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Tema: Artículos de Eric Butler

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    Artículos de Eric Butler

    Más allá del socialismo (The New Times, Vol. 51, Nº 8. Agosto 1987)

    Por Eric D. Butler


    Al igual que Democracia, la palabra Socialismo ha sido una especie de término para todo, significando distintas cosas para distintas personas. Muchos se han llamado a sí mismos socialistas simplemente porque creían en lo que en Australia una vez se conoció como un “trato justo”. Los primeros socialistas británicos como Keir Hardie eran básicamente emancipacionistas. Pero el hombre generalmente considerado como padre del socialismo moderno, Karl Marx, apoyado por el poder monetario de Engels, introdujo una nota completamente nueva dentro del pensamiento socialista, siendo una característica dominante de la misma el odio hacia aquéllos que poseían una propiedad. Pero Marx jamás atacó ni una sola vez el papel dominante de la finanza en la creación de los problemas sociales que él mismo describía. El socialismo marxista en cualquiera de sus formas disfrutó del apoyo de la Finanza Internacional.

    Pero parece que ahora existe un cambio en la táctica por parte de aquéllos que ejercen el poder a través de la manipulación financiera. El socialismo como idea claramente ha perdido su atractivo. Los desastrosos resultados del socialismo marxista tanto en el bloque soviético como en la China comunista han sido ampliamente publicitados. Los programas de “modernización” tanto en el bloque soviético como en China son claramente un intento de hacer que funcionen sistemas productivos irremediablemente quebrados manteniendo al mismo tiempo un sistema político totalitario. Irónicamente, tanto el sistema soviético como el de China son intentos de emulación del tipo de socialismo ensayado en la Alemania nazi y en la Italia fascista. Juzgados únicamente en tanto que sistemas productivos, los socialismos de la Alemania de Hitler y de la Italia de Mussolini eran infinitamente superiores al socialismo soviético.

    Los nuevos conservatistas

    Tal y como lo apuntó C. H Douglas, la verdadera amenaza para los mejores intereses del individuo no es el socialismo per se, sino la política de Monopolio, la cual se encubre detrás de una variedad de etiquetas. Y la mayor fuerza motriz que se encuentra tras todas las formas de Monopolio es la Finanza Internacional. Si bien no todos los Banqueros Internacionales son judíos, la influencia judía es enorme. No resulta baladí el hecho de que mientras en el pasado los movimientos socialistas marxistas fueron dominados por judíos, como ha sido admitido por un prominente número de escritores judíos, se ha producido, a su vez, en los tiempos recientes, un paso de antiguos judíos radicales hacia lo que se ha venido a denominar Nuevo Conservatismo, o Nueva Derecha. Incluso algunos han venido a sugerir al que esto escribe que la crítica al Sionismo debería ser al menos silenciada, ya que grandes números de judíos están queriendo ahora participar en el Nuevo Conservatismo. Se cita en apoyo la experiencia de lo que ocurre en América, con judíos respaldando al movimiento Mayoría Moral [1]. Pero, tal y como documenta Grace Halsell en su obra Prophecy and Politics, [2] la mayor parte del movimiento Mayoría Moral, encabezado por Jerry Falwell y sus colegas, es una especia de quinta columna sionista que está influenciando seriamente la política exterior americana.

    Los Nuevos Conservatistas, incluyendo a gente como la Primer Ministro británica Thatcher, dicen muchas cosas concernientes a la defensa y sostenimiento de valores tradicionales, con los cuales uno puede estar de acuerdo. Pero cuando se realiza un examen de sus políticas financieras y económicas, es cuando se ve que su anti-socialismo no es más que un cambio de énfasis o de detalle en relación al mismo poder centralizado sobre el individuo. El antiguo fabiano H. G. Wells realizó el siguiente comentario profético allá por 1920: “Las Grandes Empresas no son de ninguna manera opuestas o contrarias al Comunismo. Cuanto más crecen las Grandes Empresas, más se aproximan al Colectivismo. Es el camino de arriba de los pocos en lugar del camino de abajo de las masas hacia el colectivismo.”

    La Gran Finanza respalda al laborismo

    Escribiendo tiempo atrás en 1952, C. H. Douglas previó la forma que iban a adoptar las cosas por venir cuando comentó lo siguiente: “Existen tres sistema económicos. El primero es el Capitalismo genuino; el segundo es el Socialismo genuino; el tercero es el Monopolio. En el primero, el productor trata de satisfacer los deseos del consumidor o de lo contrario va a la quiebra; en el segundo, el productor recibe sus órdenes de una burocracia omnipotente, y el consumidor toma lo que le permiten; en el tercero, el productor sirve a la política de una pequeña omnipotente camarilla. Los tres todavía están en funcionamiento paralelamente, pero el tercer sistema está por el momento eliminando a los otros dos.”

    Nada demuestra tan dramáticamente este cambio de táctica en el avance hacia la creación del Estado Mundial como lo que ha ocurrido en Australia y Nueva Zelanda bajo los gobiernos que, aún hoy, todavía se siguen llamando Socialistas Laboristas. En las recientes elecciones en Australia, les resultó difícil a los laboristas de la primera hora referirse a una situación en la que el gobierno de Hawke tuvo las más abiertas bendiciones de las Grandes Empresas, al mismo tiempo que Wall Street apenas disimulaba sus apoyos hacia el Primer Ministro Socialista Fabiano Hawke. Se podría concluir o inferir que un gobierno que permitió que Australia fuera hipotecada a los Bancos Internacionales a un ritmo récord, y que todavía se denomina a sí mismo Socialista, puede imponer más fácilmente sobre los australianos el tipo de “reconstrucción” necesaria para encajar a Australia dentro del Nuevo Orden Económico Internacional. Con una abierta combinación de Grandes Empresas, Grandes Gobiernos y Grandes Sindicatos cada vez más crecientes, y la amenaza de un horrendo sistema de Carnet Identificativo para regular las actividades del individuo, el Estado Corporativo está amenazando abiertamente ya en Australia. Éste es en realidad una forma de Fascismo.

    Al otro lado del mar de Tasmania, el gobierno de Lange en Nueva Zelanda disfruta tranquilamente del mismo apoyo procedente del mismo tipo de gente que está apoyando al gobierno de Hawke. Los especuladores apenas se molestan en disimular su gusto hacia lo que se ha venido a denominar la “más libre economía en el mundo”. Hubo un tiempo, durante los años de la Gran Depresión, en que un Partido Laborista de Nueva Zelanda, en coalición con el poderoso Movimiento del Crédito Social, buscaron juntos, tras la victoria electoral de 1935, desafiar a los Monopolistas del Crédito. Pero todo esto fue astutamente pervertido por los agentes de la Finanza Internacional, tal y como aparece resumido por el brillante escritor de investigación neozelandés A. N. Field, en su libro The Truth About New Zealand. Fueron los socialistas marxistas existentes dentro del Partido Laborista de Nueva Zelanda los que jugaron un papel decisivo en servicio de los intereses a largo plazo de la Finanza Internacional, siendo el principal traidor el tesorero Walter Nash. (Es agradable ver que este caso histórico de traición Socialista-Altofinancista ha sido recientemente reeditado).

    Usando a los bolcheviques

    Antes de la aparición de Marx, y de su Manifiesto de 1848, había habido muchos intentos fallidos de hacer funcionar sistemas económicos socialistas. Pero el marxismo fue visto como un instrumento que la Finanza Internacional podía usar en un programa de desarrollo hacia la creación de un Estado Mundial final. El tremendo incremento en el poder y en la influencia estabilizadora internacional del Imperio Británico durante la última parte del pasado siglo, unido a la ola creciente de prosperidad relativa en los Estados Unidos, fueron percibidos como grandes obstáculos al designio del Estado Mundial, y tenían que ocuparse de ellos. Los bolcheviques fueron usados para imponer sobre los desafortunados rusos una idea, que ya había fracasado. La Unión Soviética fue creada y sostenida para fomentar un proyecto de largo plazo, siendo su primer mayor objetivo la destrucción del Imperio Británico.

    Ese objetivo se ha conseguido, aun cuando mucho del antiguo espíritu y cultura británicas permanecen y podrían ser inmediatamente reavivadas dándose las correspondientes circunstancias. La destrucción del conservatista Ronald Reagan y la difícil situación de los Estados Unidos, dan testimonio de la influencia de los poderes del Mal [4]. La victoria electoral de Margaret Thatcher contra los socialistas británicos, se encontró con la aprobación de los Banqueros Internacionales. Sus políticas “monetaristas” gubernamentales han fomentado un mayor centralismo económico, al mismo tiempo que la economía británica es orientada de manera cada vez más creciente a la exportación a la Unión Soviética. La financiación del déficit continúa.

    La situación general a lo largo de Occidente es que el Socialismo, como idea, y como medio para avanzar hacia la creación del Estado Mundial, está siendo desechada progresivamente a favor de una estrategia que nacionalmente se asemeja a aquélla de Hitler y Mussolini, al mismo tiempo que se está internacionalizando de manera cada vez más creciente las economías del mundo, incluyendo la de Japón, bajo el Nuevo Orden Económico Internacional. El nombre de este juego es un nombre antiguo: la voluntad de poder, aunque ahora a una escala global. Pocas cosas hay ciertas en los asuntos humanos, pero existe una certeza: todos los programas dirigidos a la centralización del poder llevan consigo las semillas de su propia destrucción. Los daños humanos, sociales y económicos de este violento siglo han sido tan enormes que resulta imposible describirlos adecuadamente. Y probablemente estarán por venir otros peores.

    Desde un punto de vista realista, no tiene sentido intentar encarar o ponerse delante de lo que podría describirse como una versión moderna de la estampida de los cerdos de Gadara [5]. Es algo tonto intentar crear nuevos partidos, o incluso intentar influir en los partidos existentes desde dentro. Armados con la Verdad, los individuos han de preservar su propia integridad y asociarse unos con otros, para así llevar a cabo una acción constructiva en orden a resistir aquellas políticas malvadas, que pueden considerarse como una amenaza directa hacia el individuo. La iniciativa individual, descentralizada puede, igual que el joven alemán que tuvo éxito de volar con su pequeño avión sin que fuera estorbado hasta el mismo corazón del Soviet [6], demuestra que lo Enorme o lo Muy Grande es básicamente débil y vulnerable. Esa realidad debería ser aprovechada siempre que sea posible.



    [1] Nota mía. Se trata de un lobby creado en 1979 por el telepredicador protestante Jerry Falwell, en apoyo del movimiento neoconservadurista que empezaba ya a aparecer en los años ´70 en Estados Unidos.


    [2] Nota mía. En el mismo número del que se ha tomado el artículo, aparece el siguiente texto sobre este libro:

    “Prophecy and Politics”

    Por Grace Halsell

    Sólo hay una cosa mala de este libro explosivo: el precio; particularmente para los lectores australianos y neozelandeses. Si este libro pudiera hacerse circular ampliamente entre los cristianos, se verían obligados a encarar la cuestión de cómo los anticristianos sionistas se han aprovechado interesadamente de las profecías bíblicas.

    Grace Halsell, uno de los mejores escritores profesionales de formación cristiana, expone con información de primera mano cómo al menos 50 millones de americanos cristianos sinceros han sido engañados por telepredicadores evangelistas como Jerry Falwell, los cuales actúan como agentes para Israel en los Estados Unidos.

    Uno de los aspectos más relevantes de este libro es la experiencia de primera mano del autor en dos de los tours por Israel dirigidos por Jerry Falwell. No se les permitió a los cristianos americanos tomar contacto con sus hermanos cristianos que viven en Israel. La difícil situación de los Palestinos es ignorada.

    Todos los cristianos que puedan deberían tener esta oportuna obra.

    [3] Nota mía. Aquí Eric Butler comete un error típico de los ambientes anglosajones conservadores de considerar tanto al Imperio Británico como a los Estados Unidos elementos estabilizadores de la paz internacional cuando en realidad surgieron como avanzadilla de un mismo único y proceso revolucionario tendente precisamente a la desestabilización y ruptura de esa armonía internacional que constituía la Cristiandad y que venían representadas hasta entonces primariamente por la Monarquía Hispánica, en primer término, y de manera impropia, deformada y ya altamente tarada por intoxicaciones revolucionarias, la Monarquía Francesa. Evidentemente Butler tiene en mente a la Revolución bolchevique y, en ese sentido, el Imperio Británico y los Estados Unidos representaban, en términos comparativos, un estadio menos revolucionario que el comunista; pero eso, como digo, no quita el carácter revolucionario original de ambas formaciones políticas internacionales artificialmente creadas con el mismo objetivo para el que se crearon los gobiernos comunistas en un estadio ulterior dentro del mismo fundamental proceso revolucionario internacional.

    [4] Nota mía. Con independencia de la resistencia que pudiera haber tenido en algún momento Reagan en la aplicación política de la agenda de los representantes de la Alta Finanza (reflejado en el intento de asesinato de su persona) lo cierto es que no se puede considerar a Reagan de manera distinta a como, acertadamente, aparece criticada Thatcher por Eric Butler.

    [5] Nota mía. Se refiere al pasaje evangélico en donde Cristo expulsa los demonios de una persona y éstos se adentran en una piara de cerdos que se precipita por un barranco.

    [6] Nota mía. Se refiere a la curiosa hazaña llevada a cabo por Mathias Rust.



    Fuente: ALOR

  2. #2
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    Re: Artículos de Eric Butler

    El Crédito Social y la Unión Soviética (The New Times. Vol. 53, Nº 5. Mayo de 1989)

    Por Eric D. Butler


    El autor del Crédito Social, C. H. Douglas, dejó constancia de cómo en los primeros momentos en que se producía el establecimiento de la Unión Soviética por Lenin y sus colegas, fue abordado por una representación de bolcheviques para preguntarle por algún consejo que él pudiera ser capaz de darles. Douglas dijo que no podía dar ningún consejo sobre propuestas financieras de Crédito Social ya que el problema básico que Lenin y sus colegas tenían enfrente era del tipo de cómo restaurar la economía rusa entonces colapsada. Lenin, por supuesto, se vio obligado a intentar lidiar con realidades económicas, como queda atestiguado por su introducción del Nuevo Plan Económico, que suponía una aceptación del hecho de que era esencial un cierto grado de propiedad privada para evitar un colapso económico completo así como un estado de anarquía.

    Gorbachev se enfrenta con el mismo problema, pero en una forma mucho más aguda.

    Lo que ha ocurrido en la Unión Soviética proporciona una evidencia reveladora de que, al contrario de esa visión tan cuidadosamente fomentada de que el Crédito Social no es más que “un esquema de reforma monetaria”, ese mismo crédito financiero puede ser inmediatamente puesto a disposición para propósitos completamente opuestos a la filosofía y política del Crédito Social. Hitler ciertamente desafió la ortodoxia financiera, habiendo confiado fuertemente sus consejeros financieros en las enseñanzas de ese niño mimado de los fabianos más sofisticados: John Maynard Keynes. Lo que era físicamente posible fue hecho, ciertamente, financieramente posible, pero con el fin de que el individuo alemán, juntamente con la industria alemana, quedaran subordinados al Estado. No resulta sorprendente, pues, que un número de gente que erróneamente creía que el Crédito Social consistía simplemente en una creación de crédito por el Estado creyera también que Hitler había introducido una cierta forma de Crédito Social.

    El extravío del “Deán Rojo”

    Pero había otros reformadores financieros que creían que la Unión Soviética había introducido también una forma de Crédito Social, siendo el más notorio de todos éstos el Deán (“Rojo”) de Canterbury, Dr. Hewlett Johnson, que había afirmado durante un tiempo ser partidario de Douglas, pero que más tarde se convirtió en uno de los principales partidarios de la Unión Soviética. El Dr. Johnson había escrito en un tiempo anterior un pequeño folleto, Why Poverty Amidst Plenty?, que presentaba una exposición elemental o rudimentaria de las ideas del Crédito Social diciendo que deberían ponerse a disposición los fondos financieros suficientes para asegurar que los individuos pudieran obtener del sistema productivo aquello que fuera físicamente posible realizar. El Deán se había formado como ingeniero antes de tomar las Sagradas Órdenes [1], y se creía en general por la gente que este fondo formativo fue precisamente lo que le adecuó para convertirse en un promotor del Crédito Social.

    Sin embargo, a continuación de un viaje que hizo a la Unión Soviética, el Deán regresó de aquél para ser contado entre ese largo número de hombres de Iglesia, académicos y otros que se convencieron de que mientras el Occidente estaba, en términos generales, sufriendo los terribles efectos de la Gran Depresión, el Soviet en cambio se ocupaba en crear una “Nueva Civilización”. El Deán escribió un best-seller, The Socialist Sixth of the World, en donde afirmaba que el Soviet se empleaba en abolir la extrema pobreza tan extendida en las naciones “capitalistas”. El Deán obviamente había sido engañado por la misma propaganda cuidadosamente orquestada que era repetida como un evangelio por los dos famosos Fabianos de aquel entonces: Sidney y Beatrice Webb.

    A principios de la Segunda Guerra Mundial Hewlett Johnson hizo una gira de conferencias por Australia, alabando al Soviet. En su meeting de Sydney, el Sr. C. Barclay-Smith, editor del popular periódico de Crédito Social The New Era se le acercó al Deán sosteniendo el folleto del Deán, antes mencionado, sobre el Crédito Social delante de él. La reacción del Deán fue interesante y reveladora: inmediatamente respondió en una forma amable, para a continuación decir que él todavía seguía creyendo en lo que había escrito acerca del Crédito Social, pero que ahora estaba convencido de que la Unión Soviética estaba aplicando el Crédito Social. Decía que ésa era la razón por la que los “capitalistas internacionales” tenían miedo del experimento Soviético. Evidentemente, el Deán no era consciente de que algunos sectores de los “capitalistas internacionales”, financiados por los Bancos Internacionales, se habían estado dedicando a proveer de masivas cantidades de equipo capital al Soviet.

    La opinión de Lenin sobre la Banca

    El Deán sin duda discutió el Crédito Social con la jerarquía soviética, pues más tarde aparece citando a Molotov diciendo que los líderes soviéticos conocían todo acerca del Crédito Social y que era el único movimiento que ellos temían. Los creditistas sociales de aquel periodo fueron confundidos por la opinión del Deán Johnson de que cierta forma de Crédito Social estaba siendo aplicada en la Unión Soviética. No hay duda alguna de que Lenin tenía un cierto conocimiento de la actividad bancaria moderna como lo atestigua una declaración que él hizo justo antes de la Revolución de Octubre de 1917:

    “Sin los grandes bancos, el socialismo hubiera sido imposible. Los grandes bancos son el ´aparato del Estado´, que nosotros necesitamos para llevar a cabo el socialismo, y que nosotros lo tomamos ya hecho procedente del capitalismo… Un solo Banco Estatal, el más grande de los grandes, con sucursales en cada distrito rural, en cada fábrica, constituirá tanto como las nueve décimas partes de todo el aparato socialista. Habrá una contabilidad nacional, una contabilidad nacional de la producción y distribución de bienes; esto será, por decirlo así, algo semejante al esqueleto de la sociedad socialista.” (Obras completas de Lenin).

    “Cocinando” los libros de contabilidad soviéticos

    A las pocas horas de tomar el poder en 1917, Lenin envió un contingente de revolucionarios armados para tomar el control del Banco Estatal del Zar en San Petersburgo. A esto le siguió la cancelación de las acciones de todos los inversores extranjeros en los bancos rusos. A través de una serie de movimientos, el control de toda la banca quedó centralizada en un primer y principal banco mayor, el Banco Narodny (Banco del Pueblo), y cuatro años después, éste fue liquidado y reemplazado por el Gosbank, el mayor instrumento planificador del gobierno soviético.

    A lo largo de los años ha sido extremadamente difícil obtener detalles de cómo operaba el Gosbank, así como un conocimiento de la contabilidad financiera soviética. Año tras año ha estado pareciendo como si el Soviet hubiese estado operando en función de un presupuesto equilibrado, con el Soviet funcionando perfectamente de acuerdo con la teoría socialista. Pero la reciente publicación de un libro altamente revelador, The Coming Soviet Crash, por Judy Shelton, una investigadora becaria en el famoso Instituto Hoover en la Universidad de Stanford, ha penetrado de lleno en lo que de hecho ha sido una monumental estafa. Parece que Gorbachev está muy bien al tanto de cómo los libros de contabilidad soviéticos han sido “cocinados” (manipulados, alterados), y comprende la realidad de la desesperada difícil situación económica del Soviet, la cual es tan seria que, a menos que se obtenga rápidamente ayuda económica y grandes masas de créditos financieros de Occidente, el Soviet se ve amenazado con un enorme colapso interno. No resulta baladí mencionar que aunque The Coming Soviet Crash ha sido publicado por una compañía del establishment, una división de MacMillans, aún así la distribución del libro ha sido saboteada. Esto sugiere que la Finanza Internacional está decidida a que la verdad acerca del Soviet sea censurada, y que todo esfuerzo debe hacerse para asegurar el sostenimiento de Gorbachev.

    Lo que se desprende de The Coming Soviet Crash es que desde los tiempos del establecimiento del Gosbank no ha habido limitación ninguna en lo relativo al flujo de crédito financiero para las industrias estatales centralmente planificadas. Los libros de contabilidad “cocinados” camuflaban el hecho de que todas las deficiencias financieras eran salvadas mediante masivas inyecciones de nuevos créditos provenientes del Gosbank. De esta forma, era posible afirmar que el Soviet era capaz de operar o funcionar con presupuestos equilibrados. Asumiendo que el Deán de Canterbury aceptaba todo lo que los propagandistas soviéticos le estaban diciendo acerca de las políticas financieras del Soviet, resulta quizás comprensible que él llegara a la conclusión de que esto era un tipo de Crédito Social. Parecía que, a diferencia de lo que ocurría en Occidente, la carencia de fondos financieros no constituía un factor limitante para la obtención de cosas hechas en el Soviet.

    Cupones monetarios

    Desde el punto de vista de la producción, el método de Hitler de crear nuevos créditos produjo, durante un tiempo, resultados altamente espectaculares dejando, a su vez, relativamente intacto el sistema de empresas privadas. Pero el programa soviético de empresas controladas estatalmente, incluyendo a la agricultura, desembocó en una irremediable ineficacia burocrática. Sin duda no había problema alguno en el Soviet en lo que a carencia de fondos financieros se refiere. El problema está, como indicaba Douglas, en que el dinero se ha convertido en poco más que en un sistema de cupones. La gente posee tantos cupones que no pueden utilizar, que no resulta sorprendente que los ahorros soviéticos sean relativamente altos. Los bienes son racionados debido a su poca oferta. Un mercado negro en auge opera con la aprobación de las autoridades soviéticas, pues esto ayuda a absorber el vasto volumen de rublos en manos de la gente.

    El cuadro presentado por Judy Shelton, la cual escribe desde un punto de vista financiero estrictamente ortodoxo, es el de una sociedad colectivista embotada o apagada en donde los suministros de alimentos básicos están disponibles a precios relativamente bajos debido a que son subvencionados. El pan es tan abundante que los niños lo usan como balones de fútbol. Los suministros de grano occidental ayudan a asegurar que haya suficiente pan, aún cuando la gente tiene que ponerse en colas para obtenerlo. Las coles y otros productos similares también están disponibles. Los alimentos básicos, así como algunas de las otras añadiduras normales en las sociedades occidentales, a un precio relativamente bajo ha sido un instrumento soviético importante para mantener a las masas soviéticas contentas. En caso de que Gorbachev siga el ejemplo de los comunistas polacos –abolir los descuentos al consumidor en los alimentos para supuestamente producir una mayor eficiencia por medio del funcionamiento de las “fuerzas del mercado”– indudablemente precipitará el mismo tipo de levantamiento que sacudió a Polonia y que condujo a la creación del Movimiento Solidaridad.

    Crédito Social confirmado

    Lo que se ha demostrado en la Unión Soviética es que una sociedad armoniosa de individuos satisfechos requiere de un sistema económico organizado para servir al individuo a través de un sistema financiero que permita al consumidor dictar o mandar lo que quiere del sistema económico. Si los alemanes hubieran recibido acceso directo a los nuevos créditos que estaban creándose, ellos sin duda habrían “votado” por mantequilla antes que por armas. Gorbachev está intentando mover al sistema soviético hacia algo que se aproxima al sistema Nacional Socialista, con una suficiente “liberación” de la economía que le permita operar más creativamente. La filosofía subyacente a todas las formas de planificación centralizada es que el Estado “planifique” y “controle” toda la economía. Australia y otras naciones, con independencia de la etiqueta de sus gobiernos, están siendo influenciados de manera cada vez más creciente por el mismo tipo de filosofía. En la medida en que implementan esta filosofía, se mueven cada vez más cerca hacia el totalitarismo.

    Molotov estaba en lo cierto cuando le dijo al Deán de Canterbury que el Crédito Social era la única amenaza hacia lo que él y sus colegas marxistas estaban intentando en la Unión Soviética. Los acontecimientos dentro de la Unión Soviética continúan confirmando la verdad del Crédito Social. Estos acontecimientos y su impacto en la lucha por el mundo están llevando de manera cada vez más creciente a enfocar más claramente la naturaleza o esencia de esta lucha por el mundo. Esa lucha tiene que ver con el poder y con su uso. Es una lucha antigua, con Gorbachev como un actor más en el escenario mundial.

    Sin duda habrán por delante desarrollos dramáticos durante los cuales los creditistas sociales tendrán nuevas oportunidades de traer las verdades del Crédito Social para referirlas a los acontecimientos.



    [1] Nota mía. Huelga decir que lo de “Sagradas Órdenes” hay que tomarlo aquí en un sentido analógico o metafórico, pues propiamente un anglicano, en tanto que separado de la Iglesia Católica, no puede recibir Sagradas Órdenes de ningún tipo.


    Fuente: ALOR

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    Re: Artículos de Eric Butler

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Una seria desfiguración del Crédito Social


    Fuente: The New Times, Vol. 57, Nº. 8, Agosto de 1993



    Una seria desfiguración del Crédito Social

    Por Eric Butler


    El Dr. Gary North de los EE.UU. escribe dos boletines cristianos bimensuales, “Biblical Economics Today” y “Christian Reconstruction”, publicados por el Institute for Christian Economics. Si bien a lo largo de los años el Dr. North ha hecho ciertas críticas del Crédito Social, muchas de ellas basadas en desfiguraciones, ahora ha producido una obra importante, “Salvación a través de la Inflación”, con el subtítulo de “La Economía del Crédito Social”. Es extremadamente difícil hacer la recensión de un libro cuyo mismo título es completamente deshonesto, dando a entender que el fundador del Crédito Social, C. H. Douglas, abogaba por aquello contra lo que constantemente advertía –la inflación progresiva– prediciendo que ésta estaba matemáticamente asegurada siempre que se continuaran siguiendo las políticas financieras y económicas convencionales.

    Puesto que Gary North hace considerable hincapié acerca de la importancia de tener cualificaciones académicas y estudios académicos hasta el punto de aparecer pomposo y arrogante, sería apropiado subrayar que sus propios estudios académicos en relación al Crédito Social son muy deficientes. Nos dice que “Los historiadores académicos y los economistas prefieren rendir homenaje retroactivo a John Maynard Keynes en lugar de al Mayor Douglas. Keynes, a pesar de todo su extraño comportamiento personal, era un académico. Douglas no lo era. La Teoría General de Keynes era incoherente de una manera académica. Los pequeños libros de Douglas eran incoherentes de una manera amateur. El estilo cuenta mucho en la academia y en los círculos intelectuales elegantes. Keynes tenía estilo. Douglas no lo tenía.” Esta declaración nos dice más acerca de la naturaleza de Gary North que acerca de la de Douglas. Ella sugiere, quizás bajo cuerda, que él es un snob intelectual, lo cual es lamentable.

    Douglas fue un hombre intensamente práctico, con una reputación internacional como consejero ingeniero. Pero todos aquéllos que conocieron personalmente a Douglas están de acuerdo en que él era un hombre altamente cultivado, al mismo tiempo que sus escritos reflejan una amplia gama de conocimientos relacionados con la historia y la literatura. La primera obra importante de Douglas fue Democracia Económica, la cual apareció en series en The New Age, comenzando a partir de junio de 1919. Generalmente considerado como el periódico de lengua inglesa más brillante de aquel tiempo, era editado por el famoso A. R. Orage. Una amplia gama de escritores altamente dotados, incluyendo a G. K. Chesterton y Hilaire Belloc, agraciaron las columnas de este periódico. Algunos, como G. B. Shaw, eran de aquellos socialistas infectados con el virus marxista. Cuando Orage introdujo a Douglas en su periódico, hubo una inmediata división en las filas de sus lectores. Pero un buen número, junto con Orage, captaron la significación de lo que Douglas estaba diciendo.

    Economistas profesionales contestados

    Democracia Económica fue escrito en un tiempo en que el sistema de valores cristiano tradicional todavía era ampliamente aceptado. Por tanto, cuando Douglas escribió que los sistemas –económico, político y financiero– existían para servir al individuo, él no veía necesario explicar la raíz cristiana de este concepto. Todo verdadero estudiante de Douglas sabe que muchas de sus declaraciones de significación profunda aparecen condensadas, y podrían ser ampliadas en un libro. Gary North se hace eco de aquellas primeras quejas de que Douglas era “difícil de leer”. El último intento importante por parte de los “economistas instruidos” y ortodoxos por refutar las opiniones económicas de Douglas fue de hace 60 años, cuando en Australia el Profesor Douglas Copland, uno de los arquitectos de la Gran Depresión en Australia, escribió un folleto con el título de Hechos y Falacias del Crédito de Douglas. Copland era Decano de la Facultad de Comercio en la Universidad de Melbourne en aquel tiempo. Por ese mismo tiempo, un importante economista británico, el Profesor Robbins, de la Universidad de Londres, también estaba haciendo una refutación de Douglas. Douglas replicó tanto a Copland como a Robbins en su libro, La Nueva y la Antigua Economía.

    Igual que Gary North, Copland había criticado el estilo literario de Douglas, diciendo que “sus escritos no se han caracterizado por esa claridad de expresión que permitiría al hombre medio poder seguirle con seguridad.” Douglas comentó que, “Resulta, desgraciadamente, inevitable que el proceso propio del pionero no esté usualmente asociado contemporáneamente con el establecimiento de carreteras de alta velocidad…” Douglas continuó subrayando que en los libros posteriores a Democracia Económica, él había dedicado una enorme atención a la clarificación de cualesquiera oscuridades que aparecieran en sus primeros trabajos. Douglas decía que esta materia era de una clase difícil “que implicaba muchas sutilezas, tanto de pensamiento como de lenguaje”. Pero un gran número de lectores habían captado a lo largo de los 14 años anteriores su significado, el cual estaban destinados a transmitirlo. Una de las características del crecimiento del movimiento del Crédito Social fue la cualidad de los individuos que captaron lo que Douglas tenía que decir. Los ingenieros, en general, captaron inmediatamente lo que él estaba diciendo.

    Puesto que Gary North hace la afirmación de que no resulta fácil, para alguien que esté interesado, leer todos los libros y artículos de Douglas con el fin de poder decidir si el Crédito Social es verdadero o no, ya que “Los libros del Mayor Douglas no están todos en imprenta. No están fácilmente disponibles”, es necesario subrayar que La Antigua y la Nueva Economía nunca ha dejado de estar en imprenta y está fácilmente disponible. Con la excepción de su El Timo de la Tierra para el Pueblo (Elegido), no sólo están disponibles todas las numerosas obras de Douglas, sino que también en El Desarrollo del Dominio Mundial la Secretaría del Crédito Social republicó una selección de los escritos de Douglas hasta el tiempo de su muerte en 1952. El académico Gary North aparentemente no sabe nada acerca del cuerpo oficial establecido por Douglas para la transmisión de sus enseñanzas para el futuro. Si Gary North hubiera hecho alguna genuina investigación desde el principio, habría sabido que el primer Presidente de la Secretaría del Crédito Social, después de la muerte de Douglas, fue un distinguido científico británico, el Dr. Tudor Jones. Si hubiera continuado sus investigaciones, habría descubierto que hubo unos pocos importantes creditistas sociales con Doctorados, considerando que esto es claramente algo muy importante a los ojos de Gary North. Sus investigaciones le habrían conducido también a descubrir que el sucesor del Dr. Tudor Jones fue el Dr. Bryan Monahan de Canberra, uno de cuyos últimos libros, Libertad e Inflación, fue consagrado al examen de la amenaza de esa misma inflación que Gary North dice que el Crédito Social aboga.

    La calumnia “antisemíta”

    Se han presentado estas cuestiones primariamente para demostrar que Gary North es alguien altamente poco fiable cuando se adentra en cuestiones que requieren hechos demostrables. Él presenta la antigua calumnia “antisemita”. El “antisemitismo” es, por supuesto, uno de los insultos más de moda de los tiempos recientes e, incluso, se aplica a aquellos judíos que no respaldan servilmente la línea sionista. El gran escritor ruso, Solzhenitsyn, cuando fue tildado de “antisemitismo” por el hecho de dar la lista de los nombres de aquéllos que operaban los muy conocidos gulags soviéticos, muchos de los cuales resultaron ser judíos, sugirió que ya había llegado el tiempo de dejar de usar un término que ya había quedado drenado de toda relación con la realidad. Gary North repite la vieja afirmación de que Los Protocolos fueron una “falsificación” producida por la policía secreta del Zar a finales de la década de 1890, citando como autoridad el libro del escritor judío Norman Cohn, “Orden de Genocidio”. Si, de hecho, estos documentos son una falsificación, ¿significa eso que existen algunos originales? La verdad es, por supuesto, como han mostrado un buen número de académicos como el historiador británico Nesta Webster, que los orígenes de estos documentos pueden remontarse a documentos mucho más tempranos.

    Gary North cita lo que dice Douglas en su libro Crédito Social acerca de la cuestión judía, finalizando con la declaración de Douglas de que “De los judíos mismos podría decirse que exhiben una idea de conciencia de raza en una medida que no tiene semejanza en ninguna otra parte, y es justo decir que su éxito en muchas profesiones de la vida se debe primariamente a su adaptación a un ambiente que ha sido moldeado conforme a sus propios ideales”. Pero él no termina lo que Douglas decía: “Eso es lo más lejos a lo que parece conveniente llegar, y puede que haya mucho más que decir en el otro lado. Sin embargo, pienso yo, eso no se ha dicho de tal forma como para eliminar la sugerencia, la cual no tiene por qué ser una sugerencia ofensiva, de que los judíos son los protagonistas del colectivismo en todas sus formas, ya estén camufladas bajo el nombre de socialismo, fabianismo, o “grandes empresas”, y que los que se oponen al colectivismo han de dirigir su mirada hacia los judíos en busca de una respuesta para el enjuiciamiento de la teoría misma. En todo caso debería enfatizarse que son los judíos como grupo, y no como individuos, los que están en juicio, y que el remedio, si se requiere uno, consiste en romper la actividad del grupo”.

    Douglas ha dicho que el comportamiento del día a día de muchos judíos aparece más que favorable en comparación con el de otra gente. La declaración completa de Douglas da un cuadro mucho más exacto de sus opiniones acerca del problema judío, y cómo podría resolverse de la mejor manera con beneficio para los judíos individuales. La verdadera tragedia de las bases del pueblo judío es la explotación de la filosofía colectivista con vistas a utilizarlos como una especie de carne de cañón por parte de sus líderes con voluntad de poder. El problema se ha intensificado con la aparición del movimiento sionista internacional. Tal y como han subrayado un buen número de eminentes académicos judíos, el judaísmo moderno es una extensión del fariseísmo. La voluntad de poder constituye una amenaza mortal para los mejores intereses del individuo, con independencia de su nacionalidad. Pero cuando la voluntad de poder se expresa a través de un tipo de colectivismo impuesto sobre el pueblo judío durante un largo periodo de tiempo, y vinculado con el concepto de “Raza Elegida”, el resultado viene a ser explosivo. Un buen número de valientes judíos han intentado tratar con este tema, pero con poco éxito. El famoso Dr. Oscar Levy habló de un tipo de “locura” que ha venido recorriendo a lo largo de miles de años.

    Douglas no fue original en lo que decía acerca del problema judío. Pero en lo que sí era original era en su política en favor de la descentralización de todo poder. Predijo correctamente que mientras permaneciera el fallo básico en el sistema económico-financiero, el proceso hacia una cada vez mayor centralización aparecería como algo “inevitable”. Douglas no era un “reformador”, como afirma Gary North. Y ciertamente no era un “economista instruido”, como subraya Gary North. Sin embargo, Douglas era un ingeniero instruido con un conocimiento íntimo de la contabilidad de costes. Fue gracias a su formación que durante la Primera Guerra Mundial fue hecho Superintendente Auxiliar del Gobierno de la Fábrica de Aeronaves de Farnborough con el propósito de resolver sus problemas. Fueron las experiencias de Douglas durante este periodo las que le llevaron a su conclusión de que la industria moderna, a lo largo de un periodo dado cualquiera, estaba distribuyendo poder adquisitivo insuficiente a los consumidores como para poder pagar el total de precios creados durante el mismo periodo. Douglas formalizó aquello que estaba teniendo lugar en su famoso teorema A + B.

    Un teorema puede ser descrito como una declaración de un hecho, el cual no es evidente por sí mismo. Lo mismo podría decirse de un axioma, el cual puede demostrarse que es verdadero. Douglas posteriormente proporcionó una prueba matemática del teorema A + B. Jamás han sido refutadas ni las premisas ni el razonamiento de la prueba, aunque muchos críticos de la teoría han sido repetidas veces desafiados a intentar hacerlo. Gary North rechaza el teorema A + B pero no hace ninguna referencia a la prueba matemática presentada por Douglas. Simplemente adorna las cifras de supuestas pruebas refutadoras del teorema A + B, con la conclusión general de que, de hecho, no hay deficiencia “en el poder adquisitivo”. Pero era imposible mantener esta aproximación al tema durante la Gran Depresión de los años treinta, cuando era claramente obvio que existía una pobreza generalizada en medio de una abundancia actual o potencial. Un gran número de personas prominentes, incluyendo a Su Majestad el Rey Jorge V, al entonces Príncipe de Gales, más tarde Duque de Windsor, y a Winston Churchill, deliberadamente llamaron la atención acerca del hecho de que el problema básico no era uno de producción, sino uno de consumo, una falta de poder adquisitivo adecuado. La Cámara de Comercio de Southampton, una de las mayores Cámaras del mundo en aquel tiempo, dirigió su propia investigación y, en esencia, ratificó lo que Douglas estaba diciendo. La creación de crédito por el sistema bancario y sus métodos de funcionamiento constituían el principal problema.

    El papel de John M. Keynes

    El desafío de Douglas al Monopolio del Crédito alcanzó la fase en la que algo había de hacerse para defender ese monopolio. De ahí viene pues la entrada en escena del “académicamente erudito” de Gary North, John Maynard Keynes. Al mismo tiempo que va criticando el programa inflacionario defendido por Keynes, a parte de decirnos que Keynes tenía “estilo”, no se nos dice en ningún sitio por qué Keynes fue preferido a Douglas. Keynes había admitido, en una forma indirecta, que Douglas tenía razón acerca de la deficiencia de poder adquisitivo. Escribiendo en The Social Crediter del 4 de marzo de 1950, Douglas decía que “Para todo aquél que haya estado en estrecho contacto con los acontecimientos de los diez años anteriores al estallido de la segunda fase de la guerra, resultó obvio que Keynes, así como la distorsión keynesiana de la tesis del Crédito Social, constituyeron la respuesta de los Financieros al ataque realizado sobre los Banqueros. Keynes era un hombre hábil, y fue provisto de la mejor asistencia que el dinero ilimitado podría proporcionar; y la Propuesta Keynesiana para el Gasto Deficitario, mediante la cual la subdistribución de poder adquisitivo, revelada por el Teorema A + B, y muy astutamente admitida por Keynes, era emparejada con dinero emitido para financiar Obras Públicas que no iban dirigidas a la venta… fue un truco brillantemente diseñado para poner a la población permanentemente a trabajar al servicio de los amos de Lord Keynes.” Keynes se convirtió en el Director del Banco de Inglaterra.

    En el Apéndice B de Salvación a través de la Inflación Gary North emite un grandioso desafío a los “Líderes del Crédito Social”. Una vez más, el tono en que Gary North escribe resulta revelador: “He escrito el primer libro académico publicado desde finales de la década de 1930 que refuta la economía del Crédito Social.” “Todos aquellos defensores del Crédito Social que se han presentado en nombre solo del Mayor Douglas simplemente no merecen el tiempo de nadie o la energía para desafiarlos. Son defensores de algo que claramente constituye una causa perdida desde hace tiempo. Son intelectualmente incapaces de escribir libros. Todo lo que ellos publican son pequeños folletos y un boletín ocasional… no pueden reclutar a aquellas personas bien educadas y profesionales, que resultan vitales para el liderazgo en un movimiento de reforma económica serio.

    Intentar dar una respuesta a Gary North es casi imposible habida cuenta de que su libro Salvación a través de la Inflación contiene muchas declaraciones asombrosamente falsas o engañosas sobre el Crédito Social. Algunas de estas declaraciones son tan atrozmente falsas que la cosa más benigna que uno podría sugerir es que Gary North se ha dejado llevar de su propia opinión inflada acerca de su propia capacidad. Para que quede constancia, no haré una lista más que de unos pocos ejemplos.

    Como introducción a su libro, Gary North cita, obviamente con su aprobación, una declaración del austriaco Ludwig von Mises, en la que Douglas viene a ser vinculado con Pierre Joseph Proudhon, Ernest Solway y una “multitud de otros reformadores” que “quieren reducir el tipo de interés a cero y, de esta forma, abolir conjuntamente la garantía del ´capital´”. En ningún momento Douglas abogó por una política semejante.

    En el Prefacio de Gary North, él escribe que “Bajo el Crédito Social el Estado tomaría el control de la función económica de los banqueros: creando crédito y decidiendo qué negocios lo recibirán.” Esto es completamente falso, como lo testimonian muchas declaraciones de Douglas acerca de los peligros de un Monopolio Estatal de creación de crédito financiero. ¿Por qué Gary North ignoró esas declaraciones y tergiversó a Douglas?

    Gary North urge a sus lectores a no ser engañados por “un montón de afirmaciones”. Se podría muy bien aconsejar a Gary North a que atendiera a su propia recomendación. Él afirma que las reformas propuestas por el Crédito Social “producirán un crecimiento económico espectacular, que es lo que el Mayor Douglas prometía”. Desafío a Gary North a que documente esta afirmación. Douglas dijo que la política de “crecimiento económico” constituía algo necesario como un intento de poder hacer funcionar al sistema ortodoxo económico-financiero, resultando todo ello en un enorme despilfarro de la capacidad productiva y de los recursos. En un tiempo en que se ha puesto de moda hablar de conservación medioambiental, resulta apropiado puntualizar que Douglas subrayaba que los varios tipos de sabotaje económico venían a ser esenciales como un intento de poder hacer funcionar al actual sistema. La “obsolescencia programada” constituye una práctica estándar en muchas industrias. Los agricultores se ven forzados a “minar” sus tierras en lugar de practicar el buen cultivo, todo ello en nombre de la ortodoxia financiera.

    No hay ni un solo punto en esta revisión general del libro de Gary North que trate de la supuesta prueba de que Douglas estuvo en el error en relación al teorema A + B y a la deficiencia de poder adquisitivo. Hubo una considerable discusión sobre esta materia en los primeros días del movimiento del Crédito Social, y las columnas de The New Age y otros periódicos se llenaron de discusiones acerca de este asunto. Gary North no dice nada que no haya sido dicho ya antes. Pero la realidad es que una estructura de deuda en expansión para poder financiar la producción de capital; la creciente deuda del consumidor que permite a la gente hipotecar sus ingresos futuros para poder comprar hoy la producción que está al momento disponible; y la feroz lucha por “capturar” mercados extranjeros, un tipo de guerra económica…, todo ello demuestra la validez del análisis de Douglas.

    Los métodos de Douglas

    Resultará de ayuda, sin embargo, llamar la atención sobre el hecho de que los métodos de Douglas mediante los cuales él llegó a su conclusiones, eran igual de importantes que sus descubrimientos. Douglas no estableció alguna proposición teórica al tiempo que iba analizando el funcionamiento del sistema económico-financiero. Ni siquiera incluso presentó una hipótesis de trabajo para dar cuenta de lo que claramente eran hechos observables y verificables. Él adoptó el método de aproximación inductivo de Francis Bacon, generalmente considerado como el padre de la ciencia moderna. Únicamente, una vez que Douglas había finalizado su análisis inductivo, sólo entonces se desplazaba hacia una línea de aproximación deductiva. Tanto las pruebas inductivas como deductivas confirmaron que a lo largo de un periodo dado de tiempo, la industria distribuye poder adquisitivo insuficiente como para poder comprar su propia producción. Para alcanzar sus conclusiones, Douglas siguió los métodos de la ciencia empírica.

    Hubo un tiempo en que The Australian Year Book solía publicar los precios totales anuales de la producción y los precios totales de los ingresos y salarios distribuidos. Éstos demostraban que los precios totales siempre estaban muy por encima de los sueldos y salarios totales. Pero en años recientes el Year Book ya no hace disponible más esta importante información tan fácilmente. Una declaración simple, pero exhaustiva, del teorema A + B viene proporcionada por el creditista social australiano J. D. Malan quien, igual que su padre antes que él, un creditista social pionero, fue un ingeniero profesional instruido. Bosqueja un claro ejemplo de la verdad de la declaración de Douglas de que, en el mundo físico, el verdadero coste de la producción lo constituye el consumo total que se ve implicado en dicha producción, y que con cada mejora en la técnica el verdadero coste de la producción se va progresivamente reduciendo.

    Un grupo de isleños nativos que nunca han oído hablar de dinero podrían construir un puente, siempre que tuvieran los materiales necesarios para su construcción. El coste real consistiría en los materiales usados y en la comida consumida durante su construcción. Una vez completado el puente, sería considerado como un activo de la comunidad. No habría deuda alguna. El coste real de la producción ha sido satisfecho a medida que se iba construyendo el puente.

    Correcto en un punto

    Gary North tiene razón en un punto: “… las crisis económicas son perfectas para la innovación económica.” La mayoría de las personas van a ver al doctor cuando están enfermas. Y siempre que el cuerpo no se haya gravemente dañado demasiado a causa de la enfermedad, podrá regenerarse él mismo siempre y cuando quede eliminada la causa de la enfermedad. La mayoría de la gente no se toma un profundo interés en los temas políticos y económicos excepto en tiempos de crisis. Douglas se tomó con filosofía la duración del tiempo que debería transcurrir para un cambio en las políticas desastrosas, subrayando que los acontecimientos y la “larga palanca enderezadora de la historia” traerían el cambio –siempre y cuando hubiera un adecuado número de creditistas sociales informados y cualificados para proporcionar servicio y consejo realista.

    Gary North dice que él considera a su libro “como una especie de vacuna contra un periodo próximo de depresión económica”. Él cita al disidente soviético Shafarevich para demostrar cómo durante el pasado siglo “pequeños grupos peculiares socialistas discutieron aisladamente sus ideas económicas…” “Y entonces, sin aviso, estas ideas barrerían toda una nación y se convertirían en la base de un exitoso programa político.” Solamente un iletrado de la historia aceptaría la opinión de Shafarevich acerca de lo que aconteció en la Unión Soviética. Tal y como dice Spengler en su La Decadencia de Occidente, ninguna revolución de la historia moderna ha tenido lugar sin el respaldo del Poder Monetario. El Poder Monetario Internacional llevó a Lenin y a sus revolucionarios marxistas al poder en el Soviet y, con masivas transfusiones de sangre económica, le sostuvieron ahí mientras fue útil. Ese mismo poder está ahora tratando de arrastrar al antiguo Imperio Soviético dentro del muy publicitado programa del “Nuevo Orden Mundial”.

    Una falsa declaración

    Gary North, mirando hacia el futuro, predice que, “Espero que la próxima crisis económica sea inflacionaria, y no deflacionaria”, para a continuación hacer la completamente falsa declaración de que “El Crédito Social es un sistema diseñado para una época deflacionaria, y no para una inflacionaria”. Los “expertos” financieros ortodoxos, incluyendo a aquellos “economistas instruidos”, sólo tienen una respuesta para la inflación: la deflación resultante a partir de una restricción en el ritmo de creación de nuevo crédito financiero. Los resultados devastadores de esta política pueden observarse a nivel mundial, con desempleo masivo y una creciente desintegración social. Incluso el “milagro” alemán, que Gary North dice que fue el resultado de una política deflacionaria en 1948, junto con el “milagro” japonés, se han evaporado. Aparentemente Gary North no es consciente de que la Alemania Occidental fue puesta en pie después de la Segunda Guerra Mundial gracias a la abolición de sus deudas y al Plan Marshall. Existía un vasto ámbito para la reconstrucción a causa de los masivos daños del periodo bélico. Pero, igual que en Japón, la expansión económica se basó en una acumulación de deuda financiera.

    La opinión de Gary North de que la “reforma monetaria deflacionaria” puede finalmente derivar en prosperidad, parece reflejar su filosofía, la cual él afirma que se fundamenta en la Biblia. Bien puede predecirse que, en ausencia de una seria modificación de las actuales políticas financieras y económicas, no se originará ninguna prosperidad ni estabilidad social a partir de las actuales políticas financieras y económicas. El desarrollo de los acontecimientos está confirmando la opinión de Douglas de que finalmente se desmoronarán los fundamentos de la Civilización Occidental siempre y cuando se siga utilizando el incremento de la centralización del poder en un intento por preservar aquellas políticas. Si Gary North estuviera tan bien informado acerca del Crédito Social como hace creer a los lectores de su libro, él sabría que, a medida que se desenvolvían la Segunda Guerra Mundial, que Douglas predijo, así como los acontecimientos posteriores, Douglas fue dedicando su atención de manera creciente a los asuntos filosóficos fundamentales, incluyendo el asunto del constitucionalismo. Gary North aconseja a sus lectores, que deseen saber si el Crédito Social es verdadero o falso, que lean todos los libros y artículos de Douglas, pero entonces a continuación hace la completamente falsa declaración de que los libros de Douglas “no están todos en imprenta”, con la insidiosa insinuación de que ésta ha sido una política deliberada por parte de los creditistas sociales. Con la excepción de El Timo de la Tierra para el Pueblo (Elegido), todos los libros de Douglas y sus principales discursos están en imprenta. En Australia, donde los creditistas sociales tuvieron en cuenta el consejo de Douglas de no quedar absorbidos en las ciénagas de la política de partidos, The New Times, que disfruta de una circulación internacional, se ha venido publicando continuamente durante cerca de 60 años. Cursos de estudio de Crédito Social se están expandiendo constantemente mediante el uso de videos. Una escuela avanzada de Crédito Social es conducida desde Brisbane, Queensland, bajo la dirección de un hombre con una larga carrera profesional como contable.

    El papel de la League of Rights

    La estrategia del Crédito Social en Australia tras la Segunda Guerra Mundial tomó forma a través de la Australian League of Rights, cuya base filosófica aparece indicada en su primer objetivo, defender el concepto cristiano de Dios. Incluso sus enemigos admiten que la League of Rights es el movimiento político no partidista más influyente en Australia, junto con referencias ocasionales a sus políticas de “dinero falsificado”. Actualmente la League of Rights está fuertemente implicada en la defensa de la Constitución Federal Australiana y del sistema Monárquico de gobierno. Cualquiera que haya leído el último discurso importante de Douglas, Constitucionalismo Realista, pronunciado después de la Segunda Guerra Mundial, sabrá por qué los creditistas sociales australianos se preocupan vitalmente del constitucionalismo.

    Pero un estudio de Salvación a través de la Inflación sugiere que las lecturas de North no le han llevado más allá de la primera edición (1937) de El Experimento de Alberta. De esta forma, North comete uno de sus numerosos errores fácticos al declarar que el Primer Ministro Aberhart del Gobierno del Crédito Social Albertano, “nunca instituyó ninguna de las recomendaciones de Douglas. De esta forma terminó la primera y más importante victoria política en la historia del Crédito Social”. Quizás pueda ayudar a Gary North con una pequeña verdadera historia. Él la podrá encontrar en mi Introducción a la edición de 1984 de El Experimento de Alberta y en las notas de los acontecimientos ocurridos suministradas por L. D. Byrne, consejero económico para el Gobierno Albertano y representante personal de Douglas. El error inicial cometido por Aberhart fue el de tratar de ser y actuar como un experto financiero. Había captado la orientación general de las ideas de Douglas, pero carecía de una comprensión de la técnica. Estaba siendo descarrilado por aquellos intereses financieros que poseían un interés creado en prevenir la implementación de cualquiera de las ideas del Crédito Social.

    El resultado final fue una revuelta por parte de un buen número de creditistas sociales mejor informados en el Parlamento albertano, con el nombramiento final de una delegación que sería enviada para ver a Douglas y para invitarle a venir a Alberta. La reacción de Douglas fue que, puesto que el Gobierno albertano había hecho prácticamente todo lo posible por desacreditar al Crédito Social, antes de que él se implicara requirió una invitación de parte del Gobierno para él mismo, o para las personas que él nombrara, para visitarles con el solo propósito de obtener un informe de primera mano sobre los hechos. Esto fue aceptado y finalmente L. D. Byrne, un hombre de considerable experiencia en los negocios y un devoto cristiano, se vio él mismo nombrado para ser consejero económico para el Gobierno de Aberhart. La estrategia ideada era la de unir a los Miembros del Parlamento en una política diseñada para romper el control del monopolio del Crédito en la provincia. Dicha estrategia fue seguida paso a paso durante cinco años, siendo Aberhart aconsejado por el representante de Douglas. Hubo muchos resultados beneficiosos. La trágica muerte de Aberhart en 1943 y su sucesión por el fuertemente pro-sionista Ernest Manning, quien finalmente terminó como director de banco, constituye en sí misma otra historia.

    Un importante problema

    Un importante problema con el libro de Gary North es que realiza tantas declaraciones abiertamente falsas o engañosas que se necesitaría un buen número de libros para intentar poder tratar con todas ellas. Puesto que los libros de Douglas contienen muchas críticas tanto de los planes utópicos como de las Planificaciones Estatales, resulta increíble que Gary North acuse a Douglas de apoyar aquello que precisamente él repudiaba. Resulta asombroso leer que Douglas abogaba por el cierre de los bancos privados por parte del gobierno, y que apoyaba tipos de intereses cero. Como defensor del patrón oro, Gary North escribe que “hubo un crecimiento económico tremendo bajo el sistema del patrón oro, como Douglas bien sabía aunque se negara a mencionarlo. Lo que tenía que explicar era cómo podía ser esto cierto si su teoría económica era también cierta”. Un estudio sobre Douglas muestra que él subrayaba que no había básicamente nada de malo en el desarrollo del sistema de libre empresa del último siglo, con consumidores dictando a través de sus soberanos de oro qué producción era la que requerían. El único problema era que algunas personas no poseían suficientes soberanos de oro. No estoy acusando a Gary North de “negarse” a mencionar este hecho, sino que más bien parece que no tiene demasiada consciencia acerca de lo que Douglas dijo.

    ¿Y cómo llega Gary North a la conclusión de que el “Crédito Social rechaza la bajada de precios”? Un factor clave en las propuestas de Douglas consistía en una progresiva reducción en los precios, que reflejara la caída que estaba teniendo lugar en los verdaderos costes de la producción. Si el tan cacareado academicismo de Gary North no le ha traído las opiniones de Douglas acerca de los males de la inflación y de su defensa de un programa de reducción de precios, estoy seguro de que habrá creditistas sociales que le ayudarán en ello. Una aplicación parcial de la política de Douglas para superar la inflación fue usada en todas las naciones de habla inglesa, mediante el uso de descuentos en los precios para el consumidor. El uso de esta política en Australia derivó en una inflación cero durante cinco años, de 1943 a 1948.

    Una duda acerca del cristianismo

    Puesto que Gary North pone en duda el compromiso de Douglas con el cristianismo, el comentario más caritativo que se puede hacer es que de nuevo su estudio sobre Douglas ha sido muy limitado. En su Posición Realista de la Iglesia de Inglaterra, Douglas se describía a sí mismo como un miembro de esa Iglesia, pero era crítico con el papel de esa Comunión. Subrayaba la importancia del “cristianismo práctico” con especial referencia a la Doctrina de la Encarnación, apuntando que la expresión de la fe en una Verdad no hace en sí misma que las cosas ocurran; que se ha de idear el mecanismo apropiado. Douglas condenó el colectivismo y la centralización del poder como manifestaciones de la creciente ascensión del Anticristo, con la creatividad del individuo siendo suprimida. En su Constitucionalismo Realista, Douglas mencionó el Credo Atanasiano y la naturaleza trinitaria de la realidad. De mi larga experiencia como creditista social puedo decir que muchos creditistas sociales han venido a considerar al cristianismo como teniendo mucha más relevancia con los asuntos de los hombres de lo que previamente pensaban.

    Se dejó bien claro en la correspondencia de Gary North con Chas Pinwill, tal y como se publicó en El Diálogo Norte-Sur, y en sus declaraciones hechas en Salvación a través de la Inflación, que una de las razones por las que él se opone al Crédito Social es por la interpretación del cristianismo que él tiene. Aunque Chas Pinwill se aproximó a Gary North con un espíritu cristiano, invitándole a que proporcionara una conclusión final a la correspondencia que había iniciado con North en relación con sus opiniones sobre el Crédito Social, ésta nunca fue proporcionada. Chas Pinwill dijo que la conclusión final de Gary North podría “representar aquello que tú más desearías dejar al mayor número de lectores, que son a quienes se pretendía eventualmente poner a disposición este diálogo”. Gary North dice que cuando Chas Pinwill le envió en 1990 un manuscrito, él respondió “privadamente”, “con la esperanza de salvar al Sr. Pinwill del embarazo de ir a la imprenta con numerosos errores. Yo había asumido, sin embargo, que el Sr. Pinwill era consciente de la ley de copyright internacional y que la acataría, la cual dice que no más de un uno por ciento de la carta privada de un autor puede ser reproducida literalmente sin su permiso. Él no se atuvo a la ley.” Esto suena como la especie de legalismo farisaico que Cristo denunció, más que como la reacción propia de un cristiano con otro.

    Sin embargo, Gary North, al pasar por alto condescendientemente la ignorancia de una ley por Chas Pinwill, dice que “No voy a acusarle de falta moral. El Sr. Pinwill es probablemente un compañero muy bueno. Pero él no sabe nada acerca de la etiqueta académica ni de la ley de copyright internacional. Ése es el problema que afronta todo movimiento que está conducido por amateurs. No saben lo que están haciendo”. Uno no puede dejar de quedar impresionado por la falta de modestia de Gary North.

    Un desafío

    Él desafía a los líderes del Crédito Social –dos de Inglaterra, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica– a producir algún tipo de respuesta colectiva a Salvación a través de la Inflación, siendo la respuesta a través de un manuscrito de 150 páginas para ser enviado a Gary North para el 23 de septiembre de 1993. En caso de no hacerlo, Gary North comenzará anunciando en 1994 “¡El Devastador Ataque contra la Economía del Crédito Social Que Ningún Líder Creditista Social Ha Estado Dispuesto O Ha Sido Capaz de Responder!” No puedo hablar en nombre del Movimiento del Crédito Social, pero como creditista social a tiempo completo puedo decir a Gary North que mi primera condición antes de cualquier discusión sobre el Crédito Social con él sería que primero corrigiera las muchas afirmaciones incorrectas verificables que él hace en su libro. Estoy completamente familiarizado con el viejo truco en los debates de erigir hombres de paja con el propósito de destruirlos.

    El amor propio de Gary North es tal que hasta tiene en cuenta qué tipo de táctica podría ser usada por los creditistas sociales contra él: “…No creo que adoptéis la estrategia del silencio. Los líderes de los cultos religiosos son psicológicamente incapaces de permanecer en silencio cuando alguien ataca al Fundador en un libro completo dedicado a desafiar al Fundador… Pienso que algunos de vosotros haréis de la refutación de este libro el trabajo de vuestra vida, mes tras mes”. Solamente estoy haciendo una revisión general de su libro porque me han enviado la copia de una reseña y porque su publicación será de cierto interés para los creditistas sociales.

    Claro en un asunto

    Gary North es claro en un asunto importante: Rechaza la opinión de Douglas, y de un gran número de personas que no son creditistas sociales, de que el problema básico que confronta a la humanidad es el de cómo mantener una política de “pleno empleo” cuando la revolución tecnológica, una ampliación de la revolución industrial, hace más fácil, de manera cada vez más creciente, que las necesidades de los individuos puedan ser provistas con solamente una fracción de la población participando en el sistema productivo. Una creciente Edad de Ocio no sólo es físicamente posible, sino que también es esencial si se quiere dar marcha atrás a la desintegración de la civilización. Como Douglas subrayó, el más importante factor en la producción moderna no es el trabajo humano, sino una herencia cultural que todo individuo tiene derecho a compartir. En una economía monetaria, los dividendos financieros que progresivamente van suplantando a los sueldos, con una reducción de manera responsable de la vida laboral de la gente, constituyen las vías evidentes para transmitir los beneficios de la herencia cultural al individuo. Ahora bien, Gary North no quiere saber nada de esto, pues es contrario a su concepto de economía de la escasez con trabajo duro para todos. El cliché de que recibir algo por nada es algo que en cierta forma favorece la inmoralidad, es un lugar común entre aquéllos que se adhieren a la filosofía de Gary North. Mientras tanto, los individuos continúan respirando el aire sin el cual no podrían vivir, y tampoco nadie niega el acceso a la luz del sol, que únicamente podría ser considerada como uno de los aspectos de la Gracia inmerecida de Dios. El concepto de dividendo es descrito por Gary North como el de una especie en la que se pone a toda la nación a “cobrar el subsidio del paro”, y una extensión del Estado de Bienestar. El Estado de Bienestar constituye una perversión del dividendo, en donde el individuo consigue el acceso a su propia herencia como un derecho. Debería ser libre para usar esa herencia como mejor le pareciera, siempre que, por supuesto, no comprometa los derechos de otros individuos.

    El creditista social cree en la verdadera libertad, libertad para todos. La libertad puede extenderse a medida que los desarrollos económicos hacen posible liberar a más individuos de la fuerza laboral, mediante un sistema de dividendos sociales. No se espera que los muy jóvenes se unan a la fuerza de trabajo, pero dedican una gran cantidad de energía a varias actividades creativas generalmente descritas como juegos. Un hombre, o mujer, maduro, liberado de la fuerza de trabajo ordinario a los, digamos, 50 años de edad, y teniendo seguridad económica, casi con certeza se dedicarían a una variedad de actividades en las cuales bien puede ser que gasten más energía física que cuando participaban en la fuerza laboral. Pero sus actividades serían voluntarias.

    Unas pocas sugerencias

    Entiendo bien por qué Gary North rechaza todo esto y le voy a dejar con la siguiente pregunta: Si el Crédito Social, como política, es incompatible con su concepto de cristianismo, ¿no sería más provechoso para él discutir de filosofía con sus compañeros cristianos que son creditistas sociales en lugar de concentrarse en la economía? Esto es lo que Chas Pinwill intentó hacer en sus cartas, mostrando que el Crédito Social era compatible con lo que Gary North describe como cristianismo bíblico. Es una gran lástima que Gary North no continuara el intercambio de cartas, en lugar de arrojar la especie de desafío que ha lanzado. Por mi parte, creo que todo aquél que diga de manera seria, como lo hace Gary North, que “el dinero es una mercancía negociable”, está tan divorciado de la realidad que toda discusión racional parece imposible. Si Gary North desea visitar Australia, me comprometeré a unirme a él en un experimento. Iremos al Desierto Simpson con cualquier tipo de dinero que él desee proponer, quizás oro, pero sin agua, comida o cobijo para Gary North. El experimento demostrará cuánto tiempo podría vivir con su “mercancía negociable”. Conociendo la dura realidad del Desierto Simpson, yo tomaría la cantidad adecuada de agua, comida y cobijo. Como ser humano y cristiano compañero, no permitiría, por supuesto, que Gary North pereciera aferrado a su inútil “mercancía negociable”. Yo le ayudaría con la realidad, demostrándole que cualquier forma de dinero es completamente inútil en ausencia de los bienes requeridos para las necesidades físicas de la vida.


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