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Tema: Luna cincuenta años después

  1. #1
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    Luna cincuenta años después

    Y siguen los tontos tragándose lo de la conspiración, y siguen los listos forrándose mediante libros, vídeos, montajes de todo tipo en You Tube de todos los tontos que les creen a ellos, investigadores de chi chi nabo en laboratorio casero de sus domicilios, en los mismos que le dan al caletre para sacar pasta de esos tremebundos y ridículos vídeos que van colgados con perchas de publicidad a equis céntimos la visita. Y por no valerles, no les sirve que la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) en aquellos años en plena carrera espacial y guerra fría (vamos que no se hacía tirándose helados) con los USA (United States of America) siguiese todo el viaje al Apolo 11 y felicitase a Washington por el éxito logrado.

    El problema para ellos es que se enfrentan a la verdad de los hechos. Frente al aficionadillo espabilado y aprovechón de su ignorancia patanera, está el profesional con su formación larga, costosa y no siempre muy agradecida. No es lo mismo la divulgación de cómic, que la formación académica en centros científicos y tecnológicos especializados. No es lo mismo lo que sostiene la imaginación de Pepe, mientras se llena la boca de garbanzos, que la realidad de los hechos logrados mediante ingentes cantidades de esfuerzos aunados de muchos y de dinero destinado a esos logros.

    Hoy, cincuenta años más tarde, un verdadero experto les cuenta a la legión de paletos que si hubo un alunizaje real, y que todos sus argumentos en contra no son sino papelitos mojados. Cuanta más tecnología a su disposición, más tontos...


    Un experto en cine explica por qué la llegada a la Luna no pudo ser un montaje.

    Era imposible fingir la llegada a la Luna con la tecnología disponible en aquellos años


    Howard Berry

    Actualizado:
    17/07/2019 15:45h




    Cuando se cumplen 50 años del asombroso alunizaje del Apolo 11, los escépticos que no creen que ocurriera realmente se siguen contando por miles. Las teorías conspirativas sobre la llegada del hombre a la Luna que surgieron en los 70 gozan en la actualidad de una popularidad sin precedentes. Una de las más repetidas es que el cineasta Stanley Kubrick colaboró con la NASA filmando los seis exitosos aterrizajes en suelo lunar.

    Sin embargo, ¿habría sido posible falsear la llegada al satélite con la tecnología disponible en aquellos años? No soy ingeniero, ni científico ni experto en viajes espaciales; soy director de cine y profesor de posproducción y, aunque no puedo explicar el proceso mediante el cual aterrizamos en la Luna, estoy en condiciones de asegurar que es imposible que el alunizaje fuera fingido.

    Estas son algunas de las falsas creencias y cuestiones más comunes y las razones por las que no se sostienen.

    «Los aterrizajes fueron grabados en un estudio de televisión»

    Existen dos maneras distintas de captar imágenes en movimiento. Una de ellas es mediante fotogramas, tiras de material fotográfico en las que se expone una serie de imágenes. Otra forma es el vídeo, un método electrónico que permite grabar en varios medios diferentes, como en cinta magnética, y que se puede emitir en televisión. Una película cinematográfica estándar captura 24 fotogramas por segundo, mientras que la emisión televisiva muestra 25 o 30 frames habitualmente, dependiendo de la localización.

    Para que la teoría que asegura que los aterrizajes lunares fueron un producto de ficción fuera válida, las imágenes deberían haber sido grabadas a 30 fotogramas por segundo, el estándar televisivo de la época. No obstante, no es un secreto que el vídeo de la primera llegada a la Luna fue filmado a 10 fotogramas por segundo en SSTV (Slow scan televisión, Televisión de barrido lento) con una cámara especial.


    «Utilizaron la cámara especial del Apolo en un estudio y ralentizaron el metraje para simular una menor gravedad»

    Algunas personas podrían argumentar que, al ver individuos moverse a cámara lenta, estos dan la sensación de encontrarse en un entorno de baja gravedad. Ralentizar una película requiere más fotogramas de los habituales, por lo que se debe emplear una cámara capaz de capturar más frames por segundo que una normal.

    El proceso de ralentización, conocido en inglés como overcranking, hace que cuando la cinta es reproducida de nuevo a la velocidad normal el metraje sea más largo. En caso de no poder ralentizar la cámara, sería posible grabar a una velocidad de frames normal y retardar artificialmente las imágenes, para lo cual sería necesario recolocar los fotogramas y generar algunos más para ralentizar la imagen.

    En lo que a la emisión se refiere, las grabadoras de cinta magnética capaces de almacenar imágenes a cámara lenta solo podían capturar 30 segundos en total, que se convertían en 90 segundos a cámara lenta. Para recrear 143 minutos a una velocidad inferior a la habitual se necesitarían grabar y almacenar 47 minutos, lo que no era posible en aquel momento.

    «Seguro que tenían una cámara mucho más avanzada con capacidad para almacenar metraje a cámara lenta. Todo el mundo sabe que cualquier teconología pasa por la NASA antes de llegar a los demás».

    Quizá tuvieran una grabadora supersecreta con capacidad extra, pero quizá una que fuera 3.000 veces mejor es demasiado. Yo lo pondría en duda.

    «Lo grabaron en película y ralentizaron la imagen, ya que el film es ilimitado. Luego lo trasladaron a vídeo para poder emitirlo en televisión».
    ¡Al fin un poco de lógica! Pero hay un problema: de haberlo hecho así, se habrían necesitado miles de metros de película. La de 35 mm, que almacena 24 fotogramas por segundo, tiene una duración de 11 minutos y mide algo más de 300 metros. Calculemos: para obtener 12 fotogramas por segundo (lo más cercano posible a los 10 frames que podemos conseguir con un film estándar) durante 143 minutos (la duración del metraje del Apolo 11), necesitaríamos seis carretes y medio.

    Después, estos tendrían que unirse. El empalme de las películas, la transferencia y revelado de negativos y las posibles motas de polvo, pelos o rasguños mermarían considerablemente la calidad de las imágenes. No encontramos ninguno de estos elementos en las tomas grabadas en la Luna, lo que demuestra que en ningún momento se utilizó película.

    Por si fuera poco, los alunizajes del programa Apolo que sucedieron al primero fueron grabados a una velocidad de 30 fotogramas por segundo, por lo que falsearlos habría sido tres veces más difícil. Es decir, la misión del Apolo 11 habría sido la más fácil de manipular.

    «Pero la bandera ondea al viento y en la Luna no hay viento. Está claro que utilizaron un ventilador en el estudio o se grabó en el desierto».

    No. Después de que los astronautas la depositaran en suelo lunar, la bandera permanece inalterable en todo el metraje. Además, ¿cuánto viento hay en un estudio de televisión?.

    Vale, en el desierto hace viento, lo acepto. Pero en julio el desierto es sumamente caluroso, y es normal observar en los reportajes veraniegos las olas de calor típicas que se producen durante la canícula. En las imágenes de la llegada a la Luna no se aprecia signos de calor, por lo que no fueron grabadas en el desierto. Y la bandera sigue sin moverse.

    «Viendo lo raras que son las sombras en las imágenes, la luz procede claramente de un foco»

    En efecto, es un foco. Un foco que está a casi 150 millones de kilómetros y se llama Sol. Mire bien las sombras que aparecen. Si la fuente lumínica proviniera de un punto cercano, las sombras partirían de un punto central. Sin embargo, debido a que la fuente es muy lejana, las sombras son paralelas en la mayoría de las posiciones, en lugar de divergir desde un mismo punto. Dicho esto, el Sol no es la única fuente de iluminación, ya que la luz también se refleja en la superficie lunar, lo que implica dos cosas: que algunas sombras no parezcan paralelas y que se puedan observar objetos situados en las zonas de sombra.

    «Todo el mundo sabe que Stanley Kubrick dirigió la falsa llegada a la Luna»

    Sí, le podrían haber pedido a Kubrick que filmase unos falsos alunizajes, pero conociendo su exhaustivo perfeccionismo habría insistido en rodar en exteriores. Lo cierto es que a Kubrick no le gustaba volar, hecho más que documentado, así que podemos descartar esa hipótesis. Siguiente pregunta.

    «Es posible recrear dinosaurios a partir de mosquitos, como hicieron en Parque Jurásico, pero el Gobierno de Estados Unidos nos lo oculta».

    PPPPfffffffffffffffffffffffffffffffff.

    Mira, me rindo.

    Howard Berry es jefe de post-producción y de programa en MA Film and Television Production, Universidad de Hertfordshire.

    https://www.abc.es/ciencia/abci-expe...2_noticia.html
    Última edición por Valmadian; 17/07/2019 a las 16:18
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


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  2. #2
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    Re: Luna cincuenta años después

    Predispuestos a todo, los conspiracionistas han sido capaces de detectar hasta la presencia de un OVNI que, ojo al dato, acompañó al APOLO XI. ¿Pero no habíamos quedado en que no hubo tal misión? ¿no habíamos concluido que fue un montaje de Kubrick en el desierto o en un estudio? Bueno, pues acá tenemos el <<testimonio>> ocultado a la opinión mundial.

    https://www.planetabenitez.com/ovnis3/1969apolo11.htm
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


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  3. #3
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    Re: Luna cincuenta años después

    Pero ¿fue verdadero ese OVNI, o es fruto de la mente calenturienta de un sector conspiranoico, del sector que no niega el viaje? A continuación, la verdadera historia del OVNI.



    La nave soviética que intentó vencer al Apolo 11


    Autor: Marcelo Córdova

    VIE 12 JUL 2019 | 06:15 PM


    Al entrar en la órbita de la Luna, ese julio de 1969, los astronautas del Apolo 11 no estaban solos. En las inmediaciones rondaba una nave no tripulada enviada por Moscú con un objetivo claro: opacar la gloria de la misión estadounidense. Su nombre era Luna 15.

    Walter Cronkite se veía preocupado. El 19 de julio de 1969, el famoso presentador de la cadena CBS relataba en vivo una de las fases más críticas de la misión Apolo 11 y su voz tenía un tono de claro nerviosismo. “No sabemos si todo anda bien con Apolo 11, porque está detrás de la Luna y sin contacto con la Tierra por primera vez. Ocho minutos atrás encendieron su sistema de propulsión para entrar en órbita alrededor de la Luna. Sabremos más en unos quince minutos, cuando den la vuelta y recuperen sus comunicaciones”. El mundo aguardaba en silencio y en los parlantes de la sala de control de misión en Houston sólo se escuchaba un mensaje que se repetía una y otra vez: “Apolo 11, Apolo 11, aquí Houston. ¿Escuchan esto? Cambio”.

    Luego de varios intentos, finalmente llegó una respuesta apenas audible entre la estática: “Houston, Apolo 11. Cambio”. De inmediato, los astronautas Neil Armstrong, Edwin “Buzz” Aldrin y Michael Collins se lanzaron a describir el paisaje que se desplegaba ante sus ojos y que dos de ellos visitarían por primera vez en la historia sólo unas horas después. “Hay un cráter magnífico”, decía un emocionado Aldrin, y Armstrong exclamaba “¡Qué vista tan espectacular!”, seguido de Collins que comentaba “¡Miren esas montañas!, Dios mío, ¡Son monstruos!”. Mientras los tripulantes y la NASA celebraban el éxito de la maniobra, en la oscuridad del espacio acechaba un enemigo furtivo: una nave no tripulada diseñada para opacar la gloria estadounidense y que provenía de la temida Unión Soviética.

    El vehículo Luna 15 era el integrante más reciente de un ambicioso programa espacial soviético concebido en 1955 por Sergei Korolev, el mismo ingeniero que gestó el primer satélite artificial Sputnik. La nave Luna 1 fue lanzada el 2 de enero de 1959 y fue la primera en sobrevolar el satélite natural de la Tierra, mientras que su sucesora fue la primera en realizar un impacto dirigido en la Luna y la tercera se las arregló para captar imágenes inéditas del lado oscuro. Eso no es todo, porque el 3 de febrero de 1966 la nave número 9 hizo historia al conseguir el primer aterrizaje controlado en la superficie lunar.



    El modelo 15 fue lanzado el domingo 13 de julio desde Baikonur, tres días antes que el Apolo 11, y en un inicio los rusos dijeron que su objetivo sólo era realizar nuevas exploraciones “en el espacio cercano” a la Luna. Pero tal como cuenta el periodista norteamericano Charles Fishman en su nuevo libro Un salto gigante: La misión imposible que nos llevó a la Luna, la nave en realidad fue protagonista de un episodio clave en la feroz competencia que Estados Unidos y la URSS sostenían por la supremacía espacial: “Desde el momento en que Luna 15 despegó, los científicos espaciales de Estados Unidos y la NASA especularon que era una misión diseñada para posarse en la Luna, extender un brazo robótico, recoger muestras de suelo y rocas, depositarlas en un compartimento y luego volver a la Tierra y tal vez, sólo tal vez, regresar a territorio ruso con su carga antes que los astronautas del Apolo 11 volvieran a casa”.

    En ese entonces, la carrera por derrotar a los norteamericanos con una misión lunar tripulada ya parecía perdida. El éxito de la NASA con su misión Apolo 8, que logró circular la Luna en diciembre de 1968, fue un golpe duro y poco antes del despegue del Apolo 11 llegó la estocada letal. Durante el mismo día en que los estadounidenses celebraban su independencia, el cohete lunar soviético N1 -la respuesta al Saturno V de la NASA- explotó en una prueba clave para determinar su viabilidad de ir al satélite. Frente a este fracaso, el plan B de los soviéticos para salvar el orgullo de su programa espacial fue demostrar que al menos podían enviar una nave no tripulada a recolectar muestras.

    “Luna 15 fue claramente un esfuerzo de los soviéticos por opacar la misión Apolo 11 o al menos estar en el mismo escenario cuando esta llegara. Si Luna 15 lograba regresar primero y de manera exitosa, los soviéticos al menos hubieran podido decir: ‘¡Fuimos los primeros en conseguir rocas lunares y ni siquiera necesitamos enviar gente!’. Si le hubiera ocurrido algo al Apolo 11 y Luna 15 alcanzaba su objetivo, los soviéticos se hubieran adjudicado todos los derechos para fanfarronear. Su misión sería la que tuvo éxito”, cuenta Fishman a Tendencias. El autor agrega que en ese entonces nadie sabía del desastre del cohete N1, pero sí había algo claro: “Los rusos no querían ser ignorados o pasados por alto mientras el mundo fijaba sus ojos en el tremendo logro de los estadounidenses”.

    Washington versus Moscú

    El despegue de la nave Luna 15 activó las alarmas de la Casa Blanca. Aunque los rusos habían dicho que sólo pretendían investigar las inmediaciones de la Luna, la comunidad estadounidense de inteligencia se hacía varias preguntas: ¿Qué pretendían realmente los rusos?, ¿querían espiar al Apolo 11 o incluso bloquear su comunicación con la Tierra? En ese incierto escenario, el astronauta Frank Borman se convirtió en una figura clave.

    El comandante de la misión Apolo 8 que había orbitado la Luna acababa de volver de un tour de buena voluntad de nueve días a Rusia -la primera visita de un astronauta de Estados Unidos a la Unión Soviética- y apareció en el show Meet the Press de la NBC durante la mañana del lanzamiento de Luna 15”, escribe Fishman en su libro. En ese programa televisivo, Borman comentó que la misión soviética era “probablemente un esfuerzo” para traer muestras del suelo lunar y que él mismo había escuchado “algo de eso en Rusia”. El astronauta fue convocado a la Casa Blanca, donde fue recibido por Henry Kissinger, ministro de Asuntos Exteriores y quien creía que el asunto era tan serio que estaba dispuesto a usar el famoso “teléfono rojo” creado por Washington y Moscú tras la crisis de los misiles cubanos en 1962.

    “La NASA temía que las señales de radio provenientes de la Unión Soviética interfirieran con la misión Apolo. La agencia también quería asegurarse de que las dos naves estuvieran lo más alejadas entre sí. Borman contactó a gente de la comunidad espacial que conoció durante su visita a la Unión Soviética y ellos entregaron las coordenadas orbitales de Luna 15 y las frecuencias de radio que usaban. Fue la primera vez que Estados Unidos y la Unión Soviética se comunicaron directamente sobre una misión espacial en desarrollo”, comenta Fishman.

    Durante una conferencia de prensa, Chris Kraft –jefe del control de misión en Houston- informó que el Apolo 11 y Luna 15 no se acercarían en lo más mínimo. Pero los soviéticos ya habían conseguido parte de su objetivo: “En un comienzo al menos, tuvieron éxito al asegurarse que el programa espacial de la Unión Soviética no pasara inadvertido mientras el Apolo 11 dominaba las noticias mundiales. La misión soviética ocupó las portada de los diarios del globo”, narra Fishman en su libro. Dos días antes del arribo de la nave estadounidense, Luna 15 llegaba a la órbita lunar y el gobierno estadounidense seguía sin conocer con total certeza el verdadero propósito de su misión.

    En su libro Desafío al Apolo: La Unión Soviética y la carrera espacial, Asif Siddiqi -historiador de la Universidad de Fordham- explora otros antecedentes que se fueron conociendo con el paso de los años. Los encargados de la misión Luna 15 se sorprendieron “por lo escabroso del terreno lunar” y por la manera en que el altímetro de la nave “mostraba lecturas muy variadas” del área donde pretendían posarse para robarle protagonismo al Apolo 11. “Hoy estamos acostumbrados a saberlo todo sobre distintos lugares, debido a las cámaras modernas y la tecnología. Pero en 1969 no conocíamos la Luna a cabalidad y aunque teníamos mapas y fotografías, esos materiales no eran muy detallados. Por eso los soviéticos se asombraron con lo que vieron”, explica Fishman desde Estados Unidos.

    Mientras Armstrong y Aldrin daban aquellos históricos primeros pasos humanos en la superficie lunar, Luna 15 seguía circulando en torno al satélite y los ingenieros soviéticos continuaban buscando el lugar ideal para descender. Hasta que, finalmente, una comisión estatal soviética tomó la decisión y su objetivo real se reveló al mundo: “Dos horas antes que el módulo Eagle, con Armstrong y Aldrin a bordo, despegara de la Luna, Luna 15 encendió sus retrocohetes y apuntó a su alunizaje. El legendario radiotelescopio británico en el Observatorio Jodrell Bank, dirigido por Sir Bernard Lovell, estaba escuchando en tiempo real las transmisiones del Apolo 11 y Luna 15. Jodrell Bank fue la primera estación en reportar el destino de Luna 15. Sus señales de radio se interrumpieron abruptamente. ‘Si no recibimos más emisiones, asumiremos que se estrelló’, dijo Lovell”, cuenta Fishman en su libro.


    MIENTRAS ALDRIN Y ARMSTRONG CAMINABAN EN LA LUNA, LA NAVE SOVIÉTICA LUNA 15 AÚN SEGUÍA ORBITANDO EL SATÉLITE. (CRÉDITO: NASA)

    Los encargados de Luna 15 habían dirigido la nave hacia el Mare Crisium, zona ubicada 869 kilómetros al noreste del lugar donde se había posado la cápsula del Apollo 11 en el Mar de la Tranquilidad. Pero cuatro minutos después de iniciar su descenso, el vehículo se destruyó. “Los soviéticos eligieron un lugar tan escabroso que no lograron evaluarlo de la manera apropiada y pasaron por alto una montaña completa. Luna 15 se estrelló contra una de sus laderas mientras viajaba a 482 kilómetros por hora”, señala Fishman.

    Durante el martes 22 de julio, los astronautas del Apolo 11 despertaron luego de un merecido descanso. Habían completado 12 de las 60 horas del viaje de regreso a la Tierra. Bruce McCandless, oficial de comunicaciones del control de misión, les dijo: “Apolo 11, aquí Houston. Si no están ocupados, les puedo leer las noticias de la mañana”. Aldrin respondió “OK, estamos escuchando”. La mayoría de los reportes aludían al Apolo 11 y a las operaciones militares en Vietnam, pero también había otra información: “Se cree que Luna 15 se estrelló en el Mare Crisium tras orbitar 52 veces alrededor de la Luna”.

    “Si hubo un momento que capturó el devastador giro en el desarrollo de los dos programas espaciales líderes del mundo fue éste: el control de misión reportando con certeza el impacto del robot de la Unión Soviética que buscó recolectar muestras lunares a los tres astronautas estadounidenses que volaban a casa tras protagonizar el primer alunizaje humano y que portaban 21 kilos de rocas”, escribe Fishman en su libro. “El fracaso no se hizo público en la Unión Soviética y el público ruso no se enteró. Pese a todo, el fiasco no tuvo un gran impacto en las futuras misiones soviéticas. De hecho, un año después Luna 16 fue un éxito”, comenta el autor.

    Tal como cuenta Fishman a Tendencias, en septiembre de 1970 esa nave se convirtió en una victoria soviética: “Fue la primera nave robotizada completamente automatizada que logró traer de vuelta muestras desde otro mundo. ¿Fue igual que enviar una persona a la Luna? Por supuesto que no, pero a su manera resultó bastante impresionante”. El autor agrega que los soviéticos incluso pusieron en la Luna dos robots con ruedas: “Se llamaban Lunokhold 1 y Lunokhold 2 y llegaron a su objetivo en 1970 y 1973. Fueron totalmente exitosos y durante meses fueron operados a control remoto desde la Unión Soviética. Viajaron decenas de kilómetros y tomaron fotos de los lugares que visitaron, tal como lo hicieron muchos años después los rovers estadounidenses en Marte”.

    Más allá de ese éxito posterior a Luna 15, el historiador Asif Siddiqi destaca en su libro que la estrepitosa misión nunca podrá dejar atrás una particular ironía. “Incluso si no hubiera existido un retraso de dieciocho horas en su intento de alunizaje y aun cuando Luna 15 se hubiera posado para recolectar muestras y luego volver a salvo a la Tierra, su pequeña cápsula de retorno había tocado territorio soviético dos horas y cuatro minutos después del amarizaje del Apolo 11. De hecho, la carrera había terminado antes de empezar”.



    https://www.latercera.com/tendencias...olo-11/738582/



    Por supuesto, y es una incógnita dentro de un enigma encerrado en un misterio, que los conspiranoicos nunca hayan caído en el detalle de que si no hubo misión APOLO XI, tampoco existió LUNA 15, y su aparente misión fue una falsificación del PROGRAMA ESPACIAL SOVIÉTICO.
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


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    Re: Luna cincuenta años después

    En aquellos días de aquél año, también la España de Franco fue partícipe directa de "la conspiración" de la NASA, hasta el extremo de que fue en suelo patrio donde se empezaron a inventar los primeros pasos y comunicaciones de los astronautas en la Luna. Y no sólo eso, sino que, sin duda alguna, los escenarios elegidos por Stanley Kubrick debieron estar en alguna parte, aún por determinar, de los alrededores de Madrid.

    Los hechos se llevaron a cabo desde la estación de Fresnedillas de la Oliva, a poco más de 50 km de la capital, en la llamada Sierra Oeste, región de transición entre la Sierra de Guadarrama y la Sierra de Gredos. https://www.20minutos.es/noticia/368...a-hombre-luna/

    Hay que destacar el tremendo aspecto de conspiradores que se aprecia en las personas retratadas en el enlace al artículo de "20minutos".

    Y la estación de Robledo de Chavela, a 7 km de la anterior en dirección Ávila. Hay que destacar que esta estación INTA/NASA (Instituto Nacional de Técnicas Aeroespaciales) forma parte de la Red de Espacio Profundo, junto con sus análogas en California y Canberra (Australia).

    La NASA

    index.html

    A continuación una interesante entrevista a los ingenieros españoles que participaron desde España en dirigir y controlar toda la misión. Hay que destacar el tono de mala uva de3 algunas de las preguntas del entrevistador que incluso en una llega a emplear el mayestático (????), así como las magníficas respuestas de los entrevistados.

    El papel crucial de España en el aterrizaje en la Luna en 1969

    La base que estaba en Madrid era la única que tenía visibilidad durante el alunizaje. La responsabilidad era muy alta y los científicos españoles estuvieron a la altura. Hablamos con las dos primeras personas que oyeron las famosas palabras de Armstrong tras pisar la Luna.

    Javier Flores

    17 de julio de 2019, 11:46



    Aquí base de La Tranquilidad, el Águila ha aterrizado. “tuvimos el privilegio de ser los primeros en oírlo. Antes que el propio Houston”, explica Carlos González. Es uno de los ingenieros en España que ayudaron a dar cobertura al Apolo 11, cuando la comunicación entre los astronautas y el centro de control de Houston se interrumpía a causa de la rotación de la Tierra.

    El Centro de comunicaciones español, el NASCOM, estaba en Robledo (Madrid). Todo lo que se recibía y enviaba desde Houston al Apolo pasaba por ahí. El ingeniero José Manuel Grande se encargaba de Mantener las comunicaciones entre Robledo y Fresnedillas (a 50 km de Madrid), desde donde Carlos González se ocupaba de los receptores y transmisores que comunicaban directamente con la nave. Los dos españoles tenían una gran responsabilidad en la misión, aunque ambos confiaban plenamente en que todo saldría bien.

    “Tuvimos el privilegio de ser los primeros en oírlo. Antes que el propio Houston”, explica Carlos González

    “Habíamos pasado por un entrenamiento exhaustivo y conocíamos los entresijos de la misión”, explica González. Cuando Armstrong se dispuso a alunizar, todas las comunicaciones se hicieron a través de Fresnedillas , la única estación que tenía visibilidad. Tras el alunizaje, el mundo entero celebró el hito, pero los ingenieros españoles tuvieron que reservarse. “sentí una gran emoción pero aquello no había terminado y la responsabilidad que tenía entre manos era más importante”, admite González. “Después, cuando la Luna se ocultó y Houston nos dijo ‘Gracias Madrid, nos vemos mañana’, se desataron los nervios, la ansiedad y nos temblaron las rodillas”.

    Hablamos con ellos para conocer a fondo su historia, la situación de la ciencia durante la Guerra Fría, sus sensaciones, la tecnología usada...


    ¿Cómo vivisteis la Carrera Espacial?

    José Manuel Grandela (JMG): Con gran expectación porque cada nueva prueba, tanto americana como soviética, superaba a la anterior.

    Carlos González (CG): Cuando comienza la carrera espacial era demasiado joven como para entender o preocuparme de aquello. Sí que recuerdo subir a la terraza del edificio donde vivíamos en Madrid a ver un punto de luz desplazarse por el cielo en ciertos días y a ciertas horas que, según mi padre, que era quien me enseñaba aquello, era el Sputnik. Obviamente la contaminación lumínica de Madrid no tenía nada que ver con la actual.

    Teniendo en cuenta que España vivía en una dictadura, ¿llegaban todo tipo de noticias a nuestro país? ¿Existía algún tipo de censura?

    JMG: Todas y de todo el mundo. ¡Qué pregunta! Yo compraba todo tipo de prensa internacional en la Gran Vía y, relacionadas con España, sabía lo mismo que con la prensa nacional. En cuanto a los avances espaciales sabíamos todo lo que hacían los norteamericanos, en cambio de la URSS se ignoraba todo porque la dictadura marxista sólo anunciaba sus éxitos confirmados. Nunca se arriesgaban a anunciar un nuevo lanzamiento que pudiera fracasar (que los hubo).

    CG: El cuándo, el cómo, y el dónde podía verse este satélite lo publicaban los medios, así que no había censura informativa.


    En todo este contexto de la Carrera Espacial entre rusos y americanos ¿Cómo se percibía desde las instituciones españolas la necesidad de explorar el universo?

    JMG: La exploración del Universo no era la máxima prioridad ni para la Administración española ni para ninguna otra nación occidental, dado lo costosísima que era cualquier prueba o experimento. De hecho sólo las dos grandes potencias ganadoras de la 2ª Guerra Mundial estaban empeñadas en conseguir la supremacía en el campo militar y espacial, y por eso no ponían freno al dispendio económico que tal esfuerzo conllevaba. Los demás países no se podían permitir ese lujo y se limitaron a lanzar cohetes sondas como Gran Bretaña, Francia y España (desde la base de Campo Arenosillo en Matalascañas, Huelva).

    CG: Como te comentaba, era demasiado joven como para que me preocuparan ese tipo de cosas. Mi preocupación eran mis estudios y mis amigos.

    "Los vuelos tripulados previos, VII, VIII, IX, y X, no habían tenido problemas así que ¿por qué los iba a tener este?" Carlos González


    Entonces, ¿existía algún tipo de sentimiento de inferioridad ante el despliegue tecnológico que hacían americanos y los rusos durante aquellos años?

    JMG: “Si” por parte de las naciones occidentales europeas, porque conocían la enorme distancia científica y económica que les separaba de las dos grandes potencias adversarias. La futura Agencia Espacial Europea –inicialmente ESRO- a la que pertenecía España desde sus inicios a principios de la década de los 60, fue dando pasitos trémulos en la misma dirección que los norteamericanos y soviéticos, aunque a muy larga distancia.

    "Nuestro trabajo no era secreto de Estado, aunque sí que aconsejaban no comentar demasiadas cosas a los medios" Carlos González

    ¿Era vuestro trabajo era secreto de Estado?

    JMG: “NO” hasta donde yo recuerdo. De hecho los periodistas entraban y salían de la Estación constantemente, y nos hacía cientos de preguntas que luego divulgaban, cosa que hubiese sido inviable en la URSS, por ejemplo.

    CG: No creo que pueda denominarse así. Aunque sí que aconsejaban no comentar demasiadas cosas a los medios.

    ¿Cómo vivisteis la misión?

    JMG: La misión Apollo XI la vivimos a diario estudiando voluminosos libros y manuales, y practicando con mucha frecuencia con otras estaciones de la red de seguimiento (MSFN- Manned Space Flight Network) esparcidas por todo el planeta.

    CG: Éramos conscientes del peligro, no solo en esa misión sino en todas, pero había un sentimiento general de que aquello iba a salir bien.

    En los momentos más críticos, ¿erais conscientes del peligro que corrían los astronautas?

    JMG: Sin duda. Nos los conocíamos al dedillo, gracias al curso Apollo Indoctrination que habíamos recibido, y a las pruebas ya mencionadas, qué momentos podían ser de extrema gravedad o críticos, que fueron muchos.

    CG: Los vuelos tripulados previos, VII, VIII, IX, y X, no habían tenido problemas así que ¿por qué los iba a tener este?

    ¿Cómo conseguisteis mantener la calma?

    JMG: Simplemente volcando tus conocimientos, enseñanzas y profesionalidad en los equipos que te habían asignado. Ni más ni menos.

    CG: La manera más fácil de mantener la calma era centrándonos en nuestro trabajo. Todo lo que hacíamos tenía que ser perfecto para que aquello funcionara. Yo estaba al cargo de los transmisores y receptores así que me afanaba en mantener buenas comunicaciones y pensaba menos en la trascendencia del evento.

    "La manera más fácil de mantener la calma era centrándonos en nuestro trabajo. Todo lo que hacíamos tenía que ser perfecto para que aquello funcionara" Carlos Grandela

    ¿Cómo fue a nivel técnico el proceso de transmisión de la información?

    JMG: Los astronautas y sus naves Columbia (módulo de mando) e Eagle (módulo lunar), nos enviaban miles de datos personales y técnicos, que nosotros demodulábamos, clasificábamos, grabábamos y reexpedíamos a Houston, y hacíamos la operación inversa para todo aquello que el MSC (Centro de Control de la Misión) en Houston quería que llegara a la tripulación o sus naves. Éramos el trampolín imprescindible en toda aquella complejísima conexión que acertadamente alguien llamó “El Enlace Vital”.

    CG: La tecnología empleada en aquel momento era de primera línea pero suficientemente contrastada para ser fiable. Aquí no había receptores/transmisores/amplificadores/equipo de proceso de datos (ordenadores), o sistemas de comunicación como aquellos. Eso fue un hándicap porque tuvimos que aprendérnoslos desde cero.

    Solo a título informativo, el procesador que manejaba los datos para enviarlos a Houston era un Univac 642B, que era del tipo de los que llevaban los submarinos nucleares americanos.


    ¿Qué sentisteis cuando Armstrong posó sus pies en la Luna y dijo el famoso "un pequeño paso para un hombre, pero un gran paso para la Humanidad" ?

    JMG: Un mucho de asombro por lo que estaba ocurriendo, y un algo de incredulidad en cuanto a que mi humilde persona estuviera participando en aquella milagrosa hazaña de la Humanidad.

    CG: Sensación de logro. Se había conseguido. Solo cuando terminó el turno y dejamos a un lado la responsabilidad de la operación, fue cuando fuimos conscientes de la importancia del hecho. De que habíamos participado en algo histórico aunque solo fuéramos un pequeño granito de arena dentro de aquella impresionante organización. Pero nos quedó una primicia. Dado el retardo de las comunicaciones entre Madrid y Houston, nosotros oímos a Armstrong antes que nadie.

    "Cuando Armstrong pisó la Luna sentí un mucho de asombro por lo que estaba ocurriendo, y un algo de incredulidad en cuanto a que mi humilde persona estuviera participando en aquella milagrosa hazaña de la Humanidad" Jose Manuel Grandela


    En cualquier caso resulta curioso que precisamente la NASA escogiera las bases de Robledo y Fresnedillas… ¿Qué tenían de especial?

    JMG: Robledo había sido construida en un paraje muy especial en la Sierra madrileña, alejada de ruidos industriales, tendidos electrificados, o cualquier otro tipo de interferencia radioeléctrica, en una hoya protegida por varias montañas. Al amparo de esa localización, Robledo fue la estación seleccionada por la NASA en el planeta que recibió las primeras fotografías de Marte en 1965, enviadas por la sonda Mariner 4.

    CG: Cuando se inicia la exploración espacial se ve la necesidad de tener tres estaciones con antenas de 26 metros separadas alrededor de 120 grados en longitud. De esa manera cualquier sonda espacial está a la vista de, al menos, una de esas estaciones. Ya había una en California, USA, otra en Australia, la que faltaba tenía que estar en el sur de Francia, Italia, norte de Marruecos, o España.

    Francia era muy cara, Italia tenía una estabilidad política cuestionable, Marruecos ni se pensó. España, con una situación política estable y un cambio peseta-dólar favorable, fue la elegida. Se encontró un sitio ideal en el municipio de Robledo y se construyó una antena de 26 metros para espacio profundo en el 65.

    Pero, ¿por qué dos centros distintos?

    JMG: Por otro lado, la estación de Fresnedillas, construida específicamente para el Programa Apolo, necesitaba una estación de solvencia reconocida en sus proximidades para una misión tripulada tan compleja, y muy especialmente para hacerse cargo del control de la Columbia, mientras Fresnedillas lo hacía de la Eagle, cuando ambas se separaron en busca del primer alunizaje.

    CG: El proyecto Apolo creó la necesidad de construir otra red de antenas de 26 metros separadas por 120 grados, y se pensó que poniéndolas cerca de las ya existentes del espacio profundo habría siempre una antena de reserva en caso de problemas. Así que...California, Australia y España.


    Volviendo a vuestras sensaciones en los momentos decisivos, ¿erais conscientes de la importancia del momento? ¿Eso os acongojó de alguna manera?

    JMG: Sin duda éramos conscientes, pero nuestra profesionalidad supo estar a la altura de las circunstancias, y desde luego no recuerdo que ningún compañero se amedrentara por el acontecimiento histórico en el que estábamos participando.

    CG: Como te comentaba, la comprensión de lo que habíamos vivido llegó después del turno, cuando fuimos liberados de la responsabilidad del correcto funcionamiento de nuestros equipos.

    Una vez terminada la misión Apolo, ¿conocisteis después a Aldrin, Collins o Armstrong?

    JMG: Yo sí tuve ocasión de conocer personalmente a Buzz Aldrin primero, y a Neil Armstrong después, entre una veintena de astronautas de otras misiones.

    CG: Hubo una recepción en la residencia del embajador de USA durante su viaje a Madrid (el de los astronautas), fui invitado y tuve el honor de estrechar sus manos, pero eso fue todo.

    Suponemos que no fue la única misión en vuestras vistas. ¿Participasteis posteriormente en algún otro momento decisivo o misión internacional?

    JMG: Participamos en todas las misiones tripuladas de la NASA: laboratorio espacial Skylab (1973/74); primera misión de cooperación internacional USA-URSS Apollo-Soyuz (1975); transbordador espacial Space Shuttle, desde el STS-1 Columbia (1981) al STS-86 Atlantis (1997). Sin olvidar nunca la decisiva participación en las ambiciosas misiones interplanetarias Mariner, Pioneer, Viking, Voyager, Magellan, Galileo, Cassini, etc., que no han cesado de ampliar y desvelar secretos del Sistema Solar.

    CG: En el Apollo XIII, en el primer vuelo de un transbordador (el Columbia), en el control de la maniobra de reentrada del Skylab, en el Apollo-Soyuz.

    "Creo que el hombre colonizará la Luna, pero no en un futuro inmediato" Carlos González


    Mirando hacia el futuro, ¿cuánto creéis que tardará el ser humano en colonizar la Luna y establecer una base estable sobre su superficie?

    JMG: En cualquier momento, si la República Popular China cumple sus promesas de hacerlo. El resto de las grandes potencias económicas se unirán para no dejarles solos a su libre albedrío. Sería un excelente acicate para el mundo científico.

    CG: Es difícil de aventurar. La tecnología actual lo hace más fácil que el vuelo del Apolo XI pero su impacto económico puede ser un gran impedimento. Creo que se hará, pero no en un futuro inmediato.


    https://www.nationalgeographic.com.e...4502/2#slide-1
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


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    Re: Luna cincuenta años después

    Hace seis años, en 2013, una sonda conocida por sus siglas como LRO (Lunar Reconnaissance Orbiter) sobrevoló el escenario del alunizaje del Apolo 11 tomando diversas fotografías con una cámara de mayor resolución y definición que las que se usaron décadas atrás, y aquí tenemos los resultados:

    https://danielmarin.naukas.com/2011/...lo-como-nunca/


    Toda la misión:

    https://danielmarin.naukas.com/2019/...lo-11-parte-1/

    https://danielmarin.naukas.com/2019/...lo-11-parte-2/

    https://danielmarin.naukas.com/2019/...lo-11-parte-3/

    https://danielmarin.naukas.com/2019/...lo-11-parte-4/

    https://danielmarin.naukas.com/2019/...lo-11-parte-5/


    Seguiremos escuchando cantos de sirenas entre quienes ni saben, ni entienden.
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    Re: Luna cincuenta años después

    Publicada por el diario ABC una anécdota desconocida para la mayoría de los españoles, ¡qué raro! ¿no? Pero resulta que en la Luna estuvo la Bandera Española, la del Águila de San Juan, la del escudo diseñado por Isabel la Católica cuando era todavía Princesa de Castilla, cuyo boceto está en el archivo de la Real Academia de la Historia, parte del Instituto de España, y no diseñado por Franco, por aquello de "la bandera franquista", invento de los rojos, nazis, y otras malas hierbas que abundan por nuestras ciudades, no por los campos nacionales. Y esta es la historia de dicha anécdota.


    Esta es la historia de las únicas banderas españolas que han pisado la Luna

    En 1971, en la misión Apolo 14, cuatro enseñas rojigualdas con el águila de San Juan estampada en el centro se posan en el astro.

    Manuel Garrido Agudiez


    20/07/2019

    Un módulo lunar con un nombre como para parar una guerra: «Antares» (el mellizo hippie del dios griego Ares) aluniza el 5 febrero de 1971 en el cráter de Fra Mauro. En su interior, Alan B. Shephard, Stuart A. Roosa y Edgar Mitchell se funden en un abrazo ingrávido y se ponen manos a la obra. El astronauta Mitchell echa mano a su petate o PPK («personal preference kids») para buscar algo de entre sus pertenencias. En ese neceser un puñado de amuletos de la suerte y un par de fotografías de algún pariente cercano comparten espacio con cuatro banderas rojigualdas con un águila en el centro, la de San Juan. Por raro que suene. ¿Qué pintan esas banderas en el kit de supervivencia de un astronauta tejano en la misión Apolo 14?

    Para responder a esta pregunta tenemos que remontarnos al 31 de enero de 1971, cinco días antes. Es invierno en Cabo de Cañaveral (Florida), los príncipes Don Juan Carlos y Doña Sofía han sido invitados por la NASA a presenciar el lanzamiento del Apolo 14 en la base espacial que años más tarde pasará a llamarse Centro Espacial Kennedy, por obra de su sucesor en el cargo. Junto a Alan B. Shephard y Stuart A. Roosa, Edgar Mitchell, un antiguo «boyscout» reconvertido en astronauta, completa la tripulación que viajará a la Luna a bordo de la nave espacial «Antares». Antes de emprender el viaje a Mitchell se le ha ocurrido echar unas enseñas rojigualdas por 14 centímetros de largo y 10 de ancho a su equipaje de mano como forma de agradecimiento a los príncipes de España. Gesto que no dejará indiferentes a los cazatesoros lunares que en la década de los 70 no son más que niños.

    Esas banderas toman tierra en la Luna y el 9 de febrero de ese mismo año, cuando la tripulación finiquita su misión –34 órbitas lunares y 216 horas, 1 minuto y 56 segundos de vuelo, entre medias–, están otra vez de vuelta. El astronauta tejano reparte el botín de la siguiente manera: tres banderas a España y una cuarta que el propio Mitchell decide reservarse para su vitrina de recuerdos espaciales. De las que entrega a España, una va a parar al Gobierno de España, que supuestamente se encuentra ahora en el Museo Naval de Madrid; otra al caudillo español Francisco Franco, que algún heredero años más tarde extraviará en una mal venta anónima, dicen las malas lenguas; y una tercera en discordia de la que se desconoce su paradero.


    Tres décadas después de este acontecimiento, en una convención de astronautas, un joven barcelonés que todavía es un coleccionista de objetos espaciales en ciernes le arrancará en una conversación privada al que entonces era director del Media Resource Center de la NASA, Mike Gentry, un enamorado de la cultura española con una tesis doctoral sobre Miguel Delibes a las espaldas, una confesión sideral: el astronauta Edgar Mitchell, si no le falla la memoria, conserva una bandera española que llevó a la Luna en el Apolo 14.


    Jordi Gasull, nombre de aquel joven intrépido, aprovechará la oportunidad que le brinda aquel encuentro fortuito para ponerse en contacto con Edgar Mitchell e insinuarle la compra. La primera intentona fracasa. Al astronauta no le convence la idea de Gasull de montar el primer museo lunar en España. Le suena a quimera. La bandera se queda en suelo americano por el momento.

    «En 2009 recibo una llamada de Miguel López-Alegría –primer astronauta estadounidense nacido en España en viajar al espacio–, con el que ya había trabajado en una serie de documentales de corta duración sobre la Luna, diciéndome que me ponga en contacto con el alcalde de Fresnedillas de la Oliva, Antonio Reguilón, porque iban a montar un museo lunar», apunta Gasull. Por el precio de comisariar la exposición el barcelonés cede con sumo gusto su colección de objetos espaciales (guantes lunares, trajes…) al Museo Lunar de Fresnedillas.

    La joya de la corona

    El productor de cine le insinua a Antonio Reguilón, en una de sus muchas conversaciones, la posibilidad de ampliar la exposición con la que será la joya de la corona: una bandera española que el astronauta Mitchell llevó a la Luna. Se arma del valor necesario para repetir la jugada –esta vez con el Museo Lunar de Fresnedillas de la Oliva como baza– y prueba fortuna telefónica con el astronauta. Tal fue el rol de este pueblo madrileño en la conquista de la Luna, que Edgar Mitchell no dudaría ni un instante en venderle a Jordi Gasull la bandera española por una suma que el barcelonés se resiste a decir. La condición: que esté siempre expuesta en un lugar público, nunca en su casa.

    Esa bandera con el águila de San Juan estampada en el centro estará «en el Museo Lunar de Fresnedillas de la Oliva desde el 2010 hasta junio de este año, que es cuando expiró el contrato» y recibió una oferta museística del Parque de las Ciencias de Granada. Como siempre, el despliegue de medios manda. «Me hubiese gustado que se quedase en Madrid, pero bueno… la bandera es española, así que está bien que viaje por España», zanja Jordi Gasull.


    https://www.abc.es/ciencia/abci-esta...4_noticia.html
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    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

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    Re: Luna cincuenta años después

    Fuente: ABC, 6 de Junio de 1969, página 3.



    Llegar


    La técnica es cada vez más milagrosa. Pero no ha recibido el milagro o “carisma” de la profecía. Casi todas las que se le han escapado a la embriaguez creadora del “invento”, han fallado. Edison, el inventor del fonógrafo, creía, según dijo en un discurso, que éste serviría, por ejemplo, para recoger las palabras últimas de un moribundo querido. Todo esto quedó olvidado y el “tocadiscos”, su hijo, se buscó la vida por su cuenta. No parece que se llegará a esta proposición: “¿Qué quieres que ponga? ¿La Quinta Sinfonía, o las últimas palabras del abuelito?”.

    Nadie pensaba que la televisión iba a influir tanto en la venta de zapatos. Ni nadie creía que los automóviles habían sido inventados para bloquear la circulación. Tampoco adivinó nadie que el reactor se inventaba para sacar billete hacia cualquier sitio y llegar casi siempre a La Habana.

    ¿Y la astronáutica? Se puede ya casi estar seguro de que muy pronto el hombre va a llegar a la Luna. Pero, ¿qué va a hacer allí? Nadie tiene la menor idea. El último trío americano ha visto ya las dos caras de la Luna, la descarada y la recoleta, a quince kilómetros de distancia: como se ve Carmona desde La Luisiana. Es distancia de la que ya tenemos todos experiencia. Porque en su descenso, todo avión ha estado algún momento a quince kilómetros sobre la ciudad. Sabemos que se ven las personas y los tranvías. Pero en la Luna los teleobjetivos siguen fotografiando lo mismo en una cara que en otra: llanuras, montes, cráteres. Ni un mal “Seat 600”, ni un motocarro, ni una bicicleta.

    Me temo que conjugamos con demasiado énfasis el verbo “llegar”. Vamos a llegar a la Luna. Bien. ¿Pero “llegar” está correctamente empleado cuando se pone el pie en algún sitio y luego se marcha uno? El que mete el pie desnudo en las enanas y abatidas olitas últimas de la playa, y se santigua y da un gritito, “¡qué frío!”, y se vuelve a la caseta, ¿podemos decir que se ha bañado? Los simples ciudadanos espectadores queremos que se “llegue” a la Luna como se llega por tren a Ciudad Real o por “caravelle” a las Canarias. No vale llegar e irse: que es lo que se está barruntando. Hasta ahora no parece que se encuentre en nuestro satélite ningún metal o cuerpo simple que prolongue la línea canónica de nuestra química. Ni tampoco una selenita con quien casarse y recomenzar nuestro fecundo negocio ibérico de la fabricación de mestizos.

    Se ha publicado en toda la Prensa que los sorprendentes trajes espaciales, que dan a los cosmonautas pinta de ir anunciando los neumáticos “Michelín”, tienen un coste de un millón de pesetas, además de ser muy incómodos y producir picores y eczemas. No es posible pensar en colonización, ni minería, ni labranza, con esos trajes. ¿Concibe nadie un consejo de administración de cualquier industria lunar vestidos todos así? Ni ¿cómo se va a fundar ninguna raza humano-selenita, aunque mandemos una cápsula o varias con buen surtido de señoritas, si para darse el primer beso hay que abrir la escafandra, cosa que puede ser mortal? No cabe ningún preludio amoroso. Porque el hombre estará “sobre” la Luna. Y lo único que “sobre” la Luna no puede hacerse es dar un paseo romántico “bajo” la Luna. Hoy por hoy parece que lo único que podrá hacerse en la Luna será regresar a los Estados Unidos.

    Sólo recuerdo un traje a ras de tierra con ese mismo coste del millón de pesetas. Me refiero a aquel traje de pieles de chinchilla y brillantes que lució Masiel en el Festival de Madrid. Pero esto lo hacía para que la vieran, y para que hablaran de ella duranta una semana los hombres, las mujeres, las revistas y los predicadores. Pero a los Armstrong, Collins y Aldrin, los futuros “colones” de Julio, no los va a ver nadie; ni van a tener público allá arriba, ni parece fácil que bajo sus escafandras puedan cantar el “La-la-la”. Las fotografías no pueden ser más deprimentes. La decepción de los cosmonautas se revela en las pequeñas venganzas que se toman. Están cada vez más seguros de que los terrícolas habitamos una humilde chabola en los suburbios de una mediocre galaxia. Entonces ellos telegrafían a Houston que la Luna es una birria y que la Tierra se ve desde allí como una bola verde y celeste, tan atractiva como una olla de buena cerámica vidriada. Y que además hace para la Luna oficio solar: la han visto “salir” y “ponerse” en el horizonte lunar con crepúsculo y todo. La Luna vive en su creencia tolemaica –la Tierra que gira en torno de ella–, hasta que aparezca un Galileo que le baje los humos.

    ¿Qué va a poderse hacer tras llegar a la Luna? ¿Acaso “patentar” los aparatos triunfadores? Es difícil “patentar” lo incierto, que además no parece rentable. Imitaríamos a aquel inventor solitario que organizó una maquinita con flejes, varillas y ruedecillas, que se empeñaba en patentar con una dubitación posibilista: o para coser botones o para rallar pan.

    En cualquier caso queda la bandera. El polvo y los baches de la Luna parecen poco cómodos para transitar por ellos, al menos mientras no les enviemos en un cohete al Ministro Silva. Pero parece tener suficiente densidad para clavar una bandera. Ya se disputa sobre si la de Estados Unidos o la de las Naciones Unidas: uniones rotuladas en teoría para encubrir prácticas desuniones. Por lo pronto, ya Norteamérica se ha adelantado a enviar en el módulo que se ha dejado caer sobre la Luna su bandera estrellada.

    El “Séneca”, que oía todos estos comentarios, murmuró suavemente:

    – ¡Ya la estamos pringando!




    José María Pemán

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    Re: Luna cincuenta años después

    Fuente: ¿Qué Pasa?, Número 290, 19 de Julio de 1969, página 17.



    De Juan de Garay, a los selenitas

    Por Manuel de Santa Cruz


    Muchos recuerdan aún que el diario «ABC», el día en que daba la noticia de los asesinatos de los jefes alemanes en Nüremberg, reproducía en su portada el cuadro de Velázquez, «La rendición de Breda», vulgarmente conocido como el de «Las Lanzas». Aquello fue una campanada, una réplica llena de elegancia, de ingenio y de sabiduría.

    ¿Qué contrapunto análogo merecerá la inminente noticia de la llegada del hombre a la Luna? Seguramente, en todas las redacciones se aguza el ingenio en esa dirección. Yo ya he hecho mi elección; me gustaría ver reproducido el cuadro de Moreno Carbonero, «La fundación de Buenos Aires»; nada de exhibiciones dentarias; arte clásico: Juan de Garay, espada en alto, junto al rollo de la justicia real, la Cruz y el Pendón de Castilla; a su alrededor, soldados, autoridades civiles, indios amigos y frailes. Por supuesto que valdrían igualmente todos los cuadros que representan la llegada de nuestros capitanes y misioneros a distintos puntos del Nuevo Mundo. La cosa está en que se vean los tres protagonistas: los infieles que van a ser evangelizados, el capitán español con su espada desenvainada y su armadura, y el misionero con su Crucifijo. Yo quisiera invitar desde aquí a Don Carlos Etayo, que tanto sabe de arqueología naval y de los descubrimientos, a que nos contara los pormenores del rito de la toma de posesión de aquellas tierras para la Iglesia y para España.

    ¿Rito? ¿Ustedes han leído, han tenido noticia debidamente destacada de que se haya preparado algún rito para el momento de pisar la Luna el primer hombre? Yo no; sólo he visto unas fotografías de los zapatos especiales que van a llevar los astronautas para andar por allá, los instrumentos para tomar muestras de la Luna… Nada más. Y casi me alegro, porque, puestos a preparar una ceremonia, habría que verla, cuajada de tópicos fulgurantes de humanismo audaz, científico y «creador». La cosa quedará, probablemente, entre la recogida de rocas, los saludos ante la tele, y, tal vez, un disimulado depósito de una Biblia inseparablemente unida con amuletos y fetiches de las religiones falsas, de banderines de la ONU, de los Leones y de la Masonería: ramillete sincretista, indescifrable, frío y silencioso, pequeño y desapercibido, insignificante, infantil, en medio de todo. Sin el empaque, la gravedad, la unción, la categoría, el estilo, el señorío, la solemnidad, la inmortalidad y el mensaje de los personajes de «La fundación de Buenos Aires».

    Aunque las comparaciones son odiosas, empezarán en seguida. Viene bien recordar las palabras famosas de Francisco López de Gomara: «La mayor cosa después de la Creación del Mundo, sacando la Encarnación y Muerte de El que lo creó, es el descubrimiento de Indias». Por supuesto que, para nosotros, sólo será discutible ese segundo puesto; en el primero, la Encarnación y Muerte de El Creador del Mundo, no se produce vacante.

    Convénzanse los ateos y los impíos de que el tema de Dios no se lo quitan de encima ni con detergente. Aquí estará, también esta vez, como piedra de toque para dirimir la primacía entre el alunizaje y el descubrimiento de América. En el Nuevo Mundo, almas para Su gloria; en la Luna, basalto para los laboratorios. Dos órdenes distintos, inconfundibles, superpuestos: el orden sobrenatural y el orden natural. Nueva ocasión ésta de recordarlo: todas las hazañas astronáuticas juntas, hechas sin Él, o en oscura rivalidad con Él, no redimen a sus protagonistas de un solo pecado venial.


    La ciencia más consumada
    es que el hombre en gracia acabe;
    porque al fin de la jornada,
    sólo el que se salva, sabe;
    y el que no, no sabe nada.
    Rodrigo dio el Víctor.

  9. #9
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    Re: Luna cincuenta años después

    Fuente: ¿Qué Pasa?, Número 310, 6 de Diciembre de 1969, página 5.



    Segundo viaje a la Luna

    Por Manuel de Santa Cruz


    Cuando el primer viaje a nuestro satélite, publicamos en esta revista unos comentarios que algunos lectores juzgaron exagerados. Ahora, con motivo del segundo, vemos recogidos nuestros anhelos de ayer, aunque con forma distinta, en un artículo del famoso político y periodista Don Otto de Habsburgo, reproducido por una cadena de periódicos franceses. Pero lo más curioso es que, según él, un famoso comunista, cuyo nombre silencia, ha manifestado que los encuentra perfectamente lógicos. Transcribimos de dicho artículo, aparecido en «L´Est Républicain», lo que dice el comunista:

    «En el curso de la conversación se vino a hablar del aterrizaje (¡!) americano en la Luna. El alto funcionario comunista admitió de buena gana que la hazaña americana era un éxito de propaganda para Occidente. Sin embargo –añadió–, su efecto se borrará en una docena de meses. Los americanos –según él– habían cometido un error mayúsculo. Habían izado, como símbolo supremo sobre la Luna, su bandera nacional. Ésta, si algo significa para los americanos, está vacía de sentido para las otras naciones. Si, por el contrario, los astronautas hubieran plantado sobre el suelo lunar una cruz, el efecto hubiera sido profundo. El viaje hubiera conseguido un alcance moral considerable para una parte importante de la Humanidad, mientras que, en fin de cuentas, no ha tenido más que un carácter nacional, técnico y político».

    Nosotros creemos que esta reiterada negativa de los norteamericanos a colocar la Cruz junto a su bandera en la Luna, puede muy bien deberse al poder que en sus centros políticos vitales tienen los judíos, que no se sentirían representados por la Cruz, a la cual abominan. Pero, ¿pueden ellos, que forman una Internacional de apátridas, sentirse representados por la bandera de los Estados Unidos, a la cual abominan igualmente cuando tratan de poner el país que representan fuera de sus propios intereses y al servicio de los intereses de su Internacional?
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  10. #10
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    Re: Luna cincuenta años después

    Cita Iniciado por Martin Ant Ver mensaje
    Fuente: ¿Qué Pasa?, Número 310, 6 de Diciembre de 1969, página 5.



    Segundo viaje a la Luna

    Por Manuel de Santa Cruz


    Cuando el primer viaje a nuestro satélite, publicamos en esta revista unos comentarios que algunos lectores juzgaron exagerados. Ahora, con motivo del segundo, vemos recogidos nuestros anhelos de ayer, aunque con forma distinta, en un artículo del famoso político y periodista Don Otto de Habsburgo, reproducido por una cadena de periódicos franceses. Pero lo más curioso es que, según él, un famoso comunista, cuyo nombre silencia, ha manifestado que los encuentra perfectamente lógicos. Transcribimos de dicho artículo, aparecido en «L´Est Républicain», lo que dice el comunista:

    «En el curso de la conversación se vino a hablar del aterrizaje (¡!) americano en la Luna. El alto funcionario comunista admitió de buena gana que la hazaña americana era un éxito de propaganda para Occidente. Sin embargo –añadió–, su efecto se borrará en una docena de meses. Los americanos –según él– habían cometido un error mayúsculo. Habían izado, como símbolo supremo sobre la Luna, su bandera nacional. Ésta, si algo significa para los americanos, está vacía de sentido para las otras naciones. Si, por el contrario, los astronautas hubieran plantado sobre el suelo lunar una cruz, el efecto hubiera sido profundo. El viaje hubiera conseguido un alcance moral considerable para una parte importante de la Humanidad, mientras que, en fin de cuentas, no ha tenido más que un carácter nacional, técnico y político».
    Claro, ¿y qué otra bandera podían haber puesto, la de la ONU? Si acaso yo, como español, pienso que un detalle con nosotros por haber sido colaboradores directos en el éxito de la misión, hubiese estado muy bien que hubieran puesto una Bandera Nacional con el Águila de San Juan, aunque algo más pequeña. A Sánchez y demás fauna rojo-separatista les seguiría dando una diarrea y, por supuesto, todos serían seleno-conspiracionistas, Apolo XI-conspiracionistas, NASA-conspiracionistas y demás gilipolleces.

    Igualmente se le podría haber preguntado al comunistarra anónimo ése, si consideraba que la hoz y el martillo sobre un trapo rojo si representa a alguien, me refiero a personas y no a un Estado artificial como lo era la URSS. Pero, en efecto, la cosa tiene su enjundia puesto que en aquellos días, tanto Estados Unidos como la URSS estaban en pleno ardor guerrero armamentístico y sobre avances tecnológicos, especialmente la toma del entorno de la Tierra, eufemísticamente llamada "carrera espacial". Por tanto, normal que los Estados Unidos plantasen su bandera, y si hubiese sido de otro modo la que se hubiese puesto pondría "CCCP" de color rojo con la hoz y el martillo.


    Nosotros creemos que esta reiterada negativa de los norteamericanos a colocar la Cruz junto a su bandera en la Luna, puede muy bien deberse al poder que en sus centros políticos vitales tienen los judíos, que no se sentirían representados por la Cruz, a la cual abominan. Pero, ¿pueden ellos, que forman una Internacional de apátridas, sentirse representados por la bandera de los Estados Unidos, a la cual abominan igualmente cuando tratan de poner el país que representan fuera de sus propios intereses y al servicio de los intereses de su Internacional?
    Bueno, mientras sólo sea "creemos" vale, porque yo, que también soy católico, pienso que en esto, como en otras muchísimas cuestiones, ya nos señaló Nuestro Señor la norma de conducta en cuanto al proceder con aquello de “Dad al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios” (Mateo 22, 15:21), ante la persistencia de los fariseos tan inclinados a mezclar las churras con las merinas.

    Un gran sector de los americanos no abominan de la Cruz para nada, al contrario, afirmarlo es pura demagogia. Lo que no quita para que haya muchos que no la soportan, ¿tal vez como aquí? Si la hubiesen puesto ¿qué dirían los enemigos de la cruz? Si no hay mejores argumentos es preferible callar.
    Última edición por Valmadian; 22/07/2019 a las 12:40
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    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


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  11. #11
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    Re: Luna cincuenta años después

    Cita Iniciado por Martin Ant Ver mensaje
    Fuente: ABC, 6 de Junio de 1969, página 3.



    Llegar


    La técnica es cada vez más milagrosa. Pero no ha recibido el milagro o “carisma” de la profecía. Casi todas las que se le han escapado a la embriaguez creadora del “invento”, han fallado. Edison, el inventor del fonógrafo, creía, según dijo en un discurso, que éste serviría, por ejemplo, para recoger las palabras últimas de un moribundo querido. Todo esto quedó olvidado y el “tocadiscos”, su hijo, se buscó la vida por su cuenta. No parece que se llegará a esta proposición: “¿Qué quieres que ponga? ¿La Quinta Sinfonía, o las últimas palabras del abuelito?”.

    Nadie pensaba que la televisión iba a influir tanto en la venta de zapatos. Ni nadie creía que los automóviles habían sido inventados para bloquear la circulación. Tampoco adivinó nadie que el reactor se inventaba para sacar billete hacia cualquier sitio y llegar casi siempre a La Habana.

    ¿Y la astronáutica? Se puede ya casi estar seguro de que muy pronto el hombre va a llegar a la Luna. Pero, ¿qué va a hacer allí? Nadie tiene la menor idea. El último trío americano ha visto ya las dos caras de la Luna, la descarada y la recoleta, a quince kilómetros de distancia: como se ve Carmona desde La Luisiana. Es distancia de la que ya tenemos todos experiencia. Porque en su descenso, todo avión ha estado algún momento a quince kilómetros sobre la ciudad. Sabemos que se ven las personas y los tranvías. Pero en la Luna los teleobjetivos siguen fotografiando lo mismo en una cara que en otra: llanuras, montes, cráteres. Ni un mal “Seat 600”, ni un motocarro, ni una bicicleta.

    Me temo que conjugamos con demasiado énfasis el verbo “llegar”. Vamos a llegar a la Luna. Bien. ¿Pero “llegar” está correctamente empleado cuando se pone el pie en algún sitio y luego se marcha uno? El que mete el pie desnudo en las enanas y abatidas olitas últimas de la playa, y se santigua y da un gritito, “¡qué frío!”, y se vuelve a la caseta, ¿podemos decir que se ha bañado? Los simples ciudadanos espectadores queremos que se “llegue” a la Luna como se llega por tren a Ciudad Real o por “caravelle” a las Canarias. No vale llegar e irse: que es lo que se está barruntando. Hasta ahora no parece que se encuentre en nuestro satélite ningún metal o cuerpo simple que prolongue la línea canónica de nuestra química. Ni tampoco una selenita con quien casarse y recomenzar nuestro fecundo negocio ibérico de la fabricación de mestizos.

    Se ha publicado en toda la Prensa que los sorprendentes trajes espaciales, que dan a los cosmonautas pinta de ir anunciando los neumáticos “Michelín”, tienen un coste de un millón de pesetas, además de ser muy incómodos y producir picores y eczemas. No es posible pensar en colonización, ni minería, ni labranza, con esos trajes. ¿Concibe nadie un consejo de administración de cualquier industria lunar vestidos todos así? Ni ¿cómo se va a fundar ninguna raza humano-selenita, aunque mandemos una cápsula o varias con buen surtido de señoritas, si para darse el primer beso hay que abrir la escafandra, cosa que puede ser mortal? No cabe ningún preludio amoroso. Porque el hombre estará “sobre” la Luna. Y lo único que “sobre” la Luna no puede hacerse es dar un paseo romántico “bajo” la Luna. Hoy por hoy parece que lo único que podrá hacerse en la Luna será regresar a los Estados Unidos.

    Sólo recuerdo un traje a ras de tierra con ese mismo coste del millón de pesetas. Me refiero a aquel traje de pieles de chinchilla y brillantes que lució Masiel en el Festival de Madrid. Pero esto lo hacía para que la vieran, y para que hablaran de ella duranta una semana los hombres, las mujeres, las revistas y los predicadores. Pero a los Armstrong, Collins y Aldrin, los futuros “colones” de Julio, no los va a ver nadie; ni van a tener público allá arriba, ni parece fácil que bajo sus escafandras puedan cantar el “La-la-la”. Las fotografías no pueden ser más deprimentes. La decepción de los cosmonautas se revela en las pequeñas venganzas que se toman. Están cada vez más seguros de que los terrícolas habitamos una humilde chabola en los suburbios de una mediocre galaxia. Entonces ellos telegrafían a Houston que la Luna es una birria y que la Tierra se ve desde allí como una bola verde y celeste, tan atractiva como una olla de buena cerámica vidriada. Y que además hace para la Luna oficio solar: la han visto “salir” y “ponerse” en el horizonte lunar con crepúsculo y todo. La Luna vive en su creencia tolemaica –la Tierra que gira en torno de ella–, hasta que aparezca un Galileo que le baje los humos.

    ¿Qué va a poderse hacer tras llegar a la Luna? ¿Acaso “patentar” los aparatos triunfadores? Es difícil “patentar” lo incierto, que además no parece rentable. Imitaríamos a aquel inventor solitario que organizó una maquinita con flejes, varillas y ruedecillas, que se empeñaba en patentar con una dubitación posibilista: o para coser botones o para rallar pan.

    En cualquier caso queda la bandera. El polvo y los baches de la Luna parecen poco cómodos para transitar por ellos, al menos mientras no les enviemos en un cohete al Ministro Silva. Pero parece tener suficiente densidad para clavar una bandera. Ya se disputa sobre si la de Estados Unidos o la de las Naciones Unidas: uniones rotuladas en teoría para encubrir prácticas desuniones. Por lo pronto, ya Norteamérica se ha adelantado a enviar en el módulo que se ha dejado caer sobre la Luna su bandera estrellada.

    El “Séneca”, que oía todos estos comentarios, murmuró suavemente:

    – ¡Ya la estamos pringando!




    José María Pemán

    De la Real Academia Española
    Peman, egregia figura de nuestras letras contemporáneas no era, en cambio, un científico. Su imagen de la "llegada" fue más bien, flojo, casi huevón, porque se precipitaba en sus juicios. Para empezar hubo más misiones, aterrizajes incluidos, y para colofón de la recogida de muestras, la más importante fue la que se trajeron los astronautas en sus trajes, esa especie de pegajoso y corrosivo polvo de talco -que no es talco-, llamado regolito, y que podría muy bien dar al traste con cualquier establecimiento lunar con el paso de los años.

    A la vuelta de los mismos, el problema "regolitano" sigue sin estar resuelto. Otras oportunidades han surgido y otras necesidades se han planteado. Del mismo modo, la Luna no parece tener hoy por hoy un especial interés "económico", motivación que suele aparecer detrás de toda gran empresa, y aún de gran empeño. Pero hay una razón más que nadie suele tener presente, pensada para los preguntones de porqué no se ha vuelto más, afirmación totalmente falsa como es fácilmente comprobable, nunca se les ha ocurrido. Yo la voy a exponer mediante una situación análoga. Mientras viví en Madrid, estaba apenas a siete u ocho minutos andando del Museo del Prado, del Jardín Botánico, y a unos doce o catorce del Parque del Retiro. A lo largo de aquellos años de mi vivencia madrileña fui tres veces al Museo, dos al Botánico e incontables al Retiro, ¿por qué? ¿Alguien lo puede barruntar siquiera? Pues lo dudo, porque sólo yo "supongo" la razón. Me gusta la pintura y al arte clásico, me encanta la Naturaleza y tan "naturales" son el Botánico como el Retiro, ¿por qué entonces casi siempre, en un 98% de las veces me inclinaba siempre por ese parque? La causa probable, pero no segura, es que en mi ruta hacia el Retiro estaba -y ahí sigue-, la Cuesta de Moyano con sus casetas de libros.
    Última edición por Valmadian; 22/07/2019 a las 13:03
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    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


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  12. #12
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    Re: Luna cincuenta años después

    No obstante, y dado que siempre que se escribe sobre ciertos temas da la impresión de que aparece invariablemente la sospecha de qué se perseguirá con ello, voy a exponer brevemente una idea, a ver si así se concretan un poco las cosas. En este país tan dado al maniqueismo más burdo por manifiesto y evidente, siempre le duelen los defectos ajenos, pero jamás los propios y así nos va naturalmente y como no puede ser de otro modo. De manera que hablemos de conspiraciones.

    Que hay una conspiración, es algo indudable, pero es la del NOM, una conspiración moral e ideológica que se está llevando a cabo mediante ingeniería social y económica, y eso no tiene nada que ver con la NASA y sus misiones espaciales, ni con el Apolo 11, ni con siquiera los partidarios del evolucionismo que están a otras cosas, como la de rellenar huecos de cientos de millones de años. No les preocupan a los que manejan los hilos del tajo que las gentes estén entretenidas en mil cuestiones menores o intrascendentes, mientras lo estén. Tampoco les importa un cochino bledo que haya un 6% de americanos conspiracionistas de todo lo conspirable y más, sobretodo si son conspiracionistas de un dólar en el bolsillo y no manejan magnitudes peligrosas, y trasládese esto mismo a los conspiracionistas de un euro, o a los de de China, Rusia, o en toda Hispanoamérica.

    Y en dicha conspiración real del NOM hay judíos, si muchos, y negros, y chinos, y de todas partes del mundo, incluida España, con sus clubs Bildelberg y similares, pero ello no quita para que, en efecto, no haya campos en los que al menos uno se pueda olvidar de la sombra de semejante amenaza. Es como cuando alguien se va a dar una vuelta, o pasar unos días, a algún paraje boscoso en el que da la sensación de que el Estado con su vigilancia, sus impuestos, sus sanciones, su poder coactivo, etc., no llega. Sólo es la sensación, es decir, es la sensación de la libertad. Pero es una imagen falsa que se demuestra en cuanto ese alguien sale del escenario de bosque encantado con sus hadas y enanitos imaginarios.

    Porque hasta con las exigencias manifestadas en los textos reproducidos más arriba de figuras del tradicionalismo hispano, resulta que la realidad nos devuelve a lo feo, vamos tan feo y horrible que se comprueba que hasta en la propia Iglesia muchos se han unido al NOM y, desde luego, sin la Cruz, cuándo ésta es el único símbolo de esa misma Iglesia Católica y Romana. Quedan exculpados los señores como el bueno de Santa Cruz porque no les ha tocado vivir ya en estos tiempos, aunque ya en los suyos se adivinaba algo siniestro en el horizonte.

    No ha habido ninguna conspiración en las misiones tripuladas a la Luna, eso es un invento de los conspiracionistas que, además, en su mayor parte no sabrían hacer una simple raíz cuadrada. No hay una conspiración satánica en los OVNIS, de los que sólo se sabe que apenas un cinco por ciento no cuentan con una explicación racional "natural", y que del mismo modo que los conspiracionistas sedevacantistas" siempre afirman que dichos "objetos" (está por demostrar que sean eso, objetos) están tripulados por demonios, algo que deberían demostrar de alguna forma que no sea la simple opinión de un "ilustrado paranoico", se les podría oponer ¿y por qué no tripulados por ángeles? ¿acaso ya en la Biblia, recurso habitual de los conspiracionistas, no se indica algo en tal sentido y, en cambio, no aparece nada en relación con seres diabólicos?

    El conspiracionismo va ligado a nuestro tiempo tan proclive a ver de todo en todas partes, quizás por aquello de que el hombre necesita de emociones fuertes y empresas en las que comprometerse en lugar de estar repantingado en su sofá mirando esa caja tonta, o aporreando un teclado de ordenador, tal como hago yo ahora mismo. Pues empresas de gran calado todavía quedan: ayudar al prójimo en sus necesidades, irse a lugares del Tercer Mundo durante las vacaciones para echar una mano en cavar un pozo, o levantar un granero. O tal vez, simplemente, ir a jugar con los "negritos, chinitos e inditos", y llevarles caramelos y juguetes. También se puede ser voluntario en la enseñanza, o en la salud. Y si se prefieren otras actividades, por ejemplo se puede ir a recoger porquerías que otros dejan en las playas, y no digamos ayudar a quitar esas islas de plásticos en los océanos. Pero, tal vez, la mayor aventura, llena de peligros y emociones, sea la de ir a evangelizar sobretodo en ciertos países. A ese tipo de personas no se les ocurre ningún tipo de conspiracionismo, seguro que es porque no tienen tiempo, ni ganas.
    Última edición por Valmadian; 22/07/2019 a las 13:40
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


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  13. #13
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    Re: Luna cincuenta años después

    Peman, egregia figura de nuestras letras contemporáneas no era, en cambio, un científico. Su imagen de la "llegada" fue más bien, flojo, casi huevón, porque se precipitaba en sus juicios. Para empezar hubo más misiones, aterrizajes incluidos, y para colofón de la recogida de muestras, la más importante fue la que se trajeron los astronautas en sus trajes, esa especie de pegajoso y corrosivo polvo de talco -que no es talco-, llamado regolito, y que podría muy bien dar al traste con cualquier establecimiento lunar con el paso de los años.
    Ciertamente, resultan muy deslucidos (incluso penosos) esos comentarios cargados de escepticismo intelectual sobre el viaje a la luna; no es discutible que, independientemente de los fines ocultos (propagandísticos, y dentro de la carrera de armamentos) fue un extraordinario logro humano, apuntado a Estados Unidos.

    La envidia sigue siendo el pecado que nos define (para nuestra desgracia) como nación. No hay espacio para la grandeza en ello.

    PD: Es increíble que la bandera española haya ondeado en la luna; no tenía ni la más remota idea de ello. Naturalmente, y al ser la que lleva el escudo del águila de San Juan, no interesa demasiado que se sepa. Pero también a España le cupo una parte (y a lo mejor no muy pequeña) del mérito de semejante proeza; ahí estuvieron los centros de observación de Fresnedilla, Robledo de Chavela...
    Última edición por DOBLE AGUILA; 22/07/2019 a las 14:00
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  14. #14
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    Re: Luna cincuenta años después

    Cita Iniciado por DOBLE AGUILA Ver mensaje
    Ciertamente, resultan muy deslucidos (incluso penosos) esos comentarios cargados de escepticismo intelectual sobre el viaje a la luna; no es discutible que, independientemente de los fines ocultos (propagandísticos, y dentro de la carrera de armamentos) fue un extraordinario logro humano, apuntado a Estados Unidos.

    La envidia sigue siendo el pecado que nos define (para nuestra desgracia) como nación. No hay espacio para la grandeza en ello.
    Así es, entre los españoles los pecados capitales son un deporte, y el de la envidia de los más practicados junto con la gula y la lujuria, y luego hablamos de la católica España.

    PD: Es increíble que la bandera española haya ondeado en la luna; no tenía ni la más remota idea de ello. Naturalmente, y al ser la que lleva el escudo del águila de San Juan, no interesa demasiado que se sepa.
    Bueno, más que "ondear", imposible en la Luna por ausencia de atmósfera, pero se entiende. Y tampoco es que se exhibiera, sino que el astronauta Mitchell enla misión del Apolo XIV la llevaba por su cariño a España.

    Pero también a España le cupo una parte (y a lo mejor no muy pequeña) del mérito de semejante proeza; ahí estuvieron los centros de observación de Fresnedilla, Robledo de Chavela...
    Y es que, en efecto, si algo tendríamos que reprochar es que en los Estados Unidos no se reconozca el papel fundamental de España en esta proeza. Fue en la estación de Fresnedillas de la Oliva donde se recibió la primera señal del alunizaje y, de hecho, fue desde Fresnedillas desde donde se comunicó a Houston que el módulo se había posado en el suelo lunar. Hoy en día, dicha estación se encuentra inactiva, pero no así la estación de seguimiento y control de Robledo de Chavela, que junto con Glandstone (California) y Canberra, forma parte del entramado con el que se dirigen y controlan todas las misiones que se envían al espacio exterior, sea Marte principalmente, algunas a la Luna y otras a los demás planetas. Ahí se trabaja las 24 horas del día, el personal es casi exclusivamente español, y durante un periodo de 8 horas diarias el control de todas las misiones está a cargo de españoles. En fin, que es una responsabilidad enorme que quizás debería ser más conocida y reconocida.

    A modo de anécdota, la antena principal del complejo tiene un diámetro de 70 metros, el mismo que el coso de Las Ventas, y sus desplazamientos se realizan sobre una base circular que la sostiene gracias a una película de un aceite extraordinario de apenas 2 o 3 centímetros de espesor.

    Visitar el complejo es perfectamente posible, pues no se trata de ningún Área 51 peliculera, de OVNIS, conspiraciones secretas, etc., no habiendo tíos vestidos de negro y con gafas oscuras, o nidos de ametralladoras y vallas electrificadas, que lo impidan. Hay un centro de visitantes, medio museo lunar, con una pequeña tienda de objetos, y una sala de proyecciones. Las antenas son perfectamente visibles y fotografiables desde la propia carretera que pasa junto al complejo, pues está encima de la misma. Más complicada es la visita a la propia estación en si, pero por razones lógicas pues es un centro de trabajo que requiere de mucha concentración en los sistemas informáticos, reuniones, etc., y no podría ser que cada curioso cotilla que pasase por allí quisiera entrar a su capricho. No obstante, es posible visitarlo previa petición escrita al director del complejo.

    https://blog.cielosboreales.com/visi...do-de-chavela/

    Una de las antenas está a disposición de cualquier centro de enseñanza, de secundaria a universitaria, que así lo solicite inscribiéndose previamente en el llamado "proyecto" o "programa" PARTNER. Por supuesto, su uso pedagógico se hace vía telemática desde los propios centros adscritos. Para las facultades de Físicas y escuelas de ingenierías, es una herramienta fundamental.

    http://partner.cab.inta-csic.es/inde...ction=Origenes

    https://partner.cab.inta-csic.es/ind...omo_Participar

    https://www.madrimasd.org/blogs/astr...0/05/08/131947

    https://canal.uned.es/video/5a6fa29ab1111fda6f8b4572
    Última edición por Valmadian; 22/07/2019 a las 15:04
    DOBLE AGUILA dio el Víctor.
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


    Nada sin Dios

  15. #15
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    Re: Luna cincuenta años después

    Quedan exculpados los señores como el bueno de Santa Cruz porque no les ha tocado vivir ya en estos tiempos
    El publicista legitimista Manuel de Santa Cruz sigue, gracias a Dios, vivito y coleando, y Dios quiera que por muchos años más. Siendo ya nonagenario, todavía su pluma continúa en pleno vigor y actividad, principalmente en las páginas del bisemanario navarro Siempre P´alante (a lo mejor en el próximo número vuelve a dedicarle un artículo a este asunto de la Luna).

    Quisiera, de todas formas, aclarar que la reproducción de aquellos artículos de Manuel de Santa Cruz de hace 50 años no tienen nada que ver con una supuesta "envidia" hacia los logros técnicos de Gobiernos extranjeros, sino que tienen por finalidad situar esos éxitos en su verdadero y justo lugar desde un criterio puramente católico (que es el único criterio --para un defensor de la Religión e Iglesia verdaderas-- por los que se los puede juzgar).

    Dejo a continuación un texto del teólogo e historiador Romano Amerio, en donde se dilucida mejor la correcta interpretación o crítica católica del alunizaje.



    Fuente: Iota Unum, Romano Amerio, (trad. Carmelo López-Arias Montenegro), Criterio Libros, Madrid, 2003, páginas 335 – 336.


    212. LA LLEGADA DEL HOMBRE A LA LUNA. FALSEDAD DE SU INTERPRETACIÓN RELIGIOSA

    La exaltación de la técnica llegó a su ápice con la llegada a la Luna de los astronautas norteamericanos el 20 de Julio de 1969. Ciertamente el evento era memorable, pero no podía dignificarse como un hecho significativo de la Religión. Que fue una gesta totalmente profana se desprende inmediatamente de su confrontación con los grandes descubrimientos del pasado. Colón navegó al Nuevo Mundo con la Santa María, y las ciudades fundadas por los conquistadores se llamaron Asunción, Santa Cruz, San Pablo, San Salvador: la empresa era cristofórica. En 1969 las naves y los cohetes que surcaban el espacio estaban dedicadas a deidades gentiles (Apolo, Venus o Saturno), despegaban sin bendición previa, y dejaban sobre la Luna la bandera de los Estados Unidos y una placa con contenido profano [7].

    No obstante el carácter profano de la empresa, en el Mensaje con el que rindió honores a los astronautas Pablo VI cita el Salmo 18 «Caeli enarrant gloriam Dei» y atribuye a la gesta un sentido religioso, aduciendo que Dios «qui tantam praestitit hominibus virtutem». Pero ese Salmo dice que las cosas de la naturaleza cantan la gloria de Dios independientemente del hombre. Además, para ser religioso, el ejercicio de la potencia recibida de Dios debe ser conscientemente reconocido como venido de Dios, mientras que en este caso sólo se le reconoce al hombre.

    A pesar del carácter manifiestamente profano de la conquista de la Luna, el OR [L´Osservatore Romano] del 24 de Julio, en un artículo de un vicedirector, le atribuía forzadamente un significado religioso [8], proclamando que

    «la demostración de las capacidades científicas y técnicas del hombre ha sido también un gran acontecimiento religioso, por no decir cristiano».

    Después, dándose cuenta de que había traspasado los límites de lo verosímil, concluyó:

    «Aunque los primeros exploradores lunares no han clavado materialmente la Cruz en el suelo de la nueva conquista, espiritualmente sí lo han hecho».

    Distinción en este caso falaz, porque la religiosidad exige una expresión en signos sensibles (y la cruz es en el Cristianismo el protosigno), o de otro modo se convierte en meras palabras por medio de las cuales se puede sustituir cualquier cosa por cualquier cosa. Los mahometanos podrían con razón sostener que los astronautas plantaron la Media Luna.

    Aún más eufórico es el escrito del Padre Gino Concetti en OR del 25 de Julio, donde se lee:

    «Jamás como en esta empresa maravillosa ha resplandecido tanto en toda su grandeza la imagen divina esculpida por el Creador en la naturaleza humana».

    O estas afirmaciones son de un circiterismo poético lejano de la exactitud teológica, o constituyen una desviación del pensamiento católico. Según la Religión de Cristo, desde un punto de vista natural la excelencia de la imagen divina refulge en el hombre en la virtud moral; y desde un punto de vista sobrenatural, en la santidad. Solamente ésta es una cosa buena en sí misma y para el prójimo. El ápice de la perfección no está en la conquista del Universo, ni en la baconiana prolatio ad omne possibile, ni en ninguna cosa versátil al bien y al mal, como la técnica, sino solamente en el heroísmo moral en el cual la imagen divina (cuius ad instar está hecho el hombre) celebra las operaciones deiformes y triniformes. Esa evidencia de la imagen divina que el Padre Concetti reconoce en las grandezas de la técnica, la teología católica la ha reconocido solamente en la humanidad del hombre-Dios (en el cual la técnica no tuvo ninguna parte), y secundariamente en el heroísmo de la virtud. No es que las obras de la técnica no tengan valor y no deban celebrarse al igual que cualquier operación del hombre dirigida hacia su fin último, sino que no son valores que deban celebrarse como los más elevados.





    [7] «Aquí han puesto pie por primera vez hombres de la Tierra. Julio 1969, A.D. Hemos venido en paz en nombre de todos los hombres». El único rasgo de religión está en las siglas de la fecha.

    [8] También Guido Aceti, teólogo de la Universidad Católica de Milán, entrevistado en Europeo del 27 de Julio, replicaba a quien le oponía la religiosidad de Colón comparada con la actual que «la presencia del hombre en el Universo es presencia de Cristo».


    .
    Última edición por Martin Ant; 22/07/2019 a las 18:28
    Rodrigo dio el Víctor.

  16. #16
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    Re: Luna cincuenta años después

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    Cita Iniciado por Martin Ant Ver mensaje
    El publicista legitimista Manuel de Santa Cruz sigue, gracias a Dios, vivito y coleando, y Dios quiera que por muchos años más. Siendo ya nonagenario, todavía su pluma continúa en pleno vigor y actividad, principalmente en las páginas del bisemanario navarro Siempre P´alante (a lo mejor en el próximo número vuelve a dedicarle un artículo a este asunto de la Luna).
    Felizmente, pero la expresión tampoco hay tomarla al pie de la letra. Aquellos fueron sus años, tal como mi propia madre, nonagenaria también, me había venido manifestando a diario durante sus últimos años. Los míos no fueron los de mi más tierna infancia, en los que no me enteraba de nada, sino aquellos otros en los que ya quería cambiar el mundo. Y así, hasta que se llega a una edad en la que uno empieza a entender que "su" mundo, "su" época es ya tiempo pasado. No importa que uno se sienta bien, que la cabeza todavía funcione medianamente, lo que es esencial es entender y aceptar, que su tiempo ya no es el presente cuando éste ha salido corriendo hacia el futuro que ya pertenece a otros.

    Luego, no resulta necesaria la precisión de su condición bien conocida de "publicista legitimista", la cual nada tiene que ver con la Ciencia. Y ello, no obstante, no le impide dar su opinión personal o parecer particular, otra cosa es que de hacerlo esté en lo cierto. Y ello sin olvidar que uno puede ser muchas cosas, sin que por eso otros puedan serlo también y no necesariamente coincidir en los juicios morales particulares.

    Quisiera, de todas formas, aclarar que la reproducción de aquellos artículos de Manuel de Santa Cruz de hace 50 años no tienen nada que ver con una supuesta "envidia" hacia los logros técnicos de Gobiernos extranjeros, sino que tienen por finalidad situar esos éxitos en su verdadero y justo lugar desde un criterio puramente católico (que es el único criterio --para un defensor de la Religión e Iglesia verdaderas-- por los que se los puede juzgar).
    Lo reiterativo siempre es cansino, y por un extraño efecto acaba por no convencer. Ya con anterioridad quedó de manifiesto que los logros técnicos extranjeros también lo fueron nacionales por cuanto la participación española fue absolutamente decisiva. Es algo así como creer que la empresa de Colón sólo la hizo él sin el concurso de la oficialidad y, en especial, la marinería. A España le tocó ese papel, más aún similar del del guía que gritó "¡tierra a la vista!", tal como ya se ha comentado sobre lo acontecido en Fresnedillas (Madrid, España, Europa occidental)

    En cuanto a la envidia no he sido yo quien ha introducido el término, ni se lo he atribuido a Manuel de Santa Cruz, sino lo que he comentado es una manifiesta realidad, que uno de los principales defectos de españoles es la envidia, y nadie puede negar tal realidad.


    Dejo a continuación un texto del teólogo e historiador Romano Amerio, en donde se dilucida mejor la correcta interpretación o crítica católica del alunizaje.



    Fuente: Iota Unum, Romano Amerio, (trad. Carmelo López-Arias Montenegro), Criterio Libros, Madrid, 2003, páginas 335 – 336.


    212. LA LLEGADA DEL HOMBRE A LA LUNA. FALSEDAD DE SU INTERPRETACIÓN RELIGIOSA

    La exaltación de la técnica llegó a su ápice con la llegada a la Luna de los astronautas norteamericanos el 20 de Julio de 1969. Ciertamente el evento era memorable, pero no podía dignificarse como un hecho significativo de la Religión. Que fue una gesta totalmente profana se desprende inmediatamente de su confrontación con los grandes descubrimientos del pasado. Colón navegó al Nuevo Mundo con la Santa María, y las ciudades fundadas por los conquistadores se llamaron Asunción, Santa Cruz, San Pablo, San Salvador: la empresa era cristofórica. En 1969 las naves y los cohetes que surcaban el espacio estaban dedicadas a deidades gentiles (Apolo, Venus o Saturno), despegaban sin bendición previa, y dejaban sobre la Luna la bandera de los Estados Unidos y una placa con contenido profano [7].

    No obstante el carácter profano de la empresa, en el Mensaje con el que rindió honores a los astronautas Pablo VI cita el Salmo 18 «Caeli enarrant gloriam Dei» y atribuye a la gesta un sentido religioso, aduciendo que Dios «qui tantam praestitit hominibus virtutem». Pero ese Salmo dice que las cosas de la naturaleza cantan la gloria de Dios independientemente del hombre. Además, para ser religioso, el ejercicio de la potencia recibida de Dios debe ser conscientemente reconocido como venido de Dios, mientras que en este caso sólo se le reconoce al hombre.

    A pesar del carácter manifiestamente profano de la conquista de la Luna, el OR [L´Osservatore Romano] del 24 de Julio, en un artículo de un vicedirector, le atribuía forzadamente un significado religioso [8], proclamando que

    «la demostración de las capacidades científicas y técnicas del hombre ha sido también un gran acontecimiento religioso, por no decir cristiano».

    Después, dándose cuenta de que había traspasado los límites de lo verosímil, concluyó:

    «Aunque los primeros exploradores lunares no han clavado materialmente la Cruz en el suelo de la nueva conquista, espiritualmente sí lo han hecho».

    Distinción en este caso falaz, porque la religiosidad exige una expresión en signos sensibles (y la cruz es en el Cristianismo el protosigno), o de otro modo se convierte en meras palabras por medio de las cuales se puede sustituir cualquier cosa por cualquier cosa. Los mahometanos podrían con razón sostener que los astronautas plantaron la Media Luna.

    Aún más eufórico es el escrito del Padre Gino Concetti en OR del 25 de Julio, donde se lee:

    «Jamás como en esta empresa maravillosa ha resplandecido tanto en toda su grandeza la imagen divina esculpida por el Creador en la naturaleza humana».

    O estas afirmaciones son de un circiterismo poético lejano de la exactitud teológica, o constituyen una desviación del pensamiento católico. Según la Religión de Cristo, desde un punto de vista natural la excelencia de la imagen divina refulge en el hombre en la virtud moral; y desde un punto de vista sobrenatural, en la santidad. Solamente ésta es una cosa buena en sí misma y para el prójimo. El ápice de la perfección no está en la conquista del Universo, ni en la baconiana prolatio ad omne possibile, ni en ninguna cosa versátil al bien y al mal, como la técnica, sino solamente en el heroísmo moral en el cual la imagen divina (cuius ad instar está hecho el hombre) celebra las operaciones deiformes y triniformes. Esa evidencia de la imagen divina que el Padre Concetti reconoce en las grandezas de la técnica, la teología católica la ha reconocido solamente en la humanidad del hombre-Dios (en el cual la técnica no tuvo ninguna parte), y secundariamente en el heroísmo de la virtud. No es que las obras de la técnica no tengan valor y no deban celebrarse al igual que cualquier operación del hombre dirigida hacia su fin último, sino que no son valores que deban celebrarse como los más elevados.

    [7] «Aquí han puesto pie por primera vez hombres de la Tierra. Julio 1969, A.D. Hemos venido en paz en nombre de todos los hombres». El único rasgo de religión está en las siglas de la fecha.

    [8] También Guido Aceti, teólogo de la Universidad Católica de Milán, entrevistado en Europeo del 27 de Julio, replicaba a quien le oponía la religiosidad de Colón comparada con la actual que «la presencia del hombre en el Universo es presencia de Cristo».


    .
    Estoy de acuerdo en que la llegada del hombre a la Luna no tenía nada de religiosidad. Primero Nuestro Señor Jesucristo no nos dijo nada al respecto, por tanto en realidad que se tratase de una empresa puramente tecnológica tampoco nada hay que reprochar.

    Pero la realidad también nos muestra estos otros hechos: Colón fue a buscar una ruta hacia Oriente, donde se sabía que había otros hombres a los cuales se podría evangelizar. Pero ¿alguien tendría la amabilidad de pensar un poco y decir a quiénes se podría haber empezado a evangelizar en la Luna?. La pregunta es absurda, como absurdas las comparaciones e intenciones entre las dos empresas, la de Colón, con la del Apolo XI.
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


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