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Tema: Tutti Fratelli y tutti contenti

Vista híbrida

  1. #1
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    Re: Tutti Fratelli y tutti contenti

    Tutti frutti



    Resulta tedioso y no es el objetivo primario de este blog comentar las noticias de lo que ocurre en la iglesia. Para eso están otros sitios que lo hacen de un modo mejor y más completo, por ejemplo, la Specola cotidiana.


    Sin embargo, no podemos dejar de hacer un breve comentario al hecho más importante de los últimos días. Me refiero a la aparición de la encíclica Fratelli tutti. Hasta hace un tiempo —por ejemplo, durante el pontificado de Juan Pablo II—, la publicación de una encíclica despertaba expectativas en todo el mundo. Se comentaba en los periódicos, Paulinas se apresuraba a editarla en sus clásicos libritos en tonos azules y los episcopados mundiales lanzaban campañas de lectura y discusión en todas las parroquias y movimientos eclesiales. Y estoy refiriéndome a casos que yo vi y que ocurría con las larguísimas y soporíferas encíclicas del Papa polaco. Quien más, quién menos, todos hacían el esfuerzo de leerlas: era la voz de Pedro la que hablaba.

    La última encíclica del Papa Francisco apenas si ha merecido una breve nota marginal en rincones secundarios de algunos diarios del mundo; un comentario de Mons. Tucho Fernández en La Nación y alguna efeméride de la inefable Elizabetta Piqué. Quienes sí se alegraron, y lo hicieron saber a todo el mundo, fueron las logias masónicas que se mostraron orgullosas de que el Papa Francisco abrazara el principio masónico de la fraternidad universal. No sería extraño que pronto le dieran el título de Gran Maestre Honorario de algún Gran Oriente.

    La escuálida repercusión del documento pontificio se debe a su insignificancia. Cuando pensamos en las grandes encíclicas como Rerum Novarum, Casti connubii o Humani generis, uno se queda alelado al leer Fratelli tutti. No es ya solamente que el largo y fatigoso mamotreto sea una farragosa pegatina de lugares comunes y consignas mundialistas, sino que deja ver que detrás existe un cerebro pequeño y jibarizado, que sólo atina a dar manotazos para continuar encaramado en un lugar que le queda inmensamente grande. Veamos apenas dos párrafos esocogidos: “En cambio, los medios de comunicación digitales pueden exponer al riesgo de dependencia, de aislamiento y de progresiva pérdida de contacto con la realidad concreta, obstaculizando el desarrollo de relaciones interpersonales auténticas'. Hacen falta gestos físicos, expresiones del rostro, silencios, lenguaje corporal, y hasta el perfume, el temblor de las manos, el rubor, la transpiración, porque todo eso habla y forma parte de la comunicación humana”. n. 43.Más allá de la trillada obviedad del concepto, ¿es necesario ser tan asqueroso y ordinario para incluir en un documento pontificio del más alto nivel el olor a transpiración? No sería extraño que la encíclica sea promocionada por Axe, o algún desodorante aún más berreta.

    Otra: “A veces me asombra que, con semejantes motivaciones, a la Iglesia le haya llevado tanto tiempo condenar contundentemente la esclavitud y diversas formas de violencia”. n. 86.Como bien definió Ludovicus hace algunos años, un ejemplo más —y de los más crudos— de canibalismo institucionalde Bergoglio. San Pablo, que aconsejaba al esclavo Onésimo regresar a servir a su amo Filemón, era un retrógrado que merece el espanto pontificio. La verdad es que cuesta creer que un Papa pueda ser tan bergante —para utilizar un término castizo—, o sotreta —para utilizar uno criollo— que afirme “asombrarse” de que la iglesia, de la cual él es cabeza, haya sido un pingajo, llena de cobardes o acomodaticios que no son capaces de oponerse a la violencia o a la esclavitud. Era necesaria la llegada de este porteñito adocenado a la sede petrina para enderezar las cosas que, desde la época apostólica, andaban tan mal.

    Y lo de porteñito adocenado no es una mera expresión retórica. Es la mejor expresión que puedo encontrar para este personaje. Ayer, Marco Tosatti publicó un interesante reporte sobre las citas que utiliza el Papa Francisco en su documento. 180 veces se cita a sí mismo, y sólo 20 veces a Juan Pablo II o a Benedicto XVI. “Los dictadores se citan a sí mismos en sus discursos. Lo hacían Stalin, Mao Tse Tung, Hitler. Pero también los psicópatas narcisistas y solipsistas, llenos de sí, se citan a sí mismos. Los aduladores citan al propio mecenas o al propio patrón o a su propio maestro. Sólo los santos Papas citan siempre y únicamente a Dios…”. Tomemos conciencia del hecho para dimensionar la calidad del documento: 180 veces Bergoglio se autocita… una suerte de onanismo frenético destinado al fracasado intento de extraer algo de fecundidad de su estéril pontificado.



    Comentario al margen I:
    Decíamos la semana pasada que la defenestración de Becciu traería en los Sacros Palacio la declaración de una guerra. Y ya la estamos viendo. Quedará para la próxima entrada algunos comentarios al respecto.

    Comentario al margen II:
    Según atestigua la Casa Pontificia, el jueves 1 de octubre el Santo Padre recibió en audiencia a Mons. Eduardo Taussig. Se verá si continúa como obispo confinado de San Rafael (será abucheado por sus fieles apenas se anima a poner pie en cualquiera de las iglesias de su diócesis); arzobispo de La Plata; vicario apostólico de la Amazonía profunda o capellán residente del hogar de ancianos y desvalidos de las Hermanitas de los Pobres Desamparados de Quemú-Quemú.



    The Wanderer: Tutti frutti
    Valmadian dio el Víctor.

  2. #2
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    Re: Tutti Fratelli y tutti contenti

    Francisco, Fratelli Tutti y la masonería



    La masonería española ha emitido un comunicado alabando la nueva encíclica de Francisco, Fratelli Tutti, a través del Gran Oriente Español:[1]

    « Hace ahora 300 años se produjo el nacimiento de la Masonería Moderna. El gran principio de esta escuela iniciática no ha cambiado en tres siglos: la construcción de una fraternidad universal donde los seres humanos se llamen hermanos unos a otros más allá de sus credos concretos, de sus ideologías, del color de su piel, su extracción social, su lengua, su cultura o su nacionalidad. Este sueño fraternal chocó con el integrismo religioso que, en el caso de la Iglesia Católica, propició durísimos textos de condena a la tolerancia de la Masonería en el siglo XIX. La última encíclica del Papa Francisco demuestra lo lejos que está la actual Iglesia Católica de sus antiguas posiciones. En Fratelli Tutti, el Papa abraza la Fraternidad Universal, el gran principio de la Masonería Moderna. ‘‘Anhelo que en esta época que nos toca vivir, reconociendo la dignidad de cada persona humana, podamos hacer renacer entre todos un deseo mundial de hermandad’’, expresa abogando por una fraternidad abierta, que permite reconocer, valorar y amar a cada persona más allá de la cercanía física, más allá del lugar del universo donde haya nacido o donde habite. Para la construcción de esa Fraternidad Universal, el Papa aboga por perseguir el horizonte de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ‘‘no suficientemente universales’’. La carta aborda el papel desintegrador del mundo digital, cuyo funcionamiento favorece los circuitos cerrados de personas que piensan del mismo modo y facilitan la difusión de noticias falsas que fomentan prejuicios y odios. ‘‘Conviene reconocer que los fanatismos que llevan a destruir a otros son protagonizados también por personas religiosas, sin excluir a los cristianos, que pueden formar parte de redes de violencia verbal a través de internet y de los diversos foros o espacios de intercambio digital. Aun en medios católicos se pueden perder los límites, se suelen naturalizar la difamación y la calumnia, y parece quedar fuera toda ética y respeto por la fama ajena’’, añade. »

    Semejante declaración en boca de los seculares enemigos de la Iglesia es por demás significativa. No queda mucho por añadir. Como de costumbre, la mayoría permanecerá impasible, dirigiendo su mirada hacia otro lado e intentando laboriosamente poner de relieve los pasajes de la encíclica compatibles con la doctrina católica. No hay peor ciego que el que no quiere ver. Cabe aclarar, no obstante, que este comunicado no reviste en sí mismo novedad alguna, al menos no para quienes conocen bien los dichos y hechos de Bergoglio, incluso desde mucho antes de su elección en 2013. A título ilustrativo, transcribo seguidamente tres viejos artículos al respecto.[2]

    Francisco y la masonería – 01/09/2013

    En 1999 el cardenal Bergoglio fue elegido miembro honorario del Rotary Club de la ciudad de Buenos Aires. En 2005, recibió el premio anual que el Rotary atribuye al « hombre del año », el Laurel de Plata. Esta entidad, fundada en 1905 en la ciudad de Chicago, USA, por el masón Paul Harris, es una asociación cuyos vínculos con la francmasonería son de público conocimiento: es un semillero de masones y el marco en el que se desarrollan sus iniciativas « caritativas ». Un porcentaje importante de rotarios pertenecen a las logias, a punto tal que el Rotary, junto al Lion’s Club, son considerados como los atrios del templo masónico.

    He aquí lo que decía el obispo de Palencia, España, en una declaración oficial: « El Rotary profesa un laicismo absoluto, una indiferencia religiosa universal y trata de moralizar las personas y la sociedad por medio de una doctrina radicalmente naturalista, racionalista e incluso atea » (Boletín eclesiástico del obispado de Palencia, n° 77, 1/9/1928, p. 391). Esta condenación fue confirmada por una declaración solemne del arzobispo de Toledo, el Cardenal Segura y Sáenz, Primado de España, el 23 de enero de 1929. Dos semanas más tarde, la Sacra Congregación Consistorial prohibió la participación de los sacerdotes en reuniones rotarias, en calidad tanto de miembros como de invitados: es el célebre « non expedire » del 4 de febrero de 1929. Esta prohibición sería reiterada por un decreto del Santo Oficio del 20 de diciembre de 1950.

    El día de la elección pontifical del Cardenal Bergoglio, el 13 de marzo de 2013, el Gran Maestre de la francmasonería argentina, Angel Jorge Clavero, rindió tributo al nuevo pontífice saludándolo calurosamente. La logia masónica judía B’nai B’rith hizo otro tanto: « Estamos convencidos que el nuevo papa Francisco seguirá obrando con determinación para reforzar los lazos y el diálogo entre la iglesia católica y el judaísmo y continuará la lucha contra todas las formas de antisemitismo », declaró la logia francesa, mientras que la argentina aseveró que reconocen en Francisco a « un amigo de los judíos, a un hombre dedicado al diálogo y comprometido en el encuentro fraterno » y aseguran estar convencidos de que durante su pontificado « conservará el mismo compromiso y podrá poner en práctica sus convicciones en el camino del diálogo inter-religioso. »

    El director de asuntos inter-religiosos de la B’nai B’rith, David Michaels, asistió a la ceremonia de investidura del nuevo papa, el 19 de marzo y al día siguiente participó a la audiencia dada por Francisco a los líderes de las diferentes religiones en la sala Sala Clementina. Se habían dado cita dieciséis personalidades judías en representación de ocho organizaciones internacionales judías, entre quienes se hallaba el rabino David Rosen, director del Comité Judeo-Americano (American Jewish Committee), quien declaró, en una entrevista concedida a la agencia Zenit, que desde el Concilio Vaticano II « la enseñanza de la Iglesia y su enfoque de los judíos, del judaísmo y de Israel han tenido una transformación revolucionaria. »

    Al día siguiente de su elección, el Gran Oriente de Italia emitió un comunicado en el cual el Gran Maestre Gustavo Raffi decía que « con el Papa Francisco ya nunca nada será como antes. Esta elección ha sido una apuesta indiscutible de la fraternidad por una Iglesia de diálogo, no contaminada por la lógica ni las tentaciones del poder temporal (…) Nuestra esperanza es que el pontificado de Francisco marque el regreso de la Iglesia-Palabra en lugar de la Iglesia-Institución, y que él promueva el diálogo con el mundo contemporáneo (…) siguiendo los principios de Vaticano II (…) Tiene la gran oportunidad de mostrar al mundo el rostro de una Iglesia que debe recuperar el anuncio de una nueva humanidad, no el peso de una institución que defiende sus privilegios. »

    El 16 de marzo, en un nuevo artículo del Gran Oriente de Italia, esta vez anónimo, el lector se entera de que existen tres miradas diferentes en los miembros de esta obediencia masónica: la de los que son escépticos en cuanto al progresismo de Francisco, la de los que prefieren guardar un cauto silencio y juzgarlo luego por sus actos y, finalmente, la de los que exhiben la convicción de que será un papa « innovador y progresista, basándose en el hecho de que algunos Hermanos aseguran haber contribuído indirectamente, en el interior del Cónclave, por intermedio de amigos fraternos, a la elección de un hombre capaz de regenerar la Iglesia Católica y la sociedad humana en su conjunto. »

    Ese punto de vista se ve reforzado por el hecho de que el Cardenal Bergoglio, durante el cónclave de 2005, había sido apadrinado por el Cardenal Carlo Maria Martini, fallecido el 31 de agosto de 2012, desaparición saludada por el GOI en un comunicado fechado el 12 de septiembre en los siguientes términos: « Ahora que las celebraciones retóricas y las condolencias pomposas han dejado lugar al silencio y al duelo, el Gran Oriente de Italia saluda con afecto al Hermano Carlo Maria Martini, quien ha partido hacia el Oriente Eterno. »

    Y el 28 de julio de 2013, con ocasión del deceso del cardenal Ersilio Tonini, masón reconocido, el Gran Maestre Gustavo Raffi le rindió tributo asegurando que llora « al amigo, al hombre del diálogo con los masones, al maestro del Evangelio social. Hoy la humanidad es más pobre, como lo es igualmente la Iglesia Católica. »

    Pero a renglón seguido se apresura a añadir que, a despecho de esa gran pérdida, « la Iglesia del Papa Francisco es una Iglesia que promete ser respetuosa de la alteridad y compartir la idea que el Estado laico favorece la paz y la coexistencia de las diferentes religiones (!!!)»

    El límpido homenaje tributado a Francisco por el Gran Maestre del Gran Oriente de Italia es un testimonio por demás inquietante con relación a su pontificado. Como prueba de ello, y limitándonos a tan sólo uno de los abundantes textos pontificales referidos a la masonería, he aquí lo que decía León XIII en su encíclica Humanum Genus, del 20 de abril de 1884: « En nuestra época, los autores del mal parecieran haberse coaligado en un inmenso esfuerzo, bajo el impulso y con la ayuda de una sociedad diseminada por un gran número de lugares y fuertemente organizada, la sociedad de los francmasones. Estos, sin disimular ya sus intenciones, rivalizan de audacia entre ellos contra la augusta majestad de Dios, maquinando abiertamente y en público la ruina de la Santa Iglesia, con la finalidad de lograr despojar, si lo pudiesen, las naciones cristianas de los beneficios que ellas han recibido de Jesucristo, nuestro Salvador. »
    Los discursos masónicos de Francisco – 30/11/2014

    El 25 de noviembre Francisco realizó un viaje relámpago a la ciudad francesa de Estrasburgo, durante el cual pronunció dos discursos, uno en elParlamento Europeo[3] y otro en el Consejo de Europa[4], dos de las principales instituciones laicas y masónicas[5] que fabrican las leyes contrarias a la ley de Dios y que difunden la ideología derecho-humanista que anima todas las leyes, directivas, instituciones y tratados europeos. El tenor de los mismos consistió en una peroración típicamente bergogliana exponiendo una serie de lemas y de ideas fuerza intrínsecamente subversivos y revolucionarios, en total consonancia con los sofismas fundadores de la « civilización » moderna, masónica y anticristiana: naturalismo, deísmo, laicismo, humanismo, pluralismo y utopismo.
    No haré un análisis exhaustivo de todos los temas evocados en sus discursos, dado que se prestarían a un amplio desarrollo que excedería el marco de estas breves líneas: he seleccionado solamente algunas de sus declaraciones en relación al papel que le atribuye a las instituciones europeas, y que se sitúan en las antípodas de la visión cristiana del ser humano y de la sociedad. Comienzo por el discurso en el Parlamento Europeo:

    El centro del « ambicioso proyecto político » de la comunidad europea se basa en « la confianza en el hombre, no tanto como ciudadano o sujeto económico » sino « en el hombre como persona dotada de una dignidad trascendente (…) La dignidad es una palabra clave que ha caracterizado el proceso de recuperación » europea luego de la segunda guerra mundial. « La percepción de la importancia de los derechos humanos (…) ha contribuido a formar la conciencia del valor de cada persona humana, única e irrepetible (…) La promoción de los derechos humanos desempeña un papel central en el compromiso de la Unión Europea, con el fin de favorecer la dignidad de la persona (…) Se trata de un compromiso importante y admirable. »

    El régimen revolucionario masónico, liberal, laico y democrático, ha sido construído por la arrogancia del hombre que desprecia a Jesucristo y a la Iglesia, que se pretende autónomo y dispensado de observar la ley divina y que no reconoce otra ley que no sea la que el « pueblo soberano » se prescribe a sí mismo. Esa « civilización » anticrística, en el sentido escatológico del término, es aprobada, elogiada y promocionada por Francisco, quien recuerda a los eurodiputados « la exigencia de hacerse cargo de mantener viva la democracia, la democracia de los pueblos de Europa », para explicarles a continuación que « mantener viva la realidad de las democracias es un reto de este momento histórico. », asegurándoles luego que la esperanza para Europa reside en « reconocer la centralidad de la persona humana », en el « compromiso en favor de la ecología », en« favorecer las políticas de empleo » y en realizar la construcción europea en torno a « la sacralidad de la persona humana. »

    En el segundo discurso, pronunciado en el Consejo de Europa, agradece a sus miembros por su « promoción de la democracia, los derechos humanos y el estado de derecho », con lo que legitima el régimen democratico, revolucionario y liberal, basado en la « soberanía popular » y en la exclusión de Dios y de la Iglesia de la vida pública. Quedan así excluídos del « estado de derecho », por principio, las monarquías cristianas o los régimenes políticos católicos refractarios a los sofismas liberales y a los utopismos « progresistas », asimilados por el sistema derecho-humanista a « despotismos », « tiranías » y « dictaduras » intrínsecamente reprobables. Les explica también que para obtener la paz tan ansiada « es necesario ante todo educar para ella, abandonando una cultura del conflicto, que tiende al miedo del otro, a la marginación de quien piensa y vive de manera diferente », fórmula totalmente naturalista que prescinde del orden sobrenatural, de la misión civilizadora de la Iglesia y de la redención operada por Nuestro Señor Jesucristo.

    Esto es muy distinto de lo que nos enseña la Iglesia al respecto: « El día en que Estados y gobiernos estimen ser un deber sagrado el atenerse a las enseñanzas y a las prescripciones de Jesucristo en sus relaciones interiores y exteriores, sólo así llegarán a gozar de una paz provechosa, mantendrán relaciones de confianza recíproca y resolverán pacíficamente los conflictos que pudiesen surgir (…) Síguese entonces que no podrá existir ninguna paz verdadera, a saber, la tan deseada paz de Cristo, hasta tanto los hombres no sigan en la vida pública y privada con fidelidad las enseñanzas, los preceptos y los ejemplos de Cristo. Una vez así constituida ordenadamente la sociedad, pueda por fin la Iglesia, desempeñando su divina misión, hacer valer todos y cada uno de los derechos de Dios lo mismo sobre los individuos como sobre las sociedades. En esto consiste la breve fórmula : el reino de Cristo (…) De todo lo cual resulta claro que no hay paz de Cristo sin el reino de Cristo. » (Encíclica Ubi Arcano, Pío XI, 1922)

    Pero huelga decir que en la visión naturalista de Francisco estas palabras de Pío XI carecen de todo significado. Luego hace a su auditorio la siguiente pregunta retórica: « ¿Cómo lograr el objetivo ambicioso de la paz? », a la cual responde del siguiente modo: « El camino elegido por el Consejo de Europa es ante todo el de la promoción de los derechos humanos, que enlaza con el desarrollo de la democracia y el estado de derecho. Es una tarea particularmente valiosa, con significativas implicaciones éticas y sociales, puesto que de una correcta comprensión de estos términos y una reflexión constante sobre ellos, depende el desarrollo de nuestras sociedades, su convivencia pacífica y su futuro. »

    La paz de Europa, al igual que su devenir histórico, sustraídos de un modo insensato e impío al dominio universal del único Señor de la Paz y Rey de las Naciones, descansa según Francisco en el accionar prometeico del hombre caído, en la « promoción de los derechos humanos » y en el« desarrollo de la democracia ». Asombroso mensaje y consternante lenguaje de parte de quien pasa por ser, a los ojos del mundo, el Sucesor de San Pedro y el Vicario de Cristo en la tierra…

    Recapitulando: todo el mensaje de Francisco se funda en el reconocimiento y en la legitimación de la ideología iluminista y revolucionaria de los« derechos humanos », sustituto del Evangelio y de los Mandamientos de la ley de Dios, y en la promoción de la falaz « dignidad de la persona humana »que oculta la naturaleza caída del hombre y la consiguiente necesidad en la que éste se encuentra de ser rescatado del pecado y salvado de la condenación eterna por la gracia divina comunicada por Jesucristo, Nuestro Señor y Salvador, a través de la Iglesia, su Cuerpo Místico y única Arca de Salvación.

    Esta verdad teológica básica ha sido evacuada de la constitución política del Estado liberal y revolucionario, que reposa en el libre « contrato social » contraído entre individuos « autónomos » y « soberanos », quienes obedeciendo a la « voluntad general » se imaginan emancipados de toda ley superior distinta de aquella que ellos mismos decidan atribuirse: ley natural, ley eclesiástica, ley divina. Esta es la actitud del hombre rebelde que, renunciando a su condición de creatura, dependiente moral y ontológicamente de su Creador, se constituye en el orígen del bien y del mal, adorando su « dignidad trascendente e inalienable » como su fin último y declarándose la razón de ser de la sociedad y del Estado. Y resulta tristísimo, y profundamente inquietante, tener que comprobar que esta verdad teológica fundamental del cristianismo brilla igualmente por su ausencia en los mensajes dirigidos por Francisco a las instituciones de la Europa moderna, democrática y apóstata…

    Cabe recordar que la democracia liberal no es más que la concreción social de esta actitud de rebeldía propia del hombre moderno. Ella encarna eminentemente el « seréis como dioses » del Edén, traducido en espuria teoría política por los « filo-sofistas » de la « Ilustración » y del « Siglo de las Luces ». El régimen democrático es el eco temporal del « non serviam » pronunciado por Satanás en los orígenes de la Creación. La democracia moderna no es pues sino la « Demoncracia », la « Bestia » del Apocalipsis, que aguarda impaciente la llegada de su caudillo postrero, aquel cuya misión será la de consumar la rebelión de la humanidad contra Dios.

    Pero los cristianos sabemos, instruídos por las profecías bíblicas, que la bestia política será secundada por una segunda bestia, que corresponde a la religión adulterada, prostituida y prevaricadora, la que también contará con un jefe emblemático, el cual hará que los moradores de la tierra se sometan incondicionalmente a la primera, adorándola. Y es necesario reconocer que Francisco, a través de sus discursos de Estrasburgo, se sitúa inequívocamente en la línea del falso profeta descripto por San Juan en su visión escatológica, presentándose a los ojos del mundo como un cordero pero hablando como un dragón…

    Post Data : De las más de 7000 palabras utilizadas en esos discursos ante las instituciones europeas, destacan por su frecuencia ciertos vocablos de inconfundible cuño humanista y de honda raigambre masónica, como ser los de « democracia », « derechos humanos », « dignidad de la persona », « paz », « diálogo », « conciencia », junto a neologismos típicos de la ampulosa jerga bergogliana, « multipolaridad » y « transversalidad » siendo los más estrafalarios de su muy extraño vocabulario. Lenguaje ciertamente irreconocible en boca de quien supuestamente tiene la sagrada misión de anunciar el Evangelio a un continente que ha dado radicalmente la espalda a su Divino Maestro. Y no deja de ser por demás sintomático que entre esas más de 7000 palabras utilizadas, no se encuentre ni tan siquiera una vez el dulce y adorable nombre de Nuestro Señor y Salvador, Jesucristo…

    Hacia un gobierno mundial – 15/08/2016

    Ya he abordado en otros artículos el asunto del mundialismo y el modo en que Francisco lo propicia a toda costa, en particular por su « prédica ecológica » y su cruzada contra el supuesto « calentamiento climático ». Veremos seguidamente que esta unidad del mundo que deja de lado a Cristo y a su Iglesia, concebida para un contexto laico y naturalista, ha sido evocada por Francisco en diversas oportunidades. He aquí dos de ellas, tomadas de Laudato Si’:

    « Se vuelve indispensable crear un sistema normativo que incluya límites infranqueables y asegure la protección de los ecosistemas, antes que las nuevas formas de poder derivadas del paradigma tecnoeconómico terminen arrasando no sólo con la política sino también con la libertad y la justicia. »§ 53
    « Desde mediados del siglo pasado, y superando muchas dificultades, se ha ido afirmando la tendencia a concebir el planeta como patria y la humanidad como pueblo que habita una casa de todos. Un mundo interdependiente no significa únicamente entender que las consecuencias perjudiciales de los estilos de vida, producción y consumo afectan a todos, sino principalmente procurar que las soluciones se propongan desde una perspectiva global y no sólo en defensa de los intereses de algunos países. La interdependencia nos obliga a pensar en mundo único, en un proyecto común. » § 164

    Concebir el planeta como « patria », pensar en un « mundo único », crear un « sistema normativo » con « límites infranqueables »: ¿es necesario precisar que lo que Francisco preconiza no es sino la instauración de un gobierno mundial dotado de un poder político efectivo, que no se funda en los Mandamientos sino en los Derechos Humanos masónicos y en el falsoEvangelio Ecológico expuesto en Laudato Si’? Digámoslo claramente: para que el proyecto cosmopolita y apátrida onusino se vuelva coercitivo y pueda concretarse en una República Universal, so capa de « cuidado » de nuestra « casa común » amenazada por el « calentamiento global », hace falta establecer una autoridad planetaria capaz de imponer esta utopía totalitaria a los refractarios. Este objetivo es aun más explícito en el siguiente pasaje de la encíclica, en el que Francisco cita a Benedicto XVI, quien a su vez invoca a Juan XXIII, lo que demuestra, por si alguna duda cupiese, la continuidad del proyecto masónico de los predecesores de Francisco desde el CVII:

    « […] se vuelve indispensable la maduración de instituciones internacionales más fuertes y eficazmente organizadas, con autoridades designadas equitativamente por acuerdo entre los gobiernos nacionales, y dotadas de poder para sancionar. Como afirmaba Benedicto XVI […]: ‘‘para gobernar la economía mundial, para sanear las economías afectadas por la crisis, para prevenir su empeoramiento y mayores desequilibrios consiguientes, para lograr un oportuno desarme integral, la seguridad alimenticia y la paz, para garantizar la salvaguardia del ambiente y regular los flujos migratorios, urge la presencia de una verdadera Autoridad política mundial, como fue ya esbozada por mi Predecesor, [san] Juan XXIII’’ (Caritas in Veritate n° 67). »§ 175[6]

    Este párrafo número 67 de la encíclica Caritas in Veritate, de Benedicto XVI, constituye un auténtico manifiesto ideológico del Nuevo Orden Mundial a ser instaurado bajo los auspicios de la ONU y propone todo un programa de acción. Por tanto es conveniente referirlo íntegramente, no obstante su extensión. Las palabras subrayadas se encuentran en cursiva en el texto original:

    « Ante el imparable aumento de la interdependencia mundial, y también en presencia de una recesión de alcance global, se siente mucho la urgencia de la reforma tanto de la Organización de las Naciones Unidascomo de la arquitectura económica y financiera internacional, para que se dé una concreción real al concepto de familia de naciones. Y se siente la urgencia de encontrar formas innovadoras para poner en práctica el principio de la responsabilidad de proteger y dar también una voz eficaz en las decisiones comunes a las naciones más pobres. Esto aparece necesario precisamente con vistas a un ordenamiento político, jurídico y económico que incremente y oriente la colaboración internacional hacia el desarrollo solidario de todos los pueblos. Para gobernar la economía mundial, para sanear las economías afectadas por la crisis, para prevenir su empeoramiento y mayores desequilibrios consiguientes, para lograr un oportuno desarme integral, la seguridad alimenticia y la paz, para garantizar la salvaguardia del ambiente y regular los flujos migratorios, urge la presencia de una verdadera Autoridad política mundial, como fue ya esbozada por mi Predecesor, Juan XXIII. Esta Autoridad deberá estar regulada por el derecho, atenerse de manera concreta a los principios de subsidiaridad y de solidaridad, estar ordenada a la realización del bien común, comprometerse en la realización de un auténtico desarrollo humano integral inspirado en los valores de la caridad en la verdad. Dicha Autoridad, además, deberá estar reconocida por todos, gozar de poder efectivo para garantizar a cada uno la seguridad, el cumplimiento de la justicia y el respeto de los derechos. Obviamente, debe tener la facultad de hacer respetar sus propias decisiones a las diversas partes, así como las medidas de coordinación adoptadas en los diferentes foros internacionales. En efecto, cuando esto falta, el derecho internacional, no obstante los grandes progresos alcanzados en los diversos campos, correría el riesgo de estar condicionado por los equilibrios de poder entre los más fuertes. El desarrollo integral de los pueblos y la colaboración internacional exigen el establecimiento de un grado superior de ordenamiento internacional de tipo subsidiario para el gobierno de la globalización, que se lleve a cabo finalmente un orden social conforme al orden moral, así como esa relación entre esfera moral y social, entre política y mundo económico y civil, ya previsto en el Estatuto de las Naciones Unidas[7]. »[8]

    He aquí un breve extracto de la encíclica de Juan XXIII Pacem in Terris, publicada el 11 de abril de 1963, documento que hizo oficial la adhesión del Vaticano al mundialismo masónico de la ONU:

    « No se nos oculta que ciertos capítulos de esta Declaración [Universal de los Derechos Humanos] han suscitado algunas objeciones fundadas. Juzgamos, sin embargo, que esta Declaración debe considerarse un primer paso introductorio para el establecimiento de una constitución jurídica y política de todos los pueblos del mundo. En dicha Declaración se reconoce solemnemente a todos los hombres sin excepción la dignidad de la persona humana y se afirman todos los derechos que todo hombre tiene a buscar libremente la verdad, respetar las normas morales, cumplir los deberes de la justicia, observar una vida decorosa y otros derechos íntimamente vinculados con éstos. Deseamos, pues, vehementemente que la Organización de las Naciones Unidas pueda ir acomodando cada vez mejor sus estructuras y medios a la amplitud y nobleza de sus objetivos. ¡Ojalá llegue pronto el tiempo en que esta Organización pueda garantizar con eficacia los derechos del hombre!, derechos que, por brotar inmediatamente de la dignidad de la persona humana, son universales, inviolables e inmutables[9]. »

    Esta política será seguida escrupulosamente por todos los papas conciliares, comprometidos enteramente con la promoción del mundialismo laico y naturalista que hace del hombre y de su « carácter sagrado » la piedra angular de la vida social y de los principios jurídicos que regulan las relaciones internacionales. Esta misma línea de sostén incondicional del proyecto globalista onusino fue la adoptada por Pablo VI en su discurso del 4 de octubre de 1965:

    « Los pueblos se vuelven a las Naciones Unidas como hacia la última esperanza de concordia y paz; […] Estaríamos tentados de decir que vuestra característica refleja en cierta medida en el orden temporal lo que nuestra Iglesia Católica quiere ser en el orden espiritual: única y universal. No se puede concebir nada más elevado, en el plano natural, para la construcción ideológica de la humanidad. […] Lo que vosotros proclamáis aquí son los derechos y los deberes fundamentales del hombre, su dignidad y libertad y, ante todo, la libertad religiosa. Sentimos que sois los intérpretes de lo que la sabiduría humana tiene de más elevado, diríamos casi su carácter sagrado. Porque se trata, ante todo, de la vida del hombre y la vida humana es sagrada[10]. »
    ¡Poco faltó para que Pablo VI equiparara las Naciones Unidas, por su casi « carácter sagrado » (que entre otras cosas promueve el aborto y la aceptación de la homosexualidad), a la Iglesia Católica!

    Para concluir la demostración, leamos las declaraciones panegíricas que Juan Pablo II hizo de la ONU el 2 de octubre de 1979:

    « Permítanme desear que la Organización de las Naciones Unidas, por su carácter universal, no deje de ser el foro, la alta tribuna, desde la que se valoran, en la verdad y en la justicia, todos los problemas del hombre. […] Esta Declaración ha costado la pérdida de millones de nuestros hermanos y hermanas que la pagaron con su propio sufrimiento y sacrificio, provocados por el embrutecimiento que había hecho sordas y ciegas las conciencias humanas de sus opresores y de los artífices de un verdadero genocidio. ¡Este precio no puede haber sido pagado en vano! La Declaración universal de los Derechos del Hombre -con todo el conjunto de numerosas declaraciones y convenciones sobre aspectos importantísimos de los derechos humanos, en favor de la infancia, de la mujer, de la igualdad entre las razas, y especialmente los dos Pactos Internacionales sobre los derechos económicos, sociales y culturales, y sobre los derechos civiles y políticos- debe quedar en la Organización de las Naciones Unidas como el valor básico con el que se coteje la conciencia de sus miembros y del que se saque una inspiración constante. […] La Declaración universal de los Derechos del Hombre y los instrumentos jurídicos, tanto a nivel internacional como nacional, en un movimiento que es de desear progresivo y continuo, tratan de crear una conciencia general de la dignidad del hombre y definir al menos algunos de los derechos inalienables del hombre. […] El conjunto de los derechos del hombre corresponde a la sustancia de la dignidad del ser humano, entendido integralmente, y no reducido a una sola dimensión; se refieren a la satisfacción de las necesidades esenciales del hombre, al ejercicio de sus libertades, a sus relaciones con otras personas; pero se refieren también, siempre y dondequiera que sea, al hombre, a su plena dimensión humana[11]. »

    Está todo dicho. La ONU es de ahora en más la instancia moral suprema de la humanidad, la Declaración de los Derechos Humanos es el nuevo Evangelio y los papas conciliares son sus portavoces y su garante espiritual ante la opinión pública mundial. La época de la Cristiandad y de la unidad católica ha quedado atrás, dando lugar al Nuevo Orden Mundialjudeomasónico, apadrinado por la jerarquía apóstata del Vaticano y por su religión adulterada, totalmente entregada al servicio de las potencias maléficas y bregando sin tregua por el advenimiento del reino universal del Anticristo…

    Alejandro Sosa Laprida



    [1] https://mailchi.mp/gle/eloriente169-...qlkm9r6-939922https://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=38792https://adelantelafe.com/vigano-sobr...-por-un-mason/
    [2] Acá podrá encontrarse más amplia información sobre el tema:https://gloria.tv/post/EBGAmbTEcwxd3oPNmLLk8LwL2
    [3]Visita al Parlamento Europeo (Estrasburgo, 25 de noviembre de 2014) | Francisco
    [4]Visita al Consejo de Europa (Estrasburgo, 25 de noviembre de 2014) | Francisco
    [5] http://nacionalismo-catolico-juan-bautista.blogspot.fr/2014/11/nota-de-ncsjb-ante-la-visita-del-obispo.html
    [6] Bernard Dumont s’expresa claramente sobre el asunto en el artículoConvergencias mundialistas, en el número 132 de la excelente revistaCatholica: « Es así como, por etapas sucesivas, hemos arribado a la situación actual, en la cual se opera una simbiósis entre la adhesión explícita a la idea de organización política mundial y los numerosos signos, las pequeñas frases y los gestos simbólicos que prueban su autenticidad a través de una praxis cargada de ejemplaridad. Particularmente, el muy extenso texto de Laudato Si’ no consagra más que un párrafo a cuestión de la autoridad mundial, contentándose esencialmente con citar el pasaje de Caritas in Veritate que acabamos de leer. Pero el resto del documento aborda muchos asuntos puestos a la orden del día por grupos de presión que obran a la sombra de laONU y de otras instancias transnacionales, a fin de legitimar sus enfoques, alejados del contenido habitual de las encíclicas pero omnipresentes como soporte de una propaganda mundialista muy acentuada. El hecho de que la presentación del documento haya sido confiada a personajes de primer plano en la aplicación de esta propaganda y en las acciones que ella promueve constituye en sí mismo un gesto muy significativo. No se trata de un hecho aislado, al contrario, forma parte de un conjunto que transmite un mensaje efectivo y sin ambages. No hace falta hacer resaltar hasta qué punto la incesante y multiforme invitación a abrir incondicionalmente las puertas a los ‘‘inmigrantes’’ participa de la misma praxis, junto a otros símbolos, como ser la escenografía vagamente panteísta realizada el 8 de diciembre de 2015 en la Plaza San Pedro, al mismo tiempo que la Conferencia de París sobre el clima. » http://www.catholica.presse.fr/2016/08/10/3914/
    [7] Caritas in veritate (29 de junio de 2009) | Benedicto XVI
    [8] Dos años después, el 24 de octubre de 2011, el Consejo Pontificio Justicia y Paz publicó un extenso documento desarrollando el proyecto ratzingeriano de instaurar un gobierno mundial, del cual he aquí un breve extracto: «Sin embargo permanece aún un largo camino por recorrer antes de llegar a la constitución de una tal Autoridad pública con competencia universal. La lógica desearía que el proceso de reforma se desarrollase teniendo como punto de referencia la Organización de las Naciones Unidas, en razón de la amplitud mundial de sus responsabilidades, de su capacidad de reunir las Naciones de la tierra, y de la diversidad de sus propias tareas y de las de sus Agencias especializadas. El fruto de tales reformas debería ser una mayor capacidad de adopción de políticas y opciones vinculantes, por estar orientadas a la realización del bien común a nivel local, regional y mundial. […] Existen, pues, las condiciones para la superación definitiva de un orden internacional «westfaliano», en el que los Estados perciben la exigencia de la cooperación, pero no asumen la oportunidad de una integración de las respectivas soberanías para el bien común de los pueblos. Es tarea de las generaciones presentes reconocer y aceptar conscientemente esta nueva dinámica mundial hacia la realización de un bien común universal. Ciertamente, esta transformación se realizará al precio de una transferencia gradual y equilibrada de una parte de las competencias nacionales a una Autoridad mundial y a las Autoridades regionales, pero esto es necesario en un momento en el cual el dinamismo de la sociedad humana y de la economía, y el progreso de la tecnología trascienden las fronteras, que en el mundo globalizado, de hecho están ya erosionadas. La concepción de una nueva sociedad, la construcción de nuevas instituciones con vocación y competencia universales, son una prerrogativa y un deber de todos, sin distinción alguna. Está en juego el bien común de la humanidad, y el futuro mismo. » https://es.zenit.org/articles/por-un...una-autoridad/
    [9] Pacem in terris (11 de abril de 1963) | Juan XXIII
    [10] https://w2.vatican.va/content/paul-v...d-nations.html
    [11] https://w2.vatican.va/content/john-p...embly-onu.html
    ________________________
    Más info sobre el autor:
    https://www.amazon.com/Kindle-Store-...AMiles+Christi
    http://saint-remi.fr/fr/35-livres#/f...-miles_christi
    https://gloria.tv/Miles%20-%20Christi




    https://adelantelafe.com/francisco-f...-la-masoneria/

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  3. #3
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    Re: Tutti Fratelli y tutti contenti

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    Este objetivo es aun más explícito en el siguiente pasaje de la encíclica, en el que Francisco cita a Benedicto XVI, quien a su vez invoca a Juan XXIII, lo que demuestra, por si alguna duda cupiese, la continuidad del proyecto masónico de los predecesores de Francisco desde el CVII:

    « […] se vuelve indispensable la maduración de instituciones internacionales más fuertes y eficazmente organizadas, con autoridades designadas equitativamente por acuerdo entre los gobiernos nacionales, y dotadas de poder para sancionar. Como afirmaba Benedicto XVI […]: ‘‘para gobernar la economía mundial, para sanear las economías afectadas por la crisis, para prevenir su empeoramiento y mayores desequilibrios consiguientes, para lograr un oportuno desarme integral, la seguridad alimenticia y la paz, para garantizar la salvaguardia del ambiente y regular los flujos migratorios, urge la presencia de una verdadera Autoridad política mundial, como fue ya esbozada por mi Predecesor, [san] Juan XXIII’’ (Caritas in Veritate n° 67). »§ 175[6]

    Este párrafo número 67 de la encíclica Caritas in Veritate, de Benedicto XVI, constituye un auténtico manifiesto ideológico del Nuevo Orden Mundial a ser instaurado bajo los auspicios de la ONU y propone todo un programa de acción. Por tanto es conveniente referirlo íntegramente, no obstante su extensión. Las palabras subrayadas se encuentran en cursiva en el texto original:

    « Ante el imparable aumento de la interdependencia mundial, y también en presencia de una recesión de alcance global, se siente mucho la urgencia de la reforma tanto de la Organización de las Naciones Unidascomo de la arquitectura económica y financiera internacional, para que se dé una concreción real al concepto de familia de naciones. Y se siente la urgencia de encontrar formas innovadoras para poner en práctica el principio de la responsabilidad de proteger y dar también una voz eficaz en las decisiones comunes a las naciones más pobres. Esto aparece necesario precisamente con vistas a un ordenamiento político, jurídico y económico que incremente y oriente la colaboración internacional hacia el desarrollo solidario de todos los pueblos. Para gobernar la economía mundial, para sanear las economías afectadas por la crisis, para prevenir su empeoramiento y mayores desequilibrios consiguientes, para lograr un oportuno desarme integral, la seguridad alimenticia y la paz, para garantizar la salvaguardia del ambiente y regular los flujos migratorios, urge la presencia de una verdadera Autoridad política mundial, como fue ya esbozada por mi Predecesor, Juan XXIII. Esta Autoridad deberá estar regulada por el derecho, atenerse de manera concreta a los principios de subsidiaridad y de solidaridad, estar ordenada a la realización del bien común, comprometerse en la realización de un auténtico desarrollo humano integral inspirado en los valores de la caridad en la verdad. Dicha Autoridad, además, deberá estar reconocida por todos, gozar de poder efectivo para garantizar a cada uno la seguridad, el cumplimiento de la justicia y el respeto de los derechos. Obviamente, debe tener la facultad de hacer respetar sus propias decisiones a las diversas partes, así como las medidas de coordinación adoptadas en los diferentes foros internacionales. En efecto, cuando esto falta, el derecho internacional, no obstante los grandes progresos alcanzados en los diversos campos, correría el riesgo de estar condicionado por los equilibrios de poder entre los más fuertes. El desarrollo integral de los pueblos y la colaboración internacional exigen el establecimiento de un grado superior de ordenamiento internacional de tipo subsidiario para el gobierno de la globalización, que se lleve a cabo finalmente un orden social conforme al orden moral, así como esa relación entre esfera moral y social, entre política y mundo económico y civil, ya previsto en el Estatuto de las Naciones Unidas[7]. »[8]
    Ajá, así que Benedicto XVI también era masón.
    «Eso de Alemania no solamente no es fascismo sino que es antifascismo; es la contrafigura del fascismo. El hitlerismo es la última consecuencia de la democracia. Una expresión turbulenta del romanticismo alemán; en cambio, Mussolini es el clasicismo, con sus jerarquías, sus escuelas y, por encima de todo, la razón.»
    José Antonio, Diario La Rambla, 13 de agosto de 1934.

  4. #4
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    Re: Tutti Fratelli y tutti contenti

    No tienen por qué ser masones (en realidad no dice que lo sean) para dejarse influir y ser parte del plan, como tantos otros que son instrumentos en manos de la Masonería.
    juan vergara dio el Víctor.

  5. #5
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    Re: Tutti Fratelli y tutti contenti

    Cita Iniciado por Hyeronimus Ver mensaje
    No tienen por qué ser masones (en realidad no dice que lo sean) para dejarse influir y ser parte del plan, como tantos otros que son instrumentos en manos de la Masonería.
    Estimado Kontrapoder, lamentablemente el espíritu de los hermanos tres puntos como lo dice el arzobispo Viganó (quien habla con conocimiento de causa por los puesto claves que desempeñó en el Vaticano y posteriormente Nuncio en EEUU), es el "resultado de una acción ideológica llevada a cabo desde la década de 1960, especialmente dentro de las universidades católicas, y por los jesuitas en particular, en la formación de generaciones enteras de jóvenes. El adoctrinamiento progresista (en el frente político) y el adoctrinamiento modernista (en el frente religioso) han creado un apoyo ideológico para 1968 que comenzó con el Concilio Vaticano II, como Benedicto XVI confirmó en su ensayo “ Principios de la teología católica ”:“La adhesión a un marxismo anárquico y utópico […] fue apoyada en el frente por muchos capellanes de universidades y asociaciones juveniles, que vieron florecer las esperanzas cristianas allí. El hecho dominante se encuentra en los sucesos de mayo de 1968 en Francia. Había dominicos y jesuitas en las barricadas. La intercomunión que se llevó a cabo durante una misa ecuménica en apoyo de las barricadas fue considerada como una especie de hito en la historia de la salvación, una especie de revelación que inauguró una nueva era del cristianismo... Quiero enfatizar que la religión universal deseada por las Naciones Unidas y la masonería tiene colaboradores activos en los más altos niveles de la Iglesia Católica que usurpan la autoridad y adulteran el Magisterio".
    Fíjate en el esquema sobre la "Libertad Religiosa", en el V-II, o en el "Ecumenismo" suicida, cuyas consecuencias están a la vista.
    Recomiendo la lectura del nefasto y notoriamente masónico, "Mensaje para todo la Humanidad", leído por Paulo VI, el 4 de octubre de 1965 ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, sencillamente es algo abominable.
    Mira todo lo que sufrió, fue impiadosamente perseguido y padeció Mons. Lefevbre por defender lo que la Santa Madre Iglesia hizo siempre en materia doctrinal.
    Observa la destrucción que han hecho de la Liturgia y el desprecio (y en muchos casos diría que odio) que sembraron contra la Misa Tradicional, que es prácticamente imposible conseguir un párroco que permita que la celebre algún sacerdote, que además corre el serio riesgo que lo persigan implacablemente en el caso que la celebre, y esto lo se por conocimiento de causa.
    No te llama la atención el silencio sepulcral de Benedicto XVI, ante las atrocidades de Bergoglio?
    Si bien no esta en funciones sigue siendo Papa Benemérito, con todas las responsabilidades que ello implica.
    Primero renuncio porque no se animo a poner orden sabiendo lo que estaba pasando, ahora calla como si fuera ciego, sordo y mudo...
    Es más no digo que lo haga públicamente, pero si que lo hable privadamente, como lo manda Nuestro Señor en el Evangelio, y si no se enmienda que lo haga publico.
    Esto solo bastaría para que Bergoglio y sus cómplices no sigan con su autodemolición.
    Como señaló el arzobispo Viganó: "El silencio de los pastores es ensordecedor y perturbador. Algunos obispos incluso prefieren apoyar el Nuevo Orden Mundial, alineándose con las posiciones de Bergoglio y el Cardenal Parolin quien, como frecuentador del Club Bilderberg, se ha sometido servilmente a sus dictados , como tantos políticos y los principales medios de comunicación".
    De lo contrario el que calla otorga, o es cómplice, consiente o inconscientemente (para el caso da lo mismo), y no hace falta que estén inscriptos en alguna logia porque en definitiva fungen para ellos.
    Así andamos por el silencio aterrador de los "buenos"...
    Si un solo obispo logro lo que logro Mons. Lefevbre, mira si hubieran sido diez...
    Como dice el antiguo apotegma: "No es que ellos avancen es que nosotros retrocedemos".
    Asombrosamente expresó Paulo VI "la Iglesias se esta autodemoliendo".
    Cuando van ha hacer algo para reconstruirla o restaurarla?
    Valmadian dio el Víctor.

  6. #6
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    Re: Tutti Fratelli y tutti contenti

    Fratelli tutti

    Mientras la Iglesia no recupere aquella mirada de águila que sólo proporciona la filosofía perenne, su destino será la irrelevancia


    Juan Manuel de Prada

    Nunca una encíclica papal había sido acogida con tanta olímpica indiferencia por la llamada «opinión pública» como la reciente Fratelli tutti de Francisco. Y resulta un hecho muy poderosamente llamativo, pues Francisco no elige como destinatarios de su encíclica a los fieles católicos, sino a «todas las personas de buena voluntad».

    Cuando uno lee las grandes encíclicas, se queda pasmado ante la potente mirada de águila -abarcadora y perspicaz- de una mente arquitectónica. Lamentablemente, esta mente arquitectónica y esta mirada de águila -que sólo proporciona la filosofía perenne- se hallan ausentes de la mayoría de encíclicas papales de las últimas décadas, caracterizadas unas por el fárrago y el aluvión, otras por un cierto ensimismamiento fragmentario que no acierta a dilucidar la multiforme realidad. Nadie podrá acusar a Francisco de «ensimismamiento», pues desde luego es hombre al que nada humano le es ajeno; pero, a la postre, esa infinita curiosidad por la multiforme realidad propende peligrosamente al batiburrillo, a veces incluso al lugar común.

    La encíclica está escrita bajo la advocación de San Francisco de Asís. Pero incurre en el error que denunciaba Chesterton, consistente en presentarlo como un «adelantado a su tiempo», como un pionero de la democracia, como un apóstol del ecologismo, como un hombre de exquisita sensibilidad social o un execrador de la riqueza… En fin, como un precursor de cualquier moda ideológica moderna. Y todo ello a la vez que lo verdaderamente constitutivo de su personalidad queda eludido. Así ocurre, por ejemplo, cuando Francisco caracteriza la visita de San Francisco de Asís al sultán de Egipto como un anhelo de «abrazar a todos»; pero se le olvida añadir «en la de fe de Cristo»; pues lo que el Poverello en verdad anhelaba era que el sultán abjurase de su herejía. Y, finalmente, fracasó; pero su fracaso engrandece a nuestros ojos su figura.

    A Francisco, en cambio, lo empequeñece el miedo al fracaso; de ahí que asuma como propio un lenguaje que halaga la mentalidad de la época, llegando en algunos casos a propalar consignas mundialistas (como cuando renuncia a una lectura sobrenatural del coronavirus). Acierta cuando execra los «planteamientos económicos» y las «visiones» antropológicas liberales; pero su execración, al renunciar a explicar los errores teológicos y filosóficos subyacentes en tales visiones y planteamientos, sólo sirve para que rabien los neocones y exulten los progres (que, por lo demás, han asumido todos los errores teológicos y filosóficos del liberalismo). Y, a la postre, el propio Francisco asume esos errores, al fundar la fraternidad universal en conceptos extraños a la tradición católica como los «derechos humanos», la «libertad religiosa» y demás flores pútridas del jardín liberal (las mismas que han regado sus inmediatos predecesores). De este modo, la encíclica se desliza hacia la cháchara sociológica, cuando no hacia un cierto utopismo ruborizante, que desgrana casuismos tal vez pertinentes en una catequesis parroquial, pero chocantes en una encíclica.


    Fratelli tutti, a la postre, nos confirma que, mientras la Iglesia no recupere aquella mente arquitectónica y aquella mirada de águila que sólo proporciona la filosofía perenne, su destino no será otro que la irrelevancia, con algún ocasional momento de participación a modo de comparsa en el rifirrafe ideológico, en el que hará exultar o rabiar a progres o neocones, dependiendo de la «sensibilidad» del pontífice de turno. Que será utilizado como mascota de unos u otros, mientras alegremente retozan (y de paso se ciscan) entre las ruinas de lo que antaño fue una prodigiosa arquitectura.



    https://www.abc.es/opinion/abci-juan...0_noticia.html

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  7. #7
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    Re: Tutti Fratelli y tutti contenti

    Viganò: “Fratelli tutti no sólo está falta de Fe; carece igualmente de Esperanza y de Caridad”

    TRES PREGUNTAS DE JOHN HENRY WESTEN A CARLO MARIA VIGANÒ


    ¿Qué opina de Fratelli tutti, en particular con respecto al silencio de la encíclica en torno a lo que ésta califica de «mayores preocupaciones» de los políticos?


    Al hablar de las preocupaciones que más deberían promover la acción de los políticos, Fratelli tutti menciona «el fenómeno de la exclusión social y económica, con sus tristes consecuencias de trata de seres humanos, comercio de órganos y tejidos humanos, explotación sexual de niños y niñas, trabajo esclavo, incluyendo la prostitución, tráfico de drogas y de armas, terrorismo y crimen internacional organizado». Todas estas cosas son plagas que se deben denunciar, pero creo que todo el mundo las reconoce como tales. El punto focal, y mucho más importante desde el punto de vista moral, sobre el que calla la encíclica, es el aborto, que por desgracia hoy se reivindica como un derecho.

    Este silencio atronador sobre el crimen más odioso a los ojos de Dios –dado que se comete contra una criatura inocente e indefensa privándola de la vida– delata la cortedad de miras de ese manifiesto ideológico al servicio del Nuevo Orden Mundial. Estrabismo que contempla los planteamientos del pensamiento único con total sumisión ideológica y a las enseñanzas del Evangelio con la mirada miope y avergonzada de quien lo considera inviable y desfasado.

    Se pasa totalmente por alto la dimensión espiritual y trascendente, así como la moral natural y católica. Ahora bien, ¿qué fraternidad podrá haber entre los seres humanos cuando no se da importancia al hecho de matar a un inocente? ¿Cómo se puede condenar la exclusión social mientras se calla la más criminal de las exclusiones sociales, la de un hijo que tiene derecho a vivir, a crecer, a amar y ser amado, a adorar y servir a Dios y a alcanzar la vida eterna? ¿De qué sirve ocuparse del tráfico de armas si se puede declarar hermanos a quienes desmiembran a un niño en el vientre materno, a quien aspira un cerebro un instante antes del parto? ¿Cómo es posible anteponer la fraternidad al horror de envenenar al enfermo o al anciano privándolo de la posibilidad de unirse a la Pasión del Señor en el sufrimiento? ¿Qué respeto a la naturaleza cabe invocar cuando se acepta que es posible modificar el sexo de la persona inscrito en nuestros cromosomas, o que se pueda considerar familia a la estéril unión de dos hombres o dos mujeres? La furia destructora de la madre tierra no vale para quienes, manipulando la obra admirable del Creador, se arrogan el derecho de modificar el ADN de plantas, animales y seres humanos.

    La encíclica Fratelli tutti no sólo está falta de Fe; carece igualmente de Esperanza y de Caridad. En su texto no se percibe el eco de la voz del Divino Pastor y Médico de las almas, sino el gruñido del lobo rapaz o el silencio del mercenario (Jn. 10,10). No hay el menor atisbo de amor ni a Dios ni al prójimo, porque para desear verdaderamente el bien del hombre actual es necesario despertarlo de la hipnosis buenista, ecologista, pacifista, ecumenista y mundialista. Para amar al hombre pecador y rebelde, es preciso hacerle entender que lejos de su Creador y Señor terminará por ser esclavo de Satanás y de sí mismo, así como que su fraternidad con otros condenados no remediará la inevitable enemistad con Dios; que no serán el mundo y la filantropía quienes lo juzguen, sino Nuestro Señor, que también murió por él en la Cruz.

    Creo que esta lamentabilísima Fratelli tutti representa en cierto modo el vacío de un corazón marchito, de un ciego privado de la visión sobrenatural que a tientas trata de responder a quien –empezando por él mismo– desconoce. Sé bien que es una afirmación dolorosa y grave, pero creo que más que preguntarnos por la ortodoxia de este documento tendremos que preguntarnos cuál es el estado de un alma incapaz de experimentar un arranque de Caridad, de dejarse abrazar por un rayo divino en la gris monotonía de un sueño utópico, caduco y cerrado a la gracia de Dios.

    El introito de la Misa de este domingo nos suena a modo de advertencia:

    Salus populi ego sum, dicit Dominus: de quacumque tribulatione clamaverint ad me, exaudiam eos: et ero illorum Dominus in perpetuum. Attendite, popule meus, legem meam: inclinate aure vestram in verba oris mei.
    El Señor es la salvación de su pueblo, que será escuchado en la tribulación a condición de que opte por la ley de Él. Nos lo dice Nuestro Señor sin medias tintas: «Separados de Mí no podéis hacer nada» (Jn15, 5). La utopía de la Torre de Babel, por mucho que se actualice y se muestre bajo las novedosas apariencias de las Naciones Unidas o el Nuevo Orden Mundial, está destinada a desmoronarse y a que no quede piedra sobre piedra porque no está fundada sobre la piedra angular que es Cristo:

    «He aquí que son un solo pueblo y tienen todos una misma lengua. ¡Y esto es sólo el comienzo de sus obras! Ahora, nada les impedirá realizar sus propósitos. Ea, pues, descendamos, y confundamos allí mismo su lengua, de modo que no entienda uno el habla del otro» (Gn. 11,6-7).

    El pacifismo mundialista y ecuménico de Fratelli tutti contempla un paraíso en la Tierra que no se funda en el deseo de reconocer la realeza de Cristo sobre la sociedad y sobre todo el mundo, sino en ocultar el escándalo de la Cruz, considerada factor de división, en vez de única esperanza de salvación para la humanidad; en olvidar que las injusticias sociales y los males que afligen al mundo son consecuencia del pecado, y que sólo conformándonos a la voluntad de Dios podremos esperar la paz y la concordia entre los hombres. Hombres que únicamente pueden ser hermanos en Cristo reconociendo la paternidad de Dios.

    En la encíclica brilla la Esperanza por su ausencia, esperanza entendida como una virtud teologal infundida por Dios en el alma, por la cual aspiramos al Reino de los Cielos y la vida eterna, cifrando nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos en la Gracia del Espíritu Santo en lugar de en nuestras propias fuerzas. Esperar que una fraternidad horizontal garantice la paz y la justicia no tiene nada de sobrenatural, porque no tiene la vista en el Reino de los Cielos, no se apoya en las promesas de Cristo ni considera necesaria la Gracia divina, confiando por el contrario en el hombre corrompido por el pecado original e inclinado por tanto al mal. Quien nutre estas falsas esperanzas –afirmando entre otras cosas que no es necesario creer en Dios para ir al paraíso5— ni realiza un acto de caridad, sino que por el contrario estimula a los pecadores a seguir por el camino del pecado y la perdición y haciéndose con ello cómplice de su condenación y desesperación. Contradice además las propias palabras del Salvador: «Os dije que moriréis en vuestros pecados. Sí, si no creéis que Yo soy (el Cristo), moriréis en vuestros pecados» (Jn. 8, 24).

    Añadiré con gran pesar que últimamente no aparece la respuesta de la Iglesia al mal, la muerte, la enfermedad, el sufrimiento y las injusticias del mundo, más bien brilla por su ausencia. Como si el Evangelio no tuviera nada que decir al hombre de hoy, o si lo que le dice estuviera desfasado o careciera de actualidad. «No quiero ofrecer recetas que no sirven; ésta es la realidad ».6 La sangre se hiela al leer estas palabras: «¿Es Dios injusto? Sí, fue injusto con su Hijo: lo mandó a la Cruz ».7 No hace falta refutar esta afirmación; basta con señalar que si se niega que el pecado sea la causa del dolor y la muerte que afligen a la humanidad, se termina inevitablemente por echar la culpa a Dios tildándolo de injusto y excluyéndolo por tanto del propio horizonte. Se entiende, pues que la búsqueda de la fraternidad humana esté compendiada en las palabras del salmista:
    «Os dije que moriréis en vuestros pecados. Sí, si no creéis que Yo soy (el Cristo), moriréis en vuestros pecados» (Sal 2, 2).

    De este modo la Iglesia –mejor dicho, la falsificación que la eclipsa casi del todo– no brinda la menor respuesta católica al hombre desesperado y sediento de verdad, sino que contribuye a aumentar el escándalo del dolor y del sufrimiento cuya causa es el pecado, achacándole la responsabilidad a Dios y blasfemando al llamarlo injusto.

    Excelencia, supongo que habrá visto a los dirigentes pro vida de los EE.UU. implorar a los obispos que declaren abiertamente que el aborto es la cuestión preeminente en estas elecciones presidenciales. Varios obispos han afirmado todo lo contrario, y se están aprovechando de puntos de la encíclica para respaldar sus ideas. ¿Qué propone a sus hermanos en el episcopado y a los fieles?

    El silencio en torno al aborto es una señal terrible del extravío espiritual y moral de un sector de la Jerarquía que reniega de su misión porque ha renegado de Cristo. Y así como en el aborto la madre mata al hijo al que debería amar, proteger y generar para la vida terrena, en el fraude actual la Iglesia, que Dios quiso instrumento para llevar las almas a la vida eterna, las está matando espiritualmente en su propio seno por la traición de sus propios ministros. De la enemistad de los adversarios de Cristo no se libra ni su Santísima Madre, cuya maternidad odia Satanás, porque por medio de Ella la Segunda Persona de la Santísima Trinidad se hizo hombre para redimirnos. Si somos amigos de la Santísima Virgen, sus enemigos son nuestros enemigos, según estableció el Señor en el Protoevangelio: «Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje» (Gén. 3,15).

    A mis hermanos en el episcopado les recuerdo que fueron ungidos con el crisma para ser atletas de la Fe, no espectadores neutrales del enfrentamiento entre Dios y el adversario. Ruego que a los pocos pastores valerosos que alzan la voz para defender los principios sagrados y no negociables establecidos por el Señor en la ley natural se unan todos cuantos hoy vacilan por temor o por un falso sentido de prudencia. Tened la gracia de estado para que os escuche la grey que reconoce en vosotros la voz del verdadero Pastor (Jn. 10,2-3). No tengáis miedo de proclamar el Evangelio de Cristo, como tampoco lo tuvieron los Apóstoles ni los obispos que les sucedieron para afrontar el martirio.

    A los fieles desorientador por el silencio de tantos pusilánimes les pido que eleven sus oraciones al Cielo invocando al Paráclito las gracias que sólo el Espíritu Santo puede infundir en los corazones endurecidos y rebeldes: Lava quod est sordidum, riga quod est aridum, sana quod est saucium. Flecte quod est rigidum, fove quod est frigidum, rege quod est devium. Ofreced sacrificios, penitencias y los dolores de la enfermedad por la Iglesia y por vuestros pastores.

    Hace poco entrevisté a la mujer del ex candidato al Tribunal Supremo Robert Bork, que habló de la falta de apoyo a la Iglesia por parte de su marido durante sus escandalosas audiencias; también mencionó brevemente que el ataque fue organizado por el católico republicano Teddy Kennedy. ¿Qué opinión le merecen los ataques de que está siendo objeto la jueza Barret, en particular a causa de su fe?

    El odio del mundo, cuyo príncipe es Satanás (Jn.12,31), es la más evidente retractación del sueño utópico de Fratelli tutti. No puede haber fraternidad entre los hombres si se prescinde de la paternidad común del único Dios verdadero, uno y trino. Quienes predican la igualdad y equivalencia de los derechos hasta llegar a dar carta de naturaleza al error y el vicio se vuelven intolerantes en cuanto ven que está en peligro el poder usurpado, en cuanto un político católico, en nombre de esa igualdad de derechos, quiere dar testimonio de su fe al legislar y gobernar. Así, la tan deseada fraternidad sólo se da entre los hijos de las tinieblas, excluyendo necesariamente a los hijos de la luz u obligándoles a renegar de su identidad. Es además significativo que la única declaración de dicha fraternidad esté al parecer fundada en el rechazo a Cristo, en tanto que se considera imposible una verdadera y santa fraternidad en el vínculo de la Caridad «en la justicia y santidad de la verdad» (Ef. 4, 24).

    Al recibir la Confirmación el católico se convierte en soldado de Cristo: el soldado que no combate por su Rey y decide aliarse al enemigo es un traidor, un renegado, un desertor. Den, pues, los políticos y todos cuantos ejercen cargos públicos testimonio de Aquel que derramó su sangre por ellos; no sólo obtendrán las gracias necesarias para cumplir su función pública, sino que darán ejemplo a sus hermanos y se harán acreedores al premio eterno, que es lo único que verdaderamente importa. «Te nationum praesides honore tollant publico; colant magistri, judices, leges et artes exprimant».


    11 de octubre de 2020
    Fiesta de la Divina Maternidad de María Santísima, domingo XIX después de Pentecostés





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