien responde más o menos con algo similar a esto: "Lo hace gracias al incremento de la masa cerebral y el desarrollo neuronal consecuente. Bien, vale, pero eso es especulativo y escasamente empírico. ¿Quién ha hecho mediciones del volumen y evolución del cerebro de los homínidos y en qué circunstancias?. Incluso desde las premisas necesarias que proporcionasen que los estudios indirectos otorgarían alguna certeza para obtener conclusiones, éstas serian somáticas y seguirian sin explicar qué es el NOUS.

    Es decir, ¿por qué habiendo habido otras especies homínidas, todas con rasgos somáticos similares sólo una y nada más que una, la especie humana a la que pertenecemos, ha sido capaz de desarrollar el "LOGOS"?

    Una respuesta probable podría ser: Porque un proceso evolutivo civilizador lo ha hecho posible. Vale, es hasta posible, pues así vendrían a demostrarlo los casos de los "niños-lobo", el problema es que en tales casos la existencia de la civilización (sociedad+cultura+tecnología+lenguaje) es anterior a dichos casos. Pero para los primeros "sapiens-sapiens" no había psicólogos evolutivos que les ayudasen a encauzar el aprendizaje del uso de sus utensilios y recursos, es decir, no había ninguna civilización pre-existente, lo que significa que fueron ellos los que iniciaron el proceso de inventar la civilización. ¿Y de dónde surgió este impulso inexistente en otras especies de homínidos? Hay que pensar que entre la aparición del homo sapiens-sapiens y las primeras civilizaciones transcurrió muy poco tiempo, expresado en términos geológicos, mientras que los hominoideos llevaban 4 millones de años paseando sobre la superficie terrestre.

    Incluso la cuestión se la podemos adaptar al H. Neandertal, ¿por qué no fueron capaces de desarrollar una civilización mínimamente estable superando la etapa de la "horda"? Si lo intentásemos explicar desde la perspectiva "evolucionista" habría que plantearse que estuvieron peor adaptados que nuestra especie y no soportaron la presión y la competencia por el acceso al alimento a las que los sometieron nuestros ancestros.

    Pues vuelta a la pura especulación: ¿acaso un periodo que oscila entre los 300.000 y los 200.000 años no fue suficiente para que se adaptasen?, otra, ¿ocuparon los mismos nichos ecológicos en todo el área de difusión de ambas especies?, más para la meditación, ¿cuántos sapiens sapiens había para representar un problema al neandertal? y, ¿acaso las investigaciones paleontológicas a través del registro fósil no han demostrado que somáticamente su especie era mucho más fuerte que la nuestra?

    Así que volvemos al comienzo: ¿por qué y para qué estamos aquí?

    Vámonos de paseo al Cosmos y planteemos las grandes preguntas que cosmólogos y astrofísicos siguen sin poder responder: ¿porqué existe el Universo? y esta otra que es tremenda, ¿porqué es isótropo y homogéneo?, más todavía ¿porqué es como es y no de otra manera?

    Para quienes nunca hayan oído hablar de términos tan raros, o que habiéndolos escuchado ni los recuerden, "isótropo" significa que las cualidades que lo caracterizan son las mismas en todos sus puntos, salvo algunas pequeñas fluctuaciones, y homogéneo porque observado por grandes áreas todas estas son iguales, siendo las variaciones algo local. Además, se compone de los mismos elementos y forma las mismas moléculas. Hay que añadir algo que mantiene perplejos a los investigadores y que lo expresan así: "se deja observar".

    Prescindiendo de Multiversos o Pluriversos, de los que no tenemos ni la más mínima noticia, que no podríamos observar caso de existir, lo que ya es mucho suponer, y que deja la cuestión en el terreno de "las creencias", y en modo alguno dentro del campo de la Ciencia, hemos de centrarnos en lo que sí vemos, medimos, calculamos, cuantificamos, es decir, en lo que es empíricamente observable, pero acerca del cual no sabemos nada de porqué y para qué está ahi.

    Tenemos una doble incógnita, un doble problema, y que además se plantea en los mismos términos. Hasta ahora ni la mirada interior, ni la exterior, nos permiten responder a las cuestiones fundamentales. Y es que todo ese bagaje de conocimientos acumulados durante siglos no responde, no sirve, para responder a las preguntas de porqué y para qué estamos aqui.?

    El materialismo es absolutamente incapaz de responder a ello, todo lo más que hará será dar respuestas que desglosadas no son sino falacias. Pero, ya hace tiempo, y ante semejantes incógnitas irresolubles, surgió un intento de respuesta. Una especie de fórmula que lo mismo vale para hacer un pan que para hacer unas tortas: el Principio Antrópico.

    Pero dada su naturaleza polémica, enseguida surgió la discrepancia dividiéndolo en dos interpretaciones principales: el Antrópico "fuerte" y el Antrópico "débil".

    Éste último nos dice que la vida humana está interrelacionada con las propiedades del Universo en el sentido de que puede surgir y evolucionar en cualquier parte si se dan las condiciones adecuadas para ello. Chocante, ¿verdad? y completamente especulativa pues hasta ahora no se ha encontrado a ninguna otra raza humana en el espacio.

    Y el "fuerte" lo que afirma es que el Universo es como es y tiene los elementos que tiene porque fue "diseñado" así y para el que Hombre pueda observarlo y admirarlo.

    Pero esto no es sino una fórmula de compromiso, una pretendida explicación que nada concluye. Y es que todo tipo de explicación, con el paso del tiempo cada vez más compleja, suele fallar, porque sigue sin responder a las grandes cuestiones.

    Y volvemos a la "Navaja de OCCAM" y debemos entender que las cosas están planteadas del modo más sencillo. Y ello no es sino la explicación que nos dice que hay un Ser Supremo, Creador que nos pide que a través de nuestra capacidad del "LOGOS" entendamos su obra y lo adoremos.

    Esto que a usted Sr. "X" ateo le parece inconcebible, no lo sería si entendiese y aceptase que la Ciencia no es más que descubrimiento y observación de lo que ya existe, y que nosotros no somos más que unos recién llegados, y siendo esto así de indiscutible, más añadiendo el hecho de que el azar como causa es un imposible, no le queda otra que reconocer la existencia de Dios.

    Puede sustituir si quiere la palabra por la de "demiurgo", o por cualquier otra denominación, allá cada cuál con su conciencia, pero lo que no se puede hacer es sustituir el misterio de aquello a lo que nuestro intelecto no alcanza con el argumento irracional del azar, y todo con tal de no dar el brazo a torcer.

    Y ahora llego a la última gran cuestión: ¿y después QUÉ? Porque si tenemos un NOUS, o autoconciencia, y tenemos un LOGOS y nos hemos planteado lo que he ido desgranando a lo largo del texto, lo lógico es que nos planteemos el ¿qué pasa después del último suspiro? Dicho de otro modo ¿para qué todo esto si después de unos años hemos de diluirnos sin esperanza alguna de evitarlo?

    Esto es muy serio, esto no es ni una banalidad ni una frivolidad, tal como suelen tomarlo muchos: "una vez muerto me da igual, no me voy a enterar", ¿de verdad es este un argumento para ser tomado siquiera en consideración?

    ¿Por qué no se plantea usted cómo querría que fuera su realidad después de ese "instante final" ineludible e inapelable del que nadie puede escapar? Al fin y al cabo, y siguiendo los argumentos que ustedes los ateos suelen manejar, y dado que según tales no hay prueba alguna, han de tener por fuerza el 100 X 100 de convicción y certeza de que en el instante final se habrá acabado todo, absolutamente todo y para siempre, no habrá ningún después, ninguno. ¿No le aterra a usted esta idea? por que a mi me pone los pelos de punta.

    Pero nosotros los creyentes, en función de los propios argumentos de ustedes, tenemos el 50% de esperanza de que no es como lo plantean (no tienen ninguna seguridad ni certeza al respecto luego, puede que sí, puede que no). Así, pues, nosotros tenemos un 50 % de "síes" frente al 100 % de "noes" de ustedes, lo que nos permite ver la vida de otro modo. Ahora bien, le aseguro que se es muchísimo más feliz cuando ese 50 % que ninguno de ustedes está dispuesto a admitir, se convierte en la consciencia de un SI al 100 por 100.

    Hágase un favor: cierre sus oídos a los terroristas morales como Dawkins, que no sólo le mienten, sino que le roban toda esperanza.



    Cuestiones para ateos: preguntas y dudas.
    Pious dio el Víctor.
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


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  5. #5
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    Re: «La Ciencia no sirve para demostrar que Dios no existe»

    Es que el ateo militante no a entendido que para hablar de Dios, las areas autorizadas para ello son la filosofía, y dentro de ésta la teología. Las ciencias empíricas sólo nos darán pistas, huellas de que el universo no pudo haber salido de la nada por azar, pero sólo eso.

  6. #6
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    Re: «La Ciencia no sirve para demostrar que Dios no existe»

    son campos epistemologicos diferentes, cuando se mezclan se cae en ideología, hay que tener presente siempre el "distinguir para unir"
    Cita Iniciado por Jose Antonio Venegas Ver mensaje
    Es que el ateo militante no a entendido que para hablar de Dios, las áreas autorizadas para ello son la filosofía, y dentro de ésta la teología. Las ciencias empíricas sólo nos darán pistas, huellas de que el universo no pudo haber salido de la nada por azar, pero sólo eso.
    la teología natural claro, ya que teología y filosofía son campos diferentes, uno ayuda al otro, pero hay una distinción clara, no por ello separación.

    panzer vor!!! (habra otra temporada y creo que una pelicula)

  7. #7
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    Re: «La Ciencia no sirve para demostrar que Dios no existe»

    Cita Iniciado por Marcosmontt Ver mensaje
    son campos epistemologicos diferentes, cuando se mezclan se cae en ideología, hay que tener presente siempre el "distinguir para unir"

    la teología natural claro, ya que teología y filosofía son campos diferentes, uno ayuda al otro, pero hay una distinción clara, no por ello separación.

    panzer vor!!! (habra otra temporada y creo que una pelicula)

    Buen punto, gracias por la aclaración. Había olvidado diferenciar entre la teología natural (o teodicea) con la teología basada en la verdad revelada del Cristianismo (creo).
    Última edición por Jose Antonio Venegas; 23/06/2015 a las 08:24

  8. #8
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    Re: «La Ciencia no sirve para demostrar que Dios no existe»

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    En el siguiente artículo publicado en "El País" pueden verse reflejadas las razones que justifican sobradamente el libro del Prof. Carlos A. Marmelada. El articulista se monta una película falaz en la que iguala a todas las religiones, como si eso fuese posible, y como si en nombre de todas se estuviesen cometiendo a diario toda clase de crímenes y tropelías por todas partes. En realidad no es más que una excusa para justificar las razones por las cuales él es ateo y finaliza su colaboración con una falacia todavía más absurda. Le da igual si demuestra que no sabe que el Dios cristiano no es el de los musulmanes, que éste, a su vez, tampoco coincide exactamente con la idea que de él tienen todos los musulmanes. Por otro lado, no todas las religiones hablan de un dios y, en cualquier caso, si para él oír hablar de religión es oír hablar de violencia, para desgracia de otros muchos, y la historia del mundo está plagada de ejemplos, hablar de la no-religión implica persecución, sometimiento y, en el caso del Cristianismo, de martirio. El tipo éste no se acuerda en ningún momento de los cientos de miles de cristianos que están siendo perseguidos en Oriente Medio por parte de los mismos que dice deplorar. Por supuesto, si por causa de las religiones ha habido sufrimiento en el mundo, no lo es menor por su ausencia: dos guerras mundiales; totalitarismos; ideologías criminales; bombardeos nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki y bombardeos salvajes sobre poblaciones civiles; genocidios y persecuciones, y un largo etcétera de barbaridades, no se han hecho en nombre de Dios precisamente, sino por su ausencia en la vida del hombre, ya individual como socialmente constituida. Por tanto, no es Dios el malo, sino el hombre; no es Dios quien mata, sino el hombre por su maldad. Pero el ateo necesita justificar ante si mismo las razones por las que no quiere creer. Y en todo el artículo, lo único verdaderamente objetivo es que no es más que opinión, o sea, aquello de "a mi me parece que..."


    El mal Dios
    Tras los atentados asistiremos hoy, entre otros espectáculos, a uno particularmente tóxico: el de ensalzar a las religiones
    MANUEL JABOIS 27 JUN 2015 - 00:00 CEST

    Tras los atentados asistiremos hoy, entre otros espectáculos, a uno particularmente tóxico: el de ensalzar a las religiones, o sea el de alabar a Dios, para que entre las víctimas no haya daños colaterales en la comunidad islámica. Es una acción rutinaria que suele tener éxito. “Los violentos no son verdaderos gallegos”, decía Quintana, como si hubiese una raza superior que solo praticase amor. “No son vascos, son hijos de puta”, se cantaba para desligar a los etarras de lo que les llevaba a asesinar, que era el País Vasco. O “esto nada tiene que ver con el fútbol” porque aficionados de dos clubes de fútbol aprovechen un partido para apalizarse.

    La tentación es aislar al violento, despojarlo de sus circunstancias y presentarlo en un iCloud junto a otros de su especie para salvar a las almas puras. Cuando Rajoy dice que la “lucha contra el terrorismo nada tiene que ver con las creencias religiosas”, emparenta con su antecesor Zapatero, que propuso la Alianza de Civilizaciones, o sea un pacto de dioses, o el arzobispo que después del asesinato de dos militares en Afganistán dijo que aquello “había enfadado a Dios”, cuando precisamente se hizo en su nombre.

    Debe de ser tan extraño relacionar violencia y religiones que el primer impulso de los gobernantes es llevarse las manos a la cabeza y decir que esto no es cosa de creyentes, el colectivo más pacífico de la historia. Pero el Estado Islámico es una organización de gente que cree en Dios, y el deseo de ese Dios es ver a los infieles sin cabeza. La lucha contra el fanatismo es la lucha contra esa interpretación de la religión, como hay otras tantas interpretaciones que promueven el amor y la piedad, dos aspectos para los que también están dotados los ateos. A esas no hace falta combatirlas, pero tampoco conviene decir lo buenas que son. Porque no son buenas.

    En atribuir las buenas acciones a la voluntad de Dios o hacerlas bajo su amparo, o convertir la conducta propia en una especie de transmisión divina según la cual es la religión la que te hace buena persona, hay algo de subterfugio moral, un salvoncoducto de consecuencia escandalosa: si no creyeses en Dios, ¿harías lo contrario? No, Dios no es bueno. Y sí, Dios está detrás del IS, y lo ha estado de la mayoría de horrores de la Historia, y al contrario de los biempensantes de hoy, cuando escucho religión veo violencia, desde la interpretación judeocristiana del Génesis, con un asesinato entre hermanos, hasta Alá en manos de los terroristas.

    Un mundo sin Dios sería un mundo objetivamente mejor. Sería, para empezar, un mundo sin coartadas. Tanto para hacer el mal como para hacer el bien



    Atentado Túnez Francia: El mal Dios | Opinión | EL PAÍS
    Última edición por Valmadian; 29/06/2015 a las 05:29
    Pious dio el Víctor.
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

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