Artículo de La Gaceta. Las negritas son mías.
La amenaza de los cristianos masónicos | Intereconomía | 565251
  • Un paseo por la izquierda La amenaza de los cristianos masónicos

    25-07-2011 | 19 La conversión en nazi-cristiano del masón proisraelí Anders Behring es una hazaña más de la izquierda. Jesús Maraña apunta el camino: hay que actuar contra las ‘fábricas de odio’ de la aldea global; ¡tiembla, ‘Gara’!. La izquierda tiene a su hombre, y lo vestirá como un ‘madelman’ con todos los disfraces de sus pesadillas.
  • No dudo ni por un segundo que, para las buenas gentes de la izquierda, como para el resto de la humanidad, la espantosa matanza de Oslo y Utoye –92 muertos– ha sido un mazazo y un motivo de horror. Pero, profesionalmente, para el rojerío mediático también ha sido la confirmación de todas sus conspiranoias, el sueño informativo de lo que Hillary Clinton denominó, siendo primera dama, ‘la vasta conspiración de la derecha’. El ‘monstruo’ es, al fin, como llevan décadas esperándolo, anunciándolo: blanquísimo (¡hasta rubio!), conservador, ‘fundamentalista cristiano’, xenófobo, antiislamista, heterosexual... Es la pesadilla del novelista sueco Stieg Larsen hecha realidad.
    Y la izquierda mediática se tira en plancha, naturalmente. A degüello. En su primera, ‘El País’ titula: “El ultra que citaba a John Stuart Mill”, esperamos que sin insinuar que citar a Mill sea indicio de violencia homicida. “Tras una fachada educada, se ocultaba un rabioso xenófobo y antiizquierdista”, subtitula. Doy fe, señores de Liberty, que los antiizquierdistas podemos ser perfectamente corteses cuando nos lo proponemos.
    Extraño cristiano
    “Fanatismo criminal” es el editorial del buque insignia de la prensa de Liberty, con frases tan luminosas –o iluminadas– como esta: “La definición de ‘fundamentalista cristiano’, incluida en el perfil policial, indica que era conocido su grado de fanatismo”. Es decir, el hecho de que le denominaran fanático es claro indicio de su fanatismo.
    ‘El Periódico de Catalunya’ se apunta a esta tesis en su editorial “Pesadilla en Noruega”, donde asegura que “el atentado y el tiroteo han sacado a la luz un aspecto menos amable, en línea con el resto de países europeos, y muy en particular con los escandinavos: el auge de los sentimientos ultranacionalistas y xenófobos”. Ese “en línea con el resto de países europeos, y muy en particular con los escandinavos” no puede hacer referencia a otros actos terroristas, porque no los ha habido, sino a la entrada en los distintos Parlamentos de partidos populistas y antiinmigración, como los Verdaderos Finlandeses.
    Y aquí se ve a las claras la doble vara de medir: ¿no habíamos quedado en que el problema no eran las ideas, sino el método? ¿No se han cansado de decir que el pensamiento no delinque, y sí la violencia? ¿Por qué no aplica la prensa progresista este mismo análisis al nacionalismo, raíz de la ideología que más muertes violentas ha provocado en nuestra democracia?
    Pero es su momento, no van a detenerse. Hasta ‘El Mundo’ se suma a la orgía. El diario de Pedro J. también destaca lo de ‘cristiano fundamentalista’, aunque nadie sabe muy bien de dónde sale eso o qué significa.
    No tengo que decir que ‘Público’ se da una fiesta. Si cualquier diario del otro lado del espectro reaccionara así ante un atentado de ETA o de los islamistas, le lloverían las críticas. ¿Titularon el atentado del 11-S “La matanza del odio”, como hace ‘Público’? ¿Es legítimo aprovechar esta locura criminal para una generalización tan cuestionable como “El miedo a lo diferente contagia a los noruegos”, como hace el diario de Roures? Anders no ha matado ‘diferentes’, sino noruegos notablemente similares. Llevan el absurdo a basarse en las novelas del escritor superventas de género policial Stieg Larsen para ver en ellas ‘presagios siniestros’.
    Estropeando el discurso
    Pero en la vida nada es perfecto, y aquí y allá surgen pegas a la narrativa oficial. ¿Un ‘fundamentalista cristiano’ orgulloso de su pertenencia masónica? Extraño, verdaderamente. Así lo debieron de juzgar los responsables de ‘Público’, que tuvieron la prudencia de publicar una fotografía del asesino en su uniforme masónico, pero cortada de modo que parece un simple traje de gala.
    El propio criminal, que ha confesado con aterradora frialdad su plan, confiesa que su cristianismo es, digamos, ‘cultural’: el conjunto de valores que han conformado la civilización occidental, en contraposición a la barbarie. ¿Neonazi? Difícil. Habla expresamente del nazismo en su libro, para condenarlo, y en su más que publicitada página de Facebook cita a dos, sólo dos, personajes a los que admira: el teniente de la resistencia antinazi Max Manus y Winston Churchill: no precisamente dos almas gemelas de Adolfo Hitler. También ha resultado ser un sionista convencido, lo que le aleja aún más del Reich, una pena. ¿Racista? Así lo define específicamente ‘El País’. El tal Breivik critica el islam precisamente por su carácter “racista”. No argumentaremos con un criminal desquiciado, pero su locura no le obliga a suscribir todas las condiciones del mal.
    No es que nada de eso importe, entiéndanme bien. La izquierda tiene a su hombre, y lo vestirá como un ‘madelman’ con todos los disfraces de sus pesadillas. Ya lo hicieron con otro perturbado, Jared Loughner, el hombre que atentó contra congresista Gifford, ateo declarado y admirador del ‘Manifiesto comunista’ misteriosamente transformado en ‘tea-partier’.
    El campo está abonado, y los mismos que se niegan a creer a ETA cuando se confiesa, con irritante regularidad, marxista-leninista y llaman a los etarras ‘fascistas’ no van a pararse por un quítame allá esa ética periodística. Hay que empezar a actuar. Jesús Maraña, en “Responder al fanatismo”, muestra el camino: “Se puede y se debe actuar sobre las fábricas de odio que a diario distribuyen su mercancía en la aldea global”. ¿Está claro, Otegui?