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Tema: Nacional-sindicalismo: doctrina y estructura que fueron boicoteadas

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    Nacional-sindicalismo: doctrina y estructura que fueron boicoteadas

    Nacional-Sindicalismo: una doctrina boicoteada ya desde antes de la muerte de Franco


    Revista FUERZA NUEVA, nº 450, 23-Ago-1975


    NACIONAL– SINDICALISMO, UNA DOCTRINA BOICOTEADA

    Cuando, a través de la “revolución industrial” inglesa, el proletariado empieza a tener idea de su propio protagonismo y busca afanosamente la cobertura que le permita defender sus intereses incipientes y desorientados, se ilumina el campo del trabajo con la luz del sindicalismo y de la reunión de la fuerza del trabajo.

    Aquella primera mitad del siglo XIX marca el fin del artesanado y el comienzo del capitalismo en el concepto económico del mundo. Los elementos de trabajo pasan de unas manos, que los usan para su provecho, a otras manos, que los harán usar a los demás para su lucro personal. También se pasa del “yo vivo de mi trabajo” (ganarás el pan con el sudor de tu frente), al “yo vivo del trabajo de los demás a los que controlo” (ganarás el pan con el sudor del de enfrente”).

    Urgía cohesionar la fuerza del trabajo que el capital había reunido y masificado, y entre el proletariado surgen los líderes de la primera hora. En todo el mundo las condiciones de trabajo eran tiránicas y excepcionalmente duras y sólo cabía la emancipación a través del artesanado, o esperar que el “amo” tuviese buen corazón y fuese misericordioso. Pero en Inglaterra estas condiciones estaban multiplicadas por mil. Sólo allí debía darse la revolución social por las infrahumanas condiciones que había establecido y provocado la revolución industrial capitalista, atenta a la adoración del becerro de oro, sin otra moral más que la del lucro.

    “Sindicación”

    Hacia medio siglo XIX se reúne la primera Internacional Obrera, tras varias intentonas para legalizar la reunión de los trabajadores, la “sindicación” del proletariado. Dos puntos de vista distintos pero basados en la misma necesidad, se reúnen en aquella primera Internacional, y ya uno de los grupos -el de Proudhom- tiene que retirarse ante la postura marxista. Para unos, la sindicación supone la reunión del proletariado para la defensa de sus intereses sociales. Para la otra, es la reunión del proletariado, para vencer a su oponente y hacerse con los elementos de trabajo. Es la lucha de clases.

    La clave del enfoque está en la contemplación total de la comunidad patria

    Desde entonces ambos puntos de vista andan a la “greña” por todos lados con diversos nombres. Pero es evidente, aun etimológicamente, que la “sindicación” es la reunión de personas para la defensa de unos intereses comunes. Y la diferencia en si son “comunes” los intereses del capital y del trabajo está en el enfoque que se dé a los mismos.

    * Si los intereses de uno y otro están vistos bajo el único prisma del interés particular, el planteamiento no puede ser otro que el de la lucha de clases, el establecimiento de corporaciones de obreros frente a corporaciones de patronos, y así se asegura, por agotamiento de recursos y por temor, el triunfo del proletariado. Creo que después (“después” en la historia de la humanidad pueden ser siglos) volverá a iniciarse el ciclo económico por donde siempre ha empezado: por el atesoramiento de poder, que lleva a la suntuosidad y al poder económico, el abuso de esos poderes, la reunión de los oprimidos (en este caso descendientes de los ahora poderosos), la lucha de clases y el triunfo de los oprimidos... y la rueda vuelve a empezar y a girar otro ciclo.

    *El otro enfoque es el de la defensa de los intereses comunes. Quizá el capitalismo, en su soberbia, no ha concedido a este enfoque la atención que merecía, y solo ha provocado el que, en muchos casos, degenerases sus promotores hacia la lucha de clases por reacción a la conducta del capitalismo, quien interpreta que su planteamiento de “intereses comunes” puede ser el “camouflage” del revanchismo que ellos saben pueden haber provocado (por aquello de que “cree el fraile que todos son de su aire”).

    La diferencia de planteamiento entre uno y otro es notable, y ha suscitado situaciones irreconciliables entre marxistas y sindicalistas. A los primeros les interesa el enfoque político del problema. A los segundos, el enfoque social.

    Soluciones

    Perro a ambos les falta el “lugar” en que moverse y concretar sus aspiraciones; la solución del “hábitat” en que germinen sus teorías y que condiciona ineludiblemente tanto las aspiraciones, las reivindicaciones, como “los intereses comunes” y, por tanto, las soluciones; y mientras el marxismo tiende hacia el “paraíso del proletariado”, en el que sólo quepan ellos, los sindicalistas admiten a compartir el “hábitat” con los patronos, aunque les hacen la vida imposible. Falta en ambos casos un “algo” superior que haga coherente la doctrina con la práctica, el pensamiento con la realidad y que “comunique” los intereses porque dé fe de la existencia física de esa “comunidad”. Algo a lo que los marxistas, por otros intereses, le han negado realidad histórica consustancial con el hombre, y al que los sindicalistas han olvidado, acuciados porque las más inmediatas y perentorias necesidades no les permitían levantar su espíritu hacia techos más altos y románticos. Y ese “algo” es la Patria.

    Sí. Ahí en la contemplación total de la comunidad Patria, con sus necesidades, sus preferencias y sus intereses comunes, está la clave del enfoque sindical, porque sólo supeditando los intereses particulares a los comunes, los de clase y los económicos a los de toda la población del país puede lograrse un beneficio moral, social y material equitativo y duradero. Contemplando al Sindicato como vehículo que protege y defiende los intereses del trabajo nacional, del trabajo en toda su amplitud: llegando al Nacional-Sindicalismo.

    Nacional-Sindicalismo

    Porque el Nacional-Sindicalismo no es más que la concepción total de la Patria en pie de Trabajo, sindicada nacionalmente para la defensa de los intereses comunes del Trabajo; patronos y obreros juntos, porque sus intereses y sus objetivos, a través de la patria son comunes. Porque la empresa que los reúne sólo tiene un objetivo: el bienestar común de sus componentes, y la suma de las empresas de la nación y su bienestar es también la suma de los bienestares comunes de quienes la componen: el bienestar de la Patria.

    ¿Cabe, pues, otro enfoque que el del Nacional-Sindicalismo? Quizá el día en que se logre la unidad internacional quepa el Internacional-Sindicalismo. Pero, ahora no: porque si difícilmente llegamos a hacer cuajar la unidad de la patria (¿no estamos regresando a los más absurdos regionalismos para beneficio de unos pocos “oligarcas” a costa de las micro-comunidades que, eso sí, no les importa nada de qué heterogeneidad de elementos las compongan, con tal de que les “rente” a ellos?), y más difícilmente se llega a la “Europa de las Patrias”, mal vamos a llegar a la internacionalización del problema del trabajo por falta de relación entre el problema de los mineros del Ruhr y el de los cultivadores de café de Brasil, por ejemplo. No caben los sindicatos clasistas porque son vehículos obligados de la lucha de clases, y no de la armonía de las clases, que es lo que se debe buscar. No pueden caber los gremios, porque son otra visión clasista y cerrada de obtener utilidad de una situación que fuerzan. Y no puede caber la sindicación política, porque la condición del trabajo es técnica, y sus consecuencias, sociales.

    Por la misma razón apoya el Nacional-Sindicalismo el principio de unidad de Empresa, porque es en la Empresa donde se aplica la conjunción de esfuerzos para obtener un producto característico de una actividad común. Y por esa misma razón técnica del trabajo no cabe que se suponga mejor proceso de fabricación para la obtención de un producto por un comunista que por un demócrata cristiano, sino que dependerá de la formación técnica de cada individuo. Así se conciben los sindicatos por ramas técnicas, por trabajos, que no por planteamientos políticos, que, en todo caso, está por encima de los sindicatos y marca la pauta del conjunto general de la nación, orientando en todo momento el papel de cada estamento para lograr resultados incoherentes, porque lo que no puede hacerse es dejar a cada cual a su albedrío, como si cada uno viviese para sí mismo y de sí mismo, sino que hay que estar dentro de un orden en el que se plantean con toda libertad los problemas, pero con todo respeto por la prosperidad común.

    Eso condiciona también el derecho de huelga y el de “lock-out”. Y que esto es así, mal que les pese a ciertos líderes sindicales que padecen esnobismo, lo refrendan las constantes medidas que los más o los menos democráticos Gobiernos que por el mundo están toman en cuanto la actitud sindical amenaza la prosperidad o la concordia nacional, y, si a veces tardan en tomarlas, no es por falta de fe en la justificación de sus razones, sino por el “qué dirán”, que es lo mismo que estamos haciendo nosotros ahora (1975) de la manera más torpe, con lo que, de seguir así, lograremos dar al traste con la prosperidad lograda y, desde luego, con la armonía, que está seriamente averiada.

    Sindicalismo de clase

    Así nos extraña ver la marcha sindical, al menos en algunos sectores y algunas provincias significativas hacia el sindicalismo de clase, justificando de mil formas estas desviaciones que en ningún país se quiere por los desastrosos resultados que se están viendo.

    ¿Adónde vamos con el planteamiento de una Central Obrera y otra Patronal? ¿Cómo podemos admitir que la Organización Sindical haga entrega de sus obligaciones y de su misión, reservándose solamente el papel de coordinadora entre ambos grandes bloques? Después de ese fraccionamiento, ¿quién garantiza que no se formarán los sindicatos políticos, cuyas reivindicaciones nada tienen que ver con las puramente sociales y económicas que reclamen las verdaderas necesidades del país? Y no es que temamos la política por la política, sino que los derechos de los patronos y obreros lo son por naturaleza propia y no política, porque la solución de los problemas del trabajo son técnicos y no políticos, y la obtención de mejores resultados para todos los que componen una empresa y un sindicato son producto de la conjunción de mejores técnicas y mejores colaboraciones, difíciles de obtener si se parte de sindicaciones políticas, de por sí disolventes.

    Y no es tampoco que se trate de quitarle al hombre su derecho a la libertad de pensamiento, no. De lo que se trata es de que no se mezclen en su pensamiento, intencionadamente la mayor parte de las veces, las necesidades de tipo político llevadas al terreno de la competición casi deportiva de “a ver quién lo hace más grande”, con la seguridad de la obtención del pan nuestro de cada día, sin perder de vista que no sólo de pan vive el hombre. Que respete ese político la necesidad común, la vida común, como algo sagrado y muy por encima de su personal o “tribal” vanidad o su soberbia. Que no caiga el porvenir de la comunidad bajo el fuego de intereses que, cada vez más, le son ajenos. Que no se le obligue a enfrentarse entre sí o con sus empresarios por juegos de facción o de clase que no le benefician en nada. Que no se abuse de la coacción para obtener lo que por la razón no es posible, cuando no se tiene razón. Que se dignifique al hombre por su trabajo. Que no haya zánganos ni convidados, sino que a cada uno se le premie por lo que aporte con su sabiduría y su trabajo al bien común -y muy especialmente con su ejemplo- y no por lo que haya contribuido a envenenar y enturbiar esa armonía y bien común.

    No abandonar nuestra doctrina

    No podemos mirar con complacencia, ni siquiera con indiferencia, esa evolución sindical hacia la lucha de clases. Para ello tenemos una doctrina sindical, una estructura y una concepción del mundo del trabajo apropiada para armonizar la convivencia y la prosperidad entre las clases, sin hacer departamentos estancos de ellas. Abandonar esa doctrina es una traición imperdonable que, además, no se puede justificar, porque nuestra doctrina no ha fracasado ni mucho menos, sino que, en todo caso, ha sido concienzudamente boicoteada y eludida para hacerla aparecer como inadecuada. Porque, ¿cómo y con qué derecho le vamos a pedir ahora (1975) al trabajador que debe lanzarse a la lucha de clases, prácticamente a muerte, cuando tenemos todos los argumentos para demostrarle que no es necesario y que es dentro del Nacional-Sindicalismo donde su prosperidad está asegurada sin quitar nada a nadie y sin el riesgo de que a él se lo quiten tampoco? Porque, tras todo ello, asoma una “socialización” uniformadora de todo, donde todos tendrán el mismo “status”, ciertamente, pero que, sobre no ser precisamente el más lucido, estarán cerrados todos los caminos para promocionarse. Es por lo que tenemos que revelarnos contra ese proceso regresivo de planteamiento sindical. Porque el Nacional-Sindicalismo supuso un verdadero avance en las relaciones patrono-obrero y una seguridad en el aumento del nivel de vida de todos.

    Nuestra doctrina no ha fracasado, sino que ha sido concienzudamente boicoteada
    y eludida para hacerla aparecer como inadecuada

    Porque el hombre y su libertad están ante todas las cosas, tanto individual como colectivamente, y no podemos permitir que, por presentar una imagen de acuerdo con los dictados ajenos, no sabemos si para gustar sus ventajas o para arrastrar a todos en sus fracasos, traicionemos nuestra propia conciencia y nuestra propia prosperidad, que, una vez perdidas, nadie nos ayudará a recuperar. Ved la imagen de Italia, de Inglaterra, de Portugal, etc. Agotados por esas luchas entre sindicatos y patronos, sindicatos y Gobiernos y, lo que es peor, entre sindicatos y sindicatos. Sencillamente porque el interés particular y partidista se ha puesto por encima del colectivo. Y a nosotros, que andábamos por buen camino, nos quieren entregar a ese frenesí, por si nos dejan entrar en el Mercado Común o nos permiten recoger unas cuantas migajas del festín que los demás se organizan según sus conveniencias. La verdad es que nos resulta incomprensible cómo se están entregando los sindicatos -y lo demás- para nada y sin que nadie caracterizado lo exija. ¿Dónde están, si no, esos hombres que, a miles, se han formado en el Nacional-Sindicalismo, y a los que no se les incorpora? ¿Cómo es posible que ese potencial sindicalista ni se use ni se haya tomado nunca en serio su utilización? ¿Qué interés hay en entregar a los activistas de las CC. OO. lo que es patrimonio de la nación, y especialmente del Falangismo?

    Cuando llegue la hora del arrepentimiento -que llegará- pidamos a Dios que no nos pille tan desengañados como para desentendernos del problema, pero que no confíen los postizos sindicalistas en que el trabajador no sabe con seguridad que sus problemas son suyos y no de los políticos, que los que trabajan y hacen prosperar a España son ellos y los patronos, y que “los demás” deben de terminar de jugar con ellos y su seguridad. La única aristocracia que cabe es la del trabajo, la otra sólo se puede sostener abusando de sus privilegios, y eso... cada vez se tolera menos.

    Joaquín MILLÁN
    Última edición por ALACRAN; 12/04/2021 a las 18:23
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Nacional-sindicalismo: doctrina y estructura que fueron boicoteadas

    Camuflado desmantelamiento de la Organización Sindical por el primer Gobierno Suárez, que confiesa la mismísima UGT, entonces aun ilegal

    Revista FUERZA NUEVA, nº 506, 18-Sept-1976

    “NO, SEÑOR DE LA MATA”

    (EL MINISTRO DE RELACIONES SINDICALES AFIRMA QUE VA A DESMANTELAR LA ORGANIZACIÓN SINDICAL)

    (...) Leemos ahora en un diario que nos llega desde Canarias cómo el ministro de Relaciones Sindicales, que, como el resto de sus compañeros de Gabinete, ha jurado ante los Evangelios “defender y hacer cumplir los principios Fundamentales del Movimiento”, SUPLICA la visita de conocidos enemigos del Régimen legalmente constituido, los mismos o los sucesores de aquellos que llevaron a cabo la matanza de patriotas en Asturias, Barcelona, etc., en 1934, y que luego multiplicaron por mil en las checas y paseos en la etapa 1936-39, pero que ahora, siguiendo una táctica que solo engaña a los que voluntariamente se dejan engañar, presentan el aspecto de corderos incapaces de matar una mosca (...)

    Unas declaraciones de un portavoz de la UGT

    Volviendo al citado diario isleño, podemos leer unas declaraciones del llamado secretario de Prensa y Propaganda de la UGT (...) en la reciente visita que(...) se hizo a “instancias reiterativas del señor De la Mata Gorostizaga”-, Ahí va una muestra.

    Afirma en primer lugar el señor Saavedra, secretario de Prensa y Propaganda de la UGT, “que el único objeto de esta visita era conocer los plazos del ministro”, y el averiguar cómo y cuándo se va a reconocer la libertad sindical, manifestando al ministro que la actitud de la UGT está perfectamente definida en las resoluciones del último Congreso de la organización (entre las cuales, añadiremos nosotros, estaba la disolución de las Fuerzas de Orden Público).

    La entrevista del señor Saavedra con el periodista ocupa casi una página del periódico canario, por lo cual vamos sólo a entresacar las afirmaciones que este representante de la UGT pone en boca del señor De la Mata. Veamos:

    El señor ministro manifestó que, antes que se produzcan las Asambleas Constitutivas y con independencia de ello, se articularán formas transitorias que supongan un reconocimiento de los Sindicatos libres y democráticos, dándoles el papel que corresponde a tales Sindicatos.

    ¿Un compromiso del Gobierno?

    A preguntas de los representantes de la UGT, el señor De la Mata -siempre según el secretario de Prensa y Propaganda de la UGT- indicó que, efectivamente, la derogación del Fuero del Trabajo, obstáculo para la libertad sindical, era un compromiso del Gobierno.

    El señor De la Mata, a requerimiento de sus invitados, que le expusieron las reivindicaciones específicas de la UGT sobre el patrimonio anterior a 1936 “y que fue expoliado durante la Guerra Civil”, contestó que le parecían justas estas peticiones, añadiendo que especificaran cuáles eran los bienes de propiedad de la UGT con el fin de ver la valoración de ese patrimonio...

    Ni una sola alusión al oro robado por el Gobierno Socialista y enviado a Moscú; ni una alusión referente al atraco y desvalijamiento de todas las cajas privadas de los bancos y robo de joyas y obras de arte insustituibles, enviadas a Méjico a bordo del tristemente famoso yate “Vita”, de cuyo expolio han podido vivir como millonarios en el extranjero los jerifaltes de la UGT y los ministros socialistas y comunistas, mientras los trabajadores “rasos” eran abandonados en tierras extrañas a una vida miserable.

    Al preguntarle al señor Saavedra qué significado había que dar a estas entrevistas con el ministro de Relaciones Sindicales manifestó al periodista que, en su opinión, “es algo que pone de relieve la preocupación del Gobierno ante el anunciado otoño caliente”. (...)

    Todavía afirma el señor Saavedra que el deseo de UGT es el tener un segundo encuentro con el Gobierno después de que éste se reúna por primera vez también, con las Comisiones Obreras (adscrita al ilegal Partido Comunista) y con USO. “Sería en este segundo encuentro -añade triunfalmente el secretario de Prensa y Propaganda de la UGT- cuando expondríamos de una forma clara qué leyes o artículos de las leyes vigentes habría que cambiar para que sea mínimamente aceptable la fase de transición por parte de las organizaciones democráticas”.

    “De todas formas hay mucha prisa, mucha más prisa que en el campo político” sentencia en la entrevista del diario canario el señor Saavedra. (...)

    Planes personales del ministro

    Luego, el secretario ugetista dice que el ministro de Relaciones Sindicales les expuso sus planes personales de cara a la reforma sindical, observándose un intento de reconocer a los movimientos sindicales en esta etapa de transición, antes de la proclamación de la libertad sindical prevista para el otoño y que, simultáneamente -añade el señor Saavedra- se vayan desmantelando las estructuras burocráticas de la Organización Sindical.

    No existe ningún interés en el ministro por mantener estas estructuras”, sentencia finalmente el señor Saavedra.

    Es decir, que a espaldas de los auténticos representantes de los trabajadores y de los empresarios, con decisiones totalmente arbitrarias y contrarias al Estado de Derecho de que tanto se blasona cuando conviene, el señor De la Mata Gorostizaga se ha instalado por su cuenta y trata, “incluso”, de conseguir la derogación del Fuero del Trabajo, una de las leyes que juró solemnemente defender.

    Otras muchas y sorprendentes cosas pone el secretario de Prensa y Propaganda de la UGT en boca del señor De la Mata, quien, por lo visto, sin que nadie le haya elegido, se considera el auténtico representante de los trabajadores y de los empresarios españoles; seguramente lo será de los grupos subversivos, oficial y legalmente fuera de la Ley (...)

    HORACIO
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Nacional-sindicalismo: doctrina y estructura que fueron boicoteadas

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    "Del sindicalismo nacional a las tribus fratricidas"



    Revista FUERZA NUEVA, nº 515, 20-Nov-1976

    DEL SINDICALISMO NACIONAL A LAS TRIBUS FRATRICIDAS

    (Consecuencias de un trasvase)

    Jaime TARRAGÓ

    "Certeramente, Manuel Lizcano afirmó:

    El régimen de posguerra reconoció el hecho del sindicalismo y empalmó con él hasta llegar a hacerlo nada menos que clave de la bóveda en su propia estructura política. Condicionándolo, es cierto, y a su modo. No podía ser de otra manera. La guerra de España había sido el foco mismo de la coyuntura revolucionaria que de modo más profundo ha conmovido la conciencia occidental en lo que va de sigo XX. Una etapa entera del sindicalismo español quedaba terminada de modo trágico, y otra nueva se abría a tientas, como todo lo que nace., ”

    En nuestros textos constitucionales, el sindicalismo tiene un papel de primer orden. Ya en el Fuero del Trabajo, ya en las modificaciones de la Ley Orgánica del Estado, en la Ley Sindical de 17 de febrero de 1971, con toda la representatividad que arranca desde el enlace sindical al delegado provincial, con sus hombres elegidos en los Municipios, Diputaciones, Cortes, Consejo nacional, Consejo de Estado, hasta el ministro de Relaciones Sindicales.

    Órdenes y consignas

    Nuestro sindicalismo se basa en la negociación, configurando una etapa, en los últimos cuarenta años, de desarrollo social y económico que auténticamente ha batido el récord de toda la historia de avances en el siglo XIX y lo que llevamos del XX. Porque el Estado no puede cruzarse de brazos ente el dilema capitalismo-comunismo. Nuestro sindicalismo superaba este binomio, y sin desconocer lo mucho que falta por conseguir, son tan enormes las ventajas y superioridad de lo alcanzado, que no se puede parangonar con lo dramático que en otro tiempo, con sangre y víctimas, lograban los sindicatos subversivos.

    Digamos paladinamente que no hay ningún inconveniente doctrinal para que el Estado se arrogue una función arbitral acerca del sindicalismo. El Estado, elevando el sindicato a corporación pública institucionalizada, concede al sindicalismo un rango que jamás obtiene en el pluralismo y en competencia con las oligarquías. No quiere decir que el Estado dirija coactivamente a los sindicatos, pero sí que el Estado, para el bien común, puede juzgar conveniente la incorporación total de los obreros y de los empresarios y de los técnicos en el sistema sindical, aunque respetando la autonomía de las entidades obreras y económicas que se encuadran en el mismo.

    Es curioso que los que no aceptan la unidad sindical y la obligatoriedad de la misma, aunque respetando la autonomía y participación de los empresarios, técnicos y trabajadores, ahora nos quieren entregar esposados a las Internacionales socialistas y comunistas y a las multinacionales del gran capitalismo.

    Pero la ola devastadora, las consignas masónicas y sectarias han ordenado que nuestro sindicalismo sea liquidado. Y la carencia de sentido histórico, de garra social y de oportunidad ideológica nos ofrece el espectáculo tribal de las viejas CNT, UGT, multiplicadas por el SOC, USO, y toda una fronda de siglas de clanes en orden ya de batalla. Sin querer entrar en razones teóricas, nos bastará recoger sumariamente unos hechos para demostrar adónde nos llevan.

    La huelga de “Motor Ibérica”

    Entre las innumerables huelgas que han brotado desde la muerte del Caudillo, destaca el conflicto de “Motor Ibérica”. Despidos, encierros, sabotajes, intervenciones episcopales, amenazas, en una lucha que, aparte de sus reivindicaciones, significaba también el desafío entre diferentes sectores sindicales subversivos, según dicen. Y esto trae venganzas y la división de la clase obrera en enfrentamientos que amagan lo peor. No hablamos porque sí.

    En “El Correo Catalán”, del 27 de junio de 1976, se especifica lo sucedido entre los obreros de “Motor Ibérica”. Dice el órgano del banquero Jorge Pujol:

    La violencia ha sido una constante, y el estado de crispación a que se ha llegado en algunos momentos hubiera podido desembocar en una verdadera tragedia. La empresa nos ha manipulado y ha convertido un problema que era de ella y de los huelguistas en un enfrentamiento entre los trabajadores (…) Desde luego los insultos han menudeado, y los gritos de esquiroles, hijos de p…, desalmados, han sido frecuentes (…) A mí me rompieron el parabrisas del coche, nos aseguró uno hablando delante de la factoría de Poble Nou. A otros les pincharon las ruedas de los coches, y algunos habían sido, según decían, agredidos físicamente. No me cogerán desprevenido. Voy preparado. Tengo que defender mi vida, aseguró otro. (…) Puedo asegurarle que el treinta por ciento de los que trabajan han sido amenazados, nos informa un alto cargo de la empresa (…)

    En este clima de odio transcurre un enfrentamiento entre los mismos obreros. (…) Compárese lo que a través de la legislación del Estado, de los convenios colectivos, de la magistratura de Trabajo y de los actos de conciliación, se ha conseguido civilizadamente, sin estas escenas selváticas, a las que velozmente nos empuja el reformismo.

    Muertos y heridos

    El servilismo de cierta prensa ha guardado silencio de los crímenes cometidos últimamente, con motivo de las huelgas endémicas que sufrimos. El 9 de octubre de este año 1976, murió el obrero Vicente Velasco Garren, de veintinueve años de edad, fallecido a causa de las heridas que un piquete le causó al negarse a secundar la huelga general. Residía en Llodio (Álava), y falleció en el Hospital Civil de Bilbao. También en Bilbao, un muchacho de dieciséis años fue golpeado y con un rastrillo salvajemente tatuaron su rostro. Además, quedó amenazado para represalias peores. En Aranda de Duero (Burgos) Victoriano Moral Bartolomé, de diecinueve años, el 20 de septiembre pasado, fue apaleado e intentaron matarle. El médico certificó que sufría “traumatismo cráneo-encefálico, traumatismo tune-abdominal derecho, conmoción cerebral y erosión en la frente. Pronóstico grave”. Y en otros lugares se vienen sucediendo hechos semejantes.

    Es el regreso del pluralismo fratricida sindical, de la homologación con Europa, de la vuelta de los brujos del saqueo, de la desvinculación del sindicalismo de toda presencia del Estado, de la lucha de clases tan cara al liberalismo y al capitalismo. Volveremos a lo que un día preparó la Semana Trágica, a la financiación internacional de revueltas en España, al terrorismo de que eran víctimas Canalejas y Dato, a las huelgas revolucionarias como la de 1917, a los “lock-out” patronales, a los complots y pistolerismo, a los atracos en que eran maestros Durruti, Suberbiola y Jover, a la ley de fugas, como en el Parque María Luisa, a los hechos de Casas Viejas, Figols, 6 de octubre de 1934…

    Nada más absurdo y sangriento que la historia de las rugientes carnicerías sociales en España hasta llegar al sindicalismo nacional. Por esto resulta realmente deplorable que el actual ministro de Relaciones Sindicales, Enrique de la Mata, en Barcelona, nos hable del pacto social como “un instrumento de gran eficacia para hacer frente a la crisis económico-social”. Ya no sabemos ni en dónde estamos. El “pacto social” entre las sindicales subversivas ya está hecho. Ya en 28 de marzo de 1934, en Asturias, nació la llamada Alianza Obrera, y en su formulación apuntaban:

    Las organizaciones que suscriben, UGT y CNT, convienen, entre sí en reconocer que frente a la situación económico-política del régimen burgués en España se impone la acción mancomunada de todos los sectores obreros, con el exclusivo objeto de promover y llevar a cabo la revolución social”.

    Entre las condiciones de la Alianza Obrera, se establecía:

    Primero: Las organizaciones firmantes del pacto trabajarán de común acuerdo hasta conseguir el triunfo de la revolución social en España, estableciendo un régimen de igualdad económica, política y social, fundado sobre los principios socialistas federalistas…”

    Otro sindicalismo

    Si esto ya funcionaba durante la República, ahora, frente a la Monarquía y con el regalo de la entrega que se les hace, ¿qué “pacto social” imaginan los reformistas que se podrá lograr, si no es desmontar la vida económica de España, organizar la huelga general revolucionaria, arruinarnos económicamente y forzar que pronto gocemos de dos o tres millones de obreros parados? Este es el “pacto social” y la “normalización de la vida política del país dentro de un sistema democrático”. Esto es lo que buscan Santiago Carrillo y sus aliados del interior. Como escribía Ángel Merino:

    La Organización Sindical nos importa y nos preocupa como realidad nacional, como organismo por cuyos conductos circula toda la vida de nuestra población activa y, directa o indirectamente, la de todo el resto que de ella depende. Y nos importa aún más como fundamento de las acciones modificadoras de nuestras estructuras económicas -cauce de socialización-. Pero todavía más porque ha reunido en una central única a todos los trabajadores. Y esto sólo sería suficiente para considerar a la Organización Sindical como el pilar de nuestra sociedad, sin que por razón alguna, en nombre de ninguna pluralidad, pueda aceptarse su desintegración”.

    Esto es lo sensato. Estamos en la cola del pensamiento más lúcido del mundo actual. Thomas Molnar nos ha dicho:

    “… el verdadero papel político del sindicalismo es el papel opuesto al que le ha asignado la ideología marxista. El sindicalismo no es ni el elemento detractor, desinsurreccional, que piensan algunos teóricos del capitalismo liberal. El sindicalismo corresponde a una necesidad histórica de un determinado momento; como institución, el Sindicato contribuye a la tensión normal que conoce toda la sociedad y sin la que hablaríamos bien de una disociedad en la que el ciudadano es el enemigo del ciudadano, bien en un Estado totalitario donde el Estado es el enemigo de todo el conjunto de ciudadanos. Ignoramos si será ésta su evolución histórica; pero estamos seguros de que ésta debería ser su evolución moral”.

    Esto inició Franco. Y ahora se pulveriza. Es más, el rey don Juan Carlos, el 8 de julio de 1971, afirmaba rotundamente:

    El sindicalismo es un órgano de acción y cauce de representación de los trabajadores españoles y es, además, uno de los pilares en que se apoya nuestro edificio constitucional”.

    Luego nuestro “edificio constitucional” no se sostiene sobre la CNT, la UGT, las Comisiones Obreras y otras similares. Con ellas se asesinan obreros, se establecen batallas dentro de las propias empresas, se pierden millones de horas de producción, se ha conseguido el millón de parados, la fuga de capitales, el descenso de la Bolsa, la mínima inversión de capital en industrias con masiva mano de obra, la tasa del 20 por 100 de inflación, la erupción de huelgas, la desmoralización de todas las clases sociales. Y siguen los conflictos, y los heridos, y los despidos, y la desesperación. Y ya se calibra cómo se desmembrarán los bienes sindicales, cada uno pretendiendo llevarse lo que es patrimonio del pueblo español. Y así el aire enrarecido de la lucha de clases, del precalentamiento marxista en preparación de su ataque final, marca nuevas cotas.

    El capitalismo hará su agosto

    El “complejo de autodenigración” hace estragos en gran escala. Pero si el sindicalismo nacional es “uno de los pilares en que se apoya nuestro edificio constitucional”, y esto ahora se aventa, no se disuelve únicamente algo que había hecho avanzar a España en forma espectacular en lo económico-social, sino que se acaba con la paz de la nación. Una monarquía liberal como la de Isabel II o la de Alfonso XIII no interesa. Ramiro de Maeztu, audazmente, gritó:

    A pesar de este contraste, no deja de existir una conexión profunda entre el sindicalismo del señor Duguit y el de los revolucionarios del tipo de Sorel. Las ideas políticas actuales se hallan en tal estado de entrecruzamiento, que, si los señores Vázquez de Mella y Pablo Iglesias hablaran con latitud y precisión, es probable que llegaran a entenderse en puntos esenciales…”

    Quizá sí… Porque mucho inconformismo social procede del escándalo capitalista. Y el capitalismo abomina del sindicalismo fuerte y nacional. Por esto hablan de “normalización democrática” y “cambio de estructuras”. Así, emborrachando con palabras falaces a una clase obrera dividida y rabiosamente politizada, el capitalismo de las multinacionales hará su agosto. A lo menos así lo piensan. Pero la réplica está en que la subversión a través del “pacto social”, con al UGT, la CNT, las Comisiones Obreras, también calculan lo suyo y preparan el asalto al Estado.

    Esto sólo lo puede salvar una Monarquía tradicional, católica, social y representativa, como Franco instauró y don Juan Carlos ha jurado dos veces ante Dios y España. Pero esto es imposible con el sufragio universal, los partidos políticos, la intervención masónica, la vía libre a las multinacionales y una clase obrera desmoralizada y manipulada por los científicos de la conquista del poder y de la dictadura del proletariado. Hasta aquí puede llegar la consecuencia de barrer el sindicalismo nacional. ¡Necesitamos otro Erasmo que nos escriba una versión indígena de “Elogio de la locura”!"

    Jaime TARRAGÓ

    Última edición por ALACRAN; 19/10/2021 a las 15:05
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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