REBELIÓN HERÉTICA... CRISIS DE SANTOS
El ilustre filósofo francés Jean Guitton
"Historically, gnosticism is the name commonly given to the first "great heresy" which the Catholic Church encountered in the second century, when the period of the Apostles and their immediate successors had ended. The characteristic mark of that "great heresy" was that it mixed Christianity with various thought structures that properliy belonged to the Hellenistic world. The gnostic movement posed as the bearer of a secret tradition stemming from Christ, or from the Apostles. Its principal representatives, who may be considered as the successors of tha Simon Magus mentioned in the New Testament, are Basilides, Valentinus, Carpocrates, and Marcion -four dark and powerful figures analogous to the four Evangelists. In this tetralogy Marcion, like St John, stands somewhat apart, as I shall show"
(Great Heresies & Church Councils, Jean Guitton.)
Traduzco: "Históricamente, el gnosticismo es el nombre común dado a la primera "gran herejía" con que la que se encuentra la Iglesia Católica en el siglo II, cuando el período de los apóstoles y sus sucesores inmediatos había tocado a su fin. La señal característica de esta gran herejía fue la de mezclar el cristianismo con estructuras de pensamiento diferentes que, propiamente, pertenecían al mundo helenístico. El movimiento gnóstico se hizo pasar por el portador de una tradición secreta que derivaba de Cristo, o bien de los Apóstoles. Sus principales representantes pueden ser considerados como los sucesores de Simón el Mago, mencionado en el Nuevo Testamento. Su exponentes son Basílides, Valentín, Carpócrates, y Marción; cuatro siniestras y poderosas figuras análogas a los cuatro evangelistas. En esta tetralogía tetralogía Marción, tal y como San Juan, se encuentra algo aparte"(Grandes herejías y concilios de la Iglesia, Jean Guitton. Harper & Row, Publishers. New York, 1965. Pág. 51.)
Así definía a grandes rasgos el gnosticismo uno de los filósofos católicos más importantes del siglo XX, Jean Guitton. Hemos querido introducir con este pasaje de Guitton nuestra entrada, para que se nos entienda con claridad. Hipatia, la de Amenábar, vivió en esa época cuando las líneas divisorias del cristianismo estaban confusas incluso entre aquellos que se llamaban cristianos.
Es algo incontrovertible, y así lo hemos expresado reiteradas veces, que la mayor parte de los problemas que afectan a nuestra sociedad actual son producidos a causa de una falsa concepción de Dios, de la Naturaleza y del Hombre (y, por extensión, de la sociedad humana).
Esas falsas concepciones fueron llamadas en la antigüedad "herejías". Desde el Renacimiento, entreverándose en la belleza de los mármoles de Miguel Ángel y las pinturas de Rafael Sanzio, las herejías fueron denominándose "filosofías". Se ejerció una actividad demoledora que se denominó crítica. Implacablemente, los llamados hombres de ciencia actuaron como cáustico sobre todo lo que había venido de Dios. Esto es, se comenzó a desacreditar, con mofa y odio, todo cuanto había sido revelado, así como la exégesis (interpretación) que de la Revelación había hecho el Magisterio de la Santa Iglesia, única instancia cualificada y autorizada para interpretar la Sagrada Escritura.
Se dice -y no es pecata minuta- que la filosofía se basa en la crítica. En efecto, la herejía -disfrazada de filosofía- se empeñó en criticar las bases de la Cristiandad, mientras que arteramente se elevaba a la condición de intocable en su "librepensamiento". Almas profundamente desordenadas, como la de Lutero y Calvino, habían contribuido a despojar, ante lo que hoy llamaríamos opinión pública, a la Iglesia Católica de su legítima autoridad espiritual. En eso consistió la mal llamada "Reforma", que no fue Reforma... Fue Revolución. Lutero creyó que cualquiera era bueno para interpretar la Biblia... Le hicieron caso: iluminados y visionarios de toda ralea se creyeron autorizados para levantar sus propias sectas -antros heréticos- que proliferaron en metástasis.
En ese tiempo, el de Galileo y Descartes, los filósofos "independientes" no quisieron ser menos que los zapateros fundadores de sectas religiosas. Así fue como los filósofos levantaron esos edificios colosales a su soberbia. Ellos se creyeron, por su inteligencia, capaces de levantar monumentales sistemas que explicaban la realidad, concediéndole a Dios -en el mejor de los casos- el papel de "sustancia infinita" y Relojero universal. Descartes fue a Loreto en peregrinación, para agradecer a la Virgen María lo que había entendido él como un don revelado: su sistema racionalista. Pero, en su tontería, lo que había hecho el Cartesio era dar munición para otros, menos devotos que él, que cuales aprendices de brujo cristalizaran su filosofía (su visión del mundo) como materialismo (reducción a la res extensa), o lo no menos aberrante: espiritualismo idealista (apoteosis de la res cogitans). Y la realidad se nos perdió entre los dedos.
Por arte matemático, y por comodidad humana todo hay que decirlo, cualquier dualismo termina resolviéndose en monismo: "Lo insatisfactorio de una interpretación dualista consiste en que, para explicar nuestra experiencia, debe recurrir a algo procedente de fuera, a una instancia diversa por principio y que nada tiene que ver con la forma de operar del cerebro". Por esa misma razón, el mismo neurocientífico que escribió eso (a finales del siglo XX) termina concluyendo: "No hay por qué añadir nada más. La actividad neuronal en la ventana de los tres segundos del "ahora" es la conciencia misma. Recuerde el lector que funciones fisiológicas y funciones psíquicas son una misma cosa para el autor" (Erns Pöppel, "Los límites de la conciencia. Realidad y percepción humana".) Hablando en plata: muerto el cerebro, se acabó lo que se daba.
Tal vez no contaba Ernst Pöppel con que un escritor inglés del siglo XVIII le había refutado. Teniendo en cuenta la de gente que se pasa la vida pudiéramos decir que descerebradamente... El padre filósofo de Tristram Shandy se apresuró a extraer el corolario: "Si la muerte, decía mi padre razonando para sí, no es más que la separación del alma y del cuerpo, y resulta que hay gente que puede andar por ahí sin cerebro, está claro que el alma no puede habitar ahí" (Laurence Sterne, "Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy".)
Son cuestiones muy delicadas. Pero, volvamos a la herejía -en el caso hipotétido de que nos hayamos apartado de ella, al tratar estas cuestiones "filosóficas"... El gnosticismo alienta fétidamente toda concepción errónea de Dios, la Naturaleza y el Hombre. El alma de la Revolución no son doctrinas filosóficas (liberalismo, socialismo, marxismo, anarquismo, feminismo; y que conste que no existen liberalismo, socialismo, marxismo, anarquismo o feminismo que no sean radicales; no confundamos el efecto con la causa). El alma de la Revolución es la pestífera herejía que mata las almas -y los comunistas lo demostraron, también los cuerpos. El gnosticismo es el precedente más viejo de la Revolución.
Ahora, tal vez, creo yo que tendremos más claro la razón por la cual Amenábar vaya a una gnóstica como Hipatia, con el propósito de desacreditar al cristianismo. Pero, ni Hipatia era una científica feminista... Ni quienes la lincharon eran cristianos. Era algo con lo que no contaba Amenábar. A los técnicos audivisuales había que exigirles, si quieren hacer guiones presuntamente filosóficos, algunos estudios que él o suspendió o nunca cursó.
Para salvar la situación actual, en la que se imbrican tantas cuestiones, urgen filósofos más humildes, cineastas más documentados, científicos más honestos... Pero, claro está, para eso los filósofos, los cineastas y los científicos tendrían que dejar a un lado sus manías y su amor propio. Y es algo que, a la vista está, parece que no quiere hacer ninguno.
¡Para salvarlo todo hacen falta más santos!
Maestro Gelimer
LIBRO DE HORAS Y HORA DE LIBROS
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