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Tema: La "Revolución" Keynesiana

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    La "Revolución" Keynesiana

    La “Revolución” Keynesiana

    C. J. H.

    Keynes fue “elegido” en la década de los años treinta para proporcionar al Poder Ascendiente Financiero una “respuesta”, o una aparente respuesta, al Teorema A + B de [C. H.] Douglas. Por los años de la década de los setenta, con Gran Bretaña al borde del abismo financiero, aquél cayó totalmente en desprestigio, siendo reemplazado por los igualmente falaces Friedman y los “Monetaristas”, los cuales cayeron en descrédito al final de la década de los ochenta.

    Sin embargo, ¿qué fue la “Revolución Keynesiana”? Quizás podamos encontrar la respuesta echando un breve vistazo al famoso libro de Keynes La Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero y al “corto argumento” de la página 43:

    Ecuación 1: Ingreso = valor de la producción = consumo + inversión.

    Ecuación 2: Ahorro = ingreso – consumo.

    Ecuación 3 (por tanto): Ahorro = inversión.


    Por “ingreso” Keynes entiende el “ingreso nacional”, y al igualarlo con el “valor de la producción” él muestra que se considera como equivalente al precio total recobrable en relación a todos los bienes y servicios producidos por la industria en un periodo dado. La “producción” debe, pienso yo, ser tomada en el sentido de capacidad de producción.

    La ecuación 2 puede ser escrita de la siguiente forma: Ingreso = Consumo + Ahorro, y puesto que el ingreso es equivalente al precio total de la producción, la otra parte de la ecuación puede ser considerada en el sentido de ser un análisis de los costes que van a componer ese precio. De ahí se sigue que el “Consumo” comprende los costes que representan pagos al consumidor, es decir, sueldos, salarios y dividendos; éstos generalmente son clasificados como pagos “A” por los Creditistas Sociales. El “Ahorro” es definido por Keynes como “ingreso no consumido” o, hablando en sentido amplio, como ingreso desembolsado a los “factores de producción”; en otras palabras, comprende los costes que representan pagos a otras organizaciones a cambio de materias primas, maquinaria, planta, energía, etc. Estos pagos son, por supuesto, clasificados como pagos “B” en la teoría del Crédito Social.

    Volviendo ahora a la ecuación 1, parece que el “consumo” debe entenderse como la proporción del precio total de la producción que constituye dinero desembolsado a partir de “dinero recolectado o recaudado respecto de los consumidores”, es decir, el precio total de los bienes de consumo. Ahora bien, el “consumo” en la ecuación 1 puede ser tomado como siendo equivalente al “consumo” de la ecuación 2: o, dicho de otra forma, no más que una fracción de los costes totales toma la forma de bienes de consumo, limitándose a A la proporción de los costes totales, A + B, que se recobran a través de los precios de bienes de consumo. El resto del precio total de la producción debe, por tanto, ser desembolsado a partir de dinero tomado prestado o recaudado de otro modo por la industria (“inversión”), y representa el precio total de los bienes de capital vendidos para el reequipamiento industrial, para la exportación y, por último pero no menos importante, para el rearme. La ecuación 3, pues, se reduce a la versión Keynesiana de la bien conocida sentencia de Douglas de que “Una proporción del producto como mínimo equivalente a B debe ser distribuida mediante una forma de poder adquisitivo no comprendido en las descripciones agrupadas bajo A.”

    Los keynesianos sostienen que cuando el ahorro y la inversión están en equilibrio, es decir, se mantienen aproximadamente igual, habrá pleno empleo y un nivel de precios estable. La preservación del equilibrio, pues, depende de que haya un mercado continuo para los bienes de capital. Es verdad que se mantuvo un más o menos precario equilibrio hasta principios de la década de los sesenta, pero no podía mantenerse indefinidamente una vez que el periodo de reconstrucción posbélica hubo terminado. Estaba a su vez la “complicación” adicional de la automatización que reducía el empleo. Las Naciones Occidentales intensificaron su competencia para exportar planta y maquinaria a los países subdesarrollados: en primer lugar la maquinaria para poder hacer los bienes que previamente importaban de Occidente, y después la maquinaria para poder hacer las máquinas. A esto se añadió a finales de la década de los sesenta la competencia en las exportaciones del Bloque Soviético. Eventualmente, todo país deberá tener una industria lo suficientemente desarrollada como para buscar su propio “Equilibrio”. Y esto es exactamente lo que está ocurriendo.

    La verdad es que la, así llamada, Revolución Keynesiana no fue una revolución en absoluto, sino simplemente la misma antigua mezcla, sólo que con el acento puesto sobre la expansión en lugar de sobre la contracción. Naturalmente, fue seguida del igualmente falaz “Monetarismo” adoptado por Keith Joseph durante la década de los setenta, el cual puso el acento sobre la contracción, tal y como lo testifica nuestra arruinada industria y comercio. El equilibrio real nunca lo conseguiremos hasta que estemos listos a aprender de un hombre mayor que Keynes, uno a quien el propio Keynes públicamente reconoció como mayor, que la “inversión” no es la única vía para contrarrestar o compensar el “ahorro”. ¿Por qué no debería una fracción mayor (o incluso el total) de la producción total tomar la forma de bienes de consumo? Es obvio que, a menos que se haga un cambio radical en el sistema de costes, la ecuación 2 deberá permanecer inalterada y, consecuentemente, no podrá haber alteración ninguna del “consumo” en la ecuación 1. No hay razón ninguna, sin embargo, por la que la ecuación 2 no deba ser equilibrada con la ecuación 1 usando una parte, o la totalidad, de la suma que, de otro modo, quedaría asignada a la “inversión”, para financiar el consumo. Cualquier dinero emitido de esta forma no podría, por supuesto, ser recuperado de los receptores cuya sola fuente de ingreso sería el “consumo”, es decir, los pagos “A”; en otras palabras, no constituiría un préstamo sino que sería una donación gratuita, o lo que los Creditistas Sociales llaman, el “Dividendo Nacional.”

    Las ecuaciones keynesianas pasarían a ser, pues, de la siguiente forma:

    1. Ingreso = valor de la producción (A + B) = consumo (A) + inversión + Dividendo Nacional.

    2. Ahorro (B) = ingreso (A + B) menos consumo (A).

    3. Por tanto: Ahorro (B) = inversión + Dividendo Nacional.

    Sería necesario asegurarse de que el “valor de la producción” (en tanto en cuanto representara el precio total de los bienes de consumo) se mantuviera bajo usando una parte del “Dividendo Nacional” para reducir los precios de los bienes de consumo, por medio de la segunda proposición de Douglas, el “Descuento Nacional” o “Precio Compensado”.


    * * * * *

    Publicado en el Liverpool Newsletter (Mayo, Junio, Julio, 1992), una publicación de Crédito Social de Interés General en favor de la Fe y la Patria, la Libertad y la Propiedad, el Dinero Honesto y los Precios Justos. The Gild of St. John, “Rose Cottage”, 17 Hadassah Grove, Lark Lane, Liverpool, Reino Unido, L17 8XH.


    Texto original en inglés.

    Visto en: THE CLIFFORD HUGH DOUGLAS INSTITUTE
    Última edición por Martin Ant; 19/10/2014 a las 17:56

  2. #2
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    Re: La "Revolución" Keynesiana

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Visto en: COLORADO. EDU



    Seminario sobre la Teoría General. Winslow

    26 Octubre 1999

    Carta de Victor Bridger a William B. Ryan



    Estimado Bill,

    Constituye un error fatal argumentar o discutir los principios del Crédito Social adoptando las bases de la economía ortodoxa. Lo primero de todo, las definiciones de palabras tales como Ingreso, Ahorros, Inversión, Consumo y Producción no poseen el mismo significado en círculos normales que el que tienen esas palabras cuando son usadas por los economistas ortodoxos. Uno simplemente ha de observar las definiciones que usan estos últimos en los libros de texto de economía para darse cuenta de ello. Aquellos que siguen a Keynes harían bien en leer su Teoría General. Para poder argumentar contra el Crédito Social es necesario argumentar en nuestro terreno y no en el de ellos.

    Además, en su capítulo sobre La Definición de Ingreso, él dice, “Si se admite que el ingreso es igual al valor de la producción corriente, que la inversión corriente es igual al valor de aquella parte de dicha producción que no se ha consumido, y que el ahorro es igual al excedente del ingreso sobre el consumo…”. De esto él deriva su ecuación:


    Ingreso = valor de la producción = consumo + inversión

    Ahorro = ingreso – consumo

    Por tanto, ahorro = inversión.


    Nótese que él ha quitado la palabra “corriente” de esta ecuación.

    C. H. Douglas hace referencia a una cita del Sr. J. M. Keynes que comienza así: “‘Supongamos que X es igual al coste de producción de todos los productores. Entonces X también será igual a los ingresos del público’. Ésta es la bien conocida falacia lógica de petitio principii, que consiste en asumir la verdad del hecho que se ha dispuesto a demostrar y, así, probar la asunción a partir de esa conclusión lógica. El coste de producción no es igual a los ingresos del público, y, por tanto, el resto del argumento simplemente se dedica a indicar qué pasaría si fueran iguales”.

    Por supuesto el ingreso (en el mundo real) puede ser igual al valor de la producción corriente. ¿Y qué? 0 = 0. Algunas inversiones pueden provenir de ahorros (esto crea otro problema, en el cual no voy a entrar ahora), pero la mayor parte de las inversiones provienen de los préstamos del sistema bancario. Esto no incluye solamente la proporción de inversiones que se incluyen en el “Ingreso” que forma parte del “valor de la producción corriente”, y que solamente se pueden devolver después de haberse liquidado un precio, sino también cualquier nueva inversión que se desembolsará como “Ingreso” para formar el “valor de producción” final.

    El error habitual ocurre con aquéllos que no aceptan, y no aceptarán, el factor del TIEMPO.

    En cualquier caso, la proposición que presenta el Crédito Social consiste en que el ritmo de flujo de poder adquisitivo a los individuos es menor que el ritmo de flujo de los precios GENERADOS EN EL MISMO PERIODO.

    Constato la introducción o iniciación en el uso de “Ingreso” y “Gasto” y de argumentos en las discusiones. Esto, por supuesto, no tiene nada que ver con el Crédito Social, y vuestro manejo de esto fue perfecto.

    Encuentro tu respuesta sobre el Crédito Social altamente responsable, y tengo curiosidad de tu formación en el asunto. Me gustaría recibir algunos detalles sobre tu Curriculum Vitae si estás de acuerdo y te sobra tiempo.


    Vic Bridger

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