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Tema: Refutaciones Científicas a las ESPECULACIONES de la teoría evolucionista

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    Avatar de donjaime
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    Refutaciones Científicas a las ESPECULACIONES de la teoría evolucionista

    NOTA de moderación: le comento lo mismo que en el otro tema. Historia, contexto y consecuencias de la Teoría Evolución Lo siento, pero la cita de las fuentes es lo obligado.




    Darwin no era un científico, era un simple naturalista aficionado incapaz de aprobar primero de medicina. Para ganarse la vida se hizo TEÓLOGO anglicano. También se afilió a la secta masónica de la que su mentor (abuelo) era un alto grado. Fue su abuelo el que inculcó la idea evolucionista.

    La idea evolucionista de Darwin no se sustenta en ningún descubrimiento o experimento científico. Sacó sus ideas de los libros y especulaciones de ideólogos, economistas, sociólogos, etc. (Malthus, entre otros).

    Es el propio Darwin quien reconoce en su obra (El Origen …) que no puede demostrar sus especulaciones, pero que los descubrimientos futuros lo harán.
    Sus especulaciones comprendían afirmaciones como que la vida y las especies animales tenían su origen en la adaptación al medio ambiente, que las especies provenían de un ancestro común y luego se iban diferenciando unas de otras debido a las condiciones naturales a las que debía enfrentarse cada una.

    También dedica un capítulo de la obra a reconocer las dificultades de sus especulaciones ante algunos hechos como el registro fósil y la existencia de órganos complejos que refutan la idea evolutiva por completo.

    Si alguien tiene la paciencia de leer la famosa obra de Darwin (El Origen ...) verá que no puede denominarse tratado científico a ese discurso demagógico, lleno de un lenguaje retórico sin demostraciones ni argumentos. La obra es pura retórica: hipérboles, retruécanos, razonamientos circulares, etc. todo lo contrario de un lenguaje científico claro, con hechos, argumentos y pruebas. Hay páginas en que el número de figuras retóricas utilizadas alcanza varias docenas en uno o pocos párrafos.

    Han pasado 150 años de la obra y en ese tiempo el avance de los conocimientos científicos ha sido pasmoso. Han aparecido ciencias nuevas, los descubrimientos se han sucedido continuamente … pero … pero … contra las previsiones de Darwin estos adelantos en paleontología, anatomía comparada, biofísica, bioquímica, genética, fisicoquímica, cálculo de probabilidades, etc. en vez de confirmar las especulaciones darwinianas han REFUTADO totalmente sus especulaciones.

    Mientras levantaba un gran ruido mediático la obra de Darwin un botánico, Gregor Mendel, clérigo católico descubría las Leyes de la Herencia el hito del que surgiría una nueva e importantísima ciencia: la genética.
    También se descubrieron la estructura de los genes y cromosomas, de la molécula de ADN y otros avances significativos que REFUTAN la teoría evolucionista.
    La enorme complejidad de la propia vida y de estos mecanismos y sistemas, son imposibles de explicar por los evolucionsitas lo que INVALIDABA totalmente sus ideas, pues carecen de mecanismos o explicación de estos fenómenos que ni siquiera fueron sospechados por Darwin,

    Cualquier otro postulado o especulación, tras esta seria refutación, acabaría en el basurero de la ciencia y de la historia, pero la teoría evolucionista sirve a unos fines e intereses que no son propiamente científicos. La teoría de la evolución no es una teoría científica es un DOGMA, una creencia ideológica que ciertos círculos insistieron en mantener e IMPONER.

    Por ello en 1941 se reunió un grupo de científicos en la Sociedad de Geología de EEUU. Acudieron genetistas, zoólogos, paleontólogos y matemáticos genetistas.
    Tras largas discusiones se acordó REMENDAR el darwinismo.

    Para ello se centraron en la cuestión del origen de las variaciones útiles, ésta sería a partir de entonces la nueva especulación del evolucionismo. El PARCHE que remendaba la evolución se basa en la idea de la MUTACIÓN POR AZAR, suposición que mantienen hasta hoy sin demostrar.

    A esta nueva especulación se le denominó Teoría de la Evolución Sintética Moderna y agregaba el concepto de mutación a la tesis de la selección natural de Darwin, en poco tiempo se pasó a llamar neodarwinismo.

    Durante décadas intentaron, desesperadamente, poder demostrar, con algo sólido, la veracidad de tales especulaciones. Se centraron en establecer un caso de mutación útil. Pese a los recursos casi ilimitados y los miles de experimentos de todo tipo efectuados durante años, todos fracasaron.
    También buscaron probar que los primeros organismos vivos se habían originado por azar, bajo conidiciones terrestres primitivas (cualesquiera que fuesen pues todas son especulaciones), también esta vez fracasaron todos los intentos.

    Entretanto los cálculos de probabilidades DEMOSTRARON que la vida NO pudo formarse al azar. Más aún, no solo la vida, sino elementos mucho más sencillos de la misma como una simple proteína es IMPOSIBLE de sintetizarse de forma controlada ni en el laboratorio más sofisticado y completo, ya no digamos por el azar.

    Y es que los evolucionistas chocan continuamente, con la tozudez de la razón, la evidencia, la experiencia y los hechos científicos que la refutan una y otra vez desde hace 150 años.

    Así,
    El registro fósil, esta es la prueba más pertinente en la materia y totalmente objetiva. NUNCA se ha encontrado ni una sola forma transitoria. Según los evolucionistas tendria que haber cientos de miles pero en 150 años no ha aparecido ni una.
    Han aparecido miles de fósiles, vegetales y animales, pero ni una sola forma preconizada por los evolucionistas.

    El registro fósil parece no cansarse de refutarlos.
    El estrato más antiguo conocido es el Cámbrico (550 millones de años) pues bien, presenta multitud de diversidad de especies pero … para desgracia de los evolucionistas son formas totalmente acabadas y diferenciadas. Según esto la vida surgió de golpe … por eso en la literatura científica se denomina Explosión Cámbrica. Nada de formas intermedias, vertebrados, insectos, vegetales, todos en formas acabadas, sin ancestro común y algunas variedades aunque extintas parecidas a las actuales.
    Y por si fuera poco los supuestos ancestros resulta que fueron, en muchos casos coetáneos e incluso posteriores a los seres que supuestamente debían descender de ellos.

    Anatomía comparada, los numerosos estudios realizados prueban que las especies que supuestamente evolucionaron una de otra en realidad tienen rasgos anatómicos muy diferentes por lo que NUNCA pudieron ser ancestros/descendientes unas de otras.

    Biología, tanto la experiencia, como la evidencia demuestran que NUNCA se ha visto ni hay prueba alguna de que existe algo que pueda denominarse evolución. No hay ningún registro escrito describiendo el proceso, ni puede verse actualmente en acción en ningún sitio ni se ha visto nunca un caso en el reino vegetal o animal. Nunca algún ser vivo evolucionó en otro.

    Al contrario toda la experiencia y evidencia confirman que la vida SOLO puede provenir de la vida. Nunca nada inanimado o inerte ha producido vida y esto ya ha sido demostrado científicamente en laboratorio en el XX.

    La evolución es tan “etérea” que ni los evolucionistas pueden explicar satisfactoriamente cómo actúa y porqué, esto es su mecanismo.

    Genética, todos los experimentos que se han hecho han probado que las especies tienen cierta “elasticidad” genética. Se pueden inducir ciertos cambios pero sólo hasta cierto punto, a partir del cual los cambios retrotraen hacia la situación inicial. Se han conseguido, por ejemplo producir, moscas sin ojos, pero tras varias generaciones más en vez de avanzar los cambios acaban volviendo a aparecer ojos y los individuos son similares a los iniciales. Se vuelve al punto de partida.


    En cuanto al problema del registro fósil dos evolucionistas: Niles Eldreges y Jay Gould presentaron un modelo evolucionista (otro parche) denominado del Equilibrio Puntuado que sostiene que la evolución no es fruto de pequeñas variaciones sino de cambios grandes y repentinos.
    Como de costumbre no se presentan pruebas ni hechos que avalen el modelo, solo especulaciones.
    Pero este modelo que supuestamente puede esquivar la contundente refutación del registro fósil choca con las leyes conocidas de la genética, biofísica, bioquímica, anatomía, … etc. lo que la hace tan acientífica como un cuento de hadas en que por un simple beso un príncipe puede convertir (evolucionar) una rana en princesa.
    Es poco creíble intentar explicar los vacíos del registro fósil aduciendo que los pájaros surgieron repentinamente formados a partir de huevos de reptil …

    Pese a todo cuando pensamos en un modelo de la evolución siempre nos surge el evolutivo pues desde que nacemos estamos sometidos a un adoctrinamiento y bombardeo mediático constante que trata de imponerlo.


    DESMONTANDO LOS MECANİSMOS IMAGINARIOS DE LA EVOLUCION
    Analicemos el modelo Neodarwinista, que tomamos como la "corriente principal" de la teoría de la evolución actualmente. Este argumenta que la vida ha evolucionado a través de dos mecanismos naturales:
    - la "selección natural" y
    - la "mutación".

    La afirmación básica de la teoría es la siguiente: la selección natural y la mutación son dos mecanismos complementarios. El origen de las modificaciones en la evolución está en las mutaciones al azar que tienen lugar en la estructura genética de lo viviente. Los rasgos producidos por las mutaciones son escogidos por medio del mecanismo de selección natural y en consecuencia lo viviente evoluciona.

    Pero dicho mecanismo de evolución no existe en absoluto porque ni la selección natural ni las mutaciones brindan ningún elemento en favor del supuesto de que las distintas especies hayan evolucionado o transformado una a partir de otra.
    Veamoslo:

    LA SELECCION NATURAL
    Como proceso de la naturaleza, la selección natural era familiar para los biólogos anteriores a Darwin, quienes la definieron como "un mecanismo que mantiene a las especies inalterables sin que sean corrompidas".
    Darwin fue el primero en afirmar que este proceso tenía capacidad evolutiva y después montó su teoría sobre ese fundamento. El nombre que le dio a su libro indica que la selección natural era la base de la teoría: The Origin of Species, by means of Natural Selection (El Origen de las Especies Por Medio de la Selección Natural).
    Sin embargo, desde la época de Darwin no ha habido ni la más mínima pizca de evidencia que muestre que la selección natural hace que lo viviente evolucione.

    Colin Patterson, paleontólogo y decano del Museo de Historia Natural de Inglaterra, evolucionista prominente, enfatiza que nunca se ha observado que la selección natural tenga la facultad de hacer que las cosas evolucionen:
    "Nadie ha producido jamás una especie por medio de los mecanismos de selección natural. Nadie se ha acercado nunca a ello, en tanto que la mayoría de los actuales argumentos de los neodarwinistas se ocupan de esta cuestión."

    En resumen, la selección natural no tiene la capacidad de agregar un órgano nuevo a un organismo viviente, de sacar un órgano existente o de transformar al organismo en cuestión en otro, lo cual se opone totalmente a la imagen que evocan los evolucionistas.

    ¿PUEDE LA SELECCION NATURAL EXPLICAR LA COMPLEJIDAD?
    La selección natural no contribuye en nada a la teoría de la evolución porque nunca puede aumentar o mejorar la información genética de una especie. Ni puede transformar una especie en otra: una estrella de mar en un pez, un pez en una rana, una rana en un cocodrilo o un cocodrilo en un pájaro.

    El mayor defensor del equilibrio puntuado, el evolucionista Gould, se refiere a esta discordancia insuperable de la selección natural:
    "La esencia del darwinismo yace en una sola frase: la selección natural es la fuerza creativa del cambio evolutivo. Nadie niega que la selección natural jugará su papel para eliminar lo inepto. (Pero) las teorías darwinistas requieren que también origine lo conveniente."

    Otro de los métodos engañosos usado por los evolucionistas con la selección natural, es presentar este mecanismo como si estuviese dirigido por un diseñador consciente y dotado de voluntad. Sin embargo, la selección natural no posee ningún tipo de consciencia, ni voluntad para decidir qué es bueno y qué es malo para lo viviente.
    En consecuencia, la selección natural no puede explicar los sistemas biológicos y los órganos que tienen el carácter de "complejidad irreductible".

    Esos sistemas y órganos se componen por la cooperación de un gran número de partes y no sirven para nada si una de esas partes se pierde o resulta defectuosa.
    Por tanto para evolucionar tendría que haber una voluntad que reúna todas las partes, más aún debería ser capaz de imaginarse el futuro y dirigir el proceso hacia el beneficio que debe ser adquirido en la última etapa.
    Como es obvio de haber tal mecanismo de selección natural estaría carente de toda consciencia, voluntad, conocimiento y previsión futura, por propia definición.
    Esto derrumba los fundamentos de la teoría de la evolución, y esta realidad atormentó a Darwin que reconoció:
    "Si pudiera demostrarse que existió algún órgano complejo, el cual, quizá, no se habría formado por medio de numerosas, sucesivas y lentas modificaciones, mi teoría se derrumbaría absolutamente."

    La selección natural solamente separa los individuos deformes, débiles o ineptos de una especie. Pero no puede producir especies nuevas, información genética nueva u órganos nuevos. Es decir, no puede hacer que algo evolucione.
    Darwin aceptó esta realidad diciendo:
    "La selección natural no puede hacer nada hasta que ocurran fortuitamente las variaciones favorables." A esto se debe que los neodarwinistas hayan tenido que presentar a las mutaciones unidas a la selección natural, como "la causa de los cambios benéficos".

    LAS MUTACIONES
    Las mutaciones son definidas como substituciones o rupturas que tienen lugar en la molécula de ADN, la cual se encuentra en el núcleo de la célula de un organismo viviente y contiene toda la información genética. Estas substituciones o rupturas son el resultado de efectos externos tales como la acción química o la radiación. Cada mutación es un "accidente" que daña los nucleótidos que componen el ADN o cambia su ubicación. La mayoría de las veces provoca tantos daños y modificaciones dañinos que la célula no puede reparar y perece.

    Los evolucionistas usualmente ignoran la mutación real presentando en su lugar una que se acomoda a sus fines, una especie de varita mágica totalmente imaginaria, que transforma los órganos vivos en una forma más perfecta y avanzada, cuando en realidad es lo contrario y el efecto directo de las mutaciones es dañino.
    Los cambios efectuados por las mutaciones son similares a los experimentados por el pueblo de Hiroshima, Nagasaki y Chernobyl, es decir, a la muerte, a la invalidez y al aborto de la naturaleza….

    La razón para esto es muy simple: el ADN tiene una estructura muy compleja y los efectos azarosos solo pueden provocar daños a dicha estructura, no mejorar este sofisticado y preciso sistema. Por eso los sistemas vivos gozan de sofisticados y precisos mecanismos para eliminar o reducir las mutaciones dado su potencial dañino.

    Dice B.G. Ranganathan:
    "Las mutaciones son pequeñas, azarosas y dañinas. Ocurren raramente y lo más posible es que sean ineficaces. Estas cuatro características de las mutaciones implican que no pueden llevar a un desarrollo evolutivo.
    Un cambio fortuito en un reloj no puede mejorarlo. Lo más probable es que lo dañe o que, en el mejor de los casos, no lo afecte. Un terremoto no mejora a la ciudad que golpea sino que provoca su destrucción
    ."

    No sorprende pues que hasta ahora no se haya observado ninguna mutación provechosa. Todas las mutaciones demostraron ser perjudiciales.

    El científico evolucionista Warren Weaver comenta el informe preparado por el Comité sobre Efectos Genéticos de la Radiación Atómica, constituido para investigar las mutaciones que pudieron haber sido causadas por las armas nucleares en la II Guerra Mundial:
    "Muchos estarán confundidos por la manifestación de que prácticamente todos los genes mutantes conocidos son dañinos, si las mutaciones son una parte necesaria del proceso de evolución. ¿Cómo las mutaciones pueden producir un efecto beneficioso -evolución hacia una forma de vida superior- cuando prácticamente todas ellas son dañinas?"

    Todos los esfuerzos por "generar una mutación provechosa" terminaron en el fracaso.
    Durante decenios los evolucionistas llevaron a cabo muchos experimentos para producir mutaciones en las moscas de la fruta, dado que esos insectos se reproducen muy rápidamente (en dos semanas) se puede observar la mutación de muchas generaciones y casi de inmediato. Fueron mutadas una generación de moscas tras otra pero nunca se observó ningún provecho.

    El genetista evolucionista Gordon Taylor escribe:
    "En las miles de moscas producidas por medio de los experimentos llevados a cabo en todo el mundo durante más de cincuenta años, nunca se ha visto que aparezca una especie nueva… ni siquiera una enzima nueva."

    Otro investigador, Michael Pitman, comenta sobre el fracaso de los experimentos llevados a cabo con las moscas de la fruta:
    "Morgan, Goldschmit, Muller y otros genetistas han sometido varias generaciones de moscas de la fruta a condiciones extremas de calor, frío, luz, oscuridad y a tratamientos químicos y de radiación.
    Se produjeron todo tipo de mutaciones, triviales o positivamente nocivas.
    ¿Se trata de una evolución fabricada por el hombre? Realmente no. Pocos de esos monstruos producidos por los genetistas podrían haber sobrevivido fuera de las probetas en donde se empollaron. En la práctica, los mutantes mueren, son estériles o revierten al tipo silvestre.
    "

    Los evolucionistas arrojan una cortina de humo sobre esta cuestión e intentan mostrar algunas de esa mutaciones nocivas como "evidencias de la evolución". Todas las mutaciones que tienen lugar en los humanos resultan en deformaciones físicas, en enfermedades como el mongolismo, el síndrome de Down, el albinismo o el cretinismo.
    Aunque estas mutaciones se presentan en los libros de texto de los evolucionistas como ejemplos de "los mecanismos de la evolución en acción". Es evidente que un proceso que deja a la gente incapacitada o enferma no puede ser un "mecanismo de la evolución", en tanto se entienda ésta como productora de formas mejores y más aptas para la vida.

    En resumen hay tres razones principales por las que las mutaciones no pueden ser puestas al servicio de las afirmaciones de los evolucionistas son:
    - El efecto directo de las mutaciones es dañino. Dado que casi siempre ocurren de manera fortuita, casi siempre dañan a los organismos vivos que las producen. La razón nos dice que la intervención inconsciente sobre una estructura compleja y perfecta no la mejorará sino que la deteriorará.
    En realidad nunca se observó una "mutación provechosa".

    - Las mutaciones no agregan ninguna información al ADN del organismo. Las partículas que constituyen la información genética son separadas de sus lugares naturales, destruidas o llevadas a otros lugares. Las mutaciones no pueden hacer que algo vivo adquiera un órgano nuevo o un rasgo nuevo. Solamente provocan anormalidades, como sería una pierna adherida a la espalda o un oído ubicado en el abdomen.
    - Para que una mutación sea transferida a la generación subsiguiente tiene que haber tenido lugar en las células reproductoras del organismo. Un cambio fortuito que ocurre en cualquier célula u órgano del cuerpo no puede ser transferido a la nueva generación. Por ejemplo, un ojo humano alterado por los efectos de la radiación o por otras causas, no pasará como rasgo a las generaciones venideras.

    En síntesis, es imposible que los seres vivos hayan evolucionado porque en la naturaleza no existe ningún mecanismo que los lleve a la evolución, al contrario, los organismos tienen mecanismos para revisar y reducir o impedir los cambios y mutaciones genéticos.
    Esto concuerda con las evidencias de los registros fósiles, lo cual demuestra que dicho escenario está muy apartado de la realidad.

    Pero todas estas IMPOSIBILIDADES y REFUTACIONES a las suposiciones evolutivas, aunque contundentes no son más que las iniciales, a partir de ahora veremos que es un mecanismo totalmente IMPOSIBLE.
    Es el turno de la bioquímica, cálculo de probabilidades, genética, etc.


    EL ATOLLADERO DE LA EVOLUCION MOLECULAR
    Los registros fósiles invalidan la teoría de la evolución. Pero para refutar la evolución no son necesarios, porque la teoría de la evolución colapsa mucho antes que se considere algún supuesto acerca de la "evolución de las especies" y acerca de la evidencia de los fósiles ya que las especulaciones evolucionistas carecen de sentido desde el inicio al no poder responder, satisfactoriamente la cuestión de cómo apareció la vida en la Tierra por primera vez.

    La teoría de la evolución en este tema sostiene que la vida comenzó con una célula que se formó por casualidad. Según esto hace 4 millones de años distintos compuestos químicos inorgánicos sufrieron una reacción en la atmósfera primordial de la Tierra, en la cual los efectos de los rayos y de la presión hicieron que se forme la primera célula viviente.

    Lo primero que se debe decir es que la pretensión de que materiales inorgánicos se juntaron para formar la vida es algo no científico, pues no está verificado por ningún experimento, observación o evidencia ocurridoos hasta ahora. La única afirmación admisible científicamente es que la vida se genera solamente a partir de la vida. Cada nueva célula con vida se forma por la duplicación de otra.
    Nadie jamás en el mundo ha tenido éxito para constituir una célula reuniendo materiales inorgánicos, ni siquiera en los laboratorios más avanzados.

    La teoría de la evolución pretende que la célula de un ser vivo -que no puede ser producida aunque se reúna al efecto toda la potencia del conocimiento, la tecnología y el intelecto humano- se las arregló, a pesar de todo, para formarse casualmente bajo las condiciones primitivas de la Tierra.

    Analizaremos porqué esta pretensión se opone a los principios más elementales de la ciencia y de la razón.

    LA FABULA DE "LA CÉLULA PRODUCIDA POR AZAR"
    Si alguien cree que una célula pasa a existir por casualidad, entonces no hay nada que le impida creer en la historia de la siguiente ciudad.
    Un día una masa de barro presionada entre las rocas en una zona estéril, se mojó después de llover. El barro mojado se secó y endureció cuando salió el sol y tomó una forma rígida, resistente. Después, esas rocas, que también sirvieron como molde, se hicieron pedazos y a continuación apareció un ladrillo, robusto, bien formado, bonito. Ese ladrillo esperó años bajo las mismas condiciones naturales hasta que se formase otro ladrillo similar. Así continuó la situación hasta que se formaron cientos de miles de ladrillos en el mismo lugar y de igual forma. De manera casual, no resultó dañado ninguno de los ladrillos pese a quedar expuestos durante miles de años a las tormentas, a las lluvias, a los vientos, al sol abrasador, al frío glacial, los ladrillos no se rompieron, no se fragmentaron ni se dispersaron, sino que permanecieron en el mismo lugar, con la misma determinación, a la espera de que se formen otros ladrillos.
    Cuando el número de ladrillos fue adecuado, se colocaron uno sobre el otro y al lado del otro para dar lugar a una edificación, cosa que se logró de manera fortuita por medio de los efectos de las condiciones naturales, como los vientos, los terremotos, temporales o los tornados.
    Entre tanto, bajo las "condiciones naturales" se formaron otros materiales, como el cemento o la argamasa, que se colocaron y distribuyeron perfectamente por sí mismos, por azar, entre los ladrillos para conseguir el agarre o sujeción entre sí. Mientras sucedía todo eso bajo las "condiciones naturales", se moldeaba por azar el mineral de hierro para estructurar los cimientos del edificio del que estamos hablando. Al final del proceso tendremos un edificio completo con todos sus elementos, carpintería e instalaciones íntegras perfectamente funcionales, en las proporciones y cantidad adecuada, todo por azar.
    Por supuesto, un edificio no consiste solamente de un cimiento, ladrillos y cemento.

    ¿Cómo se obtienen entonces los materiales que faltan?
    La respuesta es simple: todos los tipos de materiales que se necesitan para la construcción de un edificio existen en la tierra sobre la que se levanta el edificio. Silicio para los vidrios, cobre para los cables de la electricidad, hierro para las columnas, las viguetas y los cañarías, etc., son todos materiales que existen bajo la tierra en cantidades abundantes. Con la sola habilidad de las "condiciones naturales" y el azar todo esos elementos tomaron forma y se ubicaron en la parte correspondiente del edificio. Todas las instalaciones, la carpintería y los accesorios, se ubicaron entre los ladrillos o paredes con la ayuda del viento, la lluvia y los terremotos. Todo sucedió tan bien, de modo que al ir juntándose los ladrillos al azar dejaron los espacios necesarios para las ventanas, como si supieran que oportunamente cosas llamadas marco y vidrio se formarían por medio de las condiciones naturales y el azar. Tampoco se olvidaron de dejar el espacio correspondiente para las instalaciones de agua y de los sistemas eléctricos y de calefacción, sistemas que también tomaron cuerpo más tarde de manera fortuita. Todo ha marchado tan bien que las "coincidencias" y las "condiciones naturales" produjeron un diseño perfecto.

    Si es capaz de creer este relato, no tendrá ningún problema en presumir la manera en que pasaron a existir todos los demás elementos de una ciudad, como los sistemas de transporte, las comunicaciones, las infraestructuras, las autopistas, otros edificios y diversos caminos. Si posee conocimientos tecnológicos y es versado en la materia, incluso puede escribir un libro sumamente "científico", de varios volúmenes, contando sus teorías acerca del "proceso evolutivo de un sistema de albañilería y su isocronismo con las estructuras presentes" creado al azar. También puede ser condecorado con un premio académico por sus brillantes estudios y considerarse un genio que lleva luz a la humanidad.

    La teoría de la evolución supone que la vida pasó a existir por casualidad. Es una suposición que en nada es menos absurda que el relato de la supuesta ciudad anterior porque, con todos sus sistemas operacionales, de comunicación, transporte y administración, una célula no es menos compleja que toda una gran ciudad funcional y operativa.


    EL MILAGRO EN LA CELULA Y EL FIN DE LA TEORÍA DE LA EVOLUCION
    La estructura compleja de una célula viva era desconocida en la época de Darwin y los evolucionistas pensaban entonces que decir que la vida era el resultado de "coincidencias y condiciones naturales" era suficiente para que la gente creyera en sus teorías.
    La tecnología del siglo XX ha penetrado en las partículas más pequeñas de la vida y ha revelado que la célula es el sistema más complejo confrontado por la humanidad.
    Hoy día sabemos que la célula contiene
    · usinas que producen la energía que ha de ser usada por la célula,
    · fábricas que elaboran las enzimas y las hormonas esenciales para la vida,
    · un banco de datos donde se registra toda la información necesaria sobre los productos a fabricarse,
    · complejos sistemas de transporte y tuberías para llevar materias primas y productos de un lugar a otro,
    · laboratorios y refinerías avanzados para triturar o licuar las materias primas que vienen del exterior.
    Y todo esto no es más que una pequeña parte de ese increíble sistema complejo.

    Una célula es tan compleja que incluso el alto nivel de tecnología obtenido por la humanidad no puede producir una de ellas. Ningún esfuerzo por crear una célula artificial ha tenido éxito. En realidad, muchos intentos en tal sentido han logrado solamente la frustración y fueron abandonados. Es más se ha fracasado incluso en fabricar elementos estructurales básicos de una célula, una simple proteína de la que una célula tiene millones debidamente estructuradas y con funciones diferentes tampoco ha sido posible fabricarla de forma artificial.

    La teoría de la evolución pretende que este sistema (el de la célula) surgió por azar bajo las condiciones de la Tierra primitiva. Para hacernos una mejor idea de ello, podemos decir que la probabilidad de que una célula se forme de manera casual es tan mínima como la posibilidad de que sea impresa una larga novela por medio de una explosión que ocurra en una imprenta de forma correcta, sin errores sintácticos, ortográficos ni tipográficos.

    El matemático y astrónomo inglés Sir Fred Hoyle hizo una comparación similar en un reportaje que publicó la revista "Nature" del 12/11/1981. Aunque Hoyle es evolucionista, expresó que:
    “la posibilidad de que una forma de vida superior haya emergido de esa manera (como lo plantean los evolucionistas) era comparable a la posibilidad de que un tornado que barriese o azotase un depósito de chatarra ensamble un Boeing 747 totalmente operativo con el material existente allí”.

    Esto significa que no es posible que la célula pase a existir por medio del simple azar, y por lo tanto tiene que haber sido "creada".

    Una de las razones que no permiten que la teoría de la evolución pueda explicar cómo pasó a existir la célula, es la "complejidad irreductible" de la misma.
    La célula viva se automantiene con la cooperación armoniosa de muchas organelas. Si solamente una de esas organelas deja de cumplir su función, la célula no puede permanecer viva. La célula no tiene la posibilidad de esperar que mecanismos inconscientes como el de la selección natural o el de la mutación le permitan desarrollarse. Así, la primera célula sobre la Tierra fue necesariamente una célula completa con todos las organelas y funciones requeridas, lo cual significa, definidamente, que dicha célula tuvo que haber sido creada de una vez, ya perfectamente acabada.


    LAS PROTEINAS PONEN EN TELA DE JUICIO LA CASUALIDAD DEL ORIGEN DE LA VIDA.
    Lo dicho se refiere a la célula. Pero los evolucionistas no puede explicar ni siquiera los elementos que la "constituyen": no es posible la formación, bajo las condiciones naturales, de una proteína sencilla. Menos aún, por lo tanto, de las millones de moléculas de proteínas complejas que componen la célula.

    Las proteínas son moléculas gigantes consistentes de unidades más pequeñas llamadas "aminoácidos", los cuales están dispuestos en una secuencia particular en ciertas cantidades y estructuras. Esas moléculas constituyen los "ladrillos" de una célula viva. La molécula más simple se compone de 50 aminoácidos, pero hay algunas que se componen de miles de aminoácidos.
    El punto crucial es que, la ausencia, la adición o el reemplazo de un solo aminoácido en la estructura de la proteína provoca que se convierta en un amontonamiento molecular inservible. Cada aminoácido tiene que estar en el lugar y en el orden correcto.

    La teoría de la evolución, que supone que la vida emergió como resultado del azar, se desespera frente a este orden, dado que es demasiado complejo para poder ser explicado por medio del azar. (la teoría evolucionista incluso es incapaz de explicar el supuesto de la "formación coincidente" de los aminoácidos).

    El hecho que la estructura funcional de las proteínas no puede acaecer de ninguna manera casualmente, es algo fácilmente observable incluso por el simple cálculo de probabilidad que cualquiera puede comprender.
    Una molécula de proteína promedio está compuesta de 288 aminoácidos, de los cuales 12 son de tipos distintos. Esto se puede disponer u ordenar en 10 elevado a la potencia 300 modos distintos (un número inconcebiblemente grande).
    De todas esas secuencias u órdenes, sólo una forma la molécula de proteína deseada. El resto constituyen cadenas de aminoácidos que, o son inservibles o son potencialmente dañinas para la vida.

    En otras palabras, la probabilidad de la formación de solamente una molécula de proteína es de "1 entre 10 a la potencia 300", o sea, es prácticamente imposible que ocurra la formación de esa proteína casualmente. En matemáticas las probabilidades menores a 1 entre 10 a la potencia50 se denominan como "probabilidad cero", que se forme al azar tiene una probabilidad de miles de millones de veces menor que la probabilidad matemática denominada cero.

    Por otra parte, una molécula de proteína de 288 aminoácidos es más bien una molécula modesta comparada con algunas gigantes que consisten de miles de aminoácidos. Al aplicar a esas moléculas gigantes de proteínas un cálculo de probabilidades similar, nos encontraremos con que hasta el término "imposible" resulta más adecuado para su producción fortuita.

    Al dar un paso más en el desarrollo del esquema de la vida, observamos que una proteína sola no significa nada por sí misma. Una de las bacterias más pequeñas descubierta, "Micoplasma Hominis H 39", contiene 600 "tipos" de proteínas. Si tenemos que repetir el cálculo de probabilidad para cada uno de estos 600 tipos distintos de proteínas, veremos que el resultado agota incluso el concepto de "imposible".

    Alguien que esté leyendo esto y que hasta ahora haya aceptado la teoría de la evolución como una explicación científica, puede sospechar que estos números son exagerados y que no reflejan los hechos. No es así: son hechos definidos, matemáticamente concretos. Nadie, evolucionista o no, puede objetar esos números.

    Los evolucionistas aceptan que la formación por azar de una sola proteína es "tan improbable como la posibilidad de que un mono escriba la historia de la humanidad en una máquina de escribir sin cometer un solo error." Sin embargo, en vez de aceptar la otra explicación, es decir, la Creación, siguen defendiendo, obcecados en su prejuicio, en su dogma de la imposibilidad matemática y científica.

    Esto es reconocido por muchos evolucionistas. Por ejemplo,
    Harold B. Blum, un conocido científico evolucionista dice que "la formación espontánea de un polipétido de la medida de la proteína conocida más pequeña, se la ve más allá de toda probabilidad."

    Los evolucionistas pretenden que la evolución molecular tuvo lugar en un período muy largo, período que haría posible lo imposible. A pesar de eso, por muy largo que pueda ser el período, no es posible que los aminoácidos formen las proteínas de manera casual.

    El geólogo norteamericano William Stokes admite esto en su libro Essentials of Earth History (Lo Esencial de la Historia de la Tierra) al decir que
    “esa probabilidad es tan pequeña" que la proteína no se produciría durante billones de años en billones de planetas, cada uno de ellos cubierto por una alfombra de solución acuosa concentrada de los aminoácidos necesarios."

    ¿Qué significa todo esto?

    El profesor de química Perry Reeves responde:
    "Cuando se examina el vasto número de estructuras posibles que podrían resultar de una simple combinación fortuita de aminoácidos en un lago primordial en evaporación, es difícil creer que la vida pudo originarse de esa manera. Es más plausible que un Gran Constructor con un plan maestro fuese requerido para una tarea así"

    Si incluso es imposible la formación coincidente de una de esas proteínas, es billones de veces más imposible que un millón de esas proteínas se reúnan apropiadamente por azar e integren una célula completa.
    Más aún, una célula no se compone, en ningún momento, de un simple amontonamiento de proteínas. Además de éstas, una célula incluye también ácidos nucleicos, carbohidratos, lípidos, vitaminas y muchos otros elementos químicos como electrolitos, ordenados en una proporción, armonía y diseño específico en términos de estructura y función. Cada uno de esos componentes funciona como un armazón para la construcción o una co-molécula en distintas organelas.

    Y por su fuera poco, estaríamos en todos los supuestos evolucionistas, contraviniendo la ley físico química más comprobada y universal que se conoce: la de la entropía, que afirma que todo sistema natural tiende al desorden, no a ordenarse.

    Robert Shapiro, profesor de química en la Universidad de Nueva York y experto en ADN, calculó la probabilidad de una formación coincidente de 2.000 tipos de proteínas encontradas en una sola bacteria (En una célula humana hay 200 mil tipos de proteínas). El número hallado fue el de 1 en 10 a la potencia 40.000 es un número increíble formado por un uno seguido de 40.000 ceros, inconcebible para la mente humana tal enormidad.

    Chandra Wickramasinghe, profesor de astronomía y matemáticas aplicadas de la Universidad College (Cardiff, Gales, Inglaterra) comenta:
    "La probabilidad de la formación de la vida de manera espontánea a partir de la materia inanimada es de 1/1040.000 … este denominador es un número lo suficientemente grande para sepultar a Darwin y a la teoría de la evolución en su conjunto.
    Si no existió ningún caldo primitivo, (al menos fue imposible la formación de la vida fortuita en él) ni en este planeta ni en ningún otro, la vida tuvo que surgir de una inteligencia (logos) con un propósito determinado
    "

    Sir Fred Hoyle comenta sobre esos números inverosímiles:
    "En realidad una teoría así (que la vida fue montada o convocada por una inteligencia) es tan obvia que uno se asombra de porqué no es ampliamente aceptada como algo autoevidente. Las razones son psicológicas (ideológicas) no científicas"

    Hoyle usó el término "psicológicas" porque el autoacondicionamiento de los evolucionistas no acepta que la vida pudo haber sido creada. Ellos siguen un dogma y han determinado el rechazo de la existencia de Dios como su objetivo principal. Sólo por esta razón siguen defendiendo obcecadamente escenarios irrazonables que ellos mismos reconocen que son imposibles.


    PROTEINAS LEVÓGIRAS
    Examinemos ahora en detalle porqué es imposible el escenario evolucionista relatado para la formación de las proteínas.

    La secuencia correcta de los aminoácidos adecuados no es por sí sola suficiente para la formación de una molécula de proteína. Además, cada uno de los 20 tipos diferentes de aminoácidos presentes en la composición de las proteínas deben ser levógiros. Entre los aminoácidos hay dos tipos distintos: los "levógiros" y los "dextrógiros". La diferencia entre ellos es mínima, referida a la simetría de sus estructuras tridimensionales (demostrable con un haz de luz polarizada, unas sustancias químicas la desvían hacia la izquierda: levógiros, otros hacia la derecha, pese a que su composición, masa química, etc. sean en lo demás idénticas) pero este simple hecho varía algunas de sus propiedades y reacciones químicas.

    Los aminoácidos de cualquiera de esos dos tipos pueden unirse fácilmente entre sí. A través de la investigación se ha revelado un hecho asombroso: todas las proteínas de los seres vivos, sean plantas o animales, desde los organismos más simples a los más complejos, están formados con aminoácidos levógiros exclusivamente.
    Basta con que un solo aminoácido dextrógiro se ligue a la estructura de la proteína, esta se vuelve inservible para la vida.

    En experimentos con bacterias se les agregaron aminoácidos dextrógiros, el resultado es que fueron inmediatamente destruídos, excepto en algunos casos en los que a partir de los componentes fracturados los transformaron en aminoácidos levógiros, pudiendo entonces usarlos.

    Supongamos por un instante que la vida pasó a existir por azar, como presuponen los evolucionistas. En este caso, los aminoácidos levógiros y dextrógiros generados por casualidad deberían estar presentes en cantidades más o menos iguales en la naturaleza. Por lo tanto todos los seres vivientes deberían tener ambos aminoácidos en su constitución porque químicamente es posible que los aminoácidos de esos dos tipos se combinen entre sí. Pero la tozuda realidad es que en las proteínas de todos los organismos vivientes solamente se encuentran aminoácidos levógiros.

    La cuestión de cómo las proteínas pueden escoger de entre todos los aminoácidos solamente los levógiros y cómo en el proceso de la vida no se involucra ni siquiera uno dextrógiro, es algo que aún hace frente a los evolucionistas: no tienen ninguna manera de explicar una selección tan consciente y específica por el azar.

    Además, esta característica de la proteína intensifica la confusión del atolladero del azar evolucionista. Con el objeto de que sea generada una proteína "significativa" no es suficiente la existencia de una cierta cantidad de aminoácidos en una secuencia perfecta y que se combinen con el diseño tridimensional correcto. Además, todos los aminoácidos tienen que ser elegidos de entre los levógiros y no puede existir ni un solo aminoácido dextrógiro entre ellos.

    No hay ningún mecanismo de selección natural que identifique que un aminoácido dextrógiro se ha agregado a la secuencia, que lo reconozca como un error y que por lo tanto indique que debe ser sacado de la cadena. Esta situación elimina, una vez más, y para siempre, la posibilidad de la coincidencia y el azar en el origen de la vida.

    En la Enciclopedia de Ciencia Británica, que es una franca defensora de la evolución, se indica que los aminoácidos de todos los seres vivos en la Tierra, los "ladrillos" para la construcción de polímeros complejos como las proteínas, tienen la misma asimetría levógira.
    Esto es equivalente a que una moneda sin trucar caiga siempre sobre la misma cara después de arrojarla un millón de veces. En la misma Enciclopedia se dice que no es posible comprender porqué las moléculas se convirtieron en levógiras o dextrógiras y se expresa que dicha elección está relacionada de manera fascinante con la fuente de la vida en la Tierra

    Si una moneda no trucada siempre presenta la misma cara cuando se la arroja un millón de veces,
    ¿es más lógico atribuir eso a una casualidad o aceptar que hay una intervención consciente?
    La respuesta debería ser obvia.

    Sin embargo, a pesar de esa aparente obviedad, los evolucionistas se refugian en el azar simplemente porque no quieren aceptar la existencia de la "intervención consciente".

    Una situación similar a la de los aminoácidos y el carácter levógiro sucede con los nucleótidos, las unidades más pequeñas de ADN y ARN. A diferencia de los aminoácidos en los organismos vivos, en los nucleótidos sólo son elegidas las formas dextrógiras. Esa es otra situación que nunca se puede explicar por medio del azar.

    Como conclusión, está definidamente probado por el científico cálculo de probabilidades que la fuente de la vida no se puede explicar a través del azar.

    Si intentamos calcular la probabilidad de que una proteína promedio compuesta de 400 aminoácidos seleccione a éstos solamente de entre los levógiros, nos encontramos con una relación 1/10 a la potencia 120. Con el objeto de hacer una comparación y entender la magnitud en que nos movemos, recordemos que el número de electrones total existente en el universo se estima en 10 a la potencia 79, un número mucho más pequeño, muchos miles de millones de veces menor.
    La probabilidad de que esos aminoácidos formen la secuencia y la forma funcional requerida, debería dar lugar a números muchos mayores. Si unimos estas probabilidades y expandimos el tema a la formación de un número y un tipo de proteínas más grandes, los cálculos se vuelven inimaginables e indefendibles por la razón, salvo que uno esté investido de la fe evolucionista, naturalmente.


    LA UNION CORRECTA ES VITAL
    Todo lo anterior aún no pone fin a las dificultades de la evolución. Aún hay más.
    No es suficiente que los aminoácidos estén ordenados según las cantidades, secuencias y estructuras tridimensionales correctas necesarias. La formación de una proteína también requiere que las moléculas de aminoácidos con más de un brazo se vinculen con otra solamente por medio de ciertos brazos. Tal vinculación se denomina "unión peptídica". Los aminoácidos pueden vincularse entre sí de modos distintos, pero las proteínas están compuesta sola y únicamente de esos aminoácidos reunidos por uniones "peptidas" correctas.

    Una comparación aclarará este punto. Supongamos que todas las partes de un auto fueron colocadas correctamente, con la única excepción que una de las ruedas no fue asegurada con las tuercas y tornillos correspondientes sino con un pedazo de alambre y de modo tal que la parte exterior de la llanta queda paralela al suelo. El auto no podrá moverse ni un metro, independientemente de la tecnología compleja o el motor poderoso de que disponga. En una primera observación, todo parece estar en su lugar, pero la colocación incorrecta de una de las ruedas se traduce en la ineptitud o nulidad del auto como tal. De la misma manera, una única mala unión de un aminoácido con otro por medio de una vinculación distinta a la peptídica en una molécula de proteína, vuelve a toda la molécula inútil, inservible.

    Los investigadores han puesto de manifiesto que la combinación fortuita de los aminoácidos se da con una unión peptídica solamente en una proporción del 50%, en tanto que el resto lo hace con uniones distintas que no están presentes en las proteínas. Para funcionar apropiadamente, cada aminoácido que compone una proteína debe unirse solamente con una unión peptídica, de la misma manera que los aminoácidos tienen que ser elegidos solamente de entre los levógiros.


    PROBABILIDAD CERO
    La probabilidad de la formación de una molécula de proteína compuesta de 500 aminoácidos es de 1 entre 10 a la potencia 950 un número formado por un 1 seguido de 950 ceros, algo difícil de concebir para la mente humana. Se puede hablar solamente de probabilidad, porque en la práctica la misma tiene una posibilidad "cero" de concretarse.
    Una probabilidad de "1 sobre 10 a la potencia 950" está más allá de los límites de la definición.

    Mientras la improbabilidad de la formación de una molécula de proteína compuesta de 500 aminoácidos alcanza tal grado de imposibilidad, podemos expandir más los límites de la mente con niveles más elevados de improbabilidad.
    En la molécula "hemoglobina", que es una proteína vital, hay 574 aminoácidos, es decir, un número más grande que el que conforma la proteína mencionada antes. Si consideramos que solamente en uno de los billones de glóbulos rojos del cuerpo humano hay 280 millones de moléculas de Hemoglobina, no es suficiente la supuesta edad de la Tierra para producir la formación, aunque fuera de una simple proteína por medio del método de "prueba y error", sin hablar ya de un glóbulo rojo. Incluso si suponemos que los aminoácidos se han combinado y descompuesto por el método de "prueba y error" sin perder ningún segundo, desde la formación del mundo, para la formación de una sola proteína, el período de tiempo requerido es mayor que la edad actual del mundo, es decir, no alcanza para cubrir la probabilidad de 1/10 a la potencia 950.

    La conclusión derivada de todo esto es que el criterio de la evolución cae, otra vez, en un profundo abismo de improbabilidad incluso en el estadio de formación de una proteína aislada.


    ¿EXISTE EN LA NATURALEZA UN MECANISMO DE PRUEBA Y ERROR?
    Concluimos por último con un punto muy importante en relación con la lógica fundamental del cálculo de probabilidades del que dimos algunos ejemplos. Indicamos que dichos cálculos llegaban a límites astronómicos y que las posibilidades que de ahí se derivan son matemáticamente imposibles que se concreten.

    Sin embargo, la naturaleza vuelve a refutar a los evolucionistas con un aspecto mucho más importante y caótico: bajo las condiciones naturales dichas probabilidades ni siquiera se pueden iniciar porque el azar no dispone de ningún mecanismo de prueba y error que pueda dirigir el proceso de producción.

    Los cálculos anteriores para indicar la probabilidad de la formación de una molécula de proteína con 500 aminoácidos son válidos solamente de manera hipotética, en un medio ambiente ideal de "prueba y error", condiciones ambientales que no existen en el azar ni en la vida real.

    Es decir, esa probabilidad de 1/10 a la potencia 950 para obtener una proteína útil, es válida solamente si suponemos que existe un mecanismo imaginario operado por una mano invisible que reúne 500 aminoácidos al azar y luego, si se ve que ese conjunto no funciona, los separa uno por uno y vuelve a probar según un nuevo ordenamiento. Si después de reunir cada vez 500 aminoácidos (reiteradamente), sin ningún agregado extra, la proteína aún no se ha formado, habría que seguir probando con otras secuencias, sucesivamente, cuidando siempre que no se involucre en el proceso ningún material extraño ni se alteren las condiciones de partida.
    También es imperativo que la cadena que se forma durante la prueba no se corte o destruya antes de llegar a su unión 499. Estas condiciones significan que las probabilidades mencionadas antes solamente pueden tener lugar en un medio ambiente controlado donde exista un mecanismo consciente dirigiendo el inicio y la finalización de cada etapa del proceso y donde solamente la "selección de los aminoácidos" no es dejada a la casualidad.

    Es imposible que exista un medio ambiente así bajo las condiciones naturales. Por lo tanto, la formación de una proteína por sí misma en el medio ambiente natural, es ilógica y técnicamente imposible, independientemente de la "imposibilidad matemática" de ocurrencia que tenga.
    En realidad, hablar de probabilidades de un suceso así, es totalmente no científico.

    Algunos evolucionistas no doctos no comprenden esto. Dado que asumen que la formación de la proteína es una simple reacción química, hacen deducciones absurdas tales como "los aminoácidos se combinan por la vía de la reacción y luego forman proteínas". Sin embargo, las reacciones químicas accidentales que tienen lugar en una estructura inorgánica pueden producir solamente cambios simples y primitivos. El número de éstos son limitados y determinados. Para producir algo más ya tienen que incluirse en el proceso más materiales químicos, plantas químicas, laboratorios y grandes fábricas. Las medicinas y muchos otros productos químicos que usamos en la vida diariamente, son del mismo tipo. Las proteínas tienen estructuras mucho más complejas que esos productos obtenidos por medio de la industrialización.

    Es imposible técnica, física, bioquímica ni probabilísticamente que las proteínas -cada una de las cuales es un diseño y obra de ingeniería maravillosa en la cual cada parte encaja en su lugar solo con un cierto orden- se originen como resultado al azasr de las reacciones químicas.

    Dejemos a un lado por un minuto todas las imposibilidades descritas hasta ahora y supongamos que una molécula de proteína útil se ha producido por evolución, de forma, "azarosa".

    Aún así, los evolucionistas no resolvieron nada porque con el objeto de que esa proteína mantenga su presencia necesitaría aislarse del medio circundante en que está y protegerse bajo condiciones muy especiales y concretas. De no ser así, dicha proteína se desintegraría al exponerse a las condiciones naturales de la Tierra (entropía), o también se uniría a otros ácidos, aminoácidos o compuestos químicos, perdiendo sus propiedades y convirtiéndose en una substancia totalmente distinta e inservible.


    EL RUIDO EVOLUCIONISTA Y SU BÚSQUEDA DE RESPUESTAS A LA CREACIÓN DE LA VIDA.
    La cuestión de "cómo aparecieron por primera vez los seres vivientes" es un atolladero tan crítico para los evolucionistas que generalmente ni siquiera intentan tratar el tema de manera fugaz. Buscan pasarlo por alto diciendo: "las primeras criaturas iniciaron su existencia como resultado de algunos sucesos fortuitos en el agua, o caldo primitivo".
    Es un obstáculo que por ningún medio pueden evitar.
    Y en este tema no tienen ningún fósil disponible para manipular, malinterpretar o falsificar y acomodarlo según sus prejuicios y sostener sus dogmas.
    Aquí la teoría de la evolución es refutada definidamente desde el inicio.

    Hay un punto importante a considerar: si se prueba como imposible algún paso del proceso evolucionista, ello es suficiente para evidenciar que la teoría en su conjunto es totalmente falsa e inválida. Por ejemplo, si se prueba que la formación al azar de las proteínas es imposible, todas las otras pretensiones consideradas en los pasos sucesivos de la evolución también quedan refutados. Después de esta etapa se vuelve sin sentido tomar los cráneos de un mono y de un ser humano y realizar especulaciones acerca de ellos.

    La forma en que los organismos vivientes pasaron a existir a partir de elementos inorgánicos, es algo que los evolucionistas no quisieron ni mencionarlo durante mucho tiempo. Sin embargo, esta cuestión que ha sido evitada constantemente pasó a ser un problema inevitable y entonces se ensayaron soluciones mediante una serie de estudios en el segundo cuarto del siglo XX.

    La pregunta principal es:
    ¿Cómo apareció la primera célula viva en la atmósfera primitiva de la Tierra?
    En otras palabras,
    ¿qué tipo de explicación podrían dar a este problema los evolucionistas?

    La respuesta se buscó a través de experimentos. Los científicos e investigadores evolucionistas llevaron a cabo experimentos de laboratorio dirigidos a responder esas preguntas, pero sin mucho éxito.
    El estudio más estimado sobre el origen de la vida resulta el llamado Experimento Miller dirigido por el investigador norteamericano Stanley Miller en 1953. (También se lo conoce como "Experimento Urey-Miller" debido a la contribución de Harold Urey, maestro de Miller en la Universidad de Chicago).

    Dicho experimento es la única pretendida "evidencia", usada para probar la "tesis de la evolución molecular" y presentada para señalar la primera etapa del período evolutivo. A pesar de haber pasado cerca de medio siglo y de haberse alcanzado grandes desarrollos tecnológicos, nadie ha dado un paso más en la materia.
    Con todo, el Experimento Miller es aún incluido en los libros de texto como la explicación de la evolución de la primera generación de algo viviente.
    Al ser conscientes los evolucionistas que esos estudios en vez de respaldar sus tesis las refutan, deliberadamente evitaron efectuarlos.
    Dicho experimento es la única pretendida "evidencia", usada para probar la "tesis de la evolución molecular" y presentada para señalar la primera etapa del período evolutivo. A pesar de haber pasado cerca de medio siglo y de haberse alcanzado grandes desarrollos tecnológicos, nadie ha dado un paso más en la materia.

    EL EXPERIMENTO MILLER
    El objetivo de Stanley Miller era presentar un descubrimiento experimental que indicara que los aminoácidos, los "ladrillos" que forman las proteínas, pudieron haber pasado a existir casualmente en la Tierra sin vida hace billones de años.
    Miller usó en el experimento una mezcla de gases, que supuso habían existido en la atmósfera primordial (cosa que después se demostró irreal), compuesta de amoníaco, metano, hidrógeno y vapor de agua. Dado que estos gases no reaccionarían entre sí bajo las condiciones naturales, agregó en ese medio ambiente creado por él una energía que estimulase el inicio de dicha reacción. Al suponer que dicha energía pudo provenir de destellos luminosos, usó una descarga eléctrica artificial como substituto.
    Hirvió esa mezcla de gases a 100°C durante una semana y además le introdujo una corriente eléctrica. Al finalizar la semana analizó los elementos químicos que se formaron en el fondo de la probeta y observó que se habían sintetizado 3 de los 20 aminoácidos que constituyen los elementos básicos de las proteínas.

    El experimento provocó gran excitación entre los evolucionistas y fue promovido como un éxito sin parangón. Además, en estado de euforia intoxicante, distintas publicaciones pusieron títulos como "Miller crea vida".
    Sin embargo, las moléculas que Miller había conseguido sintetizar eran solamente algunas moléculas "orgánicas".
    Animados por el experimento los evolucionistas produjeron de inmediato nuevos escenarios. Se hicieron hipótesis apresuradas sobre la formación de otros aminoácidos.
    Se supuso que los mismos se habrían unido posteriormente en las secuencias apropiadas de forma accidental para dar lugar a las proteínas.
    Se supuso que algunas de esas proteínas formadas por casualidad se autoubicaron dentro de estructuras que hacían de membranas, estructuras que pasaron a existir "de alguna manera", con lo que se formó una célula primitiva. Se supuso que con el tiempo las células se unieron y formaron organismos vivientes.
    Pero el experimento de Miller no fue más que una artimaña que se ha demostrado falsa en muchos aspectos.

    EL EXPERIMENTO MILLER RESULTÓ SER SOLAMENTE UNA FICCION
    El Experimento Miller buscaba probar que los aminoácidos podían formarse por sí mismos bajo las condiciones primordiales terrestres, cosa que resulta incoherente con una serie de puntos.

    1. Al usar Miller un mecanismo llamado "trampa de frío", aisló los aminoácidos del entorno apenas se formaron. Si no hubiese hecho eso, las condiciones del medio ambiente habrían destruido inmediatamente esas moléculas primitiva. Sin ese mecanismo, aunque se hubiese obtenido un aminoácido, al azar se habría extinguido sin tardanza.
    El químico Richard Bliss expresa esta incoherencia así:
    "En realidad, sin esta trampa de frío, los productos químicos habrían sido destruidos por la fuente eléctrica."
    Realmente Miller, en sus experimentos anteriores, no pudo formar ni un solo aminoácido valiéndose de los mismos elementos pero sin la trampa de frío.

    2. La atmósfera primitiva que Miller intentó simular en su experimento no era realista.
    En la década de 1980 los científicos estuvieron de acuerdo que en ese medio ambiente (el del experimento) deberían haberse colocado nitrógeno y dióxido de carbono en vez de metano y amoníaco. Después de un largo silencio el propio Miller confesó que la atmósfera que usó en su experimento no se ajustaba a la realidad.
    Entonces,
    ¿por qué insistió Miller en los gases usados?
    La respuesta es simple: sin amoníaco era imposible sintetizar un aminoácido.
    Kevin Mc Kean cuenta esto en un artículo publicado en la revista "Discover":
    "Miller y Urey imitaron la atmósfera antigua de la Tierra con una mezcla de metano y amoníaco. Según ellos, la Tierra era una auténtica mezcla homogénea de metales, rocas y hielo. Sin embargo, en los últimos estudios se comprendió que la Tierra era muy caliente en esos tiempos y que se componía de níquel y hierro fundido. Por lo tanto la atmósfera química de entonces habría estado formada principalmente de nitrógeno (N2), dióxido de carbono (CO2) y vapor de agua (H2O) gases que no son tan apropiados como el metano y el amoníaco para la formación de moléculas orgánicas."
    Los científicos norteamericanos J. P. Ferris y C. T. Chen repitieron el experimento de Miller en un medio ambiente que contenía dióxido de carbono, hidrógeno, nitrógeno y vapor de agua, y fueron incapaces de obtener ni una sola molécula de aminoácido.

    3. Otro punto importante que invalida el experimento de Miller es que había suficiente oxígeno para destruir todos los aminoácidos en la atmósfera en el momento que se pensaba se formaban.
    Este hecho, pasado por alto por Miller, se revela por los rastros de hierro oxidado y uranio encontrados en las rocas, a las que se estima una edad de 3,5 billones de años.

    Otros descubrimientos indican que la cantidad de oxígeno en ese estadio era mucho más elevada que los supuesto originalmente por los evolucionistas. Los estudios también enseñan que en ese momento la cantidad de radiación ultravioleta a la que estaba expuesta la Tierra era 10 mil veces mayor que la considerada por los evolucionistas. Esa intensa radiación ultravioleta inevitable habría liberado oxígeno por medio de la descomposición del vapor de agua y el dióxido de carbono existentes en la atmósfera.
    Esta situación anula completamente el experimento de Miller, en el cual el oxígeno fue totalmente ignorado. Si se hubiese usado oxígeno en el experimento, el metano se habría descompuesto en dióxido de carbono y agua, y el amoníaco se habría descompuesto en nitrógeno y agua. Por otra parte, en un medio ambiente donde no existe oxígeno, tampoco debería haber existido un estrato de ozono y por lo tanto los aminoácidos se habrían destruido de inmediato dado que hubiesen estado expuestos a rayos ultravioletas muy intensos.
    En otras palabras, con o sin oxígeno en el mundo primordial, el resultado habría sido un medio ambiente destructor de los aminoácidos en caso de que se hubiera formado alguno al azar.

    4. Al finalizar el experimento se habían formado muchos ácidos orgánicos con características nocivas para la estructura o función de los organismos vivientes.
    Si los aminoácidos no hubiesen sido aislados y se los hubiese dejado en el mismo medio ambiente con esos elementos químicos, habría resultado inevitable su destrucción o transformación en distintos compuestos a través de las reacciones químicas.
    Además, un gran número de dextrógiros se forman al final del experimento que refutan la teoría incluso en el marco de su propio razonamiento, porque esos aminoácidos son incapaces de formar organismos vivos.
    Para concluir, las circunstancias en que se formaron los aminoácidos en el experimento de Miller no eran las apropiadas para la vida. En realidad, ese medio tomó la forma de una mezcla ácida destruyendo y oxidando las moléculas útiles obtenidas.
    Hay una realidad concreta que señalan todos estos hechos: el experimento de Miller no puede suponer haber demostrado que los organismos vivos se formaron por casualidad bajo las condiciones primitivas de la Tierra. El experimento en su conjunto no es más que un experimento controlado de laboratorio y con un fin determinado, es decir, sintetizar aminoácidos en él:
    · la cantidad y tipos de gases usados en el experimento fueron determinados previamente para posibilitar la formación de los aminoácidos.
    · la energía provista al sistema tampoco fue una cantidad cualquiera sino una establecida con precisión para posibilitar que ocurran las reacciones necesarias.
    · los instrumentos del experimento fueron aislados para no permitir que se escurra allí algún elemento perjudicial, dañino o de cualquier otro tipo que obstruya la formación de los aminoácidos aunque probablemente estaban presentes en las condiciones primitivas del planeta.
    · en el experimento no fue incluido ningún elemento, minerales o mixturas que sí existían en aquella época, los cuales modificarían el curso de las reacciones.
    · el oxígeno, que habría evitado la formación de los aminoácidos debido a la oxidación, es solamente uno de esos elementos destructores.
    · incluso bajo las condiciones ideales de laboratorio era imposible que los aminoácidos mantuvieran su existencia y evitaran la destrucción sin la intervención del mecanismo de la trampa de frío.

    En realidad el experimento autorrefuta a los evolucionistas porque, si demuestra algo, es que los aminoácidos se pueden producir solamente en el medio ambiente controlado de un laboratorio, donde todas las condiciones están diseñadas específicamente a través de la intervención consciente. Nunca por azar

    La razón por la que los evolucionistas no aceptan esta realidad evidente es su ciega adhesión a prejuicios y dogmas totalmente no científicos.

    Es interesante lo confesado por Harold Urey, quien organizó el experimento con su alumno Stanley Miller:
    "Todos los que estudiamos el origen de la vida encontramos que cuanto más examinamos tanto más percibimos que es demasiado compleja para haberse producido por evolución en cualquier parte. Creemos, como un artículo de fe, que la vida se desarrolló a partir de la materia inerte existente en este planeta. (Pero) su complejidad, precisamente, es demasiado grande para imaginarnos cómo se produjo".

    LA ATMÓSFERA DEL MUNDO PRIMORDIAL Y LAS PROTEÍNAS
    A pesar de todas las incoherencias, los evolucionistas aún se refieren al experimento de Miller para evitar hablar de cómo se formaron los aminoácidos por sí mismos en la atmósfera primordial del mundo. Incluso hoy día continúan engañando a las personas, pretendiendo que el problema quedó resuelto por medio de ese experimento falaz.

    Para explicar la segunda etapa del origen de la vida, los evolucionistas enfrentaron un problema incomparablemente más grande que el de la formación de los aminoácidos: las “proteínas”, es decir, los ladrillos que edifican la vida, compuestas de cientos de aminoácidos diferentes, uniéndose entre sí con un orden dado.
    Suponer que las proteínas se formaron por azar bajo las condiciones naturales es mucho más irreal e irrazonable que pretender que los aminoácidos se formaron de modo fortuito.

    Examinemos la imposibilidad de que se produzcan las proteínas bajo las condiciones primordiales de la Tierra.

    NO ES POSIBLE LA SÍNTESIS DE PROTEINAS EN EL AGUA
    Los aminoácidos al combinarse para formar proteínas lo hacen mediante una unión especial entre ellos llamada "unión peptídica". Durante la formación del enlace peptídico se libera una molécula de agua, es una reacción de condensación.
    Este hecho impugna definidamente la explicación evolucionista de que la vida primordial se originó en el agua porque de acuerdo al Principio de Le Châtelier no es posible químicamente que una reacción de condensación tenga lugar en un medio ambiente acuoso. La posibilidad de que ello ocurra es la menor entre todas las reacciones químicas.

    De aquí que los océanos, supuestamente los lugares donde comenzó la vida y se originaron los aminoácidos, no sean ambientes apropiados para que estos últimos formen proteínas. Por otra parte, sería irracional que los evolucionistas cambien la forma de pensar y sostengan que la vida comenzó en la tierra, porque el único medio ambiente en donde los aminoácidos podrían haber estado protegidos de los rayos ultravioletas es en medio acuoso.
    El Principio de Le Châtelier refuta el supuesto de la formación de la vida en el mar pero la formación por azar en medio noacuoso aún es más improbable.
    Este es otro dilema más que refuta la evolución.


    OTRO ESFUERZO DESESPERADO: EL EXPERIMENTO DE FOX
    Desafiados por el dilema anterior, los evolucionistas empezaron a inventar escenarios irreales sobre este "problema del agua" que rebatía absolutamente sus teorías.

    Sydney Fox fue uno de los más conocidos. Para intentar resolver el problema presentó una teoría según la cual los primeros aminoácidos deben haber sido arrastrados a algunos acantilados o zonas escarpadas cerca de un volcán, inmediatamente después de formarse en el océano primitivo. El agua contenida en la mezcla que incluía los aminoácidos debe haberse evaporado cuando aumentó la temperatura por encima del punto de ebullición. De esa manera los aminoácidos, que quedaron "secos", pudieron haberse combinado para formar las proteínas.
    Sin embargo, este "complicado" subterfugio no fue tenido en cuenta por mucha gente porque los aminoácidos no podían soportar temperaturas tan elevadas, como verifican los investigadores.
    Pero Fox no cedió y combinó los aminoácidos purificados obtenidos en el laboratorio, "bajo condiciones muy especiales", calentándolos en un medio ambiente seco. Los aminoácidos se combinaron pero, así y todo, no se obtuvo ninguna proteína. Lo único que consiguió realmente fue anillos desordenados y simples de aminoácidos, combinados arbitrariamente. Y esos anillos estaban lejos de asemejarse a una proteína viva.

    Además, Fox hubiera mantenido los aminoácidos a una temperatura estable, entonces esos anillos inservibles también se habrían desintegrado.

    Otro punto que anuló el experimento fue que Fox no usó los productos finales inservibles obtenidos en el experimento de Miller sino aminoácidos puros de organismos vivos. De todos modos, este experimento, hecho con la intención de que sea la continuación del de Miller, tuvo que echar mano a resultados no obtenidos por Miller. No obstante, ni Fox ni ningún otro investigador usó los aminoácidos producidos por Miller al resultar inservibles .

    El experimento de Fox no fue recibido positivamente ni siquiera en los círculos evolucionistas porque estaba claro que las cadenas de aminoácidos inservibles (proteinoides) que obtuvo no podían formarse bajo condiciones naturales. Con todo, las proteínas -unidades básicas de la vida- no pudieron ser producidas. El problema del origen de las proteínas sigue en pie.

    En un artículo del decenio de 1970 en la revista de ciencia popular "Chemical Engineering News" se mencionó de la siguiente manera el experimento de Fox:
    "Sidney Fox y otros investigadores procuraron unir los aminoácidos en la forma de 'proteinoides' usando técnicas de calentamiento muy especiales bajo condiciones que en realidad eran totalmente inexistentes en las etapas primitivas de la Tierra. Además, (esos aminoácidos) no son para nada similares a las proteínas regulares presentes en los organismos vivos. No se trata sino de manchas irregulares, inservibles. Se ha expresado que incluso si ese tipo de moléculas se hubiese producido en las primeras épocas de la Tierra, habrían sido destruidas definidamente".

    En realidad, las proteínas que había obtenido Fox eran totalmente distintas de las proteínas reales tanto en su estructura como en su función. La diferencia entre las proteínas y los "proteinoides" eran tan grande como la diferencia entre un artefacto de elevada tecnología y un montón de materias primas sin procesar.
    Además, no hay ninguna posibilidad para que esas cadenas irregulares de aminoácidos sobrevivan en la atmósfera primordial. Los efectos destructores y dañinos, físicos y químicos, causados por la fuerte exposición ultravioleta y las condiciones naturales inestables, harían que los proteinoides se desintegren. Debido al Principio de Le Châtelier, también resultaba imposible para los aminoácidos combinarse bajo el agua, donde los rayos ultravioletas no los alcanzarían. En vista de esto, la idea de que los proteinoides fueron la base de la vida perdió apoyo eventualmente entre los científicos.


    LA MOLÉCULA MILAGROSA : EL ADN
    Hasta ahora, a nivel molecular, la formación de los aminoácidos no ha sido esclarecida en lo más mínimo por los evolucionistas, tampoco la formación de las proteínas que es un misterio, pero estos problemas no resultan ser solamente el inicio.

    La perfecta estructura de la célula lleva a los evolucionistas a otro atolladero.
    La razón está en que la célula no es una cantidad de proteínas estructuradas por aminoácidos. Es un mecanismo vivo que posee cientos de sistemas desarrollados y es tan compleja que el hombre aún es incapaz de penetrarr su misterio.
    Los evolucionistas no pueden explicar esos sistemas complejos como así tampoco la formación de las unidades básicas de la célula.

    En tanto la teoría de la evolución ha sido incapaz de proveer una explicación coherente a la existencia de las moléculas que son la base de la estructura celular, los avances de la genética y el descubrimiento de los ácidos nucleicos (ADN y ARN) han producido problemas enteramente nuevos y aún mayores a la teoría de la evolución.

    El trabajo de los científicos James Watson y Francis Crick sobre el ADN abrieron una nueva era en la biología en 1955. Muchos científicos dirigieron su atención a la ciencia de la genética. Hoy día, después de años de investigación, se ha revelado en gran medida la estructura del ADN.
    La molécula llamada ADN que se encuentra en el núcleo de cada una de las 100 millones de células del cuerpo humano, contiene el plan de construcción completo de la misma. La información respecto a las características de la persona, la apariencia física y hasta la estructura de los órganos internos, están registrados en el ADN por medio de un sistema de código especial. La información en el ADN está codificada dentro de la secuencia de cuatro bases especiales que componen esta molécula. Esas bases están especificadas como A, T, G, C, de acuerdo a las letras iniciales de sus nombres. Todas las diferencias estructurales entre las personas dependen de las variaciones en las secuencias de estas letras. Se trata de un banco de datos completo y preciso compuesto de cuatro letras.

    El orden secuencial de las letras en el ADN determina la estructura del ser humano hasta sus más leves detalles. Además de los rasgos como el peso, los ojos, el color de la piel y del cabello, el ADN de una sola célula contiene también el diseño de 206 huesos, 600 músculos, una red de 2 millones de nervios ópticos, 100 billones de células nerviosas, 130 billones de metros de vena y 100 trillones de células en el cuerpo.
    Si quisiéramos poner por escrito la información codificada en el ADN, tendríamos que compilar una biblioteca gigante consistente de 900 volúmenes enciclopédicos de 500 páginas cada uno.
    Este increíble volumen de información se encuentra codificado en los componentes del ADN llamados "genes".

    ¿PUEDE EL ADN PASAR CREARSE POR CASUALIDAD?
    Un detalle importante es que cualquier error en la secuencia de los nucleótidos que componen un gen convertiría al mismo en completamente inútil. Cuando se considera que en el cuerpo humano hay 200 mil genes, se hace más evidente lo imposible que es que los millones de nucleótidos que integran esos genes se formen por casualidad en la secuencia correcta.

    Un biólogo evolucionista, Frank Salisbury, comenta esa imposibilidad al decir:
    "Una proteína media incluye unos 300 aminoácidos. El gen, ADN que controla esto tiene unos mil nucleótidos en su cadena. Dado que hay cuatro tipos de nucleótidos en la cadena de ADN que consiste de mil enlaces o uniones podría existir en 41000 formas diferentes. Usando un poco de álgebra (logaritmos) podemos ver que 41 a la potencia 1000 = 10 a la potencia 600.
    Este número está más allá de nuestro entendimiento"y es difícil encontrar algo de su magnitud para compararlo. Si 10 a la potencia 11 es igual a un billón, una cifra con 600 ceros realmente es difícil de concebir para la mente humana
    .

    La imposibilidad de la formación de ARN y ADN por una acumulación casual de nucleótidos es expresada por el científico francés Paul Anger:
    "Tenemos que distinguir rigurosamente los dos escenarios en la formación fortuita de moléculas complejas, como los nucleótidos, por medio de acontecimientos químicos:
    · la producción de nucleótidos uno por uno -lo cual sería posible- y
    · la combinación de los mismos en frecuencias muy especiales. Esto último es absolutamente imposible
    "

    Incluso Francis Crick, quien creyó en la teoría de la evolución molecular durante muchos años, se dio cuenta, después del descubrimiento del ADN, que una molécula así de compleja no se podía formar fortuitamente como resultado de un proceso evolutivo:
    "Un hombre honesto, provisto de todo el conocimiento existente en la actualidad, solamente podría decir que, en algún sentido, el origen de la vida se presenta casi como un milagro"

    El profesor evolucionista Ali Demirsoy se vio forzado a hacer la siguiente confesión en la materia:
    "De hecho la probabilidad de la formación de una proteína y un ácido nucleico (ADN-ARN) es realmente incalculable. Por otra parte, la posibilidad de la aparición de una cierta cadena de proteína es tan pequeña como para ser llamada infinitesimal"

    Aquí se presenta una interesante paradoja: el ADN se puede replicar con la única ayuda de algunas enzimas (que en realidad son proteínas), y la síntesis de las mismas solo se puede llevar a cabo por medio de la información codificada en el ADN. Como ambos procesos son interdependientes, tienen que existir simultáneamente para la duplicación.

    El microbiólogo norteamericano Jacobson hace el siguiente comentario al respecto:
    "Las órdenes de los planes reproductores, para el desarrollo de la secuencia y para la eficiencia del mecanismo que traslada las instrucciones que hacen al desarrollo en conjunto, tenían que estar presentes simultáneamente (cuando comenzó la vida). Esta combinación de sucesos se ha presentado como un acontecimiento accidental increíblemente improbable, y a menudo ha sido adscrito a la intervención divina".

    La cita anterior fue escrita dos años después del descubrimiento de la estructura del ADN por James Watson y Francis Crick. Pero a pesar de todos los desarrollos en las ciencias, el problema sigue sin ser resuelto por los evolucionistas.

    Dos científicos alemanes, Junker y Scherer, explicaron que:
    la síntesis de cada una de las moléculas requeridas por la evolución química necesita condiciones distintas y la probabilidad de la combinación de estas substancias, que teóricamente se vale de métodos muy distintos para formarse, es igual a cero.
    Hasta ahora no se conoce ningún experimento con el cual podamos obtener todas las moléculas necesarias para la evolución química. Por lo tanto, es esencial producir distintas moléculas en distintos lugares bajo condiciones muy apropiadas y luego llevarlas a otro lugar para su reacción, protegiéndolas de los elementos dañinos como la hidrólisis y la fotólisis
    "

    En resumen, la teoría de la evolución es incapaz de demostrar ninguna de las etapas evolutivas que supuestamente ocurren a nivel molecular. El progreso científico en vez de dar respuestas a esas cuestiones, las hace aún más complejas e intrincadas.

    Resulta muy interesante que los evolucionistas crean en todos esos escenarios imposibles como si cada uno de ellos fuesen una realidad científica. Dado que están condicionados a no admitir la Creación, no tienen ninguna otra posibilidad más que creer en lo imposible.

    Un conocido biólogo austríaco, Michael Denton, nos habla de esto en su libro Evolution: A Theory in Crisis (La Evolución: Una Teoría en Crisis):
    "Para los escépticos, la proposición de que los programas genéticos de los organismos más elevados consistentes en cerca de mil millones de bits de información, equivalente a la secuencia de letras en una pequeña biblioteca de mil volúmenes que contiene en incontables formas codificadas miles de intrincados algoritmos que controlan, especifican y ordenan el crecimiento y desarrollo de billones y billones de células en la forma de un organismo complejo- fueron compuestos por un proceso basado en el azar, resulta, simplemente, una afrenta a la razón. ¡Pero para los darwinistas -que aceptan la idea sin la mínima duda- el ejemplo tiene prioridad!"


    LA VIDA ES DISTINTA Y SUPERIOR A UN SIMPLE AMONTONAMIENTO DE MOLÉCULAS
    Olvidemos todas las imposibilidades y supongamos que una molécula de proteína se formó en el medio ambiente más inapropiado y libre, como sería bajo las condiciones primordiales de la Tierra.
    La formación de una sola proteína no sería suficiente. La misma tendría que esperar pacientemente durante miles o millones de años en ese medio ambiente libre de todo control, sin sufrir ningún daño, hasta que se forme otra molécula más, por casualidad, bajo las mismas condiciones. Tendrían que esperar hasta que millones de proteínas esenciales y bien hechas se formen una contigua a la otra, en el mismo medio circundante, y todas por "casualidad".
    Las que se formaron primero tienen que ser lo suficientemente fuertes para esperar -sin ser destruidas a pesar de los rayos ultravioletas y rigurosos efectos mecánico/químicos- a que se formen las otras exactamente en su veindidad.
    Luego esas proteínas, en una cantidad adecuada, originadas todas en el mismo lugar, tendrían que reunirse y dar lugar a combinaciones provechosas para la formación de las organelas de las células. No tiene que interferir ningún material extraño, ninguna molécula dañina o alguna cadena de proteína inútil.
    Luego, aunque esas organelas fuesen a reunirse de una manera sumamente armoniosa y cooperativa, dentro de un orden y una planificación, todas deben autoproveerse también de las enzimas necesarias, cubrirse con una membrana y en su interior contener un líquido especial para preparar el medio ambiente ideal requerido.
    Así y todo, si todos estos sucesos "altamente improbables" ocurrieron realmente de modo casual,
    ¿pasaría a tener vida ese amontonamiento molecular?.
    La desalentadora respuesta, para los evolucionistas, es un rotundo NO.

    Las investigaciones han revelado que la simple combinación de todos los materiales esenciales para la vida no es suficiente para que la vida se inicie. Incluso si todas las proteínas esenciales para la vida fuesen reunidas y puestas en una probeta, ello no resultaría en la producción de una célula viva. Todos los experimentos dirigidos a ese fin han probado ser ineficaces.

    Todas las evidencias y observaciones así como los ensayos realizados indican que la vida solamente se puede originar a partir de la vida.

    Por tanto la aseveración de que la vida evolucionó a partir de materiales inertes, en otras palabras, de la "síntesis abiogenética", es una fábula que existe únicamente en los sueños de los evolucionistas y resulta algo en completo desacuerdo con los resultados científicos y todos los experimentos, evidencias, la razón y observaciones.

    Chandra Wickramasinghe describe la realidad que enfrentó como científico a quien siempre se le había dicho que la vida emergió como resultado de coincidencias fortuitas:
    "Desde los inicios de mi formación como científico, recibí un fuerte lavado de cerebro para que crea que la ciencia no puede ser compatible con ningún tipo de creación premeditada. Me tuve que desprender de esa idea con gran sufrimiento. Pero no encuentro ningún argumento racional para echar por tierra el criterio que sostiene la reconciliación con Dios. Estamos acostumbrados a tener una mente abierta y ahora comprobamos que la única respuesta lógica (respecto al origen) de la vida es la Creación y no su formación azarosa, accidental, desordenada".

    La Segunda Ley de la Termodinámica, aceptada como una de las leyes básicas de la física, la más comprobada y universal que existe, sostiene que bajo condiciones normales todos los sistemas dejados a su propias voluntad tienden a volverse desordenados y degradarse, en relación directa con el tiempo transcurrido.

    Todo lo viviente o inerte se agota, deteriora, decae, desintegra y destruye. Este es el fin categórico que todo lo existente enfrentará de una u otra manera. Y de acuerdo a esta ley no hay retorno de este proceso inevitable.

    Lo dicho es algo que todos hemos observado. Por ejemplo, si llevamos un auto al desierto y lo dejamos allí, es muy difícil que lo vayamos a encontrar mejor cuando volvamos años más tarde. Por el contrario, veremos que los neumáticos se desinflaron, que las ventanas están rotas, que el chasis se ha aherrumbrado y el motor se ha deteriorado. El mismo proceso inevitable es cierto, e incluso con mayor rapidez, para los organismos vivos.

    La Segunda Ley de la Termodinámica es el medio por el cual dicho proceso se define con ecuaciones y cálculos físicos. A esta famosa ley física se la conoce también como Ley de la Entropía. Entropía es la duración del desorden involucrado en un sistema físico.

    La entropía de un sistema aumenta mientras el mismo se dirige a un estado más desordenado, disperso y sin proyecto, proviniendo de otro estado ordenado, organizado y planificado.
    Cuanto mayor es el desorden de un sistema, mayor resulta su entropía.

    La Ley de la Entropía sostiene que todo el Universo avanza inevitablemente hacia un estado más desordenado, desorganizado, sin planificación.
    La validez de la Segunda Ley de la Termodinámica o ley de la Entropía, está establecida experimental y teóricamente. Los más importantes científicos de nuestra época concuerdan en el hecho de que la Ley de la Entropía presidirá como el paradigma normativo el próximo período de la historia.

    Sir Arthur Eddington se refirió a ella como "la ley metafísica suprema de todo el Universo".

    La teoría de la evolución es una afirmación que ignora y contradice totalmente esa auténtica ley básica y universal de la física.

    El mecanismo ofrecido por la evolución contradice totalmente dicha ley. La teoría de la evolución dice que los átomos y las moléculas desordenados, dispersos e inorgánicos se reúnen espontáneamente con el tiempo en un cierto orden y con cierto plan para formar moléculas extremadamente complejas como las proteínas, el ADN y el ARN, después de lo cual dieron origen a millones de especies vivas distintas con estructuras aún más complejas.
    Según la teoría de la evolución, ese supuesto proceso que pasa por una estructura más compleja, más organizada, más ordenada y más planificada en cada etapa, se ha formado por sí mismo bajo las condiciones naturales.

    Los científicos evolucionistas también son conscientes de esto.
    Dice J. H. Rush:
    "En el curso complejo de su evolución, la vida exhibe un notable contraste con la tendencia expresada en la Segunda Ley de la Termodinámica. Donde esta ley expresa un avance irreversible hacia una entropía creciente y desordenada, la vida desenvuelve continuamente más altos niveles de orden".

    El científico evolucionista Roger Lewin expresa el atolladero termodinámico de la evolución en un artículo de la revista "Science":
    "Un problema que han enfrentado los biólogos es la aparente contradicción de la evolución con la Segunda Ley de la Termodinámica. Los sistemas deberían deteriorarse con el paso del tiempo, disminuyendo en vez de aumentar el orden".

    Otro científico evolucionista, George Stravropoulos habla en la revista evolucionista "American Scientist" de :
    la imposibilidad termodinámica para la formación espontánea de la vida y de la imposibilidad de explicar un mecanismo vivo complejo por medio de las leyes naturales:
    "No obstante, bajo condiciones ordinarias, nunca se puede formar espontáneamente ninguna molécula orgánica compleja, sino que más bien se desintegrará, de acuerdo con la Ley de la Entropia. En realidad, cuanto más compleja es resulta más inestable, y lo que se confirma, más temprano o más tarde, es su desintegración. La fotosíntesis y todos los procesos de la vida, y la vida en sí misma, a pesar de todo lo que se dice confusamente, deliberadamente o no, no puede comprenderse en términos de la termodinámica o de cualquier otra ciencia exacta
    ".

    La Segunda Ley de la Termodinámica constituye un obstáculo insuperable para el escenario de la evolución, en términos tanto de la ciencia como de la lógica.

    Los evolucionistas, incapaces de presentar ninguna explicación coherente y científica para superar ese obstáculo, pueden imponerse al mismo solamente en su imaginación.

    Por ejemplo, el conocido Jeremy Rifkin señala su creencia de que la evolución anonada esta ley de la física con un "poder mágico":
    "La Ley de la Entropía dice que la evolución disipa toda la energía disponible para la vida en el planeta. Nuestro concepto de la evolución es exactamente el opuesto. Creemos que la evolución, de algún modo mágico, crea un valor y orden energético más grande sobre la Tierra".

    Estas palabras indican muy bien que la evolución es, plenamente, una creencia dogmática, en vez de pensar según la razón y la ciencia se imponen los prejuicios de la no existencia de Dios (logos).


    El mito del "sistema abierto".
    Los evolucionistas, confrontados por estas verdades, se tuvieron que refugiar en una Segunda Ley de la Termodinámica destrozada, mutilada, al decir que la misma es cierta solamente para un "sistema cerrado", pero que un "sistema abierto" queda fuera del campo de esa Ley.
    Un "sistema abierto" es un sistema termodinámico en el que la sustancia energética fluye dentro y fuera del mismo, a diferencia de un "sistema cerrado" en el que la energía y sustancia inicial permanecen constantes.
    Los evolucionistas sostienen que el mundo es un sistema abierto: está constantemente expuesto a una energía que fluye desde el sol, la Ley de la Entropía no se aplica al mundo en su conjunto y los seres vivientes complejos y ordenados pueden generarse a partir de estructuras inanimadas, simples y desordenadas.

    Sin embargo, en lo dicho hay una distorsión obvia. El hecho que un sistema tenga un flujo de energía no es suficiente para hacerlo ordenado. Se necesitan mecanismos específicos para que la energía sea funcional. Por ejemplo, un auto necesita un motor, un sistema de transmisión y mecanismos de control para convertir la energía de la gasolina en trabajo. Sin un sistema de conversión energética el auto no será capaz de usar la energía existente en la gasolina.

    En el caso de la vida se aplica lo mismo.
    Es cierto que la vida obtiene su energía del sol. Sin embargo, la energía solar puede convertirse en energía química solamente por medio de sistemas de conversión complejos en los organismo vivos. (Como la fotosíntesis en las plantas y los sistemas digestivos de humanos y animales). Nada puede vivir sin esos sistemas de conversión. Sin un sistema de conversión el sol no es más que una fuente de energía destructiva que quema, reseca o funde.

    Un sistema termodinámico sin un mecanismo de algún tipo para reconvertir la energía, no es provechoso para la evolución, sea abierto o cerrado. Nadie asevera que un mecanismo así, complejo y consciente, pudo haber existido en la naturaleza bajo las condiciones de la Tierra primitiva.
    El problema a que hacen frente los evolucionistas es la cuestión de cómo pasaron a existir por sí mismos, por azar, los mecanismos complejos de conversión de energía, como la fotosíntesis en las plantas, cosa que no pudo ser copiada ni siquiera con la moderna tecnología de hoy día.

    El influjo de la energía solar en el mundo no tiene ningún efecto que por sí solo produzca orden. Independientemente de lo elevado de la temperatura, los aminoácidos resisten la formación de uniones en secuencias ordenadas. La energía por sí misma no es suficiente para hacer que los aminoácidos formen las moléculas mucho más complejas de las proteínas o para que éstas formen las estructuras organizadas y mucho más complejas de las organelas de las células.
    La fuente real y esencial de esa organización en todos los niveles es un designio consciente: en una palabra, el logos, la Creación.

    La "teoría del caos" como escapatoria.
    Algunos científicos evolucionistas, totalmente conscientes de que la Segunda Ley de la Termodinámica vuelve imposible la evolución, intentaron cerrar esa brecha por medio de especulaciones.
    Pero esos esfuerzos indican que la teoría de la evolución enfrenta una desavenencia irreconciliable de la que no puede escapar.

    Una persona distinguida por sus esfuerzos por unir la termodinámica y la evolución es el científico belga Ilya Prigogine. Partiendo de la teoría del caos propuso una serie de hipótesis mediante las cuales el orden tiene lugar desde el caos (desde el desorden).
    A pesar de sus enormes esfuerzos fue incapaz de concretar esa unión, cosa que se advierte claramente en lo que expresa:
    "Hay otra cuestión que nos ha fastidiado durante más de un siglo: ¿qué significado tiene la evolución de un ser viviente en el mundo descrito por medio de la termodinámica, un mundo de un desorden siempre creciente?".

    Prigogine, quien sabe realmente bien que las teorías a nivel molecular no son aplicables a los sistemas vivientes, como en el caso de una célula viva, subraya este problema:
    "El problema del orden biológico involucra la transición de la actividad molecular al orden supramolecular de la célula. Este problema está lejos de ser resuelto".

    Ese es el punto más reciente alcanzado por la Teoría del Caos y las especulaciones conexas. No se ha obtenido ningún resultado concreto que apoye o verifique la evolución o elimine la contradicción de la evolución con la entropía y con otras leyes físicas.

    A pesar de todos los hechos evidentes, los evolucionistas intentaron defenderse con simples subterfugios.

    Las sencillas verdades científicas indican que los organismos vivientes y sus estructuras complejas, planificadas y ordenadas, de ninguna manera pudieron pasar a existir por casualidad bajo circunstancias normales.

    La ciencia, la razón y la evidencia han probado que la evolución es imposible en lo que a la termodinámica concierne, y que la existencia de la vida no tiene ninguna explicación que no sea la Creación.
    Última edición por Valmadian; 24/11/2018 a las 21:33

  2. #2
    Avatar de Hyeronimus
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    Re: Refutaciones Científicas a las ESPECULACIONES de la teoría evolucionista

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    Cita Iniciado por donjaime Ver mensaje
    NOTA de moderación: le comento lo mismo que en el otro tema. Historia, contexto y consecuencias de la Teoría Evolución Lo siento, pero la cita de las fuentes es lo obligado.
    Esto es importantísimo, precisamente porque el tema de la supuesta evolución no hay por dónde agarrarlo desde el punto de vista científico. Si se citan las fuentes, lo que se diga tendrá más peso.

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