Sí, aunque yo matizaría que esa conformidad con la intransigencia no es solo de las masas poco instruidas e ingenuas; afecta aun a intelectuales, universitarios, gente formada, etc., y sin excepción. A ninguno de éstos se le ocurre criticar el Islam y menos aun despotricar contra él ni aun por mantener esa mitología.
En general, yo mantengo que es la firmeza en los principios la que mantiene la fuerza de una religión; desdecirse de algún aspecto de ella, aun en lo más mínimo, genera una desconfianza en los fieles que se acaba pagando cara: ver titubear a la jerarquía religiosa es un espectáculo lamentable y es siempre un triunfo del enemigo, al que nunca se contentará y que procurará pasar a otro nuevo frente de ataque, etc. La historia de los devaneos del protestantismo con la interpretación bíblica, y la consecuencia de su aniquilamiento doctrinal es un hecho; lo más triste es que el catolicismo ha elegido el mismo camino.
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