Más allá del socialismo (The New Times, Vol. 51, Nº 8. Agosto 1987)

Por Eric D. Butler


Al igual que Democracia, la palabra Socialismo ha sido una especie de término para todo, significando distintas cosas para distintas personas. Muchos se han llamado a sí mismos socialistas simplemente porque creían en lo que en Australia una vez se conoció como un “trato justo”. Los primeros socialistas británicos como Keir Hardie eran básicamente emancipacionistas. Pero el hombre generalmente considerado como padre del socialismo moderno, Karl Marx, apoyado por el poder monetario de Engels, introdujo una nota completamente nueva dentro del pensamiento socialista, siendo una característica dominante de la misma el odio hacia aquéllos que poseían una propiedad. Pero Marx jamás atacó ni una sola vez el papel dominante de la finanza en la creación de los problemas sociales que él mismo describía. El socialismo marxista en cualquiera de sus formas disfrutó del apoyo de la Finanza Internacional.

Pero parece que ahora existe un cambio en la táctica por parte de aquéllos que ejercen el poder a través de la manipulación financiera. El socialismo como idea claramente ha perdido su atractivo. Los desastrosos resultados del socialismo marxista tanto en el bloque soviético como en la China comunista han sido ampliamente publicitados. Los programas de “modernización” tanto en el bloque soviético como en China son claramente un intento de hacer que funcionen sistemas productivos irremediablemente quebrados manteniendo al mismo tiempo un sistema político totalitario. Irónicamente, tanto el sistema soviético como el de China son intentos de emulación del tipo de socialismo ensayado en la Alemania nazi y en la Italia fascista. Juzgados únicamente en tanto que sistemas productivos, los socialismos de la Alemania de Hitler y de la Italia de Mussolini eran infinitamente superiores al socialismo soviético.

Los nuevos conservatistas

Tal y como lo apuntó C. H Douglas, la verdadera amenaza para los mejores intereses del individuo no es el socialismo per se, sino la política de Monopolio, la cual se encubre detrás de una variedad de etiquetas. Y la mayor fuerza motriz que se encuentra tras todas las formas de Monopolio es la Finanza Internacional. Si bien no todos los Banqueros Internacionales son judíos, la influencia judía es enorme. No resulta baladí el hecho de que mientras en el pasado los movimientos socialistas marxistas fueron dominados por judíos, como ha sido admitido por un prominente número de escritores judíos, se ha producido, a su vez, en los tiempos recientes, un paso de antiguos judíos radicales hacia lo que se ha venido a denominar Nuevo Conservatismo, o Nueva Derecha. Incluso algunos han venido a sugerir al que esto escribe que la crítica al Sionismo debería ser al menos silenciada, ya que grandes números de judíos están queriendo ahora participar en el Nuevo Conservatismo. Se cita en apoyo la experiencia de lo que ocurre en América, con judíos respaldando al movimiento Mayoría Moral [1]. Pero, tal y como documenta Grace Halsell en su obra Prophecy and Politics, [2] la mayor parte del movimiento Mayoría Moral, encabezado por Jerry Falwell y sus colegas, es una especia de quinta columna sionista que está influenciando seriamente la política exterior americana.

Los Nuevos Conservatistas, incluyendo a gente como la Primer Ministro británica Thatcher, dicen muchas cosas concernientes a la defensa y sostenimiento de valores tradicionales, con los cuales uno puede estar de acuerdo. Pero cuando se realiza un examen de sus políticas financieras y económicas, es cuando se ve que su anti-socialismo no es más que un cambio de énfasis o de detalle en relación al mismo poder centralizado sobre el individuo. El antiguo fabiano H. G. Wells realizó el siguiente comentario profético allá por 1920: “Las Grandes Empresas no son de ninguna manera opuestas o contrarias al Comunismo. Cuanto más crecen las Grandes Empresas, más se aproximan al Colectivismo. Es el camino de arriba de los pocos en lugar del camino de abajo de las masas hacia el colectivismo.”

La Gran Finanza respalda al laborismo

Escribiendo tiempo atrás en 1952, C. H. Douglas previó la forma que iban a adoptar las cosas por venir cuando comentó lo siguiente: “Existen tres sistema económicos. El primero es el Capitalismo genuino; el segundo es el Socialismo genuino; el tercero es el Monopolio. En el primero, el productor trata de satisfacer los deseos del consumidor o de lo contrario va a la quiebra; en el segundo, el productor recibe sus órdenes de una burocracia omnipotente, y el consumidor toma lo que le permiten; en el tercero, el productor sirve a la política de una pequeña omnipotente camarilla. Los tres todavía están en funcionamiento paralelamente, pero el tercer sistema está por el momento eliminando a los otros dos.”

Nada demuestra tan dramáticamente este cambio de táctica en el avance hacia la creación del Estado Mundial como lo que ha ocurrido en Australia y Nueva Zelanda bajo los gobiernos que, aún hoy, todavía se siguen llamando Socialistas Laboristas. En las recientes elecciones en Australia, les resultó difícil a los laboristas de la primera hora referirse a una situación en la que el gobierno de Hawke tuvo las más abiertas bendiciones de las Grandes Empresas, al mismo tiempo que Wall Street apenas disimulaba sus apoyos hacia el Primer Ministro Socialista Fabiano Hawke. Se podría concluir o inferir que un gobierno que permitió que Australia fuera hipotecada a los Bancos Internacionales a un ritmo récord, y que todavía se denomina a sí mismo Socialista, puede imponer más fácilmente sobre los australianos el tipo de “reconstrucción” necesaria para encajar a Australia dentro del Nuevo Orden Económico Internacional. Con una abierta combinación de Grandes Empresas, Grandes Gobiernos y Grandes Sindicatos cada vez más crecientes, y la amenaza de un horrendo sistema de Carnet Identificativo para regular las actividades del individuo, el Estado Corporativo está amenazando abiertamente ya en Australia. Éste es en realidad una forma de Fascismo.

Al otro lado del mar de Tasmania, el gobierno de Lange en Nueva Zelanda disfruta tranquilamente del mismo apoyo procedente del mismo tipo de gente que está apoyando al gobierno de Hawke. Los especuladores apenas se molestan en disimular su gusto hacia lo que se ha venido a denominar la “más libre economía en el mundo”. Hubo un tiempo, durante los años de la Gran Depresión, en que un Partido Laborista de Nueva Zelanda, en coalición con el poderoso Movimiento del Crédito Social, buscaron juntos, tras la victoria electoral de 1935, desafiar a los Monopolistas del Crédito. Pero todo esto fue astutamente pervertido por los agentes de la Finanza Internacional, tal y como aparece resumido por el brillante escritor de investigación neozelandés A. N. Field, en su libro The Truth About New Zealand. Fueron los socialistas marxistas existentes dentro del Partido Laborista de Nueva Zelanda los que jugaron un papel decisivo en servicio de los intereses a largo plazo de la Finanza Internacional, siendo el principal traidor el tesorero Walter Nash. (Es agradable ver que este caso histórico de traición Socialista-Altofinancista ha sido recientemente reeditado).

Usando a los bolcheviques

Antes de la aparición de Marx, y de su Manifiesto de 1848, había habido muchos intentos fallidos de hacer funcionar sistemas económicos socialistas. Pero el marxismo fue visto como un instrumento que la Finanza Internacional podía usar en un programa de desarrollo hacia la creación de un Estado Mundial final. El tremendo incremento en el poder y en la influencia estabilizadora internacional del Imperio Británico durante la última parte del pasado siglo, unido a la ola creciente de prosperidad relativa en los Estados Unidos, fueron percibidos como grandes obstáculos al designio del Estado Mundial, y tenían que ocuparse de ellos. Los bolcheviques fueron usados para imponer sobre los desafortunados rusos una idea, que ya había fracasado. La Unión Soviética fue creada y sostenida para fomentar un proyecto de largo plazo, siendo su primer mayor objetivo la destrucción del Imperio Británico.

Ese objetivo se ha conseguido, aun cuando mucho del antiguo espíritu y cultura británicas permanecen y podrían ser inmediatamente reavivadas dándose las correspondientes circunstancias. La destrucción del conservatista Ronald Reagan y la difícil situación de los Estados Unidos, dan testimonio de la influencia de los poderes del Mal [4]. La victoria electoral de Margaret Thatcher contra los socialistas británicos, se encontró con la aprobación de los Banqueros Internacionales. Sus políticas “monetaristas” gubernamentales han fomentado un mayor centralismo económico, al mismo tiempo que la economía británica es orientada de manera cada vez más creciente a la exportación a la Unión Soviética. La financiación del déficit continúa.

La situación general a lo largo de Occidente es que el Socialismo, como idea, y como medio para avanzar hacia la creación del Estado Mundial, está siendo desechada progresivamente a favor de una estrategia que nacionalmente se asemeja a aquélla de Hitler y Mussolini, al mismo tiempo que se está internacionalizando de manera cada vez más creciente las economías del mundo, incluyendo la de Japón, bajo el Nuevo Orden Económico Internacional. El nombre de este juego es un nombre antiguo: la voluntad de poder, aunque ahora a una escala global. Pocas cosas hay ciertas en los asuntos humanos, pero existe una certeza: todos los programas dirigidos a la centralización del poder llevan consigo las semillas de su propia destrucción. Los daños humanos, sociales y económicos de este violento siglo han sido tan enormes que resulta imposible describirlos adecuadamente. Y probablemente estarán por venir otros peores.

Desde un punto de vista realista, no tiene sentido intentar encarar o ponerse delante de lo que podría describirse como una versión moderna de la estampida de los cerdos de Gadara [5]. Es algo tonto intentar crear nuevos partidos, o incluso intentar influir en los partidos existentes desde dentro. Armados con la Verdad, los individuos han de preservar su propia integridad y asociarse unos con otros, para así llevar a cabo una acción constructiva en orden a resistir aquellas políticas malvadas, que pueden considerarse como una amenaza directa hacia el individuo. La iniciativa individual, descentralizada puede, igual que el joven alemán que tuvo éxito de volar con su pequeño avión sin que fuera estorbado hasta el mismo corazón del Soviet [6], demuestra que lo Enorme o lo Muy Grande es básicamente débil y vulnerable. Esa realidad debería ser aprovechada siempre que sea posible.



[1] Nota mía. Se trata de un lobby creado en 1979 por el telepredicador protestante Jerry Falwell, en apoyo del movimiento neoconservadurista que empezaba ya a aparecer en los años ´70 en Estados Unidos.


[2] Nota mía. En el mismo número del que se ha tomado el artículo, aparece el siguiente texto sobre este libro:

“Prophecy and Politics”

Por Grace Halsell

Sólo hay una cosa mala de este libro explosivo: el precio; particularmente para los lectores australianos y neozelandeses. Si este libro pudiera hacerse circular ampliamente entre los cristianos, se verían obligados a encarar la cuestión de cómo los anticristianos sionistas se han aprovechado interesadamente de las profecías bíblicas.

Grace Halsell, uno de los mejores escritores profesionales de formación cristiana, expone con información de primera mano cómo al menos 50 millones de americanos cristianos sinceros han sido engañados por telepredicadores evangelistas como Jerry Falwell, los cuales actúan como agentes para Israel en los Estados Unidos.

Uno de los aspectos más relevantes de este libro es la experiencia de primera mano del autor en dos de los tours por Israel dirigidos por Jerry Falwell. No se les permitió a los cristianos americanos tomar contacto con sus hermanos cristianos que viven en Israel. La difícil situación de los Palestinos es ignorada.

Todos los cristianos que puedan deberían tener esta oportuna obra.

[3] Nota mía. Aquí Eric Butler comete un error típico de los ambientes anglosajones conservadores de considerar tanto al Imperio Británico como a los Estados Unidos elementos estabilizadores de la paz internacional cuando en realidad surgieron como avanzadilla de un mismo único y proceso revolucionario tendente precisamente a la desestabilización y ruptura de esa armonía internacional que constituía la Cristiandad y que venían representadas hasta entonces primariamente por la Monarquía Hispánica, en primer término, y de manera impropia, deformada y ya altamente tarada por intoxicaciones revolucionarias, la Monarquía Francesa. Evidentemente Butler tiene en mente a la Revolución bolchevique y, en ese sentido, el Imperio Británico y los Estados Unidos representaban, en términos comparativos, un estadio menos revolucionario que el comunista; pero eso, como digo, no quita el carácter revolucionario original de ambas formaciones políticas internacionales artificialmente creadas con el mismo objetivo para el que se crearon los gobiernos comunistas en un estadio ulterior dentro del mismo fundamental proceso revolucionario internacional.

[4] Nota mía. Con independencia de la resistencia que pudiera haber tenido en algún momento Reagan en la aplicación política de la agenda de los representantes de la Alta Finanza (reflejado en el intento de asesinato de su persona) lo cierto es que no se puede considerar a Reagan de manera distinta a como, acertadamente, aparece criticada Thatcher por Eric Butler.

[5] Nota mía. Se refiere al pasaje evangélico en donde Cristo expulsa los demonios de una persona y éstos se adentran en una piara de cerdos que se precipita por un barranco.

[6] Nota mía. Se refiere a la curiosa hazaña llevada a cabo por Mathias Rust.



Fuente: ALOR