La encíclica Pacem In Terris se publicó a principios de abril de 1963, dos meses antes de fallecer Juan XIII, estando ya éste enfermo de gravedad. Es decir, tras la primera sesión del Concilio Vaticano II y antes de la segunda sesión que comenzaría en el otoño.
Primer gran documento heterodoxo para la nueva Iglesia que se trataba de configurar por entonces. Sus novedades más llamativas consistieron en dirigirse no solo a los católicos y cristianos sino a los "hombres de buena voluntad"; la novedad del supuesto "derecho a venerar a Dios, según la recta norma de la conciencia" entre otros varios "derechos" novedosos y sobre todo, en establecer el modelo de democracia occidental con su separación de poderes como modelo a seguir por todas las naciones, por supuesto las católicas que aun eran reticentes, como España.
El éxito que tal encíclica tuvo entre liberales y marxistas fue sonado, cuando vieron que "por fin", un papa les daba la razón y se juzgaban legitimados para dirigir sus disparos contra el "bunker" eclesial.
Paralelamente desde el lado conservador, articulistas y teólogos, estupefactos no tanto por la heterodoxia del texto como por los inesperados elogios marxistas, disimulaban y se desgañitaban en minorar el escándalo ante los católicos y hacer ver que todo lo que allí escribía Juan XXIII era "perfectamente ortodoxo y católico" y que los progresistas exageraban y "mentían"...
¿Pero en tal caso cómo explicar a qué se debía el gozo exultante de progresistas, marxistas, masones y demás enemigos de la Iglesia? Como era posible que algo "perfectamente ortodoxo" produjera alegría a la patulea anticristiana? Nunca textos de papas anteriores les producían alegría y ahora sí...
Estaba claro que el documento no era ortodoxo, pues casi al mismo tiempo, se iba comprobando cómo los progresistas que alababan las novedades heterodoxas de la encíclica estaban en lo cierto, la jerarquía interpretaba la encíclica al modo progresista, en consonancia con los textos conciliares que se aprobaban desde entonces... y peor aun, ignorando el Magisterio anterior en la medida que se oponía al proceso demoledor.
Ese sí fue el auténtico escándalo.
Finalmente, el documento fue hecho pasar como perfectamente católico, pero a la vez dando por buenas las simpatías de los marxistas y hasta considerándolas meritorias.
Volveremos sobre este tema en un hilo aparte. De momento veamos la heterodoxia del documento artículo por artículo, cosa que cierto, le pasó de largo a la casi totalidad del orbe católico.
.
Marcadores