Creo que no me has entendido correctamente Alacrán (o yo no me he sabido explicar):
La idea imperial romana tiene muy poco que ver con el uniformismo centralista del Estado-nación (de hecho, esa tendencia en España surge con el resquebrajamiento del Imperio por iniciativa de masones liberales como Alcalá Galiano, que negaba la existencia de la nación española) y sí mucho con la integración de diversos pueblos en torno a dicha idea, simbolizada en el fascio («e pluribus unum») : la famosa unidad de destino en lo universal joseantoniana. De haber significado lo primero, dudo que España, como heredera de Roma, se hubiera dedicado a escribir gramáticas de lenguas indígenas en América en lugar de erradicarlas como en las colonias anglosajonas, cuando muchas lenguas europas ni siquiera disponían de una propia. Para afirmar tan aventuradamente que Roma fue centralista habría que ignorar toda la compleja estructura de provincias, diócesis, etc... que la componía. La centralización del Estado tiene mucho más que ver con las doctrinas modernas de Bodino, Grocio, Hobbes... que apuntó Elías de Tejada en sus famosas 5 rupturas de la Cristiandad que con el foralismo basado en el derecho natural. Más información sobre esto aquí:
https://elmanifiesto.com/tribuna/527...l-imperio.html
En cuanto a esas declaraciones de Ramiro, convendría no descontextualizarlas, pues hacen clara referencia al separatismo. Porque en la Conquista del Estado también se decían cosas como éstas:
Articulación comarcal de España
La primera realidad española no es Madrid, sino las provincias. Nuestro más radical afán ha de consistir, pues, en conexionar y articular los alientos vitales de las provincias. Descubriendo sus mitos y lanzándolas a su conquista. Situándolas ante su dimensión más próspera. Por eso el nuevo Estado admitirá como base indispensable de su estructuración la íntegra y plena autonomía de los Municipios. Ahí está la magna tradición española de las ciudades, villas y pueblos como organismos vivos y fecundos. No hay posibilidad de triunfo económico ni de eficacia administrativa sin esa autonomía a que aludimos. Los Municipios autónomos podrán luego articularse en grandes confederaciones o comarcas, delimitadas por un margen de exigencias económicas o administrativas, y, desde luego, bajo la soberanía del Estado, que será siempre, como antes insinuamos, indiscutible y absoluta. Para vitalizar el sentido comarcal de España, nada mejor que someter las comarcas a un renacimiento que se realice al amparo de realidades actualísimas y firmes.
https://www.filosofia.org/hem/193/lce/lce011b.htm
Pero hay sobre todo el hecho indudable de que grandes núcleos hispánicos se inclinan hoy a una estructura federal del Estado. A nosotros se nos considera injustamente como partidarios de un rabioso unitarismo. No hay tal. Lo que sí nos preocupa es la captura de un contrapeso nacional que impida la reclusión de las energías regionales en los pequeños orbes de su vida. Cuando llega el momento de que la unidad hispana comparezca ante las miradas universales y se encargue del timón europeo, sería absurdo y criminal que se interpongan las aspiraciones de rango localista, desarticulando la eficacia de nuestro pueblo.
Es, pues, sólo admisible y deseable un Estado federal en España, en tanto se acepte y admita por todos la necesidad de incrementar los propósitos de imperio. Hay muchos espíritus débiles y enclenques que creen que esto del imperio equivale a lanzar ejércitos por las fronteras. No merece la pena detenerse a desmentir una tontería así. Por de pronto, el imperio sería la idea común que adscribiese a los pueblos hispánicos un compromiso de unidad. Pues concedidas las autonomías –aunque, claro es, de régimen administrativo tan sólo–, ¿se nos quiere decir qué contrapeso unitario equilibraría la tendencia a polarizarse en torno a las capitalidades de las regiones? ¿El que representan los intereses económicos comunes? Es insuficiente, porque las corrientes esas fluctúan, y si hoy favorecen una cohesión, mañana pueden favorecer lo contrario. Y no hay que hacer demasiadas llamadas a la Historia, sino llenar a nuestro pueblo de compromisos actuales, fecundos, que tengan su raíz y su fuerza en el presente vivo.
El imperio nace con las diversidades nacionales que obedecen y siguen los fines superiores de un Poder más alto. De aquí que la idea imperial sea la más eficaz garantía de respeto a la peculiaridad de las comarcas.
https://www.filosofia.org/hem/193/lce/lce121.htm
Siempre hemos creído que debe modernizarse el concepto comarcal, de forma que comprenda tanto los núcleos históricos como aquellos que se enlacen por conexiones actuales de sentido económico y comercial. Véase un ejemplo: la Confederación del Ebro, que extiende intereses comunes de regadío por territorios de tan diversa filiación histórica, como es la Rioja, la Navarra meridional, Aragón, sur de Cataluña, impide de seguro la fijación de un régimen autonómico idéntico al que se hubiera forjado hace quince años. Por eso ponemos tanto interés en que se robustezcan las entidades municipales. Estos organismos, una vez purificados de las extrañas faenas a que han venido dedicándose, pueden mejor que nadie tejer de nuevo las líneas articuladoras de las comarcas. Una vez acordada por las Cortes la preferencia federal, deben los municipios tender sobre el suelo patrio la red auténtica de las ramificaciones fecundas. Es el único medio de que no se intercepten voces artificiosas que reclaman ilusorias redenciones. Cuando los intelectuales de un gran pueblo no se elevan por cobardía histórica a la concepción nacional y pierden la justificación de los fines imperiales, acaecen las polarizaciones en torno a pequeños focos románticos, de cien kilómetros de radio, engendradores de todas las decadencias. Cuando muy pronto se proyecte sobre España la necesidad de su articulación federalista, conviene eludir el influjo de esos núcleos, y para ello nada mejor que el contacto inmediato con el pueblo. De ahí nace nuestro deseo de vigorización de la vida municipal, de atención a los clásicos concejos, que pueden muy bien ser la más limpia voz del pueblo.
Rutas y Lides Hispanas: Por Cataluña, contra el separatismo
Palabras de José Antonio:
“España, aunque no sea ni mejor ni peor que las demás naciones, desde luego es distinta. Tiene características muy acusadas, que es preciso respetar, si no se quiere ir al fracaso, porque sería necio el luchar contra la Naturaleza. Por otra parte, la tradición española es demasiado fuerte y rica, y nosotros no vamos a cometer el desatino de desaprovechar esas existencias y lecciones de la tradición. Nuestro país ha vivido anteriormente muchas experiencias sociales, políticas y económicas que hoy en el mundo empiezan a reivindicarse. Tenemos en nuestra Historia ejemplos de legislación agraria y ganadera que puede hoy mismo aplicarse con feliz eficacia; así como la organización por gremios y oficios, y los fueros municipales, y los montes y bienes comunales, y la «mesta», y tantas otras costumbres que nacieron y prosperaron a impulso de la necesidad propia y característica de la raza” (El Pueblo Vasco, de San Sebastián, 9 de enero de 1935)
“La Falange sabe muy bien que España es varia, y eso no le importa. Justamente por eso ha tenido España, desde sus orígenes, vocación de Imperio. España es varia y es plural, pero sus pueblos varios, con sus lenguas, con sus usos, con sus características, están unidos irrevocablemente en una unidad de destino en lo universal. No importa nada que se aflojen los lazos administrativos, mas con una condición: con la de que aquella tierra a la que se dé más holgura tenga tan afianzada en su alma la conciencia de la unidad de destino, que no vaya a usar jamás de esa holgura para conspirar contra ella” (Discurso sobre la revolución española. Madrid, 19 de mayo de 1935) “Entendida España así, no puede haber roce entre el amor a la tierra nativa, con todas sus particularidades, y el amor a la Patria común, con lo que tiene de unidad de destino. Ni esta unidad habrá de descender a abolir caracteres locales, como ser, tradiciones, lenguas, derecho consuetudinario, ni para amar estas características locales habrá que volverse de espaldas –como hacen los nacionalistas- a las glorias del destino común” (Discurso pronunciado en el Centro local de Falange. Pamplona, 15 de agosto de 1934).
José Antonio ¿Contrarrevolucionario? | Desde Mi Campanario
Falangistas como José María Fontana denunciaban las tendencias centralistas como ajenas al nacionalsindicalismo:
Fontana mantuvo una visión crítica con el carácter centralista del nacionalismo español. Ya en 1933 se manifestaba contrario respecto al «españolismo homogeneizador», que a su juicio «sólo haría crecer el separatismo».[2] En ese sentido, llegó a defender la tesis de un federalismo sustancial como forma de organización polítco-administrativa, y la doble capitalidad de Madrid y Barcelona.[10] El historiador Ismael Saz ha venido en considerar los planteamientos de José María Fontana como un catalanismo falangista.[11] Por otro lado, durante los tiempos de la Segunda República también fue crítico con las políticas de la Generalidad de Cataluña.[n. 2]
En 1977 se manifestaría en estos términos respecto a la política del Régimen franquista y la política autónomica de la Transición:[13]
Ya en 1940 deslizamos la observación de que subsistía el problema y eran inoperantes las seudosoluciones adoptadas después de la guerra civil [...] Por desgracias fuimos profetas, y en 1976 ha explotado el llamado problema regionalista por causa y culpa, previsibles, de una falsa política, de los titubeos y de las lamentables equivocaciones producidas [...] Porque los errores de 1939-1975 son hoy sustituidos por las «soluciones», ya ensayadas y fracasadas, del estatutismo republicano de 1931-1936 [...] Los hechos difernciales no son hechos justificativos de nacionalidad y menos de separación. De ahí el tremendo error cometido coactivamente contra los hechos diferenciales naturales y apolíticos. La unidad no es uniformidad ni es centralismo. La unidad es un hecho tan natural como la variedad, y en defensa de tales doctrinas estuvimos los falangistas, apoyados en la doctrina joseantoniana, desconocida, desdeñada y hasta oscurecida por algunos miembros centristas de los gobiernos de los últimos cuarenta años, con la penosa y lamentable cosecha que hoy estamos recogiendo.
Fontana también se posicionó en contra de la infravaloración de las lenguas regionales, algo de lo que responsabilizaba a los «monárquicos de camisa azul».
https://es.m.wikipedia.org/wiki/Jos%...na#Pensamiento
Podría seguir enumerando ejemplos, pero creo que con estos queda bastante claro que la Falange y la doctrina nacionalsindicalista siempre fueron regionalistas, foralistas y contrarias al centralismo homogeneizante.
Y ya por último, hay que admitir que Giménez Caballero era un poco dado a los sarcasmos y a las excentricidades intelectuales, pues llegó a decir que la catolicidad de España residía en haber acogido a moros, luteranos, judíos y cuáqueros bajo su «signo fundidor y antirracista». Más diverso y menos uniforme que aquello...
Saludos en Xto.
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