Re: Sacro Imperio Romano Germánico
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LA UNIÓN DE LOS ESTADOS GERMANOS
Otón III
Otón III, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico desde el 983 hasta el 1002. En el 996, el papa Juan XV le solicitó que viajara a Roma para ayudarle a sofocar una rebelión. Seguidamente, Otón afirmó la primacía de la autoridad imperial sobre la papal. De hecho, promovió el acceso al solio pontificio de Gregorio V y Silvestre II, primeros papas de origen germano y franco, respectivamente.
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El Imperio de Occidente fue en sus inicios una unión inestable de Germania y el norte de Italia; luego permaneció, durante más de 800 años, como una laxa unión de estados germanos. En su fase italogermana, el Imperio jugó un importante papel en los asuntos políticos y religiosos de Europa central. Un trascendental hecho de este periodo fue la pugna entre los papas (especialmente Gregorio VII) y los emperadores (principalmente Enrique IV) por el control de la Iglesia (véase Querella de las Investiduras). Por el Concordato de Worms (1122), un acuerdo entre el emperador Enrique V y el papa Calixto II, el primero renunciaba al derecho de la investidura espiritual o nombramiento de obispos. Todos los emperadores eran reyes de Germania y puesto que las obligaciones y ambiciones imperiales requerían inevitablemente toda su atención, los intereses locales de Germania eran relegados a un segundo plano. Como resultado, Germania, que podía haber sido transformada en un Estado fuertemente centralizado, degeneró en una multiplicidad de pequeños estados dominados por gobiernos aristocráticos. El acuerdo de Worms eliminó una fuente de fricción entre Iglesia y Estado, pero la lucha por la influencia política continuó durante todo el siglo XII. En 1157, Federico I, llamado Federico Barbarroja, uno de los más grandes emperadores, empleó por vez primera el término Sacro Imperio de forma ostensible, para enfatizar la santidad de la corona. Federico, en un intento de restaurar y perpetuar el antiguo Imperio romano, quiso suprimir la levantisca nobleza germana y el autogobierno de las ciudades italianas. Sus intervenciones en estas últimas fueron rechazadas por la Liga Lombarda y debilitaron seriamente su relación con el Papado. El papa Adriano IV declaró que Federico poseía el Imperio en calidad de feudo papal, pero el emperador, que conservaba el apoyo de los obispos germanos, mantuvo que su dignidad imperial procedía sólo de Dios. Después de casi dos décadas de guerra intermitente en Italia, Federico fue derrotado en Legnano (1176) por las ciudades que formaban la Liga Lombarda, que de este modo lograron su independencia de la autoridad imperial. El emperador Enrique VI, que reclamó el trono de Sicilia por su matrimonio, invadió dos veces el territorio, y en la segunda ocasión (1194) conquistó la isla. Federico II renovó en el siglo XIII los esfuerzos del Imperio para dominar las ciudades italianas y al Papado, pero no tuvo éxito.
El Sacro Imperio Romano tuvo escasa importancia real en los asuntos políticos de Europa y en las cuestiones religiosas después del Gran Interregno (1254-1273). La muerte de Federico II en 1250 dejó vacante el trono imperial y dos candidatos rivales intentaron obtener apoyos para sus pretensiones. El hijo de Federico, Conrado IV, y Guillermo de Holanda se disputaron en un primer momento el trono imperial. Las discordias de los interregnos condujeron a una restauración del poder imperial a través del sistema electivo, definitivamente consagrado tras la doble elección de 1257 (Alfonso X de Castilla, hasta 1284, y Ricardo, conde de Cornualles, hasta 1272). Ricardo de Cornualles, desde Inglaterra, fue incapaz de poner bajo su control el Imperio. De hecho, esto significó la victoria del Papado en su larga contienda con el Imperio. Desde 1273, varios reyes germanos reclamaron el título imperial, siendo Rodolfo I, miembro de la dinastía de los Habsburgo, el primero en hacerlo. En diversas ocasiones esas pretensiones fueron reconocidas por los papas. Sin embargo, el título no era más que un cargo honorífico; teniendo en cuenta que el Imperio estaba formado por una confederación poco compacta de estados y principados soberanos, la autoridad imperial sólo era nominal. Luis IV, que asumió el título en 1314, desafió con éxito el poder del Papado y restauró, por breve tiempo, el prestigio del Imperio. En 1356 Carlos IV promulgó la Bula de Oro, que fijaba la forma y procedimiento de la elección imperial y realzó la importancia de los electores. En el reinado de Carlos V, el Imperio abarcó un territorio tan extenso como el de Carlomagno; pero fueron los principios dinásticos y no los eclesiásticos los que constituyeron el principal elemento de cohesión de la estructura imperial que estableció este emperador. El concepto medieval de un Estado terrenal coexistiendo en armonía con el reino espiritual de la Iglesia, sobrevivió sólo como teoría. Pero cuando la Reforma protestante tomó la iniciativa, incluso la teoría perdió prácticamente su significado. La unidad del Imperio quedó debilitada en 1555, cuando por la Paz de Augsburgo se permitió a cada ciudad libre y a cada estado de Alemania la elección entre el luteranismo o el catolicismo. Por la Paz de Westfalia (1648), que puso fin a la guerra de los Treinta Años, el Imperio perdió lo que le quedaba de soberanía sobre los estados que lo formaban, y Francia se convirtió en la primera potencia de Europa. El Sacro Imperio Romano, en su etapa final, sirvió principalmente como instrumento para las pretensiones imperiales de los Habsburgo, pero todavía desempeñó ciertas funciones, principalmente dirigidas al mantenimiento de una cierta unidad entre los distintos estados que lo componían. Los últimos emperadores, todos ellos gobernantes de Austria, preocupados principalmente por agrandar sus dominios particulares, fueron meras figuras decorativas. Una fútil intervención militar contra la Francia revolucionaria constituyó la última acción importante del Imperio en asuntos políticos europeos. Como consecuencia de su bien fundado temor a que Napoleón I de Francia intentara apoderarse del título imperial, Francisco II, el último emperador, disolvió formalmente el Imperio el 6 de agosto de 1806 y estableció el Imperio Austriaco. El Sacro Imperio Romano Germánico equivale en la historiografía alemana al I Reich; el segundo Imperio Alemán (1871-1918) es también conocido como el II Reich; en tanto que el Imperio nazi constituiría el III Reich (1934-1945).
http://www.tareasfacil.info/historia...germanico.html
La Iglesia es el poder supremo en lo espiritual, como el Estado lo es en el temporal.
Antonio Aparisi
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