¿En qué situación se encuentra la Iglesia actual (1951) de España?
Hemos visto que Maritain la presenta “enfeudada al Estado decorativamente cristiano”. Esto es una irritante calumnia. Protección, incluso económica, sí; enfeudamiento de la Iglesia, no.
Consciente el Estado de los daños infligidos a la Iglesia española por los gobiernos liberales de antaño y de su obligación de contribuir al sostenimiento decoroso del clero y de sus instituciones, ha procurado, según las moderadas posibilidades de tan críticos años, suministrarle mayor protección económica, especialmente para reconstrucción de templos que los amigos de Maritain incendiaron o demolieron por sí mismos o por sus aliados; para renovación de bibliotecas y congruente retribución de los profesores de Seminarios, y para aumento de la exigua indemnización percibida por el Clero.
En esto no ha hecho el Estado otra cosa que atender a los postulados de la justicia social y conmutativa que decíamos.
A cambio de todo esto, ¿qué ha exigido el Estado a la Iglesia como contrapartida de lo que por Ella ha hecho? Nada. Ni el Estado español ha exigido la Iglesia una indigna compensación, ni Ella la hubiera prestado. Con algún detenimiento voy a indicar algunos servicios que el Estado ha pedido a la Iglesia y que la Iglesia ha prestado con honor y dignidad, y aprovechamiento espiritual de los ciudadanos españoles.
1º. Capellanes instructores y consejeros espirituales para ciertas instituciones juveniles de ambos sexos, creados por el régimen para injertar savia y vigor religioso y patriótico en aquellas generaciones que la República laica descristianizó.
La Iglesia española los prestó gustosa. En esto no hay más que un sentido de cooperación y celo para devolver a las juventudes aquel fermento católico cuya pérdida lamentábamos todos los católicos. Recuérdese aquellas escuelas en que el niño saludaba con el puño cerrado al maestro, pronunciando la blasfemia: “No hay Dios” “Ni lo hubo nunca”, contestaba el maestro. O aquella impiedad con que otro maestro envenenaba el alma del niño. “¿Qué sacrificio han hecho por ti tus padres? Ninguno. Sólo les has ocasionado un rato de placer, una escena de pasión la noche que te engendraron”.
A estas juventudes había que depurarlas del veneno mezclado en sus venas. El Estado ha emprendido esa tarea: pidió su cooperación a la Iglesia, y la Iglesia debía darla si no quería traicionar su misión educadora.
Aun en la hipótesis -que no existe- de que tales organizaciones hubieran sido creadas con fines políticos (hipótesis contra la que protesta un examen imparcial de los procedimientos de esos organismos), habría sido un acierto apostólico aprovecharse prudentemente de la coyuntura para influir espíritu cristiano en esas concentraciones de jóvenes que en campamentos, escuelas de mando y otras instituciones se ofrecían a la Iglesia para acercarse a aquellas almas que urgía devolver al Señor y a su Cristo.
2º. El Estado ha pedido a la Iglesia capellanes para promover el estudio de la religión en la segunda enseñanza, con los máximos respetos y la máxima libertad, para que la Iglesia desarrolle una enseñanza integral en los siete años del Bachillerato. Integral y cíclica es la enseñanza que dan estos capellanes. El mismo tema religioso se ve siete veces bajo aspectos distintos o casos o variaciones sobre el mismo tema: Catecismo, Evangelio, Historia eclesiástica, Apologética, Dogma, Moral, Vida sobrenatural.
La Iglesia ha aceptado este servicio tan suyo, tan eminente para la gloria de Dios y de la católica España.
Tiene detractores esta gesta que han realizado los sacerdotes españoles en las aulas de los centros de segunda enseñanza; pero ahí están los hechos que dicen:
Primero. La cultura religiosa en los alumnos de segunda enseñanza es un fenómeno de masa; la Religión se estudia paralelamente con las demás asignaturas formativas.
Más de doscientos mil muchachos que frecuentan estos Centros dan razón de su fe, que es el obsequio razonable que deseaba San Pablo para los cristianos.
Segundo. Puede decirse que el estudio religioso no cede en importancia al de las asignaturas del Bachillerato; pues si bien muchas de éstas se explican en mayor número de clases en sus años respectivos, sin ninguna tiene espaciado sus cursos en los siete años del Bachillerato.
Tercero. Teniendo en cuenta que la estrella de la Religión hace su primera aparición ante esos jóvenes en el horizonte del hogar y la escuela, y los acompaña en sus estudios universitarios. Puede decirse que esta estrella directriz. Nos guía en toda la importantísima etapa de su vida que se abre desde los albores. De su razón hasta la terminación de su carrera y la iniciación de su vida profesional.
Cuarto. Siendo la idea religiosa una idea de primera fuerza, que tiende, como todas las ideas-fuerza, y aun más que ellas, a su realización en la vida de la juventud, dispone ésta de una fuerza de progreso moral y humano que asegura a nuestro pueblo un puesto preeminente entre otras naciones que o tratan de desintegrar el astro luminoso de la Religión, o de correr un velo ante su faz para que no le vean los ojos de las nuevas generaciones.
Compárese el esfuerzo de Rusia por grabar en la mente de sus juventudes el lema marxista: “El paraíso que la antigüedad puso en el cielo, nosotros lo trasladamos a la tierra”; o el de las escuelas laicas de Francia: “Dios no ha creado al hombre, sino el hombre a Dios”, con el nobilísimo empeño de esta España actual excitando a su juventud con el sublime lema ¡Excelsior!, que entraña el dogma y la moral católica, y se adivinará el contraste que verán los años próximos, si estas orientaciones perseveran, entre una juventud, la española, volando al Cielo de la Verdad, de la Virtud y de la Gloria, y la otra juventud, la rusa o la francesa, la influenciada por el laicismo, apesgando sus alas en el barro del materialismo.
Quinto. Todo eso ha de lograrse a base de perseverar en la obra emprendida. Si por acaso se cambiara la Ley de Bases de la Enseñanza Media, cosa que anhelan y predican espíritus agoreros, no sabemos con qué fines, esperamos que no se toquen las bases que afectan a la Enseñanza Religiosa. La innovación en este punto, como no fuera en sentido de mejora, había de ser regresiva y disolvente. Esperamos que no se quite ni una piedra de este precioso momento que al espíritu de la inmortal España ha erigido la mano de los actuales dirigentes del Estado español.
Sexto. Que mediten estos hechos tan visibles estos católicos ultrapirenaicos, que se han asociado al coro de nuestros eternos detractores y den crédito a la antigua farsa de nuestra leyenda negra. Si ellos no quieren ver, nos dispensarán de que, entre su catolicismo de “agua azucarada” y el nuestro de “agua pesada”, prefiramos éste, que lleva en germen explosiones como la que derrumbó y removió los ídolos del Continente americano para sustituirlos por el Templo de la Fe, en que veinte naciones adoran a Jesucristo, prometiendo a la raza española eternos destinos.
¿Hay quien esta petición que ha hecho el Estado español a la Iglesia, vea una sombra de sumisión indebida, de enfeudamiento de la Iglesia al Estado?
3º El Estado ha hecho más: ha solicitado de la Iglesia que presente sacerdotes de doctrina sana, de fondo limpio y claro y de forma elegante, para explicar en las aulas universitarias tesis selectas de Apologética, Dogma, Moral y Deontología Profesional.
Alguien ha insinuado la sospecha de que en el extranjero va a tomarse pretexto para presentar a la Iglesia como instrumento que el Estado utiliza para inculcar sus ideas y planes políticos entreverados con el Dogma religioso.
En un folleto que pienso editar a renglón seguido de esta crítica de Maritain, me propongo deshacer este miope punto de vista, con otras ligerezas que se están escribiendo en estos días con un desconocimiento de la cuestión que sorprende en plumas bien cortadas y manejadas por autores cuyo celo está fuera de toda duda. (…)
Podríamos alargar indefinidamente la serie de cooperaciones entre la Iglesia y el Estado español en las que no se ve ni sombra de enfeudamiento de la Iglesia al Estado.
La especie siniestra lanzada a todos los vientos en ultrapuertos, de que la Iglesia española aprueba y canoniza las decisiones estatales en bloque y sin posibilidad de censura constructiva y ratione moralitatis, que es el objeto del poder diacrítico del Magisterio eclesiástico, es otra patraña que ha difundido la escuela de Maritain.
Aquí no se veda que las autoridades competentes, no cualquier audaz censor de los actos de gobierno, haga las observaciones pertinentes y respetuosas sobre tal o cual decisión gubernativa que pueda chocar con las normas de la moral social. Sabe el Estado español que no es infalible ni impecable y acepta cualquier sugerencia que el alto magisterio eclesiástico, no cualquier aspirante a moralista, crea oportuno dirigirle.
Están por aparecer las pruebas de una imputación que tenemos derecho a calificar de imprudente calumnia.
Calumnia que se resume en estos términos que corren cínicamente en ciertos medios religiosos de dentro y fuera de la Patria: “Estado decorativamente cristiano, de apariencia, de fachada”. Hay, por el contrario, un fermento vital en España que quisieran para sí países de nombre cristiano, pero hay, desgraciadamente, países de misión, paganos con bastantes iglesias católicas que no tardaron en derrumbarse a su gran pesadumbre, a menos que el Espíritu de Dios agite, remueva y purifique las aguas turbias y suscite nuevas ansias y anhelos que están siempre latentes en el corazón naturalmente cristiano, en espera del rocío del Cielo.
(…)
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