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Tema: Rusia y España

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    Re: Rusia y España

    Revista Eslavia 1(2015)


    EL MISTERIO HISPANO-RUSO

    Antonio Moreno Ruiz

    Historiador y escritor

    ANTONIO MORENO RUIZ





    Desde hace mucho tiempo albergo una intuición que a muchos les podrá sonar extraña, mas el tiempo y el conocimiento me han ido llevando a presentarla y defenderla con formas muy tangibles: Existe un gran paralelismo entre el mundo hispánico y el eslavo-oriental, entre las Españas y las Rusias; y todavía es un misterio por desvelar.

    Mi curiosidad sobre la cultura rusa me llevó a nutrirme de aspectos que veía desde muy niño a través del cine y la literatura. No sé exactamente por qué, pero creo que el gusto de mis padres por la película “Doctor Zhivago”, con aquella mítica banda sonora de Maurice Jarre comenzó a empujar mi curiosidad. Parte de esa película está rodada en España, y yo me preguntaba cómo era posible recrear un paisaje ruso en nuestra Piel de Toro… Claro que eran tiempos de la Unión Soviética, donde en Moscú no gustaban demasiado ciertas “expresiones artísticas”… Y sin embargo, mientras que en la URSS miles de artistas eran arrojados a la prisión o a la muerte, en la Europa liberal-capitalista el ser comunista constituía una especie de garantía cultural y superioridad moral. A los años, vemos cómo el progresismo, esto es, ese sofrito de marxismo cultural y Escuela de Frankfurt (1), ha calado mucho más en la Europa occidental que en los países que estuvieron bajo el telón de acero.

    En fin, muy pronto me toparía con la literatura del gran país del Este. Alguna imagen conocía gracias al libro Piotr, escrito por el holandés Jan Terlouw, el cual crea su personaje en el ambiente de una granja al sur de Moscú. Fue uno de los muchos libros que leí de la editorial El Barco de Vapor, una editorial que acaso nos marcó a todos aquellos que pasamos nuestra infancia a caballo entre los 80 y los 90 del pasado y malhadado siglo XX. Y en la adolescencia, ya comencé con Dostoyevski, viendo en su enorme capacidad descriptiva y psicológica paralelismos considerables con el estilo realista español que se desarrolló entre los siglos XIX y XX, cuyo máximo precursor fue José María de Pereda, al que admiraba, entre otros, el muy conocido Benito Pérez Galdós. Como escritor, reconozco que he seguido bastante este estilo, siendo de hecho una de mis escuelas, yendo también hacia el realismo mágico hispanoamericano, que a su vez, entronca con el esperpento de Ramón del Valle-Inclán. Conforme leía a Dostoyevski también leía a Tolstoi, siendo que me gustaba mucho más el primero que el segundo; con todo, también veía paralelismos en Tolstoi, sobre todo en su modo de narrar, en sus muchos detalles descriptivos, en sus ansias costumbristas… Era raro, pero aquella intuición me quería decir algo. Y aquella intuición se desarrolló mientras descubría picoteos de Gogol, Chejov, Soloiev y Berdiaev. Con todo, aquella pequeña intuición que fue naciendo en base a elucubraciones más o menos literarias se hizo carne al sumergirme de lleno en la figura de Alexander Isayevich Solzhenitsyn. En aquellos universitarios años, asimismo, conocí el Strannik, el libro del peregrino ruso, una especie de camino de Santiago eslavo. Con Solzhenitsyn, empero, fui hacia el Archipiélago Gulag, la enorme colección de historias de los campos de concentración comunistas, de los que él formó parte como represaliado de aquella tiranía, pero también hacia Un día en la vida de Iván Denisovich, La casa de Matriona, Pabellón de cáncer, Lenin en Zurich, El error de Occidente y algunos otros que me dejo en el camino. Y todos ellos me fueron dibujando con trazos cada vez más realistas los curiosísimos paralelismos sociales, culturales, históricos e incluso espirituales entre ambos mundos a priori tan lejanos. Empero, los que mejor me presentaron lo que empezaba a ser “mi teoría” fueron sus ensayos contemporáneos: El “problema ruso” al final del siglo XX , Cómo reorganizar Rusia y Rusia bajo los escombros. En esta tríada de ensayos, Solzhenitsyn habla del pasado y el presente, así como de las propuestas de futuro basadas en lo mejor de la tradición rusa que él cree olvidada y vilipendiada por un sistema sin escrúpulos y por la confusión y ansias que genera ese “nuevo mundo” para buena parte de un pueblo ruso, castigado y humillado ad nauseam. Y ahí ya me convencí del todo que lo que yo iba pensando y defendiendo iba más allá de una mera intuición, porque las coincidencias históricas se veían muy nítidas en el delineamiento de aquel gran matemático, físico e historiador que, lejos de quedarse en una mera crítica anticomunista, analizó con dura perspicacia todos los errores de la modernidad que de hecho nos están consumiendo. Así las cosas, el leer a Solzhenitsyn supuso también el dar un nuevo enfoque intelectual no sólo en general, sino también a la visión española en particular y del mundo hispánico en general. Fue él quien, como Juan Vázquez de Mella, el gran tribuno del tradicionalismo español, me hizo ver que la tradición es un concepto dinámico, que la tradición no significa anclarse en el pasado, sino recoger lo mejor de él para construir mejor un futuro que no pierda su identidad, su esencia; y que, en definitiva, sin tradición no hay progreso.

    Del pasado al futuro, Solzhenitsyn como digo fue, una gran confirmación entre los paralelismos que yo avistaba para con lo español y con lo ruso. Paralelismos que ya habían sido avistados y defendidos antes por personalidades tan diferentes como el mentado Tolstoi y Miguel de Unamuno.

    Y así, conforme iba tomando cuerpo mi idea, un buen día, hablando de este tema con un amigo argentino, me dijo que él también pensaba lo mismo, y que luego de que leyera Europa y el alma del Oriente del germano Walter Schubart (2), mi visión se acrecentaría aún más. Y así fue. Schubart, que fue profesor de sociología y filosofía de la universidad de Riga (Letonia), aunque germánico, escribe enteramente como un oriental. Leerlo fue como tener ante mis ojos a un profeta del Oriente hablando a un Occidente sordo, ciego y mudo (tal era la sensación cuando leía a Solzhenitsyn), en un lenguaje espiritual como ya no se entiende en el Viejo Continente.Y en este libro hay un apartado especial a las comparaciones entre rusos y españoles, a los pueblos de la periferia del Viejo Mundo, cuyas puertas fueron primero cerradas al enemigo islámico, y luego abiertas para extender la cruz gracias a ellos; y sin embargo, tanto España como Rusia sufren una leyenda negra tan injusta como embustera en no pocos países de ese continente que no existiría como tal sin haber sido salvaguardado por sus extremos geográficos. Y sin embargo, tanto rusos como españoles hemos recibido la acusación de “poco europeos”, o incluso rusos de “asiáticos” y españoles de “africanos”… ¡¡Encima!! Y bueno: Dice el refranero español que de bien nacidos es ser agradecidos, así que ya sabemos el calificativo que hay que emplear en estos casos…

    Asimismo, fue el mismo amigo argentino que me proporcionó la lectura de Schubart quien me hizo notar algo interesante: (Siendo nieto de españoles) En sus viajes por España, percibió mucha impaciencia en los caracteres, y dizque "frustración". Tanto él como otros nietos de españoles en el Nuevo Continente me dicen que los españoles de ahora son muy distintos de los de antes: Que el español de antes era mucho más humilde, sufrido y aguerrido, entre otros. Y todo eso es verdad, y la palabra clave es la frustración. No en vano, tengo para mí que los problemas de España van mucho más allá de la economía. Es algo muy psicológico, si se quiere. Especialmente desde el siglo XVIII nos encanta compararnos con Francia, Inglaterra Alemania... Pues bien: Nos guste más o nos guste menos, somos de tierra de frontera, somos de la tierra y del mar, somos continente e islas adyacentes, y si hay algún paralelismo que nos podría servir, no es el de allende los Pirineos ipso facto, sino el mundo eslavo oriental; un mundo paralelo, casi tan paralelo como lo es nuestra América. Y eso lo supo ver a las mil maravillas el mentado Schubart, quien terminó de abrirme los ojos, indicándome cuál es el plano a trazar. Porque el mundo eslavo oriental nos podrá ayudar a comprender muchas cosas. Si lo conociéramos e investigáramos más, otros gallos nos cantarían. En cambio otros mundos, añadiendo la mentalidad de nuevos ricos progres (¡encima!), no nos precipitarán sino al abismo, al abismo de sempiternos adolescentes malcriados y frustrados, que eso es lo que parecemos y somos, dentro de una irritante frustración propia del complejo de inferioridad y de la incomprensión alarmante. De donde no hay, no se puede sacar. Tenemos que ir a nuestras raíces, tenemos que acudir a nuestros intereses. A estas alturas de la película, lo demás es música ratonera. Las Rusias y las Españas en teoría son polos opuestos, ¿pero acaso no es ley que éstos se atraigan? Además, no es nada nuevo, porque mal que bien, hay un trasvase importantísimo entre ambos pueblos: La influencia bizantina, la continuación del Oriente Romano por todo el Mediterráneo. Desde el siglo VI al VIII, desde las islas Baleares a Ceuta estuvieron en manos bizantinas, no sin potentes incursiones sobre el sur peninsular. Y no olvidemos que Bizancio significa la continuidad histórica, política y hasta espiritual del mundo romano sobre las nuevas improntas germanas y eslavas. Como bien corrobora el historiador bizantinista argentino G. Martín (3): " Influencia bizantina en España? El Reino de los Visigodos en la península Ibérica fue algo así como una sucursal de Bizancio, lo cual se manifestaba sobre todo en las compilaciones en el Liber Iudicum, en la administración del reino, en la mismísima Iglesia visigótica tras Recaredo (una copia de la bizantina, a través de Isidoro de Sevilla). De entre todos los reinos que surgieron tras el hundimiento de la sección occidental del Imperio Romano, el de los visigodos fue el que mejor copió las tradiciones romano-bizantinas." Asimismo, el historiador español Daniel Gómez Aragonés (4) dice que “la influencia debemos buscarla, particularmente, en cuestiones políticas, ideológicas, artísticas y religiosas. No podemos entender el Reino Visigodo de Toledo sin comprender la dimensión del Imperio Romano de Oriente, Bizancio. Debemos tener presente que los grandes faros de dicha época eran en un extremo Constantinopla y en el otro Toledo. Una vez más, el Mediterráneo fue ese canal de interacción que hizo fluir las relaciones. Es muy importante conocer el influjo de Roma y posteriormente de Bizancio sobre nuestra cultura. La liturgia hispanogoda es uno de nuestros mayores tesoros.”

    Tanto en España como en Rusia se van a reunir pueblos dispersos (a veces, todavía paganos) en torno a ese ideal universal romano perfeccionado en la cruz; pueblos dispersos que tienen que sacudirse la embestida del islam y cuya fortaleza servirá para que Europa quede tranquila y alejada de este problema. La victoria acaudillada por Don Pelayo en Covadonga, en el siglo VIII, irá creando entre galaicos, astures, cántabros y vascones y mozárabes (los cristianos hispanos que se habían quedado en territorio dominado por el islam) una conciencia de la “España perdida” cuya recuperación había que poner en marcha. En el otro extremo del continente, en el siglo X, el príncipe Vladimiro I de Kiev se convierte al cristianismo y va a comenzar una nueva historia política que enlaza con la espiritualidad y la liturgia bizantina. El mesianismo ruso de ser la Tercera Roma tiene este punto de partida. Y no en vano, el polígrafo Marcelino Menéndez y Pelayo definió a España como “la espada de Roma”. Tanto en Rusia como en España estamos ante un Medioevo prolongado durante siglos en la lucha y en la cultura de frontera. Todo este mundo está vertido en la comunión de geniales creaciones épicas, cantadas en Rusia por los guslares y forjadas en España por los Cantares de Gesta. Esta prolongación espiritual, cultural y política hará decir al muy atento pensador alemán Oswald Spengler que “el espíritu español quebrantó el Renacimiento”.

    Hablábamos de pueblos dispersos que acaban reunidos; un hecho que es más notorio en Rusia, pues en España, a pesar de las diferencias, en contra de lo que pensaron muchos, mejores o peores intencionados, existen unas ligazones étnicas muy fuertes; primero, porque no se explica la consolidación del reino de León -tras la incipiente monarquía astur- sin la repoblación mozárabe, y asimismo, no se explica el avance de la Reconquista sin la interacción entre los mozárabes y los repobladores del norte que llegaron de Despeñaperros para abajo. Aparte, la extensión continental rusa no es tampoco comparable a la ibérica. Con todo, sí hay un factor fundamental de unidad entrambas patrias: La confirmación de la fe y la corona. En España, primero fue Recaredo I, luego, Don Pelayo; en la Rus, Vladimiro I de Kiev, a posteriori, Iván el Terrible. España (como Portugal) tenía su irredentismo en su costa norteafricana, prolongando la Cristiandad que quedó truncada tras la invasión islámico-arábiga; sin embargo, en 1492, cuando castellanos, aragoneses y portugueses ya tenían una presencia firme en África, es el mismo año que Colón arriba a Guanahaní, siendo que toda una geopolítica cambia, en pro de una geopolítica universal y providencial: A partir de la Península Ibérica, las Baleares, las Canarias; del norte de África al continente americano va a irradiar la misional civilización hispánica. España y Rusia están “sobre Europa”, y si bien España tiene su talón de Aquiles entre África y América, Rusia lo empezará a tener en el siglo XVI primero ante la inmensidad asiática, con el papel cosaco en la conquista y poblamiento de Siberia, y a posteriori al cruzar el Estrecho de Bering, se convertirá, como en España, en una nación “tricontinental”, y líbrenos Dios de paralelismos con términos actuales.

    Empero, ¿quedan Rusia y España cerradas y cercadas hacia ambientes lejanos? De ninguna manera, y resulta que esta historia paralela va a converger en la aparición de un nuevo enemigo común en el Mediterráneo: El turco. El mismo enemigo que acabó con Bizancio, el mismo enemigo que cuasi finiquitó el mundo romano del que, por un lado y por otro, las Españas y las Rusias son herederas. El mismo enemigo que no podrá desbordar el continente europeo al encontrarse estos dos diques al Oriente y al Occidente. Y el mismo enemigo con el que continuamente coquetearán las potencias que conformarán lo que conoceremos como la Europa más moderna.

    Con todo, convenimos en que ni el mundo ruso ni el mundo hispánico estuvieron aislados. Por más que su idiosincrasia fuera resistente a la nueva configuración que experimentaba el continente, ambas entraron en el mundo ilustrado. En España vino de mano de los Borbones, pero no fue sólo su exclusividad, puesto que no había Borbones en Portugal y sin embargo el marqués de Pombal demarcó una política tan absolutista o más que al otro lado del Guadiana. Lo mismo sucedía en la muy idealizada Austria con el josefismo, ejemplo de absolutismo asfixiante. El siglo XVIII supuso un punto de inflexión importantísimo, pues no era sino confirmar la Paz de Westfalia, el tratado que en 1648 selló las ideas de los futuros estados-nación. De Westfalia a Utrecht, donde el imperio británico confirmó su rapiña de Gibraltar, tanto España como Rusia se enmarcarán en una dificilísima política europea seguidas muy de cerca tanto por Francia como por Inglaterra. En España, como decimos, Felipe de Anjou fue el rey legítimo designado por su tío Carlos II; sin embargo, el archiduque Carlos de Austria, irrespetando estos términos, no tuvo mejor idea que invadir España aliado de nuestros peores enemigos: Holandeses y británicos. Parecía que media Europa se tomaba la Piel de Toro como un botín. Y los británicos tomaron el mayor punto estratégico del planeta: Gibraltar; la unión del Mediterráneo y el Atlántico, la llave de Europa y África, y el paso obligado hacia América. Para confirmar su dominio talasocrático, y para humillar al que Cromwell consideraba el enemigo providencial, no podían haber escogido momento y punto mejores. Inglaterra, sabiendo de la proyección universal hispánica, acuñó en el siglo XVIII que “a España hay que vencerla en América y no en Europa”. En este siglo trazará su plan para humillar a España y sin embargo, recibirá las derrotas más humillantes de su historia, desde Cartagena de Indias por mano del vascongado Blas de Lezo a la América del Norte con el andaluz Bernardo de Gálvez cerrando desde el Caribe al Mississipi. Blas de Lezo que, por cierto, había luchado años antes con uñas y dientes por Felipe V, quien mimó especialmente a vascongados y navarros por el ardor en defender su causa.

    El siglo XVIII es clave para entender la política de Francia e Inglaterra y sus ojos puestos sobre España y Rusia, potencias que manejaban grandes cantidades de territorio. Sin embargo, a pesar de gran resistencia popular, tanto en la propia corona como en determinadas oligarquías, las ideas de la Ilustración van a calar y de una forma muy exagerada. En Rusia el paradigma es Pedro el Grande, quien quiso obligar a los rusos a afeitarse y llegó a trasladar la capital de Moscú a una ciudad nueva: San Petersburgo. Lo de obligar a los rusos a afeitarse, a día de hoy, puede sonarnos a coña marinera, pero en aquella época tenía un significado cuasi religioso, pues tradicionalmente, muchos rusos se dejaban las barbas con la intención de parecerse a Jesucristo. No contento con eso, imitando el modelo protestante del rey-papa, su actitud llegó a crear un rupturismo dentro de la iglesia ortodoxa rusa que todavía colea a día de hoy, debido a las intromisiones estatales. Entre los tiempos de Carlos III y Carlos IV, las políticas regalistas fueron también asfixiantes, llegando en la época del ministro Pablo de Olavide (criollo limeño, para más señas) a meterse en el seno de las cofradías, intentando hasta suprimir hábitos de penitencia, lo que provocó gran revuelo en Sevilla.

    Sin embargo, en el siglo XIX, con la invasión napoleónica, sucede que su primera derrota militar es en Bailén, un hecho histórico que dio muchísimos ánimos a los resistentes patriotas rusos que, con Kutuzov y el general invierno, lograron derrotar a la Grande Armée. Napoleón, como los turcos, no pudo extender su tiranía acribillado en sus extremos de Occidente y Oriente. Sin embargo, las ideas de Napoleón habían penetrado con mucha fuerza en ambos mundos, y si bien el dictador corso fue derrotado con las armas, no lo fue con el pensamiento, porque desde las mismas élites, acomplejadas y culturalmente extranjerizadas, que veían a su pueblo como atrasado e inferior, inyectaron un extraño corpus ideológico ante el que los pueblos desarrollaron de una forma muy exagerada, al alimón de las mixtificaciones propias del romanticismo. A pesar de poseer hispanos y eslavos orientales una espiritualidad latente y vigorosa, la Europa que teníamos entre medio acababa por absorbernos. Y el mundo hispánico acababa por descomponerse en una sucesión de interminables guerras civiles, de la Península al Nuevo Mundo, donde todos contra todos se acaban matando, siendo que toda una geopolítica se viene abajo en unas guerras que duran hasta décadas, con una parte importantísima de la población, tanto ibérica (la que luego cristaliza en el carlismo) como ultramarina, y donde el mayor beneficiado fue el que había sido derrotado durante todo el siglo XVIII: El imperio británico; el mismo que, aplicando el clásico “divide y vencerás” se convierte en árbitro y señor de todo el continente, y que no muy tarde se reconciliará con los Estados Unidos para formar un bloque compacto ya en el siglo XX. Un bloque que todavía tiene como eje sagrado a la reina de Inglaterra, que no se olvide este “detalle”.

    Rusia, empero, no va a desintegrarse de esta manera tan atronadora. Sigue siendo una potencia continental, una potencia de tierra. Y es la misma potencia, directora de la Santa Alianza, la que pregunta por la posibilidad de ayudar a España ante el separatismo en América. El británico Wellington, cuya ayuda contra Napoleón fue más venenosa que otra cosa, decía solidarizarse con España mientras le mandaba oficiales a todos los próceres separatistas, a los que tenía absolutamente conchabados. Y justo es en esta época cuando Rusia deja de ser “Terra Incognita” para España, porque algunos diplomáticos de Fernando VII van a querer establecer una sólida alianza con los Romanov. La posible alianza militar nunca fraguada también tuvo su punto en España, porque gracias al diplomático Tatischev se compraron unos buques de guerra para ayudar a los realistas americanos; buques de guerra que a la hora de la verdad, estaban podridos y no podían zarpar. Entonces, se formó una pequeña comunidad rusa en España que tenía hasta su propia iglesia ortodoxa, de la que a posteriori, quedaría poco rastro.

    “Terra incognita”: Eso era el Oriente eslavo para muchos españoles hasta el siglo XIX. Y al contrario también lo mismo: España para los rusos significaba lo desconocido. Tanto rusos como españoles teníamos a lo francés como ejemplo de refinamiento y nuestras élites (así como las élites criollo-mestizas americanas) gustaban hasta de hablar francés entre ellos como símbolo de distinción. Nuestros pueblos mantenían paralelismos espirituales pero no se conocían. La brevedad de la legación diplomática rusa en Madrid y el escabroso y corrupto asunto de los buques de Tatischev tampoco sirvió para un mayor conocimiento entrambos. A posteriori, Rusia apoyaría los derechos del rey Carlos V frente a la usurpación liberal-isabelina, pero el triste triunfo de esta facción golpista, propiciado entre otros, por el imperio británico y la Francia orleanista, también servirán para alejar posiciones en el siglo XIX. El XIX, el siglo del desguace de las Españas, es también el siglo del intervencionismo franco-británico en Crimea, coqueteando con los turcos frente a un imperio ruso que se iba afianzando desde la Europa central a los confines del Extremo Oriente.

    Por desgracia, las bases rupturistas al respecto de la esencia tanto hispánica como rusa habían quedado ya asentadas, y si bien el mundo eslavo oriental no estalló en divisiones, como el mundo hispánico, se vería conmocionado de arriba a abajo con el estallido de la Revolución Rusa en el Año de Nuestro Señor de 1917. Lejos de haber una hambruna asoladora, lejos de haber un “Antiguo Régimen” sempiterno, y lejos de haber un clamor popular unificado, que son los tópicos insuflados por la propaganda comunista que de tan buena gana se ha acogido en el liberalismo occidental; lo cierto es que, como el mentado y admirado Solzhenitsyn, entre otros, lo que sucedió fue una explosión desordenada de muchos “partidos” y con mucho desorden, formándose algo más parecido a los conflictos post-napoleónicos del mundo hispánico que otra cosa. El zar Nicolás II, que había hecho bastantes reformas y tenía prestigio internacional, y todavía una aura cuasi religiosa en buena parte de su pueblo; sin embargo, se vio acorralado al entrar en la Gran Guerra; Gran Guerra en la que, entre otros, le había hecho la jugada su pariente el kaiser... ¡Y entró aliado de Francia e Inglaterra, y por intereses paneslavistas! Y eso con el todavía reciente fracaso de la Guerra Ruso-Japonesa, que tanto descontento creó y que tanto aprovecharían los revolucionarios (como en España aprovecharían los conflictos ultramarinos, de Filipinas a Marruecos, pasando por Cuba)… Otrosí, Inglaterra, a pesar del parentesco de Jorge V con Nicolás II, lo dejó en la estacada y sólo España intentó salvarle la vida de verdad, sin éxito. El imperio británico fue el que sacó mayor tajada del paneslavismo, para así anular al imperio austrohúngaro; mientras que en Rusia, aprovechando los desastres militares, la desazón en determinados sectores, y la falta de un gobierno contundente, el partido bolchevique, minoritario pero bien pertrechado e ideológicamente fanático, con un Lenin que había sido financiado por Prusia a través de Suiza, lideró el terrible proceso. Los alemanes volvieron a cometer el mismo error que en Francia: Creyeron que, financiando y aupando la Revolución, obtendrían grandes réditos territoriales. Y en ambos casos, París y Moscú se les volvieron en contra, aun de diferentes maneras. Buena parte de Europa creyó que Rusia sería su botín, tal y como lo creyeron algunos para con la España de principios del XVIII; sin embargo, no entendieron una cosa que sí entiende nuestro nombrado y reivindicado Schubart: La pervivencia del hombre mesiánico. Como dice el profesor Manuel Fernández Espinosa, director de nuestra revista, tanto el ruso como el español se hacen comunistas no por indiferentismo religioso, ni tampoco por un mero “odio”: El ruso, como el español, se hace rojo porque sustituye el Evangelio por Marx. Ni el español ni el ruso pueden pasar por una iglesia como si nada: O se arrodillan con fervor o quieren quemarla para implantar algo nuevo, una fe nueva. Es un pensamiento de conjunto que, asimismo, no se contenta con quedarse en su terruño, sino que se le queda el mundo chico una vez que ha superado su cultura de frontera. La amplia visión geográfica se refleja en los más variados modos de “comportamiento”; pero mientras el francés y el alemán viven rodeados de vecinos, el ibérico tiene la inmensidad de África y el mar, y el ruso, la estepa… No hay medias tintas ni maquiavelismos posibles en la constitución histórica de estos pueblos.

    Con todo, Lenin no tuvo ningún reparo en regalar territorio ruso, y así se lo hizo saber a los alemanes. Mas por avatares del destino, y sobre todo luego de la Segunda Guerra Mundial, el aparato represor fundado por Lenin y luego continuado por Stalin, y el inmenso botín, hizo que la Unión Soviética se confirmara como imperio, sustituyendo la estrella sangrienta a las cruces de los zares; y buscando extenderse por América y África. No porque en el comunismo estuviera subyacente el espíritu ruso, pues el comunismo ruso fue tan contrario a la historia y esencia de su patria como el alemán o el español; sino porque Stalin, en la Segunda Guerra Mundial, aun teniendo el estado leninista heredado, tuvo que crear una mística paralela para echar a pelear a un pueblo que en mucho caso veía a los alemanes como libertadores. No existe, en verdad, un “patriotismo soviético”, como no existió un “patriotismo tricolor” en España; aunque los republicanos rojos tomaran lemas de la guerra contra Napoleón, como “el no pasarán”. Ambos intentaron crear una mística paralela, acudiendo a antiguos “mitos” patrios que ellos habían desechado virulentamente, hasta que todo se le fue de las manos, y vieron que con la “dictadura del proletariado” y similares no movilizaban al pueblo. Y ese es otro punto de encuentro, y acaso el más importante para con nuestra historia contemporánea, porque en esta coyuntura es cuando definitivamente dejaremos rusos y españoles de ser “Terra Incognita”, porque los marxistas españoles tendrán en Rusia a su Vaticano rojo. Tanto así que el “¡Viva Rusia!” se convierte en un grito revolucionario de socialistas y comunistas. Antes de la Guerra Civil, Largo Caballero, notorio dirigente del Partido Socialista Obrero Español (5), ya se hace llamar “el Lenin español”. Los retratos de Lenin y Stalin pululan por Madrid. En aquella dolorosa Guerra que duró de 1936 a 1939, muchos gritaban antes “¡viva Rusia!” que incluso “¡viva la República!” y por supuesto “¡viva España!” El seguimiento hacia el Moscú de Stalin fue total: El Partido Obrero de Unificación Marxista fue eliminado por trotskista bajo la atenta mirada de la burocracia soviética. Andreu Nin, líder de esta facción, fue asesinado por el Frente Popular, la gran coalición de revolucionarios rojos que ya se habían hecho notar en 1934 cuando la derecha ganó las elecciones y organizaron un golpe de estado desde Asturias que fracasó; sin embargo, no parece merecer homenaje por una esquizoide ley dizque de “Memoria Histórica” suscrita hoy desde el liberalismo a la extrema izquierda.

    Y bueno, no dejamos de ser “Terra Incognita” sólo en un bando: Resulta que ya en la época de la Dictadura del general Primo de Rivera (de 1923 a 1930), el barón de Wrangel se le había ofrecido para combatir a Abd-El-Krim, el caudillo secesionista rifeño que si bien de joven sirvió a España, luego se aprestó a traicionarla; a lo que el general se negó por mor no de internacionalizar el conflicto. Pocos años después, y ya formada una nutrida colonia de rusos blancos en Francia, aquellos mismos que habían combatido la Revolución en Rusia, cuando vieron a unos soldados que vestían uniforme caqui y boina roja, con la mosca detrás de la oreja creyendo ahí afección comunista, sin embargo le dijeron que no, que era el Requeté, la fuerza militar de la Comunión Tradicionalista, cuyo lema era Dios, Patria y Rey; y aquellos rusos dijeron que querían alistarse en esa bandera, puesto que ellos en Rusia habían luchado por la Fe, el Zar y la Patria (6). Tanto en el Requeté como en la Legión se alistó un respetable número de rusos que, con el cristianismo a flor de piel y el ardor anticomunista, como mandan los cánones de quien admira la mística monástica que se retira del mundo y quien en absoluto teme a la muerte, regaron con su sangre el suelo español en una de sus horas más trágicas. Emilio Herrera Alonso, militar carlista, en su libro Los mil días del Tercio Navarra (7), detalla cómo su camarada el voluntario ruso Vladimir Kovalewsky opinaba que españoles y rusos eran pueblos que tenían muchas características comunes: Nobles, sentimentales, caritativos, afectivos, y cargados de tradiciones. Pero que a diferencia de los rusos, a los que él veía vocación de esclavos, los españoles la tenían de señores, lo cual les daba en muchos casos una altivez exagerada, sobre todo en el norte peninsular.

    Empero, veamos que a pesar de la notable diferencia, los paralelismos que Kovalewsky señaló a Herrera ya habían sido señalados por Schubart, aquel germano afincado en Letonia e imbuido de Oriente cristiano.

    Como vemos, Evangelio y Antievangelio se enzarzaban con furia en la Piel de Toro entre españoles y rusos, y en ambos bandos latían corazones similares. Y Solzhenitsyn (8) defendía que en España había triunfado, por encima de otras consideraciones, el concepto cristiano de la vida. Cuando vino a España en 1976, fue objeto de una gran cantidad de críticas. Él dijo que si querían ver una dictadura de verdad (Franco había muerto en 1975), que se fueran a la Unión Soviética; porque en España se vendía prensa extranjera, se podían hacer fotocopias y viajar libremente por el país sin permiso, así como se podía emigrar y regresar tan normal; y nada de eso se podía hacer bajo la hoz y el martillo. En cambio Solzhenitsyn recibió un aluvión de críticas y no necesariamente por parte de los marxistas, sino de los que luego se despejarían como “demócratas de toda la vida” mas no habían tenido problemas bajo el régimen de Franco. El escritor Juan Benet llegó a justificar en varias ocasiones los campos de concentración y especialmente para él; Camilo José Cela, del mismo gremio, le llamó “pajarraco de mal agüero”… En cambio, más allá de la literatura (y y…), ¿qué quedó de Benet o de Cela? ¿Y qué ha quedado de Solzhenitsyn? Ahí todo se responde…

    En fin, llegados a este punto, pareciera que el águila bicéfala se ha hecho para nosotros: Oriente y Occidente. Aunque la situación de rusos y españoles es muy diferente. Rusia, mal que bien, está luchando por mantenerse como una potencia. Ahora mismo en Ucrania pasa lo que pasó hace dos siglos en la América virreinal: Gente de muy diversa adscripción se enfrentan en trincheras diferentes. Y por más que haya “ideologías” que pretendan adobar, hay cosas que son de sentido común. Por más felón e inútil que fuera Fernando VII, separar las Españas, y más de esa manera, era un error que encima beneficaba a potencias muy concretas. Pues en Rusia pasa lo mismo: No se puede pretender ir de anticomunista por la vida, derribando estatuas de Lenin, a la par que se defienden las fronteras artificiales que éste creó, luego mantenidas por Stalin y por Jruschev. Además, la Rusia de ahora no es comunista, y es algo que va mucho más allá del gobierno de Putin, que sería harina de otro costal; por más que algunos no lo quieran entender. Los hermanos tienen que estar unidos y más en los momentos difíciles. Y la Historia, la sangre, la cultura, el espíritu, y el mismo sentido común que tanto nos falta, al final nos acaba reuniendo, por más que queramos tirarnos los trastos a la cabeza. Tanto España como Rusia tienen experiencia en saber que los tiempos de Dios no son los de los hombres, y que conseguir esa reunión de hermanos no es cuestión de un día para otro; empero, hay momentos donde hay que poner toda la carne en el asador.

    Rusia es nuestro hinterland oriental, España es el hinterland occidental. El Viejo Continente nada puede hacer sin nosotros, y por más que España esté absolutamente descompuesta e incluso en alocado suicidio, a nadie en verdad conviene que desaparezca del mapa. Rusos y españoles, de la “Terra Incognita” nos hemos encontrado, tanto en el continente como en América; donde hubo litigio fronterizo en el Pacífico, ante la inmensidad de Alaska, que estuvo a punto de desencadenar una guerra en el siglo XVIII. Luego, entre el XIX y el XX, no es nada desdeñable la emigración eslava oriental a la Argentina; Argentina que es la patria del gran filósofo Alberto Buela, el mismo que viene defendiendo desde hace años el legado hispánico y los cauces de entendimiento entre nuestros pueblos; el mismo filósofo que asimismo también sabe sobre los “misteriosos” paralelismos hispano-rusos y que desde hace tiempo ha iniciado una colaboración interesante, aun manteniendo cada cual sus puntos de vista, con el politólogo ruso Alexander Duguin. En Argentina tenemos a Buela y en España al escritor Juan Manuel de Prada, un valiente intelectual con muchas conexiones en Argentina (admirador del padre Castellani y otros grandes pensadores del país rioplatense), quien amén de defender los paralelismos hispano-ruso, aboga por acercarse a Rusia como justicia ante la hegemonía occidental-liberal. Nosotros, desde nuestras posibilidades, tratamos de desarrollar este misterio y de aproximarnos a Rusia al fundar la Sociedad Cultural Hispano-Rusa (9), donde nuestras publicaciones culturales manan de la amplitud cultural y espiritual como germen reivindicativo de nuestros plausibles lazos. En otros proyectos como en las revistas Raigambre y La Razón Histórica (10), también hemos reivindicado este legado, haciendo nuestras las palabras de Schubart, pues según el insigne profesor, “entre rusos y españoles no existen tan sólo semejanzas sorprendentes en la periferia de la vida, sino coincidencias en el centro del alma [...] Misión de ambos es pregonar la realidad de Dios en el mundo de lo inconsistente. Por esto hubieron de hacer penitencia ante todos los pueblos de la tierra, mediante una múltiple miseria. Cuando quede cancelada la culpa, se levantarán en el nuevo eón a una nueva grandeza y renovarán la fe en la primacía del espíritu sobre el poder, en la primacía del alma sobre la cosa".Y sí, creemos que tenemos una misión, pues nuestro mundo hispánico sigue cercado y descompuesto, gracias, entre otros, a la misma potencia que quiere desmembrar y debilitar Rusia; la misma que creyó que todo el monte era orégano cuando cayó la Unión Soviética y que podría manejar el Este como maneja a la burocracia de Bruselas. Ante el desafío de la globalización, creemos que podemos aprovechar nuestra vocación universal. Nuestra tradición constituye siempre una novedad, pues nuestras gentes, en muchos casos influenciadas por nefastas “élites”, se acogen a un colonialismo cultural anglo-degradante y desconocen sus posibilidades porque desconocen su historia, llena de levantamientos en momentos difíciles, y con una experiencia político-filósofica encomiable. Muchos, que encima van de “rompedores”, saben nombrar autores exóticos pero desconocen los más ilustres nombres que hicieron posible la epopeya que va desde los godos a las Antillas, los Andes y las Filipinas; un mundo que forjó cultura e instituciones, y que se pudo mantener con cierta autarquía hasta que se confirmaron nuestras peores desgracias. Pues bien: Al día de hoy, Rusia nos da el ejemplo. No perfecto, por supuesto, ¿pues quién lo es? Pero sin duda, un ejemplo de fe y voluntad, de recuperación de emblemas y causas tradicionales, de orgullo, coraje y fuerza para levantar una vitalidad orgullosa ante un mundo en ruinas. Ahora bien: Sin cohesión comunal, sin conciencia de sociedad, historia e identidad, sin el conocimiento de nuestras tradiciones en todos sus ámbitos, y sin ganas de querer cambiar realmente las cosas y estar preparados tanto para lo peor como para lo mejor, desechando la comodidad burguesa; no habrá nada. Porque nuestro tiempo es el de sociedades andantes, el de pueblos que tienen que defenderse a la fuerza. Sea, pues, la revelación del misterio hispano-ruso el gran acicate para la operativa y renovadora transformación que anhelamos, con el pasado en marcha como bandera hacia un futuro mejor.




    (1) Sobre la Escuela de Frankfurt, véase:
    http://es.wikipedia.org/wiki/Escuela_de_Fr%C3%A1ncfort
    Diccionario CrÃ*tico de Ciencias Sociales | Escuela de Frankfurt: Primera Generación


    (2) Véase:
    RAIGAMBRE: RUSOS Y ESPAÑOLES: EL "EÓN JOÁNICO" Y EL "HOMBRE MESIÁNICO"


    (3) Recomendamos encarecidamente que visiten el blog de G. Martín:
    http://imperiobizantino.wordpress.com/

    Otros enlaces relacionados:
    SOCIEDAD CULTURAL HISPANO-RUSA: ¿INFLUENCIA BIZANTINA EN HISPANIA?
    ANTONIO MORENO RUIZ: UNA AVENTURA HISTÓRICO-CULTURAL: EL IMPERIO BIZANTINO (4): EN LIMA.


    (4) Sobre Daniel Gómez Aragonés:
    RAIGAMBRE: ENTREVISTA AL HISTORIADOR DANIEL GÓMEZ ARAGONÉS


    (5) Sobre Largo Caballero:
    http://es.wikiquote.org/wiki/Francisco_Largo_Caballero https://qbitacora.wordpress.com/2009...rracivilistas/


    (6) Sobre los rusos blancos en España:
    Сruz conmemorativa « â€* Parroquia de Santa MarÃ*a Magdalena â€*
    Rusos Blancos
    Premín de Iruña: Los requetés rusos
    Premín de Iruña: Los sanfermines de 1939, primeros tras la guerra, los rusos y ¿el último encierro del aitacho?


    (7) Véase:
    ANTONIO MORENO RUIZ: MIS LECTURAS: "LOS MIL DÍAS DEL TERCIO NAVARRA", DE EMILIO HERRERA ALONSO.


    (8) Sobre Solzhenitsyn:
    ANTONIO MORENO RUIZ: "APOLOGÍA DE SOLZHENITSYN" - "DIGNIDAD DIGITAL".
    ANTONIO MORENO RUIZ: MIS LECTURAS: "EL PRIMER CÍRCULO", DE ALEXANDER SOLZHENITSYN
    ANTONIO MORENO RUIZ: "DE DOSTOYEVSKI A SOLZHENITSYN" - "EL CONTEMPORÁNEO"


    (9) Sobre la Sociedad Cultural Hispano-Rusa:
    SOCIEDAD CULTURAL HISPANO-RUSA
    https://www.facebook.com/pages/Socie...37247349843185


    (10) Revista Raigambre:
    RAIGAMBRE

    Revista La Razón Histórica:
    Revista digital de Historia - Revista La razón histórica


    (11) Sobre Arlindo Veiga Dos Santos:
    Cristianismo, Patriotismo e Nacionalismo: Arlindo Veiga dos Santos, arauto e poeta de uma Pátria-Nova



    Fuente:

    1.3 - Página web de fororusia
    ReynoDeGranada dio el Víctor.

  2. #22
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    Re: Rusia y España

    Repetido
    Última edición por ReynoDeGranada; 31/10/2015 a las 15:40
    "¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España." - Ramiro Ledesma Ramos

  3. #23
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    Re: Rusia y España

    Apuntes hispánicos para Alexander Duguin


    por Antonio Moreno Ruiz – Es una actitud muy conservadora eso de decir “hijo, tú no te destaques, no te signifiques”; o “no te metas en política”. Y es que los conservadores no se enteran que, por mucho que uno esconda la cabeza como el avestruz, las cosas acaban afectando, y que “política” viene de “polis”, y que esta actitud miedosa e individualista no hace sino favorecer a quien al menos quiere creer en algo, al contrario que ellos, que no creen en nada. El hecho de que suban la luz y el agua ya es política, y lo que le pase a tu vecino, mañana te puede pasar a ti. ¿O es que uno se quedaría igual por “no significarse” si se enterase que su hermana ha sido violada? Con eso de “no te metas, no te destaques”, se pierde completamente la noción de la importancia y de la realidad. Hay que coger el toro por los cuernos, y comienza a estar muy en boga en nuestro tiempo eso de la Cuarta Teoría Política que viene siendo trabajada por el profesor ruso Alexander Duguin, el cual parece no pasar indiferente ante tirios y troyanos: O bien halla adhesiones fulgurantes, o bien se cruza ante odios fulminantes. Y comoquiera que muchos hechos acaban siendo globales a la fuerza, a pesar de que España ni está ni se le espera más allá de la confusión y el surrealismo, creemos que debemos estar atentos ante corrientes que, gusten más o gusten menos, se acaban sucediendo por nuestro entorno, y que si no hallan observaciones y respuestas, quedarán a la absoluta merced de los frutos que recojan otros, tal y como ha pasado en muchos episodios de nuestra desgraciada historia reciente, donde no se ha preparado una respuesta intelectual y cultural adecuada a muchos desafíos que han pasado delante de nuestras narices, máxime en épocas cruciales para nuestro devenir.Con todo, vemos que por desgracia, es común que cuando literatos rusos se han referido a España, lo han hecho adoleciendo de conocimientos sobre nuestra verdadera historia, sobre nuestro verdadero ser. Hasta un grande como Dostoyevski cayó en ciertos tópicos sobre la Leyenda Negra. No es exactamente el caso de Duguin, viajero infatigable y conocedor de nuestro idioma y de algunos aspectos de nuestra cultura (1). Mas, porque nos interesa muchísimo lo que pasa en Rusia y porque estamos desarrollando eso en el “misterio hispano-ruso” (2), creemos de recibo aportar apuntes hispánicos ante esta corriente que irrumpe con fuerza.Como diría Jack el destripador, vamos por partes;

    Concretando en la Cuarta Teoría Política
    Sobre la Cuarta Teoría Política poco podemos añadir a lo que dice el propio Alexander Duguin. No obstante, le reconocemos cierta honradez y humildad, pues según el propio autor, no es algo que esté terminado, sino que constituye una hipótesis de trabajo abierta a constantes aportaciones. Por tanto, reiteramos que sobre la Cuarta Teoría Política, más praxis que teoría, en todo caso hay que ir siguiéndola según la boca del propio autor y del llamado Movimiento Euroasiático.Yo personalmente pienso que como españoles, poca Cuarta Teoría Política nos falta. Ahora bien, es posible que en Hispanoamérica, una praxis de este sentido sea conveniente en tanto y en cuanto a modelo de trabajo, no como fin absoluto. Y decimos esto porque, al contrario de lo que ocurre en la Europa occidental, en buena parte del complicado mundo, no existen unos clichés ideológicos que en seguida forman estereotipos. Al contrario, si por algo siempre se ha caracterizado la política, y más en el caso de las relaciones internacionales, ha sido por la transversalidad. Y es de cuestionarse en este mundo postmoderno que avanza hacia una hegemonía económica liberal-capitalista de progresismo “cultural” si realmente están sirviendo los bloques ideológicos tal y como se entendían hasta la Guerra Fría. O más aún: Es cuestión de si sirvieron realmente alguna vez.Por ello, creemos que la Cuarta Teoría Política puede dar mucho juego, sobre todo en determinadas zonas. Mas como no hay nada definitivo en ello, lo dejamos como apunte interesante, siempre a revisar, siempre en lo que poder aportar.

    Tradicionalismo
    En cuanto al término “tradicionalista”; ya señaló cierta problemática en su día nuestro insigne polígrafo Marcelino Menéndez y Pelayo en tanto y en cuanto que, allende los Pirineos, “tradicionalista” había virado a otras consideraciones muy distintas de lo que podemos entender por tradición en el mundo hispánico. Y es que en España, el tradicionalismo (3), en puridad, es cristiano y aparece con el carlismo bajo el trilema Dios, Patria y Rey, unificando los valores tradicionales y la justicia social frente al liberalismo usurpador y golpista -ayudado principalmente por el imperio británico- desde 1833 como genuino movimiento contrarrevolucionario del Viejo Mundo; referente para legitimistas de toda Europa. Como dato curioso, valga reseñar que Rusia fue acaso la nación europea que más apoyó la causa carlista. A principios del siglo XX, D. Jaime de Borbón, Jaime III de España como rey legítimo, al ser vetado en el imperio austrohúngaro, pudo sin embargo hacer carrera militar como húsar del zar Nicolás II, participando, entre otros, en la Guerra de los Boxers, y llevando el uniforme de húsar con orgullo durante toda su vida. Fue el rey más completo de la dinastía legítima: Religioso, tradicionalista, patriota y abanderado de la justicia social; antiliberal integral, respetuoso de la diversidad regional pero fiero antiseparatista; conocedor de varios idiomas y de muchos países; tan aventurero como serio; siempre llevando sus largos años en Rusia en el corazón. Otrosí, en la Guerra Civil Española, un nutrido contingente de voluntarios rusos blancos ingresó en el Requeté, la milicia de la Comunión Tradicionalista, llevando sus banderas y sus popes al frente. Dizque entraron por Francia y cuando vieron a españoles con boina roja, pensaron que eran comunistas; pero le dijeron que no, que eran soldados que luchaban por Dios, la Patria y el Rey. Y en seguida pidieron alistarse, porque su lema en Rusia había sido Fe, Zar y Patria. Y no hace mucho, conmemorando a aquellos voluntarios, se levantó una cruz rusa en el Cerro del Contadero, en Guadalajara, como conmemoración de aquellos heroicos voluntarios; oficiando el padre Kordochkin, responsable de la parroquia rusa de Santa María Magdalena, en Madrid (4).Creemos que a muchos patriotas rusos de buena voluntad les gustaría indagar en esta entrañable hermandad tradicionalista ibero-eslava, de la cual no se sabe mucho a priori, pero que constituye toda una digna epopeya que literariamente bien podría recrear algún Miguel Strogoff tradicionalista.Por otra parte, en España hay gente que se ha acercado al tradicionalismo y ha coincido mucho doctrinalmente aun sin ser carlista, como han sido los casos de Donoso Cortés o Menéndez Pelayo. Empero, no creo que en España, teniendo este maderamen, nos interesen mucho “otros tradicionalismos”, ni “otras vías” para una tradición que en verdad está muy clara. Nuestra patria se reafirmó desde la lengua y el Derecho de Roma al Reino Visigodo de Toledo, y fue la invasión berberisco-musulmana la que truncó la confirmación de la incipiente nación hispánica; empero, el levantamiento de Don Pelayo en Asturias comenzó la batalla por recuperar la España perdida, con la cruz de la victoria como máximo símbolo. Fue la cruz, nuestro temperamento indígena (5) y el complemento romano-visigótico lo que nos hizo recuperarnos como identidad, y si bien no volvimos a reproducir el pasado reino visigodo en la exactitud del pasado, fue la vuelta a la Cristiandad lo que nos unió. Pero eso: La vuelta a la Cristiandad (que no al paganismo ni al esoterismo) la defensa de la Cristiandad frente al islam, además, como baluarte del Viejo Continente. Nosotros en Occidente, Rusia en Oriente.Con respecto a “otros tradicionalismos”, no nos compete entrar aquí en un pormenorizado estudio sobre Evola y Guénon, de los cuales Duguin se declara discípulos. Otrosí, ni Evola ni Guénon eran cristianos, y creemos que hay confusiones y errores importantes en su doctrina que pueden desembocar en tragicomedias en la práctica tal y como fue la conversión al islam de Guénon.De todas formas, dado el desconocimiento abismal que el español medio tiene sobre su herencia filosófica, política y cultural, más creemos que le valdría ponerse al día con lo suyo antes que meterse en ciertos exotismos que, reiteramos, no vemos necesarios. Porque incluso si se trata de escudriñar en raíces anteriores, el mundo clásico del cual formamos parte se nos abre de par en par, además, en conexión con el cristianismo. En ese sentido, como dice el bibliófilo Joseph Pearce, literatos ingleses como Roy Campbell o John R. R. Tolkien se interesaron por el paganismo que tenía más conexión con Cristo, no por el que aleja de él. Y es que acaso ellos iban en la línea anunciada por San Agustín de Hipona, de que la salvación había sido anunciada a los paganos de otras formas; por la “cultura de la imagen” que diría el mentado Tolkien. Ese camino sí lo consideramos correcto. “Otras vías”, como que no. Ya dijo nuestro gran literato Ramiro de Maeztu (admirador de Dostoyevski, por cierto), que el camino de España no tenía pérdida posible; y así, subrayamos la herencia grecolatina que continúa en lo hispano-católico, incluyendo la “catolicidad civil”, como dice el filósofo Juan Bautista Fuentes (6).Eso sí, reconocemos que en otros puntos de la Hispanidad, determinados ideales se pueden tropezar ante senderos mucho más sinuosos, máxime en contextos geográficos o culturales donde están muy vivos los procesos sincréticos de todo tipo. En buena parte de los Andes, nunca se dejó de adorar a la Pachamama, así como a Brasil y al Caribe llegaron cultos animistas africanos que continuaron un desarrollo “independiente” en el Nuevo Mundo. Y por si fuera poco, la irrupción de la Teología de la Liberación fue letal, pues si con la independencia el liberalismo y las logias masónicas se enseñorearon definitivamente del continente, el desorden acaecido en la segunda mitad del siglo XX, con una táctica revolucionaria muy bien preparada por universidades belgas y holandesas y por el aporte de la KGB soviética (7), la situación espiritual hispanoamericana se veía entre el marxismo cultural y la continua injerencia liberal-protestante de los Estados Unidos. Si bien antes había sincretismo, por lo menos había algunos referentes claros; mas roto el sentido de la autoridad, perdidos los referentes que podían coincidir entre lo hispánico y lo prehispánico; en fin, destrozado todo sentido sagrado latente, con unos curas que se empeñan en sacar a la gente de la iglesia a patadas; pareciera que estamos ante un páramo. Y a pesar de todo, las iglesias no están vacías, lo cual no deja de tener harto mérito.Por ello, nos gustaría decir que si bien concordamos plenamente con Duguin en que el liberalismo es un Anticristo social (¡acertadísima la definición del profesor ruso!), no todo lo que se diga antiliberal es necesariamente bueno. Esto sería caer en la misma, fallida y manida lógica del anticomunismo. El llamado “socialismo del siglo XXI” que comenzó Hugo Chávez en Venezuela no ha supuesto ningún cambio ante el mundo liberal, y lleva ya casi dos décadas. No son comparables a algunos líderes del mundo árabe que, por las circunstancias, fueron sus aliados, puesto que ni en la República Árabe de Siria ni en la Libia de Gadafi sus ciudadanos pasaron las necesidades y calamidades que están pasando en los países gobernados por esta “vía”, que aplican un sistema capitalista ramplón que está llevando a Venezuela, uno de los países más ricos del mundo, a pasar hambre sin producir nada, sin formar bien a su gente, teniendo tratos vergonzosos con el narcoterrorismo y endeudándose hasta las cejas. Y que no se olvide: Siendo Estados Unidos su principal comprador de petróleo; de un petróleo que ha estado malvendiendo, cuando no regalando, para extender una política que no ha llevado a ninguna parte.Tampoco se olvide que si bien es descarado el intervencionismo angloamericano en la región, Chávez fue golpista en 1992, y fracasó; y cuando triunfó, no dudó en apartar al politólogo argentino Norberto Ceresole, que había sido su asesor, para dar paso a la izquierda más rancia y sectaria.Otrosí, el indigenismo inyectado de estos movimientos, lejos de buscar las verdaderas raíces de los pueblos indios, o lejos de ahondar en sus tradiciones, no es sino una táctica de odio alimentada por ideologías modernas nacidas en las universidades europeas, acaso como continuación lógica de la Teología de la Liberación, que lejos de optar por los pobres, no ha supuesto sino una lanzadera politiquera, una “voluntad de poder” que en nada ha contribuido a mejorar la situación social de muchas comunidades que, de hecho, están todavía peor de lo que estaban antes. Y desde luego, esta onda sí ha contribuido a apoltronar a mucho indeseable. Curas que cambiaron la sotana por “trajes de paisano”, subvencionados líderes dizque sindicales, la liturgia convertida en un circo al más puro estilo moderno-protestante… Y se escoge como icono a Simón Bolívar, un oligarca mantuano descendiente de explotadores esclavistas, un dictador masón, individualista y liberal al que el mismísimo Karl Marx denostó con todas sus fuerzas (8)y que predicó salvajemente el odio a su propia sangre y cultura; tal y como lo hicieron buena parte de ilustrados y liberales del XVIII al XIX, y tal y como el marxismo recogió ese fruto podrido a principios del XX. Odio al blanco, odio a España. Y sin embargo, se empecinan en hablar la lengua de Cervantes, al igual que los separatistas ibéricos…
    II
    El hecho de que el dictador Bolívar sea el icono de este movimiento es en verdad muy ilustrativo: Bolívar al fin y al cabo, como San Martín y Miranda y tantos otros camaradas que actuaron al servicio del interés del imperio británico, murió solo, peleado hasta con los que se suponían que eran los suyos. En cambio, Joaquín Posada Gutiérrez, general secesionista y camarada de Bolívar, consignó que “es preciso que se sepa que la Independencia fue impopular en la generalidad de los habitantes; que los ejércitos españoles se componían en cuatro quintas partes de los hijos del país; que los indios, en general, fueron tenaces defensores del gobierno del Rey, como que presentían que tributarios eran más felices que lo que serían como ciudadanos de la República”. Y así, el líder indio Antonio Navala Huachaca estuvo defendiendo la bandera realista hispánica hasta 1835. Cisneros en Venezuela, Agualongo en Quito, o muchos compañeros de armas de los Pincheira en Chile son unos pocos testimonios de una realidad que se extendió por buenísima parte de las Españas Americanas. No era incompatible la tradición indígena con la Monarquía Hispánica, al contrario: Se implementaron hasta mutuamente, y luego de la Conquista hubo toda una política de pacificación y entendimiento; siendo que en amplias zonas andinas y guaraníes, apenas se hablaba español. Fueron las repúblicas las que obligaron a su aprendizaje masivo; mientras que con la Corona se continuó para muchos la legitimidad de los incas en el Perú, por ejemplo; así como desde el siglo XVI al XIX tenemos una nutrida lista mestizos y criollos ocupando cargos importantes en la administración y en las armas españolas: El Inca Garcilaso, con Juan de Austria sofocando la rebelión morisca de las Alpujarras y a posteriori enterrado con todos los honores en la catedral de Córdoba; Pablo de Olavide, ministro de Carlos III; el duque de San Carlos, ministro de Fernando VII; Joaquín Mosquera Figueroa, agente legal de Fernando VII ¡que llega a firmar en su nombre!… ¡Hasta próceres separatistas como Francisco de Miranda o José de San Martín fueron en su día oficiales del ejército español!En cambio, el chavismo y adláteres manipulan la Historia para encima, defender a los mayores defensores de la modernidad en su tiempo.Y que tampoco se nos olvide otro dato: Chávez siempre contó con un nutrido grupo de asesores españoles, los cuales han vivido estos años en Venezuela como marajás, mientras que la violencia y la necesidad se enseñoreaban contra el pueblo venezolano.A día de hoy, los grupos de presión homosexualistas campean libremente por Venezuela, al igual que por la Argentina de los Kirchner y por el Brasil de Lula y Dilma, y por el Uruguay del reciente Mújica, al más puro estilo progre-occidental. En la Bolivia de Evo Morales el aborto campa a sus anchas. El uruguayo Mújica, un terrorista que nunca se arrepintió de sus crímenes, antes de dejar el poder legalizó la marihuana (al igual que Holanda), encontrando como máximo beneficioso al oligarca Soros, con quien se entrevistó muy amigablemente. Rockefeller también se entrevistó con él, y con Fidel Castro, y aquí paz, y después gloria.¡Ah! Y Mújica fue públicamente condecorado por los sionistas uruguayos.Nada antiliberal hay en este desgraciado, surrealista, esperpéntico y enésimo producto de la modernidad.Y eso de las alianzas pues siempre ha sido transversal, porque Franco también tuvo buenas relaciones con un Fidel Castro que declaró tres días de luto oficial en Cuba cuando falleció el galaico general; el mismo que escribió al presidente Johnson advirtiendo que perdería la guerra del Vietnam y que Ho Chi Min era un patriota. Pero ni uno ni otro se comparan, como no se comparan Al Assad y Chávez por más aliados en política internacional que fueran. (9)Y bueno, dudamos mucho que a Duguin en particular y a los patriotas rusos en general les gustara, o que de hecho, consideraran bueno y antiliberal, que en Siberia surgieran movimientos indigenistas que copiaran teorías modernas occidentales y tuvieran en la eslavofobia su principal bandera. Y es que evocando a Solzhenitsyn, creemos que la eslavofilia (que no el paneslavismo) puede ayudar mucho a la Rusia actual. Y no en vano Dostoyevski dejó dicho que “lo que necesita Rusia es más Rusia, no más Occidente.” ¡Cómo nos recuerda eso a nuestra España, a nuestra Hispanidad toda!De verdad: No se trata ni de xenofobia ni de chovinismo barato. Tanto en España como en Rusia nos han introducido el complejo de inferioridad especialmente desde la Ilustración del siglo XVIII; y muchas veces, por no buscar en nuestra propia sabiduría, hemos querido ser lo que no somos, obteniendo por ello pésimos resultados. Hay que ser muy prudentes en este sentido y tener amor propio. No es de recibo que en España haya quien se precie de citar a autores cuyo apellido apenas acierta a pronunciar y que, sin embargo, nada sepan de la tradición romana y de su continuidad complementaria en la época visigótica (no sin ribetes bizantinos de por medio); de la tradición medieval condensada por Alfonso X el Sabio; de los grandes juristas de la Universidad de Salamanca que asentaron las Leyes de Indias y el Derecho de Gentes (¡mucho antes que aparecieran Sacco y Vanzetti por Estados Unidos!); del Siglo de Oro que encumbró nuestra literatura a lo máximo; de lo mejor de nuestra Ilustración encarnada en personalidades como José Cadalso o Gaspar de Jovellanos; o de polígrafos estudiosos como Marcelino Menéndez y Pelayo, Ramón Menéndez Pidal, Claudio Sánchez-Albornoz… En fin, tenemos demasiados nombres sin conocer que muchísimo nos aportarían, mucho más de hecho que doctrinas esotéricas extrañas. Dentro de la complejidad, hay que definirse, concretarse. Por eso desde aquí defendemos una política hispanista integral (10), porque España se reafirmó en América, donde, como bien dice el filósofo argentino Alberto Buela, debería ejercer su capitalidad cultural, y donde debería haber puesto sus miras económicas y geopolíticas de una manera clara y honrada antes que en una Unión Europea que es la crónica de una muerte anunciada. Curiosamente, en nuestra América contamos con toda una pléyade de intelectuales hispanistas que están combatiendo muy severamente a la Leyenda Negra que, en muchos casos, viene promocionada por la España oficial. Nombres como José Antonio Pancorvo, Pablo Victoria, Antonio Caponnetto, C. Rodrigo Iturralde, Patricio Lons, Francisco Núñez del Arco -y otros que se nos fueron hace no mucho como Luis Corsi Otálora o José Manuel González-, que muy buenamente están tomando el testigo de otros grandes como Rómulo D. Carbia o José Vasconcelos. Y muchos que se precian de conocer autores allende los Pirineos, osarán llamarse patriotas sin saber ni siquiera de estos hispanísimos autores.Y eso por no hablar de cómo nos hemos dado la espalda con nuestra hermana y vecina patria portuguesa. Nada se conoce de su cultura, aun habitando la misma Península. Enfrentados artificialmente durante siglos, en cambio, Portugal siempre ha sido profético con respecto a la historia de España, como bien aseveraba Melchor Ferrer, el historiador del tradicionalismo español. Sin embargo han sido no pocos los portugueses que han presentado nuestra historia, identidad y esencia en su conjunto, siendo uno de los más señeros Joaquim Pedro de Oliveira Martins, señalado por personalidades tan dispares como Miguel de Unamuno y Marcelino Menéndez y Pelayo como “el historiador más artista de la Península”.Definitivamente: Tenemos unos cimientos más que sólidos y, aun así, todavía mucho que aprender de nuestro potencial. El día que lo saquemos a flote, otro gallo nos cantará. Y en eso debemos trabajar, frente a un pueblo alienado y arruinado; un pueblo que no sabe que tanto el arco de herradura como la estrella de ocho puntas son símbolos de antigüedad hispánica, que nos han enseñado a atribuir a los foráneos muslimes. Un pueblo que, especialmente desde 1978, está siendo educado para odiar su historia y su esencia, ante unas oligarquías que han aplicado el “divide y vencerás” para obtener réditos políticos y nos están enfrentando entre hermanos; lo mismo que se hizo en el espacio post-soviético durante la última década del siglo XX.Rusia y España han derrochado muchas fuerzas en empresas exteriores; por lo que se antoja que para exteriorizarse en este mundo, han de regenerarse a partir de ellas mismas, con la fe por delante.

    Geopolítica
    En cuanto a la Geopolítica, Duguin se nutre mucho de las teorías de Haushofer, ante lo cual, estamos en una dicotomía de la tierra frente al mar. Y esto en verdad, si bien puede ser interesante, no nos parece determinante, y mucho menos para el caso español. La geopolítica hispana quedó magistralmente definida por Juan Vázquez de Mella en sus Dogmas Nacionales. Resumiendo: La confederación con Portugal e Hispanoamérica y el dominio del Estrecho de Gibraltar, con su consiguiente costa norteafricana. De hecho, la frontera hispánica no sería el Estrecho, sino el Atlas, algo que a bien tuvieron los reyes de Portugal, Aragón y Castilla, poniendo en el actual Marruecos sus miras desde el siglo XIV, y no por “imperialismo”, sino por consecución de la Reconquista, tal y como selló en las postrimerías del siglo XV la reina Isabel la Católica.Con todo, Juan Vázquez de Mella, una de las mejores cabezas pensantes del carlismo, decía que “…el Estrecho de Gibraltar es el punto central del planeta, que allí está escrito todo nuestro Derecho Internacional; parece que Dios, previendo la ceguedad de nuestros estadistas y políticos parlamentarios, se lo ha querido poner delante de los ojos para que supiesen bien cuál era nuestra política internacional. Es el punto central del planeta: Une cuatro continentes; une y relaciona el continente africano con el continente europeo; es el centro por donde pasa la gran corriente asiática y donde viene a comunicarse con las naciones mediterráneas toda la gran corriente mediterránea; es más grande y más importante que el Skagerrak y el Kattegat, que el gran Belt y el pequeño Belt, que al fin no dan paso más que a un mar interior, helado la mitad del tiempo; es más importante que el canal de la Mancha, que no impide la navegación por el Atlántico y el Mar del Norte; es muy superior a Suez, que no es más que una filtración del Mediterráneo, que un barco atravesado con su cargamento puede cerrar, y que los Dardanelos, que, si se abrieran a la comunicación, no llevarían más que a un mar interior; y no tiene comparación con el canal de Panamá, que corta un continente. Dios nos ha dado la llave del mar latino. La geología, la geografía, la topografía, las olas mismas del Estrecho chocando en el acantilado de la costa nos están diciendo todos los días: Aquí tenéis la puerta del Mediterráneo, y la llave; aquí está vuestra grandeza…“.Asimismo, el jurista falangista Jorge Garrido (11), en un debate sobre la Hispanidad organizado por el Hogar Social Ramiro Ledesma, apuntaló muy bien en la situación geográfica de España como clave para entender las muchas posibilidades y organizaciones de cara a nuestro futuro.Y es que ni nuestra geografía ni nuestro papel histórico cuadran en esa dicotomía de “tierra y mar”.Nunca fuimos una talasocracia: Talasocracia no es sólo un “imperio marítimo”, sino un imperio de factorías, tal y como fue el fenicio. Y de hecho, estaba evolucionando hacia una política más territorial con Cartago, que era en verdad una aristocracia fenicia que dirigía a una masa compuesta por bereberes, iberos y galos. Gran Bretaña fue una talasocracia, o en términos de la escuela filosófica de Gustavo Bueno, un imperialismo depredador; frente al imperialismo generador (según la escuela de Bueno), o federativo, que quería Vázquez de Mella.Puede ser que Portugal, por fuerza de las circunstancias, mantuviera una estructura talasocrática en determinados puntos de África, Asia y Oceanía; mas cuando pudo, estableció un imperio territorial, y así se vio en el Brasil, en la India, o incluso en la África del siglo XX que les fue arrebatada por una guerra a múltiples bandas en la cual tanto liberales como marxistas obtuvieron grandes beneficios. Empero, la obra de España en América, desde México a los confines rioplatenses, es eminentemente territorial. Fue diferente en el Caribe, como ha sido diferente nos atrevemos a decir hasta en las Baleares y las Canarias, por mor de la insularidad. Pero allá donde se pudo, la vocación territorial se impuso con fuerza. Y es que como expuso magistralmente Walter Schubart en Europa y el alma del Oriente (12), tanto rusos como españoles coincidimos en nuestro pensamiento de conjunto, en nuestra amplitud de miras y vocación universal por mor de la inmensa geografía que se despierta ante nuestros ojos, siendo cultura de frontera, teniendo respeto y amor por el silencio. Sí, tenemos un Estrecho, pero de apenas diez kilómetros; y luego nos topamos con la inmensidad de un Nuevo Continente, desde el Pacífico Norte a los antárticos confines.Asimismo, dice Duguin que Rusia es el puente entre Oriente y Occidente. Y España también lo es, a través del Mediterráneo. Y no en vano parte de España fue bizantina durante dos siglos, y ese influjo bizantino continuó hasta muy avanzada la invasión musulmana, y está presente todavía en la liturgia hispano-visigótica mantenida por los cristianos mozárabes (13); liturgia que todavía está viva y que mantiene cierto auge en nuestro tiempo, de lo cual nos congratulamos, pues la defensa de la tradición debe ir guiada por iniciativas de este hermoso y entrañable cariz espiritual (14).Por otra parte, las Españas y las Rusias han ejercido su papel de custodia de Europa, de muro de contención, de hinterland. Sin estos diques a oriente y occidente, jamás se hubiera consolidado la Cristiandad, y luego lo que convenimos en llamar Europa.Nos congratula que el profesor Duguin exponga como modelos al Imperio Bizantino y al Sacro Imperio Romano-Germánico, y que a pesar de la mala prensa que -por mor de la propaganda leninista- gasta el término, defienda la idea de imperio frente a nacionalismos estúpidos y egoístas que muchas veces son alentados desde fuera. No en vano el imperialismo anglosajón, ya fuera por Gran Bretaña ya fuera por los Estados Unidos, aprovechó la Primera Guerra Mundial para esparcir la confusa idea de la “autodeterminación de los pueblos” y se apresuró a recoger los despojos del Imperio Austrohúngaro, siendo que, asimismo, extendían su colonialismo. Kennedy, que no fue precisamente un presidente “reaccionario”, no vaciló en mandar a la Guardia Nacional a Alabama cuando este estado amenazó con separarse. Con todo, creemos que la Monarquía Hispánica presenta un gran modelo supranacional basado en una rica tradición de valores eternos, pero que sin duda, debe ponerse de relieve en un lenguaje actual ante los desafíos de hogaño. Es por ello que como hispanistas estamos dando la batalla aun muchas veces en soledad e incomprensión, todavía sin un tejido social coherente y militante que empuje; pero con un sentimiento cada vez más extendido, que espera ser aflorado y dirigido….
    III
    La idea de Europa
    Uno de los puntos que nos parece más chocante es el europeísmo, máxime al comprobar que España y Portugal entramos en una Europa falsa y por la puerta falsa. La Cristiandad, el Imperio Bizantino, el Sacro Imperio Romano-Germánico, y otras entidades herederas de estas tradiciones como la Monarquía Hispánica, el Imperio Austrohúngaro o el Imperio Ruso, fueron realidades concretas; pero la palabra “Europa” no alude más que a geografía. Y ni España ni Rusia son “exclusivamente europeas”, geográficamente hablando. Si Rusia es Eurasia, España puede jugar su papel también como Euráfrica y Euramérica. Y en ambos sentidos, si Rusia se siente la Tercera Roma, España no dejó de ser la que llevó Roma a América. No por nada el libro de cabecera de Hernán Cortés, conquistador de México, era la Guerra de las Galias de Julio César. No son pocos los historiadores que han subrayado el carácter romano de la conquista y el poblamiento español en el Nuevo Mundo.Con todo, Europa no es una realidad política, ni cultural, ni racial, ni política, ni espiritual. Nunca lo ha sido. Si nos referimos a términos como “indoeuropeo”, estamos ante una realidad tan europea como extraeuropea; y no deja de ser algo bastante impreciso. “Indoeuropeo” es un término que puede servir para determinados estudios históricos, pero no para hacer política; ni tan siquiera “metapolítica”. Máxime porque buena parte de países como España, Italia, Hungría, Finlandia, Bulgaria, Grecia, Rusia, y en menor medida, hasta Francia, Noruega y Suecia, se nutren de contingentes poblacionales que no proceden de troncos indoeuropeos. Ugro-fineses o iberos/vascones eran pueblos de raza blanca pero que no hablaban un idioma indoeuropeo, y difícil es que tuvieran un patrón cultural o espiritual indoeuropeo (si es que esto existe); sin embargo los gitanos, que no son originariamente un pueblo de raza blanca, hablan un idioma de tronco indoeuropeo. Hacer de lo indoeuropeo una bandera política, o un conjunto de valores dominantes, no es transitar por un camino serio ni seguro; porque ahí todavía hay mucha tela que cortar.No creemos que sea posible la creación de un “bloque europeo”. Atendiendo al beneficio de un mundo multipolar (cosa en la que sí creemos), pensamos que en Europa siempre habrá varios bloques. España por ejemplo padece la vergüenza de Gibraltar, una invasión británica de su territorio. Todavía en el seno de Europa hay muchos problemas motivados, otrosí, por fronteras artificiales impuestas por criterios nacionalistas o liberales, si es que finalmente no viene a ser todo lo mismo. Y qué decir de Rusia, cuyos problemas en el “frente ucraniano” ya fueron anunciados por Solzhenitsyn años ha, el mismo cuya actitud profética en la España de 1976 hizo rasgar vestiduras tanto democristianas como marxistas; el mismo que señaló con fina y matemática precisión los errores de un Occidente sordo, ciego y mudo, preso de la precipitación y la superficialidad, obnubilado en un confort que es un gigante con pies de barro, y con la misma base materialista y atea que el marxismo (15).No en vano el jurista español Álvaro d´Ors decía, en La violencia y el orden (libro escrito en 1987): “No quisiera ocultar mis reservas frente a aquellos que, ante el conflicto Este-Oeste, toman decidido partido por el Oeste: Prefieren el Capitalismo al Comunismo. Esta opción, corriente en España como en todo Occidente, es explicable, pero no sé si es del todo acertada; en todo caso, estamos de nuevo en el error de la política del ‘mal menor’. Es evidente que en el hemisferio del Capitalismo la vida es más llevadera, y no deja de haber aquí un cierto aire de libertad, aunque las elecciones suelen estar muy condicionadas por la seducción de las masas, que ha alcanzado una perfección técnica irresistible, y que esta apariencia de libertad falta en el hemisferio comunista. Pero no es menos cierto que el deterioro humano del Capitalismo, al ser más placentero e insensible, resulta por ello mismo mucho más letal que la brutal disciplina del Comunismo. Este, por lo menos, puede hacer mártires, en tanto que el Capitalismo no hace más que herejes y pervertidos”. En este mismo libro, también escribió: “En este sentido he dicho alguna vez que el marxismo se ha convertido en la nueva religión del capitalismo, una religión que resulta para éste mucho más cómoda que la cristiana. Y por eso vemos que no son las empresas las dejadas al socialismo, sino las actividades tradicionalmente competían a la Iglesia: predicación, educación y beneficencia.”
    Y es que el espíritu profético y la altura de miras se cruzan desde las Rusias a las Españas.
    Empero, volviendo a qué es Europa, no creemos que Turquía tenga papel ninguno. La invasión turca de Bizancio, de la añorada y necesaria Romania, nos parece una calamidad se mire como se mire, y entendemos que los griegos quieran reconquistar su territorio, tal y como España reconquistó el suyo, tal y como los rusos se defendieron de los tártaros. El imperialismo turco, de cariz eurasiático, ha supuesto un extrañamiento para los pueblos de herencia bizantina, e incluso también para los árabes. Y eso por no hablar del terrible holocausto armenio (y también asirio y griego) que la nación de la media luna se niega a reconocer. Gracias a Dios la España de Felipe II en el XVI y los húsares polacos de Juan Sobieski en el XVII pudieron frenar las pretensiones invasoras de una corriente peligrosísima que se enseñoreaba desde Asia Central al norte de África y los Balcanes. Vade retro! No estamos diciendo que haya que volver a un pasado romántico, pero Turquía siempre va a ser un problema, y no sólo para Europa. La actual nación turca es un engendro artificial resultado de la dominación de un pueblo eurasiático sobre una masa de esclavos de distintos puntos del Mediterráneo y el Cáucaso. El estado laicista de Ataturk, que llegó a cambiar el alfabeto, apenas ha mantenido el islam como foco de cohesión. La solución desde luego no es fácil, pero hay varias naciones europeas y asiáticas que están reclamando los robos de los turcos, y tarde o temprano será algo que estallará.Y es que no todas las “vías” o “tradiciones” conectan. Por eso en Europa (que como idea no deja de ser algo moderno), siempre habrá diversos bloques, y de hecho no deja de ser saludable que así sea. Nosotros, como españoles, siempre nos sentiremos atraídos a un “bloque latino”, pero podremos colapsar con los intereses de Francia, como tantas veces nos ocurrió en el pasado. Y este ejemplo podrá valer para muchos pueblos.Asimismo, reiteramos: Por supuesto que debe haber “políticas europeas” y que España debe tener su sitio en Europa, donde nunca dejará de tener raíces y conexiones; pero no podremos entrar mucho si antes no resolvemos nuestros Dogmas Nacionales, que empiezan en su Europa, pero que abarcan de por sí toda una geopolítica.

    Conclusiones
    Decíamos al principio que la corriente metapolítica (o “política integral”) liderada por Alexander Duguin recibe tanto adhesiones como odios; el caso es que a nadie le deja indiferente. Se podrá pensar que somos críticos, y de hecho lo somos; pero lo somos porque nos parece un fenómeno lo suficiente fuerte e importante como para querer trabajar sobre él.Si bien sobrevolamos por aspectos que pueden ser problemáticos, no dejamos de reconocer los muchos méritos que tiene el movimiento eurasiático. Su militancia antiabortista y antihomosexualista es muy clara, y esto no es moco de pavo. Asimismo, el movimiento eurasiático ha conseguido que muchos jóvenes que andaban en cosas raras se hayan acercado al cristianismo. Y estas cosas son muy de valorar, dada la desorientación existente en temas importantes como estos.Otrosí, no entendemos los odios encendidos de algunos sectores que se niegan a salir de la marginalidad, o lo que es peor: La automarginalidad. Ni Duguin ni nadie es perfecto, pero reconocemos los logros: Que en relativo poco tiempo, se hayan convertido en una referencia mundial; que hayan pujado en el mundo universitario y cultural (teniendo asociaciones de estudiantes y artistas, cosa que parece imposible en España a no ser que se sea progre…); que tengan influencia hasta en los ámbitos militares… Algo están haciendo bien, sin duda. Y esto parece despertar la envidia y el recelo de quien no quiere aceptar la dificultad de la práctica y vivir toda su vida en el romanticismo infantiloide de unas teorías que reputan como infalibles pero que jamás se molestan en poner en práctica. En cambio, a día de hoy en Nueva Rusia se está peleando a muerte contra el Nuevo Orden Mundial. Y aunque desde Occidente a veces podamos no entender determinadas simbologías u otros aspectos, desde luego es de admirar que todavía en el pueblo eslavo oriental haya quien es capaz de morir por defender su patria y sus ideas, cosa que no vemos que abunde mucho en Occidente. Y como dice Duguin, acaso en Nueva Rusia se está formando el tipo de sociedad resistente que será receptiva a sus ideas, hacia la construcción de un mundo más tradicional frente a una guerra en verdad impuesta por Estados Unidos en una de las encrucijadas del Viejo Continente.Y bueno, para terminar: Con la humildad que viene demostrando Alexander Duguin al querer construir la Cuarta Teoría Política, no pretendemos con estos escritos establecer algo definitivo ni taxativo, válganos Dios. Simplemente nos gustaría aportarle algunos apuntes hispánicos, tanto a él como a la gente de su escuela. Porque nos interesa que cada vez haya más lazos entre las Españas y las Rusias; porque como españoles hemos estado muy acomplejados artificialmente al compararnos con nuestros vecinos y nunca nos hemos comparado con el mundo eslavo-oriental; un mundo rico y complejo, fronterizo, espiritual, que estaba ahí llamándonos; pero que por desgracia vimos como “Terra Incognita”. Y es que como decía el mentado Walter Schubart, “entre rusos y españoles no existen tan sólo semejanzas sorprendentes en la periferia de la vida, sino coincidencias en el centro del alma […] Misión de ambos es pregonar la realidad de Dios en el mundo de lo inconsistente. Por esto hubieron de hacer penitencia ante todos los pueblos de la tierra, mediante una múltiple miseria. Cuando quede cancelada la culpa, se levantarán en el nuevo eón a una nueva grandeza y renovarán la fe en la primacía del espíritu sobre el poder, en la primacía del alma sobre la cosa”.
    Seguiremos atentos a lo que viene de Rusia, y ojalá si desde Rusia se lee más sobre España, lleguemos a esa interconexión que tanta falta nos hace a los puntales de un mundo que, aun siendo viejo, tiene siempre algo nuevo que ofrecer.

    Notas:
    (1) Véase: A la España negra | The Fourth Political Theory
    (2) “El misterio hispano-ruso”, extenso artículo escrito por un servidor: El misterio hispano-ruso.
    (3) Salvo algunas contaminaciones importantes, especialmente venidas de Francia y muy acertadamente señaladas y denunciadas por el profesor Manuel Fernández Espinosa:Infiltraciones del ocultismo en el tradicionalismo español (I)Infiltraciones del ocultismo en el tradicionalismo español (II)Infiltraciones del ocultismo en el tradicionalismo español (III)Asimismo, sígase:Elucidación de la “tradición” (I)Elucidación de la “tradición” (II)Elucidación de la “tradición” (III)Elucidación de la “tradición” (IV)Elucidación de la tradición (V)
    (4) Sobre la presencia rusa en el carlismo:Voluntarios Rusos Blancos Requetés)Premín de Iruña: Los requetés rusosPremín de Iruña: Los sanfermines de 1939, primeros tras la …Premín de Iruña: Ignacio Baleztena padre en plena guerra …Сruz conmemorativa
    (5) Véase: Raigambre: de godos y bizantinos…
    (6) Sobre el filósofo Juan Bautista Fuentes: Juan Bautista Fuentes dice ahora: sobre España «en lo …
    (7) Véase: Ex espía de la Unión Soviética – ACI Prensa
    (8) La opinión de Marx sobre Bolívar:El desprecio de Marx por Bolívar – Libertad DigitalBolpress:: ¿Por qué Marx repudió a Bolívar?Sobre Marx y su ojeriza contra Simón BolívarII
    (9) Véase: Raigambre: a favor de Siria“Para entender la República Árabe de Siria”. – Revista La…
    (10) Véase: Dimensiones geopolíticas del Hispanismo – Revista La…
    (11) Enlace del debate: HSMRL – Mesa Redonda Hispanidad 11-04-2015
    (12) Comentarios al libro de Walter Schubart:Antonio Moreno Ruiz: Mis lecturas: “Europa y el…”Raigambre: rusos y españoles: el “Eón joánico…”
    (13) Como “mozárabes” se conocían a los cristianos hispanogodos que vivían en territorio sometido por el islam. Los musulmanes les llamaron “mustaarab”, esto es, “arabizados”. Las pujantes comunidades del sur, la Meseta y el Levante mantuvieron la religión cristiana y el idioma, sólo que la evolución fue un poco diferente por mor de la inclusión de vocablos árabes y bereberes dentro de la gramática latina. Es lo que se conoce como romance mozárabe, con el que se encontró la lengua castellana en la Reconquista, quedando influjo en Valencia y muy probablemente en Andalucía.Ellos eran los auténticos conocedores de los sabios griegos, a quienes traducían antes y durante la presencia islámica en España. Y es que no en vano hubo presencia bizantina durante dos siglos en territorio hispano.Asimismo, el arte mozárabe se extendió de sur a norte, especialmente por la repoblación que gentes del centro y el sur de la Península hicieron en el noroeste; manteniendo el arco de herradura como elemento arquitectónico típicamente hispánico; además de la liturgia hispano-visigótica y el auge de los monasterios y las escuelas.
    (14) Véase la página de la Hermandad Gothia, asociación que se ocupa por mantener la milenaria liturgia hispano-visigótica o mozárabe, que pervive en España aun con diversas reformas:
    Hermandad Hispano Mozárabe “Gothia” | MozarabiaIII
    (15)Sobre Solzhenitsyn en España, véase:Solyenitsin en España en 1976 – Hispanidad FuturaAntonio Moreno Ruiz: de Benet y Solzhenitsyn.Fuente: Raigambre II III

    https://4tpes.wordpress.com/2015/07/...xander-duguin/
    Última edición por ReynoDeGranada; 31/10/2015 a las 15:42
    raolbo dio el Víctor.
    "¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España." - Ramiro Ledesma Ramos

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    Re: Rusia y España

    SOBRE LA TERCERA ROMA








    Continuidad clásica en el mundo Hispano-Ruso:nuevas consideraciones sobre la Tercera Roma


    El célebre eslavófilo Khomiakov dejó escrita hace más de cien años la siguiente frase:
    «En nuestra opinión, hablar del Imperio Bizantino con desdén significa reconocer la propia ignorancia.»[1]


    Aunque nos parezca un tanto exagerada, si pensamos en Rusia y en España, creemos que la afirmación guarda cierta realidad. Con los años hemos profundizado en nuestros estudios de Bizancio, [2] pero sobre todo en los de la Antigüedad Tardía. Esto nos ha ayudado a constatar que no se hallan en exceso desencaminados quienes sostienen que en esa época se fraguó el legado dejado por Roma en Occidente, principalmente en España; y, principalmente en Oriente, lo que luego iba a convertirse en el glorioso Imperio Bizantino, continuador de Roma y de cuya influencia no estamos exentos ni rusos ni españoles. [3] Y que el sustrato de la Antigüedad Tardía sería decisivo, en siglos posteriores, para la germinación de la semilla de Roma en las Españas y las Rusias. En efecto, no pueden entenderse bien las primeras fases de Rusia ni las de España sin acudir a los textos griegos y latinos.[4]


    Por consiguiente, a lo largo de este trabajo, pondremos en relación algunos rasgos de parentesco y tradición que unen Rusia y España con la continuidad de la cultura grecorromana hasta nuestros días, e intentaremos mostrar el grado de vigencia sociopolítica y de continuidad del viejo poder romano.


    1. El origen de Rusia y España: Vladímir y San Hermenegildo, Kiev y Toledo


    Si nos alejamos de interpretaciones ideológicas interesadas muy del gusto de los poderes fácticos «atlantistas», lo cierto es que Rusia, entendida como unidad sociopolítica y cultural del pueblo eslavo [5] del Rus o Ros [6] de Kiev (ellos mismos y otros pueblos de la época se refieren a éste como los rusos),[7] nace bajo Vladímir I el Grande (958-1015). Siendo deudora de Bizancio desde el primer momento, durante los primeros siglos permanece como unidad diferente de la unidad política bizantina, pero en una misma órbita cultural.[8]


    En ello entendemos esencial la conversión del pueblo ruso al Cristianismo, iniciada con Vladímir (988-989) y que culmina en menos de un siglo, mientras que por ejemplo la de los pueblos escandinavos tardó mucho más. [9] Además, Vladímir se casó con la princesa Ana de Bizancio.[10] En cualquier caso, ya antes de Vladímir había contacto continuado, hasta el punto de que encontramos tropas rusas sirviendo como auxiliares dentro del ejército bizantino; [11] y nos encontramos con su abuela, la princesa Olga, bautizándose el año 957 en Constantinopla con el nombre de Elena y trabajando incansablemente por la conversión de su pueblo.[12] En medio de experiencia mística, años antes de la decisión de su nieto Vladímir, [13] expresa lo siguiente:


    «Hágase la voluntad divina; que Dios perdone a mi pueblo y a la tierra rusa y que la gracia les haga volverse hacia Dios como lo ha hecho conmigo.»[14]


    Mucho después, tras la caída de Zarigrado o Constantinopla en 1453,[15] Rusia recogerá el legado tardoantiguo de Bizancio y querrá mostrarse, por múltiples factores de lógica y sencilla comprensión, como heredera legítima de Bizancio. [16] En aquel momento se forjó la noción de Rusia como Tercera Roma.[17]


    De nuevo, por lo que respecta a España, si alejamos interpretaciones históricas pasadas por el tamiz de ideologías de uno u otro signo, España se consagra oficialmente como una realidad en el 589, [18] puesto que desde ese momento, en el III Concilio de Toledo (muertos ya San Hermenegildo y Leovigildo), existe de forma oficial el reconocimiento de una unidad sociopolítica, religiosa y cultural de un conjunto de realidades que reciben el nombre de las Españas o España, bajo el Reino de Toledo,[19]por primera vez de manera independiente. La legitimidad de su independencia le es concedida por Roma, pues España (Hispania si traducimos al latín clásico o Spania en el tardío) formaba parte del Imperio Romano Occidental, a partir de la división definitiva operada tras la muerte de Teodosio en sus dos herederos.

    2. La caída del Imperio de Occidente y su legado: el Imperio Oriental y el Reino de Toledo


    Como antes señalábamos, puede evocarse sin dificultad la continuidad del Imperio Romano en Rusia. Más aún, si vamos al dato oficial, legítimo y legal, el Senado de Roma (al margen de otras interpretaciones a posteriori), envió el año 476 una delegación al emperador oriental, Zenón, para entregarle las insignias imperiales, las cuales simbolizaban exactamente la legitimidad en quien se deposita el poder romano. [20] Se trata de la culminación de un proceso que había comenzado tiempo atrás, bajo el español Teodosio, Emperador de Oriente, pues ya en la división del Imperio entre dos emperadores (bajo Diocleciano) el poder principal lo ostentaba el de Oriente, aunque estuviera posteriormente en Occidente el primado religioso de la Cristiandad.


    Por su parte, la conciencia romana de los bizantinos, sabedores de estas realidades, se manifiesta en que, incluso cuando abandonan el latín como lengua de la administración y el griego se vuelve lengua franca, todavía continúan refiriéndose a sí mismos como los Romanos (hoi Romaioi, en griego);[21] e incluso con cierta frecuencia se referirán, desde Occidente, al Imperio Oriental como Romania [22] y a su emperador como Emperador de los Romanos. Así encontramos, en un tratado de 1220 del Emperador Teodoro con Venecia, reconocidos los títulos del emperador de Bizancio:


    «Teodoro, fiel en Cristo Dios, Emperador y árbitro de los Romanos y siempre Augusto, Comneno Láscaro»[23]


    Es más, «bizantino» es nombre usado sólo para referirse a los de la capital, pues el resto de habitantes del Imperio Oriental seguirán llamándose «romanos» hasta la caída de Bizancio el 1453; y el Imperio Bizantino siguió llamándose Imperio Romano.[24] Incluso a día de hoy las gentes de esas regiones que –al no haber ido a la escuela– se mantienen al margen de oficialismos, se refieren a sí mismos como romanos, en el sentido de su identidad cultural, de manera que todavía prevalece en ellos una consciencia de que son «romanos».[25] Y el funcionamiento del Zemsky Sobor, si, en su esencia y relaciones con el Zar y carácter auténticamente representativo de aspiraciones populares, se compara con el viejo Senado de Constantinopla, muestra ser una clara evolución de este último.


    En Occidente, con la caída del Imperio Occidental el 476, las Españas van a continuar su andadura como entidad independiente, pero los hechos habían afianzado al Reino de Toledo en su conciencia de continuidad con Roma, [26] de manera que existe una serie de luchas intestinas entre los continuadores de Roma y los enemigos de esta continuidad. Adquiere entonces importancia la noción de imitatio Imperii, [27] se establecen relaciones importantes con Bizancio y se asienta toda una estética regia emparentada con la de Bizancio.[28] Especialmente relevante es la relación de figuras como San Isidoro o San Hermenegildo con Bizancio, [29] pues profesan la misma religión; y San Hermenegildo prefirió ser decapitado antes que recibir la comunión de un obispo de la herejía arriana. La conciliación se alcanza, como hemos recordado ya, en el 589, con el triunfo de la ortodoxia, frente a los arrianos, con la consiguiente unidad religiosa, en la que persiste el sustrato romano incluso en el aún vigente estatuto de «ciudadanía romana».


    Algunas décadas antes, ya en los tiempos en que el reino visigodo tenía su capital en Tolosa, había tenido lugar un conflicto permanente entre diversos intereses romanos y antirromanos en el seno de la sociedad visigoda. En aquel entonces, Roma y Gotia habían firmado el primer tratado federativo (414) de apoyo militar a Roma y lealtad al Emperador, el cual otorga poderes sobre las Españas al rey Ataúlfo, el primer rey visigodo (410-416) que, si en un principio, como Vladímir, se muestra hostil a lo romano, a la postre adquiere estética y estilo romanos. [30] Y es también el primer rey visigodo en entrar en la Península Ibérica, el año 415,[31] con afán declarado de convertir las fuerzas visigodas en espada de Roma.[32]


    En el 475, en virtud de otro tratado, Roma reconoce la independencia de Hispania bajo el reino visigodo. Bajo Eurico,[33] el primero que puede llamarse «rey de las Españas» en sentido estricto[34] se produce la primera compilación legal: el Codex Euricianus, [35]en cuya redacción colaboran los juristas romanos; y se establece una administración en la que participa ya los hispanorromanos, aunque la unificación de ambos pueblos no sea efectiva hasta más de un siglo después. Con todo, el Reino Visigodo mostrará la continuidad con Roma hasta la invasión mahometana.[36]
    3. Reconquistas española y rusa


    La evolución del reino hispánico de Toledo se ve truncada por la invasión mahometana, que acaba con el reino de Rodrigo, por causas bien estudiadas en su día por Don Marcelino Menéndez Pelayo. [37] Ello nos llevó no de un mundo oscuro a siete siglos de esplendor y cultura (como muchos tratan ahora de reivindicar), sino de la continuidad romana de la monarquía visigótica a siete siglos de permanente conflicto, como ha sido demostrado por cualificados arabistas.[38]


    En efecto, aporte verdaderamente demostrable e importante de la nueva realidad peninsular del 711 a 1492 son siete magníficos siglos de guerra, puesto que otras contribuciones tópicamente atribuidas a la dominación mahometana –si aceptamos a los invasores como transmisores (no creadores) de ciencia y de cultura–[39] nos habrían podido llegar a través de Bizancio, esplendorosa civilización que, si lo decimos moderadamente, se vio abatida por el ataque de una potencia militar cuyas excusas de invasión y guerra no se sustentan precisamente en legitimidad demostrable alguna, ni menos aún en criterios racionales de progreso o altruismo.


    Así, España se ve reducida al Reino de Asturias y, andando el tiempo, la continuidad de Roma se ve monopolizada por el Sacro Imperio o Imperio Carolingio,[40] que aunaba un conjunto de territorios mucho menos romanizados y cristianizados que España, pero con mayores opciones de defensa y mayores capacidades efectivas. La voluntad de continuidad con Roma del Sacro Imperio se manifiesta en muchos ejemplos, como el uso del águila o el título de «Kaiser» (de Caesar). Otra cuestión enteramente diferente y que excede las pretensiones de este trabajo sería dilucidar si la continuidad es efectiva o, por el contrario, es más efectiva, a la postre, en Bizancio y en Rusia (o en España).[41] En cuyo caso, lógicamente, la denominación «romano» del Sacro Imperio sería más nominal que efectiva.


    A pesar de todo, tras muchos intentos, Constantinopla acabará cayendo en manos de los perseverantes mahometanos. Y Rusia, al igual que España, aunque un poco más tarde que ésta, también tiene que enfrentarse con diversas invasiones no sólo para protegerse a sí mismos, sino ejerciendo a la vez de muro protector del continente. En efecto, será el reino de Moscovia [42] el que acabará convirtiéndose en cabeza de los demás reinos y orquestará la reconquista de todas las Rusias, con el Zar (de Caesar)[43] a la cabeza y el águila romana como emblema. Y la prueba de que la continuidad no se limita a puras apariencias está en que la cultura rusa es incomprensible sin la romana imperial, es decir, sin la bizantina y griega tardía,[44] aparte de otros hechos que mostraremos enseguida. Además, la conquista de Siberia demuestra ser, a todos los efectos, la continuación de esa reconquista y recuperación, ya culminada, de todos los territorios que le habían sido arrebatados.


    En el caso de España, la Reconquista de los reinos de las Españas culmina con los Reyes Católicos, que ponen fin así a la amenaza mahometana en el estrecho de Gibraltar; y esa misma idea civilizadora y no colonizadora de reconquista es la que mueve, como un eco, las conquistas en el resto del mundo, como es el caso de América, percibida como una continuidad, [45] labor semejante y hasta cierto punto equiparable a la de Rusia en Siberia. Tales motivaciones no pueden ser comprendidas por todo el mundo; a veces incluso por parte de españoles actuales, por infundado complejo o por haberse visto influidos por pensamiento extranjerizante puede hacer vivir descontextualizado; o bien por lo que nos enseña el refranero castellano: «cree el ladrón que todos son de su condición».


    Fuente Guillermo Pérez Galicia
    revistaeslavia Doctor en Filología Clásica


    Leer+SOBRE LA TERCERA ROMA



    CÍRCULO VIRIATO: SOBRE LA TERCERA ROMA
    "¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España." - Ramiro Ledesma Ramos

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    Re: Rusia y España

    DE MOSCOVIA LAS MURALLAS




    DE MOSCOVIA LAS MURALLAS

    Meditación española acerca de Rusia


    A finales de 2013 o inicios de 2014, D. Sergio Fernández Riquelme preparaba la edición de su libro "El nuevo imperio ruso. Historia y Civilización" y fue entonces cuando me invitó gentilmente a que prologara su obra que constituye un óptimo estudio de la realidad rusa como pocos se han hecho en nuestros días. Fue para mí un honor que contara conmigo para el prólogo, pero cuando se me pide escribir o hablar de Rusia me faltan páginas por la admiración y el amor que le profeso a la gran nación rusa. Así que salió esto que excede el prólogo y no llega al ensayo. Pasado un tiempo prudencial, durante el cual deseo que la obra del profesor Fernández Riquelme haya tenido la proyección que merece, publico esta
    "Meditación española acerca de Rusia"
    en RAIGAMBRE, con muy pocas correcciones y alteraciones del texto original.


    Manuel Fernández Espinosa


    El título que encabeza esta meditación española acerca de Rusia es un verso perteneciente a una obra dramática de D. Antonio Mira de Amescua (1577-1644) intitulada “El esclavo del demonio”. La obra del dramaturgo guadijeño es una versión autóctona de la leyenda portuguesa de Gil de Santarén que, cual Fausto ibérico, comete la temeridad de firmar un pacto con el diablo; tal y como los que hoy firman un papel en el banco. En “El esclavo del demonio” el diablo (a diferencia del de Goethe) no se llama “Mefistófeles”, sino que se nombra “Angelio” y es en el acto tercero de la susodicha, cuando Angelio trata de divertir la melancolía de su “esclavo”, que el demonio le pinta la “ciudad terrenal” ofreciéndosela, ya que no está en su mano brindarle la “ciudad celestial”. Para encarecer las excelencias terrícolas de cuyo señorío se jacta Angelio ser el titular, recurre el diablo a yuxtaponer las más admirables y pintorescas particularidades (pompas mundanas) de muchas celebradas urbes: París, Zaragoza, Florencia, Madrid, Granada… Y del elenco de vistosas y amenas ciudades se acuerda el diablo de Moscovia. Angelio pone la nota de Moscovia en sus murallas: “…de Moscovia las murallas”. Podemos presumir que un español de la primera mitad del siglo XVII poco más sabría de la remota Moscovia que la monumentalidad de sus murallas.

    Alexis II, patriarca de Moscú y de todas las Rusias, muchos años después recordaría que, en su visita a España del año 1966, tuvo la ocasión de estar en San Lorenzo de El Escorial; en su visitación le llamaría poderosamente la atención un mapa del siglo XVI. Lo peculiar de este mapa es que el cartógrafo que lo hizo había rotulado sobre la superficie que correspondía a Rusia una frase: “Terra incognita”. Podemos decir que, para la mayoría de españoles, eso era Rusia y, por desgracia, podemos decir que, pese a las ventajas que hoy pudieran alegarse en lo concerniente a facilidad informativa y comunicación, Rusia sigue siendo, para nosotros, “tierra incógnita” todavía a día de hoy.

    Sin embargo, nunca faltaron los tanteos y aproches de España a Rusia a lo largo de la historia. Felipe II envió a Pedro Fajardo con la misión de establecer una alianza con la Rusia de Iván IV el Terrible, mas Pedro Fajardo no pasó de Praga y aquella intención quedó para empedrar el infierno. Por aquel tiempo, cuando Felipe II acariciaba una alianza con Rusia para hacer frente a Turquía, Iván el Terrible (digamos en descargo del monarca ruso que éste ignoraba las benevolentes intenciones de Felipe II) ponderaba los pros y contras de un pacto con los turcos, de tal manera que aquellas negociaciones llegaron al conocimiento de nuestro Duque de Alba y éste, ante flirteos tan peligrosos, ordenó a los fabricantes alemanes que no comerciaran con Rusia. Muchas más son las noticias, siquiera aisladas, de viajeros españoles a Rusia en los siglos XVI y XVII: valga el ejemplo del aventurero jaenero Pedro Ordóñez de Ceballos (1550-1634) que, en sus expediciones mercantiles, menciona haber puesto el pie en Moscovia; pero este aventurero nos deja con la miel en los labios, puesto que en su libro de memorias y viajes (“Viaje del mundo”) no da mayor cuenta de su visita a Rusia que dejar constancia de su paso por ella. Para lo que nos concierne, más celebridad alcanzaría en su época el libro de un viajero aragonés: Pedro Cubero Sebastián (1645-1696). Éste sí registrará sus impresiones sobre Rusia en la expedición que emprendió en 1670 y que se dilató durante nueve años. Las noticias españolas sobre Rusia escasean, pero viajeros españoles no faltarán que puedan dar noticia de Rusia, de tal modo que los españoles de los siglos de oro podían barruntar que existía un vastísimo territorio al otro extremo de Europa: una enorme nación (que es cristiana, sin ser católica; que es europea, sin ser europea).

    De Moscovia las murallas

    ¿Qué idea tenían los españoles de nuestros siglos áureos de la enigmática Rusia?

    Los libros que venían de otros países de Europa y, sobre todo, las relaciones que debemos a los jesuitas fueron una fuente constante de noticias de Rusia. Algunos jesuitas, al igual que en China y en Japón, habían estado en Rusia, involucrándose en algunos de episodios cruciales de la historia rusa. Lo dejaron por escrito y fueron traducidos al español: tal es el caso, por ejemplo, de la “Historia pontifical y católica. Compuesta y ordenada por el D. Luis de Bauia, Capellán del Rey nuestro Señor, en su Real Capilla de Granada” del año 1606. Esta parece haber sido la fuente a la que acudieron tanto Enrique Suárez de Mendoza y Figueroa como Lope de Vega: Suárez de Mendoza para componer su novela “Eustorgio y Clorilene. Historia moscovica” (del año 1629) y Lope de Vega para su obra dramática “El Gran Duque de Moscovia y emperador perseguido”. Tanto la novela referida de Suárez de Mendoza, conceptuada como emulación del “Persiles y Sigismunda” de Cervantes, como el drama de Lope de Vega tienen a Moscovia como escenario de sus respectivas tramas; pero ambas acusan ciertas imprecisiones históricas que llegan al disparate: esto proporciona una ligera idea de que Rusia invitaba por su exotismo a fantasear literariamente, sin mayor preocupación por los dislates históricos que pudiera cometer el autor literario.


    Francisco de Quevedo, uno de los españoles mejor informados de su época, abordará la situación política de Rusia en el discurso XXVI de “La hora de todos y la fortuna con seso”. Quevedo presentará al Gran Duque de Moscovia en ese discurso, agobiado por las deudas que causan las invasiones tártaras y las fricciones con Turquía. Quevedo adjudica al Gran Duque de Moscovia una favorable opinión, algo excepcional, dado que Quevedo juzgaba a la mayoría de gobernantes europeos de modo muy severo. Peor será la opinión que sobre los rusos pareció tener Diego Saavedra Fajardo (1584-1648), al menos así lo parece según podemos leer en su “Idea de un príncipe político cristiano representada en cien empresas” (1640). Cuando este diplomático español tan avezado y con tanta mundología pasa revista a los caracteres de los pueblos europeos mete en el mismo saco a moscovitas y a tártaros y dice de ellos que: “Los moscovitas y tártaros, nacidos para servir, acometen en la guerra con celeridad y huyen con confusión” (la negrita es nuestra).

    “Nacidos para servir” dice Saavedra Fajardo. Es ésta una de las impresiones que más se repiten en aquellos escasos pasajes de la literatura española de los siglos XVI y XVII que abordan la realidad rusa de su época. Y se repetirá parecida percepción hasta bien entrado el siglo XVIII. Es una idea que arraiga entre los españoles la del pueblo ruso como pueblo servil: pareciera que a los españoles les resulta extraño y hasta inadmisible los extremos de servidumbre que se constatan en Rusia por parte de los viajeros españoles y europeos. La alta estima de la libertad que existe entre los españoles se espanta ante un sojuzgamiento tan abyecto como el que se cuenta que existe en Rusia. Los españoles entienden tan antinatural como envilecedor ese resignado sometimiento y tal condición servil es muy fácil de achacar desde fuera a cobardía (así parece interpretarlo Saavedra Fajardo y otros). Para entender esta estimativa española tendríamos que tener muy presente que España se forjó sobre la base de unas libertades adquiridas en reconquista beligerante del territorio peninsular (como bien lo mostró D. Claudio Sánchez-Albornoz). La realidad de las gentes que conformaban los reinos cristianos peninsulares y, posteriormente, su natural y sobrenatural eclosión en la España de los Siglos de Oro no corresponden a esa deplorable caricatura que un progresismo ignorante y extranjerizante ha pergeñado. Los indeseables detractores de España (extranjeros de la Leyenda Negra y sus secuaces hispanoides) han podido pervertir la historia, presentando una España tradicional, inculta, huérfana de libertades, oscurantista, clerical y siniestramente inquisitorial, pero ha sido a costa de omitir que el ideal que siempre animó a los españoles y que prevaleció en los siglos dorados fue la libertad que, en teología era “libre albedrío” y que, en política se expresaba bajo el lema: “Del rey abajo, ninguno”; con esta ley aceptada por todos se consagraba la igualdad de todos los regnícolas y, en virtud de su condición de cristianos viejos, nadie se tenía por menos que nadie. En el caso de que cualquiera osara conculcar este principio fundado en un espíritu cristiano y social, siempre quedaba al español el recurso a la rebelión: el “¡Viva el Rey y muera el mal gobierno!” y, cuando después del tumulto, venían a depurarse las responsabilidades de los levantiscos, siempre había un: “Fuenteovejuna, ¡todos a una!”.

    Con mucha seguridad podemos decir que para el español la consideración de cualquier sumisión política más allá de lo natural era una oprobiosa tiranía y, contra la tiranía (como bien postulaba el jesuita Mariana), siempre cabía el recurso del “tiranicidio”. Que en Rusia existiera una situación de general sujeción era un escándalo para el español que, en aquel tiempo, no podía explicárselo si no era por presumirle cobardía al pueblo que de esa guisa se dejaba tratar. Baltasar Gracián, al igual que Saavedra Fajardo, también atribuye a falta de coraje nacional que los rusos inclinaran su cerviz a un poder despótico; en las exiguas noticias que de Rusia pudiera tener Baltasar Gracián (no estaría ayuno de ellas, dado que era miembro de la Compañía de Jesús) la sumisión del pueblo ruso no puede atribuirse a otra razón y así, cuando (en una de sus donosas alegorías de “El Criticón”) el autor aragonés reparte las suertes que le correspondió figurativamente a cada una de las naciones humanas en cuanto al coraje, concederá lo más valioso de la valentía (representado en el “corazón”) a los japoneses (los cuales son para Gracián los “españoles del Asia”)... ¿Y a los rusos? A los rusos les adjudica el “pulmón” de la valentía que –bien descifrado- es como decir que el valor de los rusos es como aire y, en el mejor de los casos, como viento. Gracián también reputará a Moscovia como “ceñuda”, un rasgo que no pasa de una generalización fisiognómica insignificante.

    Es más que probable que las noticias llegadas de la remotísima Rusia a España vinieran por conductos de la Compañía de Jesús, como he dicho más arriba: la obra más arriba mencionada de la “Historia pontifical y católica” era una traducción cuya fuente era un texto italiano de un jesuita. Sería será muy celebrado el “Viaje de Moscovia” del jesuita Antonio Possevino (1533-1611), diplomático eclesiástico que había tenido la experiencia de dilatadas estancias en Rusia en misiones pontificias.



    El lector coincidirá conmigo en que estos juicios (y prejuicios) de nuestros antepasados españoles sobre Rusia (y sobre los rusos) son tan categóricos como superficiales. A la luz de la historia, el pueblo ruso ha demostrado (contra Napoleón y contra Hitler) ser uno de los pueblos más heroicos que existen sobre la faz de la tierra; empero si discrepamos de la interpretación que dan de la causa de esa “sumisión” perpetuada del pueblo ruso, lo que no podemos es soslayar que, cuantos viajeros extranjeros visitaron Rusia coincidieron en denunciar que los rusos soportaban más de lo que cualquier occidental estaba dispuesto a admitir en cuanto a sometimiento; de lo que se colige que el ruso ha sido con mucha probabilidad uno de los pueblos más sufridos y más maltratados por su casta dirigente. Pero, es justo admitir que la razón de ese hecho no tiene que ser forzosamente la de faltarles el coraje a los rusos.

    Haber acopiado aquí algunas de las pocas y dispersas noticias que de Rusia se registran en la literatura española del siglo de oro español tenía para nosotros una intención didáctica, cual era la de mostrar precisamente que Rusia ha sido para los españoles “tierra incógnita”, como indicaba el mapa aquel que viera Alexis II en El Escorial. Sin embargo, a finales del siglo XVII, reinando en España su católica majestad Carlos II “El Hechizado”, un español va a realizar la ímproba y meritoria labor de escribir una ambiciosa Historia de Rusia, y para ello empleará un ingente material, amén de las impresiones y noticias que, del modo más metódico, ha recogido sobre Rusia. Ese español que, como tantos españoles de mérito está por descubrir, fue D. Manuel Villegas Piñateli, Secretario del Rey y académico de la RAE. Manuel Villegas Piñateli en el año 1736 publicaría en dos tomos su voluminosa “Historia de Moscovia y vida de sus Czares, con una descripción de todo el imperio, su gobierno, religión, costumbres y genio de sus naturales”.

    Y resulta que a principios del siglo XVIII todavía llama la atención a Villegas Piñateli esa férrea servidumbre de que es víctima el pueblo ruso. Así nos lo dice Villegas Piñateli, en pocas líneas:

    “…los Moscovitas padecen gran falta en su crianza y costumbres. Su misma barbaridad y la sujeción con que viven (tanto la plebe, respecto de los nobles y señores, como estos respecto del Czar, de quien creen saber solo decidir en todo, lo que se ofrece), [esa creencia] es causa, de que no lleguen a descubrir lo pesado de su yugo, ni la violencia, con que son dominados; habiendo fabricado de la misma ignorancia el principio elemental de su política, y soberanía” (“Historia de Moscovia y vida de sus Czares…”, cap. VIII).

    Si en los siglos anteriores la servidumbre en que yacía la población rusa era atribuída por nuestros españoles a una presumible falta de valentía para desuncirse del yugo servil, algo que en sus entendederas bien podría hacerse alzándose contra un régimen inhumano, la interpretación que se abre paso con Villegas Piñateli es de otra índole. Menos simple y superficial, mucho más perspicaz, Villegas Piñateli considera que la razón que explica ese sojuzgamiento tan extraño consiste en una casi supersticiosa creencia que ubica al Zar en la cúspide de una pirámide vasallática; en último término, la persona del Zar se inviste de una infalibilidad de naturaleza religiosa; y entonces ese extraño sometimiento encuentra otra explicación más plausible: la idiosincrasia religiosa del pueblo ruso. Y aquí sí, aquí Villegas Piñateli ha acertado, pues la peculiarísima religiosidad rusa es la clave de esa estrecha obediencia que, al ser de carácter religioso, facilita la resignación ante cualquier humillación: “fatalismo ruso” dijo Nietzsche. Para Villegas Piñateli es precisamente la creencia de los rusos el “principio elemental” de la política rusa y ese cristianismo ruso será el que hace de Rusia un país extraño, a la vez que bárbaro y ajeno a Europa.

    ¿Pero qué es Europa? Europa es el despliegue de una idea subversiva que aprovechó un momento de crisis para ir progresivamente conquistando las almas. La funesta idea consistía en desplazar a Dios de la centralidad que le estaba reservada en la Edad Media y poner al Hombre en el lugar de Dios. Sus gérmenes pueden detectarse en el otoño de la Edad Media, pero el proyecto va gestándose a lo largo de la revolución cultural del Renacimiento (con el progresivo descrédito de la escolástica medieval y el alborear de la “nueva ciencia”; ciencia que tantas veces se confundía con la magia); el avance tenebroso de esa idea subversiva eclosionará en el mismo seno de la Iglesia (cuando se produce la revolución religiosa que desencadenó Martín Lutero y otros sedicentes “reformadores”). La Cristiandad resiste, pero el golpe ha sido asestado y es así como va imponiéndose el concepto de Europa, desplazando el antiguo concepto de Cristiandad hasta eliminarlo por completo. La idea antropocéntrica es prometeica en su desafío a la divinidad, pero también tiene mucho de Proteo en cuanto a su capacidad mutante: el tímido antropocentrismo renacentista irá recrudeciéndose con virulencia hasta convertirse en ateísmo patente y explicito (es lo que se llamaría “humanismo ateo”). Así las cosas, las elites políticas, económicas y culturales que están de consuno implicadas en la tarea de unificar económica y políticamente Europa han rechazado (en coherencia con esa tradición antropocéntrica, tan divergente del cristianismo) el elemento cristiano que la constituyó otrora y se apresta a levantar su Torre de Babel de espaldas a Dios. ¿Podrá esto aceptarse por los cristícolas? El laicismo rampante se encarga de acomplejar a los cristianos y apartarlos de la escena pública, para que no sean un elemento perturbador para el ambicioso plan de edificar una Europa con vestigios museísticos del cristianismo, sí; pero sin participación del cristianismo en ella.


    Culturalmente, lo que llamamos Europa ha prevalecido marcando su liderazgo político. En un momento era bajo la férula de una nación-estado, más tarde era bajo la égida de otra nación-estado distinta (así España, Francia, Inglaterra…). Algunos países europeos lo intentaron, pero por diversas razones no llegaron a culminar sus aspiraciones (le pasó a Alemania y a Italia, que llegaron a constituirse tardíamente como naciones en el siglo XIX). Otras naciones llegaron a su apogeo, lo perdieron y fueron capaces de recobrar el poderío internacional, aunque variando la duración de su hegemonía recuperada (así Francia en varios momentos espléndidos de su historia: la Francia del Rey Sol y más tarde la de Napoleón Bonaparte); otras construyeron con tenacidad su imperio, manteniéndolo e incrementándolo (como Inglaterra) y, por ende, otras (como Portugal y España) alcanzaron su pujanza y declinaron paulatinamente para no reconquistar nunca más el prestigio que tuvieron en sus siglos áureos. Las naciones-estado que componen Europa podían estar siempre a la gresca las unas contra las otras, pero compartían una cultura fundada sobre el común patrimonio de la Filosofía helénica, la Mitología grecorromana (perenne inspiración del arte), el Derecho Romano y el Cristianismo (aunque predominando la desviación protestante). Sin embargo, Rusia permanecía al margen de todo esto.

    Se piensa que fue Alejandro Dumas quien sentenció aquello de que “África empieza en los Pirineos”; aunque esté por confirmar que fuese el escritor francés el autor de esa frase despectiva para España, otro escritor francés (Remy de Gourmont) pudo describir a España como un país “tibetanizado”. Bajo los clichés que hacían de España un país “extra-europeo” latía algo más profundo que una extrañeza del “europeo” frente a una España atrasada y africanizada (esto es: “bárbara”). Y es que no eran nuestras peculiaridades históricas (ocho siglos de Reconquista) o nuestra idiosincrasia nacional lo que nos hacía extraños a la moderna Europa que, no lo echemos al olvido, arranca del Renacimiento y la Revolución Religiosa de los protestantes: lo que nos hacía extraños y exóticos para Europa era nuestra inveterada y firme resolución de permanecer católicos y defender con las armas ese catolicismo (a veces incluso defenderlo contra la misma Roma: pues siempre fuimos los españoles, como decía D. Álvaro d’Ors, “más papistas que el Papa”). España se había preservado de la herejía protestante, pero no había logrado exterminar los diversos focos protestantes que se propagaron por toda Europa y, pese a denodados esfuerzos, tampoco pudo corregirse la desviación del cisma anglicano. Sin embargo, España, gracias a nuestros católicos monarcas y a nuestros reformadores católicos (desde Cisneros a San Juan de Ávila) y a la Santa Inquisición (mucho más popular entre los españoles de la época de lo que piensan los necios) podía blasonar de haberse mantenido incólume a los miasmas protestantes. Sin embargo, esa misma integridad católica era la que nos distanciaba de una Europa que, mientras tanto, se había secularizado al calor del ponzoñoso aliento de la herejía y que, hasta en países que aparecían oficialmente católicos (como Francia) había llegado a tolerar a los heréticos. Todo el celo puesto por la España de Carlos I y Felipe II en mantener unida la Cristiandad, a costa del oro y de la plata de América, a costa de torrentes de sangre española vertidos por doquier, no había servido para aniquilar los gérmenes de la descomposición protestante en el resto de Europa. Y es la permanencia del protestantismo la que explica la supuesta extravagancia de España: en un mundo todo disfrazado de payaso, suele pasar por payaso el que viste con más elegancia.

    Hubo un tiempo en que el atraso se identificaba con el catolicismo: lo que no pudieron ganar las espadas y los arcabuces, lo ganaron las imprentas que, no por casualidad, estaban implantadas en los países protestantes (huelga decirlo: hostiles a la católica España). España siempre perdió la guerra de la propaganda y sus enemigos inundaron el mundo con la vomitona de sus panfletos, difundiendo la “Leyenda negra” antiespañola. Arrinconando a España a este lado de los Pirineos (y a sus territorios de ultramar), el protestantismo pudo marcar el guión de la “cultura europea” incluso hasta volver en contra de España a las naciones que España alumbró: las americanas. Fue así como el protestantismo diseñó un mundo con unas relaciones humanas muy distintas del estilo español: como elocuentemente mostraría el clásico estudio de Max Weber el protestantismo conformó el mundo moderno en lo económico, instaurando las bases éticas del capitalismo y el más papista que el Papa (o sea, el español) pasó a ser un extraño para el mundo moderno. A todo esto, Rusia seguía permaneciendo al margen.

    Kant, el apologeta de la Ilustración, podía escribir sobre el carácter español: “el español no aprende de los extranjeros, ni viaja para conocer otros pueblos […] está en las ciencias retrasado de siglos […] difícil a toda reforma, está orgulloso de no tener que trabajar, […] es de un espíritu romántico, como lo demuestran las corridas de toros, y cruel, como demuestra el antiguo “auto de fe”, y revela en su gusto, en parte, un origen extra-europeo”. Vemos que Alejandro Dumas y Gourmont no estaban solos en esto de discriminarnos a los españoles, poniéndonos al margen de Europa. ¿Y qué era lo que pensaba Kant de los rusos? La sentencia del ilustrado alemán es todavía más severa para los rusos: “Como Rusia todavía no es lo que se requiere para forjarse un concepto determinado de las disposiciones naturales que ya se aperciben a desarrollarse […] puede omitirse aquí razonablemente su diseño”. Kant renuncia de antemano a caracterizar a los rusos: los rusos “no son todavía” europeos, son extra-europeos, bárbaros para el espíritu ilustrado.

    Hasta el final de la II Guerra Mundial podemos decir que esa “comunidad de naciones-estado” europeas dominaba el mundo, relevándose una a la otra; y cada una de ellas con la creencia (no la “idea”, sino la “creencia” en estricta terminología orteguiana), la creencia -digo- de ser la cumbre de la civilización. De tal manera que los americanos (septentrionales, centroamericanos o sudamericanos), al fin y a la postre descendientes de los países del Viejo Continente, eran considerados también como “semi-bárbaros” (los hispanoamericanos más todavía, por razón de su procedencia ibérica) y, por supuesto, todo pueblo ajeno a los parámetros europeos no era más que un salvaje por civilizar o un bárbaro a medias civilizado: el etnocentrismo europeo estuvo vigente mientras duró el liderazgo de Europa, pero, con la devastación material y espiritual de Europa a resultas de la II Guerra Mundial, Estados Unidos de Norteamérica adquiere el predominio internacional y, a partir de ese momento, podemos decir que Europa se eclipsa y se preferirá hablar de “Occidente”. Rusia (desde 1917: la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) había luchado contra Hitler (al igual que en el siglo XIX lo había hecho contra Napoleón Bonaparte), pero los rusos, habiendo asumido a su manera el marxismo, no podían aceptar la primacía de los Estados Unidos de Norteamérica, nación emergente desde 1898 con la derrota infligida a España en Cuba y que en 1945 se había alzado indiscutiblemente con la hegemonía global, puesto que resultó menos afectada por los estragos de la II Guerra Mundial. Los Estados Unidos de Norteamérica se convertían así en el portaestandarte de esa Europa fundada sobre los cimientos de la filosofía, el derecho romano y el cristianismo (aunque prevaleciendo la versión adulterada de éste: la protestante).

    Los rusos (ahora soviéticos) no iban a aceptar la hegemonía del capitalismo occidental, abanderado por los Estados Unidos de Norteamérica. La historia y la intrahistoria de Rusia (que, en definitiva, son las que configuran las creencias en que vive una nación, así como el genio de la misma) la ponían al margen del capitalismo, seguía siendo una nación bárbara, como esta otra nación del Finisterre europeo: España, el bastión de la reacción católica y monárquica contra la revolución protestante.

    A semejanza de España, la historia de Rusia (centurias antes de irrumpir el marxismo soviético) había estado marcada por una tensión entre unas élites que episódicamente (al contacto con Europa) intentaban (frecuentemente sirviéndose de las más draconianas leyes impositoras) la modernización de Rusia frente a un pueblo refractario a las novedades. En España hubo ilustrados, tantas veces rendidos admiradores de Europa (que aquí siempre fueron Francia o Inglaterra) y denostadores de lo propio, hasta tal punto que la elite culta se dividió en dos bandos enfrentados: los “novadores” que apostaban por la importación de lo “ilustrado” (léase: “moderno”) y los castizos (“ranciosos” que diría Cervantes) que se resistían a las innovaciones. En Rusia había ocurrido algo similar, ya desde antiguo. Y esta oposición, a veces cruenta, otras veces pasiva, rebrotaría siempre que los innovadores hicieran acto de presencia. Tempranamente, en el siglo XVII se haría patente este enfrentamiento.

    Reinando Alejo I de Rusia (1629-1676) el patriarca Nikon plantea el año 1654 una reforma litúrgica con la pretensión de aproximar la iglesia ortodoxa rusa a la iglesia ortodoxa griega. El amparo estatal a la reforma de Nikon impone ésta, pero no sin una resistencia que emerge de los fondos del pueblo ruso: el cisma de los “raskólniki” (los “cismáticos”, por otro nombre llamados “viejos creyentes”) que acaudilla Avvakum. Con anterioridad, en el año 1511 el monje ruso Filoteo había escrito al Zar Basilio III que, tras la caída de Bizancio (segunda Roma) y la anterior caída de la primera Roma (propiamente dicha), Rusia era la Tercera Roma. Esa creencia está profundamente arraigada en los ortodoxos rusos y se ha mostrado operante en muchas ocasiones cruciales de la historia de Rusia. Los “raskólniki” creían en la Tercera Roma y no querían trato con los ortodoxos griegos, por este motivo se mostraron insumisos a la reforma de Nikon y, por más que ésta viniera impuesta por la misma autoridad del monarca, se enfrentaron a la línea oficial por extranjerizante. El resultado fue el que era de esperar: persecución, masacres, destierros y marginación de los “raskólniki”. Como bien escribiera Nicolás Berdiaev, al hilo de este episodio histórico de Rusia: “A semejanza de la ciudad de Kitezh, el reino ortodoxo se vuelve invisible. Los disidentes huyen de las persecuciones y se esconden en la selva; los más fanáticos y exaltados se echan a las llamas”.
    Comunidad de "Viejos Creyentes"


    La evocación que hace Berdiaev de la “ciudad de Kitezh” merece una aclaración, puesto que se trata de una de las constantes más dignas de notar en el imaginario colectivo ruso. Según una antigua leyenda, la ciudad de Kitezh se sumergió bajo las aguas lacustres para no caer en las crueles manos de los invasores tártaros. Los “raskólniki” vieron en esta leyenda un símbolo del estado de latencia al que los condenaron las persecuciones del poder oficial. Evocar la “ciudad de Kitezh” era como decir que la Santa Rusia se ocultaba para no ser corrompida por el poder hostil que con sus reformas pretendía desfigurarla. El tema de la ciudad de Kitezh se convertiría en un perenne motivo para abrigar las esperanzas de una renacencia de Rusia incluso en las peores circunstancias. Siempre que Rusia se veía amenazada en su ser más profundo se ocultaba, como la ciudad de Kitezh, para preservarse de quienes pugnaban por corromperla: los eslavófilos (otra de las constantes rusas), los poetas simbolistas rusos, la resistencia silenciosa de millones de almas rusas oprimidas por el terrible marxismo… todos hallarían en la legendaria ciudad de Kitezh la imagen de su resistencia frente a las circunstancias más adversas y desfavorables. El gran compositor Nicolás Rimski-Korsakov inmortalizaría este mito ruso en su ópera “La leyenda de la ciudad invisible de Kitezh y la doncella Fevróniya”, estrenada el año 1907.

    Rusia se ha caracterizado siempre por conservar celosamente su carácter. Si en el siglo XVII los “raskólniki” se alzaron frente a una reforma litúrgica que entendieron como una intromisión griega, con el siglo XVIII y la entrada en escena de los ilustrados, la resistencia rusa a occidente volvería a reeditarse; en el siglo XIX serían los eslavófilos frente a los liberales de cuño occidental y europeísta. Pero, prescindiendo de las particulares circunstancias de cada episodio de esta larga y constante resistencia a ser occidentalizados, ¿qué es lo que opera para que Rusia se resista una y otra vez a “occidentalizarse”?

    El occidental de hoy, remedando a Kant, atribuiría esta oposición a la modernidad al atraso de la mentalidad rusa, a la barbarie que se resiste a las novedades, a las décadas soviéticas si quiere. Pero, primero: ¿en qué consiste la civilización occidental actualmente? La civilización occidental (si “civilización” puede ser llamada) es el resultado de esa rebelión de la que más arriba tratábamos: el antropocentrismo cada vez más virulento que, habiendo emprendido su ruptura con Dios, ha venido a exaltar a la humanidad en Feuerbach, al “proletariado” en Marx, al “Único” de Max Stirner, al “superhombre” que columbraba frenéticamente Nietzsche, hasta devenir en el actualísimo (y no tan conocido como debiera) “transhumanismo” que en nuestros días viene a postular la supresión de la misma humanidad en lo que denomina “post-humanidad”: lógica tan inexorable como satánica cuando se rechaza a Dios.

    Hay que tener en cuenta que el cristianismo ruso adquiere características muy particulares que, reelaboradas y refinadas por el pensamiento ruso-ortodoxo (que también es la gran novela rusa), ha estado marcado, en palabras de Michele Federico Sciacca, por: “un super-misticismo de tendencia profética, escatológica y apocalíptica, que lleva a la desvaloración de todo lo que es obra de la razón y, en general, humano y temporal”. El “antropocentrismo” occidental siempre fue percibido con hostilidad por la piadosa y mística alma rusa. Ni siquiera el marxismo pudo calar en Rusia y su triunfo revolucionario en 1917 no hubiera podido ser posible sin la impostura del bolchevismo que, traicionando la doctrina marxista, improvisó sobre la marcha, embaucando al pueblo con el señuelo de un falso mesianismo y vertebrando toda una teocracia a la inversa: “satanocracia” la llamaría el mismo Berdiaiev. Este autor ruso supo verlo mejor que nadie: “La antigua idea mesiánica sobrevive en lo más hondo del alma del pueblo ruso. Pero lo que se transforma es el fin supremo, el simbolismo de esta idea mesiánica. Nacida en el seno de la vida colectiva e inconsciente del pueblo, esta idea cambia de nombre. Tan pronto se denomina la Tercera Roma del monje Filoteo como la Tercera Internacional de Lenin; y esta Tercera Internacional revestida de la doctrina marxista, hereda los atributos del mesianismo, de la vocación del pueblo ruso”. Las razones del triunfo del comunismo en Rusia y su asombrosa duración no se deben al discurso marxista, sino a los resortes internos y espirituales del pueblo ruso.




    Nuestro añorado Antonio Machado (arrinconado y marginado hoy por la elite cultural progresista indígena) también tuvo la perspicacia de notar que el comunismo marxista no arraigaría en Rusia, por entender que el auténtico espíritu marxista era antítesis del espíritu ruso: “El marxismo, señores, es una interpretación judaica de la Historia” –nos dice Juan de Mairena, el “alter ego” de Antonio Machado. Y remacha: “Con Marx, señores, la Europa, apenas cristianizada, retrocede al Viejo Testamento. Pero existe Rusia, la Santa Rusia, cuyas raíces espirituales son esencialmente evangélicas” (“Juan de Mairena”, Antonio Machado).

    El occidental de hoy podría dividirse en dos categorías: los que somos occidentales, por mera razón de localización en el espacio; y los que son occidentales por haber asimilado ese “antropocentrismo” que, desde las postrimerías de la Edad Media, viene conformando la mentalidad del hombre europeo y americano. Para éste último occidental, moldeado en la idea subversiva antropocéntrica, Rusia es una incógnita y, como tal, una amenaza siempre en potencia. No se la comprende: no se comprende que Rusia se oponga con tanta firmeza a los supuestos “avances” de esta “civilización occidental” que ha llegado a legalizar el “matrimonio homosexual”, que está normalizando lo anormal, dándonos continuamente gato por liebre. Por el contrario, para el occidental que siente que esta “civilización occidental” se ha pervertido hasta extremos intolerables, Rusia es hoy la esperanza para una humanidad, la señal de que no está todo perdido.

    El Nuevo Orden Mundial se empeña en implantar sus políticas delirantes contra la familia (que no es una institución tradicional, sino natural), contra los no-nacidos (imponiendo el aborto), contra el legítimo patriotismo, contra todo lo que ha sido hasta hoy “santo” y “venerable”. Pero en este mundo que parece estar consumando las más siniestras expectativas que George Orwell ofrecía en “1984” o Eugenio Zamiatin en “Nosotros”, una nación permanece al margen y cada vez se yergue con más pujanza, como si todo esto no fuese con ella, orgullosa de su cristianismo y convencida de ser la Tercera Roma y esta nación se ha convertido, para cuantos queremos librarnos de esta opresión cada vez más agobiante en occidente, en una nación preñada de esperanza para todo el mundo y que, si permanece fiel a su espíritu, muy posiblemente esté destinada a dar cumplimiento a ese destino mesiánico que ha sido su más entrañable creencia y querencia. La “ciudad de Kitezh” está emergiendo de los fondos del lago cuyas aguas la ocultaron: vedla cómo se yergue en el horizonte.

    Heráclito de Éfeso escribió que: “El pueblo debe luchar por sus leyes como por sus murallas”. Así es, frente al Nuevo Orden Mundial el pueblo ruso defiende sus murallas (…de Moscovia las murallas) como defiende sus leyes interiores y espirituales, todavía más altas y robustas que el alzado de cualquier cinturón mural. Y esas leyes interiores y espirituales son de cuño cristiano: el cristianismo mesiánico y místico, refractario a todo antropocentrismo; el mismo cristianismo que la ha conservado a lo largo de su historia jalonada por miles de tragedias y millones de tribulaciones y que ahora la guía para cumplir su destino: Tercera Roma, Santa Rusia.

    En Tosiria, 3 de marzo de 2014.





    RAIGAMBRE
    ReynoDeGranada y raolbo dieron el Víctor.

  6. #26
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    Re: Rusia y España

    Repor - La tentación viene del este

    01 dic 2009

    ¿Bellas, calladas y sumisas?. Así promocionan a las mujeres rusas miles de páginas Web de agencias de contacto. En nuestro país, buscar novia rusa a través de la red se ha convertido en un ¿boom? para cierto tipo de hombres que opinan que la mujer española se ha liberado demasiado y no quiere asumir roles demasiado femeninos. La cámara de Repor ha viajado hasta San Petersburgo con Iván, un madrileño que busca a su media naranja en Rusia desengañado ya de sus experiencias con españolas.


    Repor - La tentación viene del este , Repor - RTVE.es A la Carta
    Última edición por Mexispano; 31/01/2016 a las 07:27

  7. #27
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    Re: Rusia y España

    La influencia española en la música rusa.


    Los compositores rusos y España | Casa Rusia

  8. #28
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    Re: Rusia y España

    3 agosto 2013, 09:40

    Los rusos en España (Parte 1ª)




    Collage: La Voz de Rusia


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    Ha despertado gran interés el libro Los rusos en España que abre páginas de la historia de las relaciones entre nuestros países. El libro fue impreso en la editorial de la Biblioteca Nacional de Literatura Extranjera con el apoyo del Instituto Cervantes en Moscú.



    Queremos informar a nuestros oyentes sobre esta edición para lo cual hemos invitado al redactor del libro y director del centro científico bibliográfico de la Biblioteca de Literatura extranjera Yuri Fridstein.

    Ahora bien, ¿qué materiales entraron en su recopilación?

    Se trata de los testimonios de aquellas personas que estuvieron en España: su prosa, diarios, cartas, memorias, impresiones, dice Yuri Fridstein. Hay muchos nombres que conocemos bien, por ejemplo el compositor Mijaíl Glinka, pero hay muchos otros de los que no sabemos tanto.

    España, distante y cercana, les atraía a todos: viajeros, diplomáticos, personalidades de la cultura, científicos. Ellos relatan su permanencia en este país. Cabe precisar que ahora ha aparecido el primer volumen de Los rusos en España, que comprende materiales relativos a los siglos XVII-XIX. La compiladora y autora de los comentarios es la hispanista, colaboradora de la Biblioteca de Literatura Extranjera Valentina Guinkó. Al año siguiente nos proponemos publicar el segundo volumen de la obra, que tratará de nuestros compatriotas que visitaron España en el siglo XX.

    El primer volumen se inicia con acontecimientos del siglo XVII, cuando –en 1667- partió a España, por edicto del zar Alexéi Mijáilovich la primera embajada rusa, encabezada por Piotr Potiomkin y Semión Rumiántsev, a fin de establecer contactos de amistad y relaciones diplomáticas.

    Después de varios meses de viaje llegaron a la ciudad de Cádiz, de donde partieron rumbo a Madrid, pasando por Sevilla, Córdoba y Toledo. En el libro se reproducen los apuntes conservados de Potiomkin y Rumiántsev: datos sobre el reino ibérico y el curso de las negociaciones en Madrid.

    La embajada rusa llegó a Madrid durante la regencia de la viuda del rey Felipe IV: María Ana de Austria. El rey Carlos II tenía por entonces siete años. La embajada rusa gozó de mucha atención. Las partes intercambiaron cartas y regalos, pero en aquella ocasión no se establecieron relaciones diplomáticas oficiales.

    Al pasar en Madrid tres meses, la embajada rusa partió a la patria vía Francia. Un recuerdo sobre los primeros rusos que visitaron España se quedó en el Museo del Prado: allí se guarda el retrato de Piotr Potiomkin, hecho por Carreño de Miranda, alumno de Velázquez.

    En el libro Los rusos en España, continúa Yuri Fridstein, se publican los apuntes del diplomático Alexander Vorontsov, que más tarde ejerció altos puestos estatales. Su viaje a España tuvo lugar en 1760, cuando comenzaba apenas su carrera profesional. Tenía la misión de tomar conocimiento de la estructura estatal, la política exterior de España, la situación del ejército y la flota, en general conocer la vida del país. Alexander Vorontsov debía entregar toda la información a su tío Mijaíl Vorontsov, canciller de Estado de Rusia, y aquel cumplió su tarea.

    Después de recorrer muchas ciudades españolas, entre ellas Madrid y Barcelona, el joven diplomático redactó Apuntes sobre España,en los que describió con lujo de detalles el régimen de vida de la familia real y su entorno, la situación política y económica en el país.

    El acercamiento entre Rusia y España comenzó a principios del siglo XIX, cuando ambos países luchaban por su independencia contra el ejército de Napoleón. Fue entonces cuando los rusos se interesaban mucho por la lejana España y este interés venía aumentando con el tiempo. Igualmente crecía el interés por la literatura, la música y las artes plásticas de España. Una de las primeras personalidades de la cultura que visitaron España fue el compositor Mijaíl Glinka.

    Al encariñarse con la música popular española, creó dos maravillosas obras: la obertura “La jota aragonesa” y “Una noche en Madrid” e introdujo así el tema español en la música rusa. El compositor comparte sus impresiones sobre España en cartas a sus allegados y amigos. Dichas cartas también forman parte del libro Los rusos en España. El compositor llegó a España en 1845 y se proponía pasar allí diez meses, pero estuvo dos años y aprendió la lengua española. En estas cartas Mijaíl Glinka expresa a menudo su admiración por la naturaleza española, cuenta sus encuentros y amistades con españoles, destaca su bondad y hospitalidad. Escribe mucho sobre las ciudades españolas, de las que le gustó en especial Granada. En una carta Glinka constata: “En primer lugar, nada me recuerda de los sufrimientos de antes, por el contrario, el país me presenta sus vistas pintorescas y majestuosas, las ciudades sus preciados monumentos, el cielo su sol resplandeciente, los habitantes su generosidad y su corazón noble”.

    Nuestros escritores, pintores, artistas han compartido siempre sus impresiones de España. Muchos de sus apuntes y cartas también pasaron al libro Los rusos en España. De ello les informaremos, amigos, en uno de los siguientes programas nuestros.



    vs/sk/er

    Nota: Las opiniones expresadas por el autor no necesariamente coinciden con los puntos de vista de la redacción de La Voz de Rusia.


    ___________________________

    Fuente [con audio descargable]:

    Los rusos en España (Parte 1ª) - Noticias - Sociedad - La Voz de Rusia

  9. #29
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    Re: Rusia y España

    Rusia y España ante Europa


    Antonio Moreno Ruiz










    Para españoles y rusos, “Europa” es algo que parece distante. El polígrafo español Francisco Elías de Tejada (1) llega a aseverar que “Europa” no era sólo un término geográfico, sino que suponía el fin de la Cristiandad, el fin de una civilización, para dar paso abierto a una serie de rupturas que cristalizarán en las latencias de la Revolución Francesa y sus respectivas ondas expansivas; por lo cual, el mundo hispánico se configura “contra Europa”. Yo particularmente no sé si esta terminología es la más adecuada y comprensible, pero desde luego, sí comulgo con el contenido, máxime cuando españoles y rusos hemos sufrido los continuos desaires de no pocos vecinos del Viejo Continente; a franceses e ingleses les gusta mucho decir que Europa acaba en los Pirineos o en los Urales; o que más para abajo de los Pirineos es África y más allá de los Urales es Asia, y todo en un sentido peyorativo. Y la verdad es que tanto España como Rusia tienen territorio en África y Asia respectivamente, pero ni los españoles nos podemos llamar “africanos” ni los rusos se pueden llamar “asiáticos”. Es más: “Europa”, ese término que tanto comenzó a utilizarse a partir del siglo XVII, luego de la paz de Westfalia que provoca una extraña “síntesis” de fuerzas teóricamente insolubles del centro al norte de Europa y que suponen el fin de la Cristiandad con la consiguiente confirmación de la ruptura religiosa y política, como señalaba el mentado Elías de Tejada… Pues bien, si el limes del occidente no hubiera sido salvaguardado por España (y Portugal) y el de oriente por Rusia, a día de hoy ni existiría la palabra. Porque ciertos países que presumen de ser “muy europeos” nada hicieron contra la penetración de fuerzas extraeuropeas; y de hecho, cuando se han tenido que enfrentar por derecho, han fracasado estrepitosamente.
    Las Españas y las Rusias constituyen la periferia del mundo europeo, de ese mundo que en muchas ocasiones, se empeña en desconocer a sus mejores guardianes, cuando no los vilipendia alevosa y directamente. Sin España y Rusia manteniendo la cruz enhiesta frente a los inquietos y continuos invasores, no habría sido posible mantener una civilización que es la admiración del mundo entero. Porque en verdad no fue el meritorio Carlos Martel, sino la monarquía astur, la que con su esfuerzo y tesón cerró el camino de los Pirineos a unos moros poderosos y envalentonados, que encima habían llenado sus tropas con multitud de hispanos conversos (2) que, de hecho, dominaron buena parte del norte peninsular frente a la élite siria establecida en Córdoba. Fue esta obstinación de galaicos, astures, cántabros y vascones, junto con los mozárabes, esto es, los cristianos que mantuvieron su fe bajo dominio islámico, lo que pudo recrear una monarquía cristiana en el sur de Europa que soñara con recuperar lo que ellos llamaban “la España perdida”.
    Asimismo, sin la conversión de Vladimiro I de Kiev, no se hubiera podido conformar toda una marca defensiva, herencia del mundo eslavo con grandes dosis vikingas, escitas, alanas, y por último, bajo la culta advocación de la Romania; no se habría forjado una potencia que se puso firme ante tártaros y mongoles.
    Y de Oriente a Occidente, mientras que ciertas potencias europeas coqueteaban con los turcos (y de hecho, siguen coqueteando), éstos eran cercados por España y Rusia.
    No veamos como casualidad que Estados Unidos insista en que Turquía haya de entrar en la Unión Europea, una Unión Europea de burócratas pesados e inoperantes que no rinden más cuentas que a las barras y las estrellas de Washington.
    Pareciera que para nosotros se hizo el águila bicéfala, el águila del Oriente y el Occidente de Alejandro Magno que las Españas ondearon con la casa de Habsburgo y las Rusias con los Romanov.
    No obstante, ¿qué fue Europa para españoles y rusos? ¿Y qué es en la actualidad?
    Detengámonos en España. Año de Nuestro Señor de 1492. Granada, el último reducto musulmán ibérico, cae derrotada ante la Corona de Castilla, que la incorpora a su dominio. La Península Ibérica y sus adyacentes islas quedan libres en su solar del dominio mahometano. En ese mismo año, Cristóbal Colón, avezado marinero que ya había servido a Portugal, arriba a Guanahaní, y aun creyendo que aquello es Asia, está ante un Nuevo Continente. El Atlántico se abre ante una gran trilogía: Los puertos andaluces, las islas Canarias y el Caribe. España restablece su unidad político-religiosa y se expande hacia el Atlántico. Se han unido las coronas de Castilla y Aragón a través de sus monarcas, Isabel y Fernando. Probablemente, a la Corona de Castilla le hubiera interesado más afianzarse con Portugal, quien seguía su misma política expansiva a través del deseo de Reconquista de la Hispania Transfretana y de los viajes atlánticos, pero la unión con Aragón supuso entrar en una escena política muy diferente: El Mediterráneo y Europa. Y decimos “Europa” porque Aragón gastaba una fuerte enemistad con una Francia que, sin embargo, había tenido amistad con Castilla. Tanto el continente como el antiguo mar romano eran unos temibles avisperos que no auguraban ni paz ni estabilidad, y de buenas a primeras, soldados de toda España veían que de Granada pasaban a Nápoles. La Italia Aragonesa fue, de hecho, la afloración de bravos conquistadores indianos como Hernán Cortés y Francisco Pizarro. Con todo, muerto Fernando el Católico, y siendo que Doña Juana de Castilla era casada con Felipe el Hermoso, las Españas entraban de pleno en la política continental, puesto que Carlos de Habsburgo no era sólo Carlos I de España, sino que también era V de Alemania. Así, si bien nunca habíamos pertenecido al Sacro Imperio Romano Germánico (a excepción de la Marca Hispánica, germen de Cataluña, que estuvo bajo su protectorado durante una época), ahora nos veíamos entreverados en su política. Carlos I no empezaba con buen pie: Su desconocimiento de la Piel de Toro y su entrada arrogante con déspotas flamencos originó un terrible descontento. Las revueltas de los comuneros y los agermanats, lejos de ser “revolucionarias”, estaban impregnadas de espíritu medieval y autóctono; y si Carlos I las venció, fue porque se adaptó a su pueblo, siendo que en muchas ocasiones, ofreció armas a los campesinos para que pelearan contra los nobles que acaudillaban la rebelión. Luego promulgó una amnistía bastante generosa, y por fin se dio cuenta de dónde estaba. Fue ese rasgo de sobriedad y austeridad que el polígrafo Ramón Menéndez Pidal destacaba como intrínsecamente español lo que moldeó a la Casa de Austria y no al revés. Sin embargo, las obligaciones de esta casa real eran muchas, y pronto, en la Europa Central, la ruptura espiritual iniciada en Alemania por Lutero, y apoyada en la retaguardia franco-suiza por Calvino (el mismo que decía que el dinero era una divina predestinación), pronto devendría en una explosión que afectaría a la política imperial. Lutero hablaba del “libre examen”; sin embargo, exhortaba a los príncipes a “exterminar como a perros” (literalmente) a los campesinos que se le rebelaban. La política de las dos espadas desaparecía para dar paso a los reyes-papas, y con ello, el germen del absolutismo que luego fraguara Hobbes en Inglaterra. Y España, que ya había restablecido su unidad, que miraba a otros horizontes, dejando bien saneada la periferia sudoccidental europea, sin embargo, se veía inmersa sin comerlo ni beberlo en este inmenso campo de batalla que, a decir verdad, ni le iba ni le venía.
    “Adelante mis leones de España” decía Carlos, rey español y césar romano-germánico. Y si bien intentó en determinados momentos aplicar una política de “tolerancia” en los Países Bajos, aquello se iba de las manos. Cada vez más hispanizado, se retira a Yuste, no sin darle muchas indicaciones a su hijo, Felipe II de España, un rey de madre portuguesa, y con un ardor religioso potente que acudirá en auxilio de los príncipes católicos centroeuropeos porque creía firmemente en la unidad católica, y que con los protestantes poco o nada se podía negociar. Así, intenta crear toda una geopolítica que alcance la tierra y el mar para restaurar una Cristiandad que se niega a creer que esté muerta. La mal llamada “Armada Invencible” fue un gran escollo, sin duda, aunque totalmente mitificado por unos ingleses que luego fracasarían continuamente en sus incursiones piráticas hasta contra la Península; pero como símbolo, acaso es ilustrativo. La extensión territorial que se hacía movediza en los pantanos de Flandes, y la extensión del mar que empezaba a ser asaltado por tirios y troyanos se hacían demasiado grande para un país que no contaba ni con diez millones de almas.
    Sin desmerecer a Carlos I y Felipe II, esto es, los Austrias Mayores, y a los bravísimos soldados que por su corona pelearon, a toro pasado puede pensar uno que si nos hubiéramos centrado en salvaguardar el norte de África y en la pacificación y continuidad de América, tal vez nos hubiéramos ahorrado mucho sufrimiento. Aunque esto puede ser relativo, porque Portugal no entró en la política continental y sin embargo, corrió una suerte muy pareja a la del otro lado del Guadiana. Y hablando de Portugal: El advenimiento de los Austrias Menores supuso más desgaste en el continente y, por desgracia, el aprovechamiento del descontento luso, que si bien se había sentido muy a gusto con Felipe II, no se sintió igual con Felipe III y Felipe IV. En 1640, los daños colaterales nos asaltaban no sólo en el ultramar, pues a Dios gracias se pudo derrotar a los holandeses en su intentona brasileña (mientras que sin embargo se aposentaban en el Pacífico); pero en la Península, el descontento de ciertos portugueses era aprovechado por los británicos. Ni ingleses ni galos querían una Península unida, y maquinaron todo lo que pudieron y más para que se produjera un resquebrajamiento. Asimismo, la falta de vista de Pau Claris en el nordeste ibérico facilitó que Francia invadiera el Rosellón y la Cerdaña, perdiendo Cataluña su territorialidad norteña; mientras que en Aragón, Navarra y Andalucía, la falta de vista de algunos nobles revoltosos pudieron llevar a problemas mayores. Se ha pretendido enmarcar como villano al conde-duque de Olivares, el cual es posible que se equivocara con su política centralista, acaso antecedente del despotismo ilustrado; ¿pero acaso no era menos equivocado que sólo la Corona de Castilla mantuviera una pesada maquinaria de guerra universal, siendo que los que más tributaban eran castellanos y andaluces, como decía el grandísimo escritor Francisco de Quevedo? No vemos que muchos que se quejan de un supuesto centralismo castellano, sin embargo, protesten por la presencia de soldados extremeños o andaluces en Nápoles, salvaguardando los intereses de la Corona de Aragón. Y vemos muchas quejas de los validos, y luego de los Borbones, pero no un análisis pormenorizado y desapasionado sobre los Austrias…
    En fin, como decimos, a toro pasado todo lo vemos muy fácil, pero el caso es que España entró con vigor en el tablero continental y sin embargo, perdió mucho más de lo que ganó. Aunque la estocada final la tendría el imperio británico, quien entendió en el siglo XVIII que “a España hay que vencerla en América y no en Europa”. Pareciera que a partir de este siglo, con los Borbones, tendríamos un enfoque más “nacional” por así decirlo, pero por una cosa o por otra, el mar se infestaba; y además, la política europea nos había salpicado en demasía: Teníamos el borbónico Pacto de Familia con Francia, la misma que pretendía que ya “no hubiera Pirineos”, y gracias al desastroso, usurpador e invasor archiduque de Austria, el imperio británico se aposentaba en Gibraltar, mientras que Holanda se permitió el lujo de razziar nuestra Península. Con estos moldes, era difícil retomar una política lasmás de tierra adentro y de mare nostrum.
    Así las cosas, pensando en estas dificultosas reflexiones, se me vienen a la cabeza los ensayos sobre la Rusia contemporánea del eminente sabio Alexander Solzhenitsyn (3). Solzhenitsyn era muy crítico sobre las incursiones políticas de Rusia en Europa. En contra de ciertos nacionalistas de su tierra, siempre se mostró crítico, por ejemplo, con la ocupación de Polonia, a cuyo pueblo no dejaba de admirar. Nuestro gran matemático, físico e historiador decía que una vez conseguida la unidad política, defendiéndose de incursiones lituano-polacas, Rusia mejor se tenía que haber dedicado a afianzar su territorialidad e independencia, y no dejarse influenciar por otras potencias, ya fueran alemanes, franceses o ingleses; ni tan siquiera por el paneslavismo, que según él, no había traído más que desgracias a su patria, porque una cosa era la eslavofilia, el amor cultural de los antepasados y la reafirmación en esa identidad en lo concerniente a las comunidades orientales (puesto que entre los eslavos del centro estamos hablando de otras realidades), y otra cosa el pretender hacer aventuras político-militares de engañosas bases.
    De todos modos todo aquel que se junta mucho con Inglaterra acaba mal, y ese ha sido el caso tanto de Portugal como de Rusia. Inglaterra, siempre en el mar, ha utilizado como ha querido a países dentro del continente para imponer sus intereses. Y pareciera que Napoleón le dio la excusa perfecta. Mientras que el ejército bonapartista se había pavoneado por Europa, España y Rusia fueron las patrias artífices de su derrota militar, y tal vez momentáneamente en lo espiritual, por desgracia, no tuvieron poder para derrotar su forma de hacer política, que no era otra que la Revolución hecha conservadora; y asimismo, tampoco tuvieron poder para evitar la definitiva penetración británica, que si a priori durante el XIX encontró un escollo en su hijo norteamericano, en el XX se confirmarían como inmejorables aliados, siendo que es rigurosamente falso eso de que el imperio británico no exista, puesto que éste, además de ostentar jefaturas de estado como las de Canadá y Australia, no deja de tener un aura mística para los hijos de Washington: No olvidemos que la reina de Inglaterra es la papisa anglicana y toda una figura dentro del protestantismo anglosajón en general.
    En el pasado, Rusia se dejó engatusar por franceses, ingleses, prusianos o austríacos, los mismos que en muchas ocasiones, la menospreciaban. Algunos románticos tardíos suelen echar en cara a Rusia las invasiones de Polonia, y sería menester recordarles que en verdad fueron Prusia y Austria las que decidieron repartirse a esta noble y antigua nación; y Austria no muchos años después de que Juan Sobieski y sus húsares fueran determinantes para derrotar a los turcos que pretendían quedarse con Viena. Lo mismo podríamos decirle en España a los múltiples románticos austracistas que encontramos en los más variados sectores políticos, reiterándoles la irresponsabilidad de un archiduque Carlos que nada tenía que pintar en España luego del testamento de Carlos II, y que entró con ingleses y holandeses. Casi nada…
    Con todo, lo que un servidor pretende no es cargar contra los austríacos, sino referir que la historia es muy compleja y hay que contarla toda para intentar comprenderla en su contexto y en su momento, y no desde un “presentismo” ciego o ideológico, y tampoco como una oferta conveniente y antojadiza de cualquier supermercado. La Historia nos da muchas enseñanzas y el sentido común que nos da el filtro de la experiencia es lo que construye la tradición, y en ese proceso tiene que trabajar la lija, si se quiere.
    Volviendo a Solzhenitsyn, hemos de recordar que este gran intelectual era contrario a aventuras militaristas, e incluso se mostró crítico con ciertos aspectos de la guerra de Chechenia. Él abogaba por la reunión de los eslavos orientales, de la Rusia Pequeña (buena parte de la actual Ucrania), la Rusia Blanca (Bielorrusia) a todas las Rusias, pero nunca desde la “fuerza”, ni tampoco permitiendo agresiones a la población rusófona, pues no en vano, denunció que la rusa era la mayor y más desconocida diáspora de la actualidad, entre veinticinco y treinta millones de almas, esparcidas desde los lindes de la Europa Central al Extremo Oriente por obra y gracia de las deportaciones soviéticas. Es por ello que jamás creyó en lo que algunos llaman “patriotismo soviético” y lo fustigó como la mayor de las imposturas, llenando sus escritos de futuras advertencias en este sentido. Y en estas advertencias iba el peligro de la artificialidad de las fronteras soviéticas, con ejemplos como el nuevo estado de Kazajstán, que tiene una buena parte rusa, así como las fronteras caucásicas. Y curiosamente, aunque eso parezca lejos de Europa, sin embargo, los occidentalistas de estas regiones son los más descarados europeístas, porque de hecho, saben que al ser europeístas tendrán contentos a la administración angloamericana.
    Y claro, otra cosa sobre la que Solzhenitsyn advertía era Siberia, la inmensa frontera llena de materias primas y despoblada, con la cercanía de China. Y quién sabe si determinadas potencias podrían forzar un desencuentro entre rusos y chinos, o por la contra, a la administración rusa se esfuerza en tener buenas relaciones con China por esto mismo.
    Parece que el Oriente es una tierra propicia para profetas. Solzhenitsyn siempre señalaba la perspicacia de su compatriota el grandísimo escritor Fiodor Dostoyevski, a esa Europa que por un lado, tanta curiosidad le inspiraba, pero que también le provocó no pocos recelos. Es obligado citar a Dostoyevski cuando situamos a Rusia ante Europa, porque no en vano, el autor de “Los hermanos Karamazov” dijo: “Quiero ir a Europa. Sé que sólo encontraré un cementerio, pero ¡qué cementerio más querido! Allí yacen difuntos ilustres; cada losa habla de una vida pasada ardorosa, de una fe apasionada en sus ideales, de una lucha por la verdad y la ciencia. Sé de antemano que caeré al suelo y que besaré llorando esas piedras convencido de todo corazón de que todo aquello, desde hace tiempo, es ya un cementerio y nada más que un cementerio... Europa, ¡qué cosa tan terrible y santa es Europa! ¡Si supieran ustedes, señores, hasta que punto nos es querida – a nosotros, los soñadores eslavófilos, odiadores de Europa según ustedes – esa Europa! ¡Como amamos y honramos, de un amor y una estima más que fraternales, las grandes razas que la habitan y todo lo que ellas han culminado de grande y de bello! Si supieran ustedes hasta que punto nos desgarran el corazón las nubes sombrías que cada vez más velan su firmamento...”
    Creemos que más de un viaje ayudó a destapar la curiosidad de Dostoyevski, y que a día de hoy Europa, más que un ilustre cementerio, es un museo muerto. Dostoyevski también intuyó que la vocación de Rusia radicaría en absorber a Europa, cosa que en verdad no gustaba demasiado a Solzhenitsyn, quien decía que si bien Rusia había abierto las puertas al infierno, acaso estaba destinada a cerrarle las puertas conforme el advenimiento del fin de los tiempos.

    ¿Qué es “Europa” para nosotros? Está claro que no estamos hechos para los laberínticos vericuetos de sus políticas, los cuales nos enredan, nos confunden y encima, procuran la dormición de nuestras almas. Empero, no olvidemos una cosa: Nosotros somos los pilares, y sin nosotros no hay nada. Y es que como vemos, los limes irredentos de España y Rusia, del Atlas a Siberia respectivamente (y España debiendo contar con el continente americano) no dejan de ser un enlace obligado para con Europa, y eso Europa lo sabe. Otra cosa es que el enlace sea fuerte o débil y así aprovechar con justicia su voz y su influjo. En el caso de Rusia, parece ser lo primero. En el caso de España, no hay duda de que, por desgracia, es lo segundo. Y sin firmeza y coherencia, nada se puede hacer, y ya ven ustedes cómo es la desastrosa política internacional española, totalmente entregada a la peor Europa y al atlantismo…

    Así las cosas, sólo nos queda por remachar que España y Rusia tienen su misión ante Europa, y que desde luego, sería muy deseable, como ya escribimos en alguna otra ocasión, como españoles, mirarnos más en el espejo ruso y procurar su alianza dentro de este alocado mundo global. Podríamos ser, por honor a nuestro pasado y por nuestro real potencial, mucho más de lo que tristemente somos. ¡Y debemos serlo!


    Notas:
    (1) Sobre Elías de Tejada: Fundacion Elías de Tejada | Promover el estudio y la difusión del pensamiento católico
    (2) Sobre este particular, véase: ANTONIO MORENO RUIZ: MIS LECTURAS: "ORÍGENES DE LA NACIÓN ESPAÑOLA. EL REINO DE ASTURIAS", DE CLAUDIO SÁNCHEZ ALBORNOZ
    (3) Sobre Solzhenitsyn: Apologías de Solzhenitsyn... , Mis lecturas: "El primer círculo", de A. Solzhe... , De Dostoyevski a Solzhenitsyn.


    Rusia y España ante Europa | Katehon think tank. Geopolitics & Tradition

  10. #30
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    Re: Rusia y España

    Cumplimentando la invitación formulada por las autoridades locales, los 26 y 27 de febrero de 2016 Yuri Korchagin, Embajador de la Federación de Rusia en España, visitó Astorga (Castilla y León) donde tomó parte en los eventos solemnes con motivo de la conmemoración del segundo centenario de la acogida por la ciudad del Regimiento Imperial Alejandro, la unidad militar formada por militares españoles del ejercito napoleónico que desertaron para pasar a enrolarse en el ejército ruso durante la Guerra Patriótica de 1812.

    Con el motivo de este acto memorable se celebró una conferencia científico-práctica con elementos de práctica “La Epoca Histórica del Regimiento Imperial Alejandro” donde los historiadores rusos y españoles leyeron sus informes. El Embajador inauguró la exposición de obras de la fotógrafa rusa Ekaterina Dyuzhikova “Los Paisajes Rusos” en la casa-museo del poeta Leopoldo Panero.

    Durante la reunión con empresarios de Astorga y León en la Cámara de Comercio local Yuri Korchagin y la delegada comercial de Rusia en España Galina Kurochkina tuvieron una discusión fructífera sobre la actual situación económica en Rusia, las perspectivas del desarrollo de la cooperación bilateral y la búsqueda de posibles soluciones de problemas pendientes.

    El evento central fue el acto solemne en el Ayuntamiento de Astorga donde el Embajador de Rusia y el Alcalde de la ciudad Arsenio García Fuertes contaron al auditorio representativo que fueron los esfuerzos de Rusia que permitieron a los soldados volver a su patria tras la guerra de 1812. Suscitaron un gran interés las palabras del poeta guerrillero ruso Denis Davydov, quien dijo que los pueblos de Rusia y España que habitaban en las dos extremidades del continente Europeo lograron alcanzar un auge interior del patriotismo en aras de preservar su propia vía histórica: "Las dos resistencias realizadas por los pueblos de Rusia y España conmovieron hasta la base el poder y el dominio de Napoleón, que parecían imperturbables”.

    Con el telón de fondo de los himnos nacionales de los dos países inauguraron la placa conmemorativa en homenaje a la acogida en Astorga del Regimiento Imperial Alejandro en 1814-1816. Luego, ante los habitantes y visitantes de la ciudad se celebró un desfile de reconstructores históricos que demostraron un porte militar sobresaliente en uniforme militar de los principios del siglo XIX con armas de aquella época. Las danzas de folklore “maragatos” fueron una condecoración adicional del evento solemne.

    Yuri Korchagin y Arsenio García Fuertes depositaron una ofrenda floral al monumento en honor a los defensores de Astorga caídos durante la defensa de la ciudad en 1810 y su asedio en 1812.

    El programa oficial se dió por terminada con la liturgia en la iglesia de Santa Marta en memoria de los rusos y españoles fallecidos en los años de guerras napoleónicas y el concierto de la banda municipal que interpretó marchas españolas y rusas en el edificio histórico de la catedral de Astorga.

    Todos los participantes del evento sintieron la profundidad de tradiciones históricas que unían Rusia con España.




















    ___________________________

    Fuente:

    https://www.facebook.com/EmbajadaRus...90648347622465

  11. #31
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    Re: Rusia y España

    Mitad ruso, mitad español

    14 de febrero de 2011 Elena Novikova


    José Biriukov. Foto de Ria_Novosti



    El jugador de baloncesto José Biriukov nació en Moscú en 1963. Ha jugado en el Dinamo de Moscú y ha participado en la selección de la URSS, llegando a ser “maestro del deporte de la Unión Soviética de nivel internacional”. Todos le auguraban un gran futuro en el baloncesto ruso, pero el auge de su carrera deportiva tuvo lugar en otro país. A los 20 años firmó un contrato con el Real Madrid, club en el que jugó magnificamente durante 11 años. En gran medida, gracias a Biriukov este período fue uno de los mejores en la historia del club madrileño. En España le siguen considerando una de las leyendas del baloncesto. Biriukov abandonó el deporte en 1995 debido a un traumatismo grave en la rodilla. Ahora vive en Madrid, pero visita Moscú cada vez que puede.



    - ¿José, cómo empezó tu carrera en España? ¿Se enteraron los entrenadores españoles de que eras hijo de una española?

    - Sí, fue exactamente así. Los periodistas españoles me vieron cuando todavía jugaba en la selección juvenil, en el Campeonato de Europa de 1981: les llamó la atención el apellido ruso “Biriukov” junto al nombre “José”. Se acercaron a preguntarme. Después de aquello volví a jugar varias veces en España con la selección rusa, es decir, soviética en aquella época, y con el club Dinamo de Moscú. ¡Jugué bien! El Real Madrid me propuso un contrato. Así que me fui a España con toda mi familia. En aquella época era así: o se iban todos, o ninguno. Tuve que dejar muchas cosas en Rusia. Me fui del Komsomol (la organización de jóvenes comunistas), mejor dicho, me echaron… Y como era maestro del deporte de la URSS de nivel internacional, pues también me quitaron el título…


    - Cuando llegaste a Madrid, ¿tuviste muchos problemas?

    - Al principio, ¡no pude jugar durante un año entero! Tenía que haber recibido inmediatamente el pasaporte español, como hijo de española que soy, pero al final tuve que esperar todo año. Sólo podía participar en partidos amistosos, así que durante aquella época no hacía más que entrenarme. Era duro, porque cuando uno no juega, pierde mucho. Creo que el primer año siempre es el más difícil, sobre todo porque los rusos no somos un pueblo emigrante. Estamos acostumbrados a nuestro país, sea como sea, e intentamos no despegarnos de él pase lo que pase. Soy mitad ruso, así que el primer año lo pasé bastante mal. Además, ¡llegué a España sin saber el idioma!


    - ¿A pesar de que tu madre fuera española?

    - Mi madre nunca me enseñó el idioma, no le apetecía. Además, no tenía fuerzas para ello. La pobre trabajaba el día entero, llegaba a casa cansada y no era como para ponerse a enseñarme el idioma…


    - Antes de llegar, ¿qué sabías de España?

    - Prácticamente nada. Aunque, gracias a mi madre, conocía la cocina española. Por cierto, ella sigue mezclando las tradiciones culinarias. Por ejemplo, siempre comemos borsch con tortilla de patatas. Con la tortilla hubo una anécdota. Cuando todavía vivía en Moscú, íbamos a los campeonatos en tren. Imagínate, cuatro compañeros de equipo en el mismo compartimento. Normalmente viajábamos de noche y nos poníamos de acuerdo sobre la comida que iba a llevar cada uno. A mí me decían siempre que llevara una tortilla. Así que mi madre me hacía dos tortillas enormes. Naturalmente, ¡todo el equipo acababa metido en nuestro compartimento!


    - ¿Qué tal te llevabas con los españoles? ¿El carácter español te ha resultado familiar?

    - Me parece que el carácter español y el ruso se parecen mucho. Por ejemplo, los españoles son igual de negligentes que los rusos. En Rusia muchas cosas se hacen al azar, mientras que aquí se oye constantemente “mañana, mañana”. Los rusos y los españoles tenemos mucho en común. Cuando uno va a Francia, Inglaterra o Alemania y no sabe hablar el idioma, le miran con cara rara y te dicen: “No te entiendo”. En este sentido, los franceses y los ingleses son muy estrictos. Sin embargo, aquí cuando la gente ve que te estás esforzando mucho para hablar español, todo el mundo te ayuda. Así que me parece que es más fácil adaptarse a este país que a cualquier otro. Por ejemplo, yo aprendí español hablándolo, pero sigo cometiendo errores gramaticales, metiendo la pata con los verbos, con los artículos... Quizás en otro país no se lo perdonarían, pero aquí todo el mundo está dispuesto a apoyarte y a ayudarte. Además, en Madrid hay muy poca gente que sea originaria de Madrid, aquí todo el mundo es de algún otro sitio: de Salamanca, de Andalucía, del País Vasco o de América Latina... En este sentido, Madrid es una ciudad muy abierta y fácil para vivir.


    - ¿Cómo reaccionó tu madre cuando te propusieron un contrato con el Real Madrid?

    - Mi madre era la que más ganas tenía de irse a España, como es natural. Llegó a Rusia durante la guerra civil, en 1937 ó 1938, no me acuerdo exactamente. Mi abuela era una mujer temeraria. Mandó de repente a sus tres hijos a Rusia. ¡No se quedó con ninguno! Los envió a todos. Aunque luego tuvo un cuarto, porque no podía vivir sin hijos. No dejo de sorprenderme, por qué los envió tan lejos, a Rusia, y no a Francia, por ejemplo. Mi madre hasta el día de hoy no es capaz de ver fotos ni documentales sobre la guerra civil. Ahora, muchos de los niños que habían emigrado a Rusia se encuentran de nuevo en su patria. En el País Vasco, donde nació mi madre, los “niños de la guerra” se reúnen todos los años.


    - ¿Vas mucho a Moscú?

    - Cada verano voy con mis dos hijas a Moscú. Quiero que aprendan ruso y lo hablen.



    ___________________________

    Fuente:


    https://es.rbth.com/articles/2011/02..._espanol_12081

  12. #32
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    Re: Rusia y España



    España, acusada de traicionar a la OTAN por permitir ingreso de buques rusos


    © Foto: US Marine Corps / Paul Peterson



    Política18:33 27.05.2016(actualizada a las 18:40 27.05.2016) URL corto

    92215



    MOSCÚ (Sputnik) — El congresista estadounidense Joe Pitts, del Partido Republicano, acusa a España de traición a los intereses de la Alianza Atlántica.

    Ceuta es un enclave español en el norte de África, a 30 kilómetros de la base naval británica en Gibraltar.

    "España, miembro de la OTAN, permitió a la Armada rusa el uso regular del puerto del enclave soberano de Ceuta en el norte de África", se quejó el congresista.





    © Flickr/ U.S. Army Europe Images


    Los países europeos buscan escapar de sus obligaciones con la OTAN

    Esta práctica, en su opinión, representa "riesgos significativos a la inteligencia y seguridad de EEUU y el Reino Unido", así como para toda la Alianza en general."La autorización de España a los barcos rusos socava el principio de solidaridad de la OTAN. La Alianza debe tener una estrategia clara para prevenir que Moscú obtenga acceso a puertos de abrigo", solicitó Pitts.

    Según The Times, desde 2011 al menos 57 buques de guerra y submarinos rusos entraron en Ceuta por motivos logísticos y para descanso de las tripulaciones, en ningún caso para actividades militares.

    Pitts pide modificar una cláusula de la Alianza para que los responsables de Defensa informen sobre si proporcionan sus puestos a buques de la Marina rusa.



    ______________________________


    Lea más en España, acusada de traicionar a la OTAN por permitir ingreso de buques rusos

  13. #33
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    Re: Rusia y España

    Pues yo me apunto a salir de la organización terrorista y criminal OTAN y aliarnos con Rusia militarmente. Además, podemos firmar acuerdos armamentísticos, las armas rusas son más baratas y dudo que tengan que envidiar al armamento americano que es, además, mucho más caro.
    Hyeronimus, Mexispano y raolbo dieron el Víctor.
    ¡VIVA ESPAÑA! ¡VIVA CRISTO REY! ¡VIVA LA HISPANIDAD!

    "Dulce et decorum est pro patria mori" (Horacio).

    "Al rey, la hacienda y la vida se ha de dar, pero el Honor es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios" (Calderón de la Barca).

  14. #34
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    Re: Rusia y España

    Lo que aprendi viviendo 30 días en Rusia


    Quería viajar y como se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por las desoidas, me tocó un destino a Rusia. Destino lejano. Hostil. Peligroso. Incierto. La mayoría de la gente que conozco, y que no conozco, ni siquiera se hubiera atrevido. El Telón de Acero. Los destierros de prisioneros. Borrachos de vodka y..ah, sí, el tren ese tan famoso. A mí me despertaba una enorme curiosidad. Encima no era ni las habituales Moscú o San Petersburgo. Siberia. Para mí solito. Mejor que mejor; instintivamente, sin pararme a pensar nada como buen preludio para una vivencia que recordar o un gran desastre…acepté.

    Nunca voy a arrepentirme



    Destino Siberia



    ¿Simbólico? Un helado soviético para Siberia



    Esta pregunta me la hicieron tantas veces que perdí la cuenta. Mi familia y amigos no alcanzaban a entender qué me llevaba a ir un lugar tan perdido, el infierno helado en el que Stalin desterraba a sus enemigos y que imaginaban como una especie de poblado de madera en medio de un bosque donde si no te come un oso te pasará por encima un trineo de renos. Allí os rusos tampoco entendían qué movía a un español, habitante de un país cálido y turístico, a acabar visitando su tierra. Los españoles me decían que nunca irían ahí, y los rusos que, de ser españoles, tampoco lo harían.

    ¿Por qué no un lugar más cercano, glamuroso, cómodo y progre? Londres, París, Berlín, Amsterdam, Milán…todos ellos el destino predilecto del Homo Globalis de starbucks, instagram y hashtag, en los que se sentirán como en casa independientemente de donde vengan. Y es precisamente por ello por lo que escogí Siberia: no quería ver el mismo paisaje urbano que se repite en las grandes capitales europeas; consistente en hipsters, malabaristas, artistas callejeros, manteros y carteristas, con una atmósfera aburrida y monótonamente cosmopolita y tolerante con lo intolerable. Lo tengo ya demasiado visto. Quería visitar un lugar con cultura propia y que no reniegase de sí mismo y lo encontré. A pesar de lo burocrático del visado, de no saber el idioma en un país en el que pocos hablan otro y de todos los problemas que podría encontrar allí, no me achanté y finalmente llegué a mi destino después de cinco horas de vuelo y medio día haciendo escala en el aeropuerto de Moscú. Mi periplo siberiano acababa de comenzar en una ciudad de tamaño considerable no muy alejada del gigantesco y profundo Lago Baikal.

    La primera impresión que te da en toda la cara cuando bajas del avión es que si te hubieran llevado con los ojos vendados, sabrías donde te encuentras.. Si llegaste a Rusia, sabes que estás ahí y no en cualquier otro lado. Un panorama de carretera sacado de los años noventa, ladas desprejuiciados sobre si tener el volante a la derecha o a la izquierda, baches en el pavimento, cintas de San Jorge celebrando el Día de la Victoria y esa Unión Soviética que se resiste a marchar para siempre, con su simbología particular que hacían inconfundible el lugar. Cada día sería una sucesión de cosas nuevas, y sobre todo muy diferentes a las que acostumbramos en Europa occidental. El paisaje infinito, la mentalidad a veces tan cercana y a veces tan opuesta y la sorpresa de que muchas veces lo distinto no se debía a diferencias culturales, sino a cosas y modos de pensar que existían aquí también pero se han perdido.


    Carácter ruso




    Origen pero solución de todos los problemas



    La personalidad rusa no entiende de sutilezas ni familiaridades. Nadie te va a dar una sonrisa por educación ni por tratar de encubrir algo; cuando haces la compra, otro trámite o simplemente hablas con un desconocido, lo normal es que no te sonrían. El que sonríe educadamente está mostrando servilismo y falsedad y la única sonrisa aceptada es la verdadera, la que sale del buen humor o buena relación. Esto es algo que verás nada más llegar al control de pasaportes del aeropuerto. Las sonrisas si están, son y si no son, no están.

    El trato es frío e incluso rozando lo hostil con los desconocidos. Te puede hacer pensar que estás en un país de habitantes tan helados como su invierno. Error; en cuanto los conoces te das cuenta de que no es así y que bajo esta escarcha se esconde gente acogedora, honesta, simpática y dispuesta a ayudar.

    En Rusia siguen existiendo los roles hombre-mujer. Lo común es que ambos estén claramente delimitados y diferenciados: los hombres se comportan como hombres y las mujeres como mujeres. No existe el feminismo cultural misándrico. Tampoco una comercial y artificial guerra de sexos que en vano tratan de espolear Pussy Riot o FEMEN. No hay pelea por ocupar el espacio del hombre o buscar desesperadamente discriminaciones y micromachismos por todas partes. Tampoco es un tabú opinar que cada sexo tiene sus fortalezas y debilidades en diferentes ámbitos. Contra pronóstico progre, no encontré mujeres oprimidas y anuladas; al contrario, suelen ser más cultas y tener más intereses que aquí. Casi todas tienen alguna afición como tocar instrumentos, pintar o deportes de todo tipo. Ni siquiera es raro encontrar chicas que se dedican a deportes tradicionalmente de hombres como artes marciales o de fuerza, e incluso diría que es más normal que aquí verlas en carreras masculinizadas como ingenierías. Las parejas jóvenes son lo habitual. La impresión es de que la mayoría de mujeres tiene hijos sobre los 25 años, algo que se puede ver en cualquier calle. Definitivamente, el feminismo no está ni se le necesita.



    Un español en la traiga




    El animal más raro de la taiga era yo



    Esta zona de Rusia por lo lejano de su ubicación apenas recibe gente de Europa occidental, lo que significa que a los siberianos les despiertas la misma extrañeza que ellos a ti. Si hablas castellano y hay gente a tu alrededor, puedes estar seguro de que todos se girarán para mirarte y que algunos te preguntarán con curiosidad (siempre en ruso, por supuesto) de donde eres, para seguidamente sorprenderse de qué puede llevar a un español a tal lugar. Incluso habrá quienes te den la mano y te digan que es la primera vez que ven a uno, se hagan una foto contigo o incluso te inviten a una caña o a un chupito de vodka si están en un bar. También puede ser que te hablen en castellano porque han vivido en algún país hispanohablante o lo estén aprendiendo. Todo esto me pasó en mi estancia ahí.

    En mi estancia tuve la oportunidad de visitar y vivir en diferentes ambientes. Tanto en los mejores barrios, donde se concentra toda la gente con suficiente solvencia para permitirse vivir en un lugar con el aire limpio y rodeado de bosques, como en el infierno depresivo de los bloques soviéticos sin luminosidad en la calle. En ciudades grandes, con el mismo tipo de comodidades y servicios que cualquier ciudad europea, y en aldeas de unos pocos cientos de habitantes. Subí en lujosos mercedes con todos los complementos incorporados y en ladas de los 90 llenos de abolladuras, conocí a quienes había viajado por prácticamente todo el mundo y otros que no habían salido de su provincia.



    No es lugar para blandos



    No lo intentes ni aunque midas 2 metros y peses 120kg



    El invierno es extremadamente frío y dura gran parte del año, con la sola pausa del verano que puede ser muy caluroso, lo que significa convivir con unas temperaturas que podrían matarte en unas horas de estar expuesto a ellas, nieve y placas de hielo por todas partes y oscuridad a partir de las 5 de la tarde. Para evitar grandes desplazamientos en estas circunstancia cada pocas calles hay un pequeño colmado abierto casi ininterrumpidamente con todo lo básico y en las residencias de estudiantes incluso suele haber uno situado dentro. Aunque la gente trata de hacer una vida normal y salir fuera (de hecho hay más diversidad de actividades culturales y entretenimientos que aquí) es inevitable pasar mucho tiempo en casa, y este enclaustramiento unido al paisaje gris y la temprana oscuridad en calles escasamente iluminadas, hace extremadamente dura la vida aquí.

    Por si no fuera suficiente con el clima, los rusos también tienen que lidiar con lentísima burocracia, infraestructura anticuada, generalmente bajos sueldos y ahora también, devaluación del rublo. No existe la cultura de la paguita tan extendida en los países ricos, lo que si bien evitan lacras como inmigrantes viviendo del cuento, rentas de inserción o mamandurrias femenistas también significa que si no trabajas, no comes. Si no tienes red familiar y te quedas en el paro, los aproximadamente 15 euros de subsidio de desempleo no te llegarán más que para el transporte público, así que o te buscas la vida o en el peor de los casos puedes acabar viviendo en las alcantarillas, alimentándote de perros y gatos si no hay otra cosa y bebiendo colonia para emborracharte.

    Todo esto ha hecho de los rusos gente endurecida, poco dada a tragarse los mantras izquierdistas de empoderar la cultura de la cigarra, de miradas de los 3000 kilómetros y del “hombre blandengue”. El número de hipsters, perroflautas y progres caviar es mínimo, y de hecho si alguien lleva esa estética hará que el resto lo mire con extrañeza y hostilidad que puede ir más allá de las palabras. No solamente los homosexuales están mal vistos, sino también vestir de forma similar a ellos.



    Si funciona, no lo toques

    Ideológicamente, por lo que pude comprobar los rusos piensan que los experimentos solo deberían hacerse con gaseosa y no son amigos de los que prometen paraísos terrenales, pues superaron esa etapa hace mucho. Se podrían definir por tanto como pragmáticos, pues prefieren lo conocido si es medianamente decente a lo incierto y peligroso, y tradicionalistas en el sentido de que defienden lo tradicional como mejor forma de mantener cohesionada y operativa la sociedad. Piensan que la familia tradicional es la mejor forma de tener una demografía sana, que su país pertenece a sus habitantes y no al viento, creen o al menos respetan el papel que juega la religión, y de la misma forma que los occidentales se escandalizan y suelen pensar que están atrasados por ello, ellos creen que somos nosotros quienes nos estamos degenerando y suicidando en una loca espiral de progresismo sin cabeza.

    Rusia sufrió una revolución, dos guerras mundiales, una guerra civil y 70 años de comunismo, y a día de hoy sigue teniendo graves problemas sociales y económicos. Tienen material más que de sobra para autoflagelarse, renegar de su historia y estancarse en el odio contra los bandos del pasado, sin embargo tratan de quedarse con lo mejor de cada época y en mirar hacia el futuro. Por este motivo,es muy común que aún queden nombres de calles, avenidas o plazas con nombres de comunistas célebres, principalmente Lenin y Marx, o que sus bustos, estatuas o relieves suyos se encuentren con relativa facilidad, así como hoces y martillos o estrellas rojas. Esto no indica una nostalgia o una apreciación por el comunismo pues todo ello para la mayoría de la población no son más que ídolos de cartón piedra, como si de dioses paganos olvidados se tratase, que como tales no despiertan ningún tipo de sentimiento, ya sea de aprecio o de rechazo. A nadie le molesta

    La endofobia tampoco es común, y aunque los rusos puedan llegar a ser extremadamente críticos con su país, esa crítica sana no deriva hacia el desprecio hacia ellos mismos. Son gente muy patriótica y es muy común ver coches con pegatinas conmemorativas del Día de la Victoria de la Segunda Guerra Mundial. Llegaron a tener un imperio, pero no lo ven como algo negativo, ni se culpan ni buscan su redención en la solidaridad, al contrario lo ven como un motivo de orgullo. Aunque tengan políticos corruptos y una mala situación económica, no afecta a su autoestima pues son capaces de diferenciar entre Patria y Estado.



    Aprender de ellos

    Rusia es un país que ha sufrido traumatismos gravísimos, que llevaron a la práctica desintegración social, demográfico y nacional. El último hace 24 años, con la disolución de la URSS. Heredados de esa época aún quedan muchos problemas como la corrupción, la pobreza o la plaga de heroína, a los que se les ha unido la inmigración ilegal del Cáucaso y Asia Central y la reciente crisis del rublo, lo cual hace que sigan estando por detrás de Europa occidental en la actualidad. Detrás de la Europa sobreinmigrada y sobreendeudada. De la Europa con la naturaleza destruida. Las familias inservibles. Los políticos que causan más problemas de los que heredan. Y del sometimiento económico y cultural a los Estados Unidos de América y cada vez más, a China. Una Europa Occidental sin voz, borracha de riqueza del mañana. Drogada con el éxito y llena de elois ajenos a los morlocks. Hasta que inevitablemente, se vaya la luz.

    Rusia pesar de todo es un país que sigue avanzando. La natalidad vuelve a subir. Mientras la corrupción poco a poco va disminuyendo, los valores crecen, aguantando sin fisuras el embite de la propaganda progresista difundida sin descanso por las élites globales. Puedes estar seguro de que Rusia y los rusos seguirán existiendo dentro de cien años.

    No he viajado mucho pero sí he observado bastante. No es necesario estar en todos los lugares para establecer lo que es bueno y lo que es malo. No me interesa la bondad de un lugar en relación a otro. Me basta dentro de todos los problemas lo que ví en Rusia.

    Gente orgullosa de su país, con los valores necesarios para formar una sociedad fuerte y sana, que no se deja embaucar por los vendedores de humo.

    _________________________

    Fuente:

    Lo que aprendi viviendo 30 días en Rusia | Soul Guerrilla
    DOBLE AGUILA dio el Víctor.

  15. #35
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    Re: Rusia y España

    Cuando los primeros rusos llegaron a España

    15 de diciembre de 2015

    Elena Nóvikova, RBTH



    ¿Qué impresión se llevaron los primeros visitantes eslavos?



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    ilyá repin, españa



    Fuente:Alamy / Legion Media

    Hoy resulta difícil imaginar cómo Alexander Pushkin escribió su Convidado de piedra inspirado en Sevilla sin haber estado nunca en España. Hasta el siglo XIX, los rusos no salían al extranjero por placer. Era un privilegio de diplomáticos y condes, como Nikolái Yusúpov, que pasó varios años recorriendo Europa desde 1770.

    Los primeros viajeros rusos llegaron a España décadas más tarde. Esa lejana tierra mítica atraía a escritores, músicos y otros intelectuales. Uno de ellos, el periodista Vasili Botkin, plasmó sus impresiones en Cartas sobre España, escritas en 1845. Después le siguieron el compositor Mijaíl Glinka, los pintores Iliá Repin, Iván Aivazovski, Karl Brullov y muchos otros.

    No todos dejaron testimonios, pero algunos describieron sus sensaciones en detalle. Así lo hizo Mijaíl Glinka nada más llegar a Pamplona: “Querida madre, creo que es mi deber tranquilizarla y asegurarle que los españoles son buenas gentes y no como les describen...”, sentenciaba.


    Mijaíl Glinka (1804-1857) estuvo en España entre 1845 y 1947. Llevó a Rusia cuadernos con canciones, apuntes y dos oberturas españolas. Iliá Repin (1844-1930) se graduó por la Academia Imperial de las Artes de San Petersburgo. Emprendió un viaje a España en 1883.


    Recuerdos de los turistas del siglo XIX


    Durante un viaje que Iván Ayvazovski emprendió en una carroza de Granada a Málaga (1840), acompañado por un comerciante español, se cruzó con tres hombres armados “de un aspecto severo”, como les describió posteriormente el pintor en su diario. “Desde el primer momento me pasó por la cabeza que eran bandidos, y este pensamiento se convirtió en una convicción cuando uno de ellos subió al pescante sin ceremonia y los otros dos fueron caminando a ambos lados de la carroza”.

    “¿Son bandidos?”, preguntó Ayvazovski a su acompañante, quien intentó tranquilizarle diciendo que no lo eran.

    Sin embargo, las pistolas y los cuchillos anchos que los jóvenes llevaban colgados del cinturón contradecían las palabras del comerciante. El que estaba encaramado en la carroza dijo algo al oído al conductor, y después este le entregó un dinero. Deseando mantener una relación amable con los acompañantes no deseados, Ayvazovski quiso hacer lo mismo, sin embargo, su compañero español se lo impidió.

    Al llegar a Málaga se despidieron. “Invité a mi compañero a comer y me explicó sonriente que fuimos acompañados por los bandidos. ¡He de decir que sus bandidos son muy pacíficos!”, exclamó Ayvazovski.



    Iván Ayvazovski (1817-1900), graduado por la Academia de Artes de San Petersburgo,
    fue enviado a Europa en el año 1840 para perfeccionar su pintura.




    Los trenes pueden esperar


    El pintor Iliá Repin soñaba con ver las obras de Velázquez. Cuando llegó a Madrid en 1883, pasó días enteros encerrado en El Prado, copiando al maestro español. “Para comprender cómo son las copias de Repin, tienes que saber que hizo una de ellas en un día y medio y la otra en un día. Todo el tiempo estaba rodeado por una muchedumbre de gente... que se quedaba asombrada por su rapidez y precisión”, escribió más tarde un amigo del artista que le acompañó en aquel viaje. En el despacho de su casa en San Petersburgo había un solo cuadro: una copia de Las Meninas.

    Sin embargo, el pintor trajo otros recuerdos de España. Un día decidió tomar el tren a Toledo, pero cuando finalmente consiguió parar a un acarreador, se dio cuenta de que llegaba tarde a la estación. “Vimos que el tren ya empezaba a echar humo... Pero los servidores nos avistaron y agitaron las manos. ¡Nos estaba esperando todo el tren! ¿En qué otro país del mundo vais a encontrar esta fraternidad?”, recordaba el pintor en su diario.


    Don Miguel

    Mijaíl Glinka fue a España en 1845 para estudiar las tradiciones musicales de diferentes provincias. Enviaba con frecuencia cartas a su madre, en las que contaba todo lo que le impactaba del país, como, por ejemplo, el hecho de que le consideraran “un hombre alto” y le llamaran Don Miguel. “España no se parece a ninguna otra parte de Europa... cada provincia aquí es diferente, por eso la mayoría de los viajeros la describieron de forma incorrecta, juzgando a todo un país por algunas partes. Para conocer a toda España hay que pasar aquí varios años”, escribió el músico.


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    Cuando los primeros rusos llegaron a España | Noticias de Rusia | RBTH

  16. #36
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    Re: Rusia y España

    Armada planta cara a EEUU: 'La OTAN no protege Ceuta'

    Un congresista de los Estados Unidos exigió prohibir a España las escalas de los buques rusos, pero no planteó nuevas medidas para tratar a Ceuta y Melilla como "territorios OTAN".


    Gaceta.es

    Viernes, 20. Mayo 2016 - 7:48







    El congresista republicano Joe Pits exigió la pasada semana en Washington que Barack Obama prohibiera a España las escalas de buques y submarino rusos en Ceuta, al tratarse de un enclave de la OTAN. Durante los últimos cinco años, más de medio centenar de unidades rusas han atracado en la ciudad autónoma para llevar a cabo el repostaje y el aprovisionamiento de víveres.

    Según informa El Confidencial Digital, este tipo de prácticas también han sido denunciadas por las autoridades británicas por poner en peligro "las aguas de Gibraltar". Para los republicanos, la presencia de buques y submarinos rusos pone "en riesgo" la flota de la US. Navy que habitualmente atraca en la colonia. Cabe recordar que hace dos semanas, el submarino nuclear USS Florida provocó un fuerte encontronazo entre la Royal Navy y la Guardia Civil.

    Pits consideró que las decisiones de España comprometen la "inteligencia y seguridad" de la OTAN. Estados Unidos teme que la flota rusa "espíe" los movimientos norteamericanos en aguas del Estrecho.

    Desde la Armada, los mandos ya han expresado, de forma extraoficial, su desconocimiento y consideran que se trata de una "maniobra desafortunada". “Estados Unidos utiliza la base de Gibraltar en cualquier momento y casi siempre sin avisar de su paso por aguas españolas. De hecho, solicitan la presencia y protección de la Royal Navy, y son unidades británicas las que les escoltan por aguas de soberanía españolas”, subrayan.

    La flota española considera que la OTAN siempre ha mirado hacia otro lado en el tema de Ceuta y Melilla porque la Alianza nunca ha excluido explícitamente "a ambas ciudades autónomas como territorio de pleno derecho en términos de protección".

    “Si para Estados Unidos Ceuta y Melilla no son territorio OTAN, entonces los submarinos y buques rusos pueden atracar allí cuando quieran. De otra forma, si son considerados territorios OTAN, merecen el mismo estatus que cualquiera de las colonias británicas por ejemplo”, sentencian.




    ________________________

    Fuente:

    La Armada planta cara a EEUU: 'La OTAN no protege Ceuta' | La Gaceta

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    Re: Rusia y España

    La pasión torera de la empresaria rusa






    Ksenia Tinyakova, aficionada práctica de Tauromaquia y joven emprendedora

    Enamorada de los toros desde que llegara a Madrid hace casi tres años, Ksenia Tinyakova disfruta toreando vacas en un curso práctico

    'Mamá, quiero ser torero': un día en la Escuela de Tauromaquia de Madrid





    25/03/2016 20:32

    En Valencia, el pasado 13-M, ondeó orgullosa la bandera rusa en la gran manifestación por el toreo. Poco tiempo ha necesitado Ksenia Tinyakova para venerar este arte de forma desmesurada. Tanto como para lanzarse a la calle y defenderlo con pasión, en corto, y por derecho.

    Entusiasmo, motivación, es lo que ha despertado la Tauromaquia en esta joven rusa de 24 años desde que decidiera dejar Moscú por Madrid hace ya casi tres. "En mi país había estudiado español desde grados preescolares. No sólo te enseñan el idioma sino también la Historia, la Cultura y las tradiciones. Y claro, ahí estaban los toros".

    Esos conceptos básicos de 'cómo ver una corrida de toros' se le quedaban cortos a Ksenia, que poco después de aterrizar en la capital de España decidió acudir sola a un festejo en Las Ventas. "No sabía ni quién toreaba ni que la de Madrid era la plaza más importante del mundo. Pronto me di cuenta y me enganchó. Vi arte. Un arte muy complicado, pero un arte. Presenciarlo en el ruedo, en vivo, resultó muy distinto a todo lo que había podido leer en artículos", dice, y afirma haber enriquecido su aprendizaje gracias a unos veteranos aficionados que se le acercaron en la grada. "Eran como unos abuelitos para mí. Me explicaron muy bien la lidia y gracias a ellos todo fue más fácil".





    La aficionada práctica al toreo Ksenia Tinyakova. Tomás Fernández



    De la teoría a la práctica

    Era octubre de 2013, finalizaba la temporada, y las oportunidades de seguir alimentando su nueva afición se esfumaban para Ksenia. No perdió la ilusión y en 2014 regresó a la Monumental en varias ocasiones. De nuevo sola. A finales de mayo de 2015, ya con experiencia en la plaza, todo dio un giro de 180º con un encuentro inesperado. "Era el día 28, iba a terminar San Isidro y yo seguía sin conocer a nadie. Para evitar aglomeraciones en el metro después de la corrida, entré a un bar, me tomé un vino y un aficionado se me acercó. Hablamos y poco después me presentó a un chico que realizaba el curso de periodismo taurino de la Universidad Complutense". Y de ahí se fueron a la ruta de bares típica de los alrededores del templo, a una presentación en inglés de la biografía de 'Joselito', a varias conferencias taurinas, a más días en los tendidos y, como examen final, a pasar de la teoría a la práctica.

    "Me hablaron de la Asociación de Aficionados Prácticos y no me lo pensé. Poder entrenar cada semana, comprarme mi propia muleta, mi propio traje corto, torear unas becerras... Jamás pude imaginarlo". Y siguiendo los sabios consejos de su maestro, el matador Jesús Pérez, 'El Madrileño', a Ksenia Tinyakova le llegó la hora de la verdad. "Tuve miedo, pero fue pura adrenalina. Quieres hacer todo lo que has entrenado pero te das cuenta que no puedes hacer casi nada. Se te pasa el tiempo en un segundo, apenas puedes pensar delante de la vaca, pero cuando te sale algo sientes una especie de poder especial. Al día siguiente me levanté llena de golpes y moratones pero me dije: 'Quiero torear más'. Me encantan las disciplinas donde se pone el alma".

    Gracias a esta Asociación de amigos de El Madrileño, la rusa percibe ya el momento de riesgo cuando presencia una corrida. Es consciente de la cruz de la profesión en forma de cornadas. Y confiesa que la impresionó la primera vez que presenció una en directo. El riesgo, aunque a menor escala, también se hace presente frente a una becerra. "Hay que tener mucho respeto. Pero no suele haber problema más allá de los lógicos revolcones ya que el maestro está siempre muy pendiente de sus alumnos. Nos cuida, nos aconseja, nos dice donde hay que ponerse, por qué pitón embiste mejor la vaca...".





    Ksenia durante la manifestación a favor de la Tauromaquia en Valencia.


    Embajadora rusa del toreo

    Consolidada interiormente esta afición, Ksenia la ha expandido a sus compatriotas. No ha habido visita a Madrid que no haya pisado un día Las Ventas. Aunque sea para conocer sus rincones en el tour turístico una tarde sin corrida. Por allí han pasado su padre, su madre, sus amigas... A todos les ha intentado explicar los argumentos que a ella le hicieron ver en el toreo un arte y no un espectáculo violento. "Distingo mucho entre los animales que son mascotas y los animales que son para otras cosas. Hay que diferenciar. Los animalistas comparan al ser humano con el animal. Y queramos o no, no es así. Los ganaderos aman mucho más a su ganado, a sus toros, que cualquier antitaurino. Creo que hay mucha ignorancia sobre esto. Si conocieran al ganadero, al aficionado, al profesional... creo que no atacarían así", defiende.

    Pero, ¿cree esta aficionada rusa que un antitaurino podría alguna vez cambiar su opinión sobre el toreo? "Convencerlos es casi imposible. Pero ningún taurino creo que quiera eso. Nos conformamos con que lo respeten" dice, y expone su caso como ejemplo para aquellos jóvenes indiferentes en principio ante el toreo que, sin haber tenido contacto con este espectáculo, puedan engancharse partiendo de cero. "Yo, que nunca lo había tenido y que vengo de un país frío y sin tradición taurina, ahora veo en el toreo un Patrimonio Nacional y un arte único que aúna música, teatro, ópera, poesía, pintura, escultura... Todo".

    Además, destaca una cualidad de las personas que ha conocido gracias al llamado 'Arte de Cúchares'. "La gente del mundo del toro es totalmente diferente. En las formas, en la educación, es gente culta, se relacionan con la Historia. Creo que el aficionado a los toros es un gran lector".





    Ksenia entrena el toreo de salón en la Casa de Campo.



    Bailarina de pole dance

    Soprende Ksenia a la hora de expresarse. Pareciera tener varios años más que los 24 recién cumplidos que marca su pasaporte. "En Rusia lo hacemos todo antes. La gente aquí, a mi edad, es muy diferente. Allí con 25 años tienes que ser independiente de los padres y normalmente tienes familia. La mayor parte de mis amigas están casadas y tienen hijos. Lo que en España se empieza con 30 o 35, nosotros lo hacemos con 20 o 25".
    Un ejemplo de lo que dice se encuentra al revisar su curriculum vitae, envidiable para cualquier joven de su edad. Licenciada en Derecho especializada en Administraciones Públicas, ha realizado varios cursos de lengua española en la Universitat de les Illes Balears y de Inglés en la prestigiosa EC de Malta. Es traductora de artículos, reuniones y páginas web y ahora, como autónoma, se dedica a la exportación de vinos en la consultoría de comercio exterior SVOI. Además, es jefa de ventas de una empresa de Red-WiFi start up tecnológica.

    Fuera del trabajo no cesa su frenética actividad. Como si el día tuviera más de 24 horas. Acude a cursos de cocina, de cata de vinos, de guitarra, de baile flamenco... Aunque en el baile, lo suyo es el pole dance. Desde Moscú se trajo su barra con la que practica en su propia casa. "Aquí esto no está aceptado tal y como se valora en Rusia. Allí se ve como un deporte pero aquí la gente aún no está lista, pese a que ya he visto mucha evolución. En Rusia es muy normal".





    Ksenia, en el callejón de la plaza de toros de Valencia.



    Le gustan Ponce y Roca Rey

    Volviendo al toreo, Ksenia se atreve a analizar el papel de la política en esta disciplina. "Debería estar menos politizado. En España noto que en determinados sitios quieren apartar las cosas nacionales". No se atreve, sin embargo, a decantarse todavía por un matador favorito. "Me impresiona Roca Rey, me emocionó Enrique Ponce el año pasado en Nimes, pero he visto demasiado poco como para decidirme. De cada uno me voy quedando con lo mejor".

    Acaba de comenzar la temporada 2016 y Ksenia ya ha cumplido uno de sus grandes sueños: ser abonada de la Monumental de Las Ventas. Con eso se garantiza poder asistir a todos y cada uno de los festejos que se celebren en la Cátedra. Ahora espera ir a la Feria de Abril, estrenar su primer vestido de flamenca propio, y conocer las principales ferias de España y Francia.

    Sabe de los intentos de compatriotas por ser toreros. Probaron suerte Román Karpoukhine "Finito de Moscú" y la rejoneadora Lidia Artamonova, que llegó a actuar en cosos de España, Francia y Portugal y que fracasó en su intento de organizar una corrida en Moscú en 2001. Ksenia no pretende llegar a dedicarse al toro de forma profesional. Ni mucho menos. "Hay chicos que de verdad quieren ser figuras y yo no quiero entorpecer ese sueño", dice, consciente de su poca experiencia ya que apenas ha toreado tres o cuatro tentaderos. Sí desvela uno propio que ronda cada día por su cabeza. "Muchas veces pienso que me encantaría torear un festival. Sería la culminación a todo lo que estoy viviendo". Del esfuerzo y la ilusión depende ahora que este anhelo de la joven empresaria rusa se haga un día realidad.



    'El Madrileño', su maestro: "Su caso es un ejemplo del impacto internacional que tiene el toreo"

    El matador de toros Jesús Pérez, El Madrileño, es el maestro de Ksenia Tinyakova. Y del resto de alumnos que juegan a ser toreros por un día en un curso de aficionados prácticos que lleva su nombre. Quedan cada sábado a entrenar y, una vez al mes, los integrantes de este grupo ya de amigos sienten la adrenalina cuando una becerra sale por toriles y toca salir al ruedo. Hay de todo, desde aficionados veteranos que superan los 60 años a jóvenes que apenas han tenido contacto con el toreo. Chicos y chicas. Y también unos cuantos niños como primer paso a apuntarse a una escuela taurina. "Hay gente de todo tipo. Desde el que se apunta con conceptos previos hasta el que no sabe ni cómo se coge un capote o una muleta. Pero son muy disciplinados y asimilan muy bien los conceptos". Es el caso de Ksenia, según el propio maestro, a la que reconoce el mérito de haber captado esta profesión viniendo desde un país sin tradición. "Que te salga una chica rusa gustándole esta profesión, este mundo, es muy raro. Pero a la vez un ejemplo del impacto internacional que puede llegar a tener el toreo. Ha toreado muy pocas vacas todavía. Le falta experiencia, pero evoluciona muy rápido y torea muy bien de salón".



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    Fuente:


    La pasión torera de la empresaria rusa | F5 | EL MUNDO

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    Re: Rusia y España

    Rusia recuerda la Guerra Civil española en su 80 aniversario


    Publicado el 18 jul. 2016


    Una exposición en Moscú recordó este 18 de julio en comienzo de la guerra civil española, poniendo el acento en las relaciones entre la URSS y la República, y el fenómeno de los "niños de la guerra", los miles de niños españoles que acogió la Unión Soviética durante el conflicto.






    https://www.youtube.com/watch?v=43x0symMf7U

  19. #39
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    Re: Rusia y España




    10 RAZONES DE POR QUÉ ME ENCANTA EL ESPAÑOL/10 ПРИ





    https://www.youtube.com/watch?v=Uzk5V4v92yg

  20. #40
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    Re: Rusia y España

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Día de España en el Festival de los Jardines Imperiales de St. Petersburgo


    Publicado el 21 jun. 2016


    El pasado día 10 tuvimos el privilegio de participar, como invitados de honor, en la apertura del Festival de los Jardines Imperiales de San Petersburgo. Fue muy emocionante comprobar el cariño que se tiene en Rusia por todo lo español y, particularmente, el interés que despierta el hecho de que exista en Málaga una sede de su principal museo de arte nacional. Los intercambios culturales siempre son provechosos entre dos países que, tan lejanos, tienen sin embargo tanto en común: escuchar a Tatiana Pigariova, del Instituto Cervantes, hablar con pasión y conocimiento de los jardines en la poesía de Lorca, ver a los alumnos de Marina Korobko, algunos muy pequeños, marcar con seriedad extrema sus pasos aprendidos de flamenco o quedarnos con la boca abierta ante el talento del grupo Flamenkería de Moscú son experiencias que no tienen precio. Nuestro jardín, creado en colaboración con el Jardín Botánico de la Concepción, congregó a un gran número de visitantes que participaron en nuestros talleres, recibieron información de la ciudad y su oferta cultural y, quién sabe, se marcharon planeando ya una visita a esa Málaga de la que cada vez oyen hablar más y mejor. Nada de esto habría sido posible sin la generosa colaboración de nuestros patrocinadores.






    https://www.youtube.com/watch?v=kK29EaAnIos

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