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Tema: Oro: La enésima película española de propaganda antiespañola.

  1. #1
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    Oro: La enésima película española de propaganda antiespañola.

    Quería saber si alguien ha podido ya ver esta película para que diera su opinión. A pesar del título, no la he visto, pero uno tiene ya sus intuiciones y por las veces que la he visto anunciada y por el título, ya me puedo imaginar de qué va: Un bodrio similar a aquella sobre los últimos de Filipinas.
    ¡VIVA ESPAÑA! ¡VIVA CRISTO REY! ¡VIVA LA HISPANIDAD!

    "Dulce et decorum est pro patria mori" (Horacio).

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  2. #2
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    Re: Oro: La enésima película española de propaganda antiespañola.

    No espere mucho, una película que retratará -lamentablemente- a los gloriosos héroes de las Indias como si de bárbaros se tratasen difamando sus gestas así como tergiversando la historia.
    Alejandro Farnesio dio el Víctor.

  3. #3
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    Re: Oro: La enésima película española de propaganda antiespañola.

    A ver un resumen:

    Agustín Díaz Yánes un licenciado en historia, progre, afin al PSOE y a toda la anti-España con Pérez-Reverte, infumable. No hace falta añadir más.
    Leolfredo dio el Víctor.
    RES PUBLICA OMNIUM HISPANIARUM ET INDIARUM

  4. #4
    Avatar de Alejandro Farnesio
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    Re: Oro: La enésima película española de propaganda antiespañola.

    Ya he visto a uno de los actores decir que fue un genocidio y tenemos que aceptarlo. Nada más que decir.

    Lo que me llama la atención es que cierto sectores patrióticos tengan a Reverte como un defensor de la esencia de España cuando es todo lo contrario.
    Leolfredo dio el Víctor.
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  5. #5
    Avatar de Hyeronimus
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    Re: Oro: La enésima película española de propaganda antiespañola.

    ¿Piensa ir a ver “Oro”? Es un peñazo.

    Avorrida i plena de llocs comuns. Homenatge a la llegenda negra.



    “Oro” es una peli de Agustín Díaz Yanes estrenada el viernes pasado. Se basa en un relato breve del murciano Arturo Pérez Reverte, ambientado en la Conquista de América y narra la expedición por la jungla centroamericana, en busca de oro, de un puñado de soldados españoles en el siglo XVI. Dicen que ha costado €8 millones.

    Sona bé, oi? ¿Les apetece una peli de aventuras? ¿Tienen ganas de conocer mejor la increíble epopeya española en América? Estàn farts de la llegenda negra? Volen passar una bona estona? Pues no vayan al cine a ver esta película.

    Cero acción y aventura. Es aburrida, lenta y repetitiva. Los diálogos son acartonados y artificiales, la historia fluye mal y todo es previsible. Ni siquiera los supuestos momentos de tensión logran acelerar el pulso del espectador. No se intenta recrear el ambiente opresivo de la jungla (una serpiente y una iguana son los únicos animales que aparecen, para enseñar un cocodrilo no había presupuesto). No se transmiten las técnicas de combate de la época (el alférez cierra el puño para indicar “alto”, como si fuera un SEAL). Sisplau que vingui Spielberg.

    Cero empatía con los personajes, dibujados muy superficialmente, planos, sin detalles creativos, que nunca llegan al espectador.

    Cero originalidad, mil tópicos y lugares comunes. Los conquistadores son “bárbaros, ignorantes, de sangre mala y baja“, inmorales. El cura es un malvado lleno de odio y con ínfulas de inquisidor. Los españoles son crueles, tristes y amargados. Esta gente no ha leído ni la crónica de Bernal Díaz del Castillo, repleta de violencia y sangre pero también de ternura, amor, humor, honor, valor y camaradería.

    Explica la imprescindible profesora Roca Barea en su libro “Imperiofobia y leyenda negra” que:

    Arturo Pérez Reverte (…) exterioriza un patriotismo de rompe y rasga que se aviene mal con su obediente repetición de los más manidos tópicos de la leyenda negra (…) una parte del éxito de Reverte, dentro y fuera, se debe a que recrea con vigor y convicción los tópicos hispanófobos”.

    Doncs això és “Or”: un conyàs (amb perdó) que no aporta res.

    https://www.dolcacatalunya.com/2017/...er-oro-penazo/


  6. #6
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    Re: Oro: La enésima película española de propaganda antiespañola.

    Hay un hilo muy bueno en burbuja entorno a la película de marras. Digo muy bueno porque se está produciendo gota a gota pero imparable reacción entre la gente con un mínimo de nivel en España contra el leyendanegrismo que alimenta toda esta gente, incluyendo tiriteros, escritores de mala baba como Reverte, etc. Y es una reacción no histérica ni pratiotera sino con base histórica y más bien templada. Allí se concita un ramillete de personas que dan en varios clavos.

    Una de las intervenciones que más simpáticas y originales me resultó fue la de un tal "ominae", tipo hace años con un discurso agresivamente liberal pero al cual le voy encontrando cada vez más destellos hispanófilos. Y es que tiene muchísima, pero que muchísima razón.

    "lo que yo flipo de los actores españoles es que cuando tienen que interpretar a un conquistador siempre ponen cara de "enfadaos" y como con ganas constantes de matar.

    supongo que el prototipo de conquistador español deberia ser Hernan Cortes, pues bien, los documentos de la epoca nos lo ponen como una persona afable, que daba las ordenes en voz baja y que hablaba de tu a tu con indios y españoles, qeu lloraba por ejemplo cuando le mataron a su escudero etc... etc...

    vamos, todo lo contrario que estos titiriteros dan a entender con sus "preparaciones de los personajes""
    Burbuja.info - Foro de economía - Ver Mensaje Individual - Oro, nueva pelicula española sobre la conquista de America

    Y es que, efectivamente, un rasgo ideal de caballero hispánico -digo ideal, valorado, no que todos o la mayoría así lo fueran- era el de la templanza.
    Kontrapoder y Hyeronimus dieron el Víctor.

  7. #7
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    Re: Oro: La enésima película española de propaganda antiespañola.

    Kontrapoder dio el Víctor.

  8. #8
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    Re: Oro: La enésima película española de propaganda antiespañola.

    Pongo en modo texto el interesante artículo que trajo Pious, por creer que facilita la lectura y la indexación.
    ________________


    No es 'Oro' todo lo que reduce

    Mª ELVIRA ROCA
    18 nov. 2017 03:08




    Un poco menos de cojonudismo exhibicionista y un poco más de hombría hubiera estado bien. Dicho esto, hay que señalar que la película se deja ver, dentro de lo previsible del argumento y de unos personajes más bien planos y con poca trastienda. Se agradece por demás el uso comedido del ordenador, una gran delicadeza en estos tiempos. Lo mejor: sin duda la interpretación de Bárbara Lennie en el papel de doña Ana.

    La fórmula de Oro es eficaz y, como ya ha sido ensayada con éxito en múltiples ocasiones, puede ser repetida ad infinitum mientras sea rentable. ¿A costa de qué? De volver a vender con beneficios la imagen sancionada por los siglos del Imperio español de América. La única posible al parecer e, insisto en ello, rentable. No falta detalle. Como si pasaran lista, ahí están todos. Los perros feroces de fray Bartolomé que fueron tan bien dibujados en los grabados de De Bry. Hombres sin entrañas repartiéndose indias a destajo. Una aparición fugaz pero efectiva del Edén indígena primordial, y hasta una mención -forma parte del canon- del Saco de Roma. Que ya es difícil que dos soldados que participaron en el Saco de 1527 vayan a encontrarse de nuevo en las selvas americanas, pero la puesta en escena tradicional de la "furia española" exige dicha mención y la mención se hace, claro está. Lo bueno que tienen los géneros literarios es que está todo previsto y no hace falta arriesgar nada. Y la Historia de España es el género literario más fecundo de Occidente. En lengua flamenca se dice da spaanse furie y es un clásico de su historia, de su literatura y de su vida. ¿Es mucha maldad suponer que en el presente contexto la película será un éxito en Bélgica cuando se estrene?

    El repugnante dominico no podía faltar (ah, Schiller) y con ello además se paga la cuota anticlerical que permite colocar la producción de la película a prudente distancia de la derecha nacionalcatólica. Porque el cojonudismo está siempre a punto de ponerse a cantar Soy el novio de la muerte y ya sabemos todos de qué lado está la Legión. Protegido este flanco, el de mayor peligro, podemos seguir avanzando por las selvas. En algún helecho feroz se quedaron enredados los pronombres y vamos de tú a tú, con usted y usted, y una inesperada aparición de vos, no se sabe por qué, cuando ya nos habíamos acostumbrado al familiar tuteo selvático. Pelillos a la mar.

    La película tiene algunas deudas. La más evidente es la de El Dorado de Carlos Saura (1988), que venía de abundar en el adorado asunto de los españoles enloquecidos en busca de oro tras la sin duda magnífica Aguirre, la cólera de Dios de Werner Herzog (1972). También el alférez Gorriamendi desafía la autoridad del rey y se proclama libre del vínculo con su señor natural, como hizo Lope de Aguirre. El hecho es absolutamente excepcional en la vida del Imperio y por eso lo conocemos. Pero esta inclinación a convertir lo excepcional en norma ha sido lo tradicional en la visión sancionada por los siglos de la historia de España. Expediciones enloquecidas hubo algunas, pero la mayoría no lo fueron. Nada es nuevo ni sorprendente, sin embargo. Si acaso produce cierta inquietud intelectual tan sorprendente unanimidad. Aguirre el loco ha merecido más películas y más relatos que los miles de españoles que armados de paciencia, conocimientos... y hombría, se echaron al mar en unos barquitos que parece mentira que fueran capaces de atravesar el Atlántico y levantaron tantas ciudades que, como dice Philip Wayne Powell, no se ha visto impulso constructivo semejante desde los tiempos de los romanos. Pero esto es muy poco gore y da escasas oportunidades de que el chorro de sangre de la yugular seccionada por un magnífico e impresionante puñal salpique al espectador de la fila séptima, que igual también lamentaba no verse chorreado. Vaya usted a saber. Están los tiempos para no sorprenderse de nada. Y la sangre peliculera lo que tiene es que salpica y parece que no mancha. Pero resulta que hace las dos cosas, aunque no se vea a simple vista.

    Ante semejante panorama, conviene señalar que con un poco de paciencia y conocimientos (de la hombría podemos prescindir en este trance y el cojonudismo es absolutamente innecesario) se pueden escribir y hasta filmar magníficas historias con los pronombres en su sitio. Quedaría bien, por ejemplo, como protagonista D. Antonio de Mendoza. Este hijo del Marqués de Tendilla se crió en Granada. Hablaba el árabe como un árabe y como un árabe acostumbró a vestir hasta bien entrado en la edad adulta. Su tío Bernardino le escribió al padre que, por favor, antes de mandarlo a Castilla, lo acostumbrara a llevar el jubón acuchillado de los castellanos. El joven Mendoza no era partidario de cambiar de indumentaria y vestido de moro al mando de una tropa mora de más de 3.000 hombres participó en Villalar. Luego fue diplomático y soldado competente en los caminos de Europa. Fue el primer virrey de la Nueva España y con dosis abundantes de paciencia y conocimientos organizó la administración del virreinato, impartiendo justicia y afianzando los pactos con los caciques. No tuvo inconveniente en sentarse a escuchar sobre cuanta manta indígena le ofrecieron lo que tenían que decirle aquellos nuevos súbditos del rey vestidos con plumas. Ya era políglota y cuando volvió de América, lo era más. Su peripecia personal desde la juventud mora en Granada hasta su madurez como interlocutor de jefes indios en América es extraordinaria. Pero habiendo algún Aguirre o algún trasunto suyo a mano, para qué vamos a fijarnos en un Mendoza.

    Y si nos ponemos estupendos y en vena aventurera, que también está muy bien, podemos sacar del armario al vasco-mexicano Juan de Oñate que, como Mendoza, se ha conservado magníficamente para la Historia sin necesidad de naftalina. Debieron intuir estos hombres extraordinarios que sus descendientes iban a salir no sólo flojos sino un poco gilipollas y que era mejor no contar con ellos para nada. Oñate nació allí, en Zacatecas, y murió aquí, en Sevilla. Abrió la ruta del Camino Real casi 1.000 kilómetros hacia el norte; fundó San Juan de los Caballeros, primera ciudad que existió en el territorio de lo que hoy es Estados Unidos; llevó burros, caballos, merinas y cabras hacia los nuevos asentamientos; exploró el río Colorado y es seguramente responsable de la existencia del western, pues sus caballos andaluces fueron los primeros que cabalgaron por las praderas. Porque el caballo, no lo olvidemos, no existía en América antes de la llegada de los españoles y los que cabalgan con tanto brío los apaches o los sioux en las películas del oeste debieron llegar a ellos por medios que Hollywood nunca cuenta. Pero que estaría bien que nosotros contáramos, siquiera sea para sacudirnos esta mugre que nos hemos creído como la única verdad posible de nuestro pasado. Me ofrezco gratis a escribir los guiones si hay por ahí algún productor con la gallardía suficiente como para atreverse a ganar dinero simplemente contando lo bueno de nuestra historia, sin apartarse un gramo: paciencia, esfuerzo, conocimientos, capacidad de innovación, espíritu emprendedor... sin apartarse un gramo de la verdad.

    La crítica cinematográfica en realidad daba para poco aquí. Cuajar una de esas películas que uno daría algo porque no se acabaran nunca es una alquimia cuasi sobrenatural. Así que si el producto sale aceptable y vendible, pues ya está bien. Pero Oro viene a cultivar más de lo mismo, y lo de siempre, y esto es ya muy cansino, o como decimos los andaluces, muy jartible. Pero sobre todo no es neutro ni aséptico. Salpica y mancha. Y no damos abasto a limpiar tanto. Vamos a necesitar paciencia, conocimientos y toda la progesterona y la testosterona que seamos capaces de amasar para conseguir que la Historia de España deje de ser carroña a la que vaya a alimentarse cuanta tendencia destructiva surja no sólo en España sino también en Europa, según estamos viendo. Porque o la sacamos de ahí o con ella nos hundimos. Y lo molesto, lo verdaderamente molesto, por decirlo suavemente, es que proporcionemos munición al enemigo con tanta alegría y quiero creer que con inocencia, aunque no lo tengo muy claro.

    María Elvira Roca Barea es autora de Imperiofobia y leyenda negra: Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español (Siruela, 2016).

    FUENTE: No es 'Oro' todo lo que reduce | Opinion Home | EL MUNDO
    «Eso de Alemania no solamente no es fascismo sino que es antifascismo; es la contrafigura del fascismo. El hitlerismo es la última consecuencia de la democracia. Una expresión turbulenta del romanticismo alemán; en cambio, Mussolini es el clasicismo, con sus jerarquías, sus escuelas y, por encima de todo, la razón.»
    José Antonio, Diario La Rambla, 13 de agosto de 1934.

  9. #9
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    Re: Oro: La enésima película española de propaganda antiespañola.

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    La película incide en los tópicos de la leyenda negra y la Iglesia queda mal
    María Elvira Roca: «Oro» se recrea en la «mugre» y alimenta la tendencia destructiva de España
    José Coronado (en primer término) y Raúl Arévalo, dos de los protagonistas de Oro.
    C.L. / ReL
    19 noviembre 2017
    Con Oro, de Agustín Díaz Yanes (con José Coronado, Bárbara Lennie, Raúl Arévalo y Óscar Jaenada en el reparto), el establishment del cine español ha vuelto a demostrar lo a gusto que se encuentra denigrando la historia de España, acogiendo acríticamente la leyenda negra y rehuyendo la creatividad y el atrevimiento artístico e intelectual en beneficio del topicazo conformista.



    María Elvira Roca Barea, autora del best seller Imperiofobia y leyenda negra, escribió este sábado un artículo sobre Oro en El Mundo, donde señala que la película, sin perjuicio de sus virtudes cinematográficas, cultiva "más de lo mismo", se baña en la "mugre" que nos hemos creído sobre nuestra propia historia y la "salpica y mancha", y alimenta nuestra "tendencia destructiva", proporcionando "munición al enemigo" con "alegría", vaticinándole un gran éxito si se estrenase ahora mismo en Bélgica:


    Imperiofobia y Leyenda Negra rebate numerosos mitos malintencionados sobre la historia de España y lamenta su recepción acrítica por muchos españoles.

    NO ES "ORO" TODO LO QUE REDUCE
    Un poco menos de cojonudismo exhibicionista y un poco más de hombría hubiera estado bien. Dicho esto, hay que señalar que la película se deja ver, dentro de lo previsible del argumento y de unos personajes más bien planos y con poca trastienda. Se agradece por demás el uso comedido del ordenador, una gran delicadeza en estos tiempos. Lo mejor: sin duda la interpretación de Bárbara Lennie en el papel de doña Ana.



    La fórmula de Oro es eficaz y, como ya ha sido ensayada con éxito en múltiples ocasiones, puede ser repetida ad infinitum mientras sea rentable. ¿A costa de qué? De volver a vender con beneficios la imagen sancionada por los siglos del Imperio español de América. La única posible al parecer e, insisto en ello, rentable. No falta detalle. Como si pasaran lista, ahí están todos.


    Theodor de Bry fue el grabador y editor belga, protestante, que editó e ilustró varias obras que alimentaron la leyenda negra anticatólica y antiespañola, entre ellos la obra de Bartolomé de las Casas.

    Los perros feroces de fray Bartolomé que fueron tan bien dibujados en los grabados de De Bry. Hombres sin entrañas repartiéndose indias a destajo. Una aparición fugaz pero efectiva del Edén indígena primordial, y hasta una mención -forma parte del canon- del Saco de Roma. Que ya es difícil que dos soldados que participaron en el Saco de 1527 vayan a encontrarse de nuevo en las selvas americanas, pero la puesta en escena tradicional de la "furia española" exige dicha mención y la mención se hace, claro está. Lo bueno que tienen los géneros literarios es que está todo previsto y no hace falta arriesgar nada. Y la Historia de España es el género literario más fecundo de Occidente. En lengua flamenca se dice da spaanse furie y es un clásico de su historia, de su literatura y de su vida. ¿Es mucha maldad suponer que en el presente contexto la película será un éxito en Bélgica cuando se estrene?


    El Don Carlos, de Friedrich Schiller, estrenada en 1787, es una pieza clave de la leyenda negra antiespañola y anticatólica, encarnada en la figura de Gonzalo, Gran Inquisidor, el dominico confesor del rey Felipe II. La ópera Don Carlos de Giuseppe Verdi, inspirada un siglo después (1867) en la obra de teatro de Schiller, impulsó definitivamente el mito. En la imagen, una representación de la ópera con James Morris como Gran Inquisidor y Ferruccio Furlanetto como Felipe II.

    El repugnante dominico no podía faltar (ah, Schiller) y con ello además se paga la cuota anticlerical que permite colocar la producción de la película a prudente distancia de la derecha nacionalcatólica. Porque el cojonudismo está siempre a punto de ponerse a cantar Soy el novio de la muerte y ya sabemos todos de qué lado está la Legión. Protegido este flanco, el de mayor peligro, podemos seguir avanzando por las selvas. En algún helecho feroz se quedaron enredados los pronombres y vamos de tú a tú, con usted y usted, y una inesperada aparición de vos, no se sabe por qué, cuando ya nos habíamos acostumbrado al familiar tuteo selvático. Pelillos a la mar.


    La Leyenda Negra, de Julián Juderías, un antídoto de 1913 contra las falsedades sobre la historia de España, pionero y exhaustivo sobre la génesis de las patrañas urdidas por razones políticas para desprestigiarla. La edición ampliada por el autor en 1917 cumple ahora un siglo. Pincha aquí para leer la entrevista de ReL a Luis Español, editor y prologuista de esta obra y biógrafo de Juderías.

    La película tiene algunas deudas. La más evidente es la de El Dorado de Carlos Saura (1988), que venía de abundar en el adorado asunto de los españoles enloquecidos en busca de oro tras la sin duda magnífica Aguirre, la cólera de Dios de Werner Herzog (1972). También el alférez Gorriamendi desafía la autoridad del rey y se proclama libre del vínculo con su señor natural, como hizo Lope de Aguirre. El hecho es absolutamente excepcional en la vida del Imperio y por eso lo conocemos. Pero esta inclinación a convertir lo excepcional en norma ha sido lo tradicional en la visión sancionada por los siglos de la historia de España. Expediciones enloquecidas hubo algunas, pero la mayoría no lo fueron. Nada es nuevo ni sorprendente, sin embargo. Si acaso produce cierta inquietud intelectual tan sorprendente unanimidad. Aguirre el loco ha merecido más películas y más relatos que los miles de españoles que armados de paciencia, conocimientos... y hombría, se echaron al mar en unos barquitos que parece mentira que fueran capaces de atravesar el Atlántico y levantaron tantas ciudades que, como dice Philip Wayne Powell, no se ha visto impulso constructivo semejante desde los tiempos de los romanos. Pero esto es muy poco gore y da escasas oportunidades de que el chorro de sangre de la yugular seccionada por un magnífico e impresionante puñal salpique al espectador de la fila séptima, que igual también lamentaba no verse chorreado. Vaya usted a saber. Están los tiempos para no sorprenderse de nada. Y la sangre peliculera lo que tiene es que salpica y parece que no mancha. Pero resulta que hace las dos cosas, aunque no se vea a simple vista.


    Árbol de odio, de Philip Powell (1913-1987): todo un clásico, resultado del empeño científico de un historiador norteamericano por contar la realidad de la conquista de América despojada de las fabulaciones de la leyenda negra.

    Ante semejante panorama, conviene señalar que con un poco de paciencia y conocimientos (de la hombría podemos prescindir en este trance y el cojonudismo es absolutamente innecesario) se pueden escribir y hasta filmar magníficas historias con los pronombres en su sitio. Quedaría bien, por ejemplo, como protagonista D. Antonio de Mendoza. Este hijo del Marqués de Tendilla se crió en Granada. Hablaba el árabe como un árabe y como un árabe acostumbró a vestir hasta bien entrado en la edad adulta. Su tío Bernardino le escribió al padre que, por favor, antes de mandarlo a Castilla, lo acostumbrara a llevar el jubón acuchillado de los castellanos. El joven Mendoza no era partidario de cambiar de indumentaria y vestido de moro al mando de una tropa mora de más de 3.000 hombres participó en Villalar. Luego fue diplomático y soldado competente en los caminos de Europa. Fue el primer virrey de la Nueva España y con dosis abundantes de paciencia y conocimientos organizó la administración del virreinato, impartiendo justicia y afianzando los pactos con los caciques. No tuvo inconveniente en sentarse a escuchar sobre cuanta manta indígena le ofrecieron lo que tenían que decirle aquellos nuevos súbditos del rey vestidos con plumas. Ya era políglota y cuando volvió de América, lo era más. Su peripecia personal desde la juventud mora en Granada hasta su madurez como interlocutor de jefes indios en América es extraordinaria. Pero habiendo algún Aguirre o algún trasunto suyo a mano, para qué vamos a fijarnos en un Mendoza.


    Antonio de Mendoza, primer virrey de la Nueva España (1535-1550): atendió a la conversión de los indios, repartió la tierra entre los conquistadores, vigiló el trato que los indios recibían en las encomiendas, llevó al virreinato la primera imprenta, abrió en él la Universidad, fundó la casa de moneda, apoyó la creación del colegio de la Santa Cruz para indios caciques, se preocupó por la expansión geográfica de la Nueva España y alentó la realización de expediciones hacia el Pacífico. Fuente: Wikimexico.

    Y si nos ponemos estupendos y en vena aventurera, que también está muy bien, podemos sacar del armario al vasco-mexicano Juan de Oñate que, como Mendoza, se ha conservado magníficamente para la Historia sin necesidad de naftalina. Debieron intuir estos hombres extraordinarios que sus descendientes iban a salir no sólo flojos sino un poco gilipollas y que era mejor no contar con ellos para nada. Oñate nació allí, en Zacatecas, y murió aquí, en Sevilla. Abrió la ruta del Camino Real casi 1000 kilómetros hacia el norte; fundó San Juan de los Caballeros, primera ciudad que existió en el territorio de lo que hoy es Estados Unidos; llevó burros, caballos, merinas y cabras hacia los nuevos asentamientos; exploró el río Colorado y es seguramente responsable de la existencia del western, pues sus caballos andaluces fueron los primeros que cabalgaron por las praderas. Porque el caballo, no lo olvidemos, no existía en América antes de la llegada de los españoles y los que cabalgan con tanto brío los apaches o los sioux en las películas del oeste debieron llegar a ellos por medios que Hollywood nunca cuenta. Pero que estaría bien que nosotros contáramos, siquiera sea para sacudirnos esta mugre que nos hemos creído como la única verdad posible de nuestro pasado. Me ofrezco gratis a escribir los guiones si hay por ahí algún productor con la gallardía suficiente como para atreverse a ganar dinero simplemente contando lo bueno de nuestra historia, sin apartarse un gramo: paciencia, esfuerzo, conocimientos, capacidad de innovación, espíritu emprendedor... sin apartarse un gramo de la verdad.


    Tres estatuas, tres, de Juan de Oñate en Estados Unidos (de izquierda a derecha, en Alcalde, Albuquerque y El Paso), un personaje de los que hicieron América de verdad y con una vida mucho más apasionante que la de locos marginales como Lope de Aguirre... pero menos apta para afianzar la leyenda negra y la "mugre" que obsesiona al cine español.

    La crítica cinematográfica en realidad daba para poco aquí. Cuajar una de esas películas que uno daría algo porque no se acabaran nunca es una alquimia cuasi sobrenatural. Así que si el producto sale aceptable y vendible, pues ya está bien. Pero Oro viene a cultivar más de lo mismo, y lo de siempre, y esto es ya muy cansino, o como decimos los andaluces, muy jartible. Pero sobre todo no es neutro ni aséptico. Salpica y mancha. Y no damos abasto a limpiar tanto. Vamos a necesitar paciencia, conocimientos y toda la progesterona y la testosterona que seamos capaces de amasar para conseguir que la Historia de España deje de ser carroña a la que vaya a alimentarse cuanta tendencia destructiva surja no sólo en España sino también en Europa, según estamos viendo. Porque o la sacamos de ahí o con ella nos hundimos. Y lo molesto, lo verdaderamente molesto, por decirlo suavemente, es que proporcionemos munición al enemigo con tanta alegría y quiero creer que con inocencia, aunque no lo tengo muy claro.

    Pincha aquí para leer el artículo de María Elvira Roca en El Mundo.

    Fuente: www.religionenlibertad.com/maria-elvira-roca-oro-recrea-mugre-alimenta-60635.htm

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